Canción: Contigo/ Mariana Vegas y Nadie como tú/ La oreja de Van Gogh
-*Teoría Uchiha*-
Itachi llegó al fin a su casa, dejó a un lado su bolso de viaje, en el que había llevado sólo unas pocas cosas pero aun así era algo pesado. Así como llegó se adentró a la sala y prendió la televisión. Estaban hablando de la Radio, era justo lo que quería oír. Sasuke entró detrás suyo y se tiró en el sofá, despatarrado, después de cerrar la puerta tras su espalda con llave.
—Dirán muchas idioteces, y pocas serán verdad —Dijo a su hermano mayor.
—Sí, pero de todas formas voy a escuchar —Se sentó a un lado de su hermano, en el poco lugar que había dejado. Itachi se sobó las palmas de las manos contra las rodillas y observó con detenimiento la televisión. Pero no pasó mucho tiempo hasta que se cansó de las idioteces que los periodistas decían; había teorías de que había muerto más de una persona, otra que decía que la policía no quería que nadie fuera a la playa por meses porque podía haber sido un asesinato, y otras tantas cosas. El joven terminó bufando por la absurda información que daban y apagó el televisor.
—Te lo dije —Se burló Sasuke divertido.
—Debería hacerte caso más seguido —Itachi se levantó y se dirigió a la cocina, Sasuke lo siguió y al pasar por la puerta prendió el equipo de música que tenían a un lado de la abertura.
—Tal vez, en la radio sí digan algo, después de todo es su Radio… Están implicados directamente —Itachi asintió, aunque lo único que se oía era una canción de Mariana Vegas.
El mayor de los hermanos abrió la nevera y comenzó a mirar dentro, buscó entre múltiples productos pero no pareció decidirse por nada.
—Hay galletas en la encimera —Dijo Sasuke señalándolas. Itachi cerró de inmediato la heladera y busco en donde su hermano le decía. Eran caseras, una vecina las había traído la semana anterior, eran de las que a Itachi le gustaban, llenas de pepas de chocolate. El joven se regodeó con el descubrimiento.
—No dicen nada en la radio tampoco —Dijo comiendo una galleta entera.
—Y encima están pasando música horrible.
—No es horrible, es romántica —Discutió el mayor comiendo otra galleta, Sasuke se acercó, se posicionó al lado de su hermano mayor y tomó una galleta, era muy grande para metérsela entera en la boca, no sabía cómo hacía Itachi. Volar aunque no haya cielo y reencontrarme contigo. Y quiero esta misma alma para no olvidar lo aprendido.
—¿Te acostaste con la rubia de la cafetería?
—Ah, Ino… Sí, me plantó olímpicamente —Itachi comió otra galleta más.
—¿Qué dices? —A Sasuke le sorprendió mucho, no era una mala sorpresa; solían, las mujeres, idolatrarlos hasta la muerte (Bueno, eso creía, ninguno de los dos había muerto aún)
—Cuando desperté ya no estaba. Tal vez no le gustó —El chico se encogió de hombros—. Es una lástima, es una chica muy atractiva. Me hubiera gustado una segunda salida con ella…
—¿Segunda salida, estás drogado? —Itachi sonrió y mordió un pedazo de otra galleta.
—No —Yo quiero vivir mil veces y las mil veces contigo, yo quiero vivir mil veces...—. Ya tengo veinticinco años y nunca tuve una relación estable, creo que es hora.
—¿Y querías salir con Ino, la camarera?
—No sé por qué te sorprendes tanto, Sasuke… —Itachi le sonrió y acabó otra galleta. Y cuando nos despidamos, prometo no lloraré, no es adiós ni muchas gracias, es un te encontraré— Ya estoy grande y es lo que quiero, y ella es muy hermosa.
—Sí, pero no creo que sea del tipo de chica que quiere una relación estable.
—Y tú te acuestas con chicas que sí desean relaciones estables.
Sasuke sonrió. Su hermano no lo comprendía. Y sé bien que algunas vidas serán más duras que otras, quizá nos tome más tiempo, pero eso al final no importa porque me llevo mi alma para no olvidar lo aprendido; y es que viviré mil veces y las mil veces contigo, es que viviré mil veces...
