Corría mediados de noviembre cuando fui hasta el banco a dejarle las llaves al señor Johnson, después de todo no cumplí con el año y medio acordado para ello hacían falta unos meses más, me recibió esta vez de inmediato y le conté con emoción que había sido seleccionada para cubrir mi estadía de interna en Massachusetts por sólo un año, le expliqué que eso me reducía pasar un año más de interna y adelantaría mi especialización, parecía complacido de ello cuando me dijo que estaba orgulloso de mí y que siempre supo que lo lograría, le agradecí su amabilidad él me había ayudado muchísimo al dejarme quedar en un lugar en el que podía dedicarme de lleno en cómodas cuotas, me llamó algunas veces para preguntarme como estaban mis estudios y hablabamos unos escasos 5 minutos, aunque habia rechazado todas sus ofertas y no volvimos a mencionarlo el señor Jhonson cuidaba de mi, nuestra misión estaba cumplida, pero cuando le extendí las llaves las rechazó.

- Me temo que no puedo recibirlas Candice – se puso muy serio de pronto y lo note un poco incómodo - después de la reunión que sostuvimos hace unos meses William simplemente puso el departamento a su nombre, yo le transmití su posición pero me pidió que le dijera que así lo prefiere y que puede hacer lo que crea conveniente con él, no quise decirle nada hasta que llegara la oportunidad, se adelantó un poco – compuso una mueca – puede dejarlo vacío u ocuparlo mientras viva en Carolina del Sur cuando regrese

- Fruncí el ceño - No le pedí nada ¿como puede hacer algo así sin que yo acepte?

- Es un hombre que consigue lo que quiere, aunque la respuesta sea no – resopló - busca la manera de protegerla, entiendo que lo tome como ofensa pero él ve las cosas de otra manera, es más simbólico – lo justificó mientras anotaba mentalmente algo nuevo del señor Andrew, era un testarudo arbitrario, pero no más que yo

- Entiendo - deje de igual forma las llaves en su escritorio - dígale que su habitación está intacta y así permanecerá, puede regresárselo y darle las gracias.

Tenían ambas un llavero que les había comprado en una tienda hacía meses, era una moto las dos colgaban una a cada rueda, las miró y me miró por unos segundos sé que lo entendió, simbólico, le sonreí despidiéndome de la forma más inusual sorprendiéndolo por completo, di la vuelta a su escritorio y lo abracé con un nuevo gracias, salí del edificio pensando en las palabras, si, él tambien estaba cuidándome, pero siempre lejos

Antes de Viajar a Boston pasé unos días en Chicago, no podría volver hasta terminar mi fase, aunque podia quedarme en Boston trabajando queria volver a Carolina, me gustaba la tranquilidad apueblada que ofrecia y el hospital tenia sus puertas siempre abiertas para mi, estaría alejada todo un año. Para despedirme y a modo de celebración Annie preparó una reunión en uno de sus restaurantes favoritos, si supiera que el mío era el de Miguel frunciría la boca con desprecio, preferí ceder como siempre a los caprichos de mi hermana, ¡así que debía ponerme un bonito vestido para la ocasión!, gracias al cielo tenía uno o me sometería al armario de Annie Britter, eso ameritaba horas aburridas frente al espejo, recogí mi cabello rizado de una forma que se viera bonito y pinte mis labios, definitivamente me trasformaba el maquillaje en una mujer mucho menos triste y aburrida, sonreí para darme ánimos, sin el las ojeras me hacían parecer un mapache. Llegamos en su precioso auto al lugar y ya había una mesa reservada, si me extraño que ella pareciera más arreglada de lo normal que era algo que creí imposible, entonces me di cuenta que no solo seríamos las dos cuando mire en la dirección que la tenía tan ensimismada, sonreía tanto que se le congelarían los dientes, la razón estaba clara, Archie… cuando nos dirigieron a la mesa él estaba allí junto a una pareja, reconocí a Stear, aunque para ser sincera el traje le quedaba mucho mejor, se ajustó sus anteojos y poniéndose de pie besó mi mano al igual que su hermano me hacían pensar que eran todos unos caballeros, sin duda del otro lado del océano, por su acento y por sus modos, me presentó a su esposa Patricia, una chica tierna y sencilla. Resultó que todos habían estudiado en el mismo colegio de Londres, Stear y Patty como me pidió que la llamara se habían casado hacia un par de años, él era ingeniero mecánico lo que explicaba mucho del lugar en donde se encontraba y el modo, también entendí desde cuando An había soñado con los ojos de Archie, le había conocido un par de novios y un centenar de admiradores pero nunca vi en sus ojos el brillo que le dedicaban a él, no tenía claro si estaban saliendo o eran solo amigos y si nunca vi la diferencia con mi propio amigo en el Magnolia menos la encontraría en los demás, de cualquier forma pasamos la siguiente hora entre cuentos de sus aventuras juntos, me reí muchísimo y la pase muy bien en su compañía, a pesar del lugar en donde estabamos, fueron amables conmigo ninguno menciono siquiera a Albert.

