CAPÍTULO 12

No queda sino batirnos

Dia 8 de la guerra

Spike fue despertando gracias a su reloj biológico. Debía ponerse su uniforme y desmontar su carpa para cuando pasara el personal de intendencia. Pero antes de poder hacer nada, tendría que despertar a la princesa durmiendo sobre su lecho.

-Momento… ¿Cómo es que sigue dormida?- se preguntó el dragón en voz baja.

Después de todo, tanto ella como Celestia siempre estaban despiertas para cuando él despertaba.

-Luna- la llamó el dragón.

La princesa se agita un poco y balbucea algo que Spik no alcanza a comprender.

-Luna, despierta- insistió, agitándola un poco.

-S-sí, sí ya desperté- respondió ella, levantando la cabeza dando un indecoroso bostezo.

-¿Cuál es la prisa?-

-Ya deberías haber bajado la luna-

-La luna ya bajó-

-¿Cuándo?-

-En teoría, hace unos veinte minutos-

-¿Cómo así?- cuestionó, aún más confundido.

-Anoche antes de venir, Celestia me prometió que bajaría la luna por mí- explicó la princesa, mientras se tronaba el cuello con el casco izquierdo en su nuca.

-Y-ya veo- respondió el dragón.

Luna sonrió de haber despejado las dudas de Spike y sin aviso acercó su rostro al de él para besarlo en la mejilla.

-¿Y eso?- preguntó sorprendido, cubriendo su mejilla besada con la mano correspondiente.

-Yo siempre te doy un beso de buenos días ¿O tanta violencia hizo que ya lo olvidaras?- preguntó, apuntando al brazo vendado del capitán.

-Estoy bien- dijo Spike, arrancándose los vendajes, bajo los cuales ya no quedaba herida alguna.

Luna no se mostró sorprendida ni mucho menos complacida.

-Sí, estás bien. ¿Pero por cuánto tiempo más lo estarás quedándote en esta guerra?- le cuestionó.

Spike guardó silencio.

-¿Vas a continuar o no?- inquirió, sabiendo la respuesta.

-Sí. Hasta que termine- respondió, seriamente.

Luna suspiró entristecida y agachó la mirada. No sabiendo que más hacer, Spike se limitó a abrazarla.

-Pero puedes asegurarme que regresarás ¿Verdad?-

La pregunta confundió a Spike.

-Pensé que habías dicho que…-

-Sé lo que dije. Que no quería escucharte hacer una promesa que no podrías cumplir, porque la decisión podría no estar a tu alcance. Pero me equivoqué. Celestia me sigue recordando que no hay forma en que puedas caer en el campo de batalla y que debo de tener fe. Pero yo no he logrado estar tan segura. Así que… Por favor… Prométemelo. Prométeme que regresaras sano y salvo a Equestria… Y a mí- ordenó la princesa, con triste mirada.

Sin dudarlo, el dragón asintió con la cabeza.

-No importa lo que suceda. Encontraré la forma. Volveré a Equestria. A mi hogar. Y a ustedes mis princesas- juró, tomando los cascos de la alicornio entre sus manos.

Luna no pudo evitar sonreír. Aunque aún seguía llena de tristeza y angustia. Aquel juramento le hizo sentir el alivio de la esperanza. Esperanza que por pequeña que fuera, le hacía saber que había algo a lo que podía aferrarse. Miró sonriendo al dragón a los ojos sin decir nada.

-Pero solo si tú me prometes que no mirarás más a los campos de batalla-

-¿Qué? ¿P-por qué?- inquirió.

-Porque lo que ocurre en los campos de guerra debería ser visto solo por aquellos que han decidido formar parte de ella. Y porque aunque me gusta mucho lo que hago. No es algo que desee que vean mis amigos o migas. Menos tú. Y quiero que se lo digas a Celestia también. No miren más los campos de batalla. Especialmente no por mí. Tan solo tengan fe- explicó seriamente.

Luna lo miró indecisa unos momentos antes de suspirar con resignación.

-Eres en verdad cruel ¿Sabes? Me pides que vuelva a casa y que finja que todo estará bien. Para que luego te reciba con una sonrisa como si nada hubiera pasado. ¿No crees que pides mucho de mí?- murmuró.

-Desearía que fuera más sencillo. Pero yo creo que tienes la fuerza para soportarlo-

Luna sonrió.

-De verdad que eres cruel conmigo- respondió, recargando su frente en su hombro.

-Lo siento-

-Pero la culpa es mía, por enamorarme de ti primero-

Luna sintió como Spike la tomaba por los hombros para apartarla un poco de él. Luna lo miró confundida, solo para ver como el dragón acercaba su rostro al de ella para plantarle un beso en la nariz. Luna se endureció más que una piedra. Spike terminó con su muestra de afecto y miró a la anonadada princesa a los ojos.

-¿Sigues enfadada?- preguntó, con algo de humor al notar lo enrojecido que se había puesto el rostro de la princesa. Quien claro, tardó unos instantes en responder.

-N-no. Nunca estuve enfadada en realidad. Bueno, no contigo al menos- musitó.

Sin avisó, elevo sus cascos al rostro del dragón para inmovilizarlo y poder plantarle un apasionado beso. Spike elevó sus brazos, listo para apartar a la princesa. Pero no encontró la fuerza para hacerlo. Menos aún al ser invadido por las sensaciones del beso.

Los tiernos labios de la princesa. El suave pelaje que los cubre. Su aliento frío, pero agradable. Como los primeros copos de nieve de invierno. No había forma en que pudiera negar que aquello le agradara. Le agradaba tanto, que necesitaba más. Jaló a la princesa por los hombros para que estuviera más cerca de él y comenzó a devolver el beso. Luna se sorprendió tanto que retiró sus cascos de las mejillas del dragón, pero ante la iniciativa de Spike. Más no rompió el beso.

