Los personajes utilizados en este fanfic son propiedad de Akira Amano.
Narración.
—Dialogo
—Aclaraciones del narrador. —
(Intervenciones en la narración).
"Pensamientos o frases que se dijeron".
Aclaraciones y Advertencias: Los personajes no me pertenecen. OC. OCC. Una historia random con sus debidos momentos serios. (?)
Summary: Su hermana iba a concederle algo que nadie de su calaña se merecía: Tendría un año de libertad antes de asumir el liderazgo de su Famiglia. ¿El problema? Precisamente al único lugar al que se quiso largar para alejarse de la Mafia esta plagado hasta la medula por la estirpe más alta de mafiosos. Carajo, y ella que quería un año normal. [OC's x Personajes.]
…
Sart; Dash parte I
…
Murmullos, murmullos.
Los murmullos de la clase revoloteaban de aquí para allá.
Hana enarcó una ceja al escuchar el bolígrafo de Rose partirse por la mitad. Para aplicar tal fuerza innecesaria debía ser presa de una enorme irritación. No obstante, la castaña-cobriza mostraba una sonrisa mientras la despampanante nueva alumna se presentaba a la clase.
Kurokawa podía identificarla fácilmente como la chica que había citado a la británica hace exactamente veinte minutos atrás.
—Alessia Medici, 15 años —se presentó la pelirroja.
Su voz era serena, pero su semblante indiferente.
—Gustos: Comer, dormir, yo misma. Disgustos: Los gatos, etc.
Mientras terminaba de escribir su nombre en el pizarrón con elegante caligrafía, miró a los alumnos del 2-B por sobre su hombro. La larga melena pelirroja se deslizó suavemente al mismo tiempo que su mirada verde mar reflejaba un único sentimiento: burla.
—Ninguna otra información les será proporcionada aún si lo preguntan directamente, así que por favor eviten hacer eso —declaró—. Si esto es todo, Sensei —se giró hacia el maestro—. ¿Puedo proceder a sentarme~?
El viejo maestro de literatura asintió.
—Ah, detrás de Ayanami hay un lugar —señaló dicho asiento, el cual se encontraba en la parte trasera del aula.
La italiana se encaminó a su lugar destilando elegancia. Su pecho rebotando con cada paso hizo que varias alumnas se mordieran las uñas con frustración.
—Fu, fu, fu.
Observar la vena hinchada en la mejilla de cierta británica provocó satisfacción que demostró a través de una sonrisa arrogante.
—Start the show.
…
"Ah, Lunes. Odio los lunes". Algo así es lo que normalmente Tsunayoshi estaría pensando a esas horas de la mañana al estar colgado de cabeza en una red de pesca, cortesía de ni más ni menos que de Suzuki Adelheid. Sin embargo, a pesar de estar colgado en dicha red, otro tipo de pensamientos ocupaban su cabeza.
—Y… ¿por qué llegaron tarde hoy, chicos? —Julie se había puesto cómodo a su manera en su propia red. Sobra decir que fue detenido por acoso sexual—. Es raro que Gokudera y Yamamoto nos acompañen, además de que Ryohei y Koyo están ausentes —observó.
—Tsk. ¡Eso no te incumbe, pervertido idiota!
Gokudera se cruzó de brazos, desviando la mirada a cualquier otro punto en dirección opuesta a Tsunayoshi. Se sentía avergonzado, no de faltar a clase, eso se la sudaba puesto que era prácticamente un genio, sino por que su adorado Décimo lo estaba contemplando en aquella penosa situación.
—¿Te das cuenta de que ha sonado muy Tsundere de tu parte, cierto Gokudera?
Yamamoto yacía recostado cómodamente en su propia red, como si se tratara de una hamaca. Sus brazos fungían de almohadilla detrás de su cabeza y su pierna derecha se balanceaba levemente sobre la izquierda.
