Capítulo XII

A la mañana siguiente el tema de conversación era uno solo: un Potter había acabado en Slytherin. Algunos habían pronosticado ya el nacimiento de un nuevo mago tenebroso, que Scorpius le había explicado, "es una especie de dictador en el mundo mágico, como el Hitler ese". A Jake le pareció incluso gracioso que el colegio pensase así de su amigo Albus. Si le hubiese tocado a él, lo habría exprimido al máximo, pero Albus no parecía estar disfrutándolo, ni mucho menos. Cuando entraron al Gran Comedor a desayunar todo el mundo se quedó callado mirándole.

-Es muy simple, tío, -le susurró Jake mientras se dirigían a su sitio- cuando te apetezca comerte la merienda de otro le sueltas un: ¡como no me la des, te lanzo un mal de ojo! Y si no te apetece levantarte para coger algo, le dices al imbécil que tengas más cerca: "levántate tú y cuando llegue el día del juicio final puede que te perdone la vida". -Albus sonrió ligeramente.

-Jake, sigues sin tener ni idea de cómo funciona el mundo mágico. ¿Qué cojones es un mal de ojo? ¿Y el juicio final? ¿Eso lo has sacado de alguna de esas pelucas muggles de Hollywoff?

-Tío, parece que hablas otro idioma, en serio. Lo que intento decirte es que, si te tienen miedo, mejor para ti. No tienes ni idea de lo que hace la gente cuando te tiene miedo. -Scorpius, que se había sentado en frente, los miraba a los dos, sin saber muy bien si entrar en la conversación o no.

- ¿Y tú sí? -preguntó Albus sarcásticamente.

-A mí no me tenían miedo, me tenían respeto porque era el más popular del cole. Eso es aún mejor. -Comentó orgulloso Jake. A Scorpius se le escapó una risita.

-Engaña lo que quieras a Potter, -le susurró- pero en el cole nadie te tenía respeto. Me adoraban a mí porque su deseo más profundo era el de que les invitase a mi mansión una tarde.

-Malfoy, a ti nadie te ha invitado a unirte -le espetó Albus. Y acto seguido comenzó a servirse bruscamente bacon y huevos de una de las bandejas. Scorpius puso aquella mirada vacía que ponía cuando, Jake suponía, juzgaba que todavía no era apropiado matar a quien le había ofendido. Ewan estuvo a punto de intervenir, pero Scorpius volvió a impedírselo con una sola mirada. "Ese es más o menos el respeto al que yo me refería", pensó Jake.

Dedalus Hamsley estaba pasando por las mesas repartiendo unas hojas a todos los alumnos. Era un hombre de una cierta edad, con pelo canoso y que caminaba algo encorvado. Sin embargo, parecía más jovial que muchos de los chicos de ese comedor. Vestía una túnica negra similar a la que había llevado el día anterior, mucho más escueta que las vestimentas del resto del profesorado. Era el único profesor al que había conocido, aunque había unos cuantos desayunando en la mesa de profesores, cada uno con aspecto más estrafalario que el anterior.

- ¡Buenos días! -saludó jovialmente-Yo soy Dedalus Hamsley, el jefe de la casa de Gryffindor y el subdirector de la escuela. -sonrió ampliamente y dedicó un segundo para mirarlos a todos- Aunque no seáis de mi casa, siempre podréis contar conmigo para lo que necesitéis, ¿de acuerdo? Las fuerzas oscuras que habitan ahí fuera no entienden de casas -se dirigió especialmente a Albus mientras decía eso último -mientras tanto os traigo vuestros horarios… primer curso de Slytherin… aquí están. Vaya, ¡parece que os veo esta misma mañana en clase de Defensa contra las Artes Oscuras! -empezó a repartir una hoja a cada alumno de primero, sin percatarse de la cara de asco que le habían puesto los mellizos Collinwood- ¡Entonces ahora mismo nos vemos! -y se dirigió a la mesa de Gryffindor.

-Mi hermano dice que es el profe más guay de todos, aunque está como una cabra -le dijo Albus un poco más contento mirando el horario -y da la mejor clase de todas, Defensa contra las Artes Oscuras. La tenemos hoy después de Encantamientos y antes de Herbología. -continuó mientras inspeccionaba el horario.

