Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer.
Capitulo 11. No Me Abandones
La pieza del hospital estaba en un tranquilo silencio, Edward estaba con la cabeza inclinada hacia el antebrazo de Bella, habían pasado 72 horas desde el disparo de Jacob, y Bella aún no despertaba.
La salida de casa fue caótica, Edward no soltó por ningún motivo a Bella, a pesar de la presencia de los paramédicos, y de su padre que le pedía que confiara en los profesionales. La histeria se sentía, era una sensación que se transmitía muy fácilmente entre los presentes.
El suicidio de Jacob había quedado claro, hubo testigos. No hubo manera de inculpar a Edward o a Bella. Pero Edward no podía quitarse la culpa. Todo había salido casi a la perfección, pero no lo sentía. Le faltaba su otra mitad, aquella mitad que estaba postrada en es cama, tan blanca como las sábanas, tan impávida como el ritmo de su respiración. Era imposible, estaba desesperado. El doctor le había dicho que Bella pronto despertaría, hacía más de 73 horas que no veía el brillo de sus ojos. No escuchaba su voz. Estaba mal. Su conciencia era la peor, le recriminaba por dejar a Bella a un lado. Por no ser lo suficientemente eficiente en su protección. No estaba protegiendo a Bella como era debido. Y ahí estaban las consecuencias.
Luego de una operación, que según el doctor era temporalmente normal; para Edward había sido una eternidad. Casi 7 horas en el pabellón, extrayendo la maldita bala, que Jacob Black, le había incrustado a Bella en su pecho frontal, justamente entre sus senos, la bala se había alojado en medio del esófago, si Jacob hubiera apuntado mejor, el corazón de Bella ahora no estaría latiendo pausadamente como lo hacía.
No cabía más, su paciencia se había acabado. Estaba entrando en un estado catatónico.
Todavía podía sentir las calladas disculpas de Esme una y otra vez en su cabeza. Era ilógico, su madre pidiéndole perdón por el hecho de haberla desprotegido él. Ella era su responsabilidad, la de nadie más.
Todavía cuando cerraba sus ojos, podía ver la desesperación en los ojos de Bella, un grito callado de auxilio y de salvación; mientras todo ocurría rapidísimo. Se tomo la decisión de operar a Bella, mientras Alice comunicaba la noticia a la familia de Bella en Forks, para que comunicaran a su vez el deceso de Jacob. Era todo tan irreal, y él no se podía sacar esa mirada de Bella. De repente sentía manos femeninas en su espalda, haciendo gestos de consuelo. Pero no lo podían encontrar. Estaba mal, necesitaba pronto ya a Bella nuevamente con él.
– Amor, por favor, vuelve a mi te necesito, se que tu puedes. Eres fuerte. Ya lo hemos hablado, eres fuerte. Vamos, no me abandones – Edward le dijo llorosamente. ¿Desde cuándo sus ojos estaban tan mojados, y su nariz tan tapada, acompañada de una voz de ultratumba y muy deprimida? ¡Ah!, si desde hace aproximadamente 74 horas.
De repente sintió la puerta abrirse. Era su padre, el único que podía entrar. Nadie más podía solamente Edward y Carlisle, podían estar en esa habitación.
– El papá de Bella viene en camino, ya Esme lo fue a buscar al aeropuerto. Hijo por favor tienes que ir a la casa. Trata de estar presentable para cuando llegue tu suegro. No puedes estar así. Estás con la misma ropa que en la fiesta – Carlisle espero un poco de comprensión de parte de Edward.
Pero no hubo respuesta. Ni movimiento alguno. Edward solo respiraba y sostenía entre sus manos, la de Bella. La frente de él reposaba sobre el ante brazo de ella. Podía escuchar los sollozos de su hijo y a lo lejos las murmuraciones recriminatorias que no habían parado desde aquella noche, cuando estaban operando a Bella.
– Edward por favor, ve a la casa y por lo menos aséate – esta vez Carlisle puso levemente una de sus manos en la espalda de Edward. Pero este emitió un gruñido desde los profundo de su ser, provocando que Carlisle se arrepintiera de la acción.
– Vete.
– Edward…
– Vete.
– Hijo por favor…
– He dicho que te vayas.
– Edward…
– No me hagas hacer algo de lo que me arrepienta luego, por favor vete.
