Los personajes de Paradise Kiss no me pertenecen. Hago esta historia sin fines de lucro y por inconformidad con el final…!
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Capítulo 11
- ¿Ahora sí me vas a explicar por qué has actuado de esa manera? – Al ver la renuente actitud de la modelo para hablar, Isabella, decidió tomar otra actitud – Repasemos, primero me dices que está todo bien, que la relación entre ustedes está bien. Y de repente me dices que apareció Kaori en su departamento, pero parece que no es eso lo que te molesta, y luego de la nada me llamas pidiéndome que vaya a buscarte a Fashion Age porque no quieres irte con George… Carry, quieres explicarme que sucede?
El semblante que tenía en la cara, le preocupaba a Isabella. Definitivamente estaba molesta, pero no era esa la causa principal de su preocupación, sino la confusión que veía en ella. Suponía que el enojo que sentía no iba en contra del diseñador, pero entonces con quién estaba molesta?.
Ya iban casi una hora en el mismo plan. Ella intentaba conseguir que la morena soltase algo de lo que la tenía en ese estado, pero esta se negaba a hablar. La de los cabellos violáceos, se levantó cansada y resignada. Había estada acompañándola durante todo ese tiempo, esperando que le naciera contarle su aflicción, pero si esta seguí tan renuente como hasta ahora, lo mejor era que se fuera, ya que no conseguiría nada.
- Carry, creo que lo mejor es que me vaya… te dejo para que pienses y cuando te sientas bien me llamas y me cuentas.
- No, Isabella, espera...yo… - la miró y se sentó nuevamente en la mesa del café al que horas antes habían llegado – no es que no quiera contarte lo que me pasa… pero es que ni yo misma entiendo qué siento, ni por qué me siento como me siento.
- ¿Qué sientes, Carry?
- No lo sé, es una mezcla de muchas cosas… siento celos – no necesitaba decir de quién para que la diseñadora entendiese – siento rabia, pero contra mí misma y me siento tan confundida.
- Yo creo que si ordenamos un poco tus sentimientos podremos entender mejor lo que te pasa. Por qué quisiste que te fuera a recoger y no irte con George a su departamento?
- Es que… yo... – le contó a su amiga lo que había sucedido y de cómo se haía enterado de que era George el diseñador de la colección para la cual modelaría – bueno, después de que dijo eso, yo no sabía como reaccionar, tenía miedo.
- ¿Pero por qué tenías miedo? No deberías alegrarte de que es George para quién modelarás? –la reacción de Isabella fue muy pacifica, ni siquiera parecía asombrada..
- ¡Tú lo sabías! …Por Kami, por qué no me sorprende?
- Carry, no nos desviemos del tema. No me has dicho por qué sientes miedo.
- Eso no lo sé. Me sentí muy desconcertada por lo que me dijeron, pero creo que lo que me tiene así es que no me había enterado de esto. A penas lo supe no pude evitar sentirme como una tonta, empecé a pensar en un montón de cosas – Isabella la miró extrañada, por su repentino silencio.
El repentino cambio la sorprendió- Isabella, tú crees que George, en realidad haya regresado solo por el desfile – la inseguridad en sus ojos era casi palpable.
- Carry,…
- Yo te juro que quise sentirme tan molesta por todo, pero no tengo derecho, sabes? Al fin y al cabo él y yo no somos nada.
- Yo,..
- También me siento engañada. Él es el diseñador, él tiene que haber sabido que Kaori vendría para desfilar y si es así, entonces me mintió ayer y …
- Escúchame bien Carry. Yo no puedo decirte con exactitud lo que pasa por la cabeza de George, porque eso es algo que solo él sabe, pero sí te puedo decir por qué volvió. Tú lo sabes, él te lo ha dicho, y yo creo que hay cosas que estas dando por sentado y que no son lo que parecen. Lo único que te puedo aconsejar es que confíes en él y que hablen, el silencio es muy peligroso para las relaciones – ante su comentario, la morena se sonrojo notablemente y negó fervientemente.
- Yo no tengo ninguna relación con George – Isabella la miró seria.
- Carry, creo que ya debes irte. No vamos a conseguir mucho de esta manera y mi mejor consejo para ti es que vayas y afrontes esta situación – sin más que decir, dejó que le diera dos besos en las mejillas y la vio dirigirse a su auto y alejarse rápidamente.
