A/N ¡Hola! Aquí está otro capítulo, espero que os guste :)
Todo lo que está en negrita pertenece a J.K Rowling
Vamos a ver, el titulo del siguiente capítulo es… "Halloween"- George pensó en lo que había ocurrido y le dedicó una mirada a la señora Weasley-. Vale, mamá, será mejor que respires hondo.
Molly abrió mucho los ojos.
-¿Qué ¿Por qué?-preguntó asustada.
-Por nada… Ya lo verás.
-Mm...-la señora Weasley arrugó la nariz; aquello no le gustaba nada.
Malfoy no podía creer lo que veían sus ojos, cuando vio que Harry y Ron todavía estaban en Hogwarts al día siguiente, con aspecto cansado pero muy alegres.
-¿Alegres? ¡Casi os pilla Filch y os mata un monstruo! -dijo Molly con incredulidad.
En realidad, por la mañana Harry y Ron pensaron que el encuentro con el perro de tres cabezas había sido una excelente aventura, y ya estaban preparados para tener otra.
Algunos sonrieron ante aquello pero la señora Weasley frunció el ceño.
-Ni se os ocurra-les advirtió. Sabía que era inútil y que ya habían vivido muchas más aventuras desde entonces pero necesitaba decirlo.
Mientras tanto, Harry le habló a Ron del paquete que había sido llevado de Gringotts a Hogwarts, y pasaron largo rato preguntándose qué podía ser aquello para necesitar una protección así.
—Es algo muy valioso, o muy peligroso —dijo Ron.
—O las dos cosas —opinó Harry.
Los dos amigos se sonrieron. Les gustaba ver como desde el principio habían intentado resolver juntos los misterios con los que se encontraban.
Pero como lo único que sabían con seguridad del misterioso objeto era que tenía unos cinco centímetros de largo, no tenían muchas posibilidades de adivinarlo sin otras pistas.
Ni Neville ni Hermione demostraron el menor interés en lo que había debajo del perro y la trampilla.
-Así me gusta-dijo Molly.
Lo único que le importaba a Neville era no volver a acercarse nunca más al animal.
-Como debería ser-continuó la señora Weasley.
Arthur asintió. Él estaba encantado de que sus hijos vivieran miles de aventuras pero, si éstas les ponían en grave peligro, apoyaba completamente la postura de su mujer.
Hermione se negaba a hablar con Harry y Ron, pero como era una sabihonda mandona, los chicos lo consideraron como un premio.
Los chicos se estremecieron al oír eso y miraron a su amiga con una expresión de disculpa.
-Hermione, nosotros…
-Lo sé, lo sé-les interrumpió ella-. Y os perdono.
Harry y Ron asintieron y sonrieron, más calmados.
Lo que realmente deseaban en aquel momento era poder vengarse de Malfoy y, para su gran satisfacción, la posibilidad llegó una semana más tarde, por correo.
-¿Eh?- preguntó Sirius sin comprender-. ¿Por correo?
Mientras las lechuzas volaban por el Gran Comedor, como de costumbre, la atención de todos se fijó de inmediato en un paquete largo y delgado, que llevaban seis lechuzas blancas.
Harry estaba tan interesado como los demás en ver qué contenía, y se sorprendió mucho cuando las lechuzas bajaron y dejaron el paquete frente a él, tirando al suelo su tocino.
Oh no, pensó Ron.
Se estaban alejando, cuando otra lechuza dejó caer una carta sobre el paquete.
Harry abrió el sobre para leer primero la carta y fue una suerte, porque decía:
NO ABRAS EL PAQUETE EN LA MESA Contiene tu nueva Nimbus 2.000,
-Así que sí que te la compraron…- dijo Tonks-. Vaya suerte, Harry.
El chico sonrió.
Por supuesto que se la compraron, pensó Snape con rabia, es el niño mimado de Gryffindor.
pero no quiero que todos sepan que te han comprado una escoba, porque también querrán una. Oliver Wood te esperará esta noche en el campo de quidditch a las siete, para tu primera sesión de entrenamiento.
Profesora McGonagall
-Oh. ¿O sea que me toca leer tu primer entrenamiento?- preguntó George-. Genial.
Harry tuvo dificultades para ocultar su alegría, mientras le alcanzaba la nota a Ron.
—¡Una Nimbus 2.000! —gimió Ron con envidia—. Yo nunca he tocado ninguna.
Al escuchar eso, una idea empezó a formarse en la cabeza del Sirius: cuando todo se solucionase, le compraría una buena escoba a Ron.
Salieron rápidamente del comedor para abrir el paquete en privado, antes de la primera clase, pero a mitad de camino se encontraron con Crabbe y Goyle, que les cerraban el camino.
Algunos rodaron los ojos.
-Siempre igual…-dijo Ginny,
Malfoy le quitó el paquete a Harry y lo examinó.
-¿Soy yo o Malfoy se dedica a sacarle las cosas a la gente?-preguntó Fred-. A ti tú escoba, a Neville su Recordadora…
—Es una escoba —dijo, devolviéndoselo bruscamente, con una mezcla de celos y rencor en su cara—.
Los alumnos sonrieron.
Esta vez lo has hecho, Potter. Los de primer año no tienen permiso para tener una.
Ron no pudo resistirse.
-¿Cómo no?- dijo Hermione.
Ron se ruborizó.
—No es ninguna escoba vieja —dijo—. Es una Nimbus 2.000. ¿Cuál dijiste que tenías en casa, Malfoy, una Comet 260? —Ron rió con aire burlón—. Las Comet parecen veloces, pero no tienen nada que hacer con las Nimbus.
—¿Qué sabes tú, Weasley, si no puedes comprar ni la mitad del palo? —replicó Malfoy—. Supongo que tú y tus hermanos tenéis que ir reuniendo la escoba ramita a ramita.
-Imbécil- gruñó Fred.
El resto de hermanos Weasley asintieron, completamente de acuerdo.
Antes de que Ron pudiera contestarle, el profesor Flitwick apareció detrás de Malfoy
—No os estaréis peleando, ¿verdad, chicos? —preguntó con voz chillona.
-Para nada…- sonrió Tonks.
