12. Mousse de manzana

Sentadas a la sombra de uno de los árboles del jardín que rodeaba los edificios de la universidad, se encontraban Iris y Victoire. Hablaban de sus cosas, y reían mientras imitaban al arrogante y anciano profesor de geoquímica endógena, el Señor Snape, que generalmente y debido a su austero carácter, era el blanco perfecto de todas las burlas estudiantiles. Un poco mas alejado de las dos muchachas, lo suficiente para que ninguna de ellas advirtiera su presencia, estaba Teddy rodeado de un grupo de enardecidos compañeros que parecían divertirse a su costa. En realidad hablaban sobre una apuesta que Teddy había perdido. La derrota del equipo universitario de rugby contra un de sus máximos rivales había sido contundente y el joven acababa de saldar su deuda con sus compañeros. Teddy asentía de forma mecánica, ausente de la conversación que se estaba llevando a cabo a su alrededor. En realidad no prestaba atención alguna a ellos, ya que su interés se centraba en Victoire y en la forma tan cautivadora con la que la joven apartaba su liso y rubio cabello de los ojos, o como al reír arrugaba seductoramente su nariz y se le formaba un leve hoyuelo en una de sus rosadas mejillas. Resopló fastidiado por todo aquello que le hacía sentir, mientras escuchaba con mucha más intensidad los latidos de su corazón, que la charla y las risas de sus amigos. Sentía la necesidad de huir de ellos y sentarse junto a ella; porque era su voz la que realmente deseaba oír y notar su risa alegre rebotar en sus oídos. Pese a ello se resistía a sucumbir a lo que anhelaba. Teddy era demasiado terco y una vez, cuando tuvo uso de razón se juró a sí mismo no enamorarse, no entregar su vida a nadie. Sin embargo no contó con que Victoire aparecería de repente, en el vagón de un tren, para hacerlo dudar de que pudiese cumplir aquella extraña promesa. La voz grave de uno de sus amigos lo sacó de golpe de sus pensamientos, logrando que desviase al fin su atención del rubio cabello de la muchacha.

—Eres mi ídolo Teddy, yo jamás me habría atrevido a hacer algo tan idiota.

—¿Por qué no?—contestó él ladeando una sonrisa—. Mi madre solía teñirse de rosa el cabello, así que cumplir mi apuesta no es tan desagradable. Llevaré el pelo azul durante unas semanas, lo que mas me fastidia es que no ganásemos este partido ¡Maldita sea! Era importante para la afrontar la liga de este año.

El chico que había hablado antes asintió dándole la razón a Teddy y luego le revolvió el cabello con sorna. Los demás rieron al unísono, consiguiendo que el joven de cabello azul comenzase a enojarse con ellos.

—¡Bah! No te preocupes tío, yo también perdí una apuesta una vez y me lo tuve que rapar a cero, y ya ves—comento un chico señalándose con el dedo hacia la cabeza mostrando con orgullo un cabello muy negro y largo, recogido en una coleta.

Mas aquella frase quedó en el aire, porque Teddy había vuelto a desconcentrarse al ver como Victoire de pronto se había quedado sola. Luchó una vez mas por reprimir los deseos de correr hacia ella, pero toda su voluntad quedo esparcida por el suelo cuando la muchacha apartó con un enérgico movimiento de la cabeza el cabello que caía sobre sus ojos, consiguiendo que el débil sol de finales de septiembre arrancase de él, destellos dorados y cegadores.

—Vuelvo enseguida—dijo a sus compañeros mientras comenzaba a caminar hacia la joven.

Los muchachos observaron a su amigo con el gesto contrariado hasta que comprendieron las intenciones de Teddy, y empezaron a reír y a darse codazos unos a los otros. Seguidamente continuaron con su conversación sobre la esperada derrota del equipo universitario de rugby y la apuesta ya cumplida de Teddy Lupin.

A medida que se acercaba a ella notaba como se acrecentaba en su interior las ganas de retroceder y regresar junto a sus amigos, sin embargo, no lo hacía y continuaba guiándose por una extraña fuerza que anulaba por completo su voluntad. Había llegado hasta ella, podía ver su espalda cubierta casi por completo con aquella hermosa mata de cabello dorado. Ahora que estaba allí no sabía que decir, tal vez era mejor que ella no advirtiese su presencia, había sido un error. Por ello dio un paso atrás, decidiendo que aquel no era un buen momento para sincerarse con la joven y marcharse, pero no se percató de una ramita seca que había en el césped y la pisó consiguiendo que Victoire girase la cabeza de golpe al escuchar el ruido que hizo el tronquito al quebrarse. La joven miró asombrada al chico que tenía tras de ella y frunció el ceño mientras decía.

—¿Qué…? ¿Qué diablos te has hecho en el pelo?

El muchacho se pasó la mano por el cabello y añadió.

—Debería servirme de escarmiento, suelo peder las apuestas ¿Está horrible verdad?

Victoire trató de ahogar una risa sin éxito. Teddy rodó lo ojos resignado y luego se sentó junto a ella.

—Déjame tocarlo.

Victoire extendió una mano hacia el cabello de Teddy y lo acaricio suavemente con sus finos dedos. El joven percibió un escalofrío recorrer su espina dorsal y tragó saliva con mucha dificultad, porque de repente notó como se le secaba la garganta. Victoire separó la mano de él mientras comentaba, tratando de no volver a reír.

—No está mal, me gusta.

—¿Dónde está Iris? Vi que estaba contigo—preguntó Teddy para desviar la conversación del color de su cabello.

—Fue a comprar unas bebidas a la cantina del campus.

Cambiar de conversación no había dado el resultado esperado, porque ahora que ya había aclarado lo de su pelo, y averiguado donde había ido Iris, no sabía de que otra cosa decir que no fuese lo hermosa que era la chica que tenía ante sus ojos y lo mucho que le gustaba. Pero de eso no deseaba hablar, así que el silencio se apoderó de él. Victoire estaba en la misma encrucijada que Teddy. Sentía como si miles de hormigas correteasen a sus anchas por los pies, un agradable cosquilleo que se extendía hasta la panza cada vez que miraba de soslayo al muchacho. Trató de retomar la conversación, y pensó que hablar sobre el clima de Londres era una buena salida a aquella mudez que comenzaba a ser insoportable.

