Adiós

Días después, unos arqueólogos de la ciudad, desentierran algo muy antiguo. Algo que entusiasma a los vampiros de la Orden al ver el descubrimiento en el periódico. Por lo que se apoderan de el.

Y esa misma noche, volviendo de patrullar, Sanji se reencuentra con una vieja conocida. Tashigi. Que le sorprende de camino a su casa.

-¿Sabes?, la gente educada avisa antes de atacar por sorpresa-dijo el rubio con el puño en alto después de haberla descubierto entre unos arbustos.

-Quería poner a prueba tus reflejos.

-¿Y si yo pongo a prueba mis puñetazos?, comprobarías que he mejorado-se relajó.

-Iba hacia tu casa, te he visto pasar y no he podido contenerme-dijo la chica complacida.

-Lo cual me obliga a preguntarte, y no creas que no me alegro de verte, pero ¿qué haces aquí?. Espera, no, a ver si lo adivino. Tu vigilante te ha dicho que va a surgir un oscuro poder en Going Merry.

-Exactamente.

-Estupendo...¿y sabe de qué oscuro poder se trata?.

En la fábrica, los vampiros contemplaban maravillados su botín.

-Es una piedra enorme-dijo Ace. Puesto que efectivamente, era un gran bloque de roca maciza-estoy deseando contárselo a mis amigos, ellos no tienen una piedra tan grande-añadió irónico.

-Mi querido Ace, nunca has sido muy bueno en historia-apreció Doflamingo.

-Pues dame una lección.

-El demonio Acathla se presentó aquí para devorar el mundo-dijo Crocodile- le mató un virtuoso caballero, que le atravesó el corazón antes de que pudiera empezar a realizar su cometido. Acathla se convirtió en piedra, cosa que a veces les ocurre a los demonios, y fue enterrado donde ni los hombres ni los demonios querrían mirar. A menos que busquen un alquiler muy barato.

Ayudándose por palancas, dos vampiros consiguieron deshacerse de la piedra que recubría el sarcófago que contenía la figura en piedra del demonio. La escultura era de una espeluznante criatura, con una espada clavada en el pecho.

-A ver si acierto-apuntó Ace- alguien desenfunda la espada...

-Alguien digno-puntualizó Alvida, interrumpiéndole.

-El demonio despierta y da comienzo la locura-terminó el vampiro moreno.

-Devorará el mundo-dijo Boa extasiada.

-Y toda criatura viva de este planeta irá al infierno-dijo Zoro, más para si mismo que para los demás.

-Amigos míos-dijo Crocodile- estamos a punto de hacer que la historia acabe.

En la biblioteca, Robin reunió a los suyos y a Tashigi.

-He pasado un momento por el museo-empezó a contarles la mujer-el monolito que habían encontrado ha desaparecido y han asesinado al conservador. Vampiros.

-¿Y seguro que era la tumba de Alfalfa?-preguntó Sanji.

-Acathla- corrigió ella-y parece ser que la información aportada por el vigilante de Tashigi es correcta.

-Bueno, ¿quiere alguien explicarme qué es eso de que va a llevarnos a todos al infierno?, no me gusta nada la idea-dijo Nami asustada.

-Bueno, el universo de los demonios se encuentra en una dimensión distinta a la nuestra. Con un solo respiro, Acathla creará un vórtice, una especie de remolino que arrastrará a todo lo que haya en la tierra a esa dimensión. En la que todo el que no sea demonio sufrirá horriblemente la tortura eterna.

-Así que literalmente seremos succionados al infierno...¡genial!-dijo sarcástico el rubio.

-Entiendes lo que esto supone ¿verdad Sanji?-cuestionó Robin- los vampiros andan detrás de este asunto y puede que Zoro también.

-Hay que matarlo-dijo Tashigi.

-Me enfrentaré a él si es necesario, sé lo que tengo que hacer-respondió algo turbado.

-Te traje un regalito- dijo la otra cazavampiros y sacó una espada de un bolso-bendecida por el caballero que se la clavó a ese demonio. Si falla todo lo demás, ésto le detendrá...creo yo.

-Confiemos en que no falle todo lo demás-dijo Robin, entusiasmada con la nueva arma-los vampiros tendrán que hacer su propio ritual para poder retirar la espada y despertar a Acathla. Con un poco de suerte, les llevará algún tiempo, por lo que nosotros debemos planear cómo detenerlos.

En la fábrica, los vampiros estaban listos para despertar al demonio. Dos de ellos sujetaban a un hombre, al que retenían en contra de su voluntad.

