¡Feliz febrero pequeñas sombras! He vuelto con un capitulo muy especial, puesto que es la primera vez que dejo que Hawk hable. Menudo desastre dejó en mi cabeza ese muchacho rebelde.

Espero sinceramente que les guste, les informo que se vienen capítulos más seguidos, visto por la perspectiva de Robert, así que atentas.

Gracias por tomarse el tiempo de leerme,

Con cariño, Creative of Shades.


"La venganza es el manjar más sabroso condimentado en el infierno." Walter Scott

CAPITULO 11

Como si fuese una burda metáfora de mi vida actual, una pequeña mancha de pintura se negaba a salir del piso de la sala.

Arrodillada y con mi ropa de entrecasa, una camiseta blanca y un pantalón de chándal rojo, refregaba insistentemente la pequeña manchita que parecía querer burlarse de mí.

—Seth —grité arrojando la esponja — ¿con qué demonios has manchado el piso? —Mi hermano estaba en la cocina jugando con sus colores. Dándome un respiro para que pudiera ordenar la casa y dejarla presentable para el acontecimiento de la noche.

Recordé entre el aroma del quitamanchas la pequeña charla con mi madre

Reneé acababa de llegar y yo estaba sentada en la sala esperándola. Al verme me dedicó una sonrisa quitándose su abrigo para dejarlo en el perchero.

— ¿Vas a cenar? —pregunté con tono receloso. Quería que las cosas funcionaran entre nosotras, como antes, y para eso debía deshacerme del rencor por haberse divorciado de Charlie.

Al escuchar mi pregunta ella abrió grande sus ojos azules y asintió sorprendida. Serví la lasaña en un plato y luego de llenar dos vasos de jugo me senté en el otro extremo de la mesa.

— Exquisito —dijo luego de probar el primer bocado.

— Gracias —asentí mirándola por un momento. Su cabello rubio y corto con algunos mechones más claros enmarcando su rostro cansado. Sus ojos grandes y tan expresivos dispuestos siempre a brindar ayuda a quien lo necesitan. Ella era una mujer que siempre había luchado por sus convicciones, que jamás se rendía ante nada, excepto una cosa.

Aun no estaba lista para dejar ir esa decepción por haberse rendido con tanta facilidad ante aquel espinoso asunto. Pero quería poner de mi parte y hacer que esto funcionara.

El ejemplo que me había dado mi novio había sido el más lesionador que jamás recibí. Él perdono mi infidelidad porque sabía que tenía algo de culpa en eso. Ahora pondría de su parte para que nuestra relación fuese algo serio. Y allí recordé el porque de mi acercamiento.

— Quería hablar contigo sobre… —ella dejó su utensilio sobre la mesa y tomó un trago de jugo para mirarme interesada. —Estoy en algo con un chico y…—rodee los ojos intentando quitarle seriedad al asunto. — A él le gustaría conocerte. —culminé esperando su reacción. Ella solo me miró con sus ojos abnegados en lágrimas. Algo que también nos diferenciaba era que mientras yo intentaba reprimir mis emociones, mi madre daba rienda suelta a las mismas.

— ¿Tu quieres que yo lo conozca? —preguntó llevándose una mano al pecho con su nariz roja a causa del llanto.

— Oh vamos Reneé, te lo estoy diciendo por algo —intente mantener el tono desenfadado.

— Me encantaría conocerlo —dijo entre sollozos para pararse inmediatamente de su silla y correr a abrazarme. Antes que llegara me puse de pie. Las demostraciones de cariño no eran lo mío, mucho menos cuando me arriesgaba a terminar llorando.

— Vendrá a cenar el miércoles —le avisé con un pie fuera de la sala. Ella solo asintió en silencio incapacitada de hablar.

Para cuando terminé de hacer transparente la pequeña mancha ya era hora de que me diera una ducha.

Estaba demasiado nerviosa como para que el color de mis mejillas desapareciera. Sentía más calor de lo habitual, como si me sofocara.

La sala estaba ordenada y limpia. Junte los libros de mi hermano, sus juguetes y escondí aquellas fotos de mi infancia que pudieran traerme momentos bochornosos.

Preparé una cena que constaba de carne rellena con salsa de vegetales y una presentación algo ostentosa en la vajilla que usualmente guardábamos para fiestas o navidad.

Vestí a mi pequeño hermano indicándole que cosas debía decir, como debía actuar y que no comenzara con su obsesión por las historias de caballeros medievales, porque a no todos les gustaba escuchar por horas como se cercenaban en las justas.

Cuando el agua de la ducha golpeo mi rostro, parecía que nada pudiera hacer salir esa tensión que embargaba mi cuerpo. Quería que todo saliera perfecto, que él se sintiera bienvenido en mi casa, mi territorio, para que siempre quisiese volver.

Elegí una vestimenta casual, algo no demasiado elegante pero a la vez atractivo a la vista. Obviamente el vestido era de Rosalie.

Un corto vestido de gasa rosa que flameaba alrededor de mi cuerpo mientras caminaba. Frente al espejo de mi habitación giraba de un lado a otro mirándome desde todos los ángulos. Peine mi cabello para un lado y el otro pero nada me dejaba conforme, al final solo lo dejé suelto salvajemente. Pensé un instante en usar los tacones que mis amigas habían preparado para la ocasión pero deje el sufrimiento para una evento mas importante como el compromiso o la boda. Así que mis Converse volvieron a enfundar mis pies. Coloree levemente mis labios y delinee de negro mis ojos como solía hacerlo.