—Es agradable que aun luzca el sol como lo hace hoy, pensé que llovería—comentó Victoire mirando hacia el cielo.

Teddy resopló con fuerza consiguiendo que la muchacha clavase en él sus claros ojos con recelo.

—¿No te gusta el sol?

—La verdad es que no me apetece hablar contigo del tiempo si hay otras cosas más interesante que podría decirte.

Había pronunciado esa frase sin levantar la vista del césped.

—¡Oh, vaya!... lo siento—se disculpó la joven visiblemente ofendida.

—No es tu culpa Vic, es mía. Llevo algunas semanas luchando para no confesarte algo que no me deja ser yo mismo.

—¡Oh Dios mío! He hecho algo que te ha molestado, a veces hablo sin pensar… es herencia Weasley…

—No—la interrumpió el chico sin dejar de mirar al suelo—, no se trata de eso. Eres maravillosa y nada de lo que pudieses decir me ofendería—tragó saliva una vez más. Era difícil retener lo que sentía, y comenzaba a arremolinarse en su estómago provocándole horribles nauseas. Por ello, y a pesar de que estaba convencido que terminaría arrepintiéndose, estalló—. Me gustas Vic, me gustas mucho, no puedo dejar de pensar en ti, y eso es insoportable.

La hija mayor de Bill Weasley se quedó de piedra, pestañeó un par de veces para tratar de dar crédito a lo que estaba escuchando; no lograba entender nada.

—¿Insoportable?... ¿Es por Lenny?

—¿Lenny? ¿Quién diablos es Lenny? No Vic, soy yo, y algo que me prometí cuando tuve uso de razón—Teddy había dejado al fin de mirar al césped y ahora clavaba sus castaños ojos en ella.

—No te entiendo, ¿de qué promesa estás hablando?

El joven tomó aire lentamente, le dolía demasiado hablar sobre ello, por eso dirigió una vez mas la vista hacia el verde y cuidado césped. Luego habló con voz solemne.

—Mis padres murieron cuando yo aun era un bebé. Supongo que Iris te habrá puesto al corriente de todo, así que omito esa parte de mi historia porque me hace daño recordarla. Mi madre cometió un error que aun hoy me cuesta perdonarle. Ella no debió morir, no me entiendas mal, mi padre tampoco, pero a él le habían ofrecido aquel reportaje y mi madre decidió acompañarlo. Probablemente porque sabía que era una zona conflictiva y que estar allí podía suponer un peligro para él. Se sentía más segura de que no le ocurriría nada si ella se marchaba con mi padre. Lo amaba tanto que no se dio cuenta que al irse con él me dejaba a mí, cuando apenas ni sabía caminar. Me abandonó, lo hizo por amor a mi padre, por el temor a perderlo y de esa forma nunca regresó, siendo yo finalmente quien los perdió a los dos, la perdí a ella. Jamás podrá entender lo mucho que la he necesitado todos estos años, y cuanto la sigo necesitando. No conseguiré perdonárselo nunca.

—¿Por qué me cuentas esto?—Vic notaba como le retumbaba la cabeza. La historia de Teddy era terrible, sin embargo ella no podía apartar de su mente que él acababa de confesarle lo mucho que le gustaba, pero algo no andaba bien, por eso volvió a preguntar—¿Cuál es esa promesa de la que me has hablado? ¿Y qué tiene que ver con lo que sientes por mí?

—Te cuento esto porque después del error y el egoísmo de mi madre, me juré a mi mismo que nunca me sucedería nada igual. Me prometí no enamorarme de alguien hasta el límite de no importarme mi vida más que la suya, o la de los demás. Si sigo estando a tu lado, si sigues hablándome con tu dulce voz, si me sigues mirando de esa forma, acabaré loco por ti, y yo no quiero ser como mi madre.

Victoire sintió como algo explotaba dentro de su cabeza y de un brinco se puso en pie mirando a Teddy con los ojos desorbitados.

—No entiendo cuales han sido tus intenciones al confesarme todo esto. Primero dices que te gusto y luego añades que tratarás de no enamorarte de mí… Eres un idiota Teddy Lupin. Yo no creo que dar tu vida o morir junto a la persona a la que amas sea un acto egoísta, pienso que es hermoso amar hasta esos extremos, y si hay alguien egoísta en toda esta historia eres tú. La vida es amor y pasión, y yo deseo vivir todo eso. Quiero amar y que me amen con la misma intensidad con la que mis padres lo hacen cada día. Quiero que la persona con la que comparta mis días me pase cada mañana la mano por la nuca igual que mi padre hace con mi madre, y ver reflejado en mi rostro la misma expresión de placer y felicidad que veo en la de ella, quiero verme enojada con esa persona cuando no coloca las cosas en su lugar una vez que las usa, como mi madre hace con mi padre, y como él es capaz de calmarla con una sonrisa y un simple beso; quiero sentir eso y necesito alguien que sepa dármelo, y si crees que por desearlo soy egoísta, pues entonces ¡Quiero serlo Teddy! ¡Quiero ser la persona más egoísta de este mundo! Necesito que me amen con pasión, y no que me digan que les gusto mucho y luego quieran desaparecer con una estúpida excusa. Me has defraudado, pensé que podrías ser tú esa persona, pero veo que me equivoqué una vez más.

Sin pronunciar ni una sola palabra más, sin siquiera mirarlo a la cara, Victoire se giró y se alejó de él corriendo a toda prisa. En su huída no se percató que Iris venía de regreso y casi la arrolla. Sin detenerse, con los ojos envueltos en lágrimas, la joven Weasley continuó corriendo. Iris la contempló estupefacta mientras la veía marcharse. Aturdida se acercó a Teddy y preguntó confusa.

—¿Qué diablos le has hecho?

El muchacho cerró los ojos, suspiró con fuerza mientras se pasaba la mano por la cara y luego dijo con voz seca.

—No quiero hablar de eso.

Iris frunció el ceño con rabia. En ocasiones el carácter reservado de Teddy la exasperaba, iba a replicarle, pero entonces reparó en algo, y con sus verdes ojos abiertos como platos, exclamó:

—¡¿Tienes el pelo azul?

