Capitulo XI
Estático frente a la ventana contemplaba distraído las luces de la ciudad que titilaban atrayentes a compartir su vida con las despiertas calles de Seúl, repasaba con cansancio las últimas horas de la noche y suspira exhausto sin saber a ciencia cierta cómo continuar ahora.
A tan solo pasos de distancia podía observar entre las sombras el cuerpo menudo de Taemin que dormitaba un poco luego de que le obligase a descansar, tan solo tenía que cerrar los ojos y podía evocar el perfecto recuerdo del pelirrojo de rodillas con toda la vestimenta destruida, temblando de miedo en el suelo. Olvidado estaba Minho, su primer instinto había sido el tomar al pequeño entre sus brazos y escapar.
Taemin se dejaba hacer sin mucha consciencia y posa la mirada sobre el gigantesco hotel del cual podía observar como fotógrafos entraban apresurados con sus cámaras listas para adueñarse dela primicia, los furiosos flashes le nublan la vista, solloza por lo bajo y Jonghyun le rodea los hombros con un brazo para intentar clamarle aunque fuese solo un poco. El llanto escapa de su garganta sin poder siquiera modularlo y termina hipando con furia hasta que su cerebro le ataca con la idea de que Taeyeon se ha dado cuenta de su identidad.
—¡Jong-Jonghyun-hyung! —El rubio concentrado en llevarle lejos gira el rostro por momentos para hacerle saber que tiene su atención y no puede evitar arrugar el entrecejo preocupado. —Hyung… Taeyeon sabe.
Y así era como habían llegado justo donde estaba ahora, con la mente sobre expuesta a la cafeína, con teorías llenas de conspiración sobre qué hacer ahora, ¿qué pasaría con Minho? ¿Con la Compañía? ¿Con Taemin?
Los quejidos acortados de Taemin captan su atención y se gira presuroso para llegar a su lado, sentado en el suelo le toma de la mano y el pequeño solo puede llamar a Minho entre sueños, lo que le ocasiona una opresión desagradable en el pecho. Le remueve con cuidado y sonríe despacio al verle despertar.
—Hey dormilón —a Taemin le cuesta enfocarse pero una vez que se percata del lugar donde se encontraba, las lágrimas se amontonan de nuevo en sus ojos.
—Hyung —el pequeño salta a sus brazos y se esconde el rostro en su pecho al tiempo que sus hombros se sacuden sin contemplaciones; Jong solo puede abrazarle y dejar palmadas en su espalda.
Con una nueva taza de café entre los dedos y un Taemin más tranquilo, Jonghyun sopesa la manera de tener esa conversación sin parecer… parecer… ya ni siquiera sabía lo que sería por expresar lo que rondaba su cabeza.
—No podemos decirle a Minho —o tal vez Taemin pensaba lo mismo que él.
—Creo que sería lo mejor —un sorbo a la bebida caliente y se levanta con el cuerpo entumecido. —No sé qué podría hacer Minho ahora si se entera que Taeyeon te ha visto.
—Aunque en el fondo yo soy el que está asustado de lo que ella pueda hacerle a él.
—¿A qué te refieres?
—Solo… Solo no quiero ser un inconveniente para Minho ahora —Taemin se remueve en su asiento y observa a Jonghyun con determinación.
—Escúchame bien Taemin —toma las manos del chico entre las suyas y les un buen apretón. —Tú jamás has sido ni serás un inconveniente para Minho, jamás.
—Es que… Hyung… Él ha trabajado tanto y yo solo llegue a molestarle la vida y ahora… Ahora Taeyeon solo tiene que decir una palabra y todo lo que Minho ha construido podría venirse abajo. —Estruja sus ojos con fuerza para evitar llorar, ya estaba cansado de eso.
—Entiendo tu preocupación pero Minho no es así de débil, no por nada él ha tenido que lidiar con madre todo este tiempo y estoy seguro que él no dejaría que ninguna de las dos, ni madre ni Taeyeon, te hicieron daño. —Sus palabras sinceras le sacan una sonrisa.