Todos estaban allí. En silencio. Alrededor de la estatua de piedra. Inmóviles y expectantes.

-¿Quién se anima?-preguntó de pronto Doflamingo a los presentes-¿quién despierta al demonio?¿a quién le concederemos ese honor?.

-A Zoro- dijo Crocodile entonces. Recibiendo una mirada interrogante del peliverde- deseo que nos demuestre que podemos confiar en el. Que merece ser uno de los nuestros y que quiere ser perdonado por sus errores pasados...y que mejor manera, que exterminando a la humanidad.

Ace miró a Zoro con rabia. A pesar de las cosas que había hecho en contra de sus congéneres, la Orden le seguía teniendo en alta estima. El otro, sin embargo, parecía nadar entre dos aguas. Y en ambas, Sanji moriría irremediablemente.

-Venga Zoro- apremió Doflamingo- ¿a qué esperas?¿o acaso tienes dudas?.

-No...no las tengo-dio un paso al frente y Crocodile sonrió complacido.

-Pues que empiece el ritual-dijo.

-Beberé...-el peliverde se acercaba con lentitud al hombre que seguía intentando escapar del agarre de los dos vampiros-la sangre recorrerá mis entrañas...mi ser...y quedaré purificado. Seré digno de liberar a Acathla, sed testigos, de mi ascensión. De mi transformación- dijo antes de lanzarse al cuello del indefenso humano y acabar con su vida. Entonces continuó hablando mientras se acercaba a la estatua-todo lo que soy, todo lo que he hecho, me ha conducido hasta aquí. Me he desviado, me he perdido, pero Acathla me redimirá. Con este acto seremos libres-concluyó y llevó sus manos a la empuñadura de la espada que permanecía clavada en el pecho de la escultura...

Pero no pudo sacarla. Nada.

-Alguien no ha sido digno-canturreó Ace, contento por lo sucedido.

-¡Maldita sea!-gritó Doflamingo.

-Que terrible...-dijo Boa-decepción.

-Tal vez nos olvidamos de algo, los conjuros, la sangre...no lo sé- Crocodile estaba furioso. Zoro, al contrario, aliviado. Y Ace se aguantaba la risa.

-¿Qué vamos a hacer?-cuestionó Alvida.

-Lo que hacemos siempre en momentos malos, recurrir a alguien que nos ayude-dijo Doflamingo.

A la mañana siguiente, todos los alumnos del instituto se encontraban sumergidos en los exámenes finales. Y en el aula donde estaban Sanji y sus amigos, entró de repente, un vampiro encapuchado que llamó la atención de todos.

-¡Esta noche, al anochecer, en el cementerio, iréis junto a él!¡iréis junto a él o habrá muertes!¡esta noche ha llegado su hora!-empezó a gritar hasta que comenzó a prenderse fuego por la luz del sol que entraba por las ventanas.

Todos los alumnos se atemorizaron, salvo Sanji, que se imaginaba que era un mensajero destinado a el.

En la biblioteca, poco después.

-Dijo que habrían muertes, tengo que ir-explicaba el rubio a Robin.

-Yo iré contigo-dijo Tashigi.

-No, te necesito aquí por si acaso. Yo sé cuidar de mi mismo.

-Ya que vas a encontrarte con Zoro seguramente, deberías intentar hablar con él. Convencerle de que vuelva a nuestro lado-dijo Nami.

-Debes matarlo-dijo Luffy.

-Dejádmelo a mi-fue la respuesta del rubio. Iba a marcharse, pero Tashigi le detuvo.

-Ten-dijo ofreciéndole una estaca de madera algo irregular-por si la necesitas, ésta es mi estaca de la suerte. He matado a muchos vampiros con ella...yo la llamo la puntilla.

-¿Le has puesto nombre?.

-Si-respondió algo avergonzada.

-Recuérdame que te compre un osito de peluche-y cogió la estaca conmovido-gracias.

-Ten mucho cuidado.

En el cementerio, andaba con todos los sentidos alerta. No escuchaba el más mínimo movimiento, hasta que Zoro apareció por detrás de un mausoleo.

-Hola cariño-fue lo primero que le dijo el peliverde. Llevaba las manos en los bolsillos, tranquilo-no estaba seguro de que vinieras.

-¿Después de tu inmolación?, vamos, tenía que venir. ¿No tenías que estar destruyendo el mundo y arrancándole la espada a Al Franken o cómo se llame?.