Teddy asintió con desgana mientras observaba el último mechón de cabello dorado de Victoire desparecer tras la puerta del edificio principal del campus.

No supieron en que momento a Luna se le ocurrió la maravillosa idea de empezar la prueba de cámara con lo más complicado de todo: un beso.

—¿Beso?—inquirió Draco dando un paso hacia delante.

—Por supuesto Malfoy—contestó Luna con desdén, sin hacerle demasiado caso.

Ron miró a Astoria desconcertado, pero ella le guiñó un ojo y le sonrió dulcemente para darle confianza. Hermione frunció el ceño, Malfoy volvió a protestar.

—Pensé que haríamos algo más original, más sutil. Siempre hay beso en los anuncios de perfume.

—Por primera vez en mi vida estoy de acuerdo contigo, Malfoy—añadió Luna abriendo sus claros ojos de par en par mostrando su asombro consigo misma—, pero Bagman manda, y él quiere beso.

—¿Cuándo te lo dijo?—era la voz de Hermione la que había pronunciado aquella pregunta.

—Esta mañana, por medio de un correo electrónico, ¿quieres verlo?—Hermione negó suavemente con la cabeza—. Decía: "No olvidéis incluir el beso, es imprescindible, esos chicos juntos hacen saltar chispas".

Draco gruñó, pero solo Pansy lo oyó. Hermione también gruñó, pero se aseguro antes que ninguno de los presentes se percatara de ello.

—Muy bien chicos, comenzamos.

Ante la frase de Luna, Ron comenzó a ponerse muy nervioso, Astoria lo notó y tomándole suavemente la mano le dijo susurrándole.

—No te preocupes, tú déjate llevar. Esto es un trabajo… para que sea más fácil, cierra los ojos, piensa en alguien a quien de verdad desees besar y lánzate. A mí me funciona.

Miró de soslayo a Draco que observaba a la pareja con cara de pocos amigos. Ron resopló.

—¿Pensarás en él mientras me besas?—levantó el labio superior con aprensión.

Astoria se encogió de hombros y volvió a sonreír.

—¿En quién pensarás tú?

—No lo sé, no me lo había planteado.

—Piensa en alguien a quien hayas amado.

—No, en ella no—atajó Ron apretando con fuerza la mandíbula—. Prefiero pensar en alguien más agradable.

Y fue en ese instante, cuando de forma involuntaria sus ojos se encontraron con los de Hermione, que al percatarse de que el joven se había dado cuenta que lo observaba los desvió hacia el suelo repentinamente. Ron esbozó una débil sonrisa, y añadió.

—Creo que estoy listo.

—¡Comenzamos! ¡Rolf, preparado! ¡¿Blaise?

Los dos hombres asintieron enérgicamente a la voz de Luna que vociferó una vez más.

—¡Adelante con la prueba!

Hubo que hacer varios intentos antes del famoso beso, y no porque Ron y Astoria no estuviesen metidos en sus respectivos papeles, sino porque durante la mañana todo parecía confabulado para que esa escena no se culminase del todo. Decenas de llamadas telefónicas, la secretaria que entraba constantemente, un par de interrupciones por parte de Draco, y finalmente, cuando Luna estaba a punto del colapso y de mandarlo todo al garete, se produjo la ansiada escena. Ron unió sus labios a los de Astoria y los flashes de Rolf y Blaise centelleaban como locos. Hermione debía admitirlo, Bagman tenía razón y ellos eran puro fuego juntos.

—¡Perfecto, hemos terminado por hoy!

A escuchar la orden de Luna, la mayoría de los asistentes a la prueba pudieron respirar al fin con calma, entre ellos nuestro protagonista.

—Vaya, Ron. Besas muy bien, será fácil trabajar contigo.

Y fue las últimas palabras que cruzaron porque en ese instante Draco se acercó hacia ellos y tras fulminar al pelirrojo con la mirada, agarró a Astoria por un brazo y la apartó de él. Ron no supo como interpretar aquel gesto del rubio odioso, pero si su sexto sentido masculino no le traicionaba, juraría que aquello era celos. Aun así Draco y Astoria era lo que menos le importaba, lo único que quería era salir de una buena vez de allí. Recogió sus cosas con intención de abandonar el estudio, pero justo cuando iba a salir Hermione y Ginny, que acababa de llegar, lo detuvieron.

—¿Qué pasa ahora? Tengo hambre.

—Podrás almorzar enseguida pero antes debes pasar por mi despacho—Hermione pronunció esas palabras en un tono demasiado solemne.

—¿He hecho algo malo? Pareces enfadada—comentó Ron confuso.

—Ginny acaba de traerme tu contrato y debes firmarlo lo antes posible, pero deberías conocer las cláusulas antes.

Ron miró a Ginny, y ésta asintió dulcemente con la cabeza. El pelirrojo frunció aun más el ceño y luego añadió.

—Tengo hambre, y si no como no podré firmar nada.

Hermione resopló, de repente sintió unas ganas locas de abofetear aquel rostro lleno de pecas, pero se contuvo, sobre todo cuando una voz tremendamente familiar la saludaba susurrándole al oído mientras pasaba sus manos por la cintura.

—Hola, preciosa.

—¿Qué haces aquí Cormac?

—He venido a invitarte a almorzar— contestó el joven girándola hábilmente sin soltarle la cintura para poder mirarla directamente a la cara.

Ron decidió observar la punta de sus zapatos, sentía nauseas y no estaba muy seguro si era por el hambre, o porque aquel tipo le caía tan mal como Malfoy.

—Pues ahora mismo no puedo, tengo que firmar un contrato con…—Hermione no terminó la frase, se quedó pensativa un instante, y luego prosiguió mientras liberaba su cintura de las garras de su novio—, está bien Cormac iremos a almorzar, mi modelo tiene hambre y no quiere firmar nada ahora hasta que no llene el estómago ¿verdad Ron?

El pelirrojo dejó de mirar sus zapatos y al elevar los ojos se encontró con los de ella que estaban más encendidos de lo habitual.

—Así era. Pero de repente se me han quitado todas las ganas.

Hermione lo miró aturdida, no entendía muy bien aquel cambio de opinión, sin embargo no iba a tratar de averiguarlo. No había tiempo para eso.

