NdA Hola. Debido a las Navidades, subiré los capis otros días. Voy a intentar actualizar el domingo; si no puedo, lo haré el miércoles 26¿vale? Felices fiestas a todos y que os traigan muchos, muchos regalos.

CAPÍTULO 12 Entre fases: Conociéndose (1)

Draco no perdonó. La Federación Inglesa había apoyado desde el primer momento la petición de Nigeria de volver a jugar el partido y estaba seguro de que lo habían hecho para fastidiarle a él. Además, la sensación de haber sido apeado del Mundial antes que Harry no le había gustado nada.

Aquella noche se vieron en el piso y Draco le demostró que su pierna estaba ya en perfectas condiciones por el sencillo método de follárselo hasta el olvido. Cuando terminó con él, Harry se sentía decidido a quedarse el resto de su vida en aquella cama. A su lado, Draco lo medio abrazaba, con los ojos cerrados y una insinuación de sonrisa en sus enrojecidos labios. Lo único que, a su juicio, estropeaba la perfección de su imagen era la camisa sin mangas, desabrochada, que llevaba puesta, pero Harry apartó ese detalle insignificante de su mente, demasiado contento por tenerlo de vuelta.

-Draco...

-Dime.

-Me alegro un montón de que no hayas tenido que irte de Alemania.

Él abrió los ojos, sonriendo, y le besó.

-Yo también me alegro.

-¿Te habrías quedado?

-No lo sé –confesó, encogiéndose de hombros-. Al principio estaba muy rabioso por haber perdido.

-Nunca has tenido buen perder.

-Eso dice mi madre-sonrió él-. Quizás me habría ido y habría vuelto cuando hubiera echado de menos ese culito de Gryffindor que tienes.

Ese era el tipo de bromas que sus amantes magos, tanto hombres como mujeres, habían tardado semanas en atreverse hacer, considerando sin duda que era una falta de respeto hablarle así al Chico-que-vivió. Uno hasta había llegado a decirle que era un honor acostarse con él. Un honor... Draco y él, sin embargo, habían bromeado así desde la primera noche que habían pasado juntos en aquel piso.

-Sé que mi culo es estupendo, Malfoy, pero no trates de actuar como si no te encantara abrirte de piernas para mí. Al fin y al cabo, es lo que vas a estar haciendo dentro de un rato.

Draco dio un suspiro y se tumbó de nuevo boca arriba.

-¿De verdad que el sexo con chicas te gusta tanto como esto?

Harry sonrió. Dudaba que el sexo con alguien le hubiera gustado tanto como eso.

-Hace bastante que no pienso en chicas, la verdad.-Le acarició el pecho-. ¿En serio habrías vuelto?

A Draco le costaba mucho admitir ciertas cosas, pero con Harry, que siempre daba el primer paso, resultaba más fácil de lo que esperaba.

-Creo que ni siquiera me habría ido. Estaba casi decidido a quedarme cuando llegó el patronus de Luc.

Harry volvió a sonreirle.

-Genial.

Draco se sintió un poco nervioso sin saber por qué. Hasta ese momento, había dado por sentado, como Harry, que aquello terminaría cuando terminara el Mundial. Ahora ya no estaba tan seguro de que fuera eso lo que los dos querían. Sin saber qué decir, cambió de tema.

-Me muero de hambre¿tú no?

-Sí –contestó Harry.

-¿Puedes levantarte o te he dejado agotado?-le preguntó, con una suave burla.

Harry le sonrió y le acarició el pelo con ambas manos, echándoselo hacia atrás, paseando la vista por sus ojos grises y sus rasgos afilados.

-Eres muy presumido.

-No creas. Sólo realista.

-Muy, muy, muy presumido.

Esta vez fue Harry quien le besó cariñosamente. Draco, olvidándose del todo de los nervios de antes, le acarició la nuca con los dedos.

-Besas muy bien, Harry, pero sigo teniendo hambre. Venga, vamos.

Entonces recogieron sus calzoncillos, se los pusieron y se fueron a la cocina. Harry sacó un paquete de salchichas de la nevera.