—Gracias, hyung —abraza al rubio y luego de estar tan conmocionado finalmente logra sentirse calmado. —¿Hyung?
—¿Si Taemin? —El hombre le habla entre susurros sin soltarle.
—¿Y Minho? —Ante la mención del castaño Jonghyun se separa del pequeño y busca entre los bolsillos su celular; la fiesta de la compañía se había vuelto un mar de gente y las luces cegadoras que en su prisa de alejar a Taemin de ello, Minho había quedado atrapado. El aparato se había quedado sin batería así que luego de encontrar su cargador y hacer que el teléfono funcionase, lo enciende recibiendo al instante una llamada de Minho.
—¡HYUNG! —Jonghyun tiene que alejar el teléfono de su oído o teme quedará sordo de por vida. —¡Te he estado llamando toda la maldita noche! ¿Dónde demonios estás? He estado buscando a Taemin por todos lados y no puedo encontrarlo, por favor dime que sabes dónde está. —El rubio gira sobre sus talones y abre la boca para decirle que no tenía nada de qué preocuparse, que él cuidaba de Taemin y que lo haría mientras él lograba resolver el asunto con la vicepresidenta pero una sola mirada al pequeño basta para que pierda el habla. Taemin niega despacio dándole a entender que no estaba listo para enfrentar la verdad, al menos no aun.
—No —responde en un susurro. —No sé dónde está. Le estuve buscando por el hotel pero no pude encontrarlo.
—¡Maldición! —El hombre habla tan de prisa que Taemin no puede descifrar lo que estaba diciendo.
—No te preocupes Minho, Taemin aparecerá.
—¡Qué no me preocupe! No puedo solo quedarme tranquilo sin saber dónde está.
—Lo sé Minho, pero ya es muy tarde, deberías irte a casa.
—No hasta que le encuentre hyung —y así sin más el castaño corta la comunicación. Jong cae pesado en el sillón y lanza el teléfono sobre la mesa más cercana.
—¿Y ahora qué?
Horas apenas antes del amanecer se adentra en su departamento y no puede evitar contemplar la estancia que ahora le parecía muy espaciosa y solitaria para su gusto. Deja las llaves en el lugar de siempre y arrastra los pies con pesar hasta el baño, se lavaría la cara, cocinaría algo de comer y saldría una vez más en busca de Taemin.
Ya había visitado los lugares que solía ir con frecuencia aunque todos parecían desolados a causa de la hora, quizás a plena luz del día tendría mayor suerte; no puede evitar adentrarse en la habitación que le correspondía al pequeño y queda sentado en la cama, que si bien le pertenecía ahora le parecía extraña, ajena. Deambula por las cuatro paredes apreciando con atención los objetos personales que correspondían a Taemin, sus rodillas flaquean y mentalmente agradece el soporte al encontrar muy bien doblada la bufanda color menta que le había obsequiado por su cumpleaños, justo cerca de su almohada.
—¿Dónde estás? —Pregunta a la nada sintiéndose inseguro, su primera reacción había sido buscar a su madre para entender lo que sucedía que jamás reparó en que Taemin debía estar igual o aún más confundido que él y ahora estaba pagando las consecuencias de su torpeza, pero Minho simplemente no descansaría hasta tener a Taemin nuevamente a su lado.
El teléfono llama su atención y contesta con prisa al creer que podría tratarse del pelirrojo más se lleva una decepción al escuchar el tono tranquilo y monótono de su madre al otro lado de la línea.
—Te quiero en la oficina en una hora, debemos dar una conferencia de prensa luego del revuelo que causaste en la fiesta de la compañía.
—¿Yo lo causé? No querrás decir que lo has causado tú cuando decidiste proclamar un matrimonio arreglado ante todas las personas presentes.
—¡Minho! Cuida tus modales.
