EN CONTRA CORRIENTE

Capítulo 12

By Tita Calderón

3 MESES DESPUES

Albert recogió el resto de la vajilla que quedaba en la mesa y la puso en el fregadero de la cocina, mientras Candy lavaba los platos que habían ocupado para el almuerzo.

-Gracias – le agradeció Candy con una sonrisa, mientras miraba como él tomaba un limpión para limpiar la mesa – Te vas a manchar la camisa – le advirtió - Deja que yo limpio después – le sugirió, mientras Albert le respondía con una sonrisa sin acatar su sugerencia.

Ésta, podría decirse era la rutina desde que regresaron de su luna de miel, ella lavaba los platos y él recogía la mesa luego de comer, aunque a decir verdad se turnaban, algunas veces cambiaban los papeles. Lo que si era claro, es que los dos compartían las tareas del hogar…como antes…desde que convivieron cuando eran paciente y enfermera, con la diferencia que ahora Candy sabía cocinar y que por cualquier pretexto intercambiaban besos. Como en este momento, que Albert había terminado con la limpieza y sin previo aviso tomó el rostro de Candy y le plantó un beso que le hizo temblar las piernas.

-Será mejor que me vaya en este instante a la oficina, o creo que me faltará la voluntad para ir a trabajar – le dijo mirándola fijamente a los ojos.

-¿Y otro beso hará quebrantar tu férrea voluntad? – coqueteó Candy levantando una ceja, pero sin soltar el plato y la esponja que sostenía en su mano.

-Creo que si. – sonrió - Pero le recuerdo, "señora Andrew", que tengo una junta con los directores y no creo que este bien que el que convoca a la junta sea el principal ausente – habló casi con resignación.

-Entonces, será mejor que te vayas en este instante o de plano el principal ausente será el presidente.

Albert la volvió a besar con ímpetu antes de marcharse.

-Te veré a la seis preciosa.

Candy suspiró mientras se secaba las manos en el delantal que llevaba puesta, los besos de Albert siempre le arrancaban suspiros o jadeos. Y eso que ahora podría decir que se controlaba mejor; entonces, recordó su luna de miel…como fue esas primeras caricias…como fue estar con él en el mar…

¡Ave María purísima! Verlo nadar solo se equiparaba con verlo salir del agua con su bañador completamente pegado a sus muslos…y esos pectorales completamente al aire libre…mmm…; pero lo mejor fue, cuando él le sonrió de lado mientras se acercaba completamente mojado luego de haber nadado por un buen rato en el mar….se le había olvidado completamente como se llamaba, solo atinó a pedirle con el índice que se acercara mientras ella lo esperaba en la arena y en cuanto él se arrodilló a su lado ella le envolvió con sus brazos el cuello y lo besó hasta quedarse sin aliento, sin pensamientos, sin pudor y sin bañador…!uff! si cada que lo recordaba se le encendía con fuerza las mejillas…

El golpeteo en la puerta llamó su atención. Se miró en el espejo esperando que se le bajara un poco el rubor antes de abrir la puerta, no quería que nadie sospechara de sus arrebatos…bueno, Albert decía que le encantaban este tipo de arrebatos…claro a él le encantaba siempre y cuando hubieran besos de por medio y algo más…

-Candice – fue el formal saludo que Candy recibió al abrir la puerta

Se sostuvo de la puerta para no caerse….la tía abuela estaba parada con una mirada indescifrable. Candy tragó seco recordando la última y única vez que había venido…no quería que eso se volviera a repetir.

¿Y ahora con que le saldría?

Sabía muy bien que estaban casados…y ella ya no estaba para que le anduviera presentando pretendientes… ¿qué quería entonces?

-Buenas Tardes….- Candy se abstuvo de llamarle tía abuela, no sabía cómo tratarla porque hasta donde sabía la tía abuela estaba molesta porque Albert se casó con ella y aun no hacían las paces…- Pase por favor – le pidió con recelo.

Elroy entró muy erguida tratando de ocultar el tumulto de emociones que tenía dentro…le había costado tres meses armarse de valor para venir aquí.

Había esperado vanamente que fuera William quien diera su brazo a torcer pero en vista que eso parecía imposible optó por ser ella quien diera el primer paso….después de todo…ella le había pedido que no volviera a pisar la mansión y William como todo un Andrew había cumplido al pie de la letra.

-Albert, no está…- empezó diciendo Candy algo incomoda, esperando que eso fuera suficiente para que la anciana decidiera regresar por donde había venido.

-Lo sé – la miró por un instante – En realidad, Candice, quería hablar contigo.