-¿Te apetece? Podemos tomarlas con lo que queda de guacamole.

-¿Eso hay que freirlo? Porque yo no sé usar esa cosa –dijo, señalando los fogones con la cabeza-. Luc me ha dicho que va con gas, suena bastante peligroso.

-No te preocupes, yo te protegeré –replicó Harry, burlón, mientras acercaba el encendedor eléctrico a uno de los fuegos.

-Pfff, luego soy yo el presumido.

Harry echó las salchichas en la sartén y se giró hacia él.

-¿Sabes que Andromeda y Ted vinieron a ver el partido contra España?

-Sí, me comentaste que vendrían Y leí en el Profeta que le habías dedicado tu victoria a tu ahijado. Imagino que se lo pasaría en grande.

-Sí, estuvo bien.-Le picó la curiosidad-. ¿Has pensado alguna vez en ellos¿Crees que a ella y a tu madre les gustaría hacer las paces?

Draco pareció un poco sorprendido y después le dirigió una larga mirada calculadora.

-Nunca he tenido relación con ellos.

-¿Qué pasa?

-Bueno... –Draco dejó sobre la mesa el bote de guacamole-. ¿Es que mi tía nunca te ha contado nada?

-¿De qué¿De por qué se pelearon?

Draco frunció un poco las cejas

-No se pelearon. Mis abuelos le dijeron que escogiera entre su novio de sangre muggle y su familia y mi tía los mandó a todos a la mierda, incluyendo a mi madre. No es que ella tuviera mucho que ver en ese asunto y no es lo que habría preferido.-Harry, que nunca había oído esa versión de los hechos, abrió la boca para preguntar por qué, entonces, Narcissa no había intentado demostrarle a su hermana que no pensaba como sus padres, pero Draco le hizo callar meneando impacientemente la cabeza-. Pero no me estaba refiriendo a eso. Mi madre y mi tía se ven de vez en cuando.

-¿Qué?-exclamó, atónito.

-No es que sean íntimas –le aclaró-. Creo que quedan tres o cuatro veces al año: mi madre nunca ha visto al niño, y sé que mi tía nunca ha ido a Malfoy manor.

Aquello era lo último que Harry habría esperado oir, aunque entendió mejor por qué Andromeda no había hablado de Draco con rencor.

-Pero... ¿desde cuándo¿Qué pasó?

-No conozco todos los detalles. Fue hace cuatro... no, cinco años. Se encontraron por casualidad en Hogsmeade. Hubo un cruce de palabras que se convirtió en un cruce de insultos, luego en un cruce de hechizos y, finalmente, terminó en una tregua.

Harry asimiló esa noticia como pudo.

-Bueno... mejor para ellas. Aunque no entiendo por qué Andromeda no me lo contó.

-Las salchichas se están quemando.

-¡Mierda!

Harry les dio la vuelta con un tenedor y observó con alivio, que los daños no eran muy graves.

-Quizás no te lo contó porque no pensó que fuera asunto tuyo. O creyó que no lo entenderías.-Alzó una ceja-. Lo cual, si lo piensas bien, no deja de tener su lado divertido, ya que tú también te estás viendo a escondidas con un miembro de la noble y altamente incestuosa casa de los Black.

Harry habría pensado que tener antepasados incestuosos no era precisamente algo de lo que enorgullecerse, pero Draco parecía encontrarlo divertido.

-Espero que no sea por eso. Aunque esto no hubiera pasado nunca, no me habría molestado que se viera con tu madre. Es su hermana.

Draco se encogió de hombros, zanjando el tema.

-Si se parece en algo a mi madre, no le habrá dado la gana darte explicaciones. ¿A qué hora os vais mañana al hotel nuevo?

-A las diez. ¿Y vosotros?

-También.

-Es una idiotez. Podrían instalarnos ya a todos en el mismo hotel y ahorrarnos un viaje.

-¿Y actuar con dos dedos de frente? Por favor, ya no sería la FIQ que tanto queremos.

Y despotricando alegremente de los directivos, se sentaron a dar cuenta de su tentempié nocturno.

