XII
Abro los ojos y se me dispara el corazón cuando me descubro abrazada al cuerpo de Lexa. Parte de mi cuerpo reposa sobre el suyo mientras ella me acoge en sus brazos y duerme plácidamente.
Alzo la cabeza algo aturdida intentando recordar cómo llegué a la cama anoche y, sobre todo, cómo acabé en ella con Lexa.
Miro rápidamente por debajo de las sábanas y respiro aliviada al comprobar que las dos seguimos estando vestidas. Jamás me habría perdonado a mí misma amanecer desnuda con ella y no poder acordarme de lo que fuera que hubiera ocurrido la noche anterior.
Vuelvo a fijarme en ella y aprovecho el momento para estudiarla en silencio. Con los primeros rayos de la mañana está incluso más guapa de lo normal y al verla de esa manera, relajada y tan cerca, siento que me cuesta respirar.
El hormigueo que noto en el estómago de pronto desaparece para dar paso a una sensación de mareo acompañada de náuseas y un dolor de cabeza insoportable.
Me levanto corriendo para ir al baño y me lanzo sobre el retrete para vomitar de golpe todo el líquido que ingerí anoche, que por lo visto fue bastante. Después de unos minutos en los que creo que me voy a morir de la angustia encuentro las fuerzas justas para incorporarme y dirigirme hasta el lavabo a trompicones. Ahogo un grito al ver mi reflejo en el espejo: maquillaje corrido, ojos hinchados, ojeras enormes, pelo desastroso…
Me lavo la cara y los dientes a conciencia y salgo del baño todavía algo aturdida.
Lexa me contempla divertida con la cabeza apoyada en una mano desde la cama, era evidente que se iba a despertar con el ruido que he hecho.
-¿Qué tal la resaca?
-Horrible -murmuro sujetándome en el marco de la puerta porque el suelo no se quiere quedar quieto.
Se echa a reír y se incorpora para acercarse a mí. La verdad es que podría acostumbrarme a verla salir de mi cama todas las mañanas.
Se detiene a bastante más distancia de lo que me esperaba, como si quisiera mantener una barrera entre nosotras, y me sorprende después de haber amanecido abrazadas y de la complicidad que tuvimos durante el concierto. Puede que no me acuerde de cómo llegué después a casa pero ese detalle lo recuerdo perfectamente.
Me fijo en que lleva puestos los vaqueros de anoche y me imagino lo incómoda que habrá tenido que dormir.
-Lo siento -digo mordiéndome el labio-. Si quieres te dejo algo de ropa para que estés más cómoda.
Se mira pensativa.
-No, así estoy bien. No te preocupes.
Asiento y entonces caigo en que quizás no pretende quedarse más tiempo conmigo. Al fin y al cabo ya se ha encargado de que no me pase nada durante la noche y no tiene que seguir cuidando de mí.
La decepción se refleja en mi rostro y ella lo percibe.
-Pero sí que te aceptaría un café -dice rápidamente, devolviéndome de nuevo la sonrisa.
-Eso está hecho.
Salgo de la habitación para dirigirme a la cocina y ella me sigue en silencio. Cojo la cafetera y busco el bote de café en el armario pero al abrirlo el olor hace que se me vuelva a remover el estómago y las náuseas me golpean de nuevo, haciendo que tenga que apoyarme en la encimera para sujetarme.
Lexa al verlo se acerca rápidamente y me agarra para ayudarme.
-¿Estás bien? -pregunta preocupada.
Asiento y cierro los ojos mientras respiro para intentar calmar mi estómago.
Me concentro entonces en el calor que desprende su mano sobre mi espalda, es firme y suave al mismo tiempo y consigue que rápidamente me olvide del dolor. Abro los ojos cuando la aparta de golpe y vuelve a dejar espacio entre nosotras, la encuentro observándome nerviosa.
¿Por qué se comporta así de pronto?, ¿Es que anoche hice o dije algo que la incomodó?
Mierda, tiene que ser eso… Algo tuve que hacer para que todo el rato intente evitar el contacto conmigo. Pero, ¿el qué?
Noto que yo también comienzo a ponerme nerviosa y necesito salir de ahí y alejarme de ella, no puedo pensar con claridad cuando la tengo cerca.
