Buenas a todos. Antes que nada quiero agradecer a Yue D. Cifer por haberme dejado review después de tanto tiempo sin continuar esto, y también a los que sigan leyendo. Hacía mucho que no estaba tan entusiasmada escribiendo algo, y si bien no tengo el tiempo para actualizar todos los días (T_T) intentaré hacerlo una vez por semana. Perdonenme por tanto tiempo sin actualizar (casi un año) pero mi espíritu de "cuasi-escritora" no me dejaba en paz por tener esto incompleto.

Bueno, el disclaimer ya lo saben: los personajes y el mundo pertenecen al creador de Naruto, pero la idea del fic es mía, y lo hago sólo por diversión.


"había un traidor, y tenía que encontrarlo"

Gaara observó sus pies, sólo para ver un río de sangre que los cubría, extendiéndose más allá del horizonte que podía llegar a alcanzar con sus ojos. De pronto, algo golpeó sus pies y el pelirrojo simplemente bajó la mirada, para encontrarse con un cuerpo que flotaba en ese interminable mar. Observándolo bien, Gaara se dio cuenta que el cadáver se encontraba parcialmente quemado, y que se trataba de un hombre. Moviendo su rostro hacia el frente, vio que muchos más restos comenzaban a aflorar a la superficie de ese mar; algunos linchados, otros quemados, pedazos arrancados, mujeres destrozadas…

Una tormenta de sangre comenzó a formarse entre todos los cuerpos, hasta que la forma del Shukaku emergió lentamente. Sus patas se posaron pesadas sobre el líquido, para después tomar un cadáver de una mujer y echársela a los pies del nuevo jinchuriki. Gaara la observó con el gesto impávido: la mujer había sido completamente linchada y sus músculos parecían quemados.

- Volverás a esta tortura… -la voz del bijuu pareció apoderarse del lugar-. Volverás a matar y a asesinar conmigo…

El kazekage alzó la vista, empujando el cuerpo que tenía cerca. Sus ojos aguamarina estaban completamente calmados, y se limitaban a observar las llamas que emanaban de los ojos de la bestia.

- Has vuelto a tu pasado, Gaara… -agregó-. Conmigo sólo volverás a ser como eras antes.

Gaara alzó la diestra, llevándosela al rostro. Alguna arenilla comenzó a caer de él, mientras Yamato y los demás lo observaban ¿habría sido mejor si también hubieran encadenado sus brazos? El pensamiento corrió por la mente de los presentes, pero de pronto, una carcajada histérica salió de la boca del kazekage. Él aún permanecía con los ojos cerrados, inmerso en el mundo de pesadillas del Shukaku; sin embargo, sólo sus palabras eran oídas por todos los presentes. Una tormenta de arena comenzó a alzarse alrededor del pelirrojo, rodeándolo como su fuera un tornado.

- Tú volverás al pasado -susurró el Kazekage, aún sosteniéndose la frente, para luego agregar un poco más fuerte-. Tú vivirás en el río de sangre…

El Shukaku permaneció quieto delante de él, observando. El viento y la arena que Gaara invocaba se traspasaban incluso a su mundo interno, a ese que el bijuu dominaba y donde sólo su jinchuriki podía llegar a entrar. La arena giraba cada vez con más fuerza, empujando a los presentes a retroceder, sin entender siquiera qué es lo que estaba pasando. Desde el fondo, una carcajada femenina se escuchó, y luego sus palabras:

- ¡Oh! -dijo, haciendo que Kakashi volteara a verla-. Parece que son viejos conocidos…

Hinata volvió a reírse nuevamente, mientras permanecía colgada en la reja de su jaula, observando la ceremonia desde lo lejano. Ella podía sentir el chakra del Shukaku, pero más le sorprendía que el pelirrojo pudiera mantener tal control sobre sí mismo, aún en ese estado.

Gaara se enderezó, alzando la diestra y aún riéndose como loco, la arena se alzó sobre él, para luego caer directamente sobre el bijuu. El Shukaku alzó su pata derecha intentando tirarle un nuevo cuerpo a su jinchuriki, pero esta vez la arena lo protegió, generando una daga de pequeñas partículas que clavó su pata al suelo, dejando que todos los presentes la vean. Un kunai voló desde el aire hasta clavarse en la zarpa del animal, y un bramido mortal rugió una vez más. El Shukaku quizo acercarse, su aliento de fuego hizo que el cabello del pelirrojo se moviera hacia atrás, pero ese falso movimiento lo atrajo más de lo que quería. El sello de Baki volvió a brillar en los perfectos abdominales de Gaara, arrastrando al animal.