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Al día siguiente, Draco estuvo dándole vueltas a la conversación que habían tenido la noche anterior. A veces estaba seguro de que Harry quería seguir viéndolo después del Mundial; otras, rechazaba la idea por absurda. Pero al final, hecho un lío, lo consultó con Luc; no era precisamente el interlocutor más idóneo, considerando que tenía la misma experiencia que él en relaciones de más de una noche, pero era su única opción. Sin embargo, después de escucharle con atención, Luc le hizo una pregunta que Draco, inconscientemente, había evitado durante sus reflexiones.

-Bueno¿y qué quieres tú?

-¿Yo?

-No sé, faltan ocho días para que se acabe el Mundial. ¿Te gustaría seguir viéndolo después?

-Sí, claro –dijo, después de pensarlo un poco-. Supongo que podríamos quedar de vez en cuando.

-¿Sólo eso?

-Bueno... ¿qué esperas¿Que nos hagamos novios? Me odia casi toda Inglaterra.

Luc meneó la cabeza.

-No me parece la clase de persona que deja que esas cosas le afecten.

-Bien, pues odia a mis padres y a todos mis amigos excepto a ti. Y no es que a mí me caigan muy bien sus amigos.

-Eh, sois como Romeo y Julieta.

-¿Quiénes son esos?-Luc le explicó la historia y Draco alzó una ceja, poco complacido-. Pues no me gusta la comparación, eran un par de idiotas. Romeo tendría que haberle dicho a Julieta su plan y ella era una estúpida melodramática.

Luc suspiró con paciencia.

-La cuestión es: si él quisiera salir en serio contigo¿querrías tú?

Draco pensó un poco. Salir con Harry. Verlo prácticamente todos los días, hacer cosas con él, sexo, sexo y más sexo... Pero cuando iba a contestar que sí, se dio cuenta de que se había olvidado de su espalda. Harry no querría salir con alguien que tuviera eso en la espalda.

-Es complicado.

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Harry se Apareció en el piso aquella noche después de haber tenido una pequeña fiesta de cumpleaños con sus compañeros de equipo. Draco, que había llegado antes que él, lo observó, consciente más que nunca de la mezcla confusa, aunque agradable, de sentimientos que provocaba en él.

-¿Qué tal la fiesta? –dijo, a modo de saludo.

-Divertida. Aunque me habría gustado poder celebrarlo también contigo.

-Aún no es tarde –sonrió Draco, empujándolo con la cadera hacia el dormitorio.

Desnudar a Harry era uno de esas cosas que uno no podía apreciar en su justa medida hasta que no lo había hecho. A Draco le encantaba quitarle la ropa lentamente y recibir con besos y caricias la piel que había quedado al descubierto y observar cómo sus ojos verdes se iban oscureciendo más y más por el deseo. Además, Harry tenía un cuerpo muy sexy, con el grado exacto de musculatura que le gustaba –más o menos como la suya-, algo de vello oscuro en el pecho y uno de los mejores culos que había visto en su vida. Entonces se fijó en su pene semi-erecto y lo acarició con las puntas de los dedos antes de metérselo en la boca, sintiendo cómo se endurecía contra su lengua casi al momento.

-Ssssí...

Los dedos de Harry se cerraron sobre su cabello, sin llegar a marcarle el ritmo. Draco iba despacio, disfrutando de los gemidos y los suspiros que arrancaba en Harry y de su olor almizclado. Él también estaba ya muy excitado, pero no tenía prisa. Era su cumpleaños, al fin y al cabo; tenían que hacer algo especial.

Draco, que aún iba completamente vestido, sacó su varita y dejó por un momento la mamada. Con un Accio rápido y no verbal, un tubo de lubricante y un vibrador salieron del cajón de su mesita y volaron hacia él. Harry entreabrió los ojos.

-¿Tú no estás muy vestido?

-Posiblemente –contestó Draco, empezando a desnudarse con rapidez.

-¿Un vibrador?

Parecía más apreciativo que escandalizado, algo que Draco ya había dado por sentado, después de descubrir su desenvuelta actitud hacia el sexo.

-Te prometo que está limpio –dijo, medio en broma, medio en serio.