-¿Conmigo? – preguntó preocupada – Y…y ¿de qué? – según sabía las dos no tenían "nada" de que hablar…

La anciana soltó un suspiro fuerte antes de hablar. Y tan directa como siempre, fue al grano.

-He venido…para…- desvió sus ojos a las manos…- Para pedirte perdón…

La mandíbula de Candy cayó en caída libre…

-Te he despreciado sin piedad y lo peor de todo es que sentía que estaba bien hacerlo e incluso hubo un momento que te odie…- levantó los ojos y vio como Candy cerraba la boca y la miraba desconcertada – Si, te odie…por llevarte lo que más amaba… - Candy la miraba sin entender bien - Por llevarte a William. – reveló abatida la anciana.

Candy tragó seco sin saber que decir.

-Pensé que eras una arribista, una aprovechada…y no es que esas ideas crecieran solas – recordó la constante cizaña de Sara y Elisa – Pero fui yo, quien se dejó influenciar negativamente contra ti.

Candy se mordía los labios mientras trataba de procesar lo que la tía abuela le decía.

-Muchas veces actué sin nada de educación…ni compasión – admitió recordando todos los desaires que le había hecho – Y ahora que he reflexionado, me doy cuenta de lo mal que he procedido en todo este tiempo - unas lágrimas intentaron asomar por las comisuras de los ojos, pero Elroy que era una experta en ocultar los sentimientos rápidamente las secó…- ¿Podrás algún día perdonar a una persona tan terca como yo?

-Yo…- a Candy se le trabó la lengua – Yo no tengo nada que perdonarle…- Candy negó con la cabeza para afianzar su respuesta – Y… ¿y tampoco entiendo porque de pronto usted quiere mi perdón? – ya que estaban en el tema era mejor aclararlo…

Elroy la miró, siempre había subestimado a la mujer que tenía en frente…y por eso mismo había obrado tan mal; ahora, que ya no se encontraba bajo la influencia de Sara y Elisa veía todo con mayor claridad.

Tenía que pasar por un escándalo de tal magnitud para darse cuenta que Sara y Elisa no eran lo que pensaba que eran; en cuanto, las cosas se pusieron feas, ellas le sugirieron que simplemente dejaran a los Brands arreglárselas solos, como si no hubiesen sido parte de todo esto. Eso fue lo que le abrió del todo los ojos con respecto a las Leegans. Que ciega había estado en este tiempo, ese distanciamiento le permitió ver todo desde otro punto de vista.

Sin apartar los ojos de la rubia que tenía en frente decidió que lo mejor era hablar con la verdad si quería ganarse en serio su perdón.

-Porque solo a través de ti…puedo llegar a William…- confesó apesadumbrada…

Los ojos de Candy no se salieron de sus cuencas de puro milagro, aunque debería habérselo esperado.

-William, es un hombre correcto, con un carácter muy definido…y para nada influenciable…- empezó explicándole la Tía abuela - En nuestra última conversación yo te ofendí de todas las formas posibles con la esperanza de hacerlo recapacitar…sin saber que la que tenía que recapacitar era yo…

La vergüenza cubrió con un poco de rubor sus ajadas mejillas.

-Estaba tan errada, tan empecinada en hacerle casar con alguien que yo creía conveniente para él…¿y sabes por qué?... – la miró con disculpa - Porque pensé que a William le gustaba Amelia…sus ojos de un día para otro empezaron a brillar y yo deduje que era la atracción que sentía hacia Amelia y que simplemente le avergonzaba que yo estuviera de celestina…jamás pensé que era por ti…jamás – agitó la cabeza avergonzada – Y cuando me dijo que era a ti a quien amaba…me quedé aterrorizada…no podía imaginar a un Andrew y sobre todo a la cabeza de los Andrew uniéndose a alguien sin linaje…sin dinero…sin apellido… - admitió avergonzada

-Es comprensible – tartamudeo Candy aun absorta de escuchar el punto de vista de Elroy Andrew.

-No, déjame continuar por favor – añadió levantando una mano, quería darle su punto de vista – Y entonces recurrí a lo más bajo de este mundo…- sus mejillas adquirieron un rosa más opaco – Permití a Elisa que metiera a Amelia en el cuarto de William pensando que era lo mejor…cuando abrí la puerta para sorprenderlos, en ese momento, vi la barbaridad que había cometido…abrí los ojos…- añadió con vergüenza – Me sentí tan culpable al ver rostro aterrorizado de George…que hubiera sido el de William…George estaba tan desconcertado sin saber cómo se había metido en este lío…y supe que estaba mal….- suspiró – Ahora William me desprecia.