Jake miró el horario que tenía en la mano. Había asignaturas con nombres un tanto extraños, pero le pareció que le podían interesar más que las de los colegios muggles. No había ninguna que se pareciese a matemáticas, y eso ya era muy buena señal.

El profesor de Encantamientos era el hombre más bajo y anciano que Jake había conocido. Albus ya le había avisado mientras se dirigían al aula de que no era totalmente humano, pero eso no había evitado que no pudiese quitarle los ojos de encima mientras se dedicaba a apilar un montón de libros cerca del atril para poder subirse. Bastaba con echar un rápido vistazo al aula para saber que el resto de los alumnos encontraban igual de interesante a su nuevo profesor. Esa asignatura la compartían con los de Hufflepuff, que debía ser la casa con menos alumnos de primero, solo tres chicos y tres chicas, que no estaban precisamente muy contentos de tener que dar clase con los de Slytherin. Se habían sentado todos juntos y apiñados en un extremo de la habitación y no paraban de mirar de reojo a los mellizos Collingwood, a Scorpius o al propio Albus. Una niña de largo pelo color canela apretaba la mano de otro chico mientras susurraba algo aterrada.

- ¡BUH! -le gritó Harmony Zabini riéndose todo lo alto que podía junto con Ada Crabbe. La pobre niña pegó un respingo y Jake supuso que eso era suficiente para que no la fuesen a dejar en paz por toda una semana.

-En este colegio -empezó a decir el profesor -os enseñarán muchas cosas. No os equivoquéis, la mayoría de magos, en su día a día, solo utiliza los hechizos que se enseñan en esta asignatura. Os recomiendo pues que os lo toméis en serio, porque esta es, al mismo tiempo, la asignatura más difícil de todas. Equivocarse en un movimiento de varita, en la pronunciación de un hechizo, puede resultar fatal, no lo olvidéis. Mi nombre es Filius Flitwick, por cierto. -Los miró a todos y comenzó a pasar lista. La chica a la que Zabini seguía torturando con amenazas no verbales se llamaba Melissa Wood y el chico que la consolaba Nathaniel Sanders.

-A Hufflepuff suelen ir los hijos de muggles. -le explicó en voz baja Albus- Están tan asustados porque no se enteran de nada, bueno, todos menos Wood y Sanders, que son sangre limpia, y porque alguno de mis primos les habrá dicho que los de Slytherin son todos unos asesinos.

-Somos -le corrigió Jake. Albus puso los ojos en blanco y volvió a atender al profesor Flitwick.

- Pero ¿qué hacéis todos ahí sentados? Levantaos y a hacer magia. ¡Varitas en mano!

Jake había albergado en los últimos días tanto miedo a que llegase ese momento, que ya se había acostumbrado. Era el momento de hacer magia, y algo dentro de él le decía que no iba a ser tarea fácil. Cogió con miedo su varita y se colocó en una parte del aula entre Albus y Scorpius, tal y como Flitwick les había indicado.

-El hechizo que aprenderemos es con diferencia el más sencillo que podáis imaginar, pero requiere de concentración, no solo para producirlo sino principalmente para mantenerlo activo. -Flitwick siguió hablando acerca de los peligros de hacerlo mal, como que la varita podía incendiarse, pero Jake solo lo escuchaba a medias. Scorpius lo notó e intentó tranquilizarle como pudo.

-Relájate -le susurró -si estás tan nervioso no lo conseguirás.

-Gracias por los ánimos, joder -le increpó Jake.

Cuando empezaron a practicar el hechizo Lumos, todos los alumnos se encontraron en dificultades y el primero en conseguirlo, cómo no, fue Scorpius, quien sonrió satisfactoriamente y miró a su alrededor para comprobar que todo el mundo lo había visto. El resto de los alumnos de Slytherin le siguieron de cerca y también buena parte de los de Hufflepuff. La clase, en realidad, no se centró en producir el hechizo, algo increíblemente elemental, según las palabras del profesor, sino en mantenerlo más de diez segundos. Al final de la clase, solo Melissa Wood, que seguía muerta de miedo, no había sido capaz de mantener su varita encendida tanto tiempo. Y luego estaba Jake, que no había sido capaz ni de encender su varita. Todo el mundo se había dado cuenta, ya que Flitwick no se había apartado de su lado intentando ayudarle, y algunos empezaban a susurrar cosas acerca de su incompetencia.