Pronto entendió lo que estaba pasando. El dragón correspondía su prueba de afecto. Al tanto de su falta de experiencia, relajó el cuerpo y se puso a merced del dragón. Pero para su desgracia, este terminó el beso apenas la princesa comenzaba a ilusionarse. Spike tenía una expresión difícil de cifrar. Claramente estaba perturbado por algo. Pero no había nada que le dijera a Luna que él no había disfrutado el beso. Luna por su parte tenía una expresión de confusión y alegría.

Luna rió un poco y abrazó a Spike alrededor del cuello.

-Regresa. Regresa sano y salvo Spike. Y entonces te mostraré lo felices que podemos ser juntos. Yo esperaré. Esperaré por ti. Por nosotros. Así que no olvides tu promesa-

Lentamente Spike regresó y abrazó a la princesa.

-No lo haré. Volveré a casa. Y cuando lo haga todo… Todo se arreglará- no se atrevió a decir más.

Afuera se empezaba a escuchar movimiento. El campamento comenzaba sus labores matutinas. Luna sabía que debía retirarse ya.

-Si en algún momento del combate sientes que requieres inspiración, recuerda que a ti te he entregado mi primer beso. Y no puedes morirte sin hacerte responsable. Así que no lo olvides ¿Está bien?-

¿Exactamente a qué responsabilidad se hace uno acreedor al recibir el primer beso de parte de alguien más? Se cuestionó Spike. Pero al saber que no encontraría una respuesta "lógica", decidió simplemente seguirle la corriente a Luna.

-No, no olvidaré eso tampoco. Hasta pronto Luna- la despidió, para apresurar su retirada.

-Adiós Spike, mi amado dragón- respondió ella con ojos alegres.

-Vendré a verte el próximo jueves- advirtió.

-¿Qué cos…- antes de terminar su pregunta, Luna ya había desaparecido en un haz de luz azul, dejando al dragón solo.

Spike sin demora se llevó la mano derecha a la boca, donde aún podía sentir el rastro de sensaciones de los labios de la princesa, y de su helado aliento.

-Mierda…-


No queriendo perder tiempo, Luna se tele transportó directamente a la habitación de su hermana.

-¡Celestia, Celestia¡ ¿¡Hermana querida, dónde estás!?- entró gritando Luna a los aposentos de su hermana.

-¿Si Luna? ¿Cómo te fue?- preguntó Celestia, saliendo del baño, con una toalla en la cabeza.

-¡Maravilloso!- gritó Luna, corriendo hasta donde estaba su hermana para abrazarla.

- Como siempre tenías razón. Ir a ver a Spike fue una idea maravillosa. No solo no está molesto conmigo sino que descubrí que… ¡Spike está loco por mí! ¡Solo que todavía no lo sabe!- explicó Luna, llena de alegría.

-¿En serio? ¡Eso es maravilloso Luna! ¿Qué ocurrió?- respondió Celestia.

-Hablamos. Me disculpé, se disculpó. Nos abrazamos… Me beso en la nariz. Luego en un arranque de emoción lo besé en los labios. ¡Y él respondió!-

-¡Qué te dije? Solo necesitas tener más confianza en ti misma. ¿Y en qué quedaron?-

-Iré a visitarlo de nuevo la noche del próximo jueves. Gracias Celestia. Sin ti esto no sería posible-

Aunque Celestia estaba muy feliz de ver a su hermana, también era azotada por un gran remordimiento. Después de todo no solo había sido ella la causante del sufrimiento de su hermana en primer lugar, sino que incluso ahora le seguía mintiendo.

Pero todo se arreglará. Se recordó a sí misma la deidad del sol.

Cuando Spike regrese lo arreglaremos todo. Y entonces todo será mejor. Equestria conocerá una nueva era en que ya no será gobernado por dos princesas. Sino por dos Reinas… Y su Rey.

-Me alegro por ti Luna. Ahora solo hay que esperar a que esta guerra termine-

-Lo sé. Lo sé. Quienquiera que sea la novia de Spike, puede darse por vencida. ¡Él va a ser todo para mí!- alardeó Luna.

-N-no cantes victoria todavía hermana- dijo Celestia, quien pese a sus mejore esfuerzos no pudo evitar sentirse algo celosa.

-¿Pero por qué lo dices? ¿No fuiste tú quien me dijo que solo yo podría reclamar el afecto de Spike?- preguntó Luna.

-Y-yo no lo dije de esa forma. Ni tampoco digo que no serás capaz de ganar su afecto. Solo digo que no cantes victoria con tanta seguridad aún- se explicó Celestia.

No muy convencida, aunque sabiendo la verdad de sus palabras, Luna decidió calmarse un poco.

-Está bien. Supongo que tienes razón. Pero el caso es que ya no me daré por vencida. De una u otra forma he de encontrar el camino que me lleve a estar al lado de Spike- exclamó Luna, llena de confianza.

-Esa es la actitud Luna. Pero ahora…-

-Sí, sí. Es hora de volver al presente y concentrarme en las necesidades de Equestria. No tienes que decírmelo. Iré a mi cuarto a arreglarme y te veré en el desayuno Cel-

-Muy bien. No te retrases. Tenemos muchas cosas que hacer-

-Y que lo digas. Debo de estar a las 10 en Manehathan para una declaración pública-

-Démonos prisa entonces-

-Muy bien. Te veré pronto hermana- se despidió Luna, desapareciendo en un haz de luz.

Celestia sonrió llena de alegría. Luna no solo ya no estaba deprimida. Sino que había podido confirmar que Spike sentía algo por su hermana.