—A Potter le han enviado una escoba, profesor —dijo rápidamente Malfoy.
Harry rodó los ojos.
—Sí, sí, está muy bien —dijo el profesor Flitwick, mirando radiante a Harry—. La profesora McGonagall me habló de las circunstancias especiales, Potter. ¿Y qué modelo es?
—Una Nimbus 2.000, señor —dijo Harry, tratando de no reír ante la cara de horror de Malfoy—. Y realmente es gracias a Malfoy que la tengo.
Los alumnos rieron y Sirius sonrió.
Harry y Ron subieron por la escalera, conteniendo la risa ante la evidente furia y confusión de Malfoy.
Snape frunció los labios, irritado.
—Bueno, es verdad —continuó Harry cuando llegaron al final de la escalera de mármol—. Si él no hubiera robado la Recordadora de Neville, yo no estaría en el equipo...
—¿Así que crees que es un premio por quebrantar las reglas? —Se oyó una voz irritada a sus espaldas. Hermione subía la escalera, mirando con aire de desaprobación el paquete de Harry.
George soltó un suspiro de fastidio.
-Eras un poco pesada, Hermione.
La chica le miró mal.
—Pensaba que no nos hablabas —dijo Harry.
—Sí, continúa así —dijo Ron—. Es mucho mejor para nosotros.
Hermione, todavía irritada por el comentario de George, arrugó un poco el ceño.
Hermione se alejó con la nariz hacia arriba.
Durante aquel día, Harry tuvo que esforzarse por atender a las clases. Su mente volvía al dormitorio, donde su escoba nueva estaba debajo de la cama, o se iba al campo de quidditch, donde aquella misma noche aprendería a jugar. Durante la cena comió sin darse cuenta de lo que tragaba, y luego se apresuró a subir con Ron, para sacar; por fin, a la Nimbus 2.000 de su paquete.
-Ya era hora…- dijo Sirius.
—Oh —suspiró Ron, cuando la escoba rodó sobre la colcha de la cama de Harry.
Hasta Harry, que no sabía nada sobre las diferencias en las escobas, pensó que parecía maravillosa. Pulida y brillante, con el mango de caoba, tenía una larga cola de ramitas rectas y, escrito en letras doradas: «Nimbus 2.000».
Harry suspiró pensando en su antigua escoba.
Cerca de las siete, Harry salió del castillo y se encaminó hacia el campo de quidditch. Nunca había estado en aquel estadio deportivo. Había cientos de asientos elevados en tribunas alrededor del terreno de juego, para que los espectadores estuvieran a suficiente altura para ver lo que ocurría. En cada extremo del campo había tres postes dorados con aros en la punta. Le recordaron los palitos de plástico con los que los niños muggles hacían burbujas, sólo que éstos eran de quince metros de alto.
Los que tenían algún conocimiento del mundo muggle pensaron que aquella era una descripción acertada. El resto fruncieron el ceño.
-¿Qué?- preguntó Ron.
Hermione suspiró.
-Da igual.
Ron se la quedó mirando. No le había gustado nada el comentario de George pues había visto como éste había afectado a la chica. Suponía que Hermione seguía pensando en ello y por eso no quería contestar a su pregunta, algo que normalmente hacía encantada. Maldijo mentalmente a su hermano por meterse con ella ya que, al leer todo lo que le habían dicho Harry y el propio Ron, la chica estaba más susceptible de lo normal.
Demasiado deseoso de volver a volar antes de que llegara Wood, Harry montó en su escoba y dio una patada en el suelo. Qué sensación. Subió hasta los postes dorados y luego bajó con rapidez al terreno de juego. La Nimbus 2.000 iba donde él quería con sólo tocarla.
Harry cerró los ojos, sonriendo y recordando aquel momento.
—¡Eh, Potter, baja!
Había llegado Oliver Wood. Llevaba una caja grande de madera debajo del brazo. Harry aterrizó cerca de él.
—Muy bonito —dijo Wood, con los ojos brillantes—. Ya veo lo que quería decir
McGonagall, realmente tienes un talento natural. Voy a enseñarte las reglas esta noche y luego te unirás al equipo, para el entrenamiento, tres veces por semana. Abrió la caja. Dentro había cuatro pelotas de distinto tamaño.
George sonrió, contento de poder leer aquella parte.
—Bueno —dijo Wood—. El quidditch es fácil de entender; aunque no tan fácil de jugar. Hay siete jugadores en cada equipo. Tres se llaman cazadores.
—Tres cazadores —repitió Harry, mientras Wood sacaba una pelota rojo brillante, del tamaño de un balón de fútbol.
Hermione rodó los ojos. Aquel capitulo estaba siendo el peor de todos de momento. No solo tenía que oír como ella y sus amigos se peleaban sino también escuchar explicaciones sobre Quidditch, algo que detestaba.
—Esta pelota se llama quaffle —dijo Wood—. Los cazadores se tiran la quaffle y tratan de pasarla por uno de los aros de gol. Obtienen diez puntos cada vez que la quaffle pasa por un aro. ¿Me sigues?
Todos los fanáticos del Quidditch escuchaban con atención. Aquel capitulo les estaba encantando.
—Los cazadores tiran la quaffle y la pasan por los aros de gol —recitó Harry—.
Entonces es una especie de baloncesto, pero con escobas y seis canastas.
-¿Baloncesto?-preguntó el señor Weasley.
-Un juego muggle- contestó Harry al ver que Hermione no lo había hecho antes.
Arthur asintió.
—¿Qué es el baloncesto? —preguntó Wood.
—Olvídalo —respondió rápidamente Harry.
—Hay otro jugador en cada lado, que se llama guardián. Yo soy guardián de
Gryffindor. Tengo que volar alrededor de nuestros aros y detener los lanzamientos del otro equipo.
Ron sonrió con orgullo. Él era el guardián de Gryffindor y acababan de ganar la copa de Quidditch hacía pocos días.
—Tres cazadores y un guardián —dijo Harry, decidido a recordarlo todo—. Y juegan con la quaffle. Perfecto, ya lo tengo. ¿Y para qué son ésas? —Señaló las tres pelotas restantes.