-Vas a tener que hacerlo tú, lo siento. Solo el olor ya me provoca ganas de vomitar.
Sonríe dulcemente y coge el paquete de mi mano para comenzar a echarlo en la cafetera.
El dolor de cabeza aparece de nuevo así que me hago con una caja de aspirinas y una botella de agua antes de salir de la cocina y tirarme sobre el sofá. Me tapo con una manta, me tomo una pastilla y enciendo la tele para entretenerme hasta que Lexa venga de la cocina.
Tarda un poco en hacerlo, pero al final acaba apareciendo con una taza humeante entre las manos y se sienta en el sofá de al lado. La miro de reojo cuando no dice nada y veo que está mirando a su alrededor con aire tranquilo.
-Bonita casa.
-Gracias -digo bajando el volumen de la televisión para que no nos moleste.
Se levanta y se acerca hasta ella para observar los portarretratos que adornan la repisa que hay justo encima. Coge el más grande de ellos, el que tiene un dibujo hecho a carboncillo donde salimos mis padres y yo, y lo analiza en silencio.
-Vaya -mira la firma-. ¿Lo hiciste tú?
-Sí, me gusta dibujar de vez en cuando.
-Parecéis muy felices. Es precioso -un cosquilleo me recorre el cuerpo al recordar que anoche utilizó ese mismo adjetivo para describirme a mí y la manera en que me miraba al hacerlo. No entiendo qué es lo que ha cambiado esta mañana.
-Lexa -murmuro. Se gira para verme-. ¿Qué pasó en la fiesta?
Sonríe y deja el portarretrato en su sitio para volver a sentarse.
-¿No te acuerdas de nada?
-No… Bueno sí, más o menos. Recuerdo hablar contigo y con Raven, el concierto, la gente, el champán… Y a partir de ahí solo hay un borrón enorme hasta el momento en que me he despertado. ¿La lié mucho?, ¿Metí la pata? Si lo hice dímelo, por favor, odio estas cosas.
Se echa a reír y bebe del vaso antes de contestar.
-¿Liarla? No. Yo en la fiesta te vi bastante bien hasta que me dijiste que estabas mareada y te traje a casa.
-Entonces no lo entiendo -digo pensando en voz alta.
-¿El qué no entiendes?
-Nada, déjalo.
Me mira intrigada durante un instante pero por suerte no insiste. Después bebe un último trago y se levanta.
-Bueno, creo que debería marcharme.
-¿Ahora?, ¿No te puedes quedar?
Disimula una sonrisa.
-No, lo siento. Titus me ha mandado un mensaje diciendo que Anya entra hoy más tarde y tengo que encargarme de la tienda hasta que llegue.
Asiento débilmente.
Frunce el ceño y hace un amago de moverse pero al final no lo hace.
-Puedo intentar venir esta tarde, si quieres -dice dudosa.
-Eso me encantaría -sonrío.
Me devuelve la sonrisa y se gira para ir de nuevo a mi habitación a recoger sus cosas. Cuando regresa me levanto del sofá con el cuerpo pesado y lo rodeo para acompañarla hasta la puerta aún envuelta en la manta.
-Gracias por traerme y quedarte conmigo esta noche -digo cuando ya está fuera-. Por cierto, tú y yo no… -suspiro- ¿Pasó algo entre nosotras?
Alza una ceja divertida.
-Depende de lo que entiendas por pasar.
-¿Qué? Madre mía, dime que no la cagué -me llevo la mano a la frente y me muerdo el labio.
Se echa a reír al verme tan apurada.
-No la cagaste, tranquila. Simplemente no pasó nada que haya que recordar -se acerca hasta mí y me besa suavemente en la mejilla. Me desconcentro por completo al recuperar de nuevo el contacto con ella que tanto llevo deseando desde que me he despertado en sus brazos. Siento que me mareo y tengo que agarrarme a la puerta para evitar caerme-. Hasta luego -dice en mi oído antes de marcharse.
Regreso al sofá mientras sus palabras todavía resuenan en mi cabeza: "no pasó nada que haya que recordar".