-No es que me esperara cualquier otra cosa- se dijo a sí misma.

Suspiró profundamente.

-Seis mil años sobre este mundo y solo en los últimos cien años es que me han pasado las cosas más impredecibles y maravillosas. Y todo te lo debo a ti Twilight. ¿Qué sería de Equestria ahora sin ti cuando lo hiciste? ¿Qué sería de Luna? ¿Qué sería de mí?...-

Celesita tocó su corazón con ambos cascos y se rió.

-Twilight mi niña preciosa. Fuiste en verdad una enviada de los cielos a hacer de este un mundo mejor. Ahora me toca proteger aquello que tu ayudaste crear. Y claro que tampoco he olvidado la promesa que te hice. Pero tal parece que ya no seré únicamente yo quien cuidará de Spike- dijo sonriente, mirando el cielo.


Día 10 de la guerra

Ragnarok y su ejército observaban la amurallada ciudad de Treblika que yacía a los pies de la majestuosa cordillera de Talmos. La cual se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Los muros que rodeaban a la ciudad se alzaban a más de quince metros sobre el suelo. Estos estaban protegidos por múltiples torres y puestos de avanzada armados con catapultas y ballestas gigantes.

Un espeso bosque de coníferas cubría el valle. Sin embargo, el bosque dejaba de crecer súbitamente a varios cientos de metros lejos de los muros de la ciudad. Muros que ahora se encuentran forrados de soldados.

-La ciudad se ha preparado para nuestra llegada, majestad- dijo Lord Azi.

-Espero que con ello nos ofrezcan un mejor desafío de lo que hemos visto hasta ahora- respondió el rey.

-Las tropas están listas majestad. Solo tiene que dar la orden- dijo el general Ryujin.

-Ese claro que da mala espina- dijo Ragnarok.

-¿Señor?-

-El bosque no deja de crecer alrededor de la ciudad por causas naturales. Los vampiros lo han mantenido así. Y dudo que sea solo por estética-

-¿Cree que haya alguna tipo de trampas en el área despejada entre la ciudad y el bosque? ¿Campo minado, quizás?- inquirió Azi.

-Las únicas dos entradas son por los puentes colgantes al norte y este de la ciudad. Las tropas terrestres usarán esos, pero además quiero que use sus poderes para construir puentes adicionales sobre los que puedan avanzar hasta la ciudad-

-Así se hará majestad- dijo Ryujin.

Y así se hizo…

-¡Fuego!- gritó uno de los oficiales vampiros tan pronto como los dragones estuvieron a distancia de tiro.

Las ballestas arrojaban enormes flechas metálicas. Las catapultas lanzaban enormes bloques de piedra. Y los arqueros… Bueno, ustedes entienden ¿No?

-¡Acción evasiva!- se escuchó en todos los flancos del ejército dragón.

Aunque sus subordinados acataron sus órdenes, no todos lograron evitar los proyectiles enemigos. Algunos dragones fueron atravesados por las flechas de las ballestas, cuyas puntas habían sido revestidas con Mithril para que pudieran perforar los acorazados cuerpos de los reptiles escupe fuego. Otros fueron golpeados por los bólidos rocosos y enviados a tierra para conocer un aplastante fin.

En el suelo, los dragones serpiente comenzaron su asalto a la ciudad desde los puentes construidos por los vampiros. Además de iniciar la talar árboles y usar sus troncos para construir los puentes adicionales que el rey les había ordenado.

Amarga fue su sorpresa al confirmar que el terreno estéril entre la ciudad y el bosque no aparecía así por casualidad. Pues lo que a simple vista habrían sido piedras, eran en realidad trampas de las que brotaban explosivos. Causando daños mortales a los incautos dragones, si no es que les causaban la muerte al instante.

La respuesta nos e hiso esperar. Bolas de fuego, torrentes de viento y relámpagos comenzaron a bombardear los muros de la ciudad en todas direcciones. Ataque que a su vez recibió respuesta por parte de los demonios. En cuestión de minutos los muros de la ciudad se rodearon de fuego, gritos y muerte.

Las tropas aéreas, donde se encontraba Spike, pronto empezaron a descender a tierra. Siguiendo los deseos de su majestad, tratando de crear el menor daño colateral posible. Claro que, era difícil cumplir tales órdenes cuando los propios protectores de la ciudad no parecían interesados en aplastar cuantas casas y edificios les fuera posible.

Murakumo fue arrojado contra un edificio, cuya pared destrozó. Se levantó a tiempo para ver cómo se dirigía contra él una columna de fuego azul. Se incorporó de inmediato y cruzando sus brazos frente a él, con las manos extendidas en dirección a la columna, se proyectó frente a él u escudo dorado con el que se salvó de ser incinerad por el fuego enemigo. No así la construcción a su alrededor.

Su atacante había sido un grotesco monstruo antropomorfo. Con la singularidad de tener la cabeza de una especie de reptil en cada mano. Mismas que dirigió nuevamente contra el hechicero blanco, quien al saber lo que venía hizo un ademán con los brazos mientras sus manos se iluminaban con un brillo blanco.

Casi al mismo tiempo en que de las fauces de los lagartos en las manos de los demonios exhalaron fuego, de las manos de Murakumo salió disparado un torrente digno de la peor ventisca de invierno. Ambos ataques impactaron el uno contra el otro, neutralizándose en el punto de choque. Ambos guerreros mantuvieron su asalto y fue fácil para el dragón saber que su ataque no lograría frenar mucho tiempo al de su rival.