—Todas las chicas tienen fantasías, no importa si son más o menos recatadas que otras. No obligo a nadie a acostarse conmigo, ellas lo desean, yo sólo se los cumplo.
—Sí, pero ellas luego esperan tu llamado por días— Itachi lo miraba intrigado, Sasuke veía a su hermano comer con una media sonrisa.
—Eso no es mi problema. Yo les cumplo sus fantasías y después de eso ellas tendrían que liberarse un poco más… Si me esperan como tontas es porque es lo que son —Itachi rio sin comprender muy bien a su hermanito. Comió otra galleta. Y tendremos otro cuerpo, pero con las mismas alas, y tendremos otros ojos pero las mismas miradas, si vuelvo a vivir la vida, la volvería a empezar con la meta de llegar juntos con las mismas alas para no olvidar lo aprendido; y es que viviré mil veces y las mil veces contigo, y es que viviré mil veces y las mil veces contigo.
—Ya vas a enamorarte y dejarás de lado ese libertinaje tuyo— Susurró el mayor sonriente. Sasuke rio esta vez.
—No me enamoraré Itachi, así no soy yo… Y en el muy, muy hipotético caso de que eso pasara no dejaré mi vida sexual a un lado.
—Cuando te enamores no querrás serle infiel a tu novia, Sasuke.
—No hablo de infidelidad, hermano —Interrumpió el menor tomando otra galleta del plato que su hermano tenía entre los brazos, como si fueran sólo suyas y de nadie más—. Ya te dije que todos tenemos fantasías, hablo de seguir cumpliéndolas sin importar qué… Con mi pareja claro. Y cumplir también sus fantasías… Las cosas serían más interesantes.
—Siempre tan sexual, Sasuke —Itachi se carcajeó comiendo otra galletita más y saboreando el chocolate.
—Todos somos seres sexuados, Itachi —Volvió a tomar una galleta—. Mira a nuestro alrededor, tener una patética relación tradicional lleva a todo mundo al divorcio. Hay que ser más abiertos de mente. La gente quiere variedad, quiere tener sexo con libertad, en las parejas tradicionales eso no puede lograrse, siempre hay celos e impedimentos de por medio… Es mejor ser compañeros y tener sexo libremente, ya sabes… Cumplir las fantasías de los dos… Sin infidelidades, pero con confianza.
—Tu teoría me deja sin palabras, hermanito —Sasuke volvió a reír y tomó otra galleta; comenzó a caminar hacia la puerta para ir a descansar un rato a su habitación.
—No es «mi teoría» son las bases de la filosofía swinger.
Itachi lanzó una carcajada nuevamente, ahogándose con trozos de pepitas que iban pasando por su garganta en ese momento.
Sakura había terminado una exhaustiva limpieza de la mano de la música que sonaba a todo volumen en la pequeña sala, cocina-comedor, de su casa. Sus padres aún trabajaban abajo, no la habían ni registrado al llegar. Y Sakura estaba tan acostumbrada a ese trato que ni lo había notado. Nadie la había llamado por teléfono, estando allá en la fiesta, ni le había mandado un texto preocupándose por ella. Suspiró y dejó el trapeador que tenía entre las manos a un lado. Ahora sí estaba todo en orden como para poder tener un descanso merecido. Comenzó a prepararse un café con leche y a hacerse tostadas con una sonrisa de suficiencia.