Sabía que su amiga tenía razón. Y que por mucho que siguiera evitando hablar del tema o al mismo George, el problema no iba a desaparecer por arte de magia. El embrollo era que no sabía como actuar. Tenía mucho miedo de ella misma, de arruinar las cosas. ¿Qué pasaba si se comportaba de una manera celosa e irracional? Ya no era una niña, y recordaba claramente que a George le molestó mucho que se comportase de esa manera. ¿Pero y si entonces se dejaba llevar por la inseguridad y el miedo?
No, ella no era así.
En ese momento se le ocurrió que tal vez el consejo de Isabella podría ser lo mejor y tal vez un poco de sinceridad y control la ayudarían a encontrar un punto medio y adecuado para afrontar la situación.
Con calma y aplomo salió del café y, en su auto, se dirigió hacia el apartamento, sin saber que todos sus movimientos eran seguidos y vigilados atentamente, desde el momento en que llegó al café.
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El deportivo negro de la modelo se aparcó frente al departamento. La morena se sorprendió al ver las luces apagadas. Era ya tarde y George acostumbraba a alegar temprano para no dejarla sola por las noches.
"Seguramente está molesto por la manera en la que me fui… tal vez llegue tarde…"
Abrió la puerta lentamente y lo llamó para asegurarse de su ausencia. Nadie le respondió.
Con un suspiro de derrota prendió las luces y se acercó a la mesa para dejar su cartera sobre ella, pero antes de que pudiese llegar a ella se quedó inmóvil observando el bello arreglo de flores silvestres que se encontraba en el centro de la habitación.
"¿Serán de George?" – un sentimiento calido apareció en su pecho y una ligera sonrisa se dibujo en sus labios.
La tarjeta estaba sobre la mesa, a un lado del arreglo. Al abrirla, la letra fue el primer indicio de que esas flores no provenían del diseñador.
Lo has preferido a él.
Yo que te he ofrecido el mundo…
No te preocupes, amor mío,
Pondré fin a los obstáculos entre
Nosotros…
Pronto….
Dejó caer la tarjeta, mientras su mirada nerviosa se paseaba por toda la habitación, buscando el menor indicio de la presencia de algún extraño.
Su respiración se volvió irregular, agitada. No podía respirar bien. Se aproximo a las ventanas y las aseguró. Se paseó por las habitaciones repitiendo el proceso.
Hasta que la última ventana no estuvo cerrada y la puerta bajo llave, su nerviosismo no se calmó.
"Basta Yukari… ya no puede pasar nada."
Se apoyó contra la puerta y lentamente se fue deslazando hasta quedar sentada en el suelo. Un suspiro de alivio fue liberado y una sensación de seguridad la fue invadiendo.
"Ya pronto llegará George y…"
Pensar en el diseñador le trajo una nueva preocupación, pero se obligó a despejar su mente y pensar en otra cosa.
"Isabella tiene razón, no ganaré nada molestándome y haciendo una rabieta. Ha llegado el momento de que aclaremos muchas cosas"
Más calmada y segura se dirigió al baño y se dispuso a tomar un relajante baño caliente mientras esperaba a George.
Después de media hora, Yukari ya se encontraba en su habitación, esperando a que el peliazul hiciese su aparición.
Nerviosa ante la espera, empezó a ordenar algunas cosas en la habitación que compartían. Mientras que recogía algunas prendas que ella misma había tirado en la mañana, vio, junto a la mesa de noche, el maletín de George.
"Pero… ¿no se lo había llevado esta mañana?" – la respuesta apareció al instante – "así que sí ha estado aquí"
Tomó el maletín caído e intentó colgarlo, sin percatarse de que estaba abierto. Al momento de levantarlo varias tarjetas y papeles cayeron.
Curiosa las tomó y empezó a leerlas. Una tras otras, todas contenían amenazas… Simples "Aléjate de ella" o frases mucho más fuertes desfilaban delante de sus ojos.
Miles de preguntas y temores asaltaban su mente a medida que leía las tarjetas.
"¿Por qué no me lo dijo? ¿Por qué me ocultó todo esto…?"
Sintió rabia, se sintió engañada. La furia se apoderó de ella rápidamente. Instantáneamente desapareció ente el curso de sus pensamientos.
Si George ya había regresado ¿Por qué había vuelto a salir? Por más enfadado que él estuviese, siempre prefería enfrentarla y no salir huyendo. Además no la hubiese dejado sola tanto tiempo. Y si… ¿si él no hubiese querido salir?