Más de pronto, en lo que claramente no fue un acto del dueño, las mandíbulas de las serpientes se cerraron. A lo que hizo que la acumulación del fuego hiciera reventar ambas cabezas, como globos de agua sobrecargados. Sin tiempo a preguntarse qué había pasado. Murakumo aprovechó el momento. Sostuvo su muñeca derecha con su mano izquierda, mientras que su mano derecha se pintaba de dorado. Dio un salto extendiendo su brazo derecho a los cielos, al tiempo que su mano se extendía formando lo que solo podría ser descrito como una espada de luz.

-¡Concede libertad a las almas aprisionadas en carne!- gritó con fuerza, al partir a su ponente en dos, con dicho sable.

-Buen golpe- dijo Spike, apareciendo junto a dos dragones más.

-Gracias a lo que le hiso a sus manos- respondió el hechicero.

-Debemos reagruparnos-

-Guíenos capitán-

Al otro lado de la ciudad un colosal monstruo con un minúsculo cuerpo cuadrúpedo, pedo enorme cabeza y aún mayor boca, creaba explosivas ondas de choque solo con su alarido. Evitando así a las tropas de dragones avanzar.

-Debemos retroceder Mayor- gritó un soldado, que mantenía sus garras clavadas en el piso para evitar ser arrastrado por los fuertes vientos.

-¡No en mi guardia!- respondió Agnus, arrancándose con furia su brazalete de Mahakala.

En un instante el negro dragón alcanzó su tamaño real, volviéndose más alto que todas las casas a su alrededor. Tomando una gran bocanada de aire, Agnus arrojó una bola de fuego con todas sus fuerzas contra su enemigo, quien solo lanzó otro desgarrador gritó desvaneciendo la bola de fuego y otros proyectiles lanzados por el resto de soldados que fueron enviados al olvido. Obligado además al gran dragón a retroceder barias decenas de metros pese a sus intentos por sostenerse de los techos de las casas a su alrededor. Las cuales por supuesto, quedaron hechas pedazos.

-¡Zorra! ¡Tú lo quisiste!-

Pensando unos instantes en lo qué hacer, Agnus lanzó una patada contra el suelo. Desde el punto donde su pie había conectado con el piso, se vio una columna de tierra elevarse ligeramente sobre el nivel el sueño y avanzar directamente hacia donde estaba el demonio. A escasos metros del demonio la misma columna de tierra se elevó sobre el suelo, formando un gran pilar que golpeó la barbilla del monstruo, obligándolo a entrecerrar la boca. Seguidamente Agnus se agachó dejando caer todo su peso sobre el puño con que golpeó el suelo. Dando como resultado el mismo efecto anterior, solo que esta vez un pilar mucho más grande y grueso que desbalanceó al demonio.

Al ver lo que pasaba otros, demonios y vampiros intentaron atacar al dragón.

-¡Protejan al Mayor Agnus!- gritó el capitán que acompañaba a la compañía de Agnus. A lo que él y otros dragones salieron a interceptar a los enemigos que pretendían interrumpir el ataque del Mayor.

Agnus dio un pequeño salto y golpeó el suelo con ambas manos. A diferencia de los golpes anteriores, este provocó que la tierra se sacudiera formando una ola del tamaño de las casas que al hacer impacto finalmente logró derribar a la bestia de los estallidos sónicos.

-¡Avancen!- gritó triúnfate a sus subordinados.

De nuevo con Spike, su compañía aún se encontraba haciendo limpieza dentro del muro este.

-¿Qué te pasó en la cara?- preguntó Spike a Damocles, antes de que se colocaran en posición espalda con espalda.

-¡Ho ya sabes! Lo que le pasa a uno cuando lo atiende una maquillista de segunda- respondió sarcástico, la serpiente.

-¡Jajaja! Mejor que sobrevivas esta noche para que le reclames- acompañó Spike su sarcasmo.

De pronto pasó algo llegó al campo de batalla. Pasó a gran velocidad dejando ver solo una silueta blanca que dejaba una estela de humo del mismo color, como de la tierra que levantaba al moverse.

-¿Qué es eso?- inquirió Damocles.

La centella se precipitó contra uno de los soldados, quien sin tiempo de reaccionar fue rodeado unas tres veces por la misteriosa silueta. Al instante el soldado calló de rodillas al haber sido recibido en su espalda, piernas, abdomen y cuello profundas heridas, que parecían haber sido hechas por un arma cortante.

-¡Tengan cuidado!- gritó Spike.

En un instante la centella había atacado y derribado otros tres dragones. Y pese a los esfuerzos del resto de la compañía, lograr detenerlo o darle un golpe parecía estar fuera de cuestión, dada su gran velocidad.

-¡Alto ahí!- dijo Spike, dirigiendo ambas manos hacia la centella, logrando solo así parar su carrera.

Detenido por la fuerza telequinesia del dragón, los soldados finalmente pudieron ver al misterioso agresor. La mejor forma de describir a la criatura sería como una mantis religiosa blanca de cuatro brazos. Y en vez de las inocentes pinzas de una mantis, la criatura tenía largas garras como espadas y con bordes dentados.

Antes de que los dragones salieran de su asombro, el monstruo comenzó a forcejear con todas sus fuerzas. Incluso el firme agarre psíquico de Spike no era suficiente para contener el movimiento de los poderosos músculos de la criatura, quien se sacudió la telequinesis como una capa de arena.

-¡Mierda!- maldijo Spike, al verse forzado a liberar a su presa.

Inmediatamente el demonio se precipitó contra Spike.

-¡Aléjense del suelo!- dijo Spike, batiendo sus alas para elevarse rápidamente.

Una esfera de luz azul envolvió al veloz demonio, dejándolo atrapado.

-¡Ya lo tengo capitán!- gritó uno de los hechiceros de la unidad.