—Cormac, tendrás que esperar, será cuestión de unos minutos—se disculpó con el joven, que torció el gesto mostrando su disconformidad. Hermione ignoró el malestar de su novio y añadió—. Vamos Ron, tenemos trabajo.

Cormac tuvo que apartarse un poco para ceder el paso al pelirrojo que siguió, arrastrando los pies, los pasos firmes de Hermione.

Durante el trayecto a la oficina, varias personas le salieron al paso. Hermione se detenía con cada una de ellas, recogió los informes que Neville le entregaba, firmó sobre la marcha un par de documentos urgentísimos que según Parvati no podía esperar, e incluso contestó a una llamada telefónica de Bagman interesándose por la prueba de cámara recién realizada, satisfaciendo su necesidad de saber que había sido todo un éxito. Cuando la puerta del despacho de Hermione se cerró, dejando a ambos dentro y solos, la joven se derrumbó en su sillón de cuero y resopló. Ron la observó por un instante antes de girarse hacia la ventana para contemplar el río Támesis una vez más. Realmente esa joven era una mujer muy ocupada, y podía entender porqué ni siquiera tenía tiempo para sonreír. Oyó como Hermione revolvía los papeles mientras farfullaba palabras ininteligibles por lo bajo. Finalmente usó un tono de voz más audible cuando dijo:

—Siéntate Ron, tengo que hablarte de tu contrato.

—¿Puedo hacerlo aquí?—inquirió él señalando hacia el cómodo sofá blanco.

—Siéntate donde quieras, solo necesito que me escuches.

Hermione se puso erguida en su sillón y comenzó a leer lo que constaba en el contrato de Ron, incluyendo las cláusulas que Ginny, junto con el asesor de la empresa habían redactado. Sin embargo en la segunda cláusula la concentración de Ron se desvió por completo, justo en el momento en que Hermione elevó un brazo para apartar el cabello que caía sobre su rostro y le impedía leer con tranquilidad, e inesperadamente un botón de su camisa se desabrochó dejando al descubierto mucha mas piel de la que debía verse, y el sutil y sensual encaje de su delicada ropa interior. La memoria de Ron viajó de pronto hacia un par de noches atrás. Sintió en sus dedos un suave y agradable cosquilleo, porque habían sido esos dedos los que acariciaron aquella piel tersa y delicada. Hermione, sin dejar de leer, se movió de nuevo para alcanzar una pluma que tenía en el lapicero y al hacerlo su camisa se abrió mas consiguiendo que el pelirrojo perdiese por completo cualquier tipo de concentración en la voz de ella. El colmo fue cuando uno de los tirabuzones castaños de Hermione cayó de forma traviesa sobre aquel pedacito de voluptuosa piel, refugiándose en el canalillo de la mujer. No habría nada, ni nadie que consiguiera hacer que Ron apartase sus azules ojos de aquel mechón de cabello.

—Y eso es todo ¿Qué te parece, estás de acuerdo?—preguntó Hermione cuando terminó de leer las cláusulas del contrato.

No obtuvo respuesta, Ron estaba en otro mundo, completamente perdido entre los senos de Hermione. Fantaseando con lo que ya conocía, con lo que recordaba, con lo que comenzaba a desear en aquel instante.

—Ron…, Ron ¿me estás escuchando? Si hay algo que no te guste podemos hablarlo y llegar a un acuerdo.

—Todo me gusta—dijo de pronto, sin saber siquiera de qué estaba hablando Hermione.

—Perfecto, entonces solo tienes que firmar—su rostro mostraba una enorme sonrisa de satisfacción—. Vamos acércate y acabemos con esto.

Ron obedeció, y agarró con firmeza la pluma que le extendía la mujer. Rodeó la mesa hasta situarse junto a ella y luego se agachó un poco, colocando su rostro casi al nivel del de ella. Hermione empezó a sentirse un poco indispuesta, comenzaba a tener muy presente que la cercanía de Ron la alteraba demasiado. Él, a su vez, intentaba concentrarse en los trozos de papel en blanco donde debía estampar su rúbrica, y que Hermione le señalaba con un dedo, mientras trataba de olvidarse por completo del excitante escote de la joven. Pero aquello resultaba ser una tarea más que imposible. Así que lo mejor era advertir a Hermione de su pequeño despiste.

—Tienes… tu camisa… deberías abotonarte la camisa porque logras desconcentrarme, y no se siquiera que estoy haciendo.

Hermione abrió los ojos como platos, e instintivamente se llevó la mano al pecho, verificando que efectivamente había un botón que se había zafado de su ojal. Notó como le subían los colores a las mejillas y torpemente, debido a la rapidez con que quería hacerlo, se abrochó de la camisa, no solo un botón, sino dos.

—Lo siento—se disculpó volviendo a ponerse muy roja.

—No importa, esas cosas pasan.

Ron dibujó su rubrica en cada uno de los documentos que Hermione le había señalado, y una vez que terminó dejó la pluma sobre el escritorio, y se incorporó.

—¿Eso es todo?

—Pues sí, ya eres oficialmente parte de esta empresa… Bienvenido—comentó Hermione extendiéndole la mano.

Ron apretó con firmeza la mano de la joven, pero ni él ni ella la separaron.

—Espero que este trabajo no te resulte desagradable, aunque a juzgar por lo de hoy, creo que empieza gustarte lo que haces—comentó ella notando como una sensación agradable recorría su mano al notar el calor de él.

—¿A qué te refieres?

—Astoria, ¿no fue tan difícil besarla, verdad?—Hermione se había vuelto mas seria y trato de sacar su mano de entre la de Ron, pero éste lo impidió.

—Te equivocas, no fue fácil, no la conozco de nada, y había demasiada gente mirando.

—Pues lo hiciste muy bien.

—Porque ella me dijo como debía hacerlo—tiró de la mano de Hermione y la acercó un poco mas a él.

—¿Ah sí? ¿Cómo?—Ella no se resistió y se dejó llevar.

—Pensar en alguien a quien sí me apeteciese besar—tiró un poco mas, ella cedió.

—¿Pretendes que me crea que pensaste en otra mientras besabas a la bella Astoria Greengrass?

