NdA: Partes de este capítulo fueron inspiradas en la canción "Breaking the habit" ("rompiendo el hábito") de Linkin Park
Capitulo 12.
Draco estaba terminando su cena silenciosamente, ocasionalmente lanzando miradas discretas hacia cierto Gryffindor, cuando el destino decidió lanzarle un golpe bajo. Las puertas del gran salón se abrieron con un fuerte gemido y Lucius Malfoy entró en la habitación determinado. Miró a su hijo con el ceño fruncido y con tanto desprecio, que el corazón del joven Malfoy se aceleró por el puro miedo.
Severus detuvo su discusión con Dumbledore y se levantó, mirando desde la mesa de los profesores al amenazante hombre. El director empujó su silla hacia atrás y se levantó calmadamente, mientras toda la habitación caía en un abrupto silencio.
"¿Qué puedo hacer por ti, Lucius?" Albus Dumbledore preguntó educadamente.
"Me llevaré a mi hijo" Lucius respondió formalmente, ahora mirando al director. "Un asunto que debió haber sido llamado a mi atención por ti," comenzó heladamente," Tuve que oírlo de otras fuentes. Al parecer mi hijo no está recibiendo la atención, ni la supervisión necesaria en esta escuela. Planeo rectificar eso." Esta vez sus ojos se engancharon en los de su hijo y Draco estaba atascado en aquella mirada como una mariposa en un insectario.
"Vayamos a mi oficina para discutirlo y…" Dumbledore no tuvo oportunidad de terminar, ya que Lucius le interrumpió enojado con un movimiento de su mano.
"No habrá discusión. Draco, ven conmigo ahora"
Esto no estaba dicho como una petición y Draco lo sabía. El rubio comenzó a entrar en pánico y sus ojos se dispararon en busca de una manera de eludir a su padre y huir.
"Levántate. Ahora" Lucius gruñó nuevamente. "No me desobedezcas"
Draco se levantó, el miedo causando que sus rodillas temblaran, pero luego sintió una mano en sus hombros, evitando que fuera hacia su padre.
Severus Snape, después de descender desde la mesa de profesores y colocarse tras Draco, miró al confundido adolescente y luego enfrentó los grises y fríos ojos del padre con ardientes ojos negros. "El Sr. Malfoy no irá a ninguna parte." comenzó a decir en la voz que solía usar para infundir el terror entre los corazones de sus estudiantes.
"Mantente fuera de esto, Severus. Esto es entre mi hijo y yo" enfatizando en la palabra 'mi' y dándole una mirada calculadora al maestro de pociones. "Incluso si siempre has deseado que este niño sea tuyo, no lo es, y nada que hagas podrá cambiar eso." Malfoy padre regresó su fría mirada hacia Dumbledore. "Ninguno de ustedes tiene ninguna base legal para evitar que me lleve a mi hijo a casa. Así que, háganse a un lado" volvió a mirar a Snape desafiantemente.
El agarre de Severus en el hombro de Draco se había hecho doloroso en el momento en que Lucius había sacado a la luz sus deseos y Draco levantó la mirada hacia el alto hombre con sorpresa, con una mirada incierta, buscando respuestas. Snape continúo enfrentando la mirada del Malfoy, sacando su varita del bolsillo de su túnica, y apuntando directo hacia el mortífago.
Todos los presentes contuvieron la respiración. Podía oírse algunos llantos de los de primer año. Muchos estudiantes aprovechando la oportunidad para salir del salón con apuro, especialmente aquellos que rodeaban al trío, mientras Lucius Malfoy levantaba su varita hacia el maestro de Pociones.
"Caballeros, deténganse en este instante" McGonagall gritó, levantándose de su asiento. "Albus. Haz algo"
"Severus, baja tu varita" Dumbledore ordenó. "No hay nada que podamos hacer. Tiene razón. No tenemos motivos para impedirle que se lleve a Draco. El niño es un menor, viviendo en su casa. No podemos interferir con sus derechos de padre"
"Como lo pensé" Lucius respondió engreídamente, aun manteniendo su varita apuntada hacia el profesor de pociones. "Ven acá, Draco" ordenó al asustado adolescente.
"No pueden dejar que se lo lleve." Harry gritó angustiadamente. Había estado seguro de que el director no permitiría que Lucius se llevara a Draco, pero ahora podía ver que había sido demasiado ingenuo al confiar en el anciano. El niño-que-vivió atravesó saltando las mesas hasta que estaba de pie junto al profesor de pociones, su varita también apuntando hacia Malfoy. Todos miraron a Harry con incredulidad. ¿Que creía que estaba haciendo?