-Hay tiempo suficiente, antes quería despedirme de ti. Tú eres lo único de esta dimensión que echaré de menos.

-Que momento tan entrañable ¿por qué no peleamos?.

-No he venido aquí para pelear.

-¿No?.

Chasqueó la lengua-vaya, esperaba que pudiéramos reconciliarnos. ¿Qué crees?¿hay alguna posibilidad?-silencio absoluto-está bien, peleemos-dijo y se abalanzó sobre él.

En la biblioteca, mientras sus amigos estaban sumidos en libros, y Tashigi andaba de un lado a otro junto a la puerta. De repente, empezaron a entrar vampiros a la sala por las ventanas y por las puertas vaivén.

Todos peleaban como podían. Tashigi mató un par de vampiros hasta que llegó Boa Hancock.

-Suficiente-dijo. Y esas palabras sirvieron para que los vampiros que quedaban se fueran por donde habían venido.

Tashigi se puso en guardia. Era un vampiro más al que podría exterminar. Pero se equivocaba.

La vampiresa era capaz de bloquear todos sus movimientos sin despeinarse. Hasta que sin dificultad le rompió el cuello a la chica, que cayó muerta en el suelo de la biblioteca. Luego, anduvo hasta donde se encontraba Robin inconsciente, la cogió en brazos y se marchó.

En el cementerio, Sanji y Zoro seguían la lucha.

-Vaya, ¿soy yo o no estás peleando bien?-preguntó Zoro- tal vez deba irme a casa y destruir el mundo.

Sanji sacó la estaca de Tashigi- creo que ésta estaca tiene algo que decir al respecto, vamos, terminemos con esto ¡tú y yo!.

El peliverde empezó a reírse- nunca aprendes ¿verdad?, no se trataba de ti...nunca se ha tratado de ti.

El rubio entonces se percató de lo que hablaba. Y salió corriendo de allí. Todo había sido una trampa.

Corría todo lo deprisa que sus piernas le permitían. Recorrió los pasillos del instituto, pero cuando entró en la biblioteca, el paisaje era desolador. Tashigi muerta cerca del mostrador. Luffy inconsciente unos metros más allá y Nami igual, pero bajo una estantería y con libros tirados por todas partes. Ni rastro de Robin.

Luffy terminó con solo un brazo escayolado. Pero Nami, inconsciente con un trauma craneal y con la posibilidad de no despertar.

Robin despertó sobre el frío suelo de la fábrica. Crocodile la contemplaba y se agachó a su altura cuando vio que se comenzaba a espabilar.

-Hola Nico Robin- dijo- creía que nunca te ibas a despertar y nos tenías preocupados.

-¿Qué quieres?-preguntó ella, llevándose las manos a la cabeza, donde notaba un chichón-tu eres...

-El que va a torturarte. Me encanta hacerlo.

Robin entonces vio la estatua de Acathla.

-Oh, si, es Acathla- dijo Doflamingo al ver los ojos de la morena sobre la figura del demonio-cuesta despertarle aún más que a ti.

-Hemos hecho todos los rituales-continuó Crocodile- hemos dicho todas las frases, pero nada, no hemos conseguido nada. Hemos pensado que tú conocerías el ritual. Nos han dicho que estás muy puesta en estas cosas y seguramente puedas decirnos qué hacemos mal. Aunque en el fondo...espero que no puedas. Porque lo que quiero es torturarte.

Sanji corrió a buscar a Robin a su casa. Nadie sabía nada de ella. Se temía lo peor.

Al salir de la casa de su vigilante, se topó con alguien inesperado.

Ace.

-Hola precioso-le dijo.

Sanji le volteó la cara de un puñetazo como respuesta.

-¡¿Quieres esperar un momento?!-dijo empujando al rubio para que no le pegase más, pero el otro sacó una estaca-eh, bandera blanca o me largo.

-¡Que quede clara una cosa!¡somos enemigos mortales!¡no hay treguas!-seguía sin bajar la estaca.

-Si quieres una peleíta guapo, por mi encantado. Si quieres detener a Zoro, tendremos que cambiar un poco el juego.

La cosa cambió mucho-¿de qué estás hablando?.

-Estoy hablando de tu ex, encanto. Estoy hablando de acabar de una vez con él.

-Ja, esa es la propuesta más absurda que he oído jamás.

-Tiene a tu vigilante...bueno, él y unos colegas. Ahora la estarán torturando.

-¿Qué es lo que quieres?-se había rendido.