La sola mención de la palabra 'Tsundere' hizo que el peli plata se mordiera el labio inferior para contener sus ansias asesinas. Suzuki debía ser el ángel de la guarda de ese imbécil, porque Adelheid tuvo especial cuidado al colgar a Hayato; le quitó TODA su dinamita, por lo que ahora Gokudera no podía volar sesos a gusto.
—¡C-cállate, maldito friki del béisbol!
—Ma, ma. Deja lo agrio, ¿Cuándo seguirás mi consejo de beber algo de leche?
—¡Una sola mención más sobre mi supuesta falta de calcio y…!
Ignorando al par enfrascado en su discusión unilateral, el Guardián del Desierto probó suerte con su jefe. Estaba aburrido, y fastidiar a Kozato siempre era entretenido.
—Enma-chan. ~ —canturreó.
El pelirrojo se encogió dentro de su propia red. El tono 'dulce' de Julie era intimidante, de alguna forma era incluso más atemorizante que su tono de acosador.
—Dime, dime Enma-chan. ¿Qué estaban haciendo~?
Ignorando el breve tic que sintió nacer bajo su ojo izquierdo, producto del desagrado extremo hacia tal tono (a sus oídos) repugnante, se limitó a decirle a su Guardián lo que quería escuchar para que lo dejara en paz.
—… … …
Lastimosamente respondió tan bajo que el de lentes no fue capaz de distinguir nada.
Como siempre, Enma tenía agallas en los pensamientos pero le faltaban en las palabras.
—¿Qué? —Julie intentó pegarse más a la red en un vago intento de acercarse a Kozato para poder escuchar mejor, eso es lo que a primera vista cualquiera podría decir, pero si se prestaba atención se notaría la sonrisa de diversión plasmada en el rostro de Katou—. No te escuché. ~
—E-el dijo que nos entretuvimos hablando con Michelle —intervino Tsuna—, ahora déjalo en paz Julie, Yamamoto ya le hizo bullyng.
—¡Eh, yo no hice eso! —Se defendió el beisbolista, prestando atención al trío y dejando a Hayato parloteando amenazas en italiano… ya saben, lo habitual—, creo —añadió despistadamente para luego soltar una risa despreocupada.
—No es para que se rían —murmuró Enma. Pero al final, ¿qué más da? Esbozó una sonrisa microscópica.
Entre tanto, Julie se encontraba en la pose del pensador intentando recordar el nombre femenino anteriormente mencionado.
—Michelle… —de repente, tuvo una epifanía—. ¡Ah, 88-59-88!
Dado que se levantó intempestiva e imprudentemente, terminó cayéndose y hecho un nudo humano.
—Deberé negociar con Adel para que amplíe el tamaño de mi red —murmuró.
—¿"88-59-88"? —Repitió Tsuna—. ¿Qué quieres decir con…? —El Décimo abrió los ojos en señal de comprensión—. ¡JULIE! —chilló.
—Jajá, eres de lo peor —comentó el capitán del equipo de béisbol.
—Oye, no me digas esas cosas mientras sonríes —al Guardián del desierto le resbaló una gotita de sudor por la sien.
—Sigues siendo de lo peor, Julie… —comentó ahora el pelirrojo, inexpresivamente. Aunque en el fondo ya se esperaba algo así de su amigo.
—¡Enma, pequeño traidor! —Gimió el de lentes—. ¡Para que lo sepan, catalogar a una mujer por sus medidas es perfectamente normal!
—¿Ah, sí? —Preguntó Yamamoto con ingenuidad—. ¿Entonces cuales son las medidas de Bianchi?
—¡86-57-87! —respondió el Shimon con rapidez.
—¡¿Cómo mierda lo sabes?! —Hayato aprisionó la malla entre sus dedos con fuerza, mirando a Julie de forma no muy amigable, es decir, menos amigable de lo usual—. ¡Y tú! —Se giró a Yamamoto—. ¡¿Por qué demonios querías saberlo?! ¡Espera a que salga de aquí, friki del béisbol!