Descendí saltando las escaleras cuando vi que Reneé dejaba sobre el sofá algunas bolsas.

— Corre a bañarte —le dije tomándolas para guardarlas en el guardarropas junto a la puerta. —Dios Seth…quita esos soldaditos de allí. —Me quejé – por favor —gemí juntando mis manos en signo de plegaria a lo que el resopló juntando sus pequeños juguetes subiendo escaleras arriba.

Bien, todo era perfecto.

Giré en la sala sobre mi eje admirando la perfección y el toque hogareño cuando la campana me sobresaltó.

Demonios, aún era temprano.

Aspiré profundamente pasando ambas manos por mi rostro para cerrar mis ojos y abrir la puerta de un exagerado tirón. —Bienvenido —sonreí mordiendo mis labios cuando al abrir los ojos exhale de golpe, quedándome sin reservas de aire en mi sistema.

Frente a mí, un muy hermoso Hawk se apoyaba con una mano del marco de mi puerta. Su cabello estaba aplacado levemente hacia un lado. Sus ojos verdes leoninos chocaron precipitadamente con los míos cuando sin pedirme permiso los deslizó por mi cuerpo lentamente para abrirlos más de lo usual. Presioné los dedos contra la puerta cuando sentí como su mirada trazaba un pecaminoso camino, mordí mis labios, nerviosa sonrojándome ante lo vulnerable que me veía frente a su perfecta y descansada figura. La belleza inusual de su cuerpo, sus labios rojizos invitándome a cometer siempre la misma locura, el calor de su sistema, la firmeza de su pecho.

Sacudí la cabeza

— ¿Qué haces aquí? —pregunté en un susurro.

— Vengo por explicaciones —contestó de forma cortante y fría volviéndome a la realidad de quien era.

— Creo que te equivocaste de dirección...aquí no vive tu "novia". —Alcé las manos para dibujar las comillas con mis dedos esbozando una sonrisa burlona. El solo arqueo una ceja y esa mirada austera y recta solo hizo que mi estado de animo diera un giro de 180 grados. Toda la felicidad se escurrió por mis piernas y el calor del enojo la fue sustituyendo.

— ¿Qué pretendías hacer hoy por la tarde? —preguntó sin rodeos. Abrí la boca para comenzar a negar cuando recordé lo que había estado a punto de hacer y de alguna forma, él pudo leer mi expresión porque en ese mismo instante en que nuestras miradas se encontraron sus labios se volvieron una línea recta y rígida

— ¿Entonces te importa? —aventuré mordiendo mi labio, casi sin poder evitar el pinchazo de molesta alegría al haber encontrado un punto débil en su desvergonzado temple.

— No es de tu incumbencia —respondió pasando una mano entreabierta por su cabello para desordenarlo. Un mechón rebelde cubrió su frente marmórea.

— Lo has vuelto de mi incumbencia —sonreí de forma victoriosa poniéndome de puntillas

— Ambos cometimos la misma falta —se defendió con una sonrisa de burla.

— Oh no...—Me relamí los labios — yo no te temo. –alcé una mano y lo señale plantando la otra en mi cadera. — Yo no tengo secretos para mi novio. —dije estas palabras con tanta alegría y convicción que estaba resistiéndome a salir a correr por el parque festejando el primer golpe a su egocéntrica e insoportable persona. —No puedes hacer nada con eso...él ya lo sabe y no le importa. —culminé alzando un hombro a su mirada intensa. Sus ojos se fijaron en mi mano cuadrando su mandíbula al ver mi dedo señalándolo. Sabía lo que estaba pensando así que baje mi mano llevándola a mi espalda.

— Pues si no le importa…—tomó una gran masa de aire inflando su fornido pecho para inclinarse levemente hacia mi rostro. Sentir el calor de su cuerpo acariciar el mío era algo que me perdía en mis propios pensamientos. Al verlo a su rostro, no sabía si quería huir de él o luchar para apegarme más a su cuerpo. El muy maldito era una contradicción en sí mismo.

Bueno pero a la vez malo. Dulce pero a la vez sarcástico. Jodidamente atractivo pero a la vez tan prohibido.

Cerré mis ojos para cuando suspirando sobre mi rostro dijo — Debe ser por algo. —abrí los ojos de golpe para chocarme con su mirada de satisfacción.

Debí haberlo echado de mi casa apenas supe que era él porque… otra vez había perdido.

Con una simple palabra me había bajado de mi paraíso idílico para arrastrarme por el desierto de incertidumbres. Entrecerré los ojos para destilar todo el odio que fuese posible con mi mirada.

— No proyectes en mi tu relación frustrada —comencé en voz baja –en mi perfecta y muy madura relación con Jacob —mi respiración comenzó a acelerarse cuando cruzó sus brazos sobre su pecho y se apoyó en el marco de la puerta dedicándome una mirada cansina con sus ojos verdes —porque el perdono mi estúpido error con una persona muy estúpida simplemente porque sabe que yo valgo la pena. Además…—la forma en que torcía sus labios hacia un lado me sacaba de quicio. — Él es un hombre —remarqué la palabra. —Un hombre que sabe complacer en todos los aspectos. —culminé orgullosamente mi discurso cuando esta vez, sus ojos se enfocaron directamente en los míos y esa mirada fría y asesina que conocía me dejó en silencio.