Al día siguiente estuvieron todos en el hogar, compartimos mucho más sin tanta formalidad, nos hicimos amigos, intercambiamos números de teléfono además de fotos y algunos videos en los que cantábamos entre risas con los niños, al fin los amigos de Annie podían ser los míos que fueran familia de él era.., ¿¡casualidad!?

Me despedí un 20 de noviembre y fui directo a mi misión.

Los siguientes tres meses estuvieron llenos de presión, la sala de emergencia era bastante movida, mi trabajo como enfermera era mucho más demandante que como médico pero la responsabilidad no tenía comparación, de un paciente a otro hasta cuatro al mismo tiempo por hora exigía todo de mi, habían muchas emergencias debido a las bajas temperaturas, seguía aprendiendo a diario con cada caso nuevo desde la practica pero mi experiencia como enfermera me ubicaba en un rango más alto que los otros internos, tendía a resolver mucho más rápido y eficazmente, o eso creía el jefe de emergencias cuando asignó mis turnos. Las fiestas navideñas las pase de guardia con mi nueva familia adoptiva, en una nueva ciudad, en el hospital.

A finales de Febrero subió un poco más la temperatura yo ya me estaba congelando gracias al cielo el día amaneció más cálido, aprovechaba mis ratos libres para pasear por el parque todo sin alejarme de los alrededores de mi residencia médica o el hospital, mis contactos con mis madres seguían siendo los mismos pero ahora menos frecuentes estaba bastante ocupada y estaba bien, me permitía poco para pensar en nada más, mi vida personal no existía así que la cubrí con más turnos, poco a poco mi rutina en el hospital se hizo mi vida normal, como antes, como siempre, mis momentos de tensión, emosion y tristeza tenían que ver con mi labor, no había más tiempo que de dormir algunas horas y continuar, era la vida que elegí y la única que conocía. Una mañana a mediados de marzo salí de mi turno después de haber pasado la noche con un par de casos graves para dar un paseo al parque, necesitaba de esos momentos para tener paz y conectarme con la vida fuera del olor a alcohol absoluto, era algo así como conectarme con mi propia existencia, me encantaban los parques, con animalitos y vegetación en donde esa vida era más vibrante, en donde la mente se podía despejar valorando cada detalle que brindaba las creaciones de Dios. Compré en una esquina una bolsa de maní y pasee por el lugar admirándolo, las personas parecían tranquilas, alegres con sus paseos, ya fuera en parejas, a hacer ejercicio o pasear al perro. Me senté en un banco a comer maní en lo que parecía un movimiento lento por un rato, entonces en un grupo de árboles más allá vi una ardilla, me acerque poco a poco para que no escapara y extendí un maní, lo olfateó y de pronto lo tomó llevándoselo rápidamente a la copa de un árbol en donde desapareció, pronto llegó con otras tres a exigirme más, me hizo sonreír ampliamente y entregarles un poco de mi mercancía, yo destroce uno y lo comí mientras trataba de ubicar otra, fue cuando escuche una voz familiar a mi espalda

- El letrero que está más allá dice que no se debe alimentar a las ardillas, o pronto las tendras a todas rodeandote, aún deben tener en reserva del invierno y eso es comida chatarra es muy salado para ellas

- Imagino que es un delito, creo que más para las normas del parque que para ellas no me importaria que me rodearan los animales, tal vez podrías conseguirle tu algo más sano, Quizá ya no tengan comida en el refrigerador

- Después me costará mucho abandonarlas, la verdad es que no me importan las normas del parque, si su bienestar - giré a mirarlo y fue entonces cuando sentí como si volviera a saltar del risco o de aquella montaña, me miraba sin sonrisa aparente pero sus ojos lo hacían de esa manera tan suya, sentía que no podía respirar cuando se acercó unos pasos - Hola

- Hola – fue lo único que pude responder, pensé que jamás volvería a tenerlo tan cerca

- Pasaron unos segundos sin que pudiéramos decir nada más, metió las manos en sus bolsillos y dejó escapar el aire audiblemente – ¿me acompañas a tomar un café?

- Esto no es casualidad, ¿cierto?

- No, te seguí hasta aquí desde el hospital – tenía una enorme gabán negro elegante, estaba sin esos anteojos oscuros, su cabello estaba más corto, se notaba distinto, era William Andrew frente a mi, observe a mi alrededor y le dedique una mirada interrogante

- ¿En tu auto?