—Ahora te lo enseñaré —dijo Wood—. Toma esto.
Dio a Harry un pequeño palo, parecido a un bate de béisbol.
-¿Las va a soltar?-preguntó Ginny. No le parecía la mejor idea que Harry, quien nunca se había enfrentado a una bludger, tuviese que hacer de golpeador.
—Voy a enseñarte para qué son —dijo Wood—. Esas dos son las bludgers.
Enseñó a Harry dos pelotas idénticas, pero negras y un poco más pequeñas que la roja quaffle. Harry notó que parecían querer escapar de las tiras que las sujetaban dentro de la caja.
—Quédate atrás —previno Wood a Harry. Se inclinó y soltó una de las bludgers.
De inmediato, la pelota negra se elevó en el aire y se lanzó contra la cara de Harry.
Ginny sacudió la cabeza, un tanto preocupada.
Harry la rechazó con el bate, para impedir que le rompiera la nariz, y la mandó volando por el aire.
Ginny asintió, por suerte no le había dado en la cara.
Pasó zumbando alrededor de ellos y luego se tiró contra Wood, que se las arregló para sujetarla contra el suelo.
—¿Ves? —dijo Wood jadeando, metiendo la pelota en la caja a la fuerza y asegurándola con las tiras—. Las bludgers andan por ahí, tratando de derribar a los jugadores de las escobas. Por eso hay dos golpeadores en cada equipo (los gemelos Weasley son los nuestros).
-Aunque por culpa del sapo no hemos podido jugar casi nada este año- dijo Fred con enfado.
George gruñó, pensando en Umbridge.
Su trabajo es proteger a su equipo de las bludgers y desviarlas hacia el equipo contrario. ¿Lo has entendido?
—Tres cazadores tratan de hacer puntos con la quaffle, el guardián vigila los aros y los golpeadores mantienen alejadas las bludgers de su equipo —resumió Harry.
Sirius asintió; ese era un buen resumen.
—Muy bien —dijo Wood.
—Hum... ¿han matado las bludgers alguna vez a alguien? —preguntó Harry, deseando que no se le notara la preocupación.
—Nunca en Hogwarts. Hemos tenido algunas mandíbulas rotas, pero nada peor hasta ahora.
-Me parece a mí que unas mandíbulas rotas ya es algo bastante importante- dijo Molly sacudiendo la cabeza.
Bueno, el último miembro del equipo es el buscador. Ese eres tú. Y no tienes que preocuparte por la quaffle o las bludgers...
—A menos que me rompan la cabeza.
Ginny y Ron rieron.
—Tranquilo, los Weasley son los oponentes perfectos para las bludgers. Quiero decir que ellos son como una pareja de bludgers humanos.
Los gemelos sonrieron.
Wood buscó en la caja y sacó la última pelota. Comparada con las otras, era pequeña, del tamaño de una nuez grande. Era de un dorado brillante y con pequeñas alas plateadas.
—Esta dorada —continuó Wood— es la snitch. Es la pelota más importante de todas. Cuesta mucho de atrapar por lo rápida y difícil de ver que es. El trabajo del buscador es atraparla. Tendrás que ir y venir entre cazadores, golpeadores, la quaffle y las bludgers, antes de que la coja el otro buscador, porque cada vez que un buscador la atrapa, su equipo gana ciento cincuenta puntos extra, así que prácticamente acaba siendo el ganador.
Harry sonrió con cierta tristeza, echaba de menos jugar al Quidditch.
Por eso molestan tanto a los buscadores. Un partido de quidditch sólo termina cuando se atrapa la snitch, así que puede durar muchísimo. Creo que el record fue tres meses. Tenían que traer sustitutos para que los jugadores pudieran dormir...
-Merlín…- dijo Remus asombrado. Aquel dato le parecía muy interesante pero también increíble.
Bueno, eso es todo. ¿Alguna pregunta?
Harry negó con la cabeza. Entendía muy bien lo que tenía que hacer; el problema era conseguirlo.
-Jugando como juegas seguro que no tendrás ningún problema-le aseguró Ron.
-¿Estás hablando con mi yo del libro?
Las orejas del chico se pusieron del color de su pelo.
-Calla, Harry.
Su amigo rió.
—Todavía no vamos a practicar con la snitch —dijo Wood, guardándola con cuidado en la caja—. Está demasiado oscuro y podríamos perderla. Vamos a probar con unas pocas de éstas.
Sacó una bolsa con pelotas de golf de su bolsillo y, unos pocos minutos más tarde,
Wood y Harry estaban en el aire. Wood tiraba las pelotas de golf lo más fuertemente que podía en todas las direcciones, para que Harry las atrapara. Éste no perdió ni una y Wood estaba muy satisfecho.
-Bien hecho, Harry- dijo Sirius aplaudiendo.
Harry sonrió.
Después de media hora se hizo de noche y no pudieron continuar.
—La copa de quidditch llevará nuestro nombre este año —dijo Wood lleno de alegría mientras regresaban al castillo—.
Me da a mí que no, pensó George.
No me sorprendería que resultaras ser mejor jugador que Charles Weasley. Él podría jugar en el equipo de Inglaterra si no se hubiera ido a cazar dragones.
Harry pensó por un momento en ser jugador profesional. Por un lado le gustaba la idea pero, por otro, también le encantaría ser auror. Suspiró y decidió que ya tendría tiempo para pensarlo bien.
Tal vez fue porque estaba ocupado tres noches a la semana con las prácticas de quidditch, además de todo el trabajo del colegio, la razón por la que Harry se sorprendió al comprobar que ya llevaba dos meses en Hogwarts.
El castillo era mucho más su casa de lo que nunca había sido Privet Drive.
Harry sonrió y Snape intentó no reaccionar al oír eso. Él también había encontrado un hogar en Hogwarts y, una vez más, se sorprendió al darse cuenta de la cantidad de similitudes que existían entre ambos.
Sus clases, también, eran cada vez más interesantes, una vez aprendidos los principios básicos.
Hermione le sonrió.
En la mañana de Halloween se despertaron con el delicioso aroma de calabaza asada flotando por todos los pasillos.
