Notas de Autor: Last one, bitches. Lo lamento, estoy muy emocionada y me pongo grosera a veces. Yo en verdad no sé qué pasó aquí. Estoy de vacaciones y me senté a la PC y pues ... como que no ando de tan buen humor como creía, jaja.

El trastorno por estrés postraumático o TEPT es un trastorno psicológico clasificado dentro del grupo de los trastornos de ansiedad. Se caracteriza por la aparición de síntomas específicos tras la exposición a un acontecimiento estresante, extremadamente traumático, que involucra un daño físico o es de naturaleza extraordinariamente amenazadora o catastrófica para el individuo.


Premisa: Emblemas y sus opuestos. Genee


"La batalla entre el bien y el mal corre a través del corazón de todo hombre." Aleksandr Solzhenitsyn


Aún hay noches en que se despierta temblando, empapado en sudor frío. Pasa sus dedos por su cabello para evitar o disfrazar el temblor de sus manos y muerde sus labios para callar los sollozos que amenazan con despertarla. Se desliza en silencio fuera de la habitación, cerrando la puerta con todo el cuidado que su desesperación le permite. Corre al balcón - necesita aire, sentir el frío. Adentro, siente que se quema.

Lentamente trata de calmar su respiración, controlar su terco corazón que le está tatuando su forma en el pecho. A veces lo recuerda como una película, muda y sin color. Lo ve a lo lejos y no siente nada; ese no es él. Pero a veces el sonido se enciende de golpe y los colores le atacan la vista y Ken sabe que él hizo todo eso; estuvo a punto de destruir un mundo entero, y se alimentó por tanto tiempo de esa destrucción. Pensar que podría estar perpetuando todo eso le aterra, hoy más que nunca.

Han pasado años ya, pero las pesadillas persisten.

No puede evitar sentir el golpe en su estómago y la bilis que le alcanza la garganta. Esa noche, como tantas antes, vomita hasta que la garganta le arde; los ojos le lloran y su estómago se devuelve en sí, como si quisiera vomitar el hígado, el páncreas, el corazón. Ken se desliza en la fría pared del baño, limpia su boca con una pequeña toalla y trata de recordarse que la debe meter a lavar antes de que Miyako se de cuenta. Lava su rostro con agua fría y desprecia su reflejo, su perfilado rostro pálido salvo por esas ojeras enormes que le cuelgan bajo los ojos.

Cuando ella lo encuentra, sentado en el piso con la espalda contra la pared y los ojos cerrados, siente que se le rompe el corazón. Se arrodilla frente a él, lo trae a su pecho y él no rechaza el contacto. Se sabe un cobarde por aceptarla, por querer que lo acepte. Se sabe un monstruo por amarla, y esperar que lo ame. Miyako susurra palabras reconfortantes a su oído, le recuerda quién es y qué ha hecho. Le dice, me salvaste la vida, y él se siente morir porque ella no entiende aún que fue ella quién lo salvó a él.

Lo lamento tanto —él le dice, ocultando su rostro en su cabello color lavanda. Miyako le limpia las lágrimas, besa su frente y lo acerca más a su cuerpo.

—No eres esa persona, Ken.

Él no dice nada, no se siente capaz. Ella lo aleja, levanta su barbilla y con la otra mano toma la suya y la pone sobre su abultado vientre. Él quiere rechazarla pero siente que el corazón se detiene al sentir el movimiento bajo sus frías palmas. Lentamente, su otra mano se une y se postra ante ella, abrazando su abdomen y presionando su rostro a su vientre. Miyako pasa sus finos dedos por su cabello, le susurra que todo está bien. Sabe qué clase de cosa atormenta a su esposo, pero lo sabe más fuerte de lo que él piensa.

—Si lo fueras —le dice—, no podríamos haber hecho esto.

Ken se levanta, la toma de las manos. Miyako es más de lo que él merece y a veces le es difícil respirar cuando piensa en esto. La sorprende con un abrazo fuerte, un beso que sabe a disculpas torpes y miedos irracionales. Pone una mano en su vientre, tan suave y delicada como si fuera la suya propia. Recuerda lo que ha hecho, pero olvida que es más que eso — debe serlo, porque de otra manera ella nunca habría terminado amándolo como lo hace. Se dice a sí mismo que ella tiene razón, que lo que alguna vez hizo no lo define porque lo que ha hecho ahora es mucho más grande que eso. La vida que crece en su vientre es testamento de lo que en sus manos ahora es.

—Por tí—murmura contra sus labios—, nunca más lo seré.