—Adelheid va a ejecutar a alguien —el comentario de Enma fue dirigido más a Tsuna que a los otros—. Por cierto, Tsuna-kun ¿desde cuando empezaste a llamar a Michelle sin el 'san'?
La discusión unilateral de los otros tres se detuvo apenas aquella interrogante se hizo.
…
La Cacciatore estornudó.
—Dicen que si estornudas repentinamente significa que alguien está hablando mal de ti… o algo así —recordó en voz alta uno de los tantos mitos urbanos que Alegra le contó la semana pasada.
Observó por enésima vez la pantalla de su celular, que en esos momentos se encontraba tan negra como la cabellera de su amiga de ojos rojos. Sin batería. Genial, ahora Alessia le iba a dar un regaño de los buenos apenas la viera.
—'La batería dura hasta tres días', decía. 'Confíe en nosotros', decía —imitó la vocecita de la vendedora de celulares, citando lo que había dicho al venderle el aparato—. Faltó que me dijera 'Windows 8 es el mejor sistema operativo'.
Mientras esperaba que la luz del semáforo le diera el paso, sintió como algo trepaba por su cuerpo hasta posicionarse en su hombro derecho. Se trataba de un camaleón de forma graciosa, mejor conocido como León.
—Si hablas sola en medio de la calle, te tomarán por loca —dijo una voz a su lado.
—Pero no estaba sola ¿o sí, oni-onii-chan? —la castaña sonrió tras confirmar la presencia de Reborn en su hombro izquierdo—. Supongo que ya has terminado de hablar con Tsuna y los demás, así que… ¿qué te trae por aquí?
—Investigo.
—Ahora di la verdad.
—Estoy siguiéndote, pero de eso ya te habías dado cuenta —el sicario sonrió socarronamente—. Necesitamos establecer los términos de tu contrato.
—¿Are? ¿Tengo un contrato? —La castaña parpadeó múltiples veces—. Sólo bromeo —sonrió—, supongo que después de salir con mi hermana aprendiste que todos tus tratos los debías hacer por escrito ¿cierto?
—Exactamente —admitió el hitman a regañadientes.
En ese momento, la luz del paso peatonal cambió.
—Sin embargo, seguir a una persona solamente por un contrato… no creo que sea algo que vaya contigo —declaró la Cacciatore al tiempo que cruzaba la calle con tranquilidad. En comparación con Tokio, Namimori era un sitio más tranquilo… excepto si a transeúntes locos en las calles se refiere—. Por lo tanto, confiaré en mis agallas y me atreveré a decir que quieres algo más de mí.
—Tus agallas… —repitió el ex arcobaleno. Reborn esbozó una semi-sonrisa, no era la primera vez que escuchaba tal estupidez.
La Cacciatore asintió enérgicamente.
—¡Por supuesto! Las agallas y mi impertinencia son lo que me han mantenido viva hasta ahora.
Ella no tuvo ningún tipo de inconveniente para aceptarlo.
—Claro que esas mismas agallas e impertinencia suelen meterme en muchos problemas… ¡pero! —Michelle alzó la voz, dando un saltito hacia la acera para terminar de cruzar la calle—. ¡Sin gente estúpida que no mide las consecuencias de sus actos, no existirían las películas de acción ni héroes que acaban con los malos con su rasho lazer! —declaró mientras hacia poses de super sentai.
Reborn enarcó una de sus pequeñas cejas.
—¿Qué clase de estúpida conclusión es esa? —inquirió.
Pero antes de que la aludida pudiera si quiera contestar…
—¡Aparta, maldita mortal!
Un grito.
Y luego, un empujón.
Michelle se las arregló para no besar el asfalto con un movimiento propio de Matrix, quedando suspendida a unos cuantos centímetros del suelo. Sus pantorrillas eran su único punto de apoyo.
—¿Es que toda la gente en este lugar está loco de remate? Por cierto, es una pregunta retorica —agregó antes de que Reborn contestara.