A buen entendedor pocas palabras. Así de sencillo tendría que ser, nadie podría sacar a Edward de ese lugar ni siquiera el policía que vendría.
Edward no tenía la noción de tiempo, no sabía cuántas horas habían pasado, solo tenía conocimiento del tiempo sin su Bella. Sintió que abrían nuevamente la puerta. Eran tres personas las que estaban entrando. Una de ellas era mujer. Su voz no la había escuchado antes, el otro era un hombre, cansado y sorprendido, se podía descubrir por su respiración, y la última persona era Carlisle nuevamente.
– ¿Desde cuándo está así? – pregunto la mujer
– Desde que salió de pabellón, no la quiere soltar por ningún motivo.
– ¿Cuándo despertará? – pregunto el hombre.
– No sabemos, pero los sedantes deben estar dejando de hacer efecto. Pronto, el doctor dijo que en cualquier minuto, lo que significo que no se moverá hasta que ella abra los ojos.
– Chico, por favor, ¿Edward verdad?, soy Charlie Swan – quedo impactado por la nula respuesta de Edward. Se notaba que no estaba dormido, pero era increíble.
Por el otro lado se acercó Renné. Empezó a acariciar la cabeza a Bella, sutilmente y murmurándole palabras de amor maternal. Pero nada; era como si estuviera un maniquí recostado en la cama y no su hija, no su princesa.
– Vamos, Bella… ven… no me abandones… no ahora – dijo en murmullos solo audibles para Bella.
Renné y Charlie se miraron impávidos. Si bien Edward había emitido un leve murmullo, la reacción al interior de ellos mismos, fue sorprendente. Carlisle, estaba casi destruido, era caótico ver la desesperación en su hijo. Tanto han tenido que vivir, para esto. Pera que todo se halla destruido en segundos.
Los padres de Bella, no podían creer el lazo de unión que existía entre los dos. Entre Bella y Edward. Si bien no había ninguna reacción en Bella. Lo podían ver, el cuerpo a pesar de estar inconsciente, se veía cómodo.
Nadie hablo; las palabras sobraban, nadie quería interrumpir esa supuesta paz, se sentían las respiraciones en el silencio de la habitación. Era una paz que no era deseada. Todos esperaban que la mujer allí postrada abriera los ojos, pronto, era una plegaria de todos.
Un celular comenzó a vibrar – Alice ¿qué pasa? – pregunto Carlisle.
– Es Seth, dice que los cargos contra Aro y Félix ya se presentaron, pero necesitan a Edward. Como agente de Scotland Yard, es necesario su testimonio.
– Le dijiste como esta Edward.
– Sí, pero me dijo que igual le comunicara, en una de esas logra recobrar un poco la lógica.
– No lo sé Alice, veré que sale ¿Ok?, pero no te prometo nada.
– Mi mamá pregunta como esta.
– Sin cambio alguno, sigue igual, ni un milímetro de distancia de Bella. Nada lo mueve.
Y era verdad Edward no se movía, era como si no hubiera escuchado nada. Renné y Charlie se miraban extrañados. ¿Cómo era eso de que Edward era un agente de Scotland Yard? Con quien se estaba metiendo Bella.
Charlie se acercó a Carlisle, para pedir explicaciones. No entendía absolutamente nada.
– Carlisle, como es…
– Es preferible que salgamos, no ha pasado nada nuevo, y afuera está el resto de la familia, ahí les explicare todo.
Los tres salieron de la habitación dejando solo nuevamente a Edward.
Había escuchado la conversación por teléfono. Seth debería estar agotado de tanto llamarlo, pero no podía abandonar a Bella. Y a todo esto no sabía dónde estaba su teléfono.
Con cuidado, levantó la cabeza, y sus ojos nuevamente se llenaron de lágrimas. Era como ver a la estatua romántica, más hermosa que nunca antes había visto. Era de un blanco mármol pacíficamente mortal. Era lo peor, ¿dónde estaba ese tierno y seductor rubor de sus mejillas, donde estaba el alma de Bella, donde estaba su mujer?
Nuevamente su conciencia no se callaba y no escatimaba en insultos contra su persona. Era radicalmente severo consigo mismo. Todo era su culpa, si hubiera estado más pendiente de ella, si hubiera apresado a tiempo a Jacob, si lo hubiera sacado de allí, si no la hubiera separado de su lado. ¡Ah!, era un estúpido e imbécil, era la primera vez que se equivocaba y había sido con la menos precisa. Se había equivocado con su mujer, y además de haber fallado, salió dañada. Era un ser humano de la peor calaña.