O sea que pasó algo pero no quiere que lo recuerde… ¿Por qué no quiere que lo recuerde? Eso solo puede significar que lo que ocurrió no fue algo bueno.
Me tapo la cara con un cojín frustrada por no ser capaz de acordarme de nada más. Solo a mí se me ocurre emborracharme y acabar estropeando una noche tan increíble como la que estábamos teniendo. La cosa iba tan bien y sentía tanta emoción por ello que ni me preocupé de la cantidad de alcohol que bebía.
Me levanto para cambiarme de ropa porque me doy cuenta de que todavía llevo puesto el vestido de anoche. Después vuelvo al salón para correr las cortinas y bajar las persianas hasta que la casa queda en penumbra, por muchas vueltas que le dé no voy a conseguir sacar nada más en claro así que por lo menos voy a intentar dormir.
Duermo unas cinco horas del tirón y sólo me despierto cuando se pasa el efecto de la aspirina y el dolor de cabeza vuelve a hacerse insoportable. Me tomo otra y me levanto para ir al baño, ya va siendo hora de tomarme una ducha para despejarme un poco y volver a parecer una persona normal.
Cuando me estoy secando suena mi teléfono móvil y salgo corriendo para cogerlo con la toalla puesta. Miro la pantalla y veo que es Raven quien me llama, me pregunto cómo se las arregla para llamarme siempre en los momentos más inoportunos…
-Me pillas ocupada, para variar.
-¡Pero si está viva! -chilla- Creía que se te había tragado la tierra, te había secuestrado la mafia rusa o algo peor, ya estaba empezando a preparar tu funeral.
-Lo sé, lo siento. Tendría que haberte llamado esta mañana pero se me ha pasado con la resaca y Lexa…
-¿Lexa? -me corta- O sea que has dormido con ella… ¿Y ha pasado algo?, ¿Os habéis liado? -dice emocionada.
-Pues ese es el problema, que no lo sé.
-¿Cómo que no lo sabes?
-No me acuerdo de nada después de salir del bar.
-¿Pero tú eres tonta?, ¿Cómo no te vas a acordar de si te la has tirado o no? -grita.
-¡No lo sé, joder! -contesto nerviosa-. Bastante culpable me siento ya, no me presiones más.
-Vale a ver, vamos a calmarnos y a pensar un poco… ¿Ella te ha dicho algo?
-No.
-¿Nada?, ¿Ni si quiera ha hecho algún comentario o algún gesto que te haga entrever lo que ha pasado?
-Raven, estamos hablando de Lexa, la chica del ceño fruncido y la cara seria con servicio de 24 horas al día.
-Tienes razón, olvida esa pregunta.
-Aunque quizás sí que haya algo…
-¿El qué? -pregunta ansiosa.
-Bueno… Esta mañana estaba más rara de lo normal, como más distante. Parecía que no quería ni tocarme.
Se echa a reír.
-¿Ya tenéis problemas con eso? Y luego dices que no es tu novia…
-Hablo en serio -replico-. Ayer era diferente, no le importaba el contacto conmigo… Incluso lo buscaba. Estuvimos abrazadas durante el concierto.
-Espera, ¿qué? ¿Y no crees que tendrías que haber empezado por ahí?
El timbre de la puerta suena varias veces seguidas y me sobresalto.
-Raven, te tengo que dejar están llamando a la puerta.
-¿Qué? No, Clarke, ni se te ocurra dejarme así. ¡Clarke! -cuelgo corriendo y voy hacia la puerta.
Al salir de la habitación noto que una corriente de frío me cala los huesos y me doy cuenta de que todavía llevo la toalla puesta y el pelo mojado. Con la conversación con Raven se me había olvidado y solo espero que no haya ningún acosador esperándome al otro lado.
Abro la puerta y me quedo de piedra cuando veo a Lexa con una bolsa en la mano. Ella no me ve porque mira al móvil distraída. No es que no la esperara, sabía que vendría en algún momento, pero no tenía ni idea de a qué hora lo haría y evidentemente me habría gustado, por lo menos, estar vestida.
-Clarke, te he traído… -se calla en cuanto levanta la vista del teléfono. Abre la boca y comienza a recorrer lentamente mi cuerpo con los ojos, primero de arriba abajo y luego de abajo arriba.