Aún suspendida, echó la cabeza hacia atrás y se las arregló para ver a la persona que la había empujado y que, dicho sea de paso, parecía estar huyendo de algo porque cada cierto tiempo miraba hacia atrás. Su agresora tenía cabello rojo, un rojo oscuro, atado en una trenza lo suficientemente larga para llegarle a la altura de las rodillas. Sus ojos eran de color amarillo y su piel era pálida. Traía puesto el uniforme de Midori Chu.
La Cacciatore se incorporó con un sencillo impulso hacia adelante, sin la necesidad de usar sus brazos.
Estando precavida, esta vez la Cacciatore se hizo a un lado cuando otra presencia pasó por allí, corriendo como el demonio de Tasmania. Sobra decir que era quien perseguía a la chica de ojos amarillentos.
—Eh, pero si es la pecho-plano amargada que hace mal cosplay de Vindice y que me empujó el primer día de clase. ~
Extrañamente, Michelle tenía un rostro muy inocente al decir esto.
Por fortuna, la peli blanca de ojos rojos y vendas en todo su cuerpo estaba más concentrada en cazar a esa pelirroja que en otra cosa, por lo que no pudo escucharla.
—¡VEN ACÁ PEQUEÑA RATA! ¡NO TE HARÉ DAÑO, SOLAMENTE VOY A MATARTE! —clamó.
Las vio desaparecer en la siguiente calle.
—Oye tú —llamaron.
Michelle se giró y se señaló a sí misma.
—¡Obviamente tú! ¡No hay nadie más aquí!
La heredera mafiosa no necesitó de ningún tipo de radar o intuición para saber que Reborn estaba en lo alto del semáforo, comiendo palomitas mientras observaba la escena.
La persona que le hablaba era una fémina de contextura normal y algo atlética, de piel blanca cual porcelana y labios rojos cual cereza. Habían tres rasgos que la hacían sobresalir: sus ojos amatista, su cabello negro que le llegaba a media espalda cuyas raíces eran extrañamente de color azul, y su busto grande (quizá no tan grande como Adelheid, pero Michelle podía apostar a que le costaba ver hacia abajo con tremendos melones). Su flequillo estaba cortado en diagonal desde el lado izquierdo haciéndose más largo a medida que se acercaba al ojo derecho, tapando dicho ojo un poco.
¿Sería punk o rockera? Como fuere, también llevaba puesto el uniforme de Midori.
—Ya… —emitió un sonido vago—, ¿vas a preguntarme algo o te quedarás todo el día mirándome? —comentó al percatarse de que la otra también la estaba analizando.
—Tsk —la aludida pareció recordar a lo que venía—. ¿De casualidad has visto a una pelirroja de ojos amarillos y que a primera vista tiene la gracia de un elefante bailando samba?
Bueno, no era extraño que las personas raras se conocieran entre sí.
—¿Huía como loca de una tipa cubierta de vendas? —inquirió solamente para asegurarse.
Cuando la pelinegra asintió, curiosamente su busto también realizó dicho movimiento.
—Esa misma.
—Nunca la he visto en mi vida —declaró Michelle solemnemente mientras señalaba con el pulgar la dirección por la cual ambas locas se habían ido.
Reborn esbozó esa sonrisa.
Al parecer su estudiante no era el único que atraía a gente interesante.
…
Las horas de clase se habían pasado increíblemente lento. Tanto, que Alegra empezaba a creerse víctima de una baja de tensión. Pero había hecho de todo, todo, y la sensación de pesar y agotamiento no se desvanecía. Era como si de la nada le hubieran arrancado todas sus energías.
A pesar de todo, sabía de sobra la causa.
Lo que ocasionaba su falta de ánimo era lo mismo que puso a Rose tan irritada, a Eisen pensativa y a Aya tan silenciosa. Por que sí, estaban juntas en ese momento. Tras presentar a la de coletas con el grupo a la hora del almuerzo las cuatro se habían coordinado para ir a una cafetería después de clase, en lo que Vongola y compañía mantenía una leve charla secreta, de la cual no se percataron por estar haciendo sus propios planes.
