La segunda parte :) Enjoy it!
Capítulo 11 parte 2
―Paremos...
Ve el gesto fugaz de disgusto de Emma que disimula con una sonrisa. Su mano se esfuma de su cadera, la otra se aleja de la pared y cuando va a separarse se aferra a su chupa con más fuerza y la aproxima aún más. Sus labios rozan los suyos cuando habla:
―¿De verdad ibas a parar?
―Tú me lo has pedido ―traga saliva estremeciéndose por el roce de sus labios y notando las ganas de desnudarla en cada parte de su ser.
―Para ver si lo harías ―siente el corazón embravecido, sólo mirarla, sólo escucharla, ya la vuelve loca.
―Y lo he hecho. Te lo había dicho, ¿no?
La morena cierra los ojos y la besa mientras la empuja con cuidado hacia la escalera, para subir, para entrar en su habitación. Pero al ver que besándola y subiendo los escalones casi se caen termina por separarse, volverse y agarrándola de la muñeca la guía hasta su habitación, antes de que el valor se esfume, antes de que la sensatez le gane al corazón. El corazón... ella guiándose por el corazón. Sonríe y más aún al escuchar a la rubia decir:
―Esta brusquedad sí que me gusta.
―Señorita Swan, nada de bromas.
―Como mande, Señorita Mills.
No hace falta que se gire para saber que ahí está esa sonrisa provocativa y fanfarrona que la saca de quicio y la lleva loca. Y en efecto, cuando al entrar a la habitación se vuelve, ahí está: esa sonrisa. Su sonrisa. Pero en cuanto la mira se desvanece y sólo queda el deseo brillando en esos ojos verdes en los que se perdería con ganas.
Se acerca y le quita la chupa que lanza al otro extremo del cuarto. Con manos un poco tímidas, casi temblorosas, le quita esa camiseta de lunas y ve ante ella un sujetador negro de encaje que realza su pecho. Traga saliva y cuando va a quitárselo, Emma, con delicadeza, detiene sus manos y entrelazando sus dedos con ella y acercándose a sus labios con una sonrisa, casi le suplica:
―Dilo.
No hace falta que le pregunte el qué. Traga saliva y tras aclararse la garganta susurra:
―Emma...
La sonrisa se hace más grande y antes de que se de cuenta la rubia la agarra por la cadera y con cuidado la tira en la cama para caer luego encima y devorar sus labios. Un beso totalmente diferente al resto. ¿Cuántos besos puede darle? ¿De cuántas formas? ¿Cómo puede hacerle sentir tanto con tan poco? Pero esas preguntas las enmudece Emma en cuanto, lentamente, sin dejar de besarla, sin dejar de recorrer sus labios, empieza a levantarle la camiseta.
Cada centímetro al descubierto que va dejando es un centímetro que acaricia con cuidado, con sus dulces y cálidas manos. Se detiene a la altura de las costillas. Separa sus labios de los suyos y mirándola a los ojos sonríe con dulzura.
―¿Estás segura?
―Por supuesto que no... pero no pares.
Escucha su risa, suave, delicada, una risa nueva. Todo es nuevo.
―No pararé, pero... ―la mira sin saber si preguntarlo, con dudas de que puede que sea demasiado, pero teniendo en cuenta que está sobre ella, notando su piel desnuda, tampoco sería salirse demasiado y necesita saberlo―. Tú ¿alguna vez has...?
―No... ―un hilo de voz y desvía la mirada.
―Ey... ―la sujeta por la barbilla con delicadeza y le obliga a mirarla―. No te preocupes. Está bien ―un beso en los labios― simplemente ―un beso en la barbilla― iremos ―un beso en el cuello― más despacio ―un beso en el vientre― así que... ―empieza a subir la camiseta mientras a cada parte descubierta un beso le sigue― dejate llevar, Regina...
―Emma...
La rubia alza la mirada, brillante, seductora, una sonrisa felina en sus labios.
―Te dije que como lo dijeses así otra vez te tiraba al suelo y no paraba hasta que lo gritaras. No me hagas dejar la cama.
―No serías capaz...
―Claro que sí, pero no hoy.
No en su primera vez. Su primera vez en todo. Su primera vez con ella. Sonríe, una sonrisa que se borra, que el placer mitiga, al descubrir sus pechos. Desearía pararse en ellos pero con todo su autocontrol sigue su camino en linea recta hasta quitarle la camiseta del todo. Regina se incorpora para ayudarla en esa tarea y justo cuando queda por fin sólo en bragas, la rubia la besa, mientras la envuelve con sus brazos y la hace tumbarse de nuevo.
