Nota de la autora: Corto…pero es mejor que nada (: Los quiero! Aviso legal:No soy dueña de Criminal Minds o sus personajes, tristemente. Sólo de mis personajes y mi trama original.

Capítulo 11: Trabajo en equipo

-¡Oh, maldición! Olvidé mi identificación, no puedo salir sin ella.-murmuró (t/n) de repente cuando llegamos a la puerta principal.

-Vamos por ella.

-No.-respondió secamente. Fruncí el ceño.-Porque…no quiero hacerte subir de nuevo.

-Pero vamos por el elevador.

-Sí, pero…

-¿No te gusta que hable con tus…compañeras?-cuestioné, frunciendo aún más el ceño, confundido, cuando la vi sonrojarse.

-No estaban hablando contigo…estaban…

-¿Qué?

-Nada.-respondió mientras su rostro pasaba de rosado a rojo.

-Está bien. Te…te espero aquí.-acepté finalmente. Después de sólo unos segundos, mi celular sonó.- ¡(t/n)!-la llamé antes de que desapareciera por completo de mi vista. Se volvió hacia mí, mientras le indicaba con las manos que saldría a contestar. Asintió riendo y siguió alejándose.

-Hola, pretty boy.-escuché la voz de Morgan al otro lado de la línea al tomar la llamada, cuando finalmente me encontré en el estacionamiento.

-¿Dónde estás?

-Voy para allá, es sólo que el tráfico… ¿O quieres que me apresure?

-No.-respondí rápidamente y pude "ver" la sonrisa de Morgan al otro lado de la línea.-Me preocupa el bienestar de los demás conductores.

-Sí, claro, el bienestar. Bien, entonces…

De pronto mi celular, y casi yo mismo, nos encontrábamos en el piso. Traté de llevar mis manos a mi pecho, para deshacerme de la presión a la que estaba siendo sometido, pero no podía mover mis brazos en lo absoluto. Con cada esfuerzo que hacía, la presión aumentaba y se abría paso lentamente hacia mi garganta. Podía escuchar a Morgan llamándome a gritos, y ciertamente también el hombre que me aprisionaba por detrás, pues alejó de inmediato el celular con una patada. Cerré los ojos tratando de ignorar el dolor, y cuando los abrí allí estaba ella. Mirando aterrorizada a lo lejos. Pero su mirada no era fija, buscaba algo. Y de repente, se posó en una cadena que se había roto y descansaba junto a uno de los postes del estacionamiento. Me tomó una milésima de segundo recuperar algo de fuerza, y usarla para hacer girar conmigo al hombre, para que así pudiera posar su vista en lo que fuera…menos ella.

-No se haga el valiente conmigo, Doctor.-susurró el hombre en mi oído presionando con aún más fuerza mi garganta. Traté de toser, pero me era imposible. Cerré los ojos. El sudor corría por mi rostro que se sentía como si estuviera en llamas. Luchaba por respirar.-Conque usted y sus amigos han venido aquí preguntando por mí, ¿cierto? Cree que haya sido una buena idea, ¿eh? ¿Doctor?

De pronto el hombre dejó salir un alarido y ambos caímos al suelo. Era libre, pero aún sentía sus brazos alrededor de mi cuello y pecho. Llevé mi mano derecha hasta mi cuello, y tosí desesperadamente, mientras apenas me sostenía con la izquierda, apoyada temblorosa en el concreto.

-¡Maldita perra!-fue lo siguiente que escuché al hombre decir, y de inmediato levanté mi mirada al escucharla.

Tomó a (t/n) por los hombros, le arrebató la cadena de la mano y la azotó contra el muro. Estando a metros de mí, pude oír el sonido de su cabeza al chocar contra el concreto. Sus ojos cerrados, horror en su rostro. Se esforzaba por empujarlo lejos de ella, pero sin conseguir moverlo un centímetro.

Segundos, que parecieron una eternidad, después pude ponerme de pie, y lo siguiente que supe era que me encontraba sobre el hombre. Apenas podía mantenerlo en el piso, en cualquier momento yo sería el que estaría debajo. Llevé mi mirada a su mano derecha que se encontraba a centímetros de la cadena, desesperada por alcanzarla.

Otro grito de dolor. El tacón de los brillantes zapatos de (t/n) había terminado con su lucha. Tomé la oportunidad y logré girarlo sobre su estómago, cuando (t/n) se apartó. Llevé sus brazos a su espalda. Estaba listo para…

-Spencer…-(t/n) me llamó sosteniendo mis esposas.

Las tomé. Levanté la mirada al escuchar las sirenas, y observé como Morgan (y el resto), los policías y paramédicos bajaban de sus respectivos vehículos.

Y después la miré a ella. Me miraba fijamente, tratando de contener las lágrimas, al igual que yo.