Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia es de bornonhalloween, yo sólo la traduzco.

.-.-.-.-.-.

Hola hola, ya estoy aquí con un nuevo capítulo. Espero que disfrutéis leyéndolo. Besos!

.-.-.-.-.-.

.

Capítulo beteado por Flor Carrizo

www. facebook groups / elite . fanfiction /

.

Capítulo 12: Mosca en la pared

~BPOV~

El chico que me esperaba en el lugar de siempre estaba más descansado, era la versión refrescada del chico del viernes pasado. Sin embargo, sentí sus ojos en mí durante todo el recorrido desde la puerta hasta el asiento, como si él no acabara de confiar en que realmente fuera a sentarme a su lado hasta que finalmente aterricé en el asiento. Había una nueva sensación extraña entre nosotros, una combinación entre la intimidad de esa noche que pasamos juntos bajo nuestro manto oscuro y la desconfianza persistente causada por la falta de honradez de Edward.

Casi se sentía como si hubiera un extraño sentado a mi lado, en lugar del cálido y dulce chico del que estaba empezando fiarme. Y donde antes estaba la cuerda más fuerte que había empezado a reforzar las fibras de nuestra amistad, en ese momento se sentía como si estuviéramos unidos por una conexión mucho más frágil, con menos hilos. Algo que tendríamos que estar pendientes de proteger.

Sabía que Edward quería hacer las cosas bien y su sincera disculpa sin duda iba por un largo camino y estaban empezando el proceso de curación. Pero yo no podía dejar de sentir que él seguía teniendo secretos ocultos. Si lo que Britney dijo era cierto, Edward parecía ser un amante… experimentado. Esa palabra apareció con acritud en mis pensamientos. ¿Cómo podía lo que había ocurrido entre dos extraños calificarse como amor? ¿Con cuántas otras chicas había estado Edward? ¿Podría manejarlo sin saber sobre su pasado? Peor aún, ¿y si él era lo suficientemente valiente como para compartir la verdad y yo no era lo suficientemente fuerte como para hacer frente a ella?

Como si su rostro pudiera tener las respuestas a mis preguntas, miré en su dirección sólo para descubrir que él había estado mirándome todo el tiempo. Los dos nos miramos como si fuéramos extraños, como si fuéramos gente tímida y vergonzosa que no sabía a qué atenerse con el otro.

—Buenos días. En lugar de compartir vuestros ensayos, me gustaría hacer un poco de ejercicio de escritura libre basado en el tipo de consejo que le daríais a vuestros yo de diez años. Esto es sólo para vosotros, ni siquiera tendréis que compartirlo con vuestro compañero de escritura. Me gustaría que cada uno pensara en los retos, preguntas, esperanzas y sueños que tenéis en este momento para vuestro futuro. Podéis realmente hacer una lista de estos. Ahora pensad en vosotros siendo mayores, como... ugh... de mi edad —dijo dramáticamente—. ¿Qué tipo de consejos creéis que vuestros yo de 40 años puede ofrecer a vuestro yo actual?

»Mientras empezáis a trabajar en eso, yo os voy a ir entregando vuestros ensayos. Trabajaremos hasta diez minutos antes de que acabe la hora. Hacedlo, por favor. Sólo porque no estéis siendo calificados no significa que debáis dar algo menos que todo vuestro esfuerzo.

Los ensayos se repartieron, pequeños gruñidos de la mañana de lunes se intercambiaron y, por último, todo el mundo hirvió a fuego lento y se puso a trabajar. Me arriesgué a darle un vistazo a Edward. Sabía que ya había considerado su propio futuro al ver el punto de vista que tomó en su ensayo, pero en ese momento tenía que lidiar con su actual yo y eso era probablemente por lo que estaba frunciendo un poco el ceño en esos momentos. Me sentí un poco mal al no importarme que él estuviera teniendo un momento duro con el actual Edward. Eso era lo que había entre nuestros yo actuales.

Esbocé una lista de temas: ¿cumplimiento en el trabajo? ¿Relación? (¿EDWARD?) ¿Charlie? ¿Salud? ¿Hijos? ¿Delgadez? ¿Amigos? ¿Escribir una novela? (¿Famosa?)

Decidí imaginarme las respuestas más brillantes a todas mis preguntas y me permití hundirme profundamente en esa hermosa fantasía. Empecé a escribir y mi boli no paró de moverse hasta que el profesor Banner nos dijo que había terminado el tiempo. Me había pasado los últimos cincuenta minutos metida en una perfecta visión de la vida matrimonial con Edward, nuestros dos perfectos hijos (uno de ellos, por supuesto, con su estructura ósea, el pelo de color caramelo, los ojos verdes brillantes y una sonrisa deslumbrante), mis tres novelas más vendidas, todas se habían convertido en películas protagonizadas por las estrellas más calientes del día, Charlie y Sue vivían felices a la vuelta de la esquina, sólo lo suficientemente cerca para cuidar de los niños cada vez que necesitábamos su ayuda, y todo rematado con el regreso de mi madre díscola, quien había decidido que había cometido un terrible error y nos quería a todos de vuelta en su vida.

¿Qué consejo le daría esa mujer delgada, exitosa y feliz a una chica tan corriente como yo? Seguí escribiendo. No permitas que los reveses temporales te desanimen. No tengas miedo de intentar algo diferente. El fracaso no es lo contrario del éxito, es un ingrediente necesario. No ahogues emociones difíciles con los alimentos. Prémiate de formas no calóricas (¡incluye los besos!). Aprecia el tiempo que pasas con tu padre, id a pescar, ver el golf juntos, habla con él sobre las cosas que te importan. No permitas que un error te cierre la puerta a una relación que podría ser todo para ti. Si tu madre regresa algún día, trata de mantener tu corazón abierto.

¿Realmente acababa de escribir eso? ¡Wow!

^EPOV^

Durante los primeros cinco minutos de nuestro ejercicio de escritura, todo lo que pude visualizar era a mi yo de 40 años moviendo la cabeza con desaprobación hacia mi yo actual. A pesar de que Bella me escuchó y nos dio la oportunidad de empezar de nuevo, me sentí como si hubiera perdido mucho terreno. Sentado ahí, a su lado, yo sabía muy bien que no estábamos en el mismo lugar que estábamos antes de que todo eso comenzara.

Mi sabio yo de 40 años del futuro tenía algunas cosas importantes que decir a ese chico en su primer año de universidad. Averigua qué tipo de hombre quieres ser y empieza a vivir de acuerdo con sus altos estándares ahora mismo. No hagas nada que vaya a avergonzarte o sobre lo que quieras mentir más tarde (consejo dado con más frecuencia por papá). No renuncies a ti mismo, eres capaz de casi cualquier cosa que te propongas. Sigue haciendo esas cosas que te hacen sentir satisfecho en tu interior, si eso es jugar al golf o enseñar a jugar al golf o escuchar buena música, está bien. Emmett siempre va a ser tu hermano mayor y tu fan más leal. ¡Esta podría ser la chica, no la dejes escapar!

Cuando Banner nos detuvo, yo estaba nervioso acerca de cómo estaban las cosas con Bella y quise fijar la oportunidad de hablar con ella de nuevo pronto. Me incliné y pregunté:

—Bella, ¿podemos reunirnos esta noche después de tu sesión con Riley, por favor? —Antes de que consiguiera mi respuesta, el profesor Banner comenzó:

—Esta semana vamos a trabajar en la escritura del diálogo. Vais a elegir un escenario y a adoptar el punto de vista de la mosca en la pared. Decidme lo que los personajes están diciendo y pensando. Podéis elegir un momento de la historia: ¿Qué le dijo el rey Enrique VIII a Ana Bolena la noche antes de que fuera decapitado? Podéis elegir algo bíblico: ¿Sobre qué hablaron Caín y Abel en el campo? O podríais elegir algo de la cultura pop: ¿Cómo Brad le dio la noticia a Jennifer? ¿Cuál es la conversación entre el vampiro y la joven que desea ser su compañera inmortal? Haced vuestra elección, lo que creáis que va a ser interesante para escribir. Ya que la siguiente semana es Acción de Gracias y no se hará ninguna tarea, voy a poneros 1.000 palabras por el momento.

Se escucharon gemidos y quejidos, mi propia voz alta entre ellos. Tenía mis últimos partidos de golf esa semana y estaba teniendo más estrés que de costumbre. A eso le sumábamos el torbellino emocional de Bella y yo debería estar perdido el fin de semana.

Mi oferta sin respuesta todavía estaba en la mesa al final de la clase y Bella comenzó a recoger. ¿Se había olvidado? Joder, Emmett probablemente diría que todo eso era parte del proceso de arrastrarse.

—¿Bella?

—¿Hmm? —dijo ella con aire ausente.

—¿Esta noche?

—Oh, yo...

Mierda, no la empujes, Edward.

—Hey, está bien. Si no estás lista...

—Es que no he tenido mucho tiempo este fin de semana, entre Charlie y nosotros... ya sabes... yo no podía realmente concentrarme. Así que tengo un par de cosas colgando sobre mi cabeza que debo terminar esta noche.

A decir verdad, yo también.

—¿Puedo recogerte por la mañana en mi camino hacia el campo? —Por favor, di que sí, Bella.

—Eso debería estar bien a menos que yo me acueste muy tarde. ¿Puedo enviarte un mensaje más tarde?

Traté de no sonar demasiado miserable cuando consideré que ella no podría venir.

—Claro —tuve que estar de acuerdo.

O) (O

Me hice una promesa a mí mismo de que iba a trabajar a pleno rendimiento, al menos hasta que recibiera el mensaje de Bella. El aspecto positivo de mi nube oscura fue que me puse al día sobre todos los problemas de Pre-Cálculo que pude hacer sin ayuda, terminé mi lectura asignada en Psicología e, incluso, escribí la mayor parte de las líneas de mi ensayo cuando su mensaje me llegó a 1:15 am.

Edward, estoy terminando ahora. Creo que voy a necesitar dormir más por la mañana. Lo siento. Bella

Triple golpe. Ella no iba a ir. Había vuelto a escribir nuestros nombres completos. Y lo peor de todo, no había x.

