-¡Antonio!-gritaron sus amigos cuando el ibérico cayó por la borda hundiéndose en las aguas negras. Francis saltó al agua para ayudarlo a subir al pequeño barco mientras Arthur daba la orden de disparar.
Las balas comenzaron a llover sobre ellos. Gilbert puso manos a la obra y se alejó rápidamente del barco moviéndose hacia sus amigos. Un par de balas atravesaron un brazo del albino y una pierna pero eso no lo detuvo
Una vez que el francés y el español subieron al barco de remos, se alejaron rápidamente. Francis sujetaba al castaño con fuerza para que no regresara al barco principal mientras gritaba enloquecido el nombre de su colonia
-¡NON ANTOINE!-gritaba el rubio- ¡Te eliminarán antes de que puedas subir!
-¡MARIA! ¡MARIA!-las lágrimas recorrían sus mejillas-¡MARIA! ¡MARIAAA!
-¡TAJTLI!-gritaba la menor llorando también- ¡TAJTLIII!
-En cuanto se alejen lo suficiente, disparen los cañones-indicó el inglés a sus hombres que inmediatamente pusieron manos a la obra mientras sujetaba a la niña que no dejaba de dar golpes y patadas.
Alfred lo seguía preocupado viendo a María que no dejaba de retorcerse tratando de huir. El pirata rápidamente se hartó de ello y la regresó al barril de madera antes de regresar a la cubierta para dirigir el ataque.
-¿María?-preguntó el pequeño americano recargando la oreja en el barril- ¿Estás bien?
-¡¿Cómo voy a estar bien con ustedes?!-le espetó furiosa-¡Quiero irme a casa! ¡Quiero estar con Tajtli!
-No te enojes, se que Arthur no te mantendrá atrapada mucho tiempo-dijo el rubio- Solo lo hizo para molestar a Antonio…
-¡Cállate y déjame sola!-le gruñó antes de soltarse a llorar.
Habían pasado varios meses desde que Arthur había capturado Nueva España. Las ansias de poder se le habían subido a la cabeza y ahora se encontraba en plena expansión de su colonia americana.
Mientras el inglés preparaba un ejército tanto de europeos como de americanos, los dos niños pasaban tiempo juntos pero a María no le gustaba estar ahí, se sentía un ambiente muy tenso entre las colonias británicas. Alfred estaba triste, había perdido su libertad y además el ojiverde estaba más ausente que nunca pues solo llegaba a dormir.
Las casacas rojas comenzaron a invadir hacia el oeste reclamando el territorio para la corona británica. Los pocos habitantes que vivían en la parte norte de Nueva España tuvieron que huir hacia el sur.
El español juntó una flota bastante numerosa para liberar a la niña y apenas pudo enfrentar a la poderosa flota, sin embargo, la suerte no estaba de su lado pues uno a uno, los barcos españoles comenzaron a hundirse en las costas de New England.
Arthur veía con superioridad como la flota española era tragada por las negras aguas. Por más que el castaño dirigía diferentes ataques y posiciones, sus pobres e inútiles barcos no podían ni siquiera acercarse a la costa. Era tan lamentable su situación que hasta lástima daba.
Por ello, después de muchos intentos de rescatar a la niña por parte del español y de sus amigos, Inglaterra decidió liberarla una vez que se había adueñado de la mitad del territorio de la novohispana.
Debido a este aumento de territorio, los colonos americanos comenzaron a multiplicarse siempre bajo la mirada atenta de la corona inglesa quien verificaba que su crecimiento estuviera medido y controlado. El resultado de todo esto fue que Alfred creció varios años en poco tiempo.
Era el año de 1750 y el americano aparentaba los 12 años, en apariencia, había crecido 5 años en menos de un año. Era un niño alegre y formal, cual buen inglés pero por dentro él anhelaba la libertad y trabajaba lo más secretamente posible para buscar su independencia.
No había podido olvidar lo que le había dicho el prusiano y el francés el día en que Inglaterra los capturó. Él debía independizarse para lograr la libertad que quería… pero… ¿Cómo vencer a la nación más poderosa del mundo?
El pequeño americano estaba experimentando con materiales explosivos en su habitación cuando de pronto escuchó pasos en la escalera. Arthur había regresado de su cruzada de conquista. Rápidamente escondió todo su material debajo de la cama justo cuando el británico entró en la habitación.
-Alfred-se acercó y le pasó una mano por los cabellos- ¿Cómo estás?
-Estoy bien-le dijo con una sonrisa- ¿Qué tal la conquista de territorio?
-Todo es perfecto, el spaniard ha opuesto resistencia pero gracias a mis recursos y a mis avances tecnológicos podré ganar cualquier batalla fácilmente-dijo con una amplia sonrisa
-¿Ah si? Genial…-dijo el menor fingiendo una sonrisa- Y si alguien… hipotéticamente, usara tus armas en tu contra… ¿qué harías?
El corazón del ojiazul latía con fuerza mientras el europeo pensaba antes de reír sonoramente y afirmar que nadie podría usar su armamento porque lo tenía muy bien protegido.
-Bueno, pero si alguien tratara de hacerlo… hipotéticamente hablando…-insistió- ¿Qué harías?
-Uhm… en el hipotético caso… -de pronto notó extraño que el menor insistiera tanto en eso. Su sexto sentido le indicó que había algo extraño en el americano. Lo observó detenidamente. Había crecido bastante, ahora era un adolescente, pero eso no era lo raro.
Caminó alrededor de él tratando de notar que era lo diferente. Estaba vestido con el traje negro que le había comprado y que se había puesto sin replicar como lo hubiera hecho el estadounidense. Su ropa estaba impecable y sus zapatos brillaban.
Había hecho un buen trabajo con el chico, ahora estaba completamente seguro de que el niño no intentaría independizarse nunca pues se estremecía de miedo al verlo acercarse, lo había conocido torturando y matando gente por lo que sabía de qué era capaz y eso aterrorizaba al ojiazul.
Suspiró tratando de convencerse de que ese extraño presentimiento de algún cambio en el pequeño era mero producto de su imaginación. Estaba a punto de retirarse a su habitación cuando notó lo que tanto temía.
Su mirada. Algo no estaba bien en el extraño brillo de los ojos del menor. Lo tomó del mentón para verlo más profundamente escudriñando en sus ojos color cielo. Hasta que logró descifrarlo. Era determinación. Alfred estaba determinado a algo y ese era justo el brillo que había visto en los ojos de su ex colonia el día en que se independizó.
-No… no es posible…-retrocedió soltando la cara del ojiazul como si lo hubiera quemado- Tu… te quieres independizar ¿cierto? ¡¿CIERTO?!
Gracias por leer y por sus comentarios, los valoro mucho. Ya nos estamos acercando al final del fic jejeje
Espero que les haya gustado y no olviden comentar