Un beso lento, saborea cada centímetro de sus labios, de su boca, de su lengua, mientras sus manos se aferran a ella con fuerza, casi temiendo que se vaya a escapar. Antes de terminar el beso repasa sus labios con su lengua y termina mordiendo juguetona el inferior. Escucha en un susurro la sonrisa de Regina y como sus manos la buscan. Sonríe ella esta vez y agarrando suavemente sus muñecas las coloca a cada lado de su rostro, la inmoviliza y la mira fijamente segundos antes de descender a sus pechos.
Un sólo roce con su lengua y la respiración de la morena se dispara. Se estremece sólo de sentirla debajo, reaccionando a cada cosa que hace, notando como su piel se eriza, notando como hace esfuerzos por no soltar ni un sonido. Pero ahora todo lo que le importa es recorrer cada centímetro de su piel, recorrerla con su lengua, marcarla con sus dientes, devorarla a besos.
Y lentamente, muy lentamente, desciende. Deja atrás sus pechos para surcar su vientre hasta llegar al borde de la braga. En cuanto llega ahí nota como Regina contiene la respiración, expectante, con un poco de miedo. Suelta sus muñecas y con sus manos hace el camino que habían hecho sus labios. Con cuidado, rozando, acariciando, dejando un camino de fuego. Y en cuanto llega a la braga, lentamente, más lento que en toda su vida, empieza a quitársela mientras se separa de ella. Ahora son las dos las que casi no respiran. La morena levanta ligeramente su trasero para ayudarla a quitárselas y la rubia, mirándola, termina por desnudarla del todo. Las bragas terminan en el suelo y el camino que han descendido ellas lo asciende cubriendo cada centímetro con sus labios.
Justo llega al final de sus muslos cuando, para sorpresa de la morena, sigue subiendo. Sube hasta sus labios. Porque los necesita. Necesita besarlos de nuevo, sentir que todo está bien, sentir eso que siente en ellos y en ningún otro lugar.
―Eres preciosa... ―ese susurro entre besos la desarma.
―No mientas, Emma.
Enreda sus manos en su cabello dorado y la besa con pasión desmedida. Esta vez es ella la que indaga en la otra, la que se pierde en cada rincón, la que bebe de ellos como un sediento de una botella. Porque sí, tiene sed, tiene sed de ella, de lo que siente cuando la besa.
―No miento.
La mira en la oscuridad de la habitación, entra poca luz por la ventana, la justa para mirarla a los ojos y perderse un segundo en ellos antes de que la morena la bese de nuevo, con cariño, con ¿amor?
―¿Sabes? Soy la única sin ropa.
Sonríe pícara mientras le muerde el cuello y susurra contra su piel:
―Porque eres tú la que va a ver el cielo.
Una carcajada. Y ya sí, una de sus manos desciende por su vientre hasta acariciarla en su centro. Nada más rozarla nota como la morena detiene su risa e inspira con fuerza y ella sonríe con ganas al notar lo húmeda que está.
―Parece que sí que te gusto.
―Señorita Swan... ―de no ser por el esfuerzo de reprimir los gemidos del roce que le provoca ese tono sería de odio.
―Señorita Mills... ―le muerde la barbilla y luego los labios mientras un dedo se cuela en su interior y acalla con su boca un gemido de ella que la vuelve loca.
Sin poder soportarlo más, sin poder soportar las ganas de ella, termina entre sus piernas. En cuanto su lengua la acaricia, uniéndose a ese dedo que no para de jugar en ella, la morena estruja las sábanas mientras arquea ligeramente la espalda.
Podría morirse ahora mismo, con Emma entre sus piernas, olvida todo. Olvida el mundo, que está casada, que llevaba toda la vida luchando contra ella misma, sólo está Emma y lo que le hace, lo que le provoca. Su lengua recorriendo su sexo, sus dedos en su interior, esa otra mano que masajea sus pechos. Todo pasión y aún así delicadeza. Nunca jamás la habían tratado así.
No sabe cuánto rato pasa, se pierde y entonces Emma acelera el ritmo y ella nota como arde, como se siente a punto de explotar. Se aferra a las sábanas con más fuerza y no puede evitar gemir, gritar con fuerza su nombre, mientras estalla en un orgasmo que jamás pensó que podría sentir, porque nunca lo había sentido. Ella que era todo mentiras, todo fachada, todo frialdad y control y que se negaba lo que más quería nunca había estallado así.
Sonríe mientras trata de recuperar la respiración, mientras trata de calmar a su corazón acelerado, pensando que no está mal que haya sido con ella.
En cuanto termina nota como la rubia lentamente sube hasta su cuello y deposita un beso, dulce, antes de tenderse a su lado. En cuanto la ve a su lado, con el sujetador y el estrecho pantalón aún puesto, se siente demasiado expuesta, aunque le parece una gilipollez teniendo en cuenta que segundos antes ella estaba entre sus piernas. Pero la rubia, sin que tenga que decirle nada, con una sonrisa dulce y los ojos brillantes la cubre con la sábana.