B: No es que necesites el sueño para estar guapa, pero lo entiendo. ¿Tal vez podamos pasear después de la tutoría mañana por la tarde? E

Su respuesta llegó rápidamente.

Claro. Te veré entonces.

Eso era mejor que nada, pero quería mis x de vuelta.

O) (O

Renuncié a practicar ese día, aunque pensé que ir golpear me ayudaría a librarme de mi frustración acumulada. Entre mis entrenamientos con Riley y mis prácticas adicionales por la mañana, mi juego de golf nunca había estado en mejor forma. Al menos algo estaba funcionando para mí en esos momentos.

Traté de concentrarme en la historia del Jazz, porque escuchar era muy importante y teníamos un gran examen el martes, pero la preocupación por Bella me llenaba. La paciencia era un rasgo que era fácil en mí en el ámbito de los deportes, pero estar en esa situación tortuosa con Bella definitivamente no era mi fuerte. Y, como antes, era consciente de que había otros lobos aullando a su puerta, uno de los cuales iba a estar sentado muy cerca de ella durante la próxima hora. Ah, bueno, me calmé a mí mismo, él no estuvo en (o sobre) su cama la noche anterior.

Finalmente tuve mi merecido descanso antes de reunirme con Emily. Hacía demasiado frío para pasar el rato fuera, así que me metí en Elsie y cogí un perrito caliente. Deteniéndome en un centímetro libre de mostrador, inhalé los primeros bocados, dejando que el chucrut y el chile hicieran su curación mágica. Por encima de todo, el profesor Banner me había recordado Acción de Gracias y las vacaciones que descansaban sobre mi pecho como un pavo grande lleno de grasa. Mamá y papá no esperaban que viajáramos a casa, simplemente no tenía sentido hacerlo sólo para un fin de semana largo, sobre todo con la Navidad a tan sólo cuatro semanas después. Terminé mi perrito, me tomé el resto de mi Coca-Cola Light y cogí un puñado de servilletas para limpiar el daño.

Nada más salir al frío de nuevo, le envié a Emmett un mensaje rápido para pedirle que me llamara cuando estuviera libre. Dos segundos más tarde, el himno de Holden resonó en mi móvil. Tuve miradas divertidas de parte de todos alrededor antes de poder pulsar el botón de respuesta.

—Maldita sea, Emm, te dije que dejaras de jugar con mis tonos de llamada —me quejé.

Oh, vamos, Eddie. Acabo de romper el récord. Déjame divertirme un poco, ¿quieres? Bueno, ¿qué pasa? ¿Necesitas que Rosie pase otra noche en la casa de la risa?

—No, Emmett —contesté rápidamente. No queriendo ser desagradecido, agregué—: Pero gracias por lo del domingo. Realmente lo necesitaba.

Sí, a decir verdad suenas como si necesitaras alrededor de cien más como esa, hermanito.

—Ugh, no quería decir eso. De todas formas. —Fui hacia lo importante—: ¿Qué vas a hacer para Acción de Gracias?

Los Hale me han invitado cordialmente a asistir a la fiesta de nuestros antepasados en su recinto. Ellos me aman, Eddie. ¿Qué puedo decir? —Escuché su bravuconería que retumbó a través del 3G.

Me lo imaginé. No le dolía que la primera vez que iba a conocer a los padres de su novia fuera después de haber batido un récord universitario.

Hey —dijo con seriedad—, ¿tienes un lugar donde ir?

—Claro, Emm. Estoy bien —le mentí. Un par de los chicos del equipo de golf vivían cerca y estaba seguro de que si les soltaba una sugerencia o dos, no iba a tener ningún problema para conseguir una invitación. Sabía que podía ir a casa de Jasper, pero no podía pedirles a mis padres que pagaran un vuelo a Florida sin ninguna razón.

Está bien. Entonces, ¿cómo van las cosas con Bella?

—Están bien, supongo. Yo... acepté tu consejo —le reconocí.

¿Te pusiste de rodillas?

— Sí.

Eres un buen hombre.

—Me sentí más como un gatito que un hombre, para ser honesto. —Una risa profunda se escuchó a través de la línea.

Entonces debes haber hecho las cosas bien.

—Muy bien —dije con tristeza—. Escucha, me tengo que ir. ¿Puedes venir a mi partido del jueves?

Claro, tú sabes que yo estaré allí. Es tu último partido en casa, ¿no?

—Sí —le respondí, lamentando que mi fin de semana lo pasaría en Bethel, Maine.

Está bien, nos vemos allí.

—Hasta luego.

Estaba delante de la biblioteca y Emily me saludó de la misma manera que siempre, mirando hacia abajo a mis zapatos o simplemente más allá de mi mochila. La chica tenía un trastorno social grave, pero maldita sea, ella era buena enseñándome matemáticas.

—¿Preparada, Emily?

—Oh, sí... claro.

Por el rabillo de mi ojo vi a Connor esperando y seguí adelante con rapidez, así no tendría que ver a Bella con él.

~BPOV~

Cuando Connor y yo salimos de la biblioteca, vi a Edward esperando a un lado, haciendo un esfuerzo por no mirarnos. Eso había sido mi culpa por llevar la camiseta de Gil, yo había encendido el instinto celoso de Edward y él estaba trabajando para frenarse a sí mismo. Le dije un adiós apresurado a Connor, quien vio a Edward, probablemente porque no pude evitar llevar mis ojos hacia donde él estaba parado. Connor pilló la indirecta y se marchó. Edward estuvo a mi lado en un momento. Ni siquiera pude imaginar cómo había llegado tan rápido.

—Gracias por venir —dijo.

Me encogí de hombros. No era como si me hubiera salido de mi camino. Estaba caminando de vuelta, él estaba caminando hacia atrás.

—Entonces, ¿conseguiste acabar todo su trabajo ayer por la noche? —preguntó.

—Hice suficiente —le respondí.

—¿Tienes tiempo para tomar un café o algo? —preguntó esperanzado.

—Claro. Ya lo he terminado todo por hoy. —Su sonrisa tensa se aflojó un poco con esa noticia.

—Muy bien. ¿Quieres ir a Froth?

—Por supuesto. —Froth era el antídoto de Holden a las cadenas de cafés estériles y a las bebidas italianas de tamaños pretenciosos. Allí podíamos pedir bebidas pequeñas, medianas o grandes. Ellos no miraban mal si no nos íbamos después de terminar nuestras bebidas. De hecho, había una estantería llena de juegos antiguos como Sorry y Trouble, las damas y el ajedrez. Incluso el Monopoly, pero los estudiantes de finanzas solían acapararlo siempre. Así que muchas personas utilizaban el juego Scrabble, ahora tenían tres y había una lista de espera a la que podías apuntarte cuando entrabas. Yo no quería jugar a ningún juego con Edward en ese momento y esperaba que él se sintiera de la misma manera.

Mientras estábamos caminando hacia la tienda, no pude dejar de pensar que en el camino de vuelta iba a saber cosas acerca de Edward que debía saber y yo realmente esperaba que esa fuera la decisión correcta. Por la manera tentativa en la que él se estaba moviendo, probablemente sospechaba lo mismo.

Las cuatro era casi hora de máxima audiencia en la cafetería en el campus, chicos en busca de un lugar para estar entre las clases y hasta la cena, el momento de empezar a llenarse de cafeína para pasar a través de la carga de una noche de trabajo. Cada mesa estaba llena cuando entramos. Me ofrecí para mirar si alguien se iba mientras Edward se ponía en la cola. Él dejó su mochila conmigo y yo deslicé la mía de mi hombro al suelo.

—¿Qué quieres? —me preguntó.

—¿Café Latte con leche descremada? —Metí la mano en el bolsillo delantero, pero Edward cogió mi muñeca.

—Tengo esto, Bella. Te invito.

—Gracias —dije, sabiendo lo irritante que era cuando la gente no aceptaba una simple taza de café cuando se la ofrecían. Hice una nota mental para comprarlo yo la próxima vez, aunque sabía que los fondos de Edward eran más abundantes que los míos.

Aún no había mesa disponible cuando Edward regresó con las bebidas, así que estuvimos de pie torpemente entre las mesas, hacia el centro de la cafetería. Ese era lugar sólo para una pequeña charla, así que llenamos el aire de charlas sin sentido acerca de su práctica, su sesión con Emily y Riley. No sabía quién de nosotros estaba más aliviado cuando un par de chicos finalmente decidieron irse. Fuimos hacia ellos protectoramente para asegurarnos la mesa del rincón. Una vez nos sentamos, Edward convirtió la conversación en nuestra misión.

—Entonces, ¿qué está oyendo tu mosca? —preguntó.

Sonreí.

—Bill y Hillary, la noche en la que él afirmó que no había tenido relaciones sexuales con esa mujer. —Una sonrisa no controlada apareció en su rostro.

—La mía es de Tiger y Elin —dijo.

—Oh, hermano. Banner va a pensar que nos hemos copiado el uno al otro.

—No —dijo—, él sólo se dará palmaditas a sí mismo en la espalda por lo perfectamente adecuado que somos el uno para el otro.

De repente su cara se puso roja y miró hacia abajo en la mesa. Yo tomé torpemente mi café con leche. El tiempo pasó.

^EPOV^

—Edward, tenemos que hablar.

Aunque inicié esta pseudo-cita para hacer exactamente eso, no pude evitar la respuesta física cuando ella dijo esas palabras consagradas que sabía que precedían a una ruptura. Si lo que habíamos estado haciendo, incluso se podía considerar algo para romper. Pero sabía que ese era el momento en el que me temí haberlo perdido todo para siempre. En el momento en el que mi sangre corrió fría, literalmente, a través de mi cuerpo y tuve las manos temblorosas, dejé mi bebida caliente y obligué a mis ojos a mirar los de ella.

—Lo sé —le respondí y, de pronto, ella vio lo que yo sentía.

—No sé cómo hacerlo —admitió y yo estaba atravesado por esas palabras que ella me decía una y otra vez.

No sé cómo besar. No sé cómo compartir la cama contigo. No sé cómo hablar contigo acerca de tu sórdido pasado.