Todo estaba bien, al fin y al cabo. Las primeras horas de la fiesta habían sido increíbles, alucinantes, llenas de risas y diversión; con música y luces de colores parpadeantes, tragos que hacían picar la garganta y gente agradable saltando por todos lados. Después estuvo ese momento de intensa adrenalina y las escapadas de todos, pero al final, todo había salido bien. Las chicas se habían reencontrado, Ino la había pasado de maravilla, Tenten había tenido oportunidad de hablar con su amor platónico, Naruto había cantado, Karin, de cierta forma, había tenido un momento de paz con Suigetsu y ella… Sakura, había visto a ese chico tan bello y distante, pero extrañamente cálido. Sasuke Uchiha le había hablado durante la fiesta, incluso se había mostrado un poco extraño y había querido defenderla de ese chico pelirrojo aunque él no había hecho nada; defenderla de Sasori. Hubiera sido tan lindo poder intercambiar algunas palabras con él, pero no había podido ser así, así que Sakura no estaba del todo contenta, es que había algo tan diferente en él. Había algo que le llamaba tanto la atención. Había algo en él que la hacía empequeñecer cuando estaba cerca, apenas respiraba cuando sus ojos oscuros se clavaban en ella. Sus labios tiritaban queriendo probar los de él. Se sentía tan rara con él, era tan extraño sentir todo aquello con un completo desconocido. Si fuera un poco más guapa, si tuviera un poco más de confianza en ella misma, lo buscaría, le diría todo lo que sentía, pero ella sabía que eso jamás sucedería.
Kiba llegó a su casa con una irritación mental que no se la sacaría nadie en mucho tiempo. Había tenido la peor puta noche de su vida. Estaba tan enojado con todo y con todos, con él, con Hinata, con Naruto, con la chica fallecida, con la policía, con todos. Había pasado una noche del asco, había visto a su chica coquetear con el muchacho al que había odiado toda su vida, había perdido de vista a la rubia hermosa con la que había planeado pasar una velada excepcional y cuando la chica había sufrido una muerte súbita por su intoxicación previa, Kiba había sido uno de los tantos detenidos por la policía y llevados a la comisaría para pasar una incómoda y estúpida noche, en la que, obviamente, no pudo declarar nada relevante pero aun así lo tuvieron detenido y lo revisaron por si llevaba drogas. Shino y él habían sido «liberados» a las siete y media de la mañana, así que había pasado toda la noche en vela y pasando momentos horribles, en un lugar abarrotado de gente, incómodo y de pie todo el rato.
Abrió la puerta de su casa con tantas ganas de entrar y bañarse que no se podía aguantar. Al poner un pie en el umbral un perro gigante de color blanco con marrón saltó a sus brazos y le lamió toda la cara. Agradecía, casi siempre, el afecto de su perro Akamaru, compañero leal y fiel amigo, pero esta vez ése cariño sólo logró irritarlo más.
—Ya, ya —Lo espantó con las manos y al oír la voz de su hijo una mujer algo regordeta y bajita de pelo castaño y ojos fieros salió por una puerta con un repasador en las manos, secándose la humedad que chorreaba entre los dedos.
—Kiba, mi amor —Se acercó al muchacho con un aspecto preocupado como ninguno— ¿Cómo estás? —El chico evitó los brazos de su madre y comenzó a caminar hacia su habitación.
—¿Cómo voy a estar, mamá? Cansado… Después hablamos —No quiso ser cruel con su madre, así como no había querido serlo con su perro, pero estaba de muy mal humor como para hablar con alguien animadamente por horas. Prefería ducharse y dormir durante un largo tiempo.
Naruto entró a su casa lleno de vitalidad. Había pasado antes por la casa de Bee para ayudarlo a bajar su batería, el hermano de Bee; un hombre trabajador muy parecido físicamente a Killer les había preparado algo de comida y Naruto se había quedado, finalmente, un rato más en la casa de ése hombre. Ahora, había llegado por fin a su casa después de tan agotador día.
—Mamá… Llegué —Se anunció cerrando la puerta con llave y al voltear los brazos flacuchos de su atolondrada madre saltaron sobre él envolviéndolo.
—¡Estás bien mi bebé chiquito! —Le dijo entre sollozos. Minato se asomó por la puerta con una sonrisa compinche, se la dedicó a su hijo y avanzó a grandes zancadas hasta su esposa; libró a su hijo del agarre de Kushina sin dejar de sonreír.
—Sí, mamá, estoy bien, te mandé un mensaje… Y no soy bebé —Aclaró Naruto mirando a su mamá que lo miraba con más afecto que en otras ocasiones.
—Tu mamá estaba muy preocupada por ti.