La angustia y desesperación se apoderaron de ella y rápidamente tomó el teléfono y marcó el número del peliazul. El timbre que se escuchó a su lado la sobresaltó. Dentro del maletín el teléfono del diseñador vibraba.
- ¡Rayos!
Caminó hasta la sala para tomar su celular y llamar a Isabella. Después de muchos intentos desistió. Ella tampoco contestaba.
Estaba por llamar a Miwako, cuando la puerta se abrió y apareció – tan sereno e imperturbable como siempre – George.
- ¿Qué haces despierta tan tarde? – el verle ahí: sano y salvo, calmó sus temores – que rápidamente fueron reemplazados por furia y vergüenza –.
- ¿Por qué has llegado tan tarde? – él la miró con esa expresión inexcusable durante unos segundos. Ella no había querido sonar molesta y desesperada, pero no podía controlarse con tantos sentimientos bullendo en su interior. Cuando iba a replicarle lo preocupada que había estado, él contestó.
- Eso no te importa – esas palabras fueron una cachetada para su ego. Se sintió avergonzada y tonta por haberse preocupado tanto.
El peliazul iba a decir algo, pero ella lo cortó ferozmente.
- Tienes razón. No me incumbe lo que hagas.
- Yukari, yo no…
- Solo quería decirte una cosa. Mañana regreso a mi apartamento, así que no te molestaré más. Puedes hacer lo que quieras sin preocuparte por mí o por las amenazas buenas noches – su tono fue frío y cortante. Estaba reprimiendo toda su furia y los reproches.
- ¿Cómo te enteraste de las amenazas?
- Eso no importa. Ya no te molestarán más – se dirigió hacia la habitación de huéspedes que originalmente le había dado y tiró la puerta al cerrarla.
Se metió en la cama, ya sin poder ocultar las lágrimas de furia e indignación. Se volteó, dando la espalda la puerta mientras sollozaba silenciosamente.
"Es lo mejor… Esto nunca debió llegar tan lejos. Entré él y yo no hay nada; no tenemos un futuro y no estoy dispuesta a sufrir nuevamente por él, ni por nadie."
El rechinar de la puerta al abrirse interrumpió sus pensamientos. Intentó hacerse la dormida para ver qué es lo que quería el peliazul.
- Yukari – su tono fue bajo, pero firme – sé que no estás dormida. ¿Podemos hablar?
- No, no tenemos nada de qué hablar. ¡Vete!
Pese a su negativa, sintió cuando la cama se hundió tras de ella, al recibir el peso del peliazul.
- Si no quieres hablar conmigo, tal vez quieras escuchar lo que yo quiero decir.
- No, no quiero oír nada. Solo vete de una vez.
- Lo siento, pero igual te lo voy a decir.
- No tengo por qué escucharte. Como bien dijiste "no me importa".
- Sé lo que dije y me arrepiento. No tenías la culpa de mi malhumor y no debí haberme descargado contigo. Estaba preocupado y molesto. Cuando te vi, quise abrazarte y besarte Pero cuando hablaste te oías molesta y yo creí que era porque había ocurrido antes.
- ¿Por qué no me dijiste lo de las amenazas? ¿Desde cuando las recibes?
- No quería preocuparte. Ya estabas bastante asustada para que yo aumentara tu preocupación con cosas que puedo manejar.
- ¡No es justo! Eres tú el que anda pregonando eso de ser pareja, de tenernos confianza y eres el primero en ocultar las cosas. ¡Cómo esperas que te tenga confianza si tú no confías en mí!
- No es que no confíe en ti, Yukari, es que no quiero cargarte con preocupaciones. ¿De qué hubiese servido contártelo? ¿Qué hubiese podido hacer?
- Me habría ido antes para no ponerte en peligro. Si hubiese sabido que también irían contra ti, me hubiese alejado.
- Lo sé. Por eso no te lo dije. Sé lo testaruda que eres y no quiero que te vayas. No puedo dejarte sola.
- Eso es algo que me tocaba decidir a mí. No te concernía, ni tenías derecho a decidir por mí.
- Claro que me concernía. Todo lo que tiene que ver contigo me concierne. ¿No lo entiendes?