Y allí estaban, cuatro chicas sentadas en un café, a su manera afectadas por un factor común: las palabras de una pelirroja que repentinamente se les antojaba odiosa, sin tener el claro por qué.
No se hablaban, ni se miraban. Simplemente estaban cada una perdida en lo suyo, divagando sobre la misma cuestión: ¿por qué demonios les importaba?
Hasta que…
—¡HYAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!
El grito de Aya rompió la paz y quietud del local.
—¡Cállate! ¡Suficiente! ¡Basta! ¡Boobie-onna malvada! ¡Sal de mi cabeza! ¡Te exorcizo!
La pelinegra empezó un pataleo digno de una niña de cinco años, golpeando la mesa con sus manitas al tiempo que balanceaba salvajemente sus piernas.
Bueno, de todas formas la Koganedzuki no aparentaba físicamente su edad real.
Sin embargo, dicha acción al parecer provocó una reacción en cadena. El silencio se esfumó, y las tres adolescentes restantes fruncieron el ceño, de repente llenas del mismo sentimiento que Aya expresaba en sus palabras: molestia.
—¡Yo ni siquiera sé por qué estoy enojada! —Chilló la de ojos amatista, mejor conocida como Eisen, cruzándose de brazos—. Quiero decir, ella es mi Kohai en Namimori y en el trabajo… —dio un fuerte mordisco a su manzana de origen misterioso, casi como si estuviera atacando a la pobre fruta. Luego la mascó a regañadientes, con rabia. Tragó—, y de cierta forma el que me animara a hablarles a ustedes fue gracias a ella… pero… ¡oh, al demonio! ¡Estoy indignada!
En el fondo, muy en el fondo, la castaña sabía que era celosa y posesiva. Pero no planeaba admitirlo.
—Nunca había conocido a alguien capaz de sacarme de quicio…
Las palabras de Rose fueron acompañadas por un repiqueteo incesante. La británica sostenía su cabeza con la ayuda de la surda apoyada en su mejilla a forma de puño mientras que la diestra era la que generaba tal sonido con el vaivén de sus dedos sobre la superficie de la mesa.
—Saben…
Por primera vez desde que habían llegado, Alegra habló.
—Yo tengo mis razones para estar así —los ojos rojos observaron a cada una de las presentes—, sin embargo… ¿Qué hay de ustedes? ¿Por qué están así?
Aya ladeó la cabeza y parpadeó como un animalito, analizando la cuestión.
—¿"Por qué"? Pues… —hizo una breve pausa mientras pensaba—. ¡No lo sé! —sentenció con una sonrisa.
Las demás cayeron de sus asientos estilo anime.
—¡Sempai! —Rose se dio un facepalm, cerrando sus ojos verdes y luego dando un largo suspiro.
Pasada la faceta tímida inicial, Aya demostraba ser tan infantil como un crio de primaria y tan honesta como Yamamoto.
—Es que…
El mechón anti-gravedad de la Koganedzuki, mejor conocido como ahoge, se movió ligeramente.
—Aún si intentara explicarlo, no encuentro una respuesta —declaró la de ojos negros, frunciendo el ceño mientras una pequeña venita se hinchaba en su mejilla—. Simplemente me molesta lo que dijo esa boobie-onna. ¡Aya puede ser amiga de quien quiera!
—¡Pues yo…! —Eisen se levantó intempestivamente, pero al no encontrar una razón simplemente se sonrojó de la vergüenza—. Pues yo creo que estoy igual que A-chan —rió apenada mientras volvía a sentarse.
—Pues yo creo que sí sé la razón —declaró la castaña-cobriza—. La razón por la cual nos molesta lo que la tal Alessia ha dicho, que es la misma razón por la que inconscientemente somos apegadas a Michelle aún si no la conocemos de hace mucho.