-Ya te lo he dicho, quiero detener a Zoro. Quiero salvar el mundo.

-Bueno, recordarás que eres un vampiro ¿verdad?.

-Nos gustan las grandes frases. Así somos. Voy a destruir el mundo...-empezó a buscar algo en su abrigo-cosas de machos-dijo. Por fin encontró lo que buscaba, su tabaco. Se encendió un cigarrillo-vacilar con los amigos mientras te bebes un litro de sangre. Lo cierto es que a mi me gusta este mundo, tenéis carreras de galgos, partidos de fútbol, y está la gente. Millones de personas paseándose por ahí como hamburguesas con piernas. Pero de pronto aparece alguien con otra visión, con auténtica pasión por la destrucción. Zoro va a hacerlo. Ellos le prefieren a él a pesar de todo...y adiós a lo que conocemos ¿me entiendes?.

-Bueno, vale, no has acabado con Zoro. ¿Por qué recurres a mi?.

-Quiero que se muera de una vez por todas, y si lo matas tú, es más divertido. Asesinado por Sanji. Un crio de instituto. La Orden vería claramente que apostaron por el caballo perdedor. Quiero que todo sea como antes de volver a encontrarle.

-Eres patético-el vampiro le golpeó molesto, pero el rubio le devolvió el golpe, más fuerte aún-¡esta noche he perdido a una amiga!.

-Yo no he tenido nada que ver con eso.

-¡Y puede que pierda algo más!, el mundo entero va a ser succionado y ¿quieres que te ayude por qué te sientes inferior?, déjame decirte que me importa un bledo.

-No puedo enfrentarme solo a todos ellos y tú tampoco puedes.

Sanji volvió a darle un puñetazo en la cara, pero esta vez el otro solo sonrió.

-Te odio-dijo el rubio.

-Soy todo lo que tienes.

-Está bien. Habla..., pero vamos a mi casa.

Cuando estaban a punto de entrar a la vivienda, llegó Zeff con el coche. Al verlo, se bajó a toda prisa.

-¡Sanji! ¿dónde te habías metido? ¿estás bien?-le abrazó-te he estado buscando, supe lo que pasó en tu instituto.

-Espera abuelo, entremos en casa, te lo explicaré.

-¿Quién es este hombre?-preguntó refiriéndose al vampiro-¿quién es usted?. Sanji han ocurrido cosas terribles ¿qué es lo que ha pasado?.

-¿Qué pasa?¿tu abuelo no lo sabe?-preguntó el moreno, ganándose una mirada de reproche del chico.

-¿El qué?-cuestionó Zeff.

-Que estoy...en un grupo, en un grupo de rock, con Ace.

-Exacto-dijo el vampiro siguiendo la corriente-él toca el triángulo...

-La batería-corrigió el rubio.

-La batería si, es un máquina dándole al bombo.

-¿Y tú qué haces?-preguntó el anciano a Ace.

-Yo canto.

-Escucha, vamos dentro y hablamos tranquilamente.

Iban a entrar pero apareció un vampiro. Entre Sanji y Ace lo hicieron polvo. Dejando a Zeff alucinado.

-Uno de sus chicos- dijo el moreno.

-Seguro que me estaba vigilando...y a ti.

-Bueno, ya no puede contar mucho sobre nosotros.

-Sanji ¿qué es lo que está pasando?-dijo Zeff del que se habían olvidado.

El rubio respiró hondo-abuelo, soy el cazavampiros.

Afortunadamente, mientras tanto, Nami despertaba, con Luffy inseparable a su lado. Y Robin, como había dicho Ace, estaba atada en una silla y sangrando por diversas heridas.

-Oye Nico, tengo que confesarte que estoy impresionado-dijo Crocodile- ¿cómo puedes aguantar?.

-Estoy cómoda-dijo con dificultad.

-Me alegro.

-Quiero...quiero hablar con Zoro. Le diré a el...como abrir el portal. Sólo a el.

Mandaron llamar al vampiro peliverde y les dejaron a solas.

-Zoro...-dijo la mujer. Veía con dificultad, porque un hilo de sangre le descendía por la frente y le caía sobre el ojo derecho.

El vampiro se agachó a su altura, y le limpió con la manga de su camisa.

-¿Cómo te encuentras?.

-Zoro ¿por qué?-evidentemente no era malo. La presencia de los otros vampiros le daban una ligera idea de lo que ocurría, y más, sabiendo la historia.