—En este momento no tengo nada que cuidar y creí haberte dejado en claro que no voy a casarme ni voy a volver a la compañía.
—¡No digas tonterías!
—¿Mi vida te parece una tontería?
—Tu actitud es una tontería. Deja de comportarte como un niño que hay asuntos importantes que atender.
—No, madre. Entiéndelo… Renuncio.
El constante repique de un teléfono celular que en definitiva no era el suyo le hace arrugar el rostro en molestia y se despereza aun con los ojos cerrados; tambalea por la sala y cae como peso muerto sobre el sillón contrario a donde había dormido, el rostro apagado de Taemin le recibe más el pequeño no le prestaba atención, el pelirrojo concentraba la mirada sobre el aparato telefónico que no había parado de sonar desde el momento en el que lo había encendido y ahora sopesaba el volver a dejarlo apagado con tal de no tener que seguir leyendo el nombre que aparecía en la pantalla. Luego de que la llamada finalmente terminara era el turno de su propio celular para que comenzara a sonar anunciando una llamada, comparten una fugaz mirada y contesta.
—¿Madre?
—¡Gracias al cielo por contestar! —El rostro de Jonghyun muestra toda la confusión que estaba sintiendo. —Jonghyun necesito que vayas al departamento de Minho y hables con él. A ese tonto muchacho le ha entrado la ridícula idea de renunciar a la compañía.
—¿Renunciar? ¿De qué está hablando?
—Sí. Simplemente se niega a estar en la compañía, me ha dicho que renuncia y me ha colgado el teléfono.
—Voy para allá —escucha la línea caer y queda en silencio por momentos, sabe que Taemin ha escuchado lo que madre había dicho, no por nada había dejado el alta voz encendido en la tonta creencia de que quizás se trataba de Minho.
—Hyung…
—Es mejor que te quedes aquí. Yo iré a hablar con él.
—Pero…
—Solo espera un poco, yo intentaré calmarle y luego tú podrás ir al departamento cuando estés listo. —Después de una ducha rápida sale con un solo objetivo en mente.
Jonghyun no estaba preparado para la imagen que presentaba Minho en aquellos momentos, aunque si se sinceraba realmente no sabía que esperaba. El castaño aún tenía el traje de la noche anterior, el cabello disparado en todas direcciones, los primeros botones desabrochados, las mangas todas desarregladas por encima de los codos y qué decir de sus pies descalzos, habían pasado años desde que había visto a Minho fumar; era una extraña ansiedad que se volvía pasajera luego de los exámenes finales en la facultad, y claro estaba, justo después del desastroso modo en que su corta carrera dentro del futbol había terminado, tal parece que algunas cosas no cambian.
—Hey Ming
—Hey Jong —Minho abre la puerta por completo cediéndole el paso al departamento. —¿Café?
—Por favor —no importaba que no pudiese dormir bien debido a la cafeína, algo debía circular por su sistema para lograr encontrar una salida. —Madre ha llamado. —Minho asiente ante sus palabras como si lo estuviese esperando. —Me ha dicho que piensas renunciar. —El rostro del castaño se desentona ante su elección de palabras.
—No lo pienso. Renuncié.
—¿No estás hablando en serio o sí? —El rubio le observa incrédulo.
—Nunca antes he hablado tan en serio.
—¿Pero estás seguro? —La inseguridad de Jonghyun se hace presente.
—Sí
—¿Y todo por lo que estabas trabajando? ¿Los proyectos?
—Nada de eso importa si tengo que vivir como una marioneta de mis padres.
—¿Y Taeyeon? —Le toma unos momentos saber qué contestar.
—Sabes perfectamente que no podría estar casado un día como si fuera un mero capricho, no es solo mi vida. Es la vida de ella también.
—Esa no es la única razón por la que le has dicho a madre que no vas a casarte con ella —era más una clara afirmación que una pregunta.
—No
—¿Y Taemin? —Al escuchar el nombre del menor, Minho suspira y despeina su cabello.
—No puedo encontrarlo.