Ron asintió lentamente mientras la atraía hacía él una vez más, hasta que ambos quedaron muy cerca el uno del otro, entonces dijo suavemente.

—Pensé en ti.

Hermione notó como la mente se le llenaba de nubes blancas que no le dejaban pensar, que no le permitían actuar como era debido, porque aun resonaba en sus oídos las últimas palabras de Ron y sus labios estaban demasiado cerca. Sintió que a ella le apetecía tanto como a él. Se le detuvo el corazón cuando percibió sobre su cintura la otra mano del pelirrojo y su respiración agitada chocaba con fuerza sobre su nariz. Si él se atrevía a besarla, ella no rehuiría, porque le apetecía tanto como a él. Y los labios de Ron se fueron acercando, y ella entreabrió los suyos. Estaba dispuesta a perder la cabeza, se dejaría llevar por lo que deseaba y no por lo que era correcto. No pensar en nada, en nadie, solo en aquello que deseaba hacer, y en ese instante deseaba besar a aquel hombre que tenía delante de ella. Apreció el roce de los labios de él sobre los suyos débilmente, perdía la cordura por momentos; pero hubo alguien dispuesto a entorpecer aquel instante y ese alguien, golpeó con energía en la puerta antes de entrar. Hermione empujó con fuerza a Ron y la separó de ella justo en el momento en que Cormac entraba jovialmente, diciendo.

—¿Terminasteis? Tengo mesa reservada preciosa, hemos que celebrar tu cumpleaños como es debido, aunque sea un poco tarde. Te debo un día especial.

Hermione estaba fuera de sí, intentó regresar a la calma, pero notaba como Ron la observaba desde una esquina de la oficina respirando aun con mucha intensidad.

—Sí, hemos terminado. Ron puedes marcharte, nos vemos luego.

—De eso nada nena—dijo Cormac frunciendo el ceño.— Hoy no regresas a la oficina, ya te dije, tenemos que celebrarlo por todo lo alto.

—Pero tengo mucho trabajo…

—Esperará, hoy serás exclusivamente para mí—dijo zalamero mientras la agarraba con sutileza por la cintura y trató de darle un beso. Ella intento esquivarlo con sutileza pero no lo logró.

Hermione no vio en que momento Ron se marchó, pero oyó el estruendoso portazo que dio al salir y que sobresaltó a la pareja.

—Ese tipo será todo lo modelo que quieras, pero no tiene ni una pizca de modales, es la segunda vez que se va sin despedirse—observó Cormac mirando hacia la puerta mientras elevaba el labio superior a modo de desprecio. Luego señalando el ordenador de Hermione añadió—. Apaga eso, nos vamos.

Aquel tipo idiota y almidonado conseguía ponerlo de muy mal humor. Ron caminaba refunfuñando por los pasillos de GAC. Había pasado de la euforia de estar cerca de los labios de Hermione a querer asesinar a Cormac con sus propias manos, y ni siquiera era capaz de razonar los motivos de su fastidio. Había algo en ella que lo atraía igual que la miel atrae a las abejas. Estaba jugando con fuego, y terminaría quemándose, como siempre le ocurría. Hermione tenía novio y él no hacía sino ponerla en un compromiso una y otra vez. No era justo para ella, y corría el peligro, que tarde o temprano, sus jueguecitos pudiesen confundirla. Además, ¿Qué esperaba de aquella mujer? ¿Amor? Hacía muchos años que Ron Weasley había borrado esa palabra de su diccionario personal. Era muy peligroso seguir jugando porque uno de los dos terminaría herido, así que tal vez había llegado el momento de tratar a Hermione como debía hacerlo, como la jefa de la segunda planta.

—Estoy mucho mejor solo—se dijo a sí mismo.

—¿Incluso para almorzar? Porque venía dispuesto a invitarte.

Ron se giró súbitamente y pudo ver los verdes ojos de Harry, más brillantes que nunca, mirarlo fijamente.

—¿Cómo dices?

—Pues que tengo algo que contarte, y que si no te importa dejar a un lado tu soledad me gustaría que almorzáramos juntos.

Ron sonrió ampliamente, y acercándose a su amigo le pasó un brazo por los hombros, y añadió.

—Soy todo tuyo.

Hermione no se sentía a gusto en aquel almuerzo. Era Cormac, el mismo hombre con el que compartía su vida desde hacía cuatro años, y sin embargo le parecía alguien completamente distinto, desconocido. Era tan guapo, tan alto, su conversación tan culta y su sonrisa tan arrebatadoramente sensual, que solo por eso debía sentirse la mujer más afortunada de Londres. Pero no era así ni remotamente. Se había dado cuenta que Cormac tenía los ojos demasiado juntos, que de tan alto que era a veces zambeaba, que su conversación siempre terminaba enfocada a su materia, y que su sonrisa podía llegar a dejar de ser sexy para convertirse en muy empalagosa. Pero sobre todo se había percatado que no había nada en él que le hiciese sentirse como solo unos minutos antes le había hecho sentir Ron. Tal vez Cormac no tenía la culpa, y lo único que le atraía del pelirrojo era la sensación de algo nuevo, salir de su rutina, percibir lo que no estaba bien, lo arriesgado. Debía rendirse a la evidencia que fuese lo que fuese, era junto a Ron donde deseaba estar, y no junto a Cormac. Comenzó a sentir un hormigueo por los pies que le indicaba sus enormes ganas de levantarse de allí y buscar al joven que no podía apartar de su mente.

—Y así fue como el doctor Morgan terminó su exposición sobre la ritidectomía. Es una eminencia y un hombre intachable en todos los sentidos…

Hermione resopló fastidiada ¿ritidecto… qué? No tenía intención de preguntar qué diantres era eso porque Cormac se lo explicaría con pelos y señales, y tal vez él estaba muy acostumbrado a levantar la piel de las personas a cada momento, pero a ella, esas conversaciones le daban nauseas. Miró con disimulo su reloj, apenas hacía media hora que habían llegado, y ya le parecía que llevaba en aquel lugar una eternidad. El camarero regresó al escuchar el chasquido de los dedos de Cormac, que sin detenerse a mirarlo, sin siquiera hablarle, le indicó con un gesto de la mano que vertiera mas vino en su copa. Hermione arrugó el entrecejo y cuando el mozo se hubo retirado, dijo con voz muy seca.