- ¡Cinco galeones a que es un muggle y le han traído aquí por equivocación! -gritó Ewan cuando el profesor hubo abandonado el aula algo frustrado y los alumnos recogían sus cosas.

- ¡Repite eso y te lanzo un juicio final! -le respondió rojo de enfado Albus mientras se acercaba a Ewan con la varita levantada.

Jake no esperó a ver como acababa la heroica acción de su amigo y salió del aula. Se sentó en el pasillo porque la cabeza le daba vueltas y rezó para desaparecer. Joder, él siempre era el mejor en todo, pero había algo en la magia que se le atragantaba, y si en un mes no conseguía arreglarlo…No quería ni pensar lo que diría Derek, o su familia.

Alguien se sentó junto a él.

-Tu Potter y mi Nott se están liando a tortas ahí adentro -le pasó un brazo por los hombros y no dijo nada más.

-No estoy llorando -aclaró Jake después de un rato. Scorpius esperó un rato en contestar, posiblemente para escoger bien las palabras.

- Sé que puedes hacerlo, el problema es que piensas que no puedes. -Esperó un rato más- ¿No paraste un camión una vez? - "Y también maté a un hombre", pensó Jake.

-A saber si eso es verdad -dijo Jake completamente hundido.

-Jake, la magia no miente. -No lo dijo a modo de consuelo, sino como una constatación.

- ¿Qué significa eso? -A Jake no le parecía que fuese momento para andarse con acertijos.

- Significa exactamente lo que has entendido. -La gente empezó a salir del aula y Jake se levantó sobresaltado. No quería que viesen su debilidad.

Los de Hufflepuff se distanciaron lo antes que pudieron y se perdieron por uno de los pasillos y los de Slytherin se dirigieron a su segunda clase. Albus, solo y lleno de moratones, no se había tomado muy bien el verle junto con Malfoy mientras él peleaba por su reputación, o eso supuso Jake, porque lejos de dirigirle la palabra, ni siquiera le dirigió la mirada en todo el trayecto. Quienes sí lo hicieron fueron Ewan, quien se sujetaba dolorosamente el brazo y Harmony.

Cuando llegaron al aula los de Gryffindor ya les esperaban sentados en pupitres de dos en dos. Lo primero que Jake hizo fue buscar con la mirada a Derek, que estaba sentado con un muchacho al que recordaba de la noche anterior, Robert McMillan, pero que tuvo la delicadeza de levantarse y preguntarles a Albus y a él que tal estaban. Albus resopló y se sentó solo.

- ¿Con quién se ha peleado? -le preguntó a Jake el amigo de Derek, como si se conociesen de toda la vida.

-Que te den – le dijo despacio y mirándole a los ojos, procurando ofenderle todo lo posible. McMillan no reaccionó a tiempo para responderle y cuando lo intentó, Jake ya se había sentado con Albus. Su amigo hizo un espaviento cuando le vio sentarse junto a él pero en el fondo Jake sabía que no aguantaría mucho más enfadado.

Dedalus Hamsley no tardó en llegar, acompañado de la misma sonrisa cordial que esa mañana.

-¡Qué bien veros aquí a todos! Y más en tiempos como estos, es necesario que aprendáis a defenderos. -continuó tras una pausa. Sí, sí, en tiempos como estos…Nunca es tarde.

-Disculpe, profesor -la que hablaba era una chica rubia de Gryffindor – ¿qué tiempos son estos?

-Mi querida… ¿cómo se llamaba usted? -preguntó el profesor Hamsley algo confundido.

-Candence Bradley -respondió en voz muy baja.

-Mi querida Candence, ¿usted se siente segura aquí? -Le preguntó tras haberse acercado a su pupitre.