Los tres amigos intercambiaron miradas pensando en lo que había ocurrido ese día.
Pero lo mejor fue que el profesor Flitwick anunció en su clase de Encantamientos que pensaba que ya estaban listos para empezar a hacer volar objetos, algo que todos se morían por hacer; desde que vieron cómo hacía volar el sapo de Neville.
El profesor Flitwick puso a la clase por parejas para que practicaran. La pareja de Harry era Seamus Finnigan (lo que fue un alivio, porque Neville había tratado de llamar su atención).
Harry sintió una punzada de culpabilidad al haber pensado eso.
Ron, sin embargo, tuvo que trabajar con Hermione Granger. Era difícil decir quién estaba más enfadado de los dos. La muchacha no les hablaba desde el día en que Harry recibió su escoba.
Los dos se miraron, recordando lo que había ocurrido en aquella clase.
—Y ahora no os olvidéis de ese bonito movimiento de muñeca que hemos estado practicando —dijo con voz aguda el profesor; subido a sus libros, como de costumbre—. Agitar y golpear; recordad, agitar y golpear. Y pronunciar las palabras mágicas correctamente es muy importante también, no os olvidéis nunca del mago Baruffio, que dijo «ese» en lugar de «efe» y se encontró tirado en el suelo con un búfalo en el pecho.
Dumbledore sonrió con afecto. Filius era uno de los profesores con los que más relación tenía, aparte de McGonagall, Hagrid y Snape.
Era muy difícil. Harry y Seamus agitaron y golpearon, pero la pluma que debía volar hasta el techo no se movía del pupitre.
Snape rodó los ojos ante la falta de habilidad del chico.
Seamus se puso tan impaciente que la pinchó con su varita y le prendió fuego, y Harry tuvo que apagarlo con su sombrero.
Tonks sonrió, a ella le había pasado algo parecido.
Ron, en la mesa próxima, no estaba teniendo mucha más suerte.
—¡Wingardium leviosa! —gritó, agitando sus largos brazos como un molino.
Harry se encontró con la mirada de Ginny y tuvo que contener una sonrisa.
—Lo estás diciendo mal. —Harry oyó que Hermione lo reñía—. Es Win-gar-dium levio- sa, pronuncia gar más claro y más largo.
—Dilo, tú, entonces, si eres tan inteligente —dijo Ron con rabia.
-Gran error…- dijo Ron con una sonrisa a su yo pasado. Después de tantos años, lo que una vez le dio rabia ahora le hacía sonreír.
Hermione se arremangó las mangas de su túnica, agitó la varita y dijo las palabras mágicas. La pluma se elevó del pupitre y llegó hasta más de un metro por encima de sus cabezas.
Los gemelos, Ginny y Harry rieron.
-Y a partir de ese momento me quedó claro que nunca más debía retarte a hacer algo- declaró Ron.
Hermione sonrió.
—¡Oh, bien hecho! —gritó el profesor Flitwick, aplaudiendo—. ¡Mirad, Hermione Granger lo ha conseguido!
-Ahora eso ya no es una novedad-dijo Harry sonriéndole. El chico sabía lo que se iba a leer a continuación y estaba intentando que el humor de Hermione estuviera lo más alto posible. Suponía que así le dolería menos escucharlo.
Al finalizar la clase, Ron estaba de muy mal humor.
—No es raro que nadie la aguante —dijo a Harry, cuando se abrían paso en el pasillo— . Es una pesadilla, te lo digo en serio.
Las sonrisas que Ron y Hermione lucían en sus rostros se desvanecieron al oír eso.
Alguien chocó contra Harry. Era Hermione. Harry pudo ver su cara y le sorprendió ver que estaba llorando.
La chica se ruborizó un poco y centró su mirada en la mesa, cabizbaja.
—Creo que te ha oído.
—¿Y qué? —dijo Ron, aunque parecía un poco incómodo—.
-Ya podías estarlo- dijo la señora Weasley, muy enfada por el comportamiento de su hijo.
Iba a soltarle un sermón cuando vio que Ron no le estaba haciendo caso. El chico solo tenía ojos para Hermione y la miraba con pena y arrepentimiento. Ella seguía con la vista clavada en la mesa; no quería encontrarse con la mirada de nadie, especialmente la de Ron.
Ya debe de haberse dado cuenta de que no tiene amigos.
Ante esa frase, Ron decidió actuar.
-Hermione… lo siento muchísimo.
La chica se obligó a levantar la cabeza y a fingir una sonrisa.
-No pasa nada, en serio.
-No, sí que pasa- los ojos azules del chico estaban llenos de determinación-. Era un autentico idiota. Sé que dices que no te importa pero aún así, quiero disculparme. Lo siento mucho, de verdad. No debí decir todo aquello. Y quiero que sepas que claro que tienes amigos. No eres una pesadilla ni nada de lo que dije entonces. Y que…-respiró hondo- que me arrepiento mucho de habértelo dicho y también algunas cosas que digo a veces, que no pienso y luego me doy cuenta de lo que he dicho y me sabe mal y…- se percató de que se estaba haciendo un lío y calló de golpe-. En fin, que lo siento mucho.
Hermione se le había quedado mirando a medida que hablaba. La tristeza fue poco a poco desapareciendo de su sonrisa hasta que quedó una totalmente sincera.
-Gracias, Ron- dijo un poco cortada y sonrojada- Yo… te perdono.
El chico asintió y luego sonrió, feliz.
George, al ver que la crisis se había solucionado, continuó leyendo.
Snape volvió a centrarse en la lectura después de haber reprimido un comentario. Se estaba hartando de aquellas escenas sentimentales entre los adolescentes.
Hermione no apareció en la clase siguiente y no la vieron en toda la tarde. De camino al Gran Comedor, para la fiesta de Halloween, Harry y Ron oyeron que Parvati Patil le decía a su amiga Lavender que Hermione estaba llorando en el cuarto de baño de las niñas y que deseaba que la dejaran sola. Ron pareció más molesto aún, pero un momento más tarde habían entrado en el Gran Comedor; donde las decoraciones de Halloween les hicieron olvidar a Hermione.
-Vaya, mil gracias- dijo Hermione con sarcasmo.