—¿Por qué no les dices lo que deseas en vez de estar haciéndoles gestos a cada momento? Son personas.

Cormac que había levantado la copa llena para disfrutar nuevamente de la bebida se detuvo en su cometido, y mirando a Hermione aturdido, añadió.

—¿Cómo dices?

—¿Te crees superior a ese chico? ¿Es por eso por lo que no te dignas a hablarle?

El joven cirujano tardó varios minutos en reaccionar, porque la pregunta de Hermione lo había dejado completamente confuso.

—Querida, ellos lo entienden perfectamente, están acostumbrados…

—¡Disculpa, chico!—Cormac abrió los ojos de par en par cuando oyó como Hermione llamaba a voces al camarero—. ¿Puedes venir un momento, por favor?

El joven se acercó a la mesa en donde requerían sus servicios y al igual que Hermione había hecho, él, esta vez, también habló.

—¿Desea algo la señora?

—Señorita—aclaró Hermione rápidamente para profundo disgusto de su novio, que aun estaba perplejo sosteniendo la copa de vino en su mano— ¿Cómo te llamas?

—¿Disculpe?—el chico dejó ver una mueca de desconcierto en su rostro.

—Tu nombre… ¿tendrás uno, no? —insistió Hermione sonriéndole para no asustarlo.

—Ro… Ronald…, ¿he hecho algo mal?

—En absoluto… Ronald. Es curioso, eres el segundo camarero que conozco con ese nombre. Tu trabajo es impecable y por ello quería decírtelo. Es un placer que la atiendan a una con tanta profesionalidad. Creo que he terminado mi plato y me apetecería un postre ¿Qué me recomiendas?

El muchacho, que parecía completamente desbordado por la actitud de Hermione, dijo con voz serena y jovial.

—Pues, pienso que la mousse de manzana le parecerá un postre ligero y sé de buena tinta que está delicioso, y es muy agradable al paladar.

—Me has convencido Ron, quiero decir Ronald, sírveme entonces esa deliciosa mousse de manzana ¿Y a ti que te apetece querido?

—Lo mismo…, supongo.

Hermione sonrió al joven camarero, y éste se alejó de ellos con muy buen talante.

—¿A qué ha venido eso? Lo que has hecho es… estúpido—le regañó Cormac bajando notablemente el tono de voz y dejando sobre la mesa su copa aun llena. La repentina rebeldía de Hermione había conseguido chafarle el agradable momento de disfrutar de su bebida.

—¿Estúpido? Te diré lo que es estúpido, querido. Tus conversaciones sobre ritindoctomía…

—Ritidectomía—le corrigió levantando la nariz y mirándola con desaprobación.

Hermione entrecerró los ojos con rabia, aborrecía aquel aire de superioridad del que hacía gala Cormac habitualmente.

—Tus conversaciones sobre ritindoctomia—recalcó cada palabra mal dicha aumentando el enojo de su novio—, y el dichoso doctor intachable Morgan, eso es estúpido. No me interesa Cormac, nunca me interesaron porque no entiendo un pimiento de qué estás hablando, y a veces me pregunto si alguna vez, durante una maldita comida, conseguirás no mencionar palabras como liposucción o rinoplastia. Odio oírte hablar de implantes, me da repelús. Así que por una maldita vez, cállate la boca mientras comemos y trata a las personas como personas, y no como máquinas fabricadas únicamente para servirte y demostrarte a ti mismo lo superior que te crees a ellos.

—Aquí tienen los señores, sus mousse de manzana, disfrútenlas.

El camarero había regresado mostrando una enorme sonrisa, y depositó los platos de los postres minuciosamente decorados sobre la mesa.

—Gracias Ronald—dijo Hermione a la vez que cogía una cuchara y la introducía en el postre llevándosela a la boca—. Umm, está delicioso, muy buena recomendación, felicita al Chef de mi parte.

El muchacho, más animado que ningún otro día, asintió enérgicamente con la cabeza y luego se alejó de ellos con premura.
Hermione continuó degustando el placentero manjar haciendo caso omiso al rostro encendido de Cormac, que denotaba a todas luces lo muy enfadado que debía estar. No tenía ni idea que era lo que su novio había ideado para pasar aquella tarde a solas con ella, con la intención de compensarle el haber estado ausente el día de su cumpleaños, pero fuese lo que fuese, jamás lograría superar los momentos que Ron le regaló aquel día, de forma espontánea y sincera, sin tener ninguna obligación para con ella. Aunque por la forma en que Cormac fruncía el ceño intuyó que nunca lo sabría.

Todo resultó muy extraño al día siguiente, de repente, sin saber muy bien porqué, Ron comenzó a tratar a Hermione de forma más distante. Eso debía tal vez ser mejor para ella, así conseguiría dejar de confundirse, pero por el contrario, el cambio de actitud de Ron le molestaba sobremanera y no estaba en primera instancia por la labor de preguntarle que le hacía estar así con ella. El pelirrojo por su parte había tomado una decisión, no poner a Hermione en ningún aprieto. Ella tenía novio y él a veces no se aguantaba las ganas de juguetear con la joven, porque le gustaba ver como apenas le costaba resistirse y como finalmente terminaba cediendo, con las mejillas encendidas y los ojos brillantes. Si continuaba confundiéndola, haciéndole dudar por lo que sentía por su chico, terminaría haciéndola sufrir y eso no estaba en su carácter. Él ya sabía lo que era sufrir por una traición, y aunque Cormac no era santo de su devoción, no estaba dispuesto a interponerse entre ellos. Es por eso, por lo que Ron había decidido antes de que él también cayese irremediablemente en aquella trampa, retirarse. Porque una retirada a tiempo, es sin duda una victoria. Y lo que decidió ese día lo continuó llevando a cabo durante las semanas que siguieron, para disgusto y contrariedad de Hermione, que decidió volver a retomar la relación que hasta ese momento había llevado con Cormac, por supuesto después de que al cirujano se le pasó el monumental enfado del desafortunado almuerzo.
Había alguien más que también se había vuelto distante con respecto a otra persona. Victoire trataba de pasar el menor tiempo posible junto a Teddy, y si lo hacia era simplemente por equivocación, o porque no deseaba hacerle ningún desaire a Iris. Por supuesto que su amiga lo sabía todo, después de la escueta respuesta de Teddy, Iris no se quedó muy conforme y tras la última clase de aquel día, visitó a Victoire en su casa. Al principio la hija mayor de Bill Weasley se contuvo un poco porque no deseaba enfrentar a Iris y a Teddy sabiendo la enorme amistad que había entre ellos, pero finalmente la chica que siempre vestía de morado fue muy persuasiva, y Victoire terminó confesándole, no solo lo que había sucedido en el jardín de la facultad sino lo que había comenzado a sentir por Teddy, sentimientos que en aquel instante se habían quedado en stand by. Iris la comprendió, y no dudó en inclinarse a su favor, confesándole también que siempre había notado una tensión especial entre ella y Teddy y que intuía que tarde o temprano Lenny terminaría pasando a la historia. Pero lo que nunca había imaginado es que su amigo se pusiese obstáculos a sí mismo para conseguir enamorarse… "Como si no existiesen ya bastantes sin que uno se encargue de meter la mano en esos asuntos", había dicho de forma solemne y después de maldecir a su mejor amigo, un par de veces, arrepintiéndose de ello casi de inmediato.