Sé un hombre. Soluciona esto, me pidió mi Emmett interior.

—¿Quieres saber cómo me enteré de que las niñas no tenían piojos? —le ofrecí.

—Creo que sí —dijo derrotada.

—Hey, Bella… —empecé y luego aproveché mi oportunidad y fui hasta el otro lado de la mesa para captar libremente sus dedos—. Te diré lo que quieras saber. —Ella no se tiró hacia atrás, lo que tomé como una señal positiva—. Lo peor ya está a la intemperie —le prometí.

—Yo no estoy tan segura —dijo ella.

Genial, Bella pensaba que era un prostituto. Y mirando hacia atrás, supuse que tendría que admitir que había tenido más que mi parte justa de chicas en la escuela secundaria, pero sólo una a la vez y cada una significó algo para mí. Hasta Britney. Dejé escapar un suspiro de exasperación y respondí a su acusación tácita.

—Bella, te lo dije, no soy una aventura de una noche. Eso fue un error de una sola vez. —Ella retrocedió y tiró hacia atrás su mano. Maldita sea, ¿qué era lo que había dicho?

—No, Edward. No es eso.

Ambas manos se apartaron de la mesa y yo estaba bastante seguro de que si me asomaba, las encontraría frotándose como locas en su regazo.

—¿Entonces, qué? —pregunté suavemente, tratando como el infierno que ser paciente. Sólo en caso de que ella decidiera tomar mi mano de nuevo, dejé la mía con palma hacia arriba sobre la mesa en un gesto de apertura y entrega.

—¿Qué pasa con todas las chicas que sí significaron algo para ti? ¡Tú ya has tenido todos estos sentimientos por otras chicas, ya has tenido todas tus primicias! —Sus ojos eran salvajes, acusatorios, asustados y exigentes.

—Tienes razón, en parte —le confesé—. He tenido la suerte de tener algunas de esas... experiencias. Pero Bella, estos sentimientos que tengo por ti... los que sean... son todos nuevos.

Por un segundo, ella lo aceptó y se permitió a sí misma hundirse en mis palabras. Pero con la misma rapidez, la duda borró todo lo bueno.

—¿No es esto lo que siempre se siente al principio? —ella me desafió.

—No —le respondí simplemente, mis emociones eran mucho más complejas cuando se trataba de Bella.

Una nube de duda apareció en su rostro, la única emoción que me dolía más. Mierda. Profundiza, Cullen.

—No estoy diciendo que nunca tuviera sentimientos por otras chicas, Bella. Sólo estoy diciendo que no eran estos sentimientos particulares. —En ese momento me sentía como Alan Dershowitz discutiendo la semántica—. Mira, yo no quiero que esto sea sobre mí escogiendo las palabras adecuadas. En realidad no es mi fortaleza. Y no quiero decepcionarte otra vez, Bella.

Ella sacó sus manos y cruzó los brazos sobre su pecho. Otra dosis súper negativa de lenguaje corporal.

—Edward, ¿exactamente con cuántas chicas has estado?

Bueno, ¿quién no sabía que eso iba a salir? Sin embargo, no tenía idea de cómo responder.

—No quiero sonar como un idiota, pero ¿qué quieres decir con has estado?

Sus ojos se hicieron pequeños y sus labios finos se pusieron en una línea severa. Mierda, esperaba no sonar como un idiota.

Bella se inclinó, descansando sus brazos cruzados sobre la mesa, mientras hablaba en voz baja, sin emociones:

—¿Exactamente en cuántas vaginas ha entrado tu pene? —Ella levantó una ceja al final, como si dijera: ¿Te ha quedado claro, gilipollas?

Me ahogué y farfullé, agradecido de que mi bebida caliente estuviera muy lejos de mi cara cuando ella dejó caer el pequeño bombazo.

—Cuatro —finalmente respondí. Ella se alejó como si yo le hubiera abofeteado. En silencio, agregué—: Cinco, contando a Britney.

Esa pequeña adición hizo que ella me diera una mala mirada y un "Ughh".

—Estás tomando todo esto fuera de contexto. Excepto por... eso último... esas eran todas las chicas con las que estuve en una relación. No es que yo estuviera corriendo alrededor del Estado de Golden metiendo mi pene en vaginas al azar.

Sus ojos se abrieron y me di cuenta de que podía haber dicho eso último sólo un poco demasiado fuerte. Cabezas y risitas confirmaron mi miedo. Levanté mi café y traté de beber inocentemente hasta que el momento pasara.

—¿Así que con eso supongo que no sólo has tenido sexo con cinco personas más que yo, sino que también tiene fuertes sentimientos acerca de cada una de ellas?

—Tenía, Bella. Tenía. Y sí, con ese tipo de pensamiento podrías saber que no soy un tío que se lía con cualquiera… —Y, luego, lo modifiqué, porque tenía que hacerlo—: Salvo…

—Mierda, Edward —gruñó en voz baja—, si dices el nombre de esa perra una vez más, no sé si podré guardar mi rabia. ¿Podemos estar de acuerdo de apartar a esa de la mesa por ahora?

Yo asentí con rapidez, agradecido y aterrorizado al mismo tiempo. Ella se tomó un momento para recuperarse, después preguntó con calma:

—¿Y cuántas bocas?

¿Estaba en serio preguntándome lo que pensaba que me estaba preguntando? ¿Justo ahí, en la cafetería? Entonces me incliné y le susurré:

—¿Me estás preguntando cuántas mamadas me han dado?

—No. Te estoy preguntando la cantidad de diferentes bocas que te han hecho ese... servicio. —La mueca que se formó en su boca me dijo que ella no consideraba que la prestación de ese servicio en particular fuera placentera.

De repente me sentí como si estuviera en Pre-Cálculo montando un diagrama sexual de Ven que no tenía respuestas correctas.

—Espera, ¿la cantidad de mamadas que me ha hecho cada persona o las diferentes personas que me las han hecho? —pregunté fervientemente.

Ella lanzó sus brazos para arriba en repugnancia.

—Oh por Dios, Edward. Sólo responde la pregunta.

—Honestamente, Bella, yo no las he contado. Un montón.

—Si tuviera que adivinarlo, ¿diría que podría contarlas con mis manos? —Ella mostró claramente sus diez dedos en caso de que yo no supiera cuántos tenía.

—Es posible que tengas que irte a algunos dedos de los pies —le dije, tratando jodidamente de no sonreír. Ella respondió:

—Bueno, fue bueno para ti.

Ella estaba tratando de ser dura, pero yo veía el brillo de las lágrimas que se sentían dentro de sus ojos mientras giró la cabeza hacia un lado. Me encantaría consolarla en ese momento, pero, ¿cómo podía hacer eso cuando yo era el que le causaba el dolor? Traté de decirle con suavidad:

—En ese momento, sí... —Pero ya no tanto.

Todavía incapaz de mirarme a los ojos, ella preguntó:

—¿Puedo asumir que les has... devuelto el favor?

—Un par de veces. —Cuando la ocasión lo requería, reflexioné.

Ella tuvo que limpiarse una lágrima perdida en cada mejilla. Me imaginé que la única manera de acabar con esto era contestar a todas sus preguntas dolorosas y tratar de ser lo más abierto que pudiera.

—¿Qué pasa con los besos, Edward? —Ella se obligó a mirarme a los ojos. Y me dolió mirarla entonces. Me moví en mi asiento.

—Es difícil contar los besos. Hay muchos tipos diferentes.

—¿Y el tipo que me diste en el concierto o debajo de la manta más tarde?

Me di cuenta de que estaba a punto de fallar en esa pequeña prueba, pero en vez de hacer eso, le daría toda la verdad y acabaría de una vez.

—Bueno, he besado a un montón de chicas.

Ella arrugó su boca como si estuviera lamiendo un cenicero sucio. Tenía una muy mala cara, pero era valiente.

—Realmente me gusta besar, Bella.

Ella se vio desinflada, como si tal vez yo hubiera pinchado el último globo de esperanza que le quedaba.

—Lo siento. Sólo estoy siendo honesto contigo.

—Genial —murmuró miserablemente.

—¿Podría tomar tu mano de nuevo, por favor?

Moví mis dedos para ilustrar donde yo quería los suyos. Ella lo hizo a regañadientes, como si yo estuviera contaminado y ella tuviera miedo de contagiarse.

—Gracias —le dije, entrelazando los dedos alrededor de los suyos y haciendo caso omiso de su falta de entusiasmo—. Bella, sé que escuchar todo esto es muy duro, pero, ¿podrías simplemente tratar de mantener una cosa en mente? Estoy aquí. Contigo. ¿No te dice eso algo? Lo que fuera que pudiera haber hecho antes no era lo que quería. O no hubiera seguido buscando. Todavía estaría con una de ellas.

—Entiendo eso, lógicamente, pero me duele mucho imaginarte con otras chicas.

—Entonces no lo hagas. Y por cierto, sólo para que conste, tú eres la que ha estado con otros tres chicos justo en frente de mí. Y no es tan agradable para mí.

—Pfff. No creo que haberme visto con la jodida camiseta de Gil en un partido de fútbol de mierda de la universidad sea equivalente a saber quién ha sido la última chica que... te has tirado.

El hecho de que ella dijera tantas malas palabras en una sola frase fue alarmante. Ella era por lo general elocuente y tranquila.

—Puedo entender que no me creas —le dije, esperando calmar su ira—, pero nosotros... oh, no importa. —Ella me apretó la mano.

—¿Qué ibas a decir?

Empecé a hablar.

—Ya habíamos practicado juntos, fuimos al festival de jazz, jugamos a Heart and Soul, te mostré mis ocho abdominales y fui Pablo para tu Betty...

Finalmente ella suavizó la boca en algo parecido al principio de una sonrisa y me dio la fuerza para seguir adelante.

—¡Y nos besamos bajo las estrellas y bajo la manta y en el maldita campo! Y después de todo eso, para castigarme por algo que hice antes de que alguna de esas cosas pasara entre nosotros, le anuncias a otro chico que estabas interesada en él.

Por primera vez desde que estábamos hablando, Bella tuvo su propia punzada de culpabilidad.