-Tenía que hacer que Sanji me odiara-justificó con pesar-me dieron la opción de matarlo ellos o hacerlo yo. Elegí hacerlo yo, pero obviamente, no soy capaz.

-Querías que Sanji te odiara...

-Para que me mate él.

-Seguro que está de camino, vendrá a impedir esta locura.

-Lo sé. Y siento el daño que le hice y a vosotros.

-¿Cuál es tu plan?.

-Confío en que Sanji llegue a tiempo para impedirme despertar a Acathla, pelearnos y...terminar con esto.

-Pero si Sanji te mata...ellos lo mataran-dijo la mujer.

-Lo creas o no, dudo que lo intenten. Su actual problema era que él y yo mantuviéramos una relación sentimental. Por ley prohibida. Vinieron por eso. Ace les dio el aviso. Si todo se termina, no les quedan asuntos pendientes aquí. No creo que les apetezca luchar contra Sanji, que ha demostrado ser diferente a los demás cazadores.

-Ya decía yo...después de todo lo que me contaste, que de la noche a la mañana dejaras de quererlo no me cabía en la cabeza.

-Eso nunca. Me estaba destrozando tratarlo como lo hice. Las cosas que le he dicho...y le he hecho. Pero si el amor nublara su mente, no sería capaz de acabar conmigo-sacó un sobre del bolsillo de su pantalón-por si todo acaba esta noche, necesito que le des esto a Sanji-dijo e introdujo el sobre en el bolsillo de la chaqueta de la mujer.

-¿Qué es?.

-La verdad. Quien soy. Lo que he hecho y el por qué- Robin le miró sorprendida-ahora necesito que me digas...cómo es el ritual, porque me lo preguntaran.

-¿Vas a llevarlo a cabo entonces?.

-Como te dije antes, confío en que Sanji llegue a tiempo.

-Y si no llega...tendrás que morir de todas formas-dijo la morena-porque para abrir el portal, debes usar tu sangre sobre la espada...y solo con tu sangre se volverá a cerrar el vórtice.

-Es el destino-dijo Zoro, y sonrió de medio lado.

En la casa de Sanji, después de hablar con su amiga pelinaranja por teléfono, fue a continuar la conversación con Ace, en el salón.

-Está bien ¿cual es el trato?.

-Tu me dejas tranquilo lo que me queda de vida y yo te ayudo a matar a Zoro, así de simple.

-¿Se refiere a tu novio?-preguntó Zeff.

-¿Quién mató a Tashigi?-Sanji ignoró la pregunta de su abuelo.

-Ni idea, pero Zoro no está solo. La Orden está en Going Merry...mea culpa.

-¿Son esos cuatro vampiros raritos?.

-Si, tú búrlate, pero juntos son letales.

-Vale, letales, apuntado. Sigue.

-Mira, solo cabe un trato y punto, yo por Zoro.

-Cariño, ¿estás seguro de que eres un cazavampiros?-seguía Zeff con lo suyo.

-De acuerdo, vuelve a la fábrica y asegúrate de que Robin está bien y prepárate para ayudarme cuando me lance al ataque, iré pronto- Ace iba a salir por la puerta, pero Sanji le lanzó una última advertencia-ah, si Robin muere, tú mueres-y el moreno se marchó.

-Es porque no he pasado demasiado tiempo contigo...-su abuelo se estaba auto culpando.

-Solo es el destino abuelo, soy el cazador. Acéptalo. No tengo tiempo para esto, me voy.

-¡Ya estoy harto con lo de no tengo tiempo!,¡o lo de tú no lo entenderías!. Soy tu abuelo y encontrarás tiempo para explicarme todo esto.

-Ya te lo he dicho, soy el cazavampiros.

-¡Pues no quiero aceptarlo!.

-Abre los ojos abuelo. ¿Qué crees que ha estado pasando todo este tiempo?, las peleas, las situaciones extrañas. Después de quitar tantas manchas de sangre de mi ropa ¿sigues sin darte cuenta?.

-¡Pero ya se ha acabado!.

-No, no se ha acabado. ¡No acaba nunca!. ¿Crees que yo he elegido éste camino? ¿tienes idea de lo solitario que es esto? ¿y qué peligroso?. ¡Me encantaría estar arriba viendo la tele, o incluso estudiando!, ¡pero tengo que salvar el mundo!, otra vez.

-No, esto es una locura, necesitas ayuda- Zeff intentó acercarse a el.

-¡No estoy loco!, lo que necesito es que tu te tranquilices. Tengo que irme.