Harry se echó a reir.

-Vale, gracias por la aclaración.

-Bueno –replicó Draco, volviendo a colocarse entre sus piernas-, a mí me gustaría saberlo.

Sin darle tiempo a que se riera otra vez de él, se metió de nuevo su erección en la boca. Fue efectivo, pues la incipiente risa de Harry se convirtió en una exclamación ahogada de placer. Draco se untó los dedos con un poco de lubricante y presionó uno contra la entrada de Harry, sintiendo cómo se abría para él. Después de meterlo y sacarlo unas cuantas veces, añadió un segundo dedo y buscó su próstata. Harry gimió y arqueó las caderas contra él.

-Oh, joder... Draco...

Draco usó un poco más de lubricante y empezó a introducirle lentamente el vibrador. No sabía qué era más erótico, ver cómo iba desapareciendo poco a poco dentro de Harry o cómo su cara se crispaba de placer, pero sí sabía que tenía la garganta seca de deseo y que ninguno de sus amantes le había parecido tan fascinante. Sus labios se movieron para pronunciar el sencillo encantamiento que ponía en marcha el vibrador, pero tuvo que repetirlo dos veces, atontado por la tensión de su entrepierna. Cuando por fin lo consiguió, el vibrador empezó a moverse por su cuenta, entrando y saliendo suavemente del culo de Harry. La respiración de éste se hizo más entrecortada y sus manos se crisparon sobre la sábana.

-No venden... vibradores de estos... en Inglaterra –dijo, en un tono de voz algo agudo.

-Vive la France, ya sabes.

Habría podido correrse sólo mirándole. Draco dio un suspiro de satisfacción por el simple hecho de tenerlo ahí y, haciendo caso omiso de la urgencia de su propia necesidad, continuó de nuevo con su mamada. Harry dio un pequeño grito y trató de apartarlo con manos que habían perdido toda su fuerza.

-No... me correré,,, espera...

Draco no le hizo mucho caso y continuó un poco más, queriendo que disfrutara de la deliciosa sensación de ser penetrado y, a la vez, estar recibiendo una mamada. Cuando sus gemidos alcanzaron una frecuencia que empezaba a ser familiar, se detuvo. Él tampoco podía más.

Su mano alcanzó a tientas el tubo de lubricante y esparció una buena cantidad en su propio culo. Despuñes se colocó a horcajadas sobre Harry, que aún jadeaba por los efectos del vibrador y tenía los ojos apretados. Draco pensó que ni siquiera era consciente de lo que estaba pasando.

-Abre los ojos, Harry –dijo, con voz un poco ronca, pero sugerente.

Él lo hizo y alzó las cejas fugazmente en ademán de sorpresa.

-Joder.-Draco descendió lentamente sobre él hasta que la polla de Harry quedó totalmente enterrada en su cuerpo-. Oh, Dios... Oh, Dios...

Draco entrelazó sus manos con las de Harry, presionándolas contra el colchón y empezó a cabalgarle al mismo ritmo que marcaba el vibrados, moviéndose un poco para alcanzar su propia próstata. Se sentía lleno y caliente y ver a Harry tan perdido bajo él le estaba catapultando hacia el orgasmo a más velocidad de la que esperaba. Su cuerpo empezó a tensarse de una manera insoportable y tuvo que usar la poca fuerza de voluntad que le quedaba para seguir sujetando las manos de Harry y no empezar a masturbarse, Entonces Harry dio un último grito y se corrió, arqueando las caderas, ofreciéndole el cuello al echar la cabeza hacia atrás. Cuando su cuerpo quedó laxo sobre las sábanas, Draco lo soltó por fin y lo abrazó con fuerza, dándole un beso que Harry apenas pudo devolver.

-Oh, ven...-murmuró débilmente.

Una mano temblorosa se cerró sobre su erección. Era todo lo que Draco necesitaba ya y se corrió casi al momento, medio abrazado a él. Envuelto en Harry, pensó, algo aturdido por el orgasmo. Después le quitó el vibrador, se apretó bien contra Harry y cerró los ojos.