—Eso me rompió el corazón, Bella. —Ya lo había dicho.

~BPOV~

—Lo siento, Edward. Pensé que quería devolverte el daño.

—Bueno, funcionó —respondió él.

—No, no lo hizo. —La frente de Edward se arrugó, me sujeté mi cabeza y se lo expliqué—. Cuando me di cuenta de que me habías visto con la camiseta y vi cómo tu cuerpo se hundió… creo que me sentí peor que tú.

—Eso es difícil de creer —murmuró.

—Puedes creértelo —le dije, sacudiendo la cabeza—. Dios, yo realmente no sé cómo hacer nada de esto, Edward. No soy como cualquiera de esas chicas con las que has estado. Nunca he hecho nada antes. Estoy totalmente coja en besos y no tengo ni idea de... ya sabes, del resto.

Él estaba lleno de una sonrisa que sabía que no debía dejar ir. Pude sentir mi cara calentarse y sólo pude asumir que estaba de un color rojo brillante a esas alturas.

—Yo ni siquiera sé la forma correcta de pelear contigo —por fin lo admití.

—Bella, me encanta que no seas como ninguna de las otras chicas. Todo es una novedad para ti. ¿Sabes lo emocionante que es eso para mí? Y, por suerte para ti, te puedo enseñar todo lo que necesitas saber —dijo con un guiño diabólico que provocó el calor suficiente para derretir mi corazón y hacer que mis bragas quemaran.

—Sí, creo que ya estoy familiarizada con tus métodos de enseñanza. Puedo verlo ahora —bromeé—. Bésame perfectamente seis veces o tendrás que empezar de nuevo desde el principio.

—Mmm, me gusta eso —asintió con la cabeza.

—Edward Cullen, Seminario de Sexo 101. Durante la demostración de hoy voy a necesitar un voluntario del público. Sí, Bella Swan, vamos. Bueno, vamos a quitarte la camisa y después los pantalones. Bien, ahora, si te das a vuelta, la clase podrá verlo mientras demuestro la técnica adecuada para…

La mandíbula de Edward cayó y se lamió los labios para reponer la humedad que se había evaporado por completo de su boca.

—Tú realmente no puedes ir por ahí diciendo cosas como esas en público —se quejó él.

—Lo siento. Sólo estaba bromeando.

—Bueno, ya basta. Estábamos teniendo una conversación perfectamente productiva hace un minuto y te has descarrilado.

—Hey —le dije, negándome a asumir toda la culpa de nuestro pequeño desvío—, tú eres el que ha dicho que me podría enseñar todo.

—Muy bien —admitió—, pero en realidad no quería decir eso de una forma completamente sucia.

—¿No? —le reté con una ceja levantada.

—Bueno, en su mayoría sí. Pero también, con toda seriedad, tú has mencionado no saber cómo luchar. Tengo que decir que aprender a resolver las cosas en una relación es definitivamente algo que se puede practicar y mejorar. Y mis padres han sido un gran ejemplo para Emmett y para mí. No te vayas hasta que lo hagas funcionar, es una especie de lema de la familia. Por eso que fue especialmente doloroso para mí esperar para que tú pudieras estar lista para escucharme.

—Sí, esa no es exactamente la cultura familiar que yo tengo, en caso de que no te hayas dado cuenta. Swan sólo huye y punto.

—Bella, yo te puedo enseñar mucho de esto, si me lo permites. No te estoy diciendo que sea perfecto, pero al menos tengo una buena idea de cómo se supone que funciona. Si puedes soportarlo, siempre es mejor solucionarlo lo antes posible. ¿Por qué dos personas que se preocupan la una por la otra se infringirían dolor? Hay tanta mierda por ahí, tu pareja debe ser el lugar seguro con el que siempre puedes contar.

—Lo intentaré, Edward, pero como he dicho, no es como si este tipo de comportamiento fuera algo típico para mí.

—Entiendo que no es fácil. Pero tus instintos son buenos. En el fondo sé que no querías devolverme el daño.

—Creo que eso es lo que tu madre estaba tratando de conseguir a través de esa... inesperada visita. —Reconoció la extraña visita de su madre con una pequeña sonrisa y un guiño.

—Yo diría que siento que ella hiciera eso, pero sería una total mentira.

—Yo también —le admití, igualando su sonrisa.

—Bella, ¿podrías por favor volver a poner mi x en los mensajes? —me preguntó de repente, tomando mi otra mano y tirando de mí sobre la mesa.

Juntó sus labios con los míos en el centro y nos reencontramos a nosotros mismos de una manera muy poco apropiada para el sitio. No me preocupé de que las personas alrededor estuvieran mirando abiertamente. Me pareció que si cerraba los ojos, no podría ver su desaprobación o más probablemente sus miradas celosas. ¿Quién no estaría celosa? Estaba besando al hombre más caliente de todo el campus y él sólo tenía ojos para mí. En ese momento, de todos modos.

Lo que me llevó de vuelta a la razón de toda esa conversación. Aparté mis manos, me senté en mi silla y pregunté:

—Entonces, ¿este ha sido otro beso de una larga lista de besos para ti?

—No, Bella. Ese ha sido un beso de un encuentro después de una larga ausencia, recordando la forma en la que sabes y también disfrutar del tenue sabor del café, de la espuma y de la reconciliación. Definitivamente nunca he tenido un beso así antes.

—Entonces, ¿estás diciendo que los besos son como los copos de nieve? ¿No hay dos iguales?

—¿Por qué? ¿Te pareció que besar a Connor era lo mismo que besarme a mí?

Um, NO. No es que besar a Connor no fuera divertido, pero no era Edward.

—¿Hola? ¿Bella? —Chasqueó los dedos delante de mi cara—. Yo no estaba realmente tratando de hacerte revivir el besar a Connor —vaciló un poco y se puso bastante guapo. ¿Por qué Edward estaba guapo cuando estaba celoso y yo parecía una loca de atar? En realidad no era justo.

—No, por supuesto que no.

—¿Y? —me estaba conduciendo.

—Y yo preferiría estar besándote a ti —le admití, ganándome otro beso de Edward—. Aunque... —bromeé.

—Bueno, eso no es gracioso. —Frunció el ceño—. En serio, Bella, ¿te das cuenta de que el resto de cosas serán de la misma manera, no? Quiero decir, nunca antes he hecho ninguna de estas cosas con nadie, por lo que todo va a ser nuevo para mí al mismo tiempo.

—Buen intento, Edward, pero tu coche ha estado alrededor de la manzana unas cuantas veces. Y el mío ha aparcado en el garaje. Apagado. Con la batería desconectada.

Edward se carcajeó por mi metáfora y dijo:

—Déjame decirte algo, Bella, los primeros... viajes... fueron bastante desiguales.

—¡Por favor, dime que no estás diciendo que debería estar agradecido de que las otras chicas te prepararon para mí! Porque si pudiera fijar tu cuentakilómetros a cero y hurgar a través de todas esas primeras veces contigo, lo haría en un santiamén.

—Dices eso ahora —dice él riéndose—, pero realmente no tienes ni idea. Confía en mí, no fue bonito.

—Bueno, de acuerdo con Britney... —dije, ya la había nombrado y tenía que vivir para contar la historia— tú sin duda sabes lo que estás haciendo ahora.

—Sí, Bella, tengo mucha destreza —aceptó, rindiéndose por el desafortunado cumplido.

—Bueno, ya sabes lo que tus padres te enseñaron —le dije, robándole una línea de su ensayo de la semana pasada—. La práctica hace la perfección.

—Hey, yo no pretendo ser perfecto —dijo con falsa modestia—, pero mi departamento de quejas tampoco está exactamente trabajando horas extras. —En su rostro apareció una sonrisa arrogante.

Decidí preguntarle:

—¿Has estado leyendo tu correo de fans de nuevo, Sexward? —Con eso, su sonrisa se desvaneció.

—Bella, te lo dije, eso se acabó. Las Coochies están fuera del tema.

—Lo sé —le admití, suavizándolo de nuevo. Ese era el verdadero Edward, no el que pretendía ser valiente y desfilaba su destreza—. Vi lo que escribiste, Edward.

Sus ojos se pararon en los míos, comprendiendo que si yo había leído su declaración de despedida, también había visto probablemente todo lo que el sitio de las Coochies tenía que ofrecer.

—Así que… —empecé, no tenía completamente claro cómo podría ir eso o si era incluso justo para mí hacer ese tipo de demanda contra él, teniendo en cuenta que nos encontramos bien en esos momentos—. ¿Tienes otro viaje de fin de semana?

—Sí. Viaje de mierda. Es el último partido de la temporada.

—¿Sería justo que yo supusiera que... —Mierda, ¿supusiera qué?

—Sí —dijo con sencillez. Él sostuvo ambas palmas de las manos entre nosotros y continuó—: Te lo daré.

Exigir a Edward era sexy como la mierda. Me llevó de vuelta a la noche en la que se presentó en mi puerta exigiendo su x al final de cada mensaje. Inmediatamente me obligué a centrarme, poniendo mis manos confiadamente en las suyas.

—Es justo para ti que suponga que más allá de la firma de un autógrafo o de inclinar mi sombrero, no voy a tener nada que ver con nadie de Maine. —Me sentí como si estuviera haciendo un juramento, con sus dos manos sobre un libro sagrado.

—Y mientras estés fuera yo no voy a llevar el nombre de nadie en mi cuerpo, sólo el tuyo —le prometí también.

—Bueno, eso es un maldito alivio. —Sonrió con su sonrisa habitual, sin una pizca de arrogancia—. Así que, ¿estás ocupada esta tarde? Tenemos nuestro último partido en casa y, realmente, estaba esperando que vinieras. Emmett estará allí y estoy seguro de que Alice…

—Sí, Edward —le interrumpí—. Y me tendrás en primera fila.

^EPOV^

He pedido un equipo especial del Servicio Secreto para proteger el pene presidencial a partir de ahora.

Hillary, sé razonable.

William Jefferson Clinton, ¿realmente estás pidiéndome que sea razonable? Tú has sumergido tu pluma en cada botella de tinta dispuesta desde antes de que fueras gobernador y yo he mirado para otro lado. Pero esta vez, es un escándalo nacional. Piense en Chelsea, si yo ya no te importo más.