Me quedé callada solo admirando como una sombra de seriedad transformaba sus facciones gélidamente para entreabrir su boca como si quisiera decir algo. Una sensación calamitosa recorrió mi cuerpo al ver como sus ojos pasaban de un verde claro a un verde oscuro y profundo. Quería hacer algo, correr, gritar, golpearlo...pero no podía más que mirarlo a los ojos como si fuese una chiquilla asustada. Mis manos comenzaron a temblar al igual que mi labio inferior, parecía como si se hubiese doblado en altura y me mirara desde lo alto, juzgándome. Arqueo una perfecta ceja para atrapar mi mentón con su mano, sentí la presión de sus dedos sobre mi piel y aun así, no me molesto. Su espalda se arqueo para ubicar su rostro a la misma altura que el mío. Mis ojos estaban a punto de salirse de las cuencas pero no podía dejar de observarlo. Era como acercarse al fuego, sabía que iba a quemarme completamente pero las llamas en sus ojos flameaban de tal forma que no podía detenerme.

No podía gritar pidiendo ayuda a mi madre y sinceramente si bajara en este momento la echaría a puntapiés, porque a pesar de que su rostro no expresaba nada bueno, no quería alejarme de él.

Una oleada de su perfume masculino me dejo imposibilitada, casi como si fuese un cuerpo sin voluntad, pero allí estaba mi rebeldía y cuando noté que a pesar de que el se inclinaba para mi, aun necesitaba ponerme de puntillas apoyé mis manos libre sobre su pecho, duro y fornido clavando mis uñas en el, sintiendo como su carne remitía ante mi agarre casi violento. Confundida contemple como sus labios liberaron una ráfaga de su aliento para atraparlo con mi sentido olfativo. Era exquisito, era más que adictivo…era algo que deseaba sentirlo sobre mi piel incesantemente. Embelesada con su cercanía, en como su agarre mantenía mi mandíbula tiesa sentí su voz acariciar mis oídos, hablando en voz baja entremezclado con un gruñido que hizo que mi interior se incendiara ante su tono.

—Vas a arrepentirte por lo que has dicho, para cuando acabe contigo vas a implorarme que te deje ir y voy a gozar viéndote hacerlo una y otra vez. — Ambos nos miramos a los ojos.

Robert Cullen había desaparecido y un sombrío Hawk me hablaba con odio y algo mas que no lograba dilucidar.

¿Arrepentirme? ¿Implorarle? ¿Qué se suponía que significaban esas palabras en nuestra historia?

Antes de poder hilar las preguntas en mi cabeza, o sentir miedo por su declaración o advertencia vi su espalda alejarse para subir al auto y marcharse de mi casa.

Me quedé mirando la nada hasta que la voz de mi madre repiqueteo a mi espalda.

Parpadee un par de veces para excusarme e ir al baño. Me senté sobre el retrete sin poder controlar mi cuerpo que temblaba, lleve una mano a mi boca sintiendo mi piel arder allí donde sus dedos habían sido rudos conmigo. Me miré al espejo observando como mis mejillas estaban sonrojadas, mis labios hinchados y unas leves ojeras se habían formado debajo de mis ojos.

¿Acaso tenia miedo? ¿Era eso?

Negué convenciéndome de que él no me haría nada malo, que él no sería capaz de arruinarme la vida porque el me había salvado varias veces. Para ser honesta, sino fuera por su intervención, el señor Morris me hubiese expulsado. Estaba segura de que aún firmaba mi planilla diciendo que asistía al centro. Entonces ¿a que se refería con eso de implorarle?

Demonios... ¿cual era su maldito problema?

Me sobresalté al sentir el golpe en la puerta. — ¿Qué ocurre? –dije luego de un gran suspiro.

— Cherry, cariño creo que tu amigo esta aquí —respondió mi madre del otro lado de la puerta.

— Jacob —susurré con alivio. Conté hasta diez y salí de mi escondite para abrir la puerta y ver allí al amor de mi existencia. No voy a negar que rebusqué con la vista su auto o algún indicio que me dijera que el aún estaba allí. Incluso antes de cerrar la puerta aspiré profundamente, intentando atrapar alguna estela de su perfume perdida en el pórtico de mi casa. Algo completamente inútil.

Jacob estaba vestido con una camisa blanca que marcaba su amplia espalda. Al inclinarse para darme un beso solo sonreí corriendo mi rostro, para luego apretarme contra su pecho. — Has venido. —suspiré en voz baja.

— Te dije que vendría Cherry. —Su pecho se elevó indicándome que sonreía, alcé la cabeza y respondí con otra sonrisa. — Estas hermosa y huele exquisito —asentí ante sus comentarios para presentarlo con mi madre y mi hermanito que estaban en la cocina esperando a que termináramos con nuestra pequeña charla.

El resto de la velada fue algo sumamente normal y tranquilo. Con Jacob era fácil mantener una conversación y mi madre era buena con los tópicos. Jamás tocamos un tema embarazoso y no me amenazó con contar anécdotas sobre mi infancia. Incluso Seth se portó mejor de lo esperado, contando sobre sus cosas en la escuela y algunos videojuegos.

Durante toda la cena no pude dejar de sentirme intranquila, a pesar de ver que el primer acercamiento de mi novio con mi familia era más que perfecto, algo en mi interior se removía violento, como una fiera enjaulada.

Quería salir en su búsqueda, pedirle explicaciones, que me dijera a que se refería con las suplicas pero la parte coherente de mi mente me decía que eso seria caer en su trampa. Sería saltar directamente al torbellino de emociones encontradas que significaba Hawk.

Ya entrada la noche mi perfecto novio se despidió prometiendo que nos veríamos el lunes, porque el sábado tenia la presentación con el cazatalentos y había prometido a las chicas practicar hasta quedarme sin dedos los siguientes días. El prometió llamarme y estar al pendiente de lo que sería un día crucial en mi vida.