De repente escucho un quejido, y la mano que estaba entre las suyas le apretó suavemente sus manos. Edward abrió los ojos, y su respiración se quebró, se levanto de su asiento, y se acerco lentamente hacia Bella, precisamente hacia su rostro. Pero solamente se escuchaba su agitada respiración, nada estaba cambiando aparentemente. Hasta que Bella frunció su ceño, y se escucho un, leve pero quejumbroso Edward.
– Amor, Bella mi ángel, estoy contigo, ¿me sientes? – le pregunto Edward buscando la posibilidad de que Bella, su Bella por fin hubiese despertado.
– Edward – ahora sonaba un poco más claro, pero igual de débil. Edward no se atrevía a realizar ninguna acción. No podía, toda su atención recaía en Bella.
– Amor, por favor, abre tus ojos, necesito saber que estás bien – Edward toco suavemente el rostro perlado de Bella.
– Edward, que… tengo sed… no puedo hablar – mas firmemente, y tratando de abrir los ojos, pero le estaba costando un mundo.
– Calma, voy a poner la paja1 en tus labios, para que succiones. Luego llamare a los doctores – Edward acaricio la cabeza de Bella.
– No todavía no llames a nadie – pidió Bella quien ya estaba tomando agua – ¿qué pasó? Donde quedo Jacob, y Aro…
– Todo salió bien, excepto esto, cuanto lo lamento amor, todo el resto de mi vida estaré arrepentido de lo que paso. Te falle.
– No Edward, no eres culpable de nada. Lo que sucedió era inevitable, fue inevitable. No podíamos cubrir todas las aristas, tú eres humano. No eres un súper héroe, quizás en mis sueños y en mi universo lo seas, pero en la realidad no es así.
– Pero Bella, te falle, saliste herida cuando te prometí que no te pasaría nada. Mira lo que te hice – se lamento Edward.
– No amor, fue Jacob, tú no hiciste nada, solo me defendiste. A todo esto como esta Jacob, ¿dónde esta? – pregunto Bella. Edward se dio cuenta que no vio cuando Jacob se suicido, cosa que resultaba mejor.
– Bella, primero que nada, esto es difícil de explicar. Luego que Jacob te disparara, vio inmediatamente su error, por lo cual, para huir de la manera más fácil, se disparo en la cabeza, murió en el acto. Amor lo lamento no puede hacer nada – explico Edward que de verdad tenía un grado de culpabilidad, severo, y grande.
– No Edward, no puedes sentirte culpable, por esto, lo que paso tenía que pasar, no todo podría salir perfecto, tendría que pasar algo.
– Pero no tú, no sabes lo culpable y responsable que me siento, estuve a punto de perderte.
– Pero no es así, soy dura de matar, amor, no te abandonaría ni por nada. No puedo dejarte. Te escuche todo el tiempo, gracias por estar conmigo todo este rato – Bella acaricio el rostro de Edward.
– Te amo. Creo que ya es evidente, sin ti no vivo – le confeso Edward.
– Yo menos, somos uno.
– Creo que es hora que avise que despertaste. Tus padres están aquí – informo Edward.
– ¡No!, ¿mis papás te vieron aquí…? – pregunto un poco desesperada Bella.
– Sí, tu padre está un poco extrañado con mi oficio pero creo que les están explicando todo afuera – dijo Edward preparándose para salir.
– ¡Edward!, espera. No quiero que pase nadie, no todavía.
– Bella…
– Por favor, sé que es un poco incomprensible, pero por favor, que no pase nadie. Solo tú y el personal médico. No me siento bien. Estoy cansada.
– Claro, te entiendo amor, pero está bien. Lo importante es que te recuperes – Edward beso la frente de Bella y salio de la habitación.
Bella comprendió como estaban las cosas. Lo que había pasado les había demostrado que no podrían vivir el uno sin el otro. Pero también todo había acabado, la misión, los problemas, los atentados. Todo. Ahora lo único que quería era asumir todo lo que había acontecido, pero no lo quería hacer sola. Lo quería hacer con Edward. Quería estar con Edward. Solamente con él. Sin nadie más, inclusive sin la familia. Deseaba la paz. Deseaba poder iniciar el sueño de ambos, tomarse un tiempo para ambos. Y ella sabía que los dos lo necesitaban.