Espera un segundo. Tú no has estado mirando para otro lado, mi bella Hillary. ¡Has estado haciendo totalmente lo contrario!

Oh no, mi dulce e inocente Bella también había acusado a Hillary de sus propios pasatiempos. ¡De hecho, ella le había dado al presidente una justificación de su propio comportamiento inexcusable! Mi mandíbula cayó y miré a mi sorprendida amiga, cuyos ojos brillaban con interés hacia mi esquema. Ella se rió y me imaginé que acababa de leer la parte.

Mi mosca observó que Elin podría haber hecho una mejor selección del club para su golpe en la furgoneta de Tiger. El desván de los nueve hierros era realmente más adecuado para matar moscas que para aplastar coches.

Esperé con impaciencia a que ella llegara a mi conclusión y levanté la vista.

—Así que, ¿supongo que no eres fan de Tiger, no?

—No mucho —le confirmé—. Por lo menos ya no.

—¿Ha sido todo este escándalo difícil para ti? —preguntó ella, sintiendo que ver la caída tan dura de un ídolo era una experiencia desagradable.

—Los niños de todo el mundo le miran. Él traicionó y humilló a su mujer. Tiene hijos que van a tener que crecer con esas noticias. Y más allá de todo eso, fue un idiota por dejar toda esa evidencia.

Ella pareció un poco frustrada con mi respuesta. Al final me retó:

—Divertido, no pareces demasiado molesto por lo que en realidad hizo con todas esas otras mujeres.

Eso era complicado. Nuestra relación acababa de volver a la tierra un poco firme en la que estaba antes y me temía que esa conversación no nos llevaría en la dirección adecuada. Me pregunté, y no por primera vez, por qué no había elegido un tema más seguro para mi trabajo. Pero entonces, vi que Bella se había salido con la suya.

—Honestamente, Bella, creo que el chico tiene un problema grave. Ha conducido hacia sitios que probablemente nunca podrá controlar totalmente, no importa lo mucho que lo intente resolver en rehabilitación. Entonces, ¿por qué se molestó en casarse con Elin y hacer los votos si él sabía que nunca los iba a mantener? ¿Y por qué traer hijos al mundo? Podía haber ido en su camino feliz, haciendo lo que fuera que quisiera hacer con cada adulto que se lo consintiera de aquí a China y sólo hacerse daño él. Yo no le habría admirado por su promiscuidad, pero todavía podría haberme aferrado a él en el campo de golf. Ahora... no me gusta lo que ha hecho en el juego. Él ha contaminado a todos los jugadores que alguna vez le cubrieron, a todos los patrocinadores que siempre estuvieron detrás de él. Su pobre madre...

No podía soportar la decepción de mi madre por mí por lo que seguramente había sido una infracción menor en comparación con las aventuras de Tiger.

—¿No crees que Elin sabía en lo que se estaba metiendo cuando ella aceptó casarse con él? —preguntó ella.

—Me he hecho esa pregunta antes y tengo que creer que en todo el tiempo que estuvieron juntos, ella debía tener alguna idea acerca de su torcedura. Pero ella parece del tipo de mujer que estaba segura de que él podría cambiar por ella, que ella sería bastante para él.

—Pshh —soltó Bella—. Yo creo que ella sería suficiente para cualquier hombre. ¿Cómo perderte cuando sabes que eso es lo que te está esperando en casa?

—El hecho de que ella se viera increíble en un bikini no quiere decir que tuviera todo lo que él necesitaba.

—Viéndolo así, ninguna mujer tiene todo lo que necesita Tiger —dijo Bella.

—Por eso exactamente creo que él tiene un problema grave. ¿Quién quiere vivir de esa manera? Realmente es una adicción.

—¿Quién querría ser una de sus conquistas?

Tuve que rodar los ojos por eso, porque lo había visto de cerca y personalmente. Yo no lo entendía, pero lo había visto. Me encogí de hombros.

—¿Derecho a fanfarronear, supongo? Quiero decir, digamos que él es el mejor amante del universo. ¿Vale la pena, entonces? —Bella se sonrojó y miró hacia otro lado.

—Tal vez deberíamos volver a los ensayos —le sugerí—. ¿Algún comentario para mí? —Ella revisó mi trabajo, evitándome mientras volvía a su color normal.

—Creo que es bueno y es entretenido, pero realmente me gustaría oír ese momento de la verdad entre ellos.

—¿Cuál?

Ella me miró directamente a los ojos y dijo:

—Ese en el que él está de rodillas admitiendo todo lo que hizo mal y pidiendo su perdón. Y lo mejor es que él está un poco desaliñado por la falta de sueño y tal vez no le salen las palabras adecuadas.

—¿Y cómo responde ella a esa confesión? —le pregunté.

—No lo sé, tengo serias dudas de que pudiera estar en algún lugar cerca del perdón. ¿Pero tal vez ella agradece que por fin le dijera algo verdadero?

—Gracias, Bella. Voy a escribir eso.

Ella sonrió en reconocimiento.

—Así que, ¿qué piensas de Bill y Hillary?

—¡Creo que la mosca tiene unas grandes pelotas por meterse con Hillary!

—¿Por qué, piensas que ella es inocente?

—Por supuesto que no. Sabe Dios qué clase de negocios han hecho esos dos en los últimos años. Es que las chicas que él escogió fueron tan...

—¿Gordas? ¿Feas? ¿Así que no le culpas a él por hacer lo que hizo sólo por el hecho de que él escogiera a mujeres poco atractivas para montárselo con ellas?

—¡Hey, estás retorciendo mis palabras! —me quejé débilmente.

—Acláralo por mí —me desafió, cruzando sus brazos a la defensiva sobre su pecho. Estaba empezando a odiar cuando hacía eso.

—Lo que fuera que él y Hillary hubieran trabajado a lo largo de los años, tendría que haber estado oculto, él seguía siendo el presidente y estaba en el ojo público demasiado descaradamente como para ser tan descuidado. En pocas palabras, no debería haber permitido que lo pillaran, literalmente, con los pantalones bajados.

—¿Así que ahora estás diciendo que lo único que hizo mal fue dejarse pillar?

—Espera un segundo, ¿no es eso exactamente lo que tú decías en tu ensayo?

—Sí, creo que estaba asumiendo que ella había accedido a mirar hacia otro lado en ese momento.

—Entonces, ¿por qué me estás arruinando por discutir el mismo punto?

—No lo sé. ¿Porque eres un hombre?

~BPOV~

Está bien, me di cuenta de que no había sido del todo justa. Él se cruzó de brazos y me dio una mirada acusadora.

—¿Algo sobre mi ensayo que crees que debería cambiar? —le pregunté con cautela.

—Bueno, tú has evitado completamente el tema de si son o no la primera pareja que estaba teniendo sexo. Entre ellos, quiero decir.

—¿Crees que es importante?

—Por un lado, ese tipo tenía cincuenta años en ese momento. ¿Cuántas veces al día crees que él podría llegar hasta el final?

Le golpeé en el brazo y le regañé:

—Ick. —Tras la reconsideración, pregunté—: No lo sé, ¿cuántas? —Él se rió—. Realmente no lo sé. ¿Estaba tomando Viagra? —farfullé.

—Yo no lo sé, pero era el hombre más poderoso del mundo. ¿Supongo que podría hacerlo por lo menos dos veces al día?

Era totalmente inexperta con eso. Todo lo que sabía era que James me dijo que se empalmaba cincuenta veces al día. Sería muy triste si ese número se redujera a menos de dos cuando un chico llega a los cincuenta años. ¿Y realmente quería estar discutiendo con Edward las complejidades de la maquinaria de los hombres? Lo dudaba mucho. Sobre todo en ese momento que tenía la sensación de tener al profesor Banner por encima de mi hombro. Debió haberse asomado por aquí por nuestra discusión y nuestras risas inapropiadas.

—Como estaba diciendo, Bella —Edward comenzó en serio—, creo que hay un poco más del diálogo que podrías añadir.

Banner le extendió la mano a Edward, quien me miró con timidez antes de darle mi esquema a nuestro profesor. Nos sentamos inmovilizados y avergonzados mientras él leía sin comentar. Le dio mi esquema de nuevo a Edward y pidió el cuaderno de Edward. Yo se lo entregué con una disculpa silenciosa a mi pareja. Una amplia sonrisa se apoderó de la cara del profesor Banner.

—Dejadme adivinar. ¿Vosotros dos no hablasteis de esto antes de elegir vuestros temas, no?

Edward y yo se lo confirmamos sacudiendo la cabeza. Banner negó con la cabeza en respuesta y dejó el cuaderno de Edward en mi escritorio. Él me miró por un momento antes de pasar a Edward.

—Ándate con cuidado, amigo mío —advirtió, dándole a Edward un apretón en el hombro al pasar al siguiente grupo.

O) (O

Estaba de pie para marcharme cuando Edward llegó a mi escritorio y cogió con urgencia mi muñeca.

—Bella, ¿practicas conmigo mañana? ¿El último día? —Rodé los ojos por su drama.

—¿Qué, te estás muriendo?

—Sí. Me muero por tener tu compañía —dijo sonriendo.

—¡En serio no acabas de decir eso! —Él se encogió de hombros.

—¿Así que eso es un sí?

—Oh, claro.

^EPOV^

—La semana pasada mi victoria me hizo subir al número uno, así que ahora tengo que ser el hombre importante en el Boston College.

—Lo vas a hacer muy bien hoy, Edward. ¡Sabía que podías ser el número uno! —ella me alentó—. Hey, espera, ¿Boston? ¿Eso significa?

—No sé si significa o no, Bella. Estoy buscando dos cosas hoy en día. Esta pelota y esta cara —le dije, mostrándole mi Pro-V-1 en una mano y ahuecando su barbilla con la otra—. ¿Qué tal un beso para la suerte?

