12. Salidas
Su cuerpo estaba adolorido, como si un gran estrés se hubiera marchado dejándole un gran cansancio, menos mal que estar en cama mitigaba esa sensación, no quería levantarse, pero el aroma a panqueques junto al lejano ruido de la calle le obligó a desperezarse. Recordó dónde y con quién estaba. Apenas se incorporó el joven se acercó sonriente, dando los buenos días, tratando de ser amable, sin ser demasiado romántico para evitar una impresión no deseada para la castaña.
-Buen día, preparé algo de desayuno, ¿tienes hambre?, has dormido bastante.
-Estaba cansada, últimamente me siento así, ¿dormiste tú bien?, ese sillón no es muy cómodo, todo es mi culpa.
-Ya hablamos de eso- tuvo que interrumpirla, porque vio el desasosiego en sus ojos-. Es un sillón, nada que no se pueda arreglar- le brindó una sonrisa que ella no pudo rechazar, al contrario se levantó para desayunar a su lado.
Tenían poco tiempo para planear la boda, en esa segunda ocasión deseaba que todo fuera más privado, un evento alejado de la presión, del escándalo, algo que no turbara a su prometido. Si pudiera se casaría esa misma noche a escondidas, pero no era lo correcto, tenía que esperar, pero cada minuto le parecía eterno.
Al menos le aliviaba saber que sus padres estaban de buen humor, como si la acción del rubio les complaciera, como si nunca hubiera pasado nada, pero así se manejaban las familias adineradas. Solían olvidarse de todo rápidamente, más bien ocultaban aquello que les parecía vergonzoso, pero siempre que era necesario, sacaban a relucirlo, para hacerles ver a otras familias que todos tenían secretos.
Había desempolvado el vestido, enviado invitaciones al sector más selecto de sangre pura, el diseño del pastel sería exclusivo, ahora debía elegir una canción, la cual sería su primera pieza como marido y mujer, pero deseaba que Draco se involucrara, deseaba pedirle su opinión, al menos podrían hacer eso juntos. Decidió visitarlo.
Desde su obligado regreso su padre lo mantenía vigilado, en verdad no había necesidad, pero el elfo doméstico rara vez se despegaba de su lado, apenas y tenía privacidad en la ducha y al dormir. Trataba de ser cordial, ya soportaba comer en presencia del patriarca Malfoy, si se prestaba la ocasión le dirigía unas cuantas palabras.
La boda no era importante para él, no era su sueño, era el de todos los que le rodeaban, por eso los dejaba decidir, ocasionalmente le preguntaban sobre flores y asuntos que consideraba femeninos, la única boda que venía a su mente, era la que ilusamente había planeado con Hermione, o su dulce Hermione, no tenía noticias de ella, ni siquiera un rumor. A veces se cuestionaba sobre si realmente ella fue parte de su pasado, la respuesta era afirmativa, los recuerdos lo traicionaban; y allí, en la Mansión Malfoy, ya no estaba un loco Dumbledore en quién pudiera confiar; ni siquiera su madre le daba esperanza de nada, quizá estaba más aprisionada que él.
El elfo entró a su habitación. Malhumorado, sabía que no era confiable, no podía comprar su lealtad, no iba a arriesgarse. Lo escuchó.
-La señorita Greengrass, su prometida, está aquí para verlo. Su madre pide que no la haga esperar.
Órdenes, a eso se resumía su estancia. Una vez casado eso iba a cambiar.
-En ese caso iré enseguida- maldijo para sus adentros.
Caminó apresurado, le causaba placer sentir al elfo correr tras él para seguirle el paso con sus cortos y descalzos piececillos, con una agitación apresurada casi bufando de coraje. Al alcanzar la sala, lo dejo al llegar la sala, estando su madre presente el elfo podía dejar de seguirlo.
-Mi hermosa prometida- dijo sonriente- se aproximo a ella que esperaba un beso en los labios, pero tuvo que conformarse con recibir un beso insípido en la mano.
Si su madre se dio cuenta de ello no dijo nada, le bastaba con que su hijo dejará sus habitaciones e intentara socializar, sin más dejo la plática con su futura nuera para darles privacidad.
-Hay mucho que platicar y planear, así que los dejo. Si necesitan algo estaré en la terraza.
Una vez solos el elfo apareció discretamente tras una puerta, sin interrumpirlos. Se quedaron callados, no había indicios de que el chico quisiera conversar, así que Astoria se vio en la necesidad de tratar de sacarle las palabras.
-¿Quieres sentarte?- a cambio recibió una respuesta grosera.
-A menos que vaya a tardar.
-No era mi intención quitarte el tiempo, sólo deseaba consultar detalles de la boda. Me doy cuenta de que no es tan importante para ti como lo es para mí. A lo mejor te estamos presionando, ¿quieres esperar más?