Cuando Edward entro al pasillo, todos se levantaron, su familia, y sus suegros. Pero él los ignoró, y ubico al doctor que la estaba tratando y le comunico que Bella había despertado. Luego de esto el doctor entró raudamente a la habitación. Edward entonces se dirigió hacia el resto de su familia.
– ¡Edward!, ¿qué pasó? – pregunto Alice, con los ojos llorosos.
– Bella despertó, pero no se siente muy bien, no quiere ver a nadie todavía. Por favor respeten esto, me lo pidió ella especialmente – les comunico seriamente Edward.
– Pero que bicho le pico, ¡no nos puede negar la entrada! – dijo Renné un poco desesperada por no poder ver a su hija.
– Lo sé señora Swan. Pero ella me lo pidió, no se siente bien – eso se abrió nuevamente la puerta de la habitación de Bella, era el doctor.
– Señor Cullen, si me hace el favor, necesito hablar con usted y su esposa, por favor – en forma seria el doctor.
Edward rápidamente entro a la habitación. Todos quedaron descolocados, el doctor los había tratado como un matrimonio. Luego del ingreso de Edward en la habitación, Charlie se levanto de su asiento exigiendo una explicación con la mirada, en especial hacia Carlisle – ¡¿qué significa esto Carlisle? – exigió Charlie en un tono controlado pero exigente. A su vez Carlisle lo miro, sin contestar, no sabia nada. Charlie miro a todos los Cullen, quienes también estaban con cara sorprendida. Nadie entendía nada.
Edward entro a la habitación, y a Bella se le iluminaron los ojos cuando lo vio, su cara seguía un poco pálida, pero a pesar de todo estaba todo bien. O eso parecía.
– ¿Doctor qué pasa, está todo bien…? supongo – Edward esperanzado en que no existiera ningún problema.
– Si señor Cullen, calma, pero su esposa no se podrá mover con toda la libertad que les gustaría por un buen tiempo. Además me temo que deberemos exponerla a una nueva operación. Es importante que conserve reposo absoluto. Lo más probable que la operemos mañana a primera hora. Y luego es probable que tengamos que esperar otra semana más para que podemos pensar en el alta – le comunico el doctor.
– Pero si tiene un buen post operatorio como el de ahora podemos pensar en una pronta alta verdad – Edward solo pensaba la pronta posibilidad de sacarla de ahí lo más rápido posible.
– Todo depende de su esposa – seriamente finalizo el doctor.
– De acuerdo, veremos que haremos, ¿no amor? – Edward miro a Bella.
– Sí, eso le decía anteriormente al doctor, que contigo apoyándome podremos salir antes de esto.
– Perfecto, pero doctor, la segunda operación, en especial a que se va enfocar – pregunto Edward, con el interés de que le harán a su "esposa".
– Bueno, como le explicaba a su esposa, es una reconstrucción, especialmente de su esófago y le borraremos las cicatrices. Y quiero explorar si la bala dejo algún otro daño. Bueno señor Cullen, espero que todo quede claro. Si me disculpan, nos veremos, si me necesitan avísenme – dijo el doctor.
– ¡Doctor! , le puedo pedir un favor.
– Si Señora Cullen el que sea.
– Le puede explicar a mis familiares la situación, no quiero esforzarme más. No quiero que me vean así y recibirlos significaría más esfuerzo que no siento bien para realizar – pidió Bella, encantando al doctor. Edward estaba sorprendido, como era que esa mujer en ese estado podía seguir brillando. Tal y como lo había hecho en la oficina, hace unos días atrás.
El doctor salió, y ambos quedaron callados mirándose profundamente. Escucharon las voces de preocupación, de asombro y algunas de entendimiento. La recepción de las noticias era como se esperaban, los dos encontraron sus sonrisas, esperando la reacción de sus familias.
– Amor, te propongo que duermas para que descanses… – no alcanzó a terminar Edward al ser cortado por Bella.
– ¡No! Quiero estar contigo un poco más, te he echado de menos. Ven conmigo, necesito sentirte cerca. Por favor – en forma muy tentadora y haciéndole espacio para que Edward se recostara junto a ella.
– A ver déjame pensarlo, el doctor dijo que no puedes hacer ningún esfuerzo – dijo Edward tratando de disuadir a Bella.