Los ojos de Draco se ensancharon, temiendo por la vida de su moreno amigo y finalmente encontró su voz. "Deténganse. Me iré con mi padre" dijo con mucha más convicción de la que sentía. Resopló arrogantemente hacia sus dos salvadores. "Tiene razón; no recibo la atención que debería. Esta toda centrada en el estudiante prodigio." dijo desagradablemente y mirando fijamente a Harry. "Estaré mejor con mi padre que aquí entre los admiradores de Potter"
Snape removió su mano del hombro del joven, dejando que su varita bajara lentamente a un costado, sintiéndose frustrado de no poder hacer nada. Ya se había colocado a sí mismo en peligro con sus acciones. Voldemort escuchaba a Lucius y esto podría causarle muchos problemas si dejaba que fuera más lejos.
Harry estaba sorprendido. ¿Por qué Draco diría algo así? Miro más atentamente al muchacho que estaba frente a él y si no fuera por el miedo que podía ver brillando en las profundidades de sus ojos, hubiera creído todo lo que Draco acababa de decir.
El rubio se dio cuenta de que Harry no le creía e hizo un rápido gesto de negación con su cabeza, silenciosamente diciéndole que se alejara, que manejaría esto él mismo.
De mala manera Harry obedeció, por el momento, pero definitivamente iba a idear algo para rescatar a su nuevo amigo.
XXX
En el instante en que aparecieron en la mansión Malfoy, Lucius dejo a su hijo inconsciente y cargando su peso muerto hacia las mazmorras con una fiera y determinada mirada. Atravesó los pasillos de laberinto y entró en una habitación, de la cual solamente él sabía su existencia, encadenando a su hijo a la pared con los grilletes que colgaban de ella, después de quitarle su túnica, camisa y zapatos, dejándolo solamente con sus pantalones. Se paseo por la habitación esperando que Draco despertara para recibir su castigo.
'¿Cómo se ha atrevido ese tonto desagradecido a hacer tal cosa? Ningún mago ha tratado de suicidarse en más de trescientos cincuenta años. Me rehusó a pensar que mi hijo, un Malfoy, consideraría si quiera tal cosa. ¿Qué pensará mi Señor de mí por tener tal hijo? Aprenderá a no ponerme en vergüenza otra vez.' Lucius murmuró para sí mismo. Mientras más lo pensaba y recordando el condescendiente tono de Goyle Senior había ocupado al decirle lo que su tan amado hijo había hecho, como si el intento de Draco hubiera sido de alguna manera su culpa, más enojado se ponía. Sin ganas de esperar que el joven Malfoy despertara, Lucius comenzó a impartir su lección. 'Para cuando termine con él, deseara haber triunfado en sus esfuerzos por quitarse la vida'
Draco despertó bruscamente por un intenso dolor. Gritó y se retorció salvajemente en un desesperado intento de escapar de la tortura que sus músculos estaban pasando. Rápidamente se dio cuenta que estaba encadenado, de tobillos y muñecas, en una pared de piedra. El húmedo frío se coló por su adolorida espalda, su cuerpo golpeándose frenéticamente contra las duras piedras mientras luchaba. La carne cruda se veía por sus muñecas y tobillos, mientras se empujaba y retorcía contra sus amarras y gotas de sangre manchaban el piso. Estaba apenas consciente de que no estaba solo y trató de enfocar la vista a través del cegador dolor para poder ver a su torturador, mientras su cuerpo se arqueaba de dolor una vez más. Justo cuando estaba a punto de caer en una bendita inconsciencia, el dolor cesó abruptamente.
Draco podía escucharse a si mismo lloriqueando, su voz áspera de tanto gritar; su respiración saliendo en bocanadas agitadas mientras colgaba como un peso muerto de la pared. Sus ojos se abrieron, dándose cuenta de que los había cerrado inconscientemente, para encontrarse con su padre, Lucius Malfoy, de pie frente a él con una sombría expresión en su cara. La varita de su padre apunto al sudoroso pecho del rubio, sujetándola tan firmemente que Draco estaba seguro de que se rompería en cualquier momento.
Lucius bajo su varita y se acercó, acariciando la mejilla de su hijo en una parodia de preocupación. "Dejemos que esto sea una lección para ti, Draco," Lucius a punto de estallar de rabia, su voz destilando dulzura, pero con una salvajismo escondido detrás de ella. "Un Malfoy nunca toma la salida fácil. No volverás a ponerme en vergüenza."