- No empieces con eso. Ya lo hemos discutido y esa conversación no tiene sentido, la conclusión es la misma. Nosotros no tenemos un futuros juntos.
- Eso no lo sabes, y es porque no quieres ni siquiera darle una oportunidad.
- Así es. No pienso intentarlo de nuevo. No pienso volver a enamorarme de ti para que me vuelvas a dejar sola.
- ¡Sabes que no lo haré! Lo que pasó hace diez años fue decisión de ambos. Tú no quisiste venir conmigo a Francia.
- Eres tan egoísta. ¡No pude! No podía dejar a mi familia y mi carrera.
- Entonces no intentes huir con esa excusa. Ambos decidimos darle prioridad a nuestras carreras. Ya somos adultos, nuestras vidas y profesiones están consolidadas y se cruzan. Ya no hay nada que nos separe. Yo te amo, tú me amas. ¿Por qué te empeñas en separarnos?
- Es que no hay ningún nosotros! No puedo darme el lujo de dejarte entrar en mi vida nuevamente. Sino funciona, no lo resistiría.
La tensión del ambiente se rompió con los débiles sollozos d la morena.
Su máscara estaba rota y había caído. Sus miedos y temores, su fragilidad salían a la luz. Y no le importaba. George la conocía, con él no era necesario aparentar ser fuerte y de piedra.
George se acercó lentamente a la morena y la abrazó, mientras levantaba su rostro y limpiaba suavemente sus lágrimas con sus dedos.
- Durante diez años he esperado que volvamos a estar juntos. He soñado tantas veces con tenerte en mis brazos, con volver a besar tus labios y sentir tu cuerpo junto al mío.
Sus palabras eran sensuales e incitadoras, igual que las caricias de sus dedos alrededor de sus labios y en su cuello.
- Ya no somos niños. Sé qué es lo que quiero. Te quiero a ti, completa. Quiero tu cuerpo, quiero tu alma, quiero tu corazón… quiero tu amor… Dime, Yukari… ¿me quieres tú, a mí?
- Yo… yo - su mente se hallaba en un estado de confusión. Sus caricias no le permitían concentrarse y mucho menos pensar.
- Dime que no me amas, que no deseas estar conmigo y tal vez piense en dejarte ir – su sonrisa confiada apareció en su rostro, aturdiéndola aun más. Ante la mención de alejarle, instintivamente sus manos sujetaron sus brazos en un amago de impedir que se alejara – Yukari, dime que no deseas esto y lo dejaré –dijo contra sus labios, a milímetros de ellos.
La modelo lo miraba expectante, tenía los ojos brillando de deseo. Su cuerpo sentía la cercanía del peliazul y lo reconocía. Su corazón palpitaba al compás del de George y su mente se nublaba impidiéndole pensar.
- Yukari… - antes de que pudiese continuar, ella terminó con la distancia entre sus labios con un beso desesperado y hambriento.
Él la tomó por la cintura y terminó de juntar sus cuerpos, mientras correspondía al beso que tanto había esperado.
Cuando el aire era necesario, sus labios de separaron. Sus respiraciones intentaban regularse, mientras George repartía besos por todo su rostro.
- Tengo miedo….
- No lo tengas. Te prometo que no me volveré a ir. No te dejare, ni ahora ni nunca… acéptame Yukari, quiero me este segura de esto. Quiero que me desees con la misma intensidad con la que o te deseo.
- Te deseo… deseo esto – su voz ya era solo un susurro, que salía entre los besos que se propinaban.
- Todo va a estar bien. No dejaré que nada malo te pase, no volverás a estar sola… te amo, y no te dejare nunca.
Las palabras cesaron mientras ambos de acomodaban en la cama y las caricias, los besos iban en aumento.
Los labios del peliazul recorrían cada parte de su rostro con profunda avidez. Desde las orejas, pasando por su cuello y de vuelta a sus labios. Repetía la acción, mientras susurraba palabras de amor y sus manos recorrían las piernas de la morena.
Yukari se sentía delirar, mientras sus manos recorrían la fuerte y ancha espalda de George. Tantos recuerdos le venían a la mente con esa simple acción, tanto tristes como alegres. Se obligó a dejar de pensar en eso y enfocarse en la sensación que le producían los besos del diseñador al bajar por su clavícula hacia sus pechos.
Yukari liberó un profundo gemido cuando el peliazul logró llegar hacia sus sensibles pechos y los tomó con sus labios y manos.