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-Draco...-le susurró al oído, al cabo del rato.

-¿Qué?

-¿Puedo hacerte una pregunta?

-¿Es sobre algún tema incómodo?

-Sí.

-¿Por qué? Estamos bien así, no estropees este momento perfecto.

-Porque quiero conocerte mejor.

La respuesta podía ser bonita, pero Draco dio un suspiro resignado.

-¿Qué quieres preguntarme? –dijo, de mala gana.

Harry lo miró con seriedad a los ojos.

-¿Por qué no quieres que te vea la espalda?

Draco se apartó de él y se abrochó nerviosamente un botón de la camisa.

-No quiero hablar de eso.

-No te estoy pidiendo que me la enseñes, Draco. Pero no quiero que pienses que tienes algo ahí que puede cambiar mi opinión sobre ti. Creo que eres fantástico, y no me importa que tengas la espalda cruzada a cicatrices o quemada de arriba abajo o con una Marca Tenebrosa o lo que sea que te pase.

-Harry, te lo digo en serio.-Sonaba más suplicante que amenazante-. No quiero hablar de ese tema.

Su incomodidad apenó a Harry. Era obvio que aún no confiaba del todo en él. Pero lo comprendía: aunque a veces tuviera la sensación de que Draco y él llevaban toda una vida quedando para follar en aquel piso, apenas hacía tres semanas desde la noche de la borrachera.

-De acuerdo, no te preocupes. Pero vuelve aquí, anda. Me gusta abrazarte.

La tensión aún seguía ahí, empujándole en dirección opuesta a la de Harry, lo más lejos posible. Pero al ver las emociones que latían en sus ojos verdes-compasión, pero también cariño y ganas de asegurarse de que con aquellas preguntas no lo había estropeado todo-, suspiró hacia sus adentros y se acercó a él para dejarse abrazar. Los brazos de Harry lo rodearon al momento y Draco sintió su nariz presionando cerca de su oreja, sus labios dándole unos cuantos besos ligeros en el cuello.

-Así está mejor...-le oyó murmurar-. Venga, para animarte, te contaré lo bien que me fue la primera vez que salí con una chica.

-¿Cho Chang?

-La misma.

Harry empezó a hablarle de su desastrosa cita con la Buscadora de Ravenclaw, exagerándolo todo para que resultara más gracioso –aunque a él no le había parecido muy gracioso en aquel momento-. Tal y como esperaba, Draco pronto estuvo riéndose a carcajada limpia. Y aunque fuera un poco a su costa, a Harry no le importó.

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Unas cuantas horas después, Harry desayunaba en el comedor del hotel, rodeado de sus compañeros. Ron estaba a su derecha, leyendo la sección deportiva del Profeta mientras masticaba su quinta tostada del día. A su izquierda, Alicia Spinnet charlaba con la sobrina de Shacklebolt sobre célebres capturas de la snitch. Harry estaba terminándose su desayuno, con la cabeza más puesta en Draco que en el entrenamiento que tenía por delante, el último antes de la semifinal.

Ya no dudaba. Draco podía ser la cosa más complicada que había visto en su vida. Pero también era alguien que estaba más interesado en él que en el Chico-que-vivió, el cuerpo en el que quería perderse, el mago que le había devuelto el quidditch, el chalado que en tres días se alquilaba un piso muggle de lujo porque follar en una habitación de hotel resultaba "sórdido y de clase media". Quería salir con él.

A su lado, Ron hizo un ruido raro.

-¿Qué? –preguntó Harry.

Las manos de Ron arrugaron los bordes de las páginas. Y sus ojos se giraron hacia Harry con una expresión cargada de incredulidad y traición.

Sabía lo de Draco.

-¿Podemos hablar un momento?-le preguntó Ron, poniéndose en pie.

Harry no sabía qué había leído en el periódico. Por un momento, incluso pensó que Draco lo había contado todo, hasta que comprendió que si hubiera hecho tal cosa, habría aparecido en primera página, no en el suplemento de deportes. Pero de algún modo, Ron lo sabía. Y, conociéndole, si no le seguía se arriesgaba a tener esa discusión en medio del comedor.