—Menos de veinticuatro horas, en mi caso —aportó Eisen.
—Da igual —la británica batió su mano frente a su rostro despreocupadamente—. Sea el tiempo que sea, creo que todas hemos sentido lo mismo… de alguna manera, aunque ella a veces se concentre demasiado en sus pensamientos, siempre nos presta atención y hace cosas por la gente aunque apenas la conozca.
—Pues —reflexionó Aya—, ella caminó conmigo cuando estaba en medio de un paseo.
—Estabas pérdida y punto —murmuraron las demás con una gotita de sudor resbalando por sus sienes.
La de ojos verdes retomó la palabra.
—El punto es que… creo que nuestro apego a ella se debe a que emana ese tipo de aura que te hace sentir que, sin importar cuan excéntrica, inútil, enérgica, o rara pueda llegar a ser una persona, Michelle la aceptará.
—Personas así son raras estos días —comentó la empleada de Miyu.
—Sí… —murmuró la romana—. Pero sabes, creo que tienes razón Rose.
Por primera vez en el día, Alegra sonrió.
—Mich es ese tipo de persona que no discrimina a la gente por como es, sino por las acciones que ejecutan —asintió con energía—. Así es, esa es Mich.
—¡Amante del chocolate! —aportó Rose.
—¡Amante de las cosas lindas! —secundó Aya.
—Amante de las jugarretas a los chicos —suspiró Eisen.
—¡Eso, eso! —Apuntó la romana—. Ahora… escuchen tropa —la oji roja se puso de pie y, cual conquistador, posó su pie derecho en el borde de la mesa y apoyó el brazo derecho en su muslo mientras buscaba el horizonte con la mirada—. ¡Puede que no sepamos cosas triviales, de su pasado u otra cosa que nos ayude a ganar puntos de experiencia…!
A medida que el discurso de Alegra se daba, los ánimos del resto bajaron momentáneamente.
—¡Pero…! —Lombardi retomó la palabra—, ¡Si algo me han enseñado las películas de Hollywood es que eso no importa en la amistad! ¡La perseverancia y el acoso indiscriminados son la clave del éxito!
—¡Cierto! —coreó el resto.
—¡Y nosotras tenemos mucho de eso! ¡¿Cierto?!
La romana parecía repentinamente motivada.
—¡Cierto!
Pero aquello dejaba claro una cosa…
—¡Así que de ninguna manera perderemos!
De ninguna forma iba a dejar su primera amistad solamente porque a otra persona se le antojaba.
—¡Así es!
…
En la residencia Sawada otra peculiar reunión se llevaba a cabo, y por peculiar nos referimos a que era potencialmente desastrosa si los integrantes de la misma perdían los estribos. El caso es que Reborn los había mandado a llamar para discutir lo que habían descubierto esa mañana. Fuuta, Lambo e I-pin también estaban presentes al igual que los Guardianes (salvo el asocial y el psicópata) de Tsuna y la Famiglia Shimon.
—"¿Cómo cabe tanta gente en mi habitación?" —pensó distraídamente el Décimo Vongola mientras de fondo se podían apreciar las voces de Koyo y Gokudera, explicándole la situación a Ryohei por décimo séptima vez… a los gritos.
Por dicha razón, Tsuna se tomó sus precauciones y le envió una síntesis de lo que trataba la junta a Hibari, mediante Kusakabe, para que el Guardián de la nube ni siquiera tuviera que venir. En el caso de Mukuro obviamente enviaría a Chrome, aunque la dama de la niebla no estaba muy enterada de todo dado que la primera semana de clase estuvo ausente por una pequeña fiebre.
—¡A ver si entendí al extremo!—Exclamó el Guardián del Sol, llamando la atención con sus gritos—. ¡¿Cobain no es Cobain sino Cacciatore?!
—Sí, cabeza de césped —espetó Hayato con fastidio.