Ron se apresuró a volver a disculparse pero vio que la chica no lo había dicho con malicia y sonrió. Le alegraba ver que Hermione estaba más contenta.
Mil murciélagos aleteaban desde las paredes y el techo, mientras que otro millar más pasaba entre las mesas, como nubes negras, haciendo temblar las velas de las calabazas. El festín apareció de pronto en los platos dorados, como había ocurrido en el banquete de principio de año.
Sirius, Remus y los señores Weasley cerraron los ojos recordando su estancia en Hogwarts. Echaban de menos momentos como ese.
Harry se estaba sirviendo una patata con su piel, cuando el profesor Quirrell llegó rápidamente al comedor; con el turbante torcido y cara de terror.
La señora Weasley abrió mucho los ojos.
-¿Por qué? ¿Qué ha pasado?
Todos lo contemplaron mientras se acercaba al profesor Dumbledore, se apoyaba sobre la mesa y jadeaba:
—Un trol... en las mazmorras... Pensé que debía saberlo.
Y se desplomó en el suelo.
Molly dejó escapar un gemido de miedo y se aferró a la mano de su marido, el cual fruncía el ceño con preocupación. Sirius también se encontraba inquieto. Sabía que, siendo Harry como era, había muchas posibilidades de que se encontrase con el Trol.
George , al ver las reacciones de los adultos, se apresuró a leer.
Se produjo un tumulto. Para que se hiciera el silencio, el profesor Dumbledore tuvo que hacer salir varios fuegos artificiales de su varita.
—Prefectos —exclamó—, conducid a vuestros grupos a los dormitorios, de inmediato.
Remus asintió; aquella era una buena idea. Tonks también lo hizo pero entonces se percató de algo.
-Director-dijo-, creo recordar que la Sala común de Slytherin se encuentra en las mazmorras, ¿no sería peligroso llevar a los alumnos hasta ahí?
Dumbledore sonrió con amabilidad.
-Lo cierto es que existe más de una manera de llegar a las mazmorras, señorita Tonks. Así que, mientras los prefectos llevaban a los alumnos a sus dormitorios por un pasillo, los profesores buscábamos al Trol por otro.
-Y supongo que sería fácil saber donde se encontraba-repuso Tonks-, dado su olor característico.
-Así es- asintió Dumbledore-. El prefecto debía inspeccionar el lugar y si notaba un olor extraño tenía instrucciones de dar media vuelta inmediatamente y avisar a un profesor. Por suerte ningún alumno se encontró con el Trol. Bueno-rectificó-, nadie excepto…
Los que no sabían que había sucedido se le quedaron mirando, esperando que terminase la frase. Como no lo hizo, las miradas de todos se centraron en el trío.
-No...-murmuró Sirius, pensando que se estaban confirmando sus sospechas.
George siguió leyendo para acabar con las dudas y el sufrimiento de los adultos.
Percy estaba en su elemento.
—¡Seguidme! ¡Los de primer año, manteneos juntos! ¡No necesitáis temer al trol si seguís mis órdenes! Ahora, venid conmigo. Haced sitio, tienen que pasar los de primer año. ¡Perdón, soy un prefecto!
Los niños Weasley rodaron los ojos.
-¿Cómo no?-dijo Fred.
Molly estaba tan preocupada por la posibilidad de que se encontrasen con el Trol que ni siquiera reaccionó a la mención de su hijo.
—¿Cómo ha podido entrar aquí un trol? —preguntó Harry, mientras subían por la escalera.
Eso me pregunto yo, pensó Remus.
—No tengo ni idea, parece ser que son realmente estúpidos —dijo Ron—.
Tal vez Peeves lo dejó entrar; como broma de Halloween.
Pasaron entre varios grupos de alumnos que corrían en distintas direcciones. Mientras se abrían camino entre un tumulto de confundidos Hufflepuffs, Harry súbitamente se aferró al brazo de Ron.
—¡Acabo de acordarme... Hermione!
La chica rodó los ojos.
-Bueno, más vale tarde que nunca-dijo, aunque sonriendo.
-¡Merlín, es verdad!-exclamó Ginny-. ¡No lo sabes!
La atención de todos se centró en Hermione. La señora Weasley apretó con fuerza la mano de su marido, llena de preocupación.
—¿Qué pasa con ella?
—No sabe nada del trol.
Ron se mordió el labio.
—Oh, bueno —dijo enfadado—. Pero que Percy no nos vea.
-¡Ron!-chilló la señora Weasley.
Ron abrió la boca para defenderse pero su padre se le adelantó.
-Molly, cariño -intervino Arthur-. Sé que estás preocupada pero esto pasó hace mucho tiempo y Ron no puede cambiar sus reacciones por mucho que le grites. Además, sabemos que al final acabó bien. ¿Ves? Los tenemos a todos aquí-terminó con una sonrisa.
La señora Weasley respiró hondo pero luego asintió.
-Sí, claro, sí. Tienes razón, Arthur. Lo siento, Ron. Es que este libro lo describe todo tan bien que me da la sensación de estar ahí y entonces sufro por vosotros y… En fin-dijo intentando recuperar la compostura-, me he dejado llevar. Continua, George, por favor.
Se agacharon y se mezclaron con los Hufflepuffs que iban hacia el otro lado, se deslizaron por un pasillo desierto y corrieron hacia el cuarto de baño de las niñas. Acababan de doblar una esquina cuando oyeron pasos rápidos a sus espaldas.
Remus estuvo a punto de preocuparse por si era el Troll pero entonces escuchó que se trataba de pasos rápidos y descartó aquella idea. Sabía perfectamente que los Trols eran lentos y pesados.
—¡Percy! —susurró Ron, empujando a Harry detrás de un gran buitre de piedra.
Sin embargo, al mirar; no vieron a Percy, sino a Snape. Cruzó el pasillo y desapareció de la vista.
—¿Qué es lo que está haciendo? —murmuró Harry—. ¿Por qué no está en las mazmorras, con el resto de los profesores?
-Eso mismo me preguntó yo…- dijo Sirius con sospecha, observando a Snape.