Antes de irse, rodeo mi cintura con sus manos atrayéndome contra su pecho fuerte pero duro, hasta algo incómodo. Me puse de puntillas y busque sus labios con los míos. El calor de su boca recorrió mi cuerpo y las sombras que se mecían sobre mi mente se despejaron de inmediato. Sacudí mi cabeza y me aferré con todas mis fuerzas a ese beso y a ese hombre. Porque él significaba todo lo que yo quería, todo lo que yo deseaba y alguna vez desearía en mi vida.

Jacob era y debía ser todo aquello por lo que debía preocuparme.

Ahora me sentía orgullosa de mi misma, había sido sincera,

Jacob era un hombre y para mi muy extraña suerte, era MI HOMBRE.

"Si el diablo aprendiese a amar, dejaría de ser malo"

Madre Teresa de Calcuta.

*Hawk*

El aroma fresco y salino golpeaba mi rostro haciendo que mi cabello se arremolinara de un lado hacia otro. Así como mis putas sensaciones se erigían en mi interior.

¿Irónico, no creen? Que lo único que se batiera en mi interior con una profunda cólera fueran los sentimientos de rechazo y aborrecimiento hacia esa niña caprichosa e infantil.

¿HOMBRE? Escupí la palabra mientras presionaba con fuerza el acelerador trabando mi mandíbula. ¿Acaso ella tenia la mínima idea de lo que era un maldito hombre entre sus piernas? Estaba completamente seguro de que no lo sabía.

Alcé la vista cuando mis ojos destellaron en el espejo retrovisor y todo el frío de la endemoniada península de Olimpic se coló en mi auto.

¿Acaso yo era un hombre de verdad? Pisé el freno y de sendos e impensados puñetazos, arranque el espejo retrovisor. Una pequeña parte de mi mente me decía que en algún momento lo necesitaría. No me importaba. Ya vería que excusa inventaría.

Estacioné en el lugar de siempre. Las luces titilaban reflejándose en el pavimento de la noche. Las curvas femeninas de la pequeña diabla que estaba en el cartel se contoneaban de un lado hacia a otro. Salí con el espejo retrovisor en mi mano haciéndolo girar en ella. Caminé entre las filas de autos calándome la visera de baseball negra para aumentar la velocidad del objeto contundente y estrellarlo contra el vidrio de un lujoso Audi azul.

Esta noche no esperaría a los problemas, esta noche iría en su búsqueda.

—Vas a tener muchos líos por eso Hawk. — Me advirtió Jason, el enorme oso sin pelaje que cuidaba la puerta del club de strippers. Sonreí burlonamente sacando dos billetes de cien de mi bolsillo trasero. —Hagamos esto Jason X —le dije sin intención de retractarme mientras dejaba los billetes en su mano. — Tu consígueme problemas y te daré el 20% — Jason alzó las cejas sumamente interesado por la oferta para resoplar.

— No puedo hacerlo, el jefe lo prohibió— claro, había olvidado que luego de la redada en el bar hacia unas semanas las peleas se habían suspendido completamente. Ninguno de los jefes quería arriesgar su trasero por una pelea que al final terminaría ganando. Mi mente fue más allá y recordé lo que había ocurrido en ese lugar. Reviví como aún entre la caótica masa de gente había reconocido su rostro temeroso y a la vez lívido buscando a sus amigas. Mi cuerpo aferrado al suyo preocupándome por sacarla de allí solo para tener otro objeto de burla hacia ella.

A decir verdad, la única diversión en la cual me había focalizado este último año era en dejar en ridículo a la caprichosa Little Cherry. No era más que eso, el apodo no le hubiese quedado mejor.

¿Qué era? Más que una pequeña e inocente fresa intentando asustar a un halcón. Me reí de mi broma privada mientras Jason refunfuñaba ante la cantidad de dólares que ambos perdíamos desde que las peleas habían cesado.

Por supuesto que en esta cadena de mando, Jason y yo no éramos los únicos desfavorecidos. Había todo un grupo de empresarios del submundo que perdía bolsadas de dinero al verse impedidos de organizar las peleas en las que participaba desde que tenía 14 años.

La última redada no solo había sido una de las más duras sino que había sido una clara advertencia. Uno de los grandes centros clandestinos de pelea había sido desmantelado y un gran porcentaje de los fondos había ido a parar a bolsillos de la policía. La guerra entre el vandalismo natural y el de la policía había sido declarada y sinceramente, me sabía a mierda pelear por dos mil dólares la noche cuando mi base era de diez mil el round. Como mi buen amigo Emmett solía decir "Demonios Hawk tu eres una puta cara"

Ingresé al club escaneando el salón teñido de luces rojizas con la vista. Había un escenario central del cual salían cuatro pasarelas bordeadas de sillas y pequeñas luces blancas. Al final de cada pasillo artificial había un fijo poste de hierro lustroso preparado para el infaltable pool dance de estos sitios. Encendí un cigarrillo cuando uno de mis amigos alzó ambos brazos para llamar mi atención mientras una bailarina de cabello rubio comenzaba su sensual y sugestivo baile.

Giré la silla antes de sentarme en ella para apoyar los brazos en el respaldo.

— El alma de las fiestas decidió unírsenos —grito Emmett batiendo sus brazos en el aire mientras reía moviendo su vientre. Garret quien solía seguirle sus bromas rió dando un trago de cerveza mientras Jasper extendía una sin abrir en mi dirección.