-No lo creo

-He intentado hablar con él…y él se ha limitado a decirme que no hay nada de que hablar…y nuestra relación nunca volvió a ser la misma…- admitió con tristeza - Todo este tiempo me ha servido para reflexionar, para mirar las cosas desde otro punto de vista- la miró – Aquel día…el día que William me dijo que se iban a casar… me cegué tanto a esa posibilidad que dije una cantidad de sandeces en tu contra…sin darme cuenta que era como si se lo dijera a él mismo…lo lastimé y para colmo intenté apartarlo de ti valiéndome de tan vergonzosos medios….ahora lo sé…y por eso quiero que me perdones…

Candy había perdido el habla, pero no su buen corazón…jamás pensó ver a la altiva tía abuela tan abatida, humilde y arrepentida…También sabía que Albert lamentaba el distanciamiento con su tía…y si estaba en sus manos acercarlos, entonces lo haría.

Se levantó, caminó hasta la anciana, se arrodilló frente a ella y le tomó las manos, que por cierto estaban muy frías y delgadas…

-Todo está olvidado, tía abuela – dijo con ternura.

Los ojos de la anciana la miraron con incredulidad y vergüenza. Respiró hondo, dándose cuenta que Candy era una mejor persona de lo que pensaba.

-Gracias Candice – una temblorosa y fría mano se poso sobre las cálidas manos de Candy.

Intercambiaron una sonrisa como jamás lo habían hecho…Candy habría querido abrazarla pero la relación con la anciana siempre fue distante…tal vez por esto este roce era suficiente.

-Ahora, solo nos falta decírselo a Albert – sonrió Candy.

-Eso es lo más difícil – admitió con tristeza la anciana.

La miró y supo porque William la amaba tanto…ella desprendía una calidez que contagiaba.

-No pierda la fe….

Candy suspiró aliviada, ya quería ver la reacción de Albert cuando le contara que la tía abuela había recapacitado…que había cambiado…

-¿Y a qué hora llega William? – preguntó la tía abuela luego de dar un sorbo al té que Candy le acababa de brindar

Candy miró el reloj antes de contestar.

-A las seis más o menos, a veces viene antes y otras un poquito más tarde.

La tía abuela miró el reloj, eran las cinco y cuarenta lo mejor era apurarse tomando el té, no quería encontrarse con William, prefería que Candice ablandara el camino antes de su encuentro. Pero sus deseos no fueron escuchados, apenas había terminado de tomar el té, un poco más rápido de lo normal por cierto, se abrió de repente la puerta.

Albert entró por el umbral de la puerta con una enorme sonrisa dibujada en el rostro que se le congeló al instante de encontrase con su tía en media sala.

-Hola amor, que bueno que llegaste – le saludó Candy con un beso mientras prácticamente arrastraba a un Albert completamente petrificado a la sala – La tía abuela vino a hacernos una visita – completó sin dejar de percatarse la cara de estupefacción de ambos Andrew.

-William – saludó la anciana compungida

-Tía – saludó Albert distante.

-Yo…ya estaba por irme…. – comentó la anciana derrotada

Albert se limitó a levantar una perfecta ceja sin entender del todo la presencia de su tía en su sala y con su esposa…

-No, no se vaya tía abuela – le pidió Candy…tenía que aprovechar este encuentro para limar las asperezas entre estos dos.

-Gracias Candice…pero tengo un compromiso – se excusó la anciana...

Pensaba que estaba lista para enfrentar a William, pero no lo estaba...era mejor salir…no soportaba la frialdad de su sobrino.

Elroy salió en silencio tal como había llegado…con un nudo en la garganta…

Ella siempre pensó que quería a todos por igual…pero no era así…William era su talón de Aquiles…siempre lo fue…incluso antes que el resto de su familia fuera muriendo poco a poco…

Cuando apenas William nació, vio en él, el hijo que nunca tuvo… lo adoró como nunca había adorado a nada ni a nadie…quería también a Pauna, claro, pero William siempre fue especial…tal vez por ser varón…tal vez por su carácter, tal vez por su sonrisa…y como si eso fuera una maldición al poco tiempo murió su cuñada, su hermano, su sobrina y ella quedó a cargo del hijo que nunca tuvo…y mientras más trataba de encaminarlo en el perfil de un Andrew, él quería más libertad…por último decidió ir vagabundeando por ahí…rompiendo todos los esquemas que ella tenía para él…pero aún aventurero y todo, él nunca dejó de ser su consentido…su tesoro más querido…

Sonrió con tristeza en la penumbra de la mansión…nada de lo que ella había planificado para su sobrino había salido como esperaba…

La puerta de la biblioteca se abrió luego de un par de golpecillos…

-Cuantas veces he dicho que antes de entrar a cualquier lugar en esta casa deben esperar a que yo les de la debida autorización – regañó la anciana girándose con mirada de fuego para ver a la mucama que había olvidado esta sagrada regla.

