DISCLAIMER: Ni Bleach ni sus personajes me pertenecen, son propiedad de Tite-Baka-Troll-sama Kubo, menos el fic, que fue creado por esta cabeza que pronto necesitará terapia. XD
Explicaciones más abajo, sin más;
Finalmente la pareja más codiciada.
Comienzos
Hanataro y Yachiru: Mírame.
Algún día que no recordaba, él ayudaba con el papeleo a Isane cuando ella apareció en la oficina, con su sonrisa alegre, su estatura baja y pidiendo dulces como de costumbre. Ese día acabó sentado en los pasillos comiendo pan dulce a su lado, puesto que ella quería jugar y, al no poder la capitana del escuadrón, quiso hacer el favor.
Yachiru Kusajishi, con su pelo rosa, su voz chillona y su amor por el dulce, no dejó de buscarlo para jugar a partir de ese día. En primeras instancias había sido incómodo y hasta pesado ir con la niña de un lado a otro, persiguiéndola para que no se meta en problemas o porque el juego requería persecución. Pero la realidad le cayó encima cuando ya se descubrió acostumbrado.
Hanataro Yamada esperaba la llegada de la pequeña teniente todos los días, sin falta, a las tres o cuatro de la tarde, exigiéndolo y siendo dado ya que no querían interrupciones. Acababan de salir de la guerra, ella quería jugar y había muchas cosas por hacer como para negar la distracción justa.
Terminaban varias veces en el Rukongai consiguiendo lo que a ella se le antojaba, más de una ocasión en el bosque, cerca de la tumba de su hermano, lugar al que Yachiru (luego de descubrir que se trataba de una tumba) se negó a seguir yendo. No por lo que él creía; respeto y consideración. Los ojos rojos, al verlo mencionar aquello, le notaron entristecerse.
Iban a jugar, no a llorar.
—¡Hana-kun! —chilló, luego de dos horas de haber comenzado a jugar las escondidas y que él no la encontrara. El chico elevó la mirada, entre las copas de los árboles. La cabellera rosa y una mirada de cierta decepción lo esperaban entre las ramas—. Eres malo en este juego.
—Llevo mucho sin jugarlo, teniente —De un salto, la pequeña estaba enfrente, dándole un empujón con el cejo arrugado, regañándolo con ella sobre algo que supo descubrir—. Lo lamento, Yachiru-chan —se corrigió. El cejo pareció alivianarse, pero igualmente ella suspiró con fuerza, sentándose en el suelo.
—No tenía idea de que se podía olvidar cómo jugar a las escondidas —bufó. Él sonrió, sentándose a su lado.
Aquella tarde no estaba inspirado para juegos y al parecer ella lo supo descubrir rápido.
Había días en los que no lo estaba y ya, momentos en que era demasiado "adulto" para seguirle el ritmo. Eran los momentos en que la niña hacía un puchero e intentaba ponerse lo más seria y adulta, buscar razones para no insistir. Por más que durara unos treinta minutos cuanto mucho.
Sin embargo era apreciado su esfuerzo, porque con solo diez minutos él estaba listo para incluso proponer un juego nuevo.
—¿Qué es estar enamorado, Hana-kun?
La pregunta lo tomó tan por sorpresa como podría haberlo hecho cualquier otra relacionada a bebés o cosas por el estilo (preguntas que había logrado evadir con mucha astucia, dicho y sea de paso). Yachiru lo observó mirar hacia el cielo, como intentando meditar una respuesta que ella entendiera.
La niña crecía conforme los años pasaban, todavía era una niña, pero se notaba más larga, su pelo recortado haciendo que su rostro se entornara mejor. Era obvio que en cualquier momento aquello pasaría, la vida en el sereitei iba de esa forma; se tardaba mucho en crecer, de hecho, lo suficiente como para no impedir que una infancia sea arruinada. Apenas la mente del alma (especialmente de aquellos que tenían una energía espiritual alta) comenzaba a madurar, su cuerpo lo hacía también.*
La guerra había cambiado varias cosas, no había matado la inocencia de Yachiru ni su energía para querer seguir siendo niña, pero el ver constantemente a todos ocupados, serios, tristes, definitivamente había logrado algo en la mente de la teniente más joven allí.
—Bueno… Cuando estás enamorado, supongo que no quieres separarte de esa persona en ningún momento —concluyó, en un intento de explicar lo que nunca había sentido realmente—. También quieres que esa persona sea feliz y odiarías verla triste.