—Supongo que… —Capturé sus labios antes de que terminara de contestar. Lo suficientemente cerca, sonó como si ella estuviera a punto de decir que sí. Había una multitud de gente en el primer soporte, pero yo aún no había terminado. Cualquiera que estuviera mirando, vería que Bella llevaba mi nombre en su espalda y mis labios en su frente. Y mientras estaban en ello, verían con los dos ojos que yo estaba fuera del mercado.

Jasper me dio con su mano en la espalda y dijo:

—Estás en el soporte, primero de Holden. Si te hubieras quedado detrás de mí, podrías haber besado a tu chica unos veinte segundos más.

Le di un último beso antes de liberarla. Sacudí la mano de mi oponente, colocando mi bola en el soporte y conduciendo un recto y largo plazo para iniciar el partido.

Emmett estuvo de acuerdo en interferir por mí si era necesario y vi que él se estaba tomando su trabajo muy en serio. Estaba despejando, literalmente, un camino para Bella y Alice a lo largo del borde de la zona, no permitía que ninguna de las otras fans se pusieran entre Bella y yo. Cualquier cosa, incluso un poco inapropiada, era rápidamente tratada por Cullminator. Sin preocuparme más por Bella, pude centrarme en cada disparo, en el movimiento y en el golpe. El chico de BC era difícil, pero yo tenía la ventaja de jugar en casa. Jas golpeó a su oponente después del hoyo 15 y yo tardé un agujero más en sellar mi victoria. Porque hacía frío y los dos últimos hoyos eran irrelevantes, estuvimos de acuerdo en aceptar nuestros cuadros de mando sin jugar los dos últimos.

Asentí con la cabeza hacia Emmett en mi camino, era nuestra señal convenida para no dejes que Bella se escape antes de que yo salga de la cabina del anotador. Rosalie se había unido al grupo hacía un rato, pero yo sabía que Emmett no se distraería.

O) (O

Despidiendo a Emmett, fui a escondidas por detrás de Bella y envolví mis brazos alrededor de su cintura, enterrando la cara en su cuello.

—¿Tienes frío?

—Mmmhmmm —tarareó.

—¿Quieres que te haga entrar en calor? —pregunté con avidez.

—Mmmhmmm —ella respondió, volviendo su cara hacia la mía.

Calenté sus labios un poco con los míos y luego la giré a su alrededor para que estuviéramos pie con pie, nariz con nariz, rodilla con rodilla y frente a frente. Le froté los brazos vigorosamente hacia arriba y hacia abajo y por la espalda. Puse mi boca cerca de su oreja y murmuré:

—¿Tal vez deberíamos aprovechar para hacer esta celebración en un sitio un poco más caliente?

—Mmmhmmm —dijo ella una vez más, como en sueños.

~BPOV~

No podía dejar de pensar en mi cama, en nuestra pequeña manta verde de lana y en la comodidad de nuestra cálida burbuja para dos. El sol estaba empezando a hundirse en el cielo del otoño. La nariz de Edward estaba fría contra mi cuello, pero sus labios eran muy cálidos. Quería más de sus besos, pero no ahí, delante de todos. Lo quería todo para mí. A excepción de esos pocos picos en Froth, no nos habíamos besado en más de una semana. El brazo de Jasper llegó a los dos mientras dijo:

—Todos vamos a O'Hara para celebrarlo. ¡Holden no le había ganado a BC en 35 años!

Edward me miró a los ojos y vio exactamente lo que yo estaba pensando. Se lamió los labios por la anticipación y dijo:

—Jas, creo que Bella y yo vamos…

—Uh uh, Edward. Eres el número uno. Vosotros dos venís con nosotros. Vamos, podéis hacer eso después.

Alice enlazó su brazo con el mío en el otro lado y los cuatro fuimos juntos al bar. En el momento en el que llegamos, la cerveza ya estaba fluyendo libremente y la gente estaba empezando a quitarse sus capas de abrigo. Abracé la chaqueta de Edward con fuerza a mí alrededor, no quería renunciar a la comodidad de su calor y del de Edward.

Todo el mundo estaba felicitando a todos, sólo dos de los ocho chicos perdieron su partido ese día. Las tazas tintineaban, la cerveza estaba chapoteando y la noche pasaba. Edward, por supuesto, estaba bebiendo Coca-Cola Light y yo me uní a él en la sobriedad porque realmente odiaba el sabor de la cerveza y lo hinchada que me hacía sentir. La conversación en torno a la mesa se fue a Acción de gracias.

Jasper y Alice se lamentaron porque iban a estar separados por 100 horas y Alice estaba creando un programa de Skype en su teléfono para poder hablar por lo menos cada seis horas.

—Edward, ¿qué vas a hacer para Acción de Gracias? —Johnny le preguntó.

Los ojos de Edward se movieron alrededor de la mesa y se encogió de hombros.

—¿No sabes lo que vas a hacer? Es el siguiente fin de semana.

Como si eso no importara, Edward respondió:

—California está demasiado lejos para ir sólo un fin de semana. Probablemente me quedaré en el campus.

—¡No puedes quedarte aquí! Todo el mundo va a estar fuera. Será como un pueblo fantasma. Ven a mi casa —le ofreció uno de los alumnos de segundo ciclo—. Voy a tomar el tren de regreso a Nueva York. Estoy seguro de que a mis padres no les importará una boca más.

Edward rápidamente recibió tres ofertas más de hospitalidad. Se veía como un animal enjaulado. Tomó un sorbo de su bebida, tratando de encontrar la manera de responder a todos. Cogí su mano debajo de la mesa. Sorprendido, él giró la cabeza hacia mí.

—Ven conmigo a casa —dejé escapar—. Charlie va a venir a recogerme con el coche, por lo que ni siquiera te costará un centavo.

Tan pronto como se lo ofrecí, el pánico apareció. Oh mierda... ¿dónde iba a dormir Edward? ¿En el sofá del salón? ¿En el sótano con las arañas? No era como si nosotros tuviéramos habitaciones libres en nuestra pequeña casa. ¿Y qué iba a pensar de nuestra cena de Acción de Gracias? Aunque tal vez ese año, si Sue estaba alrededor, ella cocinaría algo más que una pechuga de pavo sin hueso y pastelitos azucarados enlatados. Y, de todos modos, ¿cómo de extraño iba a ser todo eso? ¿Edward en mi habitación de la infancia, mirando mis cosas, asfixiado en mi casa asfixiante? ¿Charlie agobiando a Edward con preguntas sobre su vida, haciendo preguntas embarazosas, haciendo bromas estúpidas? Oh, Dios mío, ¿qué había hecho?

—¿En serio? —me preguntó Edward esperanzado, sus ojos estaban muy abiertos.

—Claro. ¿Por qué no? —me ofrecí de nuevo, a medias.

—Está bien —respondió, el alivio se mostró en sus ojos—. Gracias, Bella. —Se inclinó para darme un beso de agradecimiento, tan dulce que casi me hizo olvidar mi terror.

^EPOV^

Bella y Alice habían hecho su tercera carrera al cuarto de baño, no era que yo las estuviera contando. Aprovecho la oportunidad me incliné hacia Jasper y le pregunté:

—¿Te quedas esta noche en la habitación de Alice?

Las cejas de Jasper se levantaron y dijo:

—Eso se puede arreglar. Ella no está muy contenta con nuestro partido fuera de casa este fin de semana, cayendo justo antes de Acción de Gracias. Creo que estaría... complacida.

—Gracias, Jas —respondí, tratando de no pensar en todo lo que una Alice con capacidad podría estar dispuesta a hacer con mi amigo.

—¿Así que todo está perdonado? —me preguntó esperanzado.

—No exactamente, pero estamos trabajando en ello. —Me levanté al ver a las chicas de vuelta. Puse a Bella en mi costado antes de que tuviera la oportunidad de sentarse de nuevo. Puse mis labios junto a su oreja y murmuré—: ¿Preparada para irte?

Acaricié su cuello con mi nariz mientras ella asentía con la cabeza. Estaba empezando a pensar en cosas positivas acerca de estar a solas con Bella en mi habitación y estaba seguro de que mis ojos estaban un poco vidriosos cuando le sonreí de nuevo. Recuperé nuestros abrigos del respaldo de su silla, le puse el suyo y la ayudé a salir. No dejé de emocionarme de nuevo al verla llevando mi premio y mi nombre.

Después de que ella se subiera la cremallera, la tomé de la mano y la llevé fuera de la barra y de regreso hacia nuestro dormitorio.

—Así que, Bella, ¿estás segura de que a tu padre no le importaría tener un chico extraño como invitado en Acción de Gracias? —Esperaba que ella no se estuviera sintiendo presionada por habérmelo dicho en el calor del momento. No me gustaría causar problemas entre Bella y su padre.

—No eres tan extraño —se burló.

—Pero en serio, ¿de verdad crees que él va a estar bien con eso? —Ella se encogió de hombros.

—No puedo imaginar por qué no. Él sabe que somos amigos.

Amigos. Esa etiqueta era a la vez buena y mala. Después de todo, le agradecía que todavía me considerara un amigo. Y, sin embargo, sentía que la palabra era groseramente inadecuada para describir lo que significaba Bella para mí. Cuidadosamente seguí mi ritmo para que ella no reconociera que esa definición de nuestra relación me molestaba.

—¿Has terminado tu trabajo para mañana?

—Sí —respondió ella—. Y para tu información, he decidido que Bill y Hillary tuvieron relaciones sexuales una vez al mes mientras él fue presidente.

—Wow, una vez al mes... ¿lo necesitaran o no? —bromeé.

—Al parecer, no lo necesitaban —me devolvió la broma ella de nuevo—. Y Hillary nunca... ya sabes...

—Ni siquiera lo puede decir, ¿verdad, Bella? —Estaba balanceando su brazo, burlándome de ella con cuidado porque era muy divertido hacerla sonrojar.

—Mamada. Ahí lo tienes. ¿Estás contento ahora?

—Sí, la verdad es que estoy bastante feliz en este momento. ¿Y tú? —Habíamos caminado hacia la parte posterior de la residencia de estudiantes, estábamos más cerca de la puerta de Bella que de la mía. Seguimos caminando hacia su habitación, para que no me viera un bastardo presuntuoso.