– No tonto, no te estoy proponiendo eso, solo quiero que te acuestes junto a mí para poder inducir el sueño, quiero volver a sentir lo que es dormir entre tus brazos, cuando dije que te extrañé, lo decía enserio. Es como si hubiera salido a un larguísimo viaje, sin tu presencia. Te extraño, extraño tu aroma al dormir, la esencia que expeles, tus sonidos. Todo tú te extraño – con eso Bella convenció a Edward de que se acostara al lado de ella.
– Ok, primero voy a dejar claro que vas a dormir.
– ¡Edward; mi papá!, te a va matar – dijo Bella con los ojos abiertos.
– ¿Porqué? – inquirió levemente asustado Edward.
– Porque que te apuesto que escucho al doctor referirse a mí, como tu esposa.
– Bella… porque lo hiciste ¿acaso quieres quedar viuda antes de tiempo? – le dijo Edward, disipando completamente la preocupación del caso.
– ¡Edward! – Bella casi grito, verdaderamente con un poco de preocupación.
– ¡Tonta!, por supuesto que no va a pasar nada más que alguna mala mirada, pero nada más, les explicare que solo fue un mal entendido en cuanto a nuestra sensación de pertenencia. En verdad que nos vemos como un matrimonio cariño y de eso no hay que avergonzarnos – Edward se acerco al rostro de Bella, y por primera vez en días juntaron nuevamente sus labios, ¡dios como se extrañaban esos dos!
– No te demores por favor, quiero más de esos reconfortantes labios – pidió Bella.
Edward salió con una sonrisa casi idiota en su rostro. Tenía que despachar a toda su familia y a sus suegros. Sería un poco complicado lo sabía de ante mano.
– ¡Edward!, el doctor nos dijo ya algo de lo que va a acontecer pronto con Bella. ¿Cómo está ella? – le pregunto atropelladamente y con preocupación Esme.
– Si mamá, Bella está tranquila, cansada pero bien. Mañana tendrá más fuerzas para verlos a todos y conversar, por lo menos eso espero – respondió lo más honestamente posible – de verdad Alice, no te estoy negando a Bella, de verdad que ella quiere descansar, está cansada – mirando a su hermana.
– Pero Edward mañana la van a operar – Alice hizo un puchero.
– Hija por favor se comprensiva, Bella está asumiendo muchos procesos, entre ellos el fin del problema de nuestra familia, la muerte de Jacob. Alice Bella estuvo a punto de perder la vida. Compréndela por favor, lo único que quiere es pasar tiempo con Edward – intervino Carlisle. Al parecer era el único que hacia comprender a Alice.
Charlie se acerco a Edward, su cara lo decía todo, quiera explicaciones y las quería de inmediato – señor Swan. Primero debo presentarme como es debido, soy Edward Cullen – extendiendo su mano hacia Charlie – soy agente de la Scotland Yard, y trabajo para el consorcio Cullen, precedido por mi padre aquí presente. Y soy hasta ahora simplemente el novio de su hija. A quien le debo mi existencia en muchos sentidos.
– Cullen, un gusto conocerlo, he oído de usted, soy Charlie Swan, jefe de policía del pueblo de Forks, y padre de Isabella, es un gusto – respondió Charlie, dejando un poco más aliviado a Edward, quien se sentía con menos peso en los hombros. Charlie, intercambio miradas con Renné, buscando una especie de aprobación a la elección de Bella, sin duda Edward era un tipo especial.
– Es un placer señor Swan, pero me puede llamar Edward, el Sr. Cullen es mi padre – pidió cordialmente Edward y a la vez rompiendo la tensión con una ligera risa.
– Está bien Edward, ahora lo que sí quiero que me expliques es lo que paso con Black – esta vez exigió Charlie.
– Bueno, lo que tengo entendido, es que el tipo volvió y en especial desde que Bella asumió el puesto en la empresa, había vuelto a hostigarla, gracias a unos desagradables sucesos, le perdió el rastro por unas semanas, hasta que Bella volvió al trabajo. Resultando, una presión innecesaria para ella, ya que el tipo de verdad la estaba llevando a un límite gracias a las amenazas. Pero en cuanto al pasado entre ellos dos, no es más que lo evidente. No hemos tenido la oportunidad, de hablar de eso. Todavía – finalizo Edward aclarando cualquier otra duda.
– ¿Y qué paso en la fiesta? – pregunto duramente Charlie.