Se tumba sobre su costado y acaricia los rosados labios de Emma con sus dedos. Casi sin creerse nada de lo ocurrido, sin creer que esos labios la hayan llevado al cielo, incluso con un solo beso. La rubia aprovecha para depositar un beso en esas yemas que desea que la recorran pero por las que merece la pena esperar.
Entonces nota esa mano que estaba en sus labios descender por su vientre. Tiembla, tiembla como nunca antes, porque nunca antes ha tocado a una mujer, nunca antes ha estado con una mujer. Y ahora está ahí, desnuda, tendida a su lado, a punto de bajar la brageta del pantalón. Tantea con el cierre pero entonces, Emma, con delicadeza envuelve su mano con la suya y se la lleva a los labios para depositar un beso.
―Regina... no... ―una sonrisa dulce que se rompe un poco.
Confusa, sin saber cómo tomárselo, se fija más en ella. Sus dedos suben a sus ojos, acaricia sus ojeras, marcadas, tiene la vista cansada, se la ve destroza. No se había fijado antes en lo cansada que parece, quizá porque antes ambas estaban por otras cosas, por aclarar las cosas, por calmar el deseo. Y ahora la tiene ahí, tumbada, casi sin poder moverse ya. Se le parte un poco el corazón al verla así, al ver lo cansada que parece y como aún así le ha dado tanto y sin pedir nada a cambio, sin dejarle en realidad.
―¿Emma, cuánto llevas sin dormir?
La rubia la mira con una sonrisa dulce, casi adormecida.
―¿Qué?
―¿Duermes?
―Estos días no. Llevo dos noches sin pegar ojo.
―¿Por qué? ¡Estás loca! ¡No es bueno no dormir durante dos días!
―Lo sé... Pero me besaste... No he podido dormir demasiadas cosas en mi cabeza ―una sonrisa avergonzada mientras oculta su rostro apoyándose en su pecho.
―Deberías dormir.
―Lo sé... pero no ahora ―un bostezo y la morena la estrecha entre sus brazos. Nota como la rubia tiembla en ese abrazo, ese temblor que te sacude cuando tienes sueño, y la cubre con la sábana. Quedan piel contra piel, al menos toda la que tiene expuesta Emma se funde con la suya.
―Duerme...
―Pero quiero hablar... o no hablar... ―una risa ahogada.
―¿Hablar? ―aprieta la mandíbula con fuerza, hablar es lo que le da más miedo, hablar lo hace todo real y es lo que menos necesita. Sólo quiere un rato más así, con ella entre sus brazos, sin nada ni nadie, sin miedos, sólo su corazón.
―De nosotras... ―nota como la morena se tensa y se separa un poco para mirarla a los ojos―. No nosotras. Si no de ti y de mí, por separado. Quiero decir... yo venía a por una explicación no a... ―sonríe divertida― aunque no pienso quejarme por ello.
―Idiota...
―Me lo dicen mucho. Pero eso, que no de nosotras en plan nosotras porque ya sé que no hay un nosotras, lo dejaste claro antes.
―Emma...
―No me hagas tirarte al suelo ―un bostezo más.
―Emma, duerme y hablaremos. Te lo prometo.
Se miran a los ojos en silencio. Ambas con miedo, demasiado miedo.
―¿Lo prometes?
―Sí...
―¿Te quedas conmigo?
Asiente, incapaz de negarse a ella, incapaz de negarse a esos ojos verdes cansados y aún así brillantes y llenos de vida. La estrecha entre sus brazos y susurra en su oído:
―Me quedo contigo.
―¿No te irás? ―aunque lo que verdaderamente quiere preguntar es: ¿qué pasará luego? ¿Te evaporarás?
―No me iré...
Una sonrisa fugaz mientras sus ojos verdes se cierran.
Porque le gustaría, le gustaría quedarse toda la vida con ella pero sobretodo porque quiere alargar ese momento temiendo que termine rápido, temiendo que, en cuanto hablen, todo termine incluso antes de comenzar. No quiere perderla, quiere tenerla, quiere quererla, en realidad, y cuando diga todo lo que tiene que decir sabe que ella se irá.
Así que... sí, se queda con ella al menos ese rato. La estrecha más fuerte entre sus brazos deseando detener el tiempo, deseando que ella siempre esté entre ellos, aun cuando sabe que no debería pedírselo porque entonces sí que sería una verdadera Evil Queen.
Continuará...
Con este capítulo ninguna se puede quejar creo xDD
Como siempre... dejad reviews y eso y procuraré actualizar pronto aunque me esperan unos días liada así que no prometo nada
