xii. Duda
-"Oye, Sebastian."-
El joven pelinegro alzó sus ojos de su cuaderno para encontrarse con un par de orbes café claro, grandes y curiosos de su amigo Arthur. Parecía un tanto nervioso por lo que captaba percibir Michaelis, puesto que no paraba de mirarle con extrañeza y desconfianza, como si estuviera debatiendo si decirle o no lo que le molestaba.
-¿Qué tienes, Arthur? Me estás poniendo incómodo.-
-"Ah. Perdón…Es solo que…Um…"-
Sebastian suspiró con pesadez y cerró su libreta de golpe, girando su cuerpo para mirar de frente a su amigo. Arthur no era de los que titubeaba de más, a pesar de dar esa apariencia, y eso le causaba gran curiosidad, y un poco de nerviosismo, al pelinegro.
-Escúpelo ya.-
-"…¡Cuál es tu relación con Ash Landers!"-
El pobre literata prácticamente gritó su pregunta a la cara de su compañero, este parpadeando en confusión e incredulidad. Sebastian tardó unos segundos para reincorporarse y enfocarse nuevamente en su amigo, quien estaba teniendo un ataque de nerviosismo.
Mordió su labio inferior.
No sabía cómo responder esa pregunta, aunque era bastante fácil de contestar. Él y Ash tenían una relación amistosa, ¿no? El joven cerró los ojos y ladeó la cabeza, pensando detenidamente qué palabra era la correcta para describir su relación con ese ángel de obres violetas. ¿Amigos? ¿Conocidos? ¿Hermanos? Por más que pensaba en ello ninguna de ellas caía en la categoría, haciendo que Michaelis se desesperara un poco. No lo había pensado demasiado a fondo, más bien no lo había pensado en lo absoluto.
-Pues…-
Sus ojos se postraron sobre sus manos, aún tratando de buscar qué decirle a su amigo. ¿Cómo veía a Ash? Ya llevaba unos cuantos meses de conocerlo, por así decirlo, y mucho había pasado en esa relación como para llamarla una simple amistad; quedaba bastante corto, casi insultante.
-"¿Son novios?"-
-¡Pero qué estupideces dices, Arthur!-
Sebastian bufó rápidamente, sus mejillas ya sonrojadas.
-"Perdón, perdón…Olvidaba que ya tiene novia."-
El pelinegro no hizo comentario sobre lo último, su mirada volviéndose seria al recordar las palabras del mayor. Entre él y Ángela no había nada más que una amistad, es todo; eso le había dicho.
-"¿Sebastian…?"-
Orbes escarlatas se postraron sobre su amigo, quien le miraba un tanto preocupado al no recibir respuesta de parte de Michaelis. Forzó una sonrisa y se encogió de hombros.
-En mi vida saldría con ese pervertido acosador.-
Arthur parpadeó, estando mucho más confundido por las palabras del pelinegro.