Draco asintió con fuerza, incapaz de usar su propia voz, y dispuesto a aceptar cualquier cosa si su tormento terminara. Cálidas lágrimas se acumularon en sus ojos mientras miraba como su padre se alejaba y levantaba su varita, odio y malicia brillando de los sorprendentemente fríos ojos grises, tan parecidos a los suyos. El puñalazo de dolor en su corazón era mucho peor que el que sintió su cuerpo y llorando patéticamente antes de ser consumido nuevamente por una increíble angustia, dándose cuenta ahora, que el infierno era el lugar que llamaba hogar.
XXX
Draco lentamente volvió a la realidad, su cuerpo temblando en espasmos que no podía controlar. Estaba acostado en una cama, su cama en su habitación, se dio cuenta cuando logro reconocer sus alrededores claramente. Era de noche; podía ver la oscuridad desde su ventana mientras yacía allí, vistiendo nada más sus pantalones de colegio, y sintiéndose árido y agotado mirando como los primeros copos de nieve del año pasaban por los paneles de vidrio cerrados.
Por dentro no sentía nada, como si su alma estuviera completamente vacía. Vagamente se preguntó si esto era lo que se sentía recibir el beso del dementor.
¿Cuánto tiempo su padre lo había tenido bajo los efectos de la maldición cruciatus? No tenía ni la menor idea. Solamente sabía que dolía por todas partes, especialmente el vacío en el fondo de su corazón. Sabía que recibiría un castigo, pero esto… nunca hubiera pensado que su padre lo odiaría tanto como para usar una imperdonable contra él.
El rubio miró su brazo izquierdo y vio un nuevo yeso en él, desde debajo de su codo hasta su amoratada y dañada muñeca. Se dio cuenta que su brazo debió haberse roto una vez, más que seguro en su violenta lucha contra el dolor. Mientras miraba su yeso, el pensamiento de que había pasado por todo ese dolor y que aún así su padre no curó su maldito brazo, le molesto más que el hecho de que su padre le hubiera torturado casi hasta la locura, y lágrimas comenzaron a juntarse en los recovecos de sus ojos.
El rubio se dio cuenta entonces que no quería ser aquel al que las batallas escogían. '¿Siempre he estado así de confundido por dentro?' Se preguntó.
Pensando en el pasado y todas las cosas que había hecho, lo completamente arrogante y horrible que se había comportado, se sintió avergonzado. Su vergüenza solo aumentó cuando se dio cuenta de lo lejos que había estado dispuesto a llegar para obtener el beneplácito de su padre, para hacer que el hombre que lo odiaba tanto, le amara.
Esto era porque nunca había sabido distinguir las cosas por las que valía la pena luchar, pero estaba comenzando a distinguir porque sentía la necesidad de gritar todo el tiempo
'¿Por qué instigo y digo las cosas que no quiero decir? ¿Cómo fue que llegue a esto? Sé que no está bien' Draco evaluó la situación y la manera en la que su futuro se estaba revelando ante él, arrastrándolo hasta el descontrol. 'Voy a romper el hábito,' se prometió. '¡Voy a romper el hábito, esta noche!'
Draco se forzó a sí mismo a levantarse, su cuerpo no quería cooperar con las señales que su cerebro le enviaba y pronto estaba sudando por el esfuerzo. Sabía que tenía que levantarse, tenía que moverse. Tenía que escapar antes de que su padre volviera y decidiera que necesitaba otro castigo. Casi se rinde en ese momento, pero una imagen de la cara de Harry llegó a su mente y luchó con más fuerzas, respirando dificultosamente, batallando por llegar hasta la ventana.
Estaba en un tercer piso, el suelo estaba a una larga distancia, pero recordaba que había unos cuantos arbustos que amortiguarían su caída. El escapar era la única cosa en su mente, abrió las ventanas y obligó a sus adoloridos y lastimados músculos a funcionar para que pudiera sentarse en el borde con sus piernas colgando hacía afuera. Se empujó con sus manos temblando, girando en el aire para caer de su lado derecho y proteger así su tres veces fracturado brazo derecho.
Sin camisa y descalzo, Draco se tambaleó hacia una fría noche de Octubre, haciendo ruidos desde el fondo de su garganta como un perro golpeado. Su vacilante y poco funcional figura fue lentamente tragada por la oscuridad, entre la ventosa nevada y las sombras del anochecer.