—Yo estoy muy feliz también —contestó ella, deteniéndose frente a su puerta—. Entonces, ¿cómo fue la confesión de Tiger?

—Bueno, en primer lugar, Tiger tiene una rodilla mala, así que tuvo que arrastrarse de pie, cosa que no fue muy eficaz.

—Oh, no —dijo con fingido horror.

—Y también respondió a un mensaje de texto justo en medio de todo, así que no se ganó ningún punto.

—¡No lo hiciste!

Me encogí de hombros. Tiger era un idiota. Ni siquiera el código de chicos dictaba que lo pudiese dejar libre de culpa.

—Aquí estamos —Bella manifestó lo evidente mientras buscaba su llave.

Envolví mi mano alrededor de los dedos que estaban metiendo la llave en la ranura, tomándola por sorpresa. Y, una vez más, me encontré detrás de ella acariciando su cara con mi cuello. Me parecía que no podía mantener la nariz fuera de su cabello o de ese punto dulce y suave justo detrás de su oreja. Cuando ella se estremeció en respuesta, una sacudida de excitación pasó a través de mí. Coloqué besos suaves en la parte superior del punto de pulso en la base de su cuello, observando con alegría que su ritmo cardíaco de repente se elevó considerablemente.

Llevando mi mano izquierda de su espalda hasta el lado derecho de su cara, pasé mi dedo por la línea de su cuello, puse su pelo a la izquierda para así tener acceso total. Su piel desnuda se burló de mí con todo su esplendor inexplorado. No pude resistirme a llevar mis labios a su cuello, dándole pequeños y húmedos bocados a lo largo del camino.

—Bella —le dije en voz baja.

—¿Hmm? —Ella se estaba desmayando, relajándose de nuevo contra mi cuerpo.

—Ven a mi habitación conmigo.

Ella se endureció ante la sugerencia. Mierda, la había asustado. Y había roto por completo el ambiente que había. Bella se empujó a sí misma fuera de mí para sujetarse sobre sus propios pies. Ella levantó la llave de nuevo para abrir la puerta y pude ver su mano temblando.

—No debería —murmuró en la puerta—. Tengo algunas cosas que hacer...

Me aparté desanimado, reprendiéndome silenciosamente a mí mismo por ser tan patán. Bella requería una mano lenta. Tenía que trabajar en la construcción de su confianza en mí, no hacerla pensar que estaba tratando de conseguir una puntuación sencilla.

~BPOV~

Mierda, mierda, mierda. ¡MIERDA! Era como si él me tuviera hipnotizada o algo así, y yo era una piedra fría y sobria. No podía pensar con claridad cuando me tocaba así, pasando los dedos por mi cuello y susurrando en mi oreja y dándome besos en el hueco de mi cuello. ¡No era justo!

Todo en mí gritó ¡alto! No podía arriesgarme a sentir todos esos buenos sentimientos demasiado rápido. Yo no quería ser una puta con Edward o tomarle el pelo. Podía ser inexperta, pero sabía que los chicos no invitaban a las chicas a sus habitaciones sólo para hablar. Quiero decir, había estado en el cuarto de Edward antes, para hacer la tarea, pero su voz no sonaba tan ronca cuando me preguntó entonces. Y no nos habíamos estado besando primero. Claro que antes yo estaba algo colada por él, ¿pero ahora? ¡Mi cuerpo me estaba traicionando de cien maneras diferentes!

Casi no podía respirar cuando me tocaba así. ¿Y desde cuándo mis rodillas no podían soportarme? Era como si él fuera un imán gigante tirando de mí hacia él y yo no pudiera resistirme. Quería sus labios sobre mí... en todas partes. ¡Y ni siquiera había nombrado las manos de Edward!

Creo que estaba más asustada por lo mucho que quería lo que fuera que Edward tuviera en mente en esos momentos. Todo lo que sabía era que no confiaba en mí misma.

Mi puerta estaba abierta y entré, creyendo tontamente que estaba a salvo ya, simplemente por haber cruzado el umbral. Rose no había vuelto todavía y, francamente, yo ni siquiera sabía si ella iba a volver esa noche. Me dirigí de nuevo a Edward rápidamente, con mi mano todavía en la puerta.

Él estaba de pie en el pasillo donde le había abandonado, con los brazos a sus costados, pareciendo decepcionado y triste por mi repentina partida. No muy rápido, Bella, me castigué a mí misma.

—Felicidades de nuevo, Edward. ¿Nos vemos mañana en clase?

Él miró hacia arriba y dijo:

—Claro. —No se movió incluso cuando cerré la puerta. La imagen de su expresión frustrada se quedó grabada a fuego en mis ojos cuando cerré la puerta definitivamente.

Sola y salvada de los horrores de mis inclinaciones cachondas, me puse en una bola en mi cama y abracé mis rodillas en señal de frustración. ¡No sabía qué demonios estaba haciendo! Sentí eso por enésima vez desde que Edward invadió mi vida. Y si no me atrevía pronto, él iba a ir a buscarse a alguien que lo hiciera. Alguien que no quisiera cerrarle la puerta en la cara.

Unos minutos más tarde, alguien llamó a mi puerta. Como había muy pocos asesinos del hacha en el campus, abrí la puerta sin preguntar quién era, preparando la rodilla en el último minuto por si acaso.

Era Edward y él no se había movido ni un centímetro, por lo que se veía. En realidad se veía un poco sorprendido de que yo le hubiera abierto la puerta. Su mano se movió hacia la parte posterior de su cabeza y se frotó el pelo.

—¿Crees que tal vez podríamos rebobinar todo esto y yo podría tratar de no meter la pata esta vez?

—Tú no has hecho nada malo. Simplemente se está haciendo tarde y ambos tenemos que levantarnos temprano mañana.

—Por lo menos déjame darte un beso de buenas noches adecuado.

¿Podría soportarlo? Sí, decidí inmediatamente.

—¿Quieres entrar un minuto? —Él con entusiasmo pasó a través de la puerta cuando la abrí unos centímetros más. Le di a la puerta un ligero empujón, pero la dejé un poco abierta para que él recibiera el mensaje de que no se iba a quedar la noche aquí.

—Bella, cuando yo... te he pedido ir a mi habitación... espero que no haberte hecho pensar que estaba tratando de... Quiero decir, yo no esperaba...

Él todavía estaba retorciendo su pelo y estaba tan incómodo, preocupado y adorable. Y sobre todo, sexy. Siempre sexy. Me moría por escuchar lo que tenía que decir, pero me estaba matando no interrumpirlo. Cogí mi labio inferior entre mis dientes para contener las palabras dentro.

Sus ojos se hundieron en mi boca en movimiento y se intensificaron a medida que se elevaron a los míos, una vez más.

—Realmente sólo quería estar a solas contigo... para que pudiéramos hablar.

No pude dejar de levantar una ceja escéptica ante eso. ¿Creía que me había caído de un barco la semana pasada? Esa cosa que estaba empezando en el pasillo no iba a continuar en una charla y los dos lo sabíamos.

—Y tal vez besarnos un poco —admitió con timidez. Entonces, rápidamente, lo modificó—: O toda la noche.

En contra de mi voluntad, dejé escapar la sonrisa a través de mis labios apretados. Edward se relajó un poco por mi reacción y finalmente dejó caer su brazo hacia abajo desde la parte posterior de su cabeza.

—Te he echado de menos, Bella —dijo con su voz ronca, dando un paso más y poniendo provisionalmente sus manos en mis caderas.

—Aquí estoy. —Estuve impresionada con el sonido entrecortado de mi propia voz cuando respondí.

—No lo suficientemente cerca —respondió con el menor movimiento de cabeza.

Di un paso hacia adelante para que nuestros dedos se tocaran y sus brazos estaban rodeando mi cintura ligeramente.

—No lo suficientemente cerca —repitió con sus ojos ardiendo en los míos y moviéndolos rápidamente a mis labios cada tres latidos. Ojos, ojos, labios. Ojos, ojos, labios.

Él me estaba haciendo elegir, aunque dando instrucciones, como de costumbre. Avancé otro medio paso, deslizando el pie izquierdo en el espacio entre los suyos y mi derecho en el exterior. La expresión encerrado y cargado vino a mi mente espontáneamente. Traté de no pensar en lo que podría estar cargado justo en frente de mí, pero él era bastante difícil de ignorar, especialmente con mi muslo presionando la parte derecha en sus pantalones. Y ahora preparado completamente atravesó mi sobrecargado cerebro.

Antes de que tuviera la oportunidad de rodar los ojos, Edward inclinó su cabeza y estrechó la distancia entre nuestros labios. No movió sus ojos ardientes de los míos y susurró justo antes de cubrir mis labios con los suyos:

—Mucho mejor.

Querido Dios, cómo me hacía sentir ese chico con sus besos. ¿Adónde se habían ido de repente todos mis músculos duramente ganados? Ellos me habían abandonado, junto con mi fuerza de voluntad para resistirme a él y me habían dejado como una gran pila de gelatina. Mi cabeza comenzó a montarse sus fiestas familiares y me sentí ligera, estaba a la deriva sobre unas nubes acolchadas de felicidad.

Sentí el toque suave de su lengua justo fuera de mi boca, tocando amablemente para entrar, como sus nudillos hicieron hacía unos momentos en mi puerta. Con cautela, los abrí sólo un poco, dándole una buena oportunidad, pero al mismo tiempo, solicitándole tácitamente que tuviera un gran cuidado.

Como siempre, fue sensible a mi aprehensión y avanzó lentamente y con cuidado. Me besó con tanta competencia que fue a la vez maravilloso y terrible, y yo me tiré hacia atrás, siendo una prisionera de mis inseguridades por la brecha de experiencia entre nosotros.

^EPOV^

—Lo siento —susurré de inmediato, rozando mi lengua por mi labio inferior para notar el sabor persistente de Bella antes de que desapareciera—. ¿Demasiado rápido?

—No, ha estado... bien —dijo. ¿Bien? Esperaba un alucinante—. Es sólo que...

—Estás pensando en las otras chicas ahora —me di cuenta miserablemente. Eso era exactamente por lo que nunca quise hablarle de mis otros besos.

—¿No lo estás tú? —me acusó.