– Jacob en la desesperación de sentirse acorralado, y amenazado le disparo a Bella. Y cuando vio su error, opto por la salida más fácil y cobarde. Se mato, con un tiro limpio y certero en su cabeza. Lo cual me lleva a pensar que sabía disparar, o por lo menos tenía conocimiento de las armas o estaba cercana a ellas – corroboro Edward.
– Si que la tenia. Yo le enseñe a disparar cuando era adolescente – no alcanzando a terminar gracias a la interrupción de Renné.
– Yo, les dije que no estaba de acuerdo con eso. Jacob no posee o en este caso poseía el perfil y la madures para manjar ese estilo de armas. Era fácil en él causar algún daño – reprocho Renné la enseñanza de Charlie.
– Bueno Jacob, no necesitaba arma alguna para hacer daño a Bella, tía Renné, ambas lo sabemos – aclaro Alice.
– ¿A qué te refieres Alice? – pregunto extrañado Charlie.
– Alice, ese es un tema del pasado – intervino Edward.
– Pero Edward, el tío Charlie tiene que saber, Jacob era una mala persona con Bella.
– Si de acuerdo Alice, pero es Bella quien le tiene que comunicar y hablar esos temas con su padre. No tú – expreso sabiamente Edward.
– Bueno esta bien, dejemos que las cosas se aclaren entre ellos, ahora creo que estamos todos bastantes cansados y es hora de partir a casa – finalizo Esme.
– Sí, estamos todos un poco estresados y cansados – Emmett, se levanto de su asiento y aprovecho para tomar entre sus brazos a Rosalie; Jasper también lo imito con Alice, calmándola un poco.
– Si hijo ya es tarde y debemos marcharnos – apoyo Carlisle.
Renné miro a Esme, siendo Edward quien notó la mirada.
– Señor señora Swan para mí y Bella sería un honor que se quedaran en nuestra casa, por el tiempo que sea necesario. Como esto fue un acontecimiento totalmente inesperado, por favor seria muy grato recibirlos ahí – expreso Edward.
– ¿Una casa? – Charlie nuevamente sorprendido.
– Si Charlie; nuestra Bella ya es una mujer hecha y derecha por lo cual, ya es razonable que este proyectando su vida con Edward. Está bien. Muchas gracias Edward, de verdad – intervino Renné calmando la situación.
– Yo los llevare a la casa, no te preocupes Edward – se ofreció Carlisle.
– Tomen las llaves. Siéntanse como en su casa. – Edward pasó las llaves a Renné.
– ¿Y tu no vas a venir? – Charlie cada vez más extrañado y suspicaz.
– ¡Charlie Swan!, para. Edward muchas gracias de verdad no te preocupes.
– Bueno, en la casa está el auto de Bella, que lo pueden ocupar si desean también…
– No te preocupes, hijo, yo me encargo de este pobre hombre que recién se está dando cuenta de que su princesa creció. Gracias nuevamente.
– Edward ve con Bella, nos encargamos de todo, buenas noches hijo – Esme se despidió dándole un grato beso en la mejilla.
– Gracias mamá, nos vemos mañana, buenas noches – Edward se despidió y entro a la habitación de Bella.
Como era posible que estuviera sucediendo aquello, si Bella estaba bien la noche anterior, había pasado buena noche, había dormido tranquila, sin ninguna complicación, ni siquiera estaba nerviosa cuando despertó hace algunas horas. Pero algo había pasado en pabellón, y Edward lo sabía. En el piso se notaba el ambiente tenso, se sentía, pero nadie le otorgaba una respuesta digna. No tenía información. Malditos. Porque nadie le podía responder por el estado de Bella. Ya habían pasado más de cuatro horas desde que la ingresaron a pabellón. Nadie hablaba nada.
Su celular nuevamente vibro, era la veintava vez, desvió la llamada, no quería hablar con nadie. Estaba mal, él estaba mal. Algo había pasado con Bella, lo sabía lo intuía, se podría apreciar pero las cosas no estaban como deberían ser. Estaban muy callados, no sonaba ni siquiera el teléfono del mesón. Era una tortura, Edward estaba pensando seriamente en entrar a través de esas puertas de vidrio. Y averiguar por sí mismo que mierda estaba pasando. Como era posible que nadie le dijera nada.