El escucharla gemir solo consiguió excitarlo más de lo que ya estaba. Su nombre se escapaban entre gemidos de sus labios y él solo podía aumentar la intensidad de sus caricias, mientras sentía que dentro de él había fuego puro. Tenía unas enormes ganas de acabar con todo eso de una ez, darle a su cuerpo lo que pedía y saciar su deseo finalmente. Pero más fuerte que la necesidad era la nostalgia. Recordaba su primera noche juntos, en la que ella también se había mostrado nerviosa y torpe, pero totalmente entregada.
Igual que hoy, Yukari era pasión pura, cuando la veía gemir en respuesta a sus caricias, o cuando besaba sus pechos y ella inconscientemente se arqueaba para prolongar el contacto y cuando sus caderas se unían a las de él en una sensual y erótica danza que lo estaba llevando al borde de la cordura.
Sentía sus pulmones arder por la falta de aire, peor no le importaba. Era casi nada, en comparación con las sensaciones que estaba experimentando. Sentía la fuerte presión de las caderas de George sobre ella y como su cuerpo reaccionaba con naturaleza al elevar las suyas imitando sus movimientos.
Las manos del peliazul bajaban hacia su entrepierna acariciando cada centímetro de ella. Sabía lo que iba a hacer y la estaba volviendo loca el que se demorase tanto. Todo su cuerpo y sus sentidos le gritaban reclamando por esas caricias.
Sintió como si le hubiesen sacado todo el aire del cuerpo de una sola vez cuando los dedos de George por fin llegaron a su destino. Las tiernas caricias que le propinaban consiguieron que los gemidos se volviesen más sonoros y los movimientos más intensos.
La estaba acariciando. Quería que ella estuviese totalmente preparada para recibirlo, y le estaba constando mucho mantener la cordura y no tomarla de una vez. Cuando la sintió lista y ansiosa, acercó sus labios nuevamente a su rostro y se posicionó sobre ella. Con un certero movimiento ambos se unieron en una danza que, por demás, conocían y anhelaban.
Después de que ambos hubiesen sucumbido al placer, yacían abrazados en la cama, aún despiertos. Se miraban en silencio, analizándose mutuamente, ambos con sonrisas en los labios, propinándose tiernas caricias en el rostro.
- ¿Dónde estuviste esta tarde?
- Estuve hablando con Isabella… cosas de mujeres…
- Ahhh…
- ¿Dónde estuviste tú? Me tuviste muy preocupada.
- Lo siento – se levantó un poco y se apoyo sobre su codo para quedar sobre ella, mientras que la acomodaba, aún más cerca – necesitaba pensar en muchas cosas.
- Antes, dijiste que estabas molesto. ¿Fue por cómo me fui esta tarde, fue por mi culpa?
- No. No fue tu culpa. Cuando te fuiste tuve un desagradable encuentro con tu exprometido. Fue a buscarte a la agencia y cuando yo salía lo encontré. Empezó a insultarte y no lo soporté. Lo golpee y luego lo sacaron los de seguridad.
- Sabes… ahora que lo mencionas he estado pensando que quizas sea él el que envía las flores.
- ¿Flores? ¿De qué flores estas hablando?
- He estado recibiendo flores desde antes del ataque. Cada arreglo tiene detalles que solamente alguien como Kuno podría conocer. Las notas son un tanto extrañas, pero no se me ocurre quien más podía ser.
Ante el silencio del peliazul, la morena levanto el rostro para mirarlo directamente y se sorprendió al encontrara una mirada tan seria y perdida en su rostro.
- ¿George?
- Es mejor que durmamos. Mañana hay muchas cosas que hacer aún. Recuerda que las pruebas del vestuario empiezan ya.
- Es cierto, quería hablar contigo acerca de…
- Mañana Yukari… mañana – con un último beso, la acunó en sus brazos y se acomodo para poder descansar, al fin.
La morena, lo observó por un rato. Apreciando más de cerca sus relajadas facciones, grabándolas en su mente, junto a los otros recuerdos que ya tenía ahí. Cuando los ojos se le empezaron a cerrar, lo último que pasó por su mente fue el anhelante deseo de que todo saliese bien y que estar con George no fuese un error.