— ¿Has contado el dinero? —pregunté a mi amigo destapando la bebida

— Personalmente. — me aseguró dando un trago a su cerveza. La última vez que habíamos asistido a uno de estos gratificantes club's Emmett había dejado alrededor de seis mil dólares enredados en las tiras de la tanga de una bailarina que estaba seguro, daría su alma por volverlo a encontrar. Pero con Jasper nos habíamos propuesto llevar una marca personal cada vez que el decidía visitar un club de estos. No solo por la cantidad de dinero que solía entregar sin importarle sino porque tenia la mala costumbre de enamorarse de las trabajadoras del "amor" y a decir verdad… no era una gran combinación para alguien que se jactaba de ser enfermo de celos. Así que aquí estábamos, otra vez, haciendo de niñeros del muchacho de bolsillo fácil y corazón enorme. Sin mencionar escaso de cerebro o capacidades cognitivas.

Para cuando la rubia se dirigió hacia nuestra dirección, Garret giró riendo alzando la mano para otra ronda de cervezas.

Suspiré frustrado corroborando que esta seria una larga noche. Y que había comenzado de la peor manera. Fue entonces cuando su voz irritante resurgió en mi cabeza recordándome una y otra vez que ella tenia un HOMBRE a su lado.

"Boba" murmuré acabando mi cerveza para prestar atención al juego que hacia la escultural rubia contra el caño de metal, rozando su cintura y caderas contra la fría pieza para luego girar y presionar sus dos enormes y seguramente deseables pechos contra el mientras su lengua se deslizaba sobre la superficie. Mis amigos admiraban la escena perdidos en ella. Excepto Jasper que parecía estar allí por el pacto de amistad implícita que nos unía.

Desde que se veía con una extraña regularidad con Alice, había dejado de juntarse a nuestras salidas nocturnas y de hecho me sorprendía verlo allí hoy.

—Tu novia te dio permiso —me burle de el mientras comenzaba a beber la segunda botella de cerveza.

—Tengo la noche libre —contesto como si no le importara en absoluto amoldar su agenda a la de ella. —Las chicas están focalizadas en la banda por estos días. —agregó para mi desgracia. "Las chicas" esa pequeña frase volvió a remover mi interior de una forma endemoniada. Yo sabia a la perfección quien era parte de ese "las chicas". La señorita orgullosa de su novio tan hombre. Repetí en mi fuero interno las palabras con asco y antes de notarlo una tercera cerveza estaba entre mis manos. Quizás mi amigo noto la transformación en mi rostro y como la simple mención a su persona me enfermaba de una forma tal que no tenía comparación.

La bailarina se inclinó sobre la pasarela dejando que Emmett le ubicara dos billetes en la tira de su corpiño para luego enroscarlos ella misma en su tanga y con un simple movimiento deshacerse de su prenda para dejar sus blancos pechos al descubierto. Todos los presentes comenzaron a gritar y aplaudir cuando la bailarina descendió de su pequeño escenario y comenzó a caminar entre la concurrencia masculina.

Los guardias se tensaron en sus puestos listos para actuar si algún ebrio quería propasarse con la atractiva señorita.

Al ritmo de un rock lento comenzó a desfilar para detenerse frente a un hombre de corbata, sentarse sobre el y quitársela mientras el solo atinaba a mirarla con los ojos abiertos de par en par.

Continuo con su juego de seducir a una buena cantidad de hombres cuando sus ojos felinos hicieron contacto con los míos. Arquee una ceja dejando la quinta botella de cerveza en el suelo para ponerme de pie antes de que ella me interceptara.

Una voz teñida de cólera me gritaba desde el fondo de mi cabeza ¿Desde cuando demonios escapas maldito? ¡Quédate allí! ¡Podemos hacerlo! ¡Podemos volver a ser un gran equipo otra vez!

Cerré los ojos deteniéndome a escuchar a mi conciencia que se negaba a aceptar la única e indiscutida razón.

Un perfume extremadamente dulce, como si fuese hecho de miel ardió en mi nariz. Abrí los ojos para ver a la escultural rubia detenida frente a mí con sus grandes ojos celestes estudiándome detenidamente. Hice lo mismo sin pestañear, recorriendo el trazo curvo de su pequeña nariz, sus labios desbordantes y rojizos.

Un leve sonrojo se posó en sus mejillas para acercarse a mi oído y susurrar con su voz levemente aguda "búscame atrás…quiero hacerte un baile privado" presionando sus senos desnudos contra mi pecho. Aspiré profundamente, esa sensación, ese contacto tan simple y poderoso tiempo atrás me hubiese obligado a doblarme para ocultar una abultada erección.

Hoy, tan solo pude verla a los ojos y para mi maldita desgracia negar en silencio rechazando la oferta.

La rubia abrió aún más sus ojos al notar que estaba siendo rechazada cuando un comentario sobre el sonido de la música calo hondo en mi terrible mal genio "Vamos maldito, ¿acaso no eres un hombre?"

Un idiota se tambaleaba sujetándose con una de sus manos a la mesa mientras con otra alzaba una pinta de cerveza. Varios presentes se unían a el riendo socarronamente. Y otra vez el mismo interrogante, la cruz que cargaba desde hacia ya demasiado tiempo.

Sus ojos de un pesado marrón clavados en los míos para decir como si fuera una burla "Jacob es un hombre, es mi hombre". La sangre comenzó a correr por mi torrente sanguíneo embriagándome mientras pasaba una mano por la cintura de la bailarina quien todavía me observaba confundida ante el rechazo de su propuesta para hacerla a un lado.