En eso siento una mano en su hombro. Y como reacción natural, se movió y boto la mano de su hombro. Descolado por la acción vio quien o quienes eran. Resultando ser Carlisle, y Charlie, con una expresión de preocupación absoluta, en el rostro de ambos. Edward mientras tanto los ignoro por completo, nuevamente cayendo en sus pensamientos, cada vez más caóticos.
– ¿Edward?, hijo, que pasa… por favor hijo… – Carlisle tratando de obtener su atención.
Mientras un exasperado Edward, se recluyo aun más en sus pensamientos, no podía ser posible no podía perder a Bella, no cuando… no ahora. Sus brazos estaban encima de sus rodillas sujetando su caótica cabeza. ¿Dónde había quedado la esperanza?
– Edward, ¿cómo esta Bella?, ¿qué es lo que pasa? – esta vez le pregunto Charlie.
Edward no contesto. Provocando más preocupación en Carlisle y Charlie. ¿Qué estaba pasando?
Carlisle y Charlie intercambiaron miradas. Todo estaba tan impasible. Algo debería estar pasando. Carlisle se dirigió al mesón, en donde estaba una enfermera, pregunto por el estado de Bella. Pero esta no le dijo nada, solo que continuaba en operación. Nada nuevo, maldición, con razón Edward estaba así.
Charlie sintió que Edward estaba mal, cada minuto que pasaba se estaba cerrando cada vez más. De verdad este chico tenía una seria relación con su hija. Si tan solo hubiera podido entrar anoche, pero no pudo y la conversación con los Cullen había sido clara. Esos dos eran hecho el uno para el otro, Edward había sido diseñado para Bella y viceversa. Pero necesitaba saber cómo estaba su princesa. Se había enterado de los problemas, en especial del atentado al departamento de Bella. Ahí empezó a comprender la actitud de Edward. En cierto sentido el destino los estaba poniendo constantemente a prueba. Y ambos lo sabían. Pero también le quedo claro luego de ver la casa de ambos, que esos dos eran especiales. Esme le contó el proceso particular en cómo se construyo esa casa. Y como los gustos de ambos, sorprendentemente eran similares. Renné le había dicho anoche que sin duda alguna era el uno para el otro. Si bien ellos conocían los sueños y los gustos de Bella. Por lo cual al momento de enterarse como era esa casa, se sorprendieron gratamente. Finalmente Bella había encontrado a su media naranja. Por fin.
Pero el problema era que Bella no salía de la operación, según la enfermera del mesón ya estaban entrando a la sexta hora de operación, pero no sabía nada más. Carlisle, en tanto entraba y salía, comunicándose con el resto de la familia, ya que en esa parte de pabellón solo pueden estar tres personas. En cierto momento que Carlisle salio nuevamente para hablar por teléfono, giro su vista a Edward, él cual estaba en la misma posición de absoluta concentración, sin que nada ni nadie lo perturbara, con los ojos cerrados. Aprecio que empezaba a murmurar. No sabía lo que decía, pero se percato de la solitaria lágrima que caía por su mejilla.
– Bella, mi ángel no me abandones por favor, Bella, mi ninfa, Bella. Mi Bella, no me dejes – logro escuchar Charlie luego de unos minutos. Ese hombre no estaba tranquilo.
En eso entro nuevamente Carlisle. Que mantenía esa cara de preocupación. Charlie salio a su encuentro, hablándole entre susurros – tenemos que sacar a Edward de aquí, está mal, en cualquier minuto va a colapsar – preocupado Charlie.
– Lo sé, así también estaba ayer, cuando Bella aún no despertaba. Pero nada lo puede sacar de aquí. Es imposible. Nada lo mueve, nunca antes lo había visto en un estado así – le explico Carlisle.
– ¿Nunca?, dios pobre chico – se lamento Charlie.
– Si van a seguir comentando mi actitud será mejor que se vallan. No son necesarios aquí, menos con esa actitud – hablo Edward sorprendiendo a los dos hombres.
– Edward… hijo por favor necesitas ir a tomar aire.
– Vallan ustedes.
– Edward…
–Váyanse, no los necesito, déjenme tranquilo.
– Edward por favor si nos escucharas…
– ¡Váyanse! – dijo Edward sin gritar pero en un tono lleno de rabia y furia que los obligo a retirarse urgentemente.
Salieron pacíficamente como les había pedio Edward. Esta vez fue Charlie quien le pregunto a Carlisle – ¿y ahora qué?