Cada uno con lo suyo, con sus dilemas, sus problemas personales e incluso profesionales, no pudieron evitar poner un pie en el mes de Noviembre. El mes de octubre había sido muy lluvioso consiguiendo que al finalizar todos tuviesen el carácter como el clima, frío y aguado. Sin embargo había una persona que caminaba por los pasillos de GAC como si en vez de pisar parquet estuviese pisando algodones. Esa feliz persona en concreto era Harry, y la razón de aquella dicha era una cita con su ex esposa. La primera desde el beso en el despacho. Ginny se había hecho de rogar pero finalmente la pelirroja cumplió, y aquella misma noche volvería a cenar con la mujer a la que amaba, a solas, en el mismo lugar en que lo hicieron la primera vez, donde le pidió de forma torpe y atropellada que fuese su novia.
Alguien que también andaba muy revolucionado, pero por otro motivo, era Rolf. El joven había recibido la llamada de su abuelo anunciándole que al día siguiente llegaría a Londres. Inmediatamente después de colgar el teléfono, corrió en busca de Luna que como venía siendo habitual andaba enfrascada en una discusión con Zabini.

—No me gusta, ya te lo dije… ¿Esa es la mejor idea que has tenido para el spot? No debería sorprenderme Blaise, nunca tuviste mucho ingenio para crear ideas, pero si para robarlas.

El hombre entrecerró con resentimiento sus oscuros ojos, y añadió.

—¿Por qué eres tan rencorosa?

—No es rencor, es odio, ya lo sabes.

Rolf carraspeó con fuerza para hacerle ver a la pareja de artistas que no se encontraban solos. Blaise le dirigió una última mirada de rencor a Luna y luego salió del estudio pasando casi por encima de Rolf sin disculparse. La mujer gruño un poco, farfullo algo por lo bajo y terminó sentándose en su sillón frente a la pantalla de su ordenador.

—¿No piensas decirme qué demonios te pasa con él?—inquirió Rolf agarrando otra silla y sentándose junto a ella.

Luna lo fulminó con la mirada y luego añadió.

—Nunca hablo de Blaise Zabini.

Rolf frunció los labios frustrado, no comprendía como Luna no le confiaba la verdad de su enemistad con Blaise. Pero ahora no le convenía poner a la rubia mujer en su contra, así que, muy a su pesar, decidió dejar de insistir en el tema Zabini.

—Mi abuelo llega mañana.

Los ojos de Luna se abrieron de par en par, y dejó a un lado su semblante serio para mostrar una enorme sonrisa. Rolf continuó hablando.

—¿Sigues estando dispuesta a alojarlo en tu casa los días que se quede en Londres? Porque si supone un problema…

—En absoluto, mi padre estará feliz cuando sepa que viene tan pronto. Además, tu abuelo ya me cae bien sin conocerlo, es un hombre inteligente. Tiene la misma opinión que yo de Susan.

Rolf entornó los ojos con ira, pero se mordió la lengua y no contestó al afilado comentario de su jefa. Luna, por su parte, supo que su observación sobre lo que tenía en común con el abuelo del joven, no había sentado bien a Rolf, pero no incidió en el tema y cambió radicalmente de conversación.

—¿Tienes listas las fotos de la última sesión de Ron y Astoria?

—Por supuesto, ¿vas a llevárselas a Hermione?—preguntó el muchacho con el rostro aun muy serio.

—Sí. Ahora mismo.