Antes de que pudiera siquiera dar una idea clara de lo que iba a hacer pude sentir las protestas de mis amigos y el sonido de las sillas chocar contra el suelo. Fui mas rápido, necesitaba el descargo, necesitaba desahogarme, volver a ser el bastardo que podía llegar a ser.

Crucé con paso decidido, sorteando las mesas dispuestas al azar para llegar al ebrio y estampar un puño en su demacrada cara. Sabía que no estaba en condiciones de responder de inmediato, así que esperaba que estuviera acompañado y atacar a cualquiera que intentara defenderlo. Afortunadamente dos sujetos más saltaron de sus mesas preparando sus puños para atacarme pero en contra de sus expectativas al ser uno solo, no huí. Me dirigí a su encuentro.

Mis puños se acomodaban tranquilamente en la carne de sus rostros sintiendo la resistencia del hueso lastimar mis nudillos. Algo duro colisiono contra mi espalda para deshacerse en ella, seguramente una silla. No estaba seguro. Uno de los sujetos se doblo luego de un golpe certero en su diafragma quitándole el aire para tomar su cabeza con mis manos y arrastrarlo hacia el escenario para deshacer sus facciones contra la dureza del entarimado. Una sonrisa sádica se dibujo en mis labios, el placer de proporcionar dolor se agitaba en mi interior como si una bestia bramara su victoria cuando dos presas potentes me imposibilitaron y mi visión se volvió negra. Comencé a luchar arqueando mi cuerpo con fuerza, tirando mí cabeza hacia atrás en el momento que alguien maldijo para que un líquido caliente comenzará a impregnar la parte trasera de mi cabeza. Fue entonces cuando un amarre más fuerte tomo mi cuello dejándome completamente inmóvil, cortándome la posibilidad de respirar. El aire comenzaba a abandonar mi sistema y mi razón daba tumbos dentro de mi cabeza.

— Maldición Hawk, razona idiota no quiero sedarte –la voz de Emmett sonó lejana. En algún punto de mí ya casi adormilado cerebro entendí que seguramente estaba atacando a mis propios amigos. No había forma de que le hiciera saber que aceptaba su trato, de que había vuelto en mí; ya que las palabras volaban sin forma mientras sentía mi lengua pegada a mi paladar. Solo me quede inmóvil, esperando a que uno de mis mejores amigos entendiera la proclama de rendición. —Eso es. —La presa se volvió más ligera pero aún así se mantenía alrededor de mi cuello. –Ahora, vamos a liberarte. — ¿vamos? –pero te vuelves a poner como un maldito loco y juro por todo lo pervertido de este mundo que no dudare en nockearte –ahora podía darme el lujo de asentir.

El suelo volvió a estar debajo de mis pies y la venda que cubría mi rostro desapareció. Pestañee un par de veces para encontrarnos en la carretera a varios metros del bar. Caminé alejándome unos cuantos pies de Emmett quien me miraba atento a que volviera a reaccionar violentamente. Apoyé ambas manos en mis rodillas aspirando profundamente por la boca, sintiendo aún los resabios de la ira.

— ¿Qué demonios fue eso? –la voz de Jasper sonaba, muy por debajo, alarmada. –casi matas a ese pobre sujeto Hawk ¿Qué mierda te estas metiendo? –ahora si sonaba claramente enojado por sobre cualquier duda. Alcé la vista para contestarle que desde hacia bastante tiempo no estaba enredado en esas mierdas, que perderme a mi mismo no era mi idea de placer o adicción cuando note el rostro de Garret bañado en sangre que comenzaba a secarse.

— Te lo advierto. Tu golpe arruina mi perfecta nariz permanentemente y te cortare las bolas –dijo antes de que pudiera decirle algo.

— Me haré cargo de la operación de belleza si es necesario –respondí intentando sonar gracioso cuando por mucho sentía que algo no estaba en orden en mi cabeza.

— Apuesta a que eso te lo cobrare –se burlo luego de echarse un poco del whisky que tenía en una de sus manos y secarse con la falda de su camisa, retirando los restos de sangre que decoraban su rostro de forma macabra. Recordé el calor cubrir como si fuese un manto mi cabeza, sin dejar de mirar el piso pase una mano por mi cabello y allí estaban los restos de sangre tiñendo mis dedos. Por un segundo mis ojos observaron la forma en que las líneas de mi mano se tornaban de un rojo furioso. El aroma, el sabor, la sangre movía a nuestros organismos como si fuésemos esclavos de ella, como si cada paso que diéramos ella fuese la única indicada en brindar ordenes. Todo nuestro sistema respondía al correr incesante de la sangre. Si en algún momento esta tenia la triste idea de detenerse, ¡Bang! nuestro corazón colapsaría, nuestro cerebro dejaría de funcionar y no seriamos mas que cadáveres con sangre inerte. Cuantas veces mi sangre cubrió sus ropas, mis amigos cubiertos de mi sangre que parecía regenerarse de una forma maravillosa. Quizás seria eso, quizás estaba harta del trato al cual solía subyugarla.

¿Por qué molestarnos en ti bastardo, si tu solo nos botas por ahí? En cualquier bar, en cualquier callejón, en cualquier lugar donde sientas el instinto de pelear. ¿Lo haces por dinero? ¿Por una satisfacción que aún no comprendes? Entonces, quédate sin sangre.

— Genial. Otro bar al que no tenemos permitido entrar —suspiro Emmett volviendo con rapidez a la normalidad mientras mi mente divagaba.