– Esperaremos afuera, hasta que pase algo. No puedo dejar en ese estado a Edward.
– Tienes razón. Esperaremos entonces – apoyo Charlie.
De repente unas puertas al interior se abrieron y escucharon unas conversaciones. Se escucha el grave tono de Edward, al parecer había pasado algo. Nuevamente entraron y vieron que Edward estaba literalmente en un mar de lágrimas. No paraban de caer por sus mejillas.
– Edward, hijo que paso… ¿cómo está Bella? – pregunto suavemente Carlisle, tomándolo por los hombros.
– Bella – respiro profundo – tuvo complicaciones en la operación. No se dieron cuenta el otro día pero tiene un daño en el pulmón. Puede que tenga algo más… no saben pero lo que lograron ver – otra respiración profunda – puede ser desde un tumor hasta un desprendimiento a raíz del disparo. No saben realmente. Ahora le estuvieron haciendo una serie de exámenes – respiro nuevamente y entre las lagrimas continuo – pero lo bueno es que la operación salió bien. Lo que pasó es que descubrieron este problema mientras terminaban de revisarla. Creo que le hicieron a la vez una biopsia antes de cerrar. Pero ¡Dios! – Edward no podía continuar hablando. Era mucha la presión – necesito verla.
– Edward, calma. No pasara nada. Estará todo bien. Lo del pulmón no será nada grave ya verás. Bella es sana como un roble, cálmate. Lo importante es que la operación salió bien y esa maldita bala no daño nada más – le dijo Charlie mirándolo a los ojos profundamente. Tratando de que entrara en razón.
– No puedo, no puedo, papá si ella se va, yo la sigo. No puedo vivir en un mundo en el que ella no existe. No soy capaz – Edward se abrazo fuertemente a Carlisle. Dejando a los dos hombres sorprendidos por la actitud.
– Edward, eso no va a pasar. Ya verás que lo de Bella no es nada grave lo podrán superar. Pero necesitas alimentarte hijo. No puedes seguir así – le suplico Carlisle.
– Es que… está bien… pero luego tengo que volver para poder ver a Bella, creo que pronto la pasaran a pieza y quiero estar con ella.
Los tres hombres salieron de la habitación de espera. Y fueron a la cafetería del hospital para que Edward comiera algo.
– Tu madre te mando una muda de ropa. Tengo entendido que en la habitación de Bella hay ducha, no estaría mal que tomaras una. Con el propósito de relajarte hijo, te vendría bien.
– Si eso mismo estaba pensando. Gracias papá – dijo Edward secamente, a pesar de que se habían calmado un poco más las cosas, Edward seguía cerrándose y hablando cada vez menos.
– Edward, si quiere me puedo quedar esta noche con Bella.
– Gracias Charlie pero no – respondió cortantemente Edward.
– Hijo, escucha a Charlie, no has salido del hospital desde que ingresaron a Bella. Sería bueno…
– Dije que no, gracias – Edward se levanto del asiento de la cafetería y se dirigió a la habitación de Bella.
– Creo que eso fue bastante claro. Lo bueno sería que le trajéramos comida. Si va a estar en esa actitud no abandonará el hospital hasta que le den el alta a Bella.
– Tienes razón Charlie. El problema son las mujeres que no soportan verlo en este estado. En verdad esta algo catatónico.
– Vamos antes que haga algo peor.
Los dos fueron entonces a la habitación de Bella luego de pagar el consumo en la cafetería. Cuando entraron Bella todavía no había llegado de la unidad de cuidado intensivo. Se escuchaba el sonido de la ducha. Pero el ambiente estaba tenso, se podía sentir. Era como si todo pendiera de un hilo.
Edward salio de la ducha, no alcanzaron a pasar cinco minutos cuando Bella fue ingresada en la habitación. Y Edward retomo la postura de hace días, nuevamente sentándose junto a la cama y tomándole la mano suave, pero firmemente.
– Entonces ahora que –susurros Charlie.
– Esperar a que despierte Bella – dijo Carlisle.
En tanto, se podía volver a escuchar a Edward susurrándole nuevamente en el oído a Bella – Bella, amor, cariño vamos, ven. Vuelve a mí. No me dejes. No me abandones. No así. Te amo. Vuelve. No me abandones… – Carlisle y Charlie desde su posición, pudieron ver como nuevamente una suave lágrima caía por la mejilla de Edward.
1 Popote, bombilla… como quieran