—Y ella es de la mafia…
El Guardián de la Tormenta rodó los ojos, pero asintió.
—¡Una al extremo peligrosa! ¡¿Cierto?!
—¡Peligrosa, no! ¡Corrupta hasta la médula! —lo corrigió el peli plata.
—Aunque la forma en que operan, de hecho, es peligrosa para quién sea su blanco —añadió Reborn.
Sasagawa ignoró el reclamo de Hayato junto al comentario del sicario, tratando de no perder la concentración en lo que estaba pensando.
—Y ella escapó de casa…
—Ajá.
Nuevamente el Hitman tomó palabra.
—Conociendo a Carmine, me hago una idea de por qué —el ex Arcobaleno miró significativamente a su respectivo estudiante, que se dio cuenta mas no entendió la razón, pero no sintió miedo… lo cual era extraño, porque siempre que Reborn le miraba le daba un escalofrío.
El sicario sabía que sus suposiciones eran completamente acertadas, no por su intuición aguda, sino porque él y esa mujer se parecían en varios aspectos. Así que si él era como un padre para Tsuna, Carmine era como la madre de Michelle; y aunque no quisiera admitirlo, si su pupilo estuviera en los zapatos de la menor de los Cacciatore, posiblemente habría hecho lo mismo por él. Naturalmente se debía a que ambos, Carmine y él, eran metiches de primera.
Ahora sí, Sawada tuvo un escalofrío.
—¡Ok, comprendo al extremo! —sentenció el Guardián.
—Por si acaso, ¿podrías anotarlo en un papel y dárselo más tarde Chrome-chan? —susurró el Cielo a dama de la niebla.
—Claro, jefe.
Terminada la pequeña escena con el mayor de los Sasagawa, el silencio reinó.
—¿Es que acaso todos los futuros jefes de la mafia parecen débiles y patéticos? —Aoba no pudo evitar decir lo que todos pensaban.
Por supuesto, para Enma (que estuvo jugando con Natsu todo el rato) y Tsuna, aquellas palabras fueron como una flecha que se incrustó en sus cabezas con fuerza.
—Claro que no.
—"¡Yamamoto…!"
Los Capos miraron significativamente a su defensor.
—También son adorables —canturreó el Guardián de la Lluvia.
La mirada significativa se transformó en un llanto de frustración.
Pero todas esas cosas triviales quedaron de lado cuando, repentinamente, el sonido de un disparo silenció todo.
—Gracias —el bebé de fedora sonrió cínicamente—. Ahora viene lo importante, así que préstenme atención… especialmente tú Dame-Tsuna… es hora de que sepan el tipo de gente que los rodea.
…
Continuará
…
Nota de la Autora:
*Dato Random*
1) La info de las medidas Bianchi es real según MyAnimelist. Como dato extra, ella mide 165 centímetros.
2) Onna= mujer. Deduzcan lo que dijo Aya(?)
*Fin de Dato Random*
Moshi, moshi~ Ok, me dejo de idioteces. Quería actualizar antes de navidad, y parece que pude cumplir xDu
Siendo sincera, no tenía mucha inspiración para este capitulo. Lo re-hice 14 veces hasta que quedó de una forma en la que, igual que las anteriores, no me convenció, pero decidí publicarlo para salir de este bache de una vez. Son 12 páginas, para que tengan mucho que leer. (?)
Uff, nuevos OC's han aparecido, cada vez faltan menos por aparecer (ojo, de los que ustedes me mandaron xDu). Pronto empezará el desmadre, así que estense atentos. ~
¿Qué es lo que quería Reborn de nuestra protagonista? ¿A qué se refiere con "es hora de que sepan el tipo de gente que los rodea"? ¿Cuándo se monta el desmadre? Todo eso y más… en el siguiente capitulo. *música dramática*
Ya saben cuanto cobro para actualizar rápidamente. (?)
Feliz navidad y año nuevo (en caso de que no llegue actualizar para esa fecha). ~