— Pueden ir, no tengo mucho que hacer aquí. —declaré mientras me encaminaba hacia el estacionamiento a grandes pasos antes de que pudieran crear alguna excusa para quedarme con ellos. El sonido calmo de otros pasos a unos pocos metros detrás de los míos fue el indicador de que no estaría solo esta noche. –puedo conducir.

— Grandioso, puedes dejarme en casa –Jasper abrió la puerta del acompañante sin esperar a que aceptara o no. Encendí la marcha girando para ver hacia atrás. Ahora extrañaba al maldito espejo retrovisor. –gran show Hawk ¿Acaso esperas que nos atrapen? porque si durante todos estos años has jugado al incógnito Robert, créeme estas rompiendo tus condenadas reglas –nadie usaba mi nombre, siquiera mis amigos más cercanos que conocían mi desquiciada doble vida. – Eso ha sido una maldita locura, sin mencionar que no podremos volver a esos lugares. Ya van tres en menos de dos semanas y hoy ha sido una maldita locura. Casi matas a esos tipos que –hizo una pausa para golpear el tablero atrayendo mi atención la cual estaba muy lejos de sus mierdas. Específicamente, armando y desarmando el significado que ella podría darle a la palabra "HOMBRE". – ¿Qué mierda te sucede? Te estas comportando como un maldito desquiciado ¿Es por las peleas? Sí es eso, podemos ir a Canadá o quizás hacer un viaje al sur allí hay de estas mierdas por doquier. Sinceramente se me acaban las ideas. Debes cambiar tu maldito genio o…—un silencio se atravesó en su garganta. Quería agradecerlo porque el puñetero plan de meterse en mi vida era algo que comenzaba a exasperarme. Sin embargo note que ese "O" traía implicado más cosas de las que él quisiera admitir.

— Quieres limpiar tu imagen ¿cierto? –Jasper solo asintió el silencio, avergonzado.

— Creo que esta vez puedo…—dudo un segundo antes de continuar. El sabía la concepción del amor que manejaba. Por un instante cavilé en cuan dictatorial me había vuelto con mis amigos. Que yo considerara al amor una mierda vacía y sentimental, no significaba que ellos debían adherir a mi teoría. Tenían poder de decisión, podían defender o criticar mi postura. Yo no les pedía consejos sobre mi vida, ellos solos se habían acomodado a ella –Creo que Alice es la indicada –culminó luego de pensarlo mucho.

— ¿Cómo lo sabes? –la pregunta lo descoloco.

— Bueno, simplemente lo sé. Algo me lo dice.

— ¿Qué? –comenzó a reír antes de responder. Lucía como un completo idiota.

— No lo se con claridad pero estoy seguro de que ella puede hacerme feliz. De hecho, ya lo hace.

— ¿Eras infeliz antes?

— Bueno. –Suspiró mirando el patio delantero de su casa donde acababa de estacionarme – Ese es el asunto, no sabía que estaba incompleto hasta que la encontré.

Ambos nos sumimos en un pesado silencio. ¿Yo estaba incompleto?

— No quiero que pienses idioteces, pero quiero poner mi vida en orden y si sigues comportándote como un maldito maniaco que puede matar a toda la concurrencia de un bar en cuestión de segundos…—alzó las manos dejando el resto del planteamiento para que mi locuaz cabeza la resolviera.

— ¿Vas a dejar de pasar el rato con nosotros? Por mi no hay problema pero romperás el enorme corazón de Emmett –cinismo ¿Qué seria mi vida sin el?

—Emmett no es el problema –sentenció para mirarme – No quiero elegir porque esa no es la idea. Continua así, continua en plan violento y todo se verá salpicado de mierda. Tu familia, tu relación falsa con Tanya, tú mérito académico. Y se que todo esto te vale menos que la infidelidad de tu supuesta pareja, pero será mucho peor. A la larga atraerás más atención sobre ti Hawk – sonreí a la noche al recordar a mi novia. O al menos a la que había sido mi novia hasta hacia algunos meses. Mi coartada perfecta. La mujer más hermosa del pueblo, la perfección hecha carne, el prestigio y la barrera para cualquiera que quisiera acercarse a conocerme un poco más.

— Creo que comprendo un poco a que te refieres –acoté solo para que su intento por hacerme entrar en razón acabara. Jasper siempre había tenido la costumbre de intentar meterse en mis pensamientos. Prever que acción autodestructiva estaba planeando para hacerme entrar en razón. Anteriormente lo había logrado, muchas veces con increíble éxito. Hoy, igual que yo se encontraba perdido.

A veces hacia cosas solo por diversión, otras porque me gustaba provocar a los demás y a veces simplemente provocarme a mi mismo. Ahora estaba viciado de esterilidad. Me había vuelto mi propio enemigo, alguien que no se soportaba a si mismo. Mi cabeza corría a la velocidad de la luz y mi cuerpo no podía alcanzarlo. Era frustrante el saber que hiciera lo que hiciera no podía funcionar como siempre. Solo dos veces sentí la chispa del fuego comenzar a quemar en mi garganta, pero antes de que pudiera saborearla; esta se había apagado. Y aquí estaba, con un amigo reconvertido por el amor que deseaba convertirme a mi solo para su beneficio. Por mucho, hubiese preferido a los testigos de Jehová.

