DISCLAIMER: Los personajes no son míos, sino de SM.


Capítulo 12


Veo que Edward viene hacia donde Alice y yo estamos sentadas y comienzo a sentir que el pánico invade mi cuerpo.

¿Por qué vine acá de todas formas? No es como si debía venir por algún compromiso sentimental o algo parecido. No conocía a Emmett, apenas había cruzado palabras con Rosalie y, si íbamos por la misma línea de pensamiento, ni siquiera era tan cercana a Edward.

Pero él había dicho que le gustaba.

Y una pequeña parte de mí sentía una extraña calidez.

No, no calidez.

Emoción.

Novedad.

Es como cuando quieres un helado de fresa y lo único en lo que puedes pensar es en eso. Sales de tu casa con la firme intención de comprarte un helado de fresa en el local de la esquina, pero en el camino va una niña con un cono de chocolate y de pronto te hace dudar de tu decisión. Y es así el chocolate simplemente no puede desaparecer de tu sistema.

Quizás no quería fresa después de todo. El chocolate también es delicioso en su forma única y particular. Es dulce y adictivo. Es simple y a la vez complejo. Es, sin lugar a dudas, único en su clase.

Y estaba usando unos lentes Ray-Ban de una forma que podría ser ilegal en algunos estados.

Mi Dios, el chocolate es atractivo

Recompuse mi mirada de psicópata y pasé el dorso de mi mano por la comisura de mi boca por si había dejado caer algo de baba. Escuché como Alice estaba riéndose entre dientes.

—¿Necesitas ayuda con eso?

—¿Qué? —logré chillar y mirarme en el reflejo de sus gafas con completo terror.

¿Acaso era tan obvia?

¿Me vio babear mientras yo lo miraba?

—Con la loción solar —sonrió de forma torcida y creo que sentí como las mariposas en mi estómago estaban teniendo una alocada fiesta de fraternidad.

—Oh… ¡Oh! Eh, no te preocupes, Alice puede…

—¡Voy al baño! —anunció ella y desapareció antes que pudiera anclarla a su silla.

Vi como desaparecía por la puerta trasera de la gran casa de los Cullen.

Traidora.

—Supongo que no tienes excusa ahora.

—No estaba excusándome —balbuceé sin siquiera creer mis palabras.

Él solo sonrió y se encogió de hombros, sentándose a mi lado sin siquiera anunciarse.

No es como si necesitara pedirme permiso, de todas formas. Era su casa.

—Tu hermano es simpático —le dije de pronto, tratando de hacer conversación superficial.

Lo había conocido cuando llegamos junto a Alice y fue él quien nos recibió tan calurosamente. Era como si nos conociera de toda la vida, abrazándonos con fuerza y agradeciendo nuestra compañía. Estuve a punto de decirle que nosotras debíamos agradecerle a él. Era comida gratis y una enorme piscina para nosotras, sólo por llevar un regalo de unos cuantos dólares.

De todas formas nos hizo pasar, nos presentó a Esme —la madre de Edward y Emmett— y nos llevaron al patio trasero como si fuéramos invitadas especiales.

Casi me sentía que yo era la festejada.

Aunque no todo era miel sobre hojuelas. Podía sentir la mirada de todos sobre mí, especialmente la de Rosalie. Desde que llegué no dejaba de darme esos mensajes raros con sus ojos azules. Como si me estuviese analizando. O como si no terminara de comprenderme del todo.

¿Qué había para comprender? Quizás su sexto sentido femenino sospechaba algo entre Edward y yo… si es que existiera algo.

Porque no lo había.

No había nada entre Edward y yo.

Y Rosalie no debería preocuparse por ello.

Levanté la vista hacia su eterna mirada y vi como seguía junto a la parrilla, mirándome con una ceja alzada. Emmett se acercó a ella y le susurró algo al oído. Y luego le dio un beso en la mejilla y le palmeó el trasero.

¿Qué demonios?

O esta familia era muy, eh, solidaria, o algo acá no me calzaba del todo.

—¿Edward?

—¿Sí?

—¿Puedo preguntarte algo?

—Seguro —murmuró distraído, encajando sus lentes en el tope de su cabeza.

Lo encaré al mismo tiempo que él agarraba su botella de cerveza para subirlo a sus labios y darle un largo trago. Su cabeza se inclinó mostrando la longitud de su cuello y pude ver perfectamente como su manzana de Adán se movía arriba y abajo mientras tragaba.

Nunca había pensado que ver a un hombre beber podía ser tan erótico. Pero ahí, viendo a Edward delante de los rayos del Sol, iluminando sus hebras de cabello cobrizo y con un halo de luz a su alrededor, lo único que podía pensar era en lamer el hueco de su cuello y seguir hasta llegar a su barbilla.

Y hoy no se había afeitado. Tenía unas pequeñas pelusas rubias alrededor de su mandíbula y sobre su labio superior que apenas se podría definir como barba. Era una especie de coloración dorada de su piel, haciendo mis dedos picar por trazar aquellos puntos y unirlos en figuras sin patrón.

Tragué con fuerza, sintiendo mi garganta cada vez más seca.

Supongo que tener pensamientos indecorosos producía sed.

Me pasé una mano por el dorso de mi cuello para secar un poco el sudor que sentía que bajaba por mi espalda y vi que Edward desviaba su mirada sólo un segundo para seguir mis movimientos. Como si tuviese piloto automático, mi mano no se detuvo ahí, sino que siguió por sobre mi clavícula, hasta llegar al borde de mi diminuto bikini azul.

Sí, estaba prácticamente tocándome frente a Edward Cullen.

Como aun no olvidaba que me había dicho todas esas cosas y tenía a Rosalie con él, decidí ser un poco malvada.

Me consideraba una persona bastante pasiva y no tendía a buscar una confrontación sólo por el gusto de hacer pelea. Sin embargo, había algo que no soportaba y eso era la infidelidad. Odiaba a un hombre hablador e infiel.

Desvié mi mirada hacia la parrilla y sonreí con inocencia antes de hablar.

—¿Por qué tu novia tiene su lengua en la garganta de tu hermano?

Y fue así como Edward escupió su cerveza y comenzó a toser sin control.


¿Recuerdan que Rosalie se hizo pasar por la novia de Edward para sacarle celos a Bella? Creo que Eddy tiene algo que explicar… ;)