—Eso no fue lo que pregunté.
—Lo sé.
—¿Y qué piensas hacer?
—¿Qué debería hacer?
—No lo sé Ming.
—Solo quiero tenerle en mi vida hyung —el cansancio se hace presente en sus facciones. —Pero no puedo obligarlo a estar aquí, ni mucho menos lidiar con todo el drama y el estrés que implica sobrellevar los asuntos de mi familia. Es muy joven aun.
—No puedes tomar esa decisión por él, quizás él quiera permanecer a tu lado.
—Quizás no.
—Lo estás tomando a la ligera —deja de lado el café frío. —¿No eras tú el que decía era un chico centrado y maduro para su edad?
—Aun así, no podría obligarle a cargar con algo para lo que no está preparado.
—Quizás tengas razón.
En un abrir y cerrar de ojos las festividades habían terminado, atrás quedaban los villancicos y los fuegos artificiales en lo que el invierno se hacía más crudo.
La prensa le seguía a todos lados, estaba en pleno apogeo la gran noticia del compromiso entre el joven Choi Minho y la señorita Kim Taeyeon, era la sensación del momento y la castaña los disfrutaba al máximo, él lo sabía. Aun existían aquellos periodistas que no se conformaban con las declaraciones de sus padres, ni de la misma Taeyeon y los que especulaban sobre la falta de un anillo de compromiso por su parte.
Por su lado Minho se mantenía en su departamento, perdía las horas frente al televisor y se negaba rotundamente a poner pie en la compañía hasta que su madre diese su brazo a torcer con toda esa pantomima. Por las noches salía a dar paseos largos aunque terminase con los labios amoratados y las manos entumecidas, así era menor la posibilidad de ser reconocido y desde el momento en que se adentraba en la calma de algún parque, marcaba el número telefónico que se había aprendido de memoria aunque el resultado fuese siempre el mismo.
El buzón de mensaje era lo único le esperaba hasta que un día al regresar a casa se percata de que la puerta principal se encontraba sin cerrojo.
Inspecciona la pieza con cuidado y bate en mano hasta que se fija en la habitación que no había tocado desde hace semanas, la cual ahora se encontraba completamente vacía, carecía de total personalidad y de toque humano, como era justo antes de que Taemin llegase a su vida. Taemin.
Corre por el departamento con premura buscando entre ansioso y desesperado más lo único que le esperaba era el juego de llaves que había destinado al pelirrojo cuando llegó a vivir con él y una escueta nota que consistía en un mero trozo de papel con las palabras 'Lo siento' escrito con cuidado.
Caminaba tranquila una mañana por las calles congeladas de Seúl y sonríe para sus adentros, semanas habían pasado ya desde que el compromiso hubiese sido anunciado y desde entonces se veía seguida de fotógrafos que le detenían para hacerle preguntas aun cuando junto a su padre y la vicepresidenta habían dado una conferencia de prensa para asegurar el compromiso; todavía con la ausencia de Minho, bajo la falsa creencia de que el hombre prefería mantener su vida al margen y concentrarse solo en los negocios, aunque algunos comenzaban a cuestionar el comportamiento del más joven al no poder encontrarle si quiera a las afueras de la empresa y traían a colación la misteriosa mujer con la que había sido visto en varias ocasiones junto a su gran amigo Kim Jonghyun pero Taeyeon era ágil para desviar las preguntas innecesarias.
Se escuda bajo lentes de sol poco necesarios para el clima y entra en la confortante calidez de una nueva cafetería que habían inaugurado justo lejos de las concurridas calles cercanas al metro. En espera de su macchiato estaba cuando una figura conocida llega a su campo de visión, a tan solo metros y un par de sillas de distancia no estaba ningún otro más que Jonghyun, más el hombre no se encontraba solo, no. A su lado estaba aquel chico que les había engañado a todos al hacerse pasar por una mujer y más para acercarse a Minho, ahora que se le había presentado la oportunidad iba a decirle todo lo que en verdad pensaba de él, o eso hubiera hecho de no ser por la media conversación que llega a escuchar.