El maestro de pociones se limitó a mirarle mal. Quería saber cómo los críos habían derrotado al Trol exactamente y por ello no tenía ganas de parar la lectura. Pero, se dijo, si Black volvía a hacer un comentario de aquel tipo la tregua iba a acabar pronto.
—No tengo la menor idea.
Lo más silenciosamente posible, se arrastraron por el otro pasillo, detrás de los pasos apagados del profesor.
—Se dirige al tercer piso —dijo Harry, pero Ron levantó la mano.
—¿No sientes un olor raro?
Sirius había entrecerrado los ojos e iba a decir algo sobre Snape cuando escuchó aquella frase. Se le pusieron los pelos de punta y rápidamente se olvidó de cualquier sospecha sobre el profesor de pociones. En aquel momento, solo había espacio en su mente para la preocupación por su ahijado y Ron.
Harry olfateó y un aroma especial llegó a su nariz, una mezcla de calcetines sucios y baño público que nadie limpia.
-¡No!-dijo Lupin al reconocer aquella descripción-. Salid de ahí inmediatamente.
Y lo oyeron, un gruñido y las pisadas inseguras de unos pies gigantescos.
-Ay, madre…- gimió Tonks.
Ron señaló al fondo del pasillo, a la izquierda. Algo enorme se movía hacia ellos. Se ocultaron en las sombras y lo vieron surgir a la luz de la luna.
Era una visión horrible.
Los señores Weasley se miraron con horror y luego centraron su atención en el trío, comprobando que se encontrasen bien.
Más de tres metros y medio de alto y tenía la piel de color gris piedra, un descomunal cuerpo deforme y una pequeña cabeza pelada. Tenía piernas cortas, gruesas como troncos de árbol, y pies achatados y deformes. El olor que despedía era increíble. Llevaba un gran bastón de madera que arrastraba por el suelo, porque sus brazos eran muy largos.
Si no hubiese sido un momento tan tenso, Tonks habría comentado que aquella descripción era muy acertada.
El monstruo se detuvo en una puerta y miró hacia el interior. Agitó sus largas orejas, tomando decisiones con su minúsculo cerebro, y luego entró lentamente en la habitación.
-Me recuerda a Crabbe y Goyle- susurró Ron disimuladamente a Harry y Hermione. Sabía que no era el momento para hacer bromas pero, como ellos ya habían vivido aquello, no se encontraban nerviosos.
Sus dos amigos esbozaron una sonrisa que intentaron tapar con las manos.
—La llave está en la cerradura —susurró Harry—. Podemos encerrarlo allí.
—Buena idea —respondió Ron con voz agitada.
-Ese no es vuestro trabajo-dijo la señora Weasley,asustada y exasperada.
Se acercaron hacia la puerta abierta con la boca seca, rezando para que el trol no decidiera salir. De un gran salto, Harry pudo empujar la puerta y echarle la llave.
—¡Sí!
Todos los que no habían estado ahí respiraron profundamente, creyendo que la historia se había acabado.
Animados con la victoria, comenzaron a correr por el pasillo para volver, pero al llegar a la esquina oyeron algo que hizo que sus corazones se detuvieran: un grito agudo y aterrorizado, que procedía del lugar que acababan de cerrar con llave.
-¿Qué?-preguntaron todos sin comprender.
—Oh, no —dijo Ron, tan pálido como el Barón Sanguinario.
—¡Es el cuarto de baño de las chicas! —bufó Harry.
—¡Hermione! —dijeron al unísono.
-O sea que me encerrasteis con el Trol, ¿eh? Muy bonito…
-No era nuestra intención-dijo Ron con una mueca de pesar.
Hermione sonrió.
-Tranquilo, luego lo arreglasteis con creces.
El pelirrojo asintió y le devolvió la sonrisa.
Era lo último que querían hacer; pero ¿qué opción les quedaba?
-Ay, Merlín…-gimió la señora Weasley.
Volvieron a toda velocidad hasta la puerta y dieron la vuelta a la llave, resoplando de miedo. Harry empujó la puerta y entraron corriendo.
Hermione Granger estaba agazapada contra la pared opuesta, con aspecto de estar a punto de desmayarse.
-Y lo estaba- murmuró ella.
El personaje deforme avanzaba hacia ella, chocando contra los lavamanos.
—¡Distráelo! —gritó Harry desesperado y tirando de un grifo, lo arrojó con toda su fuerza contra la pared.
-Binen pensado, Harry-dijo Sirius. No había comentado demasiado porque quería ver como salían de aquella.
El trol se detuvo a pocos pasos de Hermione. Se balanceó, parpadeando con aire estúpido, para ver quién había hecho aquel ruido. Sus ojitos malignos detectaron a Harry. Vaciló y luego se abalanzó sobre él, levantando su bastón.
Todos los adultos se encogieron de miedo al imaginarse esa escena.
—¡Eh, cerebro de guisante! —gritó Ron desde el otro extremo, tirándole una cañería de metal. El ser deforme no pareció notar que la cañería lo golpeaba en la espalda, pero sí oyó el aullido y se detuvo otra vez, volviendo su horrible hocico hacia Ron y dando tiempo a Harry para correr.
-Ay, Ron…- suspiró su madre. Le gustaba ver como éste defendía a sus amigos pero, al mismo tiempo, no quería que se pusiera en peligro.
—¡Vamos, corre, corre! —Harry gritó a Hermione, tratando de empujarla hacia la puerta, pero la niña no se podía mover. Seguía agazapada contra la pared, con la boca abierta de miedo.
-No me extraña…- dijo Ginny-. Yo estaría igual, probablemente.
-Y yo-asintió George.
-Yo también- dijo Fred.
Hermione les sonrió agradecida.
Los gritos y los golpes parecían haber enloquecido al trol. Se volvió y se enfrentó con Ron, que estaba más cerca y no tenía manera de escapar.
Hermione se encogió de miedo, pensado en cómo habría sido su vida de haberle pasado algo a Ron.
Entonces Harry hizo algo muy valiente y muy estúpido:
-Eso describe toda tu vida, Harry- sonrió Ron.
Harry sacudió la cabeza y rió al mismo tiempo; aquello era bastante cierto.