— Podrías intentarlo con Tanya, ya sabes… de una forma normal

— Es mucha mierda para una noche –sonreí dando por terminada la charla

— OK OK –alzó las manos –Es solo que algún día deberás conocer a alguien que no solo soporte la fachada del popular buen hijo de dios, sino también la del bastardo peleador. La rubia ya conoce una cara de la verdad, tienes medio camino aplanado. –su razonamiento comenzaba a ofuscarme.

— No recordaba que siempre vieras el vaso medio lleno.

— Es solo una teoría –abrió la puerta para salir del auto sin dejar de reír.

"La mitad del camino, una parte de mi verdad "¿acaso, Tanya podría soportar la otra mitad? No, claro que no. Se horrorizaba solo de ver películas de horror. No las clásicas que valen la pena, sino las estúpidas parodias que hacen ahora donde las muertes a pesar de ser interesantes, no son más que una parte de la poco original trama. Imaginarla en un círculo de pelea, gritando hasta que su maquillaje se deshiciera, su mascara de perfección cayera a pedazos. Meses y meses llorando, recriminándome sobre el haberle ocultado mi estilo de vida violento. Ella no soportaba el humo del cigarro, tampoco bebía alcohol porque según ella engordaba. El sexo era la mejor ejemplificación de aburrimiento que había encontrado en mi vida. Por ese motivo lo esquivaba, diciendo que era mejor cuidar su integridad. A lo que ella respondía con suspiros agradeciendo por su tan caballeroso novio.

Entonces… ¿existía alguien capaz de conocer mis dos verdades y no verse afectada o que huyera de mí?

Mi cerebro respondió con una rapidez inusitada.

Si. Existe y tú lo sabes bien.

Ella lo sabía. Conocía las dos partes de la verdad. Robert, el estudiante modelo. Hawk, el rebelde luchador callejero. Ella sabía cuan peligroso podía llegar a ser y sin embargo se sentía más cómoda con Hawk, conmigo.

Abrí la boca expulsando todo el aire cuando su recuerdo en el sótano del bar volvió una vez más después de miles de veces. Sus ojos caobas abiertos de par en par, desencajando en la imagen. El dolor del golpe en mi cara, su figura envuelta en brillos iridiscentes y su deseo de salvarme resaltando de todo lo demás.

Ella me odiaba

Yo la odiaba sobre todas las cosas

Entonces ¿Por qué había gritado cuando el luchador me había golpeado? ¿Era la misma razón por la cual hoy se detuvo antes de contarle la verdad a Tanya?

Llevé una mano en forma de puño a mi boca, analizando toda la situación nuevamente.

¿Qué estaba haciendo? ¿Que demonios se suponía que estaba haciendo? Le estaba dando ventaja. La estaba poniendo a mi altura en este juego que habíamos comenzado. Ella podría vencerme con un simple comentario a cualquiera que tuviese ganas de oírla.

Mi historia, la cuidadosa historia que había armado durante tantos años caería como un pesado y destructivo muro. No me importaba morir en el proceso, pero mi familia seria objeto de burlas y cuestionamientos. El nieto del reverendo, el hijo del abogado. Toda mi vida salpicada como Jasper había dicho en mierda.

Un hombre, un hombre, un maldito hombre. Eso lo había dicho como si pudiera leer mi mente, meterse bajo mi piel, escarbar en mi desgracia y exponerla ante los ojos curiosos de las personas sin convicciones.

"Destruirla" balbucee a la noche.

No seria difícil, no era una empresa complicada. Había tenido infinidad de oportunidades de destruirla. Una carta anónima al director Morris, cebar a Jessica diciéndole que ella había sido quien corto su uniforme a la altura de sus senos, dejar de falsificar su firma en la asistencia al centro. Tantas opciones. Pero no, eso no era de HOMBRE.

Así que tome la mejor decisión. Hasta ella me había dado la idea para llevar a cabo su propia ejecución.

Descendí del auto con rapidez alcanzando a Jasper antes de que pudiera ingresar a su hogar. Mi amigo volvió ante el primer llamado.

— Hey jazz, creo que tienes razón en todo lo que dices –fingir que lo había escuchado y que estaba recapacitando era una gran táctica para comenzar – mi comportamiento es una real mierda y siento que no estoy siendo un buen amigo. Pero es la puta tensión ¿sabes? la que no me deja pensar con claridad.

— ¿Tensión? ¿Qué ocurre? –la forma inmediata en que reaccionó hizo que dudara de continuar con mi plan. Jasper era un gran amigo capaz de matar a quien fuera por mí.

— Es solo que… —alcé la vista esperando que su nombre le resultara familiar de una forma y no de otra. Porque si ya lo había escuchado de su boca, si ya ella lo había dicho frente a él, mi ingenioso plan terminaría antes de comenzar. – Necesito llevar adelante un dulce negocio. Algo que si funciona realmente dejare de comerme el cerebro.

— De acuerdo, dime que ocurre. ¿Qué quieres que haga y cuando? Seré lo más rápido posible.

— Jazz Jazz –sonreí intentando inspirar confianza. –Solo quiero que encuentres a alguien, solo una indicación de donde buscarlo y yo haré el resto.

— ¿Estas seguro? ¿Podrás encargarte tu mismo? –preguntó más por mi seguridad que la de él.

— Completamente. Tómalo como una promesa. Dame esa información y volveré a mis cabales.

— Confío en ti Hawk. Dime quien será tu victima.

Oh amigo, como quisiera que no lo hicieras. Que supieras interpretar la desquiciada mente de tu amigo que esta a punto de convertirse en el mismo demonio.

A mi favor solo debo decir que… ella lo provocó. Ahora vería de lo que era capaz un hombre herido.

— Busca a… Jacob Black.

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