Los demás se habían dado cuenta de que pasaba algo raro y los miraban con disimulo. Harry, con un peso en el estómago, se levantó y siguió a Ron fuera del comedor. Mientras iban a su habitación, Harry no pudo evitar sentirse como si fuera todavía un estudiante de Hogwarts a punto de ser castigado y luchó contra esa sensación porque sabía que era una trampa. Saltaba a la vista que Ron estaba furioso, mucho más de lo que había esperado, pero él no había hecho nada malo.

Entonces llegaron a la habitación. Ron entró primero y Harry cerró la puerta tras de él.

-¿Puedo saber qué te pasa?

Ron agitó el diario.

-¿No lo sabes? Según este periódico, pillaron a Malfoy regresando al hotel ayer a las seis y media de la mañana. ¡Esa es la hora a la que llegaste tú! –Meneó la cabeza-. Dime que estoy loco, Harry. ¡Dime que tú nunca te follarías a esa cucaracha albina!

Harry suspiró.

-Ron, escucha...

Pero Ron debió de comprender que si no había saltado a defenderse de tales acusaciones sólo podía ser porque eran ciertas.

-¡No puedo creerlo¿Has estado quedando con él¿Cómo has podido?

-¡Escucha!

-¡No quiero escuchar!-gritó, rojo de rabia-. ¿Cómo puedes tocar siquiera a alguien que piensa que tu madre y Hermione son basura¿Cómo puedes olvidarte de todo lo que nos hizo¡Mi hermano Bill está desfigurado por su culpa¡Su tía mató a Fred y torturó a Hermione!

-¡Y su otra tía es la abuela de Ted!-replicó Harry, harto-. ¿Quieres escucharme, joder¿Crees de verdad que estaría con él si Draco fuera la misma persona que en Hogwarts?

-Draco...-pronunció, casi escupiendo su nombre, como si pensara que llamarlo así era una señal de su degradación.

Harry sentía la ira creciendo dentro de él, en parte por las muestras de desprecio de Ron hacia Draco, en parte porque le estaba enfureciendo verse tratado así. Pero intentó mantener la calma y ser paciente. El energúmeno que le estaba gritando era su mejor amigo, Ron Weasley, a quien quería como a un hermano. No quería discutir con él.

-Ha cambiado. Ya no cree las cosas que creía antes. Y no va por ahí puteando a la gente.

-Ya, claro, eso es lo que él te ha dicho.-Lo miró con una mezcla de asco y disgusto y Hary se sintió cómo si le hubieran clavado un puñal en el estómago y se lo estuvieran retorciendo-. A mí no me hables, Harry. Mientras sigas viendo a esa basura, a mí no me hables.

-Ron... –dijo, dando un paso hacia él.

Pero Ron le dio un empujón y se marchó de la habitación, cerrando la puerta de un portazo.

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P160880, hola. No te puedo decir si pasará como quieres o no, sorry. Pero no tardarás en averiguarlo.

Marcia Canija, qué tal? Vaya comentario más largo! A ver, hasta ahora, ellos han estado siguiendo los partidos del Mundial por la radio, aunque en las semifinales puede que eso cambien. Ahora mismo estoy muy liada, pero si puedo, me pasaré por tus historias. Me gusta mucho el slash, claro, aunque leo más en inglés que en español. Me alegra mucho que te esté gustando el fic, guapa.

Lireve, hola. Harry y Draco están ya tan, tan colgados uno del otro aunque aún no se hayan dado cuenta... XD Rowling sigue soltando perlas llenas de prejuicios contra ellos, así que yo sigo defendiéndolos. Eso sí, en mi próximo fic ya no sacaré el tema, que ya lo he usado mucho. A veces creo que JK pensaba que todos sus lectores se identificaría con los Gryffindor superguays como ella, lo cual demuestra lo poco que sabe sobre psicología humana. Yo habría ido a Ravenclaw de cabeza y, sinceramente, si los Gryf hubieran sido como los describe JK, habría acabado harta de ellos, de su complejo de superioridad y de su moral de quinto de primaria.