-No, no- su tono era ahora conciliador- no es necesario, es que me siento aprisionado aquí, no he tenido tiempo de asimilarlo, no intento justificarme, pero no he tenido unos días placenteros, si tan sólo pudiera salir unas horas, ir a mi propia casa.
-Podemos ir, si vamos juntos tu padre no debe negarse. Confieso que también estaría a gusto a solas- parecía tímida, pero dispuesta a ayudarle.
-Bien, dame unos minutos y estaré de vuelta.
Tom, el portero no reconocía a ese nuevo Viktor, sonriente, deseoso de recuperar a Hermione, aunque ella lo ignorará, el búlgaro le contó sobre su temor de perderla tra vez, el joven lo tranquilizó y recomendó tener cautela, no apabullarla, dejar a un lado los celos, de esa manera crearía un nuevo vínculo con la chica.
-Ahora cree en ti, por lo que me has contado, ese Malfoy la abandonó a su suerte, eso es difícil de perdonar. Ahora eres tú quién tiene la labor de reconstruir su corazón herido, ¿quieres que le escriba a tu madre algo?
-No, aún no. Veamos cómo progresa esto. De cualquier manera se acerca la copa y viajaré o viajaremos a Bulgaria, si todo sale bien.
-¿Es una buena idea?, tu madre es una persona difícil de complacer y lo que te hizo esa chica, dejarte en el altar y demás no es algo que vaya a olvidársele tan rápido.
-Lo sé, pero no es nada que deba preocuparme de momento.
Sentado en su oficina, arreglando estorboso papeleo, Lucius volteó al escuchar el picaporte girar.
-¿Qué quieres?- fue seco al ver que su hijo se acercaba.
-Las llaves, de mi casa- fue autoritario y retador.
Interesado Lucius se acomodó como si el asunto fuera interesante. Cruzó los brazos y dio su veredicto.
-No, ¿Por qué habría de cometer semejante estupidez dados tus antecedentes?
-Me tratas como a un niño- fue su reclamo-. Pero no te das cuenta de que soy un hombre.
-¿Me culpas por tus actos?, yo no elegí huir con una "sangre sucia", yo no elegí deshonrar a nuestra familia, a pesar de todo ¿vienes aquí y te pretendes exigir lo que debes ganarte? Tienes suerte de llevar mi apellido, de que los Greengrass te aceptaran, otros en su lugar preferirían llevar el deshonor que permitirte casar con su hija.
-Quería acosarme con ella, pero veo que mis intentos son en vano.
Lo dejo con la boca abierta, una declaración así no la esperaba el rubio, menos de su hijo que no se mostraba muy interesado en nadie que no fuera su castaña. Escuchó el argumento que tenía el joven.
-Si he de pasar mi vida con ella, al menos tengo derecho a empezar a acostumbrarme, a gozar de los beneficios, padre.
Esperaba en la estancia, como habían acordado, no tenía ni idea de lo ocurrido en el despacho del señor Malfoy, incluso se deleitaba con un pastelillo que el elfo le había llevado, tras el último bocado, escuchó pasos, y lo vio con una sonrisa. Draco agitaba las llaves por lo alto, victorioso.
-¡Vámonos!- en un gesto de cariño le dio la mano.
Si iba a pasar un tiempo allí, era necesario hacer compras, algo de ropa, más comida, incluso libros. Se estaba convenciendo de que estar allí no sería tan malo, a veces al ver a Krum, sentía ternura por sus atenciones, era caballeroso, no parecía el chico tímido de antaño. Hacía bromas, platicaban por largos períodos antes de dormir, hasta tenía paciencia para responder sus dudas sobre quidditch.
-Voy al callejón Diagon de compras- anunció esa mañana a un sorprendido Viktor que casi tira su bebida ante aquellas palabras, era la primera vez desde su llegada que deseaba salir.
Él tuvo como primera reacción mental decirle que la acompañaba, pero recordó los consejos de Tom, sobre dejarla ser, ella no era cualquier mujer, era inteligente e independiente, así que asintió.
-Claro, ¿puedo encargarte el diario?, y ya casi se acaba el jugo.
-No hay problema- sintió que necesitaba darle algo de seguridad al joven. No pensaba abandonarlo-. Dejé libros y algunos artilugios que ahora necesito. Un par de horas a lo mucho. Pero si hay algo que necesito, unos cuantos galeones, prometo pagártelo- había enrojecido, no estaba acostumbrada a pedir dinero.
El pareció no darle importancia al hecho, no deseaba avergonzarla. Sabía que por Malfoy había abandonado sus pertenencias, por eso estaba allí.
-Puedes tomar lo que necesites del cajón- señaló hacia el lugar algún día compartiremos más que el dinero, no era que fuera excesivamente rico, no vivía con los lujos de los opulentos, pero tampoco se privaba de nada, de ser por él, le daría más que su dinero-. Es un regalo no necesitas devolverlo. Y no quiero que discutas.
-Gracias- se acercó a él y le plantó un beso en la mejilla.