Noto que toda la piel se me pone de gallina y no es por el frío, si no por la forma en que me mira.
Trago saliva.
-Lexa -digo cortada-. Acabo de salir de la ducha, perdona, no sabía a qué hora llegabas… Pasa.
No se mueve. Sigue con la boca abierta y mantiene la vista fija en mi toalla, concretamente en el frágil nudo sobre mi pecho izquierdo que la mantiene atada.
Empiezo a ponerme nerviosa.
-¿Lexa?
Esta vez sí reacciona. Sube la vista hasta mi clavícula, continúa por el pelo mojado que me cae sobre los hombros, se detiene un instante en mi boca y finalmente llega hasta mis ojos. Pierdo la capacidad de respirar cuando veo el deseo y la intensidad que reflejan los suyos.
Da varios pasos hacia delante e involuntariamente yo los doy hacia atrás. Cruza la puerta y la cierra despacio, quedándose de espaldas a mí con la cabeza agachada. Oigo que respira hondo antes de hablar.
-Clarke -murmura, su voz es ronca y ha bajado por lo menos una octava de su tono normal-. No puedo… No puedo soportarlo más.
-¿De qué hablas?
-Hablo de que siento demasiadas cosas mezcladas por ti y no sé si puedo seguir fingiendo que no ocurre nada -dice atropelladamente.
Me quedo completamente paralizada en el sitio. No contesto nada porque no sé qué decir y no estoy segura de haberla entendido bien.
-¿Sabes lo frustrante que es todo esto para mí? -se gira para enfrentarme y aprieta los puños- Yo no soy así, Clarke, la gente no me gusta porque sí. No me mando mensajes, no me cojo de la mano y mucho menos duermo abrazada con nadie, ya no. Me prometí a mi misma que no correría el riesgo de volver a dejarme engañar y sin embargo cada vez que estoy contigo siento que no podré cumplir esa promesa, o peor, que no quiero cumplirla. Durante al menos dos años me he esforzado en seguir esa única norma cada día y tú has hecho que pierda todo el sentido en apenas tres semanas.
Cierra los ojos por un momento y coge aire otra vez para calmarse.
-Necesito que entiendas eso porque es la razón por la que creo que no puedo seguir viéndote -termina diciendo.
-¿Qué? -mi cuerpo reacciona solo y antes de darme cuenta recorro el espacio que nos separa, la idea de no volver a verla me aterra demasiado. Aparta la vista cuando quedo frente a ella y le acaricio despacio el rostro-. ¿Y qué ocurre si te pido que te quedes?
Sus ojos verdes me miran empañados por el miedo y la esperanza y es en ese momento cuando mi cerebro une de golpe todas las piezas.
No solo está quitándose la coraza y me está confesando que siente algo y eso le asusta, también me está dando la opción de elegir qué hacer con ello. Está permitiendo que sea yo la que decida continuar lo que sea que hemos empezado o cortarlo de raíz para evitarnos posibles sufrimientos. Da igual lo que escoja, puedo leer en su mirada que va a respetarlo aunque le duela y que, una vez lo haya hecho, no habrá vuelta atrás.
Sin pensarlo dos veces rodeo su nuca con ambas manos y me acerco para comenzar a besarla suavemente. Me arde la piel cuando sus labios me reciben cálidos mientras me rodea con los brazos para pegarme más a ella y profundizar el beso durante unos segundos que me dejan sin aliento.
Me separo de ella un instante y me mira con la vista nublada por el deseo antes de volver a deshacer la corta distancia que ha quedado entre nosotras y fundir sus labios con los míos con mayor intensidad.
Jadeo cuando su beso se torna ansioso y tiro de su chaqueta para arrastrarla hacia atrás hasta que nos topamos con el sofá. Vuelve a romper nuestro contacto durante unos segundos para agarrarme de la mano y rodearlo, haciendo que me siente frente a ella.
Se coloca a horcajadas sobre mí y me estremezco al sentir el peso de su cuerpo.
Retoma nuestro beso y esta vez utiliza la lengua para abrirse paso entre mis labios, saboreándome y acariciándome con ella lentamente.