-¡Levántalo al cielo y libera el escudo!- ordenó Spike.

El acató la orden sin bacilar. Desorientado por la sacudida que lo envió al cielo, el demonio quedó indefenso en medio del aire.

-¡Fuego!- gritó Spike, escupiendo una llamarada contra la bestia. Llamarada que fue seguida por barias más…

La batalla continuó con las tropas avanzando alrededor de la ciudad, sofocando lentamente las defensas de las tropas vampíricas y demoniacas hacia el interior. Fue luchando en las inmediaciones del distrito histórico, que Spike se reencontró con la muerte, cara a cara.

No tuvo tiempo de advertir el ataque. Solo sintió como si le hubiese caído una casa encima y lo siguiente que supo es que se encontraba dentro de uno de los museos de la zona. Se levantó tan pronto como pudo tratando se orientarse, luego de la conmoción. Miró hacia el agujero en la pared que había hecho con su cuerpo, en cuyo umbral estaba parado un guerrero un poco más alto de él. Parecía estar hacho de piedra. Su piel lucia como la superficie de un molde de granito y en sus hombros, cabeza y espalda se formaban puntiagudas protuberancias con forma de espinas.

Spike noto que la sacudida le había hecho perder su espada. Sin pensarlo dos veces, extendió sus alas y se disparó contra su oponente, quien de un salto hizo lo mismo. Spike se preparó para golpear a su rival en medio del aire, pero la criatura en vez de responder con un golpe propio, se estrelló contra Spike con los brazos abiertos, llevándoselo de corbata como un tractor a un árbol.

Spike fue azotado contra el suelo, además de aplastado por el cuerpo de su adversario. Antes de que pudiera recobrar el aliento, su oponente se puso de pié, tomó a Spike por la cola y lo arrojó hasta el otro lado del salón, haciendo que se estrellara sobre una gran maqueta que mostraba a la ciudad en sus primeros años. Se puso de pie trabajosamente, solo para ver como a su contrincante tomar una de las estaturas de bronce de la sala y arrojarla contra él.

Spike extendió su mano derecha contra la estatua, haciendo que se detuviera en medio del aire. Acompañando el gesto con su mano izquierda, la estatua salió disparada contra el demonio, quien la apartó de su camino con su brazo derecho, como si fuera una hoja al viento. Spike se precipitó contra su oponente reuniendo energía psíquica en su mano derecha para dar lo que él creía sería un golpe devastador. Su oponente copió el gesto preparando un golpe propio.

Spike rugió con fuerza al liberando su golpe, que se impactó con el puño de su rival. Pero el único que resultó herido de la colisión fue Spike. Quien se rompió todos los dedos de la mano derecha. El demonio lanzó un golpe vertical con su otra mano, golpeando a Spike en la cabeza, azotándolo contra el suelo. Sin tiempo para recuperarse, Spike sintió como si una pinza lo tomara del cuello que lo levantó solo para recibir otro golpe en el rostro que lo lanzó de nuevo contra el suelo. Aunque esta vez quedó boca arriba. Desorientado y cada vez más lleno de dolor, Spike escupió grandes cantidades de sangre, al sentir barias de sus costillas partirse bajo la presión de uno de los pies de su oponente.

No puede ser… ¿Acaso este infeliz me va a matar? Pensó el dragón, antes de sentir de nuevo otra patada en su pecho.

-¿Qué será de nuestro final feliz?- escuchó el dragón una voz. Con más claridad que los estruendos de la lucha fuera del museo.

-Te estaré esperando- repitió la voz. En aquel tono triste que había usado cuando se despidió del dragón.

Spike sintió de nuevo como una mano en forma de pinza, lo sostenía del cuello. Sabía que si no hacía algo sería su fin. Miró los ojos del demonio. Miró su vida. Su amada esposa. Sus queridas amigas. Sus leales colegas. Su amor prohibido. Y a sus dos princesas. Y vio su salida.

Spike extendió su mano izquierda al rostro del monstruo, clavando su dedo pulgar en su ojo izquierdo. Lanzó un rugido desesperado y con todas sus fuerzas disparó un impulso psíquico desde la palma de la mano, el cual perforó el único orificio vulnerable en la coraza de la bestia, sus ojos.

Instantáneamente de la boca, oídos y párpados se escaparon chorros de sangre morada. La fuerza del impulso de Spike le había reventado el cerebro y todo cuanto había dentro de su cráneo. El agarre con que sostenía a Spike se suavizó y ambos guerreros cayeron al suelo.

Qué vergüenza. Agnus me va a matar. Pensó tragicómico, al rodearse el pecho con el brazo derecho.

En su actual estado no podía jalar suficiente aire como para dar un grito. Así que solo se giró boca arriba para reducir la presión en su caja torácica.

Espero que algún idiota se dé cuenta de que hago falta…


Día 28 dela guerra

Entre más avanzaba el ejército dragón a las profundidades de Dammerung, más fuertes se hacían los enemigos que encontraban. Pero luego de varios combates, se volvió obvio para todos que Mefisto había sobreestimado el poder de sus guerreros demoniacos. Y que a menos que tuviera alguna especie de haz bajo la manga, él y su reino estaban condenados a perder la guerra. Ragnarok sin embargo no podía darse el lujo de sentirse decepcionado. El solo hecho de haber sido bendecido con la oportunidad de ir a la guerra, era suficiente bendición para él. Sobre todo considerando que era una guerra la cual claramente estaba destinado a ganar.

Era noche en la ciudad de Belzec. Y los dragones celebraban su victoria en la toma de la ciudad, luego de la fiera batalla del día anterior. Su majestad había instalado su fiesta personal con su alto mando y amigos, en la casa del ex Terrateniente de la ciudad.