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Las pruebas de vestuario siempre habían sido tediosas. Pasar todo el día probándose vestido tras vestido. Pasando de mano en mano, para ver qué color combinaba con tus ojos, qué sombras debían usar, cómo debían arreglar tus unas, los zapatos que cada conjunto llevaba; y lo más tediosos y aburrido: los peinados que cada vestido llevaría.
Si fuese cualquier otro día, y cualquier otra prueba, estaría – como siempre – con una cara de aburrimiento total y de mal humor. Pero esa no era cualquier prueba de vestuario, ni mucho menos cualquier mañana.
Después de diez años, volvía a usar los modelos de George y eso la llenaba de una alegría y nostalgia inmensurables. Verlo junto a los demás maquilladores y costureros, probando los vestidos, repartiendo ordenes y dando instrucciones la llenaban de una secreta satisfacción y orgullo. Era todo un personaje y ella no era la única en reconocerlo. Todas las modelos chillaban y cotorreaban emocionadas por poder verlo y hablarle, lo que la molestaba en demasía.
Pero ella sabía que ellas no importaban. Él se lo había dicho y demostrado tantas veces la noche pasada. De solo recordarlo, sentía que la sangre corría a cumularse en sus mejillas y que un suspiro se escapaba de sus labios. Y no solo era ella. Sabía, por las miradas que le había dedicado toda la mañana, que para él el recuerdo también era muy fresco.
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Era simplemente asqueroso y sumamente irritante. Toda la mañana había soportado esas indiscretas miradas y sonrojos por parte de la pareja. Desde el momento en el que habían llegado – ¡ lo habían hecho juntos y abrazados! – estaba soportando todas las cursilerías de ese par, pero ella no estaba dispuesta a seguir soportándolo.
La vio apartarse de la sala en la que se estaban realizando las pruebas y no dudo en seguirla. La vio parada en el corredor mientras hablaba por teléfono. Se acercó sin ninguna vacilación y la cogió de un brazo, haciéndola girar violentamente.
- ¿Qué es lo que quieres Aso? –le espetó
- ¿Qué fue lo que le dijiste? ¿Qué fue lo que le diste para que te quiera a su lado nuevamente? ¿Acaso fuiste con tu patético teatrito de niña violada a llorarle y suplicarle?
- No tengo porque recurrir a tus tretas para tenerlo conmigo. Supéralo de una buena vez. Él no te quiere, ni te quiso nunca. Déjanos en paz de una buena vez y apártate de mi camino.
- ¡George es mío y tú, una cualquiera, no vas a quitármelo!
- No te atrevas a insultarme Aso, que no eres nadie. Yo no tengo porque quitarte nada, porque él no es tuyo ni te pertenece. Nunca has sido competencia y eso me ha quedado muy claro ya – sonrió confiada, dándole a entender el significado de sus palabras.
La rabia se apoderó de la pelirroja al escuchar esas palabras. Levantó la mano intentando abofetearla, pero la morena fue más rápida que ella y detuvo su mano.
- No te atrevas siquiera a intentarlo. No me conoces y no te conviene intentar conocerme – soltó su mano con fuerza, alejándola de ella – Mira en lo que te has convertido – le señaló con frialdad – Una mujer desesperada, ¿así esperas que George siquiera voltee a verte?
La morena se alejo por el pasillo rápidamente, dejando a la pelirroja sola con su humillación.
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Cuando la vio entrar de nuevo a la sala de pruebas, el diseñador se acercó rápidamente a ella.
- ¿A dónde fuiste? – le pregunto con una sonrisa, mientras le rodeaba la cintura.
- Miwako me llamó. Ella e Isabella quieren que almorcemos juntas, pero les dije que ya había quedado contigo, así que dijeron que te invitase y que fuésemos los dos.
- Lo siento, pero va a ser imposible. Ha habido un problema con dos de los vestidos y debo arreglarlos rápidamente si queremos que la prueba siga por la tarde. Así que creo que por esta vez, solo serán ustedes tres.
- Oh, está bien. Quieres que te traiga algo del restaurante o piensas ordenar comida?
- No, está bien si me tares algo, no creo tener tiempo ahora, así que lo comeré cuando vuelvas. Saluda a Miwako de mi parte y a Isabella también. Pregúntales si podemos salir a cenar los cinco juntos esta semana.
- Me gusta esa idea, les preguntaré. Entonces nos vemos – sus rostros estaban ya muy juntos y sus miradas brillaban al reflejarse en os ojos del otro.