Doy la bienvenida a ese nuevo beso ardiente y deslizo su chaqueta por sus hombros para deshacerme de ella. Acaricio su espalda y gruño ligeramente cuando noto la tela de su camiseta, me molesta todo lo que me impida el contacto directo con su piel.
Estoy a punto de tirar de ella también pero dudo en el último momento y decido simplemente introducir mis manos por debajo del tejido. El gemido que ahoga en mi boca al hacerlo es la única señal que necesito para terminar de levantarla y sacarla por encima de sus brazos.
Me tomo un segundo para contemplar su precioso cuerpo desnudo. Su pecho se mueve deprisa por la falta de aire.
-Dios mío… -susurro acariciando despacio la piel de su estómago y noto que tiembla bajo mis dedos.
Me empuja suavemente para que me tumbe y se descalza en un gesto hábil antes de echarse encima mía.
Hunde la cabeza en mi cuello y comienza a besarlo sensualmente mientras una de sus manos desciende para terminar de deshacer el nudo de mi toalla y abrirla por completo.
Ahora es ella la que se detiene para observar mi desnudez con las pupilas totalmente dilatadas por el deseo.
-Eres incluso más preciosa de lo que imaginaba -jadea entrecortadamente.
Tiro de ella para cubrir de nuevo sus labios con los míos y suelto el enganche de su sujetador para poder quitárselo. Gemimos al mismo tiempo cuando nuestros torsos entran en contacto sin ninguna tela de por medio.
Vuelve a jugar con su lengua arrancándome otro gemido de placer que me curva la espalda y me rodea la cintura con una mano, apretándome contra ella, mientras baja la otra hasta mi pierna y la araña obligándome a alzarla.
Mi cuerpo reacciona solo ante sus caricias y mis caderas saltan hacia delante intentando aumentar el contacto con las suyas.
Dirijo las manos hasta el botón de su pantalón y lo desabrocho con los dedos temblorosos por la excitación. Se estremece cuando introduzco mi mano bajo el pantalón abierto y la acaricio por encima de su ropa interior.
Al notar la humedad que traspasa el fino tejido, y la respuesta automática que genera su propio placer en mi sexo, me percato de que ninguna de las dos va a tardar mucho en llegar al orgasmo.
Tiemblo bajo su cuerpo cuando agarra mi mano y la aprieta aun más contra su entrepierna mientras mueve las caderas.
-Tócame -susurra en mis labios antes de dirigir su boca hasta uno de mis pechos y comenzar a lamerlo y besarlo con ganas.
Ahogo un grito cuando muerde el pezón y al mismo tiempo coloca la mano que le queda libre sobre mi sexo reproduciendo exactamente los mismos movimientos que yo estoy haciendo sobre el suyo, con la única diferencia de que el contacto directo con sus dedos hace que pierda el control de mis caderas y vuelva a buscar desesperada su boca.
Cuando su lengua vuelve a fundirse con la mía noto la primera oleada de placer y me abrazo a su cuello para apretarla aún más contra mí.
Nuestros gemidos pronto se confunden mientras mueve el cuerpo acompasado al ritmo frenético que marca el mío sin dejar de besarme y acabo por perderme en un estallido de placer contra su piel.
Sus caderas se van aflojando hasta que se deja caer agotada sobre mí y la abrazo sin fuerza porque yo me he quedado igual de exhausta. Permanecemos así hasta que poco a poco nuestras agitadas respiraciones recuperan su ritmo normal.
Cierro los ojos para disfrutar del calor de su cuerpo acoplado al mío y acaricio despacio su espalda, quiero memorizar cada centímetro de ella.
Siento un escalofrío de nuevo cuando me besa suavemente en el cuello y me devuelve las caricias cerca de mi oreja. Al poco rato deja de hacerlo y su respiración se hace más pesada.
Suspiro cuando me doy cuenta de que se ha quedado dormida.
-Estoy loca por ti, Lexa -susurro a pesar de que ya no me escuche-. Yo no me voy a marchar a ninguna parte.
Boom! Ahí tenéis vuestra escena de sexo en el sofá, nunca dije que no fuese a llegar ;)
Espero que no decepcione y ya me diréis lo que os parece. Muchas gracias!