—Puedo notarlo —Respondió Naruto a su padre. Palmeó a su mamá en el hombro tratando de infundirle tranquilidad y la mujer soltó un sollozo.
—Vamos, Kushina, hoy es nuestro aniversario, te llevaré a algún lado —Dijo Minato tratando de animarla y la mujer asintió con la cabeza como en automático. Naruto sonrió encantado de que lo quisieran tanto, y de que se quisieran tanto entre sí. Cuando veía a su alrededor sólo podía recordar matrimonios fallidos o distantes—. Escuchemos nuestra canción, esa que tanto te gusta… —Estaba diciendo Minato cuando Naruto subía por las escaleras, y antes de cerrar la puerta de su habitación, el rubio oyó cómo comenzaba la canción que su mamá y su papá habían elegido en representación a su amor Nadie como tú de La oreja de Van Gogh.
Su habitación estaba patas arriba como siempre, la cama deshecha, la ventana cerrada, olor a humedad, el escritorio lleno de envoltorios de comida chatarra, una guitarra vieja tirada debajo de la cama. Naruto sonrió. Estaba en su hogar por fin. Cerró la puerta y se tiró de boca entre las sábanas limpias y suaves, abolladas sobre el colchón. Suspiró cansado, y en algún momento se quedó profundamente dormido.
Sasuke despertó bruscamente ante el tacto de su hermano. Se había quedado dormido en el sofá mirando una película de acción, había dormido pocas horas igual que todos, así que su siesta estaba justificada, lo que no entendía era por qué Itachi lo había despertado, pero entonces éste le sonrió como siempre hacía y como leyéndole la mente le dijo:
—No quería interrumpir tu sueño pero saldré un momento con Kisame y pensé que era mejor avisarte.
—Sí… —Sólo atinó a decir Sasuke.
—Volveré temprano, estoy algo cansado yo también.
—Ok.
—Deberías acostarte en tu habitación. Aquí vas a lastimarte.
—Estoy bien —Sasuke se incorporó y se fregó los ojos con los puños para poder ver mejor lo que había a su alrededor. Eran cerca de las cinco de la tarde y afuera, el cielo se estaba tornando oscuro, el sol estaba detrás de espesas nubes blancas, aunque el pronóstico no anunciaba precipitaciones. Itachi bostezó y se palmeó los bolsillos para verificar que tenía encima las llaves, el celular y la cartera—. Sasori dijo que conoció a una preciosura anoche mientras bebía unos tragos…Y que te pusiste algo tenso al verlos juntos. Si vas a actuar con Sakura mejor que sea rápido, no creo que Sasori sea muy paciente, si no lo haces rápido actuará él.
—Sakura no me interesa en lo más mínimo —Susurró Sasuke irritado por el comentario. Sasori de repente le caía muy mal—, pero si veo una oportunidad con ella voy a aprovecharla. Ya sabes cómo soy.
—Lo sé —Itachi comenzó a caminar hacia la salida, y Sasuke decidió que no se quedaría de brazos cruzados. Por más que le había dicho a Itachi aquello no pensaba dejarse arroyar por ningún pelirrojo pervertido, él iba a ganarse a esa chica fuera como fuera. No se iba a dejar pisotear, desde que la había visto enrojecer con su mirada en aquella cafetería había decidido que sería su próxima víctima. La próxima víctima que moriría de placer bajo el calor de su cuerpo y que sucumbiría a sus encantos enamorándose de él como todas las demás lo hacían. Y él la disfrutaría especialmente a ella. Hacía mucho tiempo que una chica no le gustaba tanto, le atraía muchísimo su cabello rosado, su piel suave, sus ojos verdes como esmeraldas. Sus labios rosados. En cuanto recordó e imaginó la forma de esos labios, se acomodó un poco el cabello y salió tras su hermano, directo al Refugio, esperando cruzársela y poder entablar una conversación casual con ella, que los llevara directamente a otro nivel.