Los pies de Yachiru colgaban de la rama del árbol al que había regresado de un salto, balanceándose mientras escuchaba la explicación. Hanataro era bueno explicando las cosas que ella no entendía, o bien sabía con quién enviarla para que aclararan sus dudas. En esa época todo el Gotei 13 estaba bastante desolado y en reconstrucción a la vez, por lo que no podían jugar tanto tiempo debido al trabajo del muchacho en el escuadrón.
—Realmente, para explicar eso se debe sentir antes. Y nunca estuve enamorado antes, Yachiru-chan. Creo que deberías ir a preguntar tu duda al capitán Ukitake-san…
Cortó sus palabras al ver que de un salto ella estaba frente a él nuevamente, mirándolo con seriedad inusual en su sonrosado rostro.
Las manos de la jovencita sujetaron una de las del joven, llevándola a su pecho, para sorpresa de éste. Los ojos rojos de Yachiru se clavaron en los azules de él como estacas, haciéndole intimidar. Se notaba ligeramente agachado para que aquella acción se llevara a cabo, ella seguía siendo bastante más baja que él aún.
—Creo que estoy enferma —Acercó su rostro al de él para susurrarle aquellas palabras—. ¿No notas cómo mi corazón late tan deprisa?
Él se agachó para quedar a su altura, prestando atención a los latidos bajo su mano, aún sujetada entre las de la niña. Sonrió con ternura y ella deshizo su seriedad para sonreír como usualmente lo hacía.
—No creo que sea porque estés enferma, Yachiru-chan… —Tomó una de las manos de la niña y, copiando las acciones de ella, la llevó también a su pecho—. El mío también lo hace de vez en cuando…
—Pero el mío lo hace únicamente en dos ocasiones; cuando termino de correr muy deprisa, o cuando estoy con Hana-kun.
Él tragó saliva ante la respuesta, sorprendido en gran parte y con mucha ternura plantándose en su rostro, sonriendo, como si de alguna forma creyera que ella estaba confundiendo las cosas o simplemente se tratase de un halago. Corrió un mechón de cabello rosa tras la oreja de la jovencita antes de que ella hiciera algo que lo turbó aún más.
Plantó un beso justo sobre su boca, sonriendo después y alejándose en un trote. Como si acabara de hacer una travesura de niña pequeña, como robar algo y huir a esconderlo después.
—¡Yachiru-chan! —se alarmó, viéndola allá alejada de él, con el viento ondeando su traje de shinigami en marca pequeño. Se levantó y corrió tras ella, bien dispuesto a regañarla.
..
Hay veces en que los sentimientos llegan temprano a la mente de algunas almas. Era normal que ocurriese en ella, siendo que estaba rodeada siempre de adultos que hablaban o comentaban algo con respecto al amor en algún momento. Aquel sentimiento que estaba medianamente prohibido demostrar en el Gotei, por el cual (según le habían dicho) muchas de las personas que no estaban se habían ido.
Pero ella veía amor igual, no entendía qué clase de amor habían tenido aquellos que se fueron por años, ni qué tenía de malo tampoco, pero seguía viéndolo. Lo notaba entre algunas personas de su alrededor; como entre la capitana Unohana y el capitán Ukitake, que siempre caminaban juntos por el jardín de éste último observando las plantas y charlando animadamente.
Incluso llegó a verlo salir de personas de las que nunca creyó que podría salir, pero que igual estaba allí. Hubo reuniones de la Asociación de Mujeres Shinigamis en que le explicaron los diferentes tipos de amor que existían, cosa que no se había animado a preguntar a Hanataro, porque desde aquella última cuestión que él intentó resolverle, no podía mirarlo sin sentir sus mejillas más rojas de lo usual (cosa a la que él, aparentemente, no prestaba atención).
Y en medio de todos esos aprendizajes nuevos, en los que su cuerpo comenzó a crecer (como le habían dicho los del escuadrón cuatro que estaba ocurriendo), fue que pasaron una gran cantidad cosas que cambiaron los pasillos del Gotei 13.
Porque repentinamente había muchos niños nuevos con los que jugar y, al mismo tiempo, cada vez menos ganas de ir saltando constantemente a la espalda de todos. Seguía haciéndolo con Hanataro y Zaraki, pero al parecer no salía de allí. Comenzaba a estresarse por cuestiones más de humanas grandes que de niñas, días en los que no se movía por sentirse incómoda.