El resto de los presentes le hubieran dado la razón de no estar tan pendientes de la lectura.
corrió, dando un gran salto y se colgó, por detrás, del cuello de aquel monstruo.
Ginny abrió mucho los ojos.
-Estás fatal, Harry… ¿Cómo se te ocurren estas cosas?-dijo riendo con incredulidad.
El chico sonrió y se encogió de hombros.
La atroz criatura no se daba cuenta de que Harry colgaba de su espalda, pero hasta un ser así podía sentirlo si uno le clavaba un palito de madera en la nariz, pues la varita de Harry todavía estaba en su mano cuando saltó y se había introducido directamente en uno de los orificios nasales del trol.
-Puaj- dijo Tonks arrugando la nariz.
Los gemelos y Ginny compusieron una mueca de asco.
Harry sintió el peso de su varita en el bolsillo y recordó lo mucho que la había lavado después de aquello.
Chillando de dolor; el trol se agitó y sacudió su bastón, con Harry colgado de su cuello y luchando por su vida. En cualquier momento el monstruo lo destrozaría, o le daría un golpe terrible con el bastón.
Todos compusieron una mueca de horror ante eso. No querían ni pensar en aquella posibilidad.
Snape sacudió la cabeza; Potter no le ponía nada fácil su tarea de mantenerle con vida. Recordó lo mucho que le costó dormir aquella noche pensando en qué hubiese sucedido si los tres críos no hubieran tenido tanta suerte.
Hermione estaba tirada en el suelo, aterrorizada. Ron empuñó su propia varita, sin saber qué iba a hacer; y se oyó gritar el primer hechizo que se le ocurrió:
—¡Wingardium leviosa!
El bastón salió volando de las manos del trol, se elevó, muy arriba, y luego dio la vuelta y se dejó caer con fuerza sobre la cabeza de su dueño. El trol se balanceó y cayó boca abajo con un ruido que hizo temblar la habitación.
-¡Lo conseguiste, Ron!- le animó su madre.
Ron sonrió, enrojecido.
-Bien hecho- dijo Hermione en voz baja.
-Gracias-dijo él-, aunque si no me hubieras explicado cómo hacer el hechizo no lo hubiese logrado.
-Estoy segura de que lo hubieras conseguido igualmente.
Ron iba a replicar pero al final asintió y sonrió.
Harry se puso de pie. Le faltaba el aire. Ron estaba allí, con la varita todavía levantada, contemplando su obra.
El señor Weasley le sonrió y los gemelos aplaudieron.
-Alucinante, Ron.
El rostro del chico se iluminó al oírlo.
Hermione fue la que habló primero.
—¿Está... muerto?
—No lo creo —dijo Harry—. Supongo que está desmayado.
-Pues entonces más os vale largaros de ahí enseguida-les apremió Sirius-. No vaya a ser que se despierte.
Se inclinó y retiró su varita de la nariz del trol. Estaba cubierta por una gelatina gris.
—Puaj... qué asco.
Todos tuvieron reacciones similares.
La limpió en la piel del trol.
Un súbito portazo y fuertes pisadas hicieron que los tres se sobresaltaran. No se habían dado cuenta de todo el ruido que habían hecho, pero, por supuesto, abajo debían haber oído los golpes y los gruñidos del trol.
-Así fue…- dijo Snape distraídamente. Todavía estaba algo sorprendido de cómo habían sucedido los acontecimientos.
Muchos se le quedaron mirando, al no haber participado demasiado se habían olvidado de su presencia.
Un momento después, la profesora McGonagall entraba apresuradamente en la habitación, seguida por Snape y Quirrell, que cerraban la marcha.
Quirrell dirigió una mirada al monstruo, se le escapó un gemido y se dejó caer en un inodoro, apretándose el pecho.
-Imbécil-gruñó Harry.
El resto de alumnos reaccionaron de manera parecida.
Snape se inclinó sobre el trol. La profesora McGonagall miraba a Ron y Harry Nunca la habían visto tan enfadada. Tenía los labios blancos.
-Me parece normal- dijo la señora Weasley con un resoplido. Después del alivio por saber que no les había sucedido nada, se estaba enfadando un poco. Luego recordó que se habían enfrentado al Trol para salvar a Hermione y el enfado disminuyó.
Las esperanzas de ganar cincuenta puntos para Gryffindor se desvanecieron rápidamente de la mente de Harry.
-¿Tú crees?-rió Tonks.
—¿En qué estabais pensando, por todos los cielos? —dijo la profesora McGonagall, con una furia helada. Harry miró a Ron, todavía con la varita levantada—. Tenéis suerte de que no os haya matado. ¿Por qué no estabais en los dormitorios?
Snape dirigió a Harry una mirada aguda e inquisidora. Harry clavó la vista en el suelo. Deseó que Ron pudiera esconder la varita.
Snape volvió a hacer lo mismo pero esta vez Harry le mantuvo la mirada. Sabía que el profesor de pociones era consciente de que le habían mentido pero, como no le podía quitar puntos ni castigar, ya no le preocupaba.
Entonces, una vocecita surgió de las sombras.
—Por favor; profesora McGonagall... Me estaban buscando a mí.
—¡Hermione Granger!
Hermione finalmente se había puesto de pie.
—Yo vine a buscar al trol porque yo... yo pensé que podía vencerlo, porque, ya sabe, había leído mucho sobre el tema.
George dejó de leer y se quedó mirando a Hermione con incredulidad y los ojos abiertos por la sorpresa. A su lado, Fred tenía una expresión parecida.
-¿Pasa algo?-preguntó Hermione, un poco incómoda por la atención que todo el mundo le estaba dando.
-Pues… sí- dijo George-. Sabía que eras capaz de mentir a gente como Umbridge para cosas importantes pero ¡¿a McGonagall?!- sacudió la cabeza-. Nunca lo hubiera dicho.
-Estás ganando puntos, Hermione-continuó Fred.
Hermione se les quedó mirando divertida.
-¿Puntos? ¿Puntos para qué?
Los gemelos se encogieron de hombros.
-Pues no sé… Puntos.
-Puntos de bromista.
-De rompe-reglas
-Ya sabes, de ese tipo cosas.
