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Se quedaron mucho tiempo así. Hubo más de una ocasión en la que Roy se quiso alejar, pero Oliver lo volvía a acercar contra él, así que el arquero más joven se dio por vencido. Oliver se quedó igual hasta que el llanto del adolescente cesó y el único rastro de éste era la respiración algo irregular del chico.

El Vigilante aún no acababa de asimilar la situación… una cosa era que su hijo adolescente se tatuara, y hasta se podía decir que era normal que algunos jóvenes hiciesen cosas así, ¿pero aquello? Eso no era de ningún modo normal… era escalofriante. Y es que no entendía, ¿en qué había fallado? Bueno, eso Roy se lo acababa de dejar bien claro, más bien la pregunta era ¿Desde cuándo las cosas empezaron a salirse tanto de control y por qué no lo había notado? Es decir, no podía ser algo nuevo, ya que el joven mismo le había confesado que algunas de las marcas eran heridas de ya hace mucho. ¿Es que en verdad lo había hecho todo tan mal?

Se forzó a dejar el tema de lado para retomarlo más tarde y concentrarse en lo que estaba pasando justo en ese momento.

Oliver desenvolvió cuidadosamente su brazo derecho de la espalda del joven y acomodó su brazo izquierdo para que lo rodease por los hombros.

Roy también lo soltó poco a poco y, una vez que lo hizo, Oliver le echó un vistazo. El pobre chico tenía los ojos rojísimos por tantas lágrimas que había derramado y su nariz no se quedaba muy atrás, mientras que en sus mejillas había caminos de sal que las lágrimas habían dejado tras ellas.

Roy no miraba a Ollie al rostro, más bien parecía que de pronto el piso a su lado izquierdo se había vuelto sumamente interesante. Su padre lo acercó más a él y le dio un beso en el lado derecho de la cabeza, incapaz de mantenerse indiferente al verlo luciendo así de miserable.

-Vamos, Roy, es tarde ya, deberías descansar- le instó con cariño. Ambos estaban exhaustos después de un día tan agotador, tanto mental como físicamente.

Roy giró el rostro para esconderlo contra el hombro de Oliver, sintiendo que las lágrimas amenazaban de nuevo con salir. Podría parecer un tanto patético, pero no quería quedarse solo de nuevo, porque estaba seguro de que una vez que lo hiciera todo volvería a la normalidad; despertaría por las mañanas en una casa vacía, Oliver llegaría por él a la escuela como mínimo una hora tarde- si es que iba-, pasaría toda la tarde solo hasta que Ollie llegase aproximadamente a las nueve o diez de la noche y no regresaría a Star City hasta quién sabe cuándo…

Ollie exhaló silenciosamente, más cansado que nada. El día había sido muy pesado y ambos debían dormir.

Se dirigió hacia la cama del chico y se sentó en el borde de ésta, haciendo que Roy se sentase a su lado y se recargase un poco en él. Oliver siguió rodeándolo con su brazo; Él tampoco tenía muchas ganas de soltar a su hijo, pues no sabía lo que se suponía que debía hacer una vez que saliera de la habitación de Roy.

Se quedó ahí durante casi una hora, pensando y pensando pero sin llegar a una idea clara sobre cuál debía ser el primer paso para ayudar al chico. Llegó un momento en que sintió que la respiración del joven se regularizaba, no mucho después Roy ya se había quedado dormido… y Oliver seguía sin ninguna idea clara en mente. Lo recostó en el colchón y lo cubrió con la cobija, ya que ni la cama había tendido el muchacho antes de irse a la escuela. Le besó la frente con rapidez y se apresuró a salir de aquella habitación, incapaz de permanecer allí ni un segundo más.

Se recargó en la pared juntó a la puerta, completamente aturdido. Había tantas cosas dando vueltas en su mente que no podía concentrarse ni siquiera en una de ellas. Cerró los ojos y colocó ambas manos en su frente, sintiendo que su cabeza estaba a punto de estallar.

Por la mente del magnate desfilaron todo tipo de viejas memorias: cuando conoció al talentoso niño que pronto se convertiría en su aprendiz; cuando decidió que no le importaba lo que su madre opinase al respecto, él iba a adoptar a Roy; cuando su hijo llegó a Star City por primera vez; la primera navidad que "Papa Noel" visitó su casa, junto con la expresión de sorpresa en el rostro del niño; el primer cumpleaños de Roy ahí en casa; el primer día del padre donde el festejado era él; cuando su hijo se alió con sus amigos Dick, Wally, Conner y Kaldur para gastarle bromas a la Liga durante toda la semana… ¿En qué momento todo eso había quedado atrás?

De repente aquellas memorias fueron desapareciendo, siendo gradualmente reemplazadas por algunas no tan agradables: discusiones, peleas, reclamos, indirectas, gritos, palabras hirientes y sarcásticas, cenas silenciosas, miradas de odio… ¡Demonios! ¡¿Cómo podía haber sido tan ciego?!

Una cosa era segura, si Roy no lo odiaba para entonces, él sí que lo hacía, se despreciaba profundamente.

No se dio cuenta de cuándo ni cómo sucedió, pero de pronto se halló a sí mismo sentado en el piso con las rodillas dobladas y recogidas contra su pecho, aun recargado en el frio muro. Le había dicho a Roy que lo ayudaría, que todo iba a estar bien. Le había pedido al chico una oportunidad para demostrárselo y su hijo había accedido… pero la verdad es que no tenía ni la menor idea acerca de cómo cumplir aquellas promesas. No hay que malinterpretarlo, Oliver estaba dispuesto a hacer lo que fuese, inclusive dejar la Liga si con ello reparaba su dañada relación con Roy, pero algo le decía que para que las cosas entre Roy y él mejorasen no bastaría con renunciar a la Liga y ya.

Se puso de pie y se dirigió a la habitación de su madre, cual prisionero que camina a la horca.

Una vez frente a la puerta, tocó un par de veces con decisión. Respiró profundamente antes de ser recibido por Moira, tan seria y fría como nunca antes la había visto. Sin embargo, no dejó que eso lo intimidase.

-¿Sí, Oliver?- habló, mirándolo de arriba abajo como si de un ser extraño se tratase.

-Mamá- respondió, mirándola a los ojos inexpresivamente. Lo único que se podía percibir en su voz era determinación.