- En un taxi - asentí y caminamos en silencio sin tocarnos uno al lado del otro

Supuse que habría regresado esta vez sin esconderse, algún reportero podría fotografiarnos, no sabía que me tenía más nerviosa si el hecho de que publicaran más fantasías sobre nosotros o el hecho de que fuera una fantasía en sí misma, caminamos hasta el final del parque en donde había un pequeño café. Faltaban las palabras o tal vez lo más probable era que sobraban, yo era un manojo de preguntas, pero una de ellas era más fuerte, mi pie tamborileaba el suelo y mientras trataba de calmar mi respiración él meneaba la cucharilla del café mirándome fijamente, sabía perfectamente lo que causaba en mi no podía ocultar nada llego a conocerme bastante bien, sabía que solo bastó un segundo para darme cuenta de que seguía extrañándolo, aun así pensé que podría ocultarlo lo suficiente, tal vez no tuve éxito porque me sonrió de lado y yo tragué seco

- ¿Que haces aquí? Se supone que estarías en Edimburgo, tierras altas o en Londres o lejos ¡que se yo!

- Si estuve unos meses y después regrese

tomó un sorbo de su café sin apartar la mirada yo seguía mirando a mi alrededor esperando que alguien se diera cuenta quien era, ¿que trataba de hacer estando allí además de romper por completo nuestro acuerdo? Estaba bastante abrumada con solo tenerlo en frente, mi corazón me estaba ahogando, él no decía nada solo me miraba como esperando que fuera yo quien resolviera sus enigmas, me exasperaba, tenía que decir algo enfocar todos mis sentimientos y dejar de pensar tanto

- ¿Quieres decir que has estado frecuentando a tu familia? ¿El señor Johnson sabe que estás aquí?

- De un tiempo a esta parte más que desde hace años, sé que te llevas muy bien con Archie y Stear, Nadie sabe que estoy en Boston, George está al tanto de que estoy en América deja de preocuparte

- Son amigos de Annie y por ella los conocí, una casualidad - quise dejar en claro que no había sido gracias a él y que era fortuito – ¿estás escondiéndote otra vez?

- Vi las fotos y los vídeos en el hogar, ellos me hablaron de ti – no respondió mi pregunta. Exasperante, comenzaba a dirigir todo en un sentido estaba enfadandome

- ¿Si? Pues no me extraña ahora nada es privado – por primera vez apartó la mirada y se removió en su asiento

- Candy, siento mucho lo que pasó con ese artículo y también lamento si te ofendí con lo del departamento solo quería asegurarme que estarías bien, quería saberte segura y él Magnolia es lo más parecido a ello, George me contó sobre su trato por tus estudios y que le dejaste las llaves, pero es tuyo

- El señor Johnson fue muy amable conmigo desde siempre y tengo que agradecerle muchas cosas, quizá elegirme para cuidar el departamento en el Magnolia por casi nada ha sido el gesto de confianza más generoso que alguien me ha ofrecido, pero no doy tanta lástima para que me lo regale, supongo

- Sé que supo manejarlo mejor que yo y la lástima no está entre todas las cosas que siento por ti, no sé cómo dar cosas sencillas, pero lo estoy intentando - negué frunciendo el ceño, ¿cosas que siente por mi? – ¡si! Lo mismo pensó él con el mismo gesto, te admira, siempre está defendiéndote, aunque no lo creas te aprecia bastante, me advirtió que no te gustaría y no lo escuche, también que te dejara en paz - no dije ni una palabra note como empezaba a impacientarse - ¿hace mejor de padre que yo pequeña?

- ¿Ahora es una broma? – dejé escapar el aire dejándome caer en el asiento – rompiste nuestro acuerdo y dejaste para mí un regalo en la puerta del Magnolia, no fue justo

- ¿Te gusto?

- Ese no es el punto

- ¡Está bien! Pero vendrías a Boston y en pleno invierno, sabes que no es como en Carolina, no quería que te congelaras aquí

- No dije nada por un minuto y sorbí un poco de café – me encantó, el azul es mi favorito, pero como pretendías que pasara la página estando siempre presente cuidandome, aunque en realidad estabas a miles de kilómetros, preferiste enviar a tus... agentes de seguridad

- Lo lamento, por favor trata de entenderme, hay gente muy mala y aprovechada, después de que se publicó hasta tu nombre temía mucho que algo te sucediera y fue mi culpa, desde un principio debí decirte quién era… advertirte, no quería involucrarte y logre que terminaras envuelta también con lo que represento

- Para mí seguirías siendo Albert - susurre

- Y lo soy…. William Albert Andrew, soy la misma persona, ¿lo sabes verdad? No podía estar cerca aunque quisiera – parecía preocupado de convencerme de ello

- ¿Por qué pusiste el departamento a mi nombre? – pregunté remarcando cada palabra

- Porque quiero que sea tuyo, es mi lugar favorito, me trae paz, gente que quiero vive allí, lo sentía como mi rincón apartado del mundo, luego nos conocimos y… – paso su mano por su cabello buscando mi mirada, por primera vez encontré en sus ojos desesperación – ¿por que te molesta tanto eso? Pensé que el artículo, que robaran tu privacidad era peor

- Es una clase de regalo que no puedo aceptar

- ¿Por qué no?