Llegó casi a las corridas al lugar, con la respiración agitada. En su interior, no podía comprender por qué mierda hacía tanto esfuerzo por una chica con la que estaría una noche y después no volvería a ver. Se sorprendió al ver el local abierto, no creía que fuera a tener tanta suerte, sin embargo, al entrar no vio a la chica que buscaba. La gente que atendía no era ninguna de las muchachas a las que siempre veía, eran dos personas adultas. Un hombre de pelo extraño con forma de estrella y bigote de un rosa oscuro muy raro; la mujer era rubia y bonita pero eso no le quitaba lo mayor. Tendrían cuarenta años o más. Una vez adentro miró bien, en busca de alguna de las chicas conocidas ¿sería que no trabajaban los fines de semana?
La mujer que atendía detrás de la caja lo llamó con una sonrisa.
—¿Qué necesitabas?
Sasuke ni siquiera había podido idear una excusa por la cual ir al lugar.
—Eeeh… De hecho buscaba a alguien…
—Si vas a esperar a alguien puedes sentarte en alguna mesa y te tomo la orden.
—No, es que… —El chico bufó cansado—, me gustaría un zumo de naranja con hielo, por favor —Se sentó en la barra esperando su pedido. Esa mujer seguramente conociera a Sakura, seguramente sería su jefa o algo así pero no podía preguntarle por ella, no podía arriesgarse a parecer desesperado. Si Sakura se enteraba de que había ido a buscarla la situación se pondría rara. No podía parecer desesperado, tenía que mantener distancias, parecer casual.
—¿Esperas a algún amigo, cariño?
—No, no, olvídelo —Dijo él recibiendo su pedido. Tenía que encontrar información de forma discreta— ¿No suelen atender otras chicas este lugar? —Preguntó como quien no quiere la cosa. La mujer asintió acercándose a su cliente. Era parte del trabajo, ser amable y carismática.
—Sí, de lunes a viernes atienden cuatro chicas jóvenes el lugar. Los fines de semana mi esposo y yo nos encargamos.
—Ya veo.
—¿Eres un cliente habitual? —Preguntó la mujer algo interesada.
—No, hace poco que empecé a venir. Las chicas son amables.
—Sí, estuvieron en la Mega Fest de la Radio esa… Qué susto me llevé —Sasuke asintió bebiendo un sorbo de jugo de naranja.
—Las vi allí…
—¿También estuviste? —Asintió continuando con la bebida— Qué tragedia ¿no? ¿Conoces a alguna de las chicas? —Sasuke miró a la mujer pensando en qué responder a eso, qué le convenía decir para sacar información de esa chica tan linda a la que quería ver.
—A Sakura, pero no la conozco bien.
—¿¡Conoces a Sakura?! ¡Vaya, ella nunca dice nada!
—Es que no hay mucho que decir sobre mí. Repito que no la conozco bien. También conozco a Karin Uzumaki —Añadió rápidamente al ver que la mujer no salía de su incertidumbre al oír el nombre de la pelirrosa.
—Ah, Karin… Sí, la chica de lentes —A Sasuke le sorprendió mucho que conociera tan bien a una de sus empleadas como para animarse de esa forma, mientras que a otra de ellas apenas si la reconocía.
—Sí, esa misma.
—Son todas amigas de Sakura… Las contrató porque le dan buena espina. A la que menos conozco es a la chica nueva, la china…
—¿Sakura contrata al personal? —Preguntó intrigado Uchiha bebiendo más.
—Sí, por suerte ella se hace cargo de todo. Mi esposo y yo estamos muy ocupados con nuestro otro trabajo, pero ella es una chica muy responsable.
—Ya veo… —Seguía pareciéndole extraño pero no podía decir nada al respecto. Lo que él quería era algo de información, algo que le sirviera para poder hablar con ella. Por lo menos algo era seguro, al día siguiente (el lunes) Sakura estaría allí.
—Ni sé por qué acepté quedarme con el lugar cuando mi hermana me lo dio; bueno… claro que sé, fue todo por Sakura. A Sakura le encantaba y no podría permitir que este lugar se cerrara si a ella tanto le agrada. Es lo mínimo que puedo hacer por ella… Ya casi ni hablamos… —La mujer hablaba en un susurro más para ella que para alguien más, estaba pensando en voz alta, parecía angustiada. O más bien arrepentida— es una gran persona, una gran mujer…. Una gran hija, no podría hacerle eso.