-¡Por el triunfo!- gritó un dragón sosteniendo su copa con sake.

-¡Por la gloria!- acompañó otro de los presentes.

-¡Por nuestro imbatible Rey que nos guie a la victoria!-

La celebración se llevaba a cabo en el lujoso salón de baile de la mansión. Así que había espacio de sobra para los soldados. Y algunas cuantas damas de compañía, sin contar a quienes estuvieran presentes tocando en la orquesta.

-Lo que sea cada quién. Pero las vampiresas tienen lo suyo- dijo Damocles a Spike.

-Todas las damas son hermosas en el alma- dijo Murakumo.

-Si así lo crees, ¿Por qué no le pides a una que te acompañe?-

-Yo busco amor. No diversión- respondió, con algo de disgusto por la insinuación de la serpiente.

-Allá tú. Deberías aprovechar antes de que te cases, como un servidor-

-Dejen de hablar de mujeres. La guerra es el peor de los lugares para pensar en el sexo opuesto- los silenció Agnus, apareciendo detrás de los tres amigos.

-¿Se encuentra bien Mayor?- preguntó Spike, al ver los vendajes que rodeaban el abdomen del dragón negro.

-Claro que estoy bien. Pero estaría mejor si no fuera por estos malditos… Pulmones viejos- renegó, golpeándose el pecho.

-Estoy seguro de que quien le propinó esa herida lo lamentó con creces- dijo Murakumo.

-No tienes idea, muchacho- sonrió, diabólicamente.

-Por cierto ¿Alguien ha visto a nuestro Rey? Debería de estar aquí. Es su fiesta- dijo Spike.

Agnus bufó y se alejó de los demás dragones.

-Algo me dice que dondequiera que esté, su majestad está mejor acompañado que cualquiera de nosotros- dijo Damocles.

Spike se rascó la cabeza.

No es posible que se refieran a eso… ¿O sí?

Muy cerca de ahí, en la recámara principal dos figuras yacían sobre la cama.

-Mi amor… Ya te he dicho que no me gusta que muerdas mis orejas mientras recobramos el aliento- dijo Cadence, con cierto grado de fastidio.

-Pero yo sé que es cuando más gozas que te muerda las orejas- respondió su marido.

Cadence solo se rió y se dejó acariciar por el dragón quien yacía a sus espaldas, rodeándola con ambos brazos.

-Perdiste peso- dijo él, como una afirmación.

-¿Cómo no hacerlo? Cuando sé que mientras yo me voy a dormir, mi marido se enfrenta con la muerte- respondió Cadence, sin voltearlo a ver.

Ragnarok guardó silencio un instante, antes de depositar un beso en la cabeza de su esposa y apretar un poco su abrazo para acercarla más a él.

-Ni en mis sueños hubiese podido encontrar una esposa mejor- susurró.

-¿Porque te dejo ir a jugar a los soldaditos?- respondió con disgusto.

-No. Sino porque no hubiera creído que existiera una doncella que reuniera tantas virtudes. Tanta hermosura, tanta sabiduría, tanta bondad, tanta fuerza, tanto liderazgo. Mismos que luciste frente a nuestro reino, haciendo que aprendieran a respetarte y amarte como su real y única Reina-

-Espero una buena compensación por hacerme cargo del reino prácticamente yo sola, cuando esto termine- respondió, sin verse muy alagada por los comentarios de Ragnarok.

-Lo que tú quieras mi flor de Tsubaki- respondió, volviéndola a besar.

-Quiero una segunda Luna de Miel en que vayamos de viaje a la Atlántida- sentenció.

El dragón de fuego quedó tieso y frío como un témpano al escuchar la proclamación de su esposa. Quien sonreía malévolamente al saber el pavor que habría de estar sintiendo su marido solo al pensar en estar en el fondo del océano. Completa y absolutamente rodeado del mayor cuerpo de agua del planeta.

-¿No habrá algún otro lugar que quieras conocer?-

-Quizás sí, quizás no. Por ahora, volvamos al presente-

Cadence giró sobre su espalda para poder ver de frente a su marido y enseguida se posicionó encima de él, con una mirada lujuriosa.

-La noche aún es muy joven y yo aún estoy hambrienta- dijo, acompañada de una gran sonrisa.

-Debórame- respondió, él.

Y así sin más, la alicornio reclamó apasionadamente los labios del dragón.

Le había costado un tiempo razonarlo. Pero tras ponerlo a consideración durante un tiempo luego de que él y Cadence iniciaran de lleno su vida sexual, Ragnarok había llegado a la conclusión de que el motivo por el que Shining Armor nunca pudo complacer las necesidades carnales de la deidad del amor no había sido a causa de que sufriera eyaculación precoz ni nada por el estilo. El verdadero motivo de su insatisfacción debía ser en realidad que, por motivos ajenos a su comprensión, la poni poseía un apetito sexual demasiado voraz como para que Shining (y posiblemente cualquier otro corcel) pudiera complacer a la princesa.

Eso debía ser. La rozada alicornio simplemente tenía antojos demasiado altos para cualquier poni. Otra razón más por la que el dragón estaba perdidamente enamorado de ella…

Justo cuando ambos estaban a punto de encender motores a máxima potencia, alguien tocó la puerta.

-Majestad. Mil perdo-

-¡Deje claras instrucciones de que no me molestaran! ¡Largo de aquí!- gritó Ragnarok, muy disgustado.

-P-pero majestad…-

-¡Lárgate o haré que tus testículos y tus ojos cambien de lugar!-

Inmediatamente se escucharon los veloces pasos de aquel soldado, alejarse de la habitación.