- Te estaré esperando – la jaló por la cintura y la besó suavemente. La morena respondió gustosa, abrazándolo.
Cuando se separaron, ella se alejó sonriendo y agitando la mano en señal de despedida.
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- ¡No puede ser, maldita sea! ¡Como te atreves George Koizumi! – Koishi Souma observaba la escena que la modelo y el diseñador protagonizaban en la sala de pruebas. El modo en el que se trataban no podía ser real
Golpeó la pared furioso, al verlos besarse. ¡Cómo se atrevía a tocarla, a profanar sus labios! Ella era de él, solamente suya. Cómo de había atrevido Yukari a hacerle eso ¡Besarse con otro hombre!
No lo permitiría. No permitiría que ese hombre se la arrebatara. Estaba seguro de que algo tenía que estar haciéndole a la morena para que lo aceptase, porque ella lo amaba. Estaba seguro de eso. La modelo lo quería a él. ¡NO PODÍA AMAR A OTRO HOMBRE!
El timbre de un teléfono interrumpió sus delirantes pensamientos, y se fijo que en la sala ya solo estaba el diseñador.
- ¿Miwako? No se la ha olvidado, pero ahora se la alcanzo, todavía debe seguir en el edificio. .. Sí, debe estar saliendo recién. Si…. Ella te cuenta. Nos vemos abajo.
El peliazul salió con una cartera negra, que reconoció como la de la morena. Rápidamente salió tras de él, hacia la planta baja.
Una vez que llegaron al primer piso, lo vio preguntarle algo a la recepcionista y salir rápidamente por la puerta. A medida que se acercaba a la misma, escuchó como la llamaba, y luego un fuerte grito.
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La modelo estaba esperando el cambio de luz para poder cruzar. Sus amigas la esperaban a pocas cuadras para ir a comer, así que no era necesario que llevase el deportivo solo, por pocas cuadras, que bien podía recorrer caminando.
La luz por fin cambió y estaba cruzando con la marea de gente, cuando se percató de que había dejado el bolso en el edificio. Que bueno, que no se había alejado mucho. Esta volviéndose cuando escuchó que la llamaban. Era George.
Pero ella no lo escuchaba ni lo veía. Su atención se había centrado en el auto que veía en dirección hacia ella- acelerando, en vez de frenar –, sin la menor intención de detenerse. El chirrillido del auto al intentar frenar, gritos y pasos fue todo lo escuchó antes de que la oscuridad la cubriera.
Notas:
Hola a todas!
Me pregunto si habrá alguien ahí todavía. Deben odiarme por demorara tanto.
Lamento mucho lo desconsiderada que he sido. Esta vez si que rompi la marca de tiempo.Sé que dije que publicaría este capitulo en marzo y no tres meses después, pero todo ha sido culpa de mi inspiración. No sabía como escribir este capitulo. No me gustaba como salía y lo intente escribir varias veces, pero ninguna me convenció.
Sé que no es excusa, pero yo sinceramente prefero demorarme a entregar cualquier cosa. Creo que ustedes no se lo merecen.
Bueno pues, aquí está el capitulo once,al fin!
Si ya lo han leido se habran dado cuenta de mi "intento" de lime. La verdad es que no tenía ni idea de como escribir esa parte. Estuve tentada a simplemente omitirla y hacerla de sobreentendimiento, pero luego me dije que no seria tan malo intentarlo. Espero que no la odien y que me disculpen si es muy mala, pero nunca había escrito un lime en mi vida. Por un momento consideré hacer un lemmon, pero no sabía si les iba a gustar o no. Además de que tendría que subir la categoría del fic. En fin.
Las cosas entre Yukari y George han dado un salto gigantesco. Por fin estan juntos, o al menos eso parece por el momento. Las cosas ya empiezan a revelarse y las peleas estan por empezar. Y como siempre, yo, no puedo dejarlos felices y contentos por mucho tiempo, que ya metí a Yukari en una situación muy peligrosa.
Tendremos que esperar para ver como sale de este accidente.
Agradecerles a todas y cada una sus reviews y su preocupación por el fic. No prometo actualizar pronto, porque la proxima semana tengo un examen y sería mentirles. Pero hare mi mayor esfuerso para que la actualización no pase de julio.
En fin, esperare a ver si todavía siguen interesadas en este fic y si dejan algun review.
Cuidense mucho y nos veremos.
Arcueid