Habían pasado unos seis años cuando prestó atención al espejo, que le devolvía un reflejo al que no había prestado atención hasta entonces. Parecía más una adulta que una niña, sus mejillas seguían sonrosadas, pero ya no estaban tan regordetas como hacía un tiempo. Había seguido recortando su pelo, sus ojos se veían menos grandes, menos aniñados. Y decía Isane que era normal el que su cuerpo tuviera tantas diferencias nuevas.
Parecía una adolescente de unos dieciocho o diecisiete años cuanto mucho y especialmente para aquellos que habían acostumbrado a verla como la más joven por tantos años, había crecido demasiado, tal parecía, para no seguir haciéndolo por otro largo período de tiempo, puesto que al fin su cuerpo había alcanzado la madurez de su mente.
Sin embargo, había alguien que notaba el cambio más que cualquiera. Desde el incidente cuando ella aún era pequeña todo comenzó a darle vueltas. Yachiru le sonreía y esa sonrisa ya no era de una mocosa, al hacerlo cerraba los ojos, sus labios se curvaban y todo se volvía mucho más hermoso.
El juego de la teniente Kusajishi, al querer robarle un beso y hacerlo, no resultó en lo absoluto un problema para ella (porque en las reuniones con las demás mujeres aseguraba que ella lograría casarse con Hanataro y tener un niño como lo tenían ya prácticamente todos los adultos). Pero el muchacho sentía que le salían canas por perderse en sus ojos rojos.
Zaraki iba a matarlo lenta y tortuosamente, aunque ella dijera que nunca lo permitiría.
..
—Quiero casarme contigo —respondió cantarina, como si hablara de dulces, con una de esas sonrisas que a él tanto le gustaban de la Yachiru grande, porque todavía no terminaban de perder todo lo de la niña.
Él se había puesto pálido.
Su pregunta había sido "¿Qué quieres hacer hoy?". No esperaba algo tan directo, ni mucho menos esa respuesta. Carraspeó para volver en sí. Ella estaba de pie frente a él, con las manos tras su espalda, sonriendo y con el viento golpeándola desde atrás, logrando que algunos de sus cabellos llegaran a su cara.
—¿No me quieres, Hana-kun? —preguntó, sabiendo la respuesta y que lo había puesto incómodo.
El chico se llevó una mano a la frente, pasándola después por su rostro y asomando uno de sus ojos azules por entre los dedos para verla. Asintió, porque obviamente la quería más que a nadie. Quitó la mano de su rostro y se rió de la situación en la que se veía, ¿se había enamorado de aquella niña que lo besó como si de un juego se tratara?
Ella le saltó encima, eufórica, logrando que ambos terminaran sobre el césped que tantas veces habían pisado para jugar juntos a pedido de Yachiru.
No le importaba si se había o no enamorado de quien le besó por un supuesto juego, porque más tarde descubriría que ella no lo había hecho por jugar, sino porque en serio tenía muchísimas ganas de hacerlo, justo como en ese momento en el que se le tiró encima.
—Porque todos lo hacían y quería ver qué tal, por más joven que fuese…
Porque un impulso en aquel entonces le gritó que ella era de la persona que más paciencia y afecto le profesaba, después de Zaraki.
Y, de alguna forma, desde niña, tenía que lograr que él la mirase no solo como niña, sino como niña que pronto crecería e iría tras él sin dudarlo un instante.
..
*No sé si es así o no, pero inventos van y vienen. :v
Me parece que estoy ya bastante oxidada *miro mi libreta y alzo una ceja* estoy tan atrasada que deberían estar queriendo matarme, ¡esto dice que lo suspendí!
Okay, la universidad no me tiene bien. xD Ni tampoco mis bloqueos mentales que duran años :'v, en serio, ¿hace cómo cuánto no actualizaba o publicaba algo? ¡Cierto! Desde que Bleach se volvió una porquería en el manga y dejé de seguirlo. XD
So sorry, ladys (and boys), por la tardanza tan estruendosa. No sé si sirve ya que deje catálogo :v pero lo dejo igual xD
Catálogo:
Keigo y Michiru. – Jinta y Yuzu. - Ikkaku y Nemu. - Kira e Isane.
Ahora también doy a elegir como fue que Ulquiorra, Grimmjow o Aizen-baka se conocieron con las madres de sus hijos ;) Si no tienen idea pasen a leer 'Dekiru de las Sombras' xD
Ni idea si nos veremos pronto o no, pero espero y lo hayan disfrutado, todos molestaban mucho con esta pareja, por eso me esforcé en dejárselas (?)
¡Bye-bye!