Contestaba a la segunda llamada que Cormac le hacía esa tarde. La primera había sido para recordarle que tenía una cena con él en uno de los mejores restaurante de Londres y que había reservado mesa para las ocho. Quince minutos después, es decir ese preciso instante, Cormac había vuelto a llamar para comunicarle a su novia que le iba a ser completamente imposible asistir a esa cena puesto que se le había presentado una operación de lifting facial de urgencia y terminaría con ese paciente pasada la media noche. Hermione pudo sentirse defraudada, o desilusionada, pero nada mas lejos de la realidad, lo único que sintió fue alivio. Después del fatídico almuerzo y de la famosa mousse de Manzana, Cormac había estado resentido unos días y durante ese tiempo la pareja apenas había cruzado unas palabras de cortesía o algún que otro monosílabo para contestarse uno al otro. Más tarde, Cormac fue tragándose su orgullo, terminando por olvidar cual había sido el motivo de la discusión, y las cosas entre ellos volvieron a la normalidad.
Hermione colgó el auricular del teléfono después de hablar con su novio. No era Cormac y su repentina cancelación de la cita lo que preocupaba a Hermione, lo que conseguía que no pudiese concentrarse desde hacía más de un mes, era el inesperado alejamiento de Ron. En aquellos días, apenas había cruzado con él unas pocas palabras, siempre referentes a trabajo, y la única vez que volvió a presenciar una sesión de fotos lo hizo porque aquel día también acudió Ludo Bagman, para ver que tal iba todo. Ron tampoco había vuelto a pisar si despacho desde la firma del contrato y aquel casi beso que tuvo la peor de las interrupciones, y se la pasaba encerrado en el estudio con Astoria.
No conseguía concentrarse, así que dio por finalizado aquel día de trabajo. Apagó su ordenador y se dirigió a la ventana. Londres comenzaba a dar muestras del frío que pronto sería el protagonista durante algunos meses más. Noviembre comenzaba a pasearse por las calles ciudad, consiguiendo que la gente que caminaba por ellas tuviesen que hacerlo envueltas en abrigos y bufandas, sosteniendo en sus manos como algo habitual un paraguas. Las luces ya se habían encendido, y el Big Ben colocaba su manilla pequeña en el siete y la grande en el doce. Era hora de marcharse a casa, cenar algo a solas y meterse en la cama con un buen libro que por lo visto esa iba a ser su única compañía aquella noche. Hermione echó un último vistazo a las tranquilas aguas de Támesis y luego agarró su gabardina y su bolso, dispuesta a abandonar GAC un día más. En su camino hacia el ascensor tropezó con Luna y Rolf que entusiasmados quisieron mostrarles las fotos de la última sesión, pero Hermione estaba demasiado cansada, y tras echar una ojeada a algunas de ellas y dar su visto bueno con mucha desgana, prometió que lo primero que haría al día siguiente sería tener una reunión con ellos para analizarlas con mas detenimiento. Rolf y Luna lo comprendieron inmediatamente y dejaron marchar a la agotada mujer. Hermione llamó con insistencia al ascensor, tenía unas ganas horribles de salir de allí. La puerta se abrió y la joven entró al fin en el estrecho habitáculo. Absorta se quedó mirando como la puerta metálica del ascensor iba cerrándose lentamente, pero entonces una mano apareció de repente y paró a la puerta haciéndola retroceder. Alguien entró en el ascensor y Hermione no tardó en descubrir que era Ron la persona en cuestión.

—Hola—dijo él mientras se volvía a cerrar la puerta—. ¿Te vas ya?

Hermione asintió, tratando de mirar lo menos posible al pelirrojo, porque desde que había puesto un pie en el ascensor su corazón se había disparado a mil por hora. Ron se mantuvo callado, el elevador comenzó a descender lentamente. En apenas unos segundos llegaría a la primera planta y el joven se marcharía una vez mas después de intercambiar con ella únicamente un par de palabras. Tal vez no debería hacer lo que estaba pensando, y era una realidad que dejarlo marchar era lo mas cuerdo, lo mas razonable. Pero desde hacía un mes, Hermione no atendía a razones y necesitaba explicaciones. Porque en su despacho estuvo a punto de besarla, y después de eso comenzó a tratarla como si no existiese, en efecto necesitaba explicaciones.

—¡Mierda!

Exclamó Ron cuando notó como el ascensor se detenía en seco a medio camino entre la segunda y la primera planta.

—¡¿Qué diablos…?… ¿Has sido tú?

Hermione aun mantenía el dedo en el botón de parada de emergencia.

—Tengo que hablar contigo.

—¿Aquí?... ¿Ahora?

—Y si no es así, ¿cuándo, Ron? Llevas rehuyéndome un mes… ¿Por qué lo haces?—Hermione lo miraba fijamente, sin pensar en nada mas que la respuesta del joven.

—Es lo mejor, no me gustaba como avanzaban las cosas entre tú y yo—respondió Ron sin apartar sus ojos de los de ella.

—Estuviste a punto de besarme…

—Y habría sido un error—la interrumpió escrutando el panel de mandos del ascensor para reanudar la marcha, pero el cuerpo de Hermione se interpuso entre él y los botones.

—Probablemente, pero no ocurrió… ¿Por qué me evitas entonces?

Ron tensó la mandíbula y volvió a mirarla muy fijamente.

—Para no verme tentado a desear besarte de nuevo—contestó con sinceridad.

—¿Lo harías?

—Si tuviese la oportunidad, sí.

—Ahora la tienes.

Ron tragó saliva con mucha dificultad. Se debatía entre lo que deseaba hacer y en lo que su mala experiencia en el amor le había enseñado. Pero los ojos castaños de Hermione brillaban con mucha intensidad, y sus labios parecían pedirle a gritos que olvidase lo que era correcto e hiciese lo que le apetecía. Se aproximó a ella, ella hizo lo propio hacia él. El lugar era estrecho, con un solo paso ambos estaban el uno frente al otro, oyendo sus respiraciones, sintiendo la calidez de sus alientos. Hermione estaba dispuesta a todo, porque estaba llena de dudas y aquel beso conseguiría esclarecer algunas de ellas.

—No me gusta ser el tercero. Ya lo fui una vez, y las cosas no salieron bien.

—No lo eres Ron, solo quiero que me saques de dudas.

Hermione cerró los ojos y aproximo el rostro hacia el joven. La imagen de aquella mujer era demasiado tentadora como para no rendirse a ella, así que Ron no pudo más que hacer lo que deseaba. Y olvidándose de todo lo demás; olvidándose de que ella tenía novio y que volvía a caer una vez más en errores del pasado, Ron rodeó con sus grandes manos la cintura de Hermione y hundió finalmente sus labios en los de ella. En ese instante ambos supieron que ya nada sería igual una vez que las puertas de aquel ascensor se abriesen al llegar a la primera planta.


Hola a todas y todos los que leéis este fic, gracias!

Paso a agradecer a los que no puedo contactar con ellos por mp:

paunieto: Jajaj! hola, en realidad Ron es un sueño y tienes razón, a Ginny y a Harry les sobraron las palabras, mil gracias por seguir ahí... besos.

Pulytas: Hola! oh! pobre Harry, lleva meses esperando un acercamiento de Ginny por eso no duda en ponerse la pilas, es un hombre, jeje! todos son iguales, mas o menos! mil gracias por leer y comentar... besos.

silvers draco: Hola, me alegro que te haya gustado el cap, sí es cierto, da que pensar en que hubo algo entre Luna y Blaise, ya lo sabréis. Gracias, y besos.

Deseo que este capitulo os haya gustado y nos volveremos a ver, no digo nada para no pillarme los dedos, pero creo que esta vez será mas pronto.

María.