- ¿¡Cómo te atreves a hacerme esto! -gritó enfurecida la bestia.

- Tú eres mío… -habló Gaara, y todos lo escucharon-. Yo no soy de nadie… -agregó, sintiendo otro bramido como respuesta.

Dentro del mundo extraño del Shukaku, la arena se arremolinó arriba de él, para después caer como una fuerte jaula que lo aprisionó, dejando sólo la pata que tenía clavada con el kunai, afuera. Los presentes vieron las llamas doradas que rodeaban el cuerpo del Kazekage, para que después la arena que giraba en torno a él, cayera al suelo, cubriéndolo con su clásico color, una vez más. Una mano de sombras acercó una cadena de plata con una piedra engarzada, que brillaba con un intenso color dorado, como una piedra del desierto; con cuidado, la depositó en el cuello de Gaara, para después retirarse.

Temari se sentó en la cama, y las sábanas cayeron suavemente por su vientre hasta cubrir sólo sus piernas; su busto estaba apretado con los vendajes, y su cintura aún le dolía en el costado. Sin embargo, lo que más le preocupaba era eso. ¿Cómo había llegado hasta ahí? El cuervo negro de ojos dorados permanecía apoyado al final de su cama, esperando. Hacía un rato que estaba ahí, y ni aun cuando las ayudantes de Sakura llegaron a transferirle chakra lo vieron.

Suspiró, pensando que tampoco podía hacer demasiados movimientos, puesto que si nadie salvo ella veía al animal, se darían cuenta de que algo andaba mal. El cuervo giró su cabeza hacia donde estaba ella, enfrentándola con dos ojos completamente brillantes, rojos y furiosos. Temari sintió sus palabras, las que él le había enviado, y un único pensamiento cruzó por su cabeza: tenía que buscar rápidamente a Kakashi-san.

Se puso de pie en la habitación que compartía con Matsuri, y caminando hasta el improvisado armario, buscó algo de ropa. Se colocó un calza a medio muslo que terminaba en tela de red, y una camisa en forma de kimono sin mangas, de color verde oscuro; se ató rápidamente con un obi negro que encontró, y revisando su vientre para controlar que los vendajes estaban ajustados bajo el cinto que acababa de ponerse, salió de la habitación.

Sus pasos la llevaron a través de los corredores del refugio donde estaban hacinados, hasta que finalmente llegó a la puerta que abría el paso a las habitaciones que estaban en el centro de la montaña. Abriéndola, comenzó a bajar lentamente, mientras cada vez iba sintiendo dos poderosísimos y abrumadores chakras: uno era el Nibi, y el otro era demasiado familiar para ella. Se detuvo al lado de Kakashi, observando directamente hacia la sala: su hermano estaba arrodillado en el suelo, con el vientre surcado por un sello para contener al bijuu y con el collar del viento colgando de su cuello. A su alrededor, las cuatro columnas habían apagado el fuego, y Yamato se acercó lentamente.

- Parece que pudo controlarlo -dijo.

Sin esperar, marcó unos sellos con sus manos, para después colocarlas sobre la tierra, y una cama de madera se alzó lentamente. Haciéndole un gesto a Baki, ambos se acercaron y depositaron al Kazekage sobre la mesa, para luego examinar sus signos vitales.

- Está bien -comentó Baki, luego de controlar sus signos vitales-. El Shukaku ha sido sellado con éxito.

Desde afuera, y mientras Yamato daba órdenes sobre cómo controlar a los dos nuevos jinchurikis, Temari soltó un leve suspiro. Volteando hacia donde estaba ella, Kakashi la observó, para después ponerle la diestra en el hombro.

- Estará bien -le dijo, encontrando sus ojos-. Gaara es fuerte.

- Lo sé, siempre lo ha sido -respondió ella, para luego agregar-. Pasó algo.

Rápidamente, Kakashi comprendió el mensaje, y señalándole la salida con un ademán del rostro, se encaminaron hacia la oficina de los kages. Ambos sabían que ahora sería sumamente difícil mantener una comunicación como hasta ese momento, dado que Gaara volvería a tener el oído del Shukaku y tendría que estar bastante lejos como para que no pudiera sentirlos. Si los descubría, aún si le explicaban la verdad, estaba seguro que no los dejaría vivos… a ninguno. Entrando en la improvisada oficina, Kakashi cerró la puerta y se aseguró que nadie los había seguido, ni que nadie estaba escuchando. Sentándose sobre el borde del escritorio, se quedó mirando a la ANBU con su natural gesto adormilado.

