Cap. 12

Al principio se lo tomó bastante bien, mucho mejor que otros se lo habrían tomado. No le costó hacerse a la idea de que su vida había sido prescrita, que la muerte de sus padres adoptivos y el resto del pueblo no había sido casualidad, que el abandono de su madre tenía de verdad un motivo, el hecho de que de vez en cuando mirara hacia atrás y su forma de pensar y actuar le dieran escalofríos por lo fría que era. Incluso no se sorprendió al saber que Sebastian, la persona en la que ella más confiaba, la había asesinado.

Se lo contó con paciencia, preparado para cualquier reacción, en privado y evitó hacerlo por la mañana, en uno de los jardines que tenían vistas al lago. A pesar de tomar estas medidas, comenzó el discurso de forma directa, sin dar ningún tipo de rodeo.

-Soy un demonio, al igual que lo es usted ahora. La diferencia es que yo soy mucho más longevo que usted y por lo tanto, tengo más experiencia. Sin embargo, cuando su tío, que en realidad era su abuelo, llegó a mí y me pidió ayuda, yo no tenía ni la más remota idea de a lo que me enfrentaría- realizó una pequeña pausa para examinar el rostro de la joven con la idea de que, si encontraba perturbación o confusión en él, pararía de hablar, pero lo único que vio fue serenidad e indiferencia.- Para ser sincero, cuando llegó el momento de eliminar la parte de humanidad que quedaba en usted…

-Cuando me mataste-rectificó ella.

-Sí, cuando le maté-pronunció aquellas palabras con algo de dificultad porque quería olvidar lo que sintió cuando parecía que la noble no despertaría,- no estaba seguro si llegaría a despertar, era posible que su cuerpo no lo resistiera dado que su supervivencia dependía de la fuerza de la parte demoníaca que había en usted frente a su alma mortal.

Ambos permanecieron callados, sin saber por qué, durante un momento que emplearon para ver el lago a mediodía en todo su esplendor. Nunca parecía ser el momento adecuado para volver a hablar, no querían romper ese silencio, pero la Dama ansiaba aclarar sus sospechas así que fue ella la que comenzó esa vez.

-¿Por qué no soy humana? Es decir, ¿qué ocurrió en el pasado que ha causado que hoy sea lo que soy?

-Busqué información sobre ello y encontré evidencias de que su madre tuvo, por así decirlo, un desliz con cierto señor del mal después de huir de casa a causa de que su abuelo planeara un matrimonio forzoso o meterla en un convento.

-Que cliché, una mestiza- suspiró.

-Ciertamente fue usted una mestiza, pero ya no lo es, ya no tiene usted alma, ya no es mortal.

Kea pasó de mirar al horizonte, cosa que había estado haciendo durante toda la charla, a mirar a su maestresala y liberador a los ojos, haciendo así que este se acuclillara a su lado.

-Cierto, ya no soy mortal-concluyó y sonrió.