-Hasta hace un momento, sí. -dijo ella intimidada al ver que el profesor Hamsley no dejaba de mirarla.

-No debería…. Pero no se preocupen -se dirigió a toda la clase- yo les enseñaré a sentirse seguros, y más en estos tiempos que corren. -Volvió a sonreír. -Hoy empezaremos por algo muy simple, pero que es muy útil si las fuerzas del mal nos cogen por sorpresa como de hecho, sucede muy a menudo.

- ¿Qué es eso de las fuerzas del mal? -le pregunto en voz baja Jake a Albus.

-Ya te lo dije, está como una cabra. -sentenció él cortantemente.

-Así pues- seguía diciendo el profesor Hamsley- no hay nada mejor que un buen Confundus para sentirse a salvo en estos tiempos que corren. Levántense, vamos, les enseñaré cómo mover la varita para producirlo lo más rápido y dañinamente posible. Levántense.

-Dedalus, perdona que te interrumpa. -la profesora McGonagall se encontraba en la entrada del aula.

-Oh, directora McGonagall, pase, pase. -dijo el profesor Hamsley feliz.

-No será necesario, solo quería robarte un rato a uno de tus alumnos, Jake Green. Espero que no sea un problema -A Jake se le cayó el alma al suelo. ¡Había dicho un mes! Y solo había pasado un día… Despacio se levantó del pupitre ante la mirada de toda la clase y salió del aula junto con ella mientras el profesor Hamsley retomaba la clase.

Ambos caminaron en silencio unos segundos, y Jake supuso que sería así hasta que llegasen a su despacho, o a donde quiera que se dirigiesen, pero esa mujer le sorprendió.

-Al profesor Hamsley le gusta asustaros diciéndoos que las fuerzas del mal se aproximan y tonterías del estilo. -dijo con un tono más amable del que Jake habría esperado- No le hagáis caso, en realidad es el profesor más competente de todos los que tendréis. - Llegaron a un bonito patio en el que Jake no había estado antes y siguieron avanzando.

-Parece muy amable -dijo Jake pensando que la profesora McGonagall esperaba una respuesta de él. Supuso que no le había recogido del aula para contarle las bondades de ese hombre, pero ya sacaría ella el tema delicado cuando lo creyese conveniente.

-Este balconcito -dijo dirigiéndose a una esquina del patio desde la cual se podía ver buena parte de los terrenos de Hogwarts -puede ser un buen lugar para que hablemos. -Y se sentó en una esquina de un banco de piedra. Jake hizo lo mismo y esperó a que volviese a hablar. El patio estaba completamente vacío y se respiraba una calma extraña.

-El profesor Flitwick me ha contado del incidente de esta mañana. -dijo tranquilamente. Jake aguantó la respiración y se obligó a contestar.

-Ya le cogeré el truco -y en efecto, ese era su plan. Solo tenía que despistarla un poco, hacerla creer que lo tenía bajo control.

-Ese es el problema, Jake. En la magia no hay trucos.

-Si me permite, profesora, trucos es todo lo que he visto desde que he llegado aquí. –"Ni idea de por qué he dicho eso", pensó mientras lo decía, pero lo cierto era que en lo poco que llevaba ya le había parecido que la forma en la que aprendían los hechizos tenía algo de artificial. Ella suspiró levemente.

-Voy a intentar enseñarte Jake. Si existe, encontraremos la manera -dijo seria y sin mirarle.

-Gracias. -respondió Jake algo confundido por esa repentina amabilidad. Pensaba que ese día iba a ser el primero y el último en Hogwarts. La profesora McGonagall se levantó e hizo ademán de despedirse con la cabeza, pero Jake ya había formulado su pregunta.

- ¿Por qué? – En realidad, era una pregunta más compleja. ¿Por qué en vez de darle otro ultimátum, de repente se ofrecía a ayudarle? ¿Por qué no se lo encargaba a otro profesor, o a algún alumno más avanzado? ¿Acaso creía que enseñarle magia era una tarea tan complicada que solo ella podía lograrlo?

-Porque en el fondo, el profesor Hamsley tiene más razón de la que él mismo cree, Jake. Te veré todas las tardes una hora antes de la cena.