- Luces preocupada -pausa-. ¿Qué pasó?

- Envió sólo un cuervo, así que no dijo mucho -comentó ella, mirando un punto en el suelo, para luego alzar su mirada y encontrar la del Hokage-. Pein sabe de que tenemos los bijuu y parece que ha enviado a buscar una leyenda de Suna…

Kakashi alzó la ceja, sin comprender, y Temari suspiró.

- Una vez leí entre los tantos archivos prohibidos del ANBU, de una supuesta forma de sellar los bijuu en dagas con poder elemental -dijo, pero luego se llevó la mano a la frente-. No estoy segura de que sea eso, puesto que no decía más su mensaje, pero tenemos que encontrarnos de nuevo…

- Descontando esta supuesta "leyenda", es malo que sepan de los bijuu -agregó Kakashi-. ¿Algo más?

Temari asintió. Lo que seguía, era bastante más grave.

- Decía que una kunoichi de la resistencia tuvo contacto con alguien, y que él lo encontró después… -para luego pausar-. También, sus medicamentos no están haciendo efectos ya.

El Hokage hizo una mueca de disgusto que pasó inadvertida bajo su máscara, el mensaje no era demasiado extenso, por lo que no podía saber si realmente otra persona de akatsuki los había traicionado, o si una de sus kunoichis estaba pasando información. De todas formas, estaba seguro que ninguna de las dos opciones era demasiado buena, porque implicaba una conexión que no le estaba agradando nada. Además ¿quiénes podían ser? Según el mensaje, Itachi se había encontrado con ese alguien luego de hablar con Temari, por ende, sólo había podido ser durante… Kakashi alzó la mirada, encontrándose nuevamente con Temari.

- Ve a buscar a Kiba y a Sakura -ordenó.

Temari alzó la diestra cruzando el pecho hasta casi tocarse el hombro derecho, para luego hacer una inclinación hacia delante. Sin nada más, salió por la puerta. Kakashi caminó en círculos durante un rato. En un momento, había llegado a odiar a Itachi, pero tras leer los archivos secretos del ANBU, y ver cuántas veces su información los había salvado, no podía menospreciar sus esfuerzos.

Los ruidos de pasos se acentuaron en el corredor y luego se oyó la voz de Kiba que iba charlando con Sakura. Kakashi se escondió al lado de la puerta, y la ninja médico entró delante, pero en el instante en que se quedó parada observando la habitación vacía mientras Kiba entraba, Kakashi salió de entre las sombras, deteniéndose a sus espaldas, y colocándole un kunai en el cuello. Cuando Kiba iba a protestar, sintió que la puerta acababa de cerrarse y que dos filosas kodachis lo habían inmovilizado, atrapándole el cuello. Kiba se removió viendo que Temari no soltaría las espadas, y menos la que apuntaba directo a la cabeza de su perro.

- ¿¡Pero qué dem…! -quiso quejarse Kiba, pero la voz del Hokage lo detuvo.

- Les sugiero, Kiba y Sakura, que midan bien sus palabras -comentó, para después bajar su mirada hasta la pelirrosa que no se había movido desde que él la atrapara-. ¿Con quién te encontraste, Sakura?

Ella se limitó a abrir los ojos con gran sorpresa, encontrándose con los de Kiba y la fría mirada de Temari que la observaba desde atrás. Si decía lo que había pasado en realidad, probablemente Kakashi no lo comprendiera… también sabía que quienes los interrogaban no eran simplemente sus amigos o líderes, sino también ninjas de élite entrenados para matar a sangre fría. Cerró los ojos pensando en las aguamarinas, en el cabello blanco, la mirada triste... Unas palabras resonaron en su mente: "También es una flor…" había dicho, cuando se enteró de su nombre. Frunció el seño una vez más, para después alzar la mirada hasta encontrarse con la de Kiba.

- Kimimaro… -fue la suave respuesta.

- Elabora -ordenó Hokage.

Sakura tragó saliva.