—Es Minho —habla Jonghyun al revisar el celular que había comenzado a vibrar sobre la mesa.
—No puedo hacerlo.
—Minnie… Tienes que hablarle —el mayor entrelaza los dedos sobre la mesa expectante, Taemin sin dirigirle palabra toma el aparato y contesta.
—Minho —por momentos la línea queda en silencio, manteniéndose a la expectativa de lo que sucedería después.
—Es la primera vez que te escucho llamarme solo por mi nombre Minnie —su voz ronca, áspera le hace estremecer y por otro lado le preocupa.
—Suelo llamarte solo por tu nombre en mi cabeza —aquella respuesta le causa gracia y le hace reír por lo bajo. —Me voy mañana hyung.
—Lo sé —aunque no lo hubiese dicho jamás, Minho tenía marcado en un pequeño calendario escondido bajo carpetas en su oficina, ambas, la fecha en la que Taemin debía partir; no mentiría, se había hecho una idea de cómo sería el llevarle él mismo hasta el aeropuerto y las semanas siguientes seguir su rendimiento y la forma en la que se acoplaba con tranquilidad, le había dado instrucciones a Jonghyun no solo con respecto a la beca sino también al hecho de tener un lugar rentable en el que vivir, ya luego el pequeño se mantendría por sus propios medios. Ahora las cosas habían cambiado.
—¿Hyung?
—¿Si Minnie?
—¿Cuídate, si? —Sonríe fugaz y suspira silencioso. —No olvides de comer, sobre todo el almuerzo en la oficina y ten por seguro que lo sabré, además Jonghyun-hyung te estará vigilando aunque falte al trabajo. —Ahora no solo Minho ríe, Jong le acompaña. —Tú me diste todo lo que soñaba y más, así que no tengo palabras suficientes para agradecer todo lo que has hecho por mí, pero no te preocupes. No te preocupes por mí, yo voy a estar bien.
—Eso lo sé.
—En su lugar —se remueve en su sitio incómodo pero sabe que lo que tiene para decirle es importante. —Preocúpate por Taeyeon-ah. —Ante el comentario Jonghyun baja la mirada jugando con sus dedos mientras la aludida sujetaba con fuerza su vaso plástico que comenzaba a enfriarse. —Hyung… Ella va a ser tu esposa, no puedes solo ignorarla y sobre todas las cosas no puedes renunciar a la compañía. —Antes de que Minho pudiera replicar. —Sí, lo sé, Jonghyun-hyung me lo dijo.
—Traidor —suelta sin más sonriendo, arrancando una diminuta sonrisa al pequeño.
—Minho… Debes hacerla feliz —cubre su boca al sentir las lágrimas alcanzar sus ojos y sollozos sobre sus labios. —Debes… Debes ser feliz. Minho si tú eres feliz, entonces yo seré feliz, sin importar donde esté. —De cuenta nueva permanecen en silencio hasta que la voz susurrante de Minho se oye clara en sus oídos.
—Yo… Yo no quiero… No quiero ser feliz sin ti —su corazón retumba presuroso y adolorido. —Yo te amo. Te amo Minnie.
—Y yo te amo hyung —segundos más tarde corta la comunicación y lanza el aparato hacia Jonghyun para dar pie a la tristeza que se acumulaba en su semblante; sus hombros se estremecen y muerde con fuerza sus labios, no quería causar una escena, bastante tenía con huir de los fotógrafos que repentinamente se aparecían por los alrededores del departamento de Jong; tenía suerte que algunos no le reconocieran por el solo hecho de cambiar su vestimenta, pero no podía confiarse.
Jonghyun ofrece como único consuelo unas leves palmaditas sobre su cabeza y le acaricia el cabello en un acto fraternal, alzando la mirada cree reconocer la silueta que salía con prisa del local pero quizás solo estaba confundido.