-¿Seguro que no deberías revisar? Podría ser importante- dijo Cadence, quien ahora estaba tendida sobre la cama, boca arriba.

-En este momento no hay nada más importante que tú, mi amor- respondió Ragnarok viéndola a los ojos, para luego besarla una vez más.

Cadence no se hizo de rogar y aceptó el amor de su pareja. Ragnarok pasó su mano derecha bajo la espalda de su esposa y comenzó a pellizcarla con la punta de sus filosas garras, justo en la base de las alas de ella. Los gemidos de la alicornio no se hicieron esperar. Aun cuando su boca seguía pegada a la de su marido.

-¡Ragnarok!- gritó una gruesa voz del otro lado de la puerta.

-Ahg!... ¡¿Qué quieres Agnus?! ¡Estoy ocupado!- respondió, muy frustrado de ser interrumpido una segunda vez.

-Lo sé y odio interrumpirlos a ambos. Pero surgió un asuntito que requiere tu inmediata presencia-

-¿¡Qué, qué carajo pasa?!-

-Tenemos visitas-

Antes de que pudiera responder, Ragnarok se vio envuelto en un aura rosa que borró todas las evidencias de lo que él y Cadence habían estado haciendo.

-Ve con el cielo. Será otra noche-

-Lo lamento-

-No es tu culpa. Será mejor que vuelva a casa-

-Entiendo. Cuídate mi amor-

Ragnarok dio un último beso a su esposa y caminó hacia la puerta.

-Más vale que esto sea bueno- bufó al encontrarse con Agnus.

Lo era. En el salón de baile, rodeados por los y las soldados que esperaban en silencio la llegada del rey, había cuatro figuras cubiertas en capas azul marino y una más de color negro, que era rodeada por el resto.

-¡El Rey ha entrado en la sala!- gritó Agnus, cuando él y su majestad llegaron.

Se pudo apreciar que las cinco figuras movieron sus miradas hacia el final de las escaleras donde estaba el rey. Aunque ninguno de ellos se descubrió. Ragnarok bajó las escaleras, tratando de calmar sus interrumpidos antojos sexuales. No tanto así el tono de su voz.

-¡¿Se van a presentar, o es que no les enseñan modales en este país!?-

La figura negra se abrió paso entre los demás, para luego quitarse la capa y revelar su identidad. Se trataba de una vampiresa. Piel blanca como la nieve. Cabellos laco, más negro que la capa que usaba. Ojos de un reluciente color magenta. En sus orejas, cuello y muñecas llevaba joyería fina de oro y joyas.

-Olvidé mi libro de autógrafos- se burló Ragna.

-Majestad- dijo una de las otras vampiresas que acompañaban a la de la capa negra.

-Le presento a Lady Elizabeth di Oros. Tercera hija del Rey Mefisto di Oros. Princesa de Dammerung-

-Es un placer conocerlo, majestad- habló al fin la princesa, con una suave y delicada voz.

-Ho. El placer es todo mío, princesa. Dígame ¿A qué debo esta inesperada visita?- inquirió, juguetonamente.

-Quisiera… Quisiera que pudiésemos ir a un lugar más privado, antes de revelar mis intenciones- dijo la princesa, dirigiendo la mirada momentáneamente al resto de presentes.

-No estás en posición de condicionar la situación jovencita- dijo Agnus, severamente.

-Calma Agnus. La princesa no ha condicionado nada. Solo hizo una pequeña sugerencia. Pero verá usted princesa Elizabeth; aquí están solo mis líderes militares, mis mejores guerreros y mis grandes amigos. Y no pienso negarles el privilegio de escuchar esta conversación- respondió Ragnarok.

-Sí así lo desea, excelencia- respondió ella.

Hizo una reverencia, a lo que sus acompañantes se postraron en el piso.

-He venido a negociar el fin de esta guerra- dijo, firmemente.

Inmediatamente varios de los dragones reunidos empezaron a reír. Pero callaron no mucho después, al ver como su rey no había acompañado la risa.

-¿No querrá decir que ha venido a suplicar por las vidas de su pueblo?- sugirió Ragnarok.

-Deseo creer que es posible que lleguemos a un acuerdo-

-Ya veo… Claro que está dentro de mis facultades poner fin a esta campaña. Pero seguro entenderá que una petición así debe acompañarse de un tributo-

-Puedo garantizar que le sean entregados hasta el último doblón de oro de las bóvedas del palacio real si accede a poner fin a esta lucha- fue su primer propuesta.

-Mucho cuidado princesa. La codicia de un dragón es difícil de controlar. Ponernos en tentación con tesoros de gran magnitud, sería más perjudicial que benéfico para su pueblo-

La princesa se notó claramente abatida por este comentario. Pero recuperó la compostura, luego de in instante.

-Ofrezco poner a su disposición todos los conocimientos de magia y hechicería de mi reino. Incluyendo aquellos que utilizan los nigromantes para convertirse en demonios infernales-

Los ojos de Lord Zen brillaron como estrellas e inmediatamente corrió donde su rey con intenciones de convencerlo de que aquélla era una buena propuesta. Pero al final de su carrera, solo se encontró con la mano del rey en su cara.

-Su propuesta parece ser del interés de mi Ministro de Magia. Pero como usted comprenderá, hasta ahora esos poderes y hechizos han probado ser insuficientes para frenar nuestro avance por el reino. Del mismo modo que no evitaron que le quitara las llaves de esta casa, de los dedos helados de su ex dueño- respondió Ragnarok.

La princesa se mordió el labio inferior y tras deliberar un instante.

-Me ofrezco a firmar las escrituras que haga que todo territorio que ya haya sido tomado por usted y su ejército pasen a pertenecer legalmente como parte de Ikaruga- dijo finalmente la princesa.