Hermione bufó.
-¿Y para que me servirán?
Los gemelos volvieron a encogerse de hombros.
-¿Quién sabe? ¿Descuentos en nuestros productos?
-¿Poder probar los últimos artículos antes de que salgan al mercado?-dijo George.
-Las posibilidades son infinitas…- continuó Fred-. Pero creo que será mejor que discutamos esto en otro momento-terminó al ver la mirada de su madre.
Antes de que nadie pudiera decir nada, George retomó la lectura rápidamente.
Ron dejó caer su varita. ¿Hermione Granger diciendo una mentira a su profesora?
—Si ellos no me hubieran encontrado, yo ahora estaría muerta. Harry le clavó su varita en la nariz y Ron lo hizo golpearse con su propio bastón. No tuvieron tiempo de ir a buscar ayuda. Estaba a punto de matarme cuando ellos llegaron.
El ceño fruncido que se había formado en el rostro de Snape se desvaneció ligeramente.
-Al menos esa parte es cierta- dijo lanzándole a Hermione una mirada.
La chica bajó la cabeza.
Harry y Ron trataron de no poner cara de asombro.
—Bueno... en ese caso —dijo la profesora McGonagall, contemplando a los tres niños—... Hermione Granger; eres una tonta. ¿Cómo creías que ibas a derrotar a un trol gigante tú sola?
Hermione bajó la cabeza. Harry estaba mudo. Hermione era la última persona que haría algo contra las reglas, y allí estaba, fingiendo una infracción para librarlos a ellos del problema.
Ron y Harry le sonrieron.
-La verdad es que siempre se puede contar contigo para que nos ayudes-dijo Harry.
Era como si Snape empezara a repartir golosinas.
Aquello provocó que Harry y Ron sonrieran y que los gemelos y Ginny rieran disimuladamente. Al contrario de Sirius que, sin preocuparse lo más mínimo, dejó escapar una risotada.
-De ser así yo no me las comería-dijo entre risas-; seguro que están envenenadas.
Snape entrecerró los ojos. Y Dumbledore, al ver la situación, dijo:
-Sirius, ya es suficiente. Continuemos con la lectura.
El animago suspiró con fastidio pero dejó de reír.
—Hermione Granger, por esto Gryffindor perderá cinco puntos —dijo la profesora McGonagall—.
-Pues se han quedado en pocos-repuso Remus-. Conociéndola podrían haber sido muchos más.
Estoy muy desilusionada por tu conducta. Si no te ha hecho daño, mejor que vuelvas a la torre Gryffindor. Los alumnos están terminando la fiesta en sus casas.
Hermione se marchó.
La profesora McGonagall se volvió hacia Harry y Ron.
—Bueno, sigo pensando que tuvisteis suerte, pero no muchos de primer año podrían derrumbar a esta montaña. Habéis ganado cinco puntos cada uno para Gryffindor. El profesor Dumbledore será informado de esto. Podéis iros.
-Podéis decir lo que queráis sobre McGonagall-dijo Sirius-, pero siempre es justa.
Todos asintieron mostrando su acuerdo.
Salieron rápidamente y no hablaron hasta subir dos pisos. Era un alivio estar fuera del alcance del olor del trol, además del resto.
—Tendríamos que haber obtenido más de diez puntos —se quejó Ron.
-Ya es bastante que estéis vivos; no pidas más-dijo la señora Weasley.
-Y en realidad son cinco puntos los que obtendréis-añadió Remus-, si se descuentan los de Hermione, claro.
—Cinco, querrás decir; una vez que se descuenten los de Hermione.
Lupin y Harry compartieron una sonrisa al ver que habían dicho algo parecido.
—Se portó muy bien al sacarnos de este lío —admitió Ron—.
-Eso es verdad-dijo Ginny.
Claro que nosotros la salvamos.
-Eso también lo es.
—No habría necesitado que la salváramos si no hubiéramos encerrado esa cosa con ella—le recordó Harry.
Ginny rió.
-Y eso.
Habían llegado al retrato de la Dama Gorda.
—Hocico de cerdo —dijeron, y entraron.
Molly suspiró y se relajó; por fin estaban a salvo en sus dormitorios. Aquel capitulo la había hecho sufrir demasiado y no quería ni imaginarse que más cosas horribles tendrían que leer.
La sala común estaba llena de gente y ruidos. Todos comían lo que les habían subido. Hermione, sin embargo, estaba sola, cerca de la puerta, esperándolos. Se produjo una pausa muy incómoda.
Todos, incluido los tres amigos, rieron ante aquello.
Luego, sin mirarse, todos dijeron: «Gracias» y corrieron a buscar platos para comer.
Eso provocó aún más risas entre los presentes.
-Oh, qué monos-bromearon los gemelos.
Harry rió.
-Éramos tan raros…
-Tienes razón-dijo Ron con los ojos brillando con diversión-. Y me da a mí que aún lo somos. Pero tranquilos; si no no seríamos amigos.
Pero desde aquel momento Hermione Granger se convirtió en su amiga. Hay algunas cosas que no se pueden compartir sin terminar unidos, y derrumbar un trol de tres metros y medio es una de esas cosas.
Harry, Ron y Hermione se miraron y se sonrieron.
-Así es-dijo Hermione.
La señora Weasley, emocionada, tuvo que contenerse para no derramar una lágrima. Era muy emotivo poder leer como sus chicos se hicieron amigos.
-Vale-dijo George cerrando el libro-.¿Quién queda por leer?
Las manos de Harry, Ron y el señor Weasley se elevaron en el aire pero ninguno hizo ademán de coger el libro. Finalmente, Ron cedió.
-Está bien…- dijo con un poco de pereza-. Ya leeré yo. ¿Cómo se llama el siguiente capítulo?
George giró la página.
-"Quidditch". Vaya, parece que estás de suerte, hermanito.
El rostro de Ron se iluminó.
- Esto va a ser entretenido.
A/N Pues ya está, otro capitulo. Creo que ahora cada vez son más fáciles de escribir porque hay más acción en lo que se lee. Bueno, intentaré tener el siguiente lo más rápido posible.
Gracias por leer y dejad review si queréis :D