-Lo siento Tía, quería hablar con usted.

Los ojos de la anciana se abrieron con incredulidad al ver a William parado en el umbral de la puerta. Apenas habían pasado un par de horas desde que estuvo en su departamento…seguramente Candice había hablado con él. Bendita fuera.

-No hagas caso de lo que dije – añadió rápidamente con sutileza. – Pasa hijo.

-Candy me contó lo que hablaron esta tarde – dijo Albert en cuanto cerró la puerta.

-Yo…no podía vivir con el remordimiento de conciencia - admitió la anciana mordiendo por dentro con fuerza las lágrimas que luchaban por asomar en sus avejentados ojos. – Obré muy mal, no debí hacer lo que hice…cometí un gravísimo error con Amelia, con George, con Candice y contigo….- tomó aire – Incluso obré mal con Sara y Elisa, dándoles una credibilidad que no se merecían – su arrepentimiento traspasaba sus ojos – Perdóname hijo…

Albert se entristeció al verla tan vulnerable, incluso le parecía más mayorcita de lo que ya era…Candy tenía razón cuando le dijo que fuera a verla, que su tía lo necesitaba...

"…

-No lo creo Candy – había objetado él

-Tienes que hablar con ella, está muy afligida…- le había asegurado Candy.

-¿Afligida? – había preguntado mientras Candy le acariciaba sutilmente el pelo

-Si, parece que le ha afectado mucho tu distanciamiento. Por eso vino a hablar conmigo…

-Ella procedió muy mal…. ¿cómo quería que reaccionará?

-Lo sé, pero está arrepentida…con decirte que me pidió perdón por todo lo mal que me ha tratado…

-¿Te pidió perdón?

-Si, lo hizo…tienes que arreglar las cosas con ella…"

Y ahora que la veía tan frágil y apesadumbrada, se sentía un poco culpable por no haber hablado antes…pero es que estaba tan molesto y decepcionado que no tenía ganas de dirigirle la palabra, pero ahora que ella había reconocido su error sentía que no valía la pena seguir distanciado.

-Todo está olvidado Tía – dijo sinceramente - Más bien, vine aquí para darle las gracias por acercarse a Candy…

-No tienes nada que agradecer…solo fui a reconocer mis errores y a tratar de enmendarlos. – admitió la anciana.

-Lo sé – habló Albert con voz pausada, sabiendo de antemano que le debió costar mucho frenar su orgullo e ir a pedirle perdón a Candy

La miró con ternura y a la vez con orgullo, porque se necesitaba tener valor para hacer lo que había hecho ella…

-Al abrirle su corazón a Candy, me lo ha abierto a mí también…- le confesó Albert.

-Nunca te he cerrado mi corazón…jamás – dijo con lágrimas en los ojos la anciana, cansada de ocultar sus sentimientos.

-Lo sé…y lo siento también

Y fuera de cualquier perspectiva, Albert se acercó a su anciana tía y la abrazó como a la madre que nunca conoció. Aunque en realidad la sugerencia de abrazarla había sido de Candy.

-Cuando arregles las cosas con ella, abrázala muy fuerte. – le había sugerido antes de darle un beso en los labios en señal de buena suerte.

Y había sido una buena sugerencia, cuando abrazó a su tía se sintió mejor, mucho mejor de lo que esperaba.

Ahí estaban los dos, los más fuertes de la familia Andrew, los más poderosos unidos en un abrazo de comprensión y de cariño, como siempre debió haber sido.

Fin


Notas de la autora:

Y con este capítulo concluyo "En Contra Corriente". La historia inició con Albert cansado de su tía y terminó con la reconciliación de ambos…

Mil gracias a todas las chicas que se dieron un tiempito para leerme y para comentarme como les pareció. Sus palabras significan mucho para mí.

Un agradecimiento especial para:

Liliana, Elsy82, Rakelinna, Rosial, Sonia Sanchez, Ana, Leila, Mags, Maripili, Noemi Cullen, Oligranchester, Yaro, Jenny, Cecy García, Usagi, Andelao.

Ya, ya, está bien, no soy tan mala como parezco jajaja, quieren leer el epílogo de esta historia, como para cerrarla decentemente ?