Sasuke se ahogó con su bebida. Su hija. Sakura era su hija.
Hinata miraba a su padre con marcada tristeza y angustia. Estaba tan atareado, tan estresado, tan sumido en sus problemas. Esa radio, esa fiesta que iba a ser el pie a un éxito impresionante, terminó trayendo tantos conflictos. Hanabi estaba a su lado, era su hermana pequeña, tenía catorce años, cabello largo y hermoso similar al de la propia Hinata, sus ojos brillantes y blancos estaban vidriosos por la preocupación. La misma angustia que la hermana mayor sentía por su padre. Por todo lo que a él le estaba sucediendo.
—Eso es una mierda —Dijo Hanabi en un susurro cruzada de brazos.
—No hables así, Hana…
—Pero es lo que es.
—Chicas —Habló Hiashi con su voz dura y prepotente, la que ponía cuando las cosas no iban bien— ¿Pueden subir un minuto? Tengo que arreglar unos asuntos aquí.
Hinata asintió de inmediato, y obediente caminó escaleras arriba, sintiendo cómo su hermanita la seguía de mala gana, refunfuñando y pisando fuerte. «Se cree que seguimos siendo niñas, que no entendemos lo que le pasa» susurraba enojada para sí misma. A Hinata el corazón le fue muy rápido. Su hermanita era una rebelde, al comienzo Hinata pensaba que se portaba mal porque había crecido sin una madre que la amara y la cuidara, sin embargo no tardó en notar que Hanabi simplemente tenía esa personalidad. Era rebelde y algo agresiva, especialmente ahora que estaba entrando en la adolescencia. Hinata no recordaba haber sido así, de hecho, el único enfrentamiento que había tenido con su padre en toda su vida había sido en una ocasión, al cumplir diecisiete años, su padre le había pedido que se hiciera cargo de la radio. Algo que ella no deseaba para nada, pero Hanabi tenía enfrentamientos con él todo el tiempo, le recriminaba muchas cosas de su crianza y de otras tantas cosas que no le permitía hacer. Hanabi no se sentía cómoda con su padre, y eso a Hinata la ponía nerviosa.
Acabaron de subir las escaleras y Hanabi se quedó en el último descanso de las mismas, mirando para abajo como si quisiera oír la conversación que su padre tenía con las demás personas de la empresa. La radio era la vida de ese hombre, pero Hinata sabía que Hanabi creía que su padre amaba más a esa radio que a ellas, y eso no era para nada cierto.
Sakura aún estaba sola en su casa, había merendado y se había recostado en el sofá de su living. Todo ahora estaba limpio y ordenado, y aunque seguía habiendo juguetes y pedazos de plástico por el lugar todos y cada uno de ellos se encontraban apilados y en perfecto orden. Nada interfería en el camino. El lugar parecía mucho más grande y espacioso, se podía caminar, correr, incluso bailar si se quería; y ganas a Sakura no le faltaban.
Siempre había ansiado bailar, siempre había admirado la danza y a los bailarines profesionales. Recordaba, que de niña, su madre la había mandado a ballet, pero tras una pelea que había tenido Mebuki Haruno con la profesora de danza, había decidido retirar a su hija de la academia y no inscribirla en ninguna otra. Sakura siempre había sentido que era una asignatura pendiente, no le fascinaba el ballet en específico, de hecho prefería la danza jazz, bailar música pop o algo de rock and roll, pero el ballet le había dado de niña esa flexibilidad que muchos ansían.
De repente una canción muy familiar comenzó a sonar en la radio This love de Maroon 5, hacía mucho que Sakura no oía esa canción y el esqueleto comenzó a moverse por sí mismo cuando la escuchó. Se levantó de su lugar, preguntándose si todavía conservaría algo de su flexibilidad. Quería volver a bailar, profesionalmente, pero se sentía tan nerviosa con eso… Se preguntó si podría decírselo a sus padres. Si éstos podrían permitirse ayudarla a entrar a una academia.