- Cuando nos atacaron, quedé gravemente herida, pero Kimimaro en lugar de matarme, me cuidó -comenzó a explicar-. Pasó un día hasta que Kiba me encontró y como él estaba enfermo, lo curé en agradecimiento. Luego, cuando recibimos el mensaje de Temari y emprendimos la vuelta, él nos salvó y detuvo a unos ninjas para que nosotros escapáramos.

El peliblanco permanecía tras ella sin haber siquiera movido el kunai. Lo que decía no le parecía creíble, puesto que Kimimaro era la mascota más fiel de Orochimaru, y pelearía por él hasta la muerte. Sin embargo, aún así tampoco podía acabar con la única ninja médico que les quedaba. Odió con todas sus fuerzas que no quedara nadie del clan Yamaka vivo, ni ninguno que pudiera saber si lo que decía era cierto.

La tensión en la habitación aumentaba gradualmente. La rubia estaba en las espaldas de Kiba, con la diestra alzada y sosteniendo una de las espadas en el cuello del ninja, y la otra directamente contra la nuca del perro. Kiba observaba al frente, clavando sus ojos en los de Sakura. ¿Era posible que eso estuviera ocurriendo? ¿Cómo se habían enterado esos dos? Quizás, eran ellos los que tenían algo que ocultar. Frente a él, Sakura había bajado el rostro observando un punto en el suelo, mientras Kakashi sostenía su arma en contra de su cuello. No tenía forma de saberlo… ¿o sí? Una idea cruzó por su cabeza, y frunció el seño cuando se dio cuenta de que era quizás su única oportunidad.

Moviéndose rápidamente dio vuelta el kunai y tomando a Sakura por los hombros, la movió hasta que quedó arrinconada contra el escritorio, casi sentada en él. Sosteniéndole la nuca de ella con su zurda, mientras se acercaba hasta no quedar distancia alguna, alzó su bandana de Konoha con su mano libre, sólo para mostrar el sharingan que iba cambiando de forma, hasta que sus aspas se unieron, resaltando como si fueran dos perlados rubíes, con la forma mortal de un magenkyo incompleto.

- Dime la verdad -ordenó, observando fijamente las esmeraldas de Sakura.

Los ojos de ella perdieron el brillo temporalmente, y su voz se volvió monótona mientras respondía la pregunta.

- Estaba herida y me desmayé. Desperté en una caverna y vi que Kimimaro asesinó a uno de sus compañeros que quiso matarme. Curó mis heridas -su voz parecía distinta, como si fuera una simple lectura de sus recuerdos, y no ella hablando realmente-, y decidí curar su enfermedad congénita. Kiba intentó recatarme, y me negué. Al día tuve que irme para continuar nuestra misión. Nos atacaron unos ladrones. Kimimaro me defendió. "Cuídala" le dijo a Kiba.

Kakashi cerró su ojo izquierdo mientras se bajaba la bandana nuevamente, para después darle un pequeño golpe a Sakura en el hombro, haciendo que despertara. Sus ojos brillaron nuevamente y se bajó del escritorio, sin saber qué había dicho. El Hokage hizo un gesto con su rostro, y Temari se separó de Kiba, guardando sus katanas en las sayas. Después de eso, se quedó en silencio.

- Lo siento -dijo-. Pero tenía que asegurarme.

Kiba emitió un gruñido que fue acompañado por su fiel Akamaru.

- ¿Qué demonios está pasando, Kakashi-san? -se quejó.

El aludido volteó, hasta mirarlo a los ojos con su habitual gesto adormilado. Evidentemente, algo le había pasado a Kimimaro que hizo que no atacara a Sakura, sino que la ayudara. Ahora lo difícil, era explicarles de Itachi y que no fueran a decirle al Kazekage.

- Queríamos saber si eran traidores o no -respondió el aludido-. Pero aún así, deberían haberme informado de lo que pasó con Kimimaro -agregó, en tono de reprimenda.

Kiba y Sakura agacharon la cabeza. Sabían que estaba mal lo que habían hecho, y que deberían haber avisado de ese incidente. Sin embargo, aún quedaba la duda de cómo se habían enterado: en su interior, el ninja sabía que ellos también deberían tener alguien que les dijera. Antes de que pudiera decir nada, el Hokage suspiró, alzando la diestra y refregándose el cabello, mientras Temari volvía a guardar sus espadas en el pergamino de invocación. Mirándola a ella, supo que había llegado el momento de decir la verdad.