-No, no te permitiré salir de esta casa.

-No puedes detenerme.

-Claro que puedo-intentó sujetar a su nieto, pero este lo empujó y se acercó a la puerta-¡si sales por esa puerta no se te ocurra volver nunca!-sentenció.

Sanji le echó una última mirada y se marchó. Fue a la biblioteca, recogió la espada que Tashigi le había traído y partió a la fábrica.

Por el camino, le abordó Luffy.

-¡Luffy!.

-La caballería está aquí. No es más que un pobre chico asustado con una piedra, pero está aquí-el rubio le dio una estaca y tiró la piedra-esto es mejor.

-Tú no tienes que pelear. Ocúpate de sacar a Robin. Yo no podré protegerte, voy a estar muy ocupado.

Zoro comenzó el ritual.

-Acathla, mundatus sum, pro te necavi, sanguinem meum pro te effundam, quo me dignum, esse demonstram (Yo estoy limpio, yo asesiné, mi sangre por ti derramaré, demostrando que soy digno). Ahora Acathla, quedarás libre-añadió y se cortó en la mano con una daga. Brotando la sangre en ese mismo instante por la herida-y nosotros también.

Antes de que se acercara a la estatua del demonio, Sanji llegó y llamó la atención de los presentes, cortando de un tajo la cabeza de un vampiro con su espada.

-Hola cariño-dijo el rubio a Zoro.

-No tiene tiempo para ti-dijo Crocodile hastiado.

-Vais a morir muy pronto.

-Te crees muy fuerte ¿verdad?-dijo Alvida.

-Esto es demasiado para ti pequeño-dijo Boa.

-¿De verdad crees que vas a poder con nosotros?-cuestionó Doflamingo.

-No, no lo creo-dijo y en ese instante, Ace se abalanzó sobre Zoro y empezaron a pelearse.

Sanji acababa con todos los vampiros que se le cruzaban por delante.

Boa se lanzó sobre Ace para defender al peliverde. Y todo se estaba volviendo un caos. Luffy aprovechó la distracción para ir a por Robin.

-¡Ya me estoy hartando de este jueguecito!-bramó Crocodile dispuesto a acabar con Sanji de una vez por todas.

Zoro se levantó del suelo algo adolorido. Debía distraer a los vampiros, Doflamingo también iba a por el rubio. Tenía que centrar la atención de todos sobre el.

Por lo que, con la mano ensangrentada, cogió la empuñadura de la espada del pecho de Acathla y la sacó. Como predijo, todas las miradas fueron hacia el.

-¡Bien hecho Zoro!-gritó Alvida.

-Casi lo consigues Sanji-dijo el peliverde. Ahora ambos tenían espadas.

-Aún no he acabado.

-Mi amigo Acathla está a punto de despertarse. Vas a ir al infierno.

-Resérvame un sitio-y comenzó una reñida lucha de espadas.

La boca de Acathla cada vez se abría más. El vórtice se hacía más grande por momentos. Pronto empezaría a succionar.

-Bueno chicos-dijo Doflamingo- ya no tenemos nada que hacer aquí. Zoro se encargará del cazavampiros y Acathla del resto de la humanidad.

-Si, dejemos que los amantes se diviertan solos por última vez-dijo Alvida- muera quien muera, ya no se nos necesita. Muerto el perro...se acabó la rabia.

Boa había dejado a Ace inconsciente en el suelo- Ace, eres un niño muy malo-dijo riéndose.

Y los cuatro se marcharon del lugar.

Cuando el peliverde se dio cuenta de que se habían quedado solos, se detuvo y dejó caer la espada al suelo. Al lado de la escultura del demonio.

Sanji le miraba confuso.

-Mátame Sanji-dijo.

-¿Qué?...-brotó solo de sus labios. Mantenía la espada en posición de ataque, pero estaba demasiado estupefacto.

-Mátame, mi sangre abrió el vórtice, por lo que sólo mi sangre lo puede cerrar.

-Pero...¿a qué viene eso?-no sabía como reaccionar y bajó el arma.

-Pronto entenderás todo-respondió-me llena de alegría, que seas tú lo último que vea-añadió. Se acercó a el y lo besó con ternura-te quiero.

-Te quiero...-una lágrima caía de su ojo visible. Detrás del vampiro podía ver el vórtice abriéndose más y más. Tomó impulso y clavó la espada en el estómago de Zoro. Y así fue como el peliverde fue succionado por el vórtice y la estatua de Acathla volvió a la normalidad.

Continuará...