-No sé piensa en ofrecerme algo que ya me pertenece-

-¿Soy yo o Ragnarok se está portando… Despiadado?- inquirió Damocles a Spike.

-Ya somos dos-

-Tres. Y con justa razón. Nuestro rey se comporta extrañamente malévolo-

La vampiresa miraba al dragón si saber que más podía ofrecer que pudiera disuadirlo de detener la guerra.

-Majestad por favor… Le imploro que perdone a mi pueblo. Haré lo que sea- suplicó, arrodillándose.

Ragnarok sonrió.

-Salgan todos daas y caballeros. Agnus tú quédate. Spike, Zen, Azi… ¿Azi? ¿Dónde Está Lord Azi?- preguntó, al no encontrar a su Ministro de guerra.

-Se fue de la fiesta hace una hora majestad- gritó uno de los soldados.

-Bueno entonces, quédense los que ya mencioné. El resto vayan a divertirse a otra parte-

Confundidos, pero obedientes, el resto de dragones despejaron el salón inmediatamente. Cuando todos se fueron, Ragna miró a la princesa sonriendo ampliamente.

-Ya era hora de que lo dijera princesa. Pues de entre todos los tesoros y todas las maravillas en este reino, hay una sola cosa que no puedo tomar por la fuerza- murmuró, acerándose a la vampiresa.

-Dígame… ¿Es usted virgen?-

Spike quedó anonadado. ¿En verdad su Rey acababa de preguntar eso?

-N-no Excelencia- respondió la princesa.

-Dudó al responder. ¿Acaso intenta engañarme, princesa?-

-¡No majestad, claro que no!- gritó temiendo provocar la ira del rey.

Se puso de pie y se dejó caer la capa al piso. Mostrando un vestido negro sin mangas, de falda acampanad, con un corsé rojo encima. Giró levemente sobre que je para mostrar el tatuaje de u extraño símbolo que tenía en el brazo.

-¿Qué estoy viendo, Elyzabeth?-

-Es… Es una marca de impureza. Se les da a las mujeres que han tenido relaciones sexuales en circunstancias… cuestionables-

-Castigo a una niña traviesa ¿He?- continuó Ragnarok, haciendo cada vez más y más obvias sus burlas a la vampiresa.

Movido por sus instintos Spike intentó intervenir.

-Majestad, con todo respeto, ¿No cree que-

-Silencio capitán- le silenció Agnus.

-Peor para mí, mejor para usted. Así que ¿Por qué no me muestra qué tiene para ofrecer?-

La princesa dudó y dirigió su mirada a los otros tres dragones en la sala. Así como a sus acompañantes que seguían en el piso.

-¿Aquí en frente de todos?- preguntó, con un miedo evidente en su voz.

-¿Hay algún problema? No iras a decirme que viniste aquí sin estar preparada a cometer hasta el último de los sacrificios por tu pueblo- dijo Ragnarok.

-No… claro que vine preparada. Pero no imaginé que tendría que ofrecer mi propi cuerpo… ¡Porque resulta que el gran Rey Ragnarok es u lujurioso infiel qué-

Antes de poder concluir su insulto, la princesa fue silenciada por un ladrillo que se desprendió desde uno de los muros de la manción y fue a dar contra la mandíbula de la princesa con tal fuerza que la hizo caer al suelo.

-¡Agnus!- regaño el Rey al Mayor.

-Escuchó lo que dijo- renegó el dragón negro.

-Es una dama, por Izanagi-

-¡Le faltó al respeto Majestad!-

-¡Es mi invitada!

Ignorando la discusión, Spike fue donde la princesa a ayudarla a ponerse de pie, en vista que ninguna de sus escoltas se había levantado a ayudarla. La vampiresa tembló al sentir las manos de Spike sobre sus hombros, y se apresuró a alejarse de él y ponerse de pié. Mientras se cubría la boca con la mano derecha, entre cuyos dedos escurría sangre.

-¿Sabes qué? Sal de aquí. Tú también Zen. Y tú Spike. Y llévense a las escolta de la princesa-

Cuando por fin estuvieron solos y que le dejó de escurrir sangre de los labios, la princesa decidió continuar la conversación.

-Excelencia yo…

- Descuide princesa. No estoy enojado. ¿Podemos continuar?-

La princesa tragó saliva. Se con manos temblorosas desenredó los nudos del corsé. Quitó los broches del vestido y en un solo movimiento dejó caer todo al suelo. Quedando de pie, totalmente desnuda, salvo por su joyería. Ragnarok no era experto, pero estaba familiarizado con la fisiología de seres antropomorfos. Siendo rey de una gran y poderosa nación, había conocido personalidades de muchas partes del mundo. Y tenía la suficiente experiencia como para saber que aquel cuerpo, aunque algo falto de carne en algunas partes, era bastante escultural.

-Verdaderamente un regalo de los Ancestros- murmuró fascinado.

-Y… ¿Mi pueblo?- inquirió la princesa.

-Su supervivencia va a depender de su desempeño en esta noche- sentenció.


Inspirado en la canción del mismo nombre, por Mago de Oz.

No chicos, no me morí ni terminé en coma en un hospital. Es solo que el inmenso dolor de ver a nuestra querida serie hundirse en la mediocridad y decadencia no ha dado más de un fulminante golpe a mis deseos de terminar esta historia. Tampoco ayuda haber reencontrado mi amor por Pokémon. Ahora más que nunca gracias al milagro de los emuladores. Pero no los aburro.

El proyecto sigue. Aún hay mucho drama, mucho romance, sexo y batallas que librar. La diferencia es que ahora ya no sé si encontraré la fuerza para ponerle a todo un fin.

Saludos y dejen reviews.