- Tenemos un informante en Akatsuki… -dijo el peliblanco, enfrentando a los dos anonadados ninjas que tenía delante-. Gracias a sus informes, fuimos capaces de prevenir muchos de los movimientos de nuestros enemigos, pero ahora… -una duda entró en su mente ¿cómo decirlo?-, el informante necesita nuestra ayuda médica.

Kiba no podía reaccionar. ¿Desde cuándo era así?

- ¿Desde…? -comenzó a preguntar, pero Kakashi lo interrumpió.

- Desde el comienzo de la guerra -respondió.

Un nuevo silencio reinó en la habitación. Sakura se acomodó el cabello levantando la vista hacia su compañero, para observar luego a su Hokage; se sentía mal por haberle ocultado lo de Kimimaro, pero aún cuando sabía que su antiguo líder de grupo se había visto obligado a sonsacarle la información, sentía la espina de la desconfianza.

- ¿Quién es…? -preguntó ella, en voz baja-. ¿Lo conocemos? ¿Cómo…?

Los dos ANBU intercambiaron una rápida mirada.

- Lo conocen -dijo Temari-. Me contacta a mí, desde el ataque a Suna -su voz grave sonaba más firme de lo habitual, y su mirada esmeraldina se encontró con dos interrogantes frente a ella-. Uchiha Itachi.

Uchiha. Ese apellido siempre estaba rodeando la maldad, y atrayendo problemas y desgracias a todo cuanto se cruzara. Sakura parecía shokeada por la impresión, y caminó unos pasos hacia atrás hasta caer de nuevo en el escritorio, esperando poder procesar la información. Por su parte, Kiba bajó la cabeza, apretando el puño. ¿Cómo era posible…? ¿Lo sabría el Kazekage? ¿Por qué…?

- Es un maldito asesino… -murmuró al fin, presa del enojo, y su fiel Akamaru emitió un gruñido, secundando a su amo-. ¿Cómo pueden confiar en él?

Kakashi se acercó y le puso la diestra en el hombro, obligándolo a verlo a los ojos.

- No me enteré de esto hasta años después, cuando Danzō murió, y pude leer los archivos ANBU de Konoha -los presentes focalizaron su mirada en él-. Es cierto, yo lo odiaba por asesinar a su propia familia, pero… él sólo seguía órdenes, y sabes bien que la misión más frecuente de un ANBU es asesinato de ninjas.

- ¿¡Quién daría esa órden! -preguntó Kiba, casi histérico.

- Los ancianos del consejo de Konoha -respondió-. De esa forma, se libraron de los Uchiha que competían en poder contra los Senjuu, e hicieron ver al prodigio de Uchiha como un asesino -Kiba agachó la cabeza, y Kakashi lo soltó, caminando unos pasos hacia atrás-. Él era demasiado chico como para tomar otra decisión por sí solo, y las mentiras del Consejo lo confundieron… Kiba, tú nunca has estado a esas alturas del poder, pero… desgraciadamente nuestras antiguas aldeas ocultas encubrían demasiada corrupción a esos altos rangos.

La tensión formada parecía disminuir, cuando Kiba finalmente comenzó a calmarse. No comprendía totalmente la confianza que le tenían a ese Uchiha, pero sabía que Kakashi-sensei jamás haría algo que no fuera por el bien de su aldea.

- ¿Alguien más sabe de esto? -inquirió Sakura.

El peliblanco ladeó la cabeza, negando.

- Del pasado de Itachi, creo que sólo Temari y yo… y ahora ustedes -hizo una pausa y continuó-. De que él es nuestro informante, sólo nosotros cuatro.

- Gaara no me hubiera creído -agregó la rubia, apretando un puño sin que nadie lo viera-. No después de que ha cambiado tanto, y menos desde que vio la pelea en Suna.

Kiba chasqueó la lengua: esta situación se estaba poniendo demasiado complicada, y él no era bueno para guardar secretos de ese calibre.

El Hokage se enderezó, observando directamente hacia Sakura.

- Sakura, necesitamos de tu ayuda -dijo, y ella lo miró-. Su enfermedad está avanzando mucho más rápido, y si queremos que nos siga ayudando, deberemos darle alguna medicación.

Ella lo observó, con la duda marcada en sus ojos, para después enderezarse y escuchar atentamente las órdenes.

- ¿Cuál es la enfermedad, Kakashi-sensei? -preguntó, para luego agregar-. ¿Cuáles son los síntomas?

Temari suspiró, mirando al suelo.

- Tuberculosis.