- ¡Es demasiado! Ya sé que te sobran propiedades y que el edificio es tuyo, quizá a ti no te parezca nada o estás acostumbrado a dar esos regalos, pero a mí me parece que compras con él la historia que publicó esa revista, no soy cenicienta ni tú el príncipe azul, no quiero zapatillas de cristal – espetè con molestia, entonces se hicieron unos segundos en silencio

- Tienes razón…. Espero me disculpes….- más silencio - ¿entonces… está escrita mucho más bonita de lo que fue en realidad? – no respondí yo había dicho esas palabras mi café se enfriaba frente a mí, estaba muy cansada para mantener mi orgullo frente a él – solo quería que conservarás algo de los dos

- Tenía las fotos y los recuerdos… ¿Por qué estás aquí? – mis ojos empezaron a llenarse y un nudo cerraba mi garganta

- Porque quería verte y porque soy un egoísta – entonces mi corazón dio un vuelco – sé que estás muy ocupada y te ves cansada ahora, pero…

- ¿En dónde te estás quedando? – pregunté respirando profundamente

- Tenemos una villa en…

- Albert… Discúlpame … William

- ¿Puedes solo decirme Albert? – intensificó la mirada – por favor

- Tardé unos segundos pero aún me confundía mucho más que su nombre de pila – tengo que irme… Debo… Cubrir mi turno esta tarde se supone que deba dormir – me levanté de la silla y él lo hizo también

- Puedo llevarte y conducir, ¿Podemos… Hablar luego? – no quería mirarlo, cerré los ojos con fuerza y mire a mi alrededor, estaba en Boston

- Ya no estamos en el Magnolia

- Lo sé, y sé lo que dijiste… estoy rompiendo nuestro acuerdo no pude encerrar lo nuestro allá, allá están todos mis recuerdos buenos, los mejores de mi vida, pero son pasado y no quiero que tú quedes solo allí

- Lo miré con los ojos empañados - ¿porque estás aquí?

Acaricio mi mejilla, tomo mi mano y ese simple contacto fue suficiente para revivir los días que pase a su lado, los dos meses que su compañía me hizo sonreír, estuviese en donde estuviese aún lo sentía tan cercano que ni todo el tiempo ni la distancia logró borrarlo de mi mente, ni de mi cuerpo, cuando lo miré sus ojos parecían contener una súplica mientras en mi cabeza resonaba una vocecita que repetía que no lo dejara ir, que esta vez lo retuviera a mi lado, que lo abrazara y si volvía durar unas pocas horas eran mejores que seguir soñándolo, que imaginarlo junto a mi abrazándome y besándome, era mucho mejor tenerlo y volverlo a perder que cerrar los ojos y revivir una y otra vez los únicos momentos que me dio, entonces entendí lo que sentía y por qué estaba frente a mí

- Mi.. Mi turno termina esta noche.. Tarde, si me das la dirección quizá podamos… Hablar

- Pasaré por ti al hospital – se apresuró a contestar

- Tengo un auto Albert y puedo conducir

- ¡Si! Estoy convencido que te dejara tirada en cualquier momento

- Resoplé – no eres el único a quien le gustan las antigüedades – me sonrió al fin – era lo que me permitía pagar y le tengo cariño – protesté

- Está bien, igual vendré por ti – se acercó pero yo retrocedí, no estaba segura de poder negarme y quería un poco de dignidad a mi favor

Nos despedimos con la mano luego de que me acompañara al auto, aún no creía que lo hubiese vuelto a ver, nunca tuve el valor de buscarlo después de repetirme a cada momento por todos esos meses que jamás volvería a tenerlo cerca, casi me convencí, entonces él aparece como si nada, aunque tenía la sensación de que no era el mismo, parecía otra persona; mientras me dirigía a la residencia tuve miedo de haber perdido la oportunidad de quedarme a su lado, cuando cerré los ojos lo soñé, soñé con las risas compartidas y las cenas en el comedor, con los momentos juntos que pude llamar hogar, nos soñé en él Magnolia.


Hola, Hola... gracias por sus mensajes, ya se como se sienten, exactamente igual que ella, descubrir lo que el siente o quiere es desesperante pero algo evidentemente le sucede, despues de leer este capitulo estoy segura de lo que les gustaria que pasara, me encantara saber sus impresiones. Saludos y nos estamos leyendo.