Tomé su rostro entre mis manos y la miré a los ojos con la esperanza de estar transmitiéndole que ella era la única chica que veía.

—Ni por un segundo, Bella.

Yo pude decir de inmediato que ella no podía aceptar mi negativa a su frase. Desesperado por convencerla, mi mente se fue de nuevo a nuestra discusión en la nieve y nombré ese último beso.

—Desde que mi partido terminó esta noche, he estado anhelando tenerte toda para mí, no en el medio de una cafetería o en un bar lleno de gente, sino estar sólo los dos, en privado, para poder darte el tipo de beso que dice estoy tan jodidamente agradecido de que me hayas dado otra oportunidad.

—Está bien —respondió ella con sencillez.

—¿Está bien? —Yo estaba un poco loco ahí.

Ella sonrió y dijo:

—Bueno, no creo que con todo lo que pasaba en tu cabeza tuvieras mucho tiempo para pensar en otras chicas.

—¿Y qué me dices de venir por el pasillo conmigo y continuar con esta conversación? —le pregunté con cautela.

—Edward… —Ella iba a decir que no—. No estoy lista para eso.

—Bella, espero que nunca tengas miedo de mí. Ya sabes que nunca te empujaré, ¿verdad? —Pude decir con la conciencia clara de que nunca me aprovecharía de ella.

—Lo sé —dijo ella bastante convincente—. Vamos a darle a eso un tiempo.

El tiempo era lo único que no teníamos, ya que había una interrupción de dos días en el horizonte. Al menos Acción de Gracias nos daría una gran oportunidad para llegar a conocernos mejor, lejos del trabajo de la escuela, de los otros chicos, del golf, de los compañeros de cuarto. Nada de eso, pensé, sólo un padre protector con armas cargadas en sus manos.

—Muy bien, entonces. Nos vemos mañana en clase.

Recogí lo que quedaba de mi orgullo, le di un beso de piensa en mí en tus sueños e hice mi salida.

~BPOV~

El viernes por la noche lo pasé sin Edward y reconsideré mi decisión por enésima vez de haberle enviado a paseo anoche.

Un chico no va a perseguir un bus que ya ha pillado, mi padre me había inculcado.

Sí, pero él no puede montarse en el autobús si no lo pilla, me torturé de nuevo.

La verdad era que estaba aterrorizada de montar en ese autobús. Tenía miedo de ser llevada, de dejarme ir. Miedo de no ser lo suficientemente interesante o de que mi cuerpo no fuera lo suficientemente bueno. Un asustado Edward no me iba a respetar si yo hacía lo que creía que quería hacer con él, que era casi todo. Estar asustada podría hacer que no me respetara a mí misma. Estando asustada haría que no pudiera probar todas esas cosas que parecían ser increíbles al hacerlas con Edward.

Él había sido tan dulce después de la clase de ese día, me dio más besos con nombres especiales para que yo supiera que cada uno era sólo para mí. Mi beso favorito era el de espero que me eches de menos cuando me haya ido, seguido de cerca por el beso de no veo a ninguna chica más.

O) (O

El sábado era el último partido de fútbol de la temporada. Rose tenía su asiento habitual de honor y yo me uní a ella con Alice, Bree (quien no era tan mala cuando Edward no estaba cerca), y los amigos de Emmett que no eran compañeros de equipo. Llevaba orgullosa el apellido Cullen en mi espalda y no había duda acerca de mi lealtad.

Yo seguí el progreso de Edward en el blog deportivo y le felicité una vez que hubo ganado. Tuve que presionar ignorar cuando él me llamó, porque me era imposible escuchar una palabra en medio de la cancha, pero rápidamente le escribí un mensaje y quedamos para hablar más tarde.

Rose no estaba muy feliz conmigo cuando dije que no iría a celebrarlo con el equipo, pero me entendió. Tenía una importante llamada telefónica que hacer antes de hablar con Edward otra vez.

De vuelta en la habitación, le escribí a Charlie un mensaje donde ponía 411, nuestro código de sólo quiero hablar, no es una emergencia, llámame cuando estés libre. Segundos después, mi teléfono sonó.

—Hola, papá.

Bells, ¿cómo estás?

—Estoy bien, papá. Muy bien. ¿Cómo estás tú?

Bastante bien. Así que, ¿cuál es tu agenda la próxima semana? ¿Cuándo debo ir a recogerte?

—Eso es lo que yo quería hablar contigo...

Bells, ¿no habrás hecho otros planes, no? —Un tinte de decepción se escuchó en sus palabras.

—No —le respondí de inmediato—, nada de eso. Todavía quiero volver a casa.

Está bien. Bueno. ¿Qué pasa entones?

—¿Está bien si llevo a un amigo?

Claro. Siempre tenemos espacio para uno más en la mesa. Además, vamos este año a casa de Sue... si te parece bien.

—Oh, sí, claro, lo que sea. —Si le preocupaba que tuviera algún tipo de apego sentimental a sentarme en la sala de la televisión viendo el fútbol y al equilibrar mi plato de comida y mi sidra de manzana con gas en mi regazo, él no lo necesitaba.

Entonces, ¿quién es ella?

—En realidad, papá... es Edward Cullen. Mi compañero de escritura.

Silencio.

¿Vas a traer un chico a casa?

—Si está bien contigo. Él no tenía a dónde ir. Es de California y está muy lejos, y su hermano va a casa de Rose —estaba balbuceando y evadiendo y esperando que Charlie no se diera cuenta de mi ansiedad.

¿Estáis tú y ese chico... juntos? —Él tenía unas locas habilidades para interrogar.

—No, papá. Somos amigos. Bueno, quiero decir, tal vez no sólo amigos, pero no…

Si cogías una situación incómoda y le daba esteroides y lo magnificaras bajo una lente de 1000, podrías empezar a describir esa conversación.

Charlie exhaló con fuerza, la señal universal que daba porque él simplemente no podía soportar la idea de discutir el tema más a fondo. ¡A mí me funcionaba!

Está bien, Bella. Puede dormir en el sótano.

—¡Pero papá, hay arañas en el sótano!

Voy a vaciarlo. —Su tono tenía un aire de finalidad.

—Está bien.

Y voy a tener una charla con él. Sólo para que estés preparada.

¿Cómo diablos podría yo prepararme para eso? ¡Oh, pobre Edward! Ahora yo exhalé con resignación.

—Está bien.

Genial —dijo alegremente—. Mándame un mensaje el martes y dime a qué hora tengo que estar ahí. Me he tomado todo el miércoles libre.

—Gracias, papá. Nos vemos pronto.

Mantente a salvo. —Su advertencia era amenazante.

O) (O

Me dejé caer en la cama, agotada por la inquisición del Jefe Swan, justo a tiempo para recibir la llamada de Edward.

—Hey, ¡felicidades!

Gracias.

—Suenas contento.

Estoy cansado. Ya se ha acabado la temporada de golf. Me alegro de que sólo quede un partido más.

—¿Cómo han estado las fans hoy?

¿Qué fans?

—Oh, vamos, Edward.

Está bien. Han tenido un buen comportamiento. Y no había caras conocidas.

—Gracias —le dije, haciéndole saber que su honestidad lo era todo para mí.

Entonces, ¿qué haces esta noche? —me preguntó.

—No mucho, probablemente ponerme al día con mis lecturas de Am Lit, así no tendré que hacerlo en Acción de Gracias. Hablando de eso, he hablado con mi padre y estás invitado oficialmente.

¿Por qué no suenas emocionada? ¿Dudas?

—Tengo que advertirte, Charlie quiere tener una conversación contigo.

¿Ah, sí? —Sonó divertido—. ¿Qué le has dicho de mí?

—Que eres mi compañero de escritura.

Oh, me halagas, Bella. —No podía enviarle a la guarida del león sin la revelación completa.

—Está bien, le he dicho que somos más que amigos.

Prácticamente pude ver su sonrisa a través del teléfono. Mmm, nota mental: poner la imagen de Edward en mi lista de contactos.

¿Le dijiste que ya hemos dormido juntos? —me preguntó—. ¿O debería decírselo yo?

—¡NO! ¡Y ni siquiera bromees acerca de eso! —Traté de ser severa, pero no estaba segura de conseguirlo—. Pido disculpas de antemano por lo que vas a soportar.

Bella, no te preocupes. Soy bueno con los padres.

—Tú eres probablemente muy bueno con las madres, pero Charlie no es tan fácil de complacer.

Ya veremos eso —dijo Edward, desafiándome.

—¿Cómo te sientes acerca de pescar en el hielo?

No puedo decir que sea un pasatiempo popular en California —bromeó.

—Tal vez deberías buscar en Google —le sugerí con nerviosismo.

No te preocupes, Bella. Todo va a estar bien. —Se rió—. Hey, Jas está molestándome para que deje el teléfono ahora. Vamos a ir al mejor lugar de la metrópolis de Bethel.

Eso no sonaba demasiado bueno para mí.

—Bueno, pasad un buen rato —le dije a medias.

Bella, estaba bromeando. Vamos a conseguir una hamburguesa en el bar del hotel. Es nuestra última noche como un equipo y el entrenador va a hacer una especie de noche de premios.

—Bueno, disfruta, número uno de Holden.

Buenas noches, Bella. Te echo de menos.

—Sí, yo también.

^EPOV^

E: ¡Yendo en un resplandor de gloria! ¡Jas y yo estamos entre los diez mejores jugadores de golf de Nueva Inglaterra!

B: ¡QUÉ BUENAS NOTICIAS! ¿Cuándo has vuelto? xb

E: Estoy en el bus ahora. Debo llegar a las 16:30. ¿Cenamos juntos? XE (gran beso)

B: Suena bien (la cena y el beso). Llámame cuando llegues. xb

—¿Bella? —Jas preguntó, sabiendo ya la respuesta a la sonrisa en mi cara.

—Así es.

—Bien —dijo, poniéndose sus auriculares y encendiendo su iPod.

Yo podría haberlo hecho mucho peor en el Departamento de Compañeros de Cuarto.

.-.-.-.-.

Nos vemos la semana que viene, muchos besos y gracias a los que me siguen! :)