Doce
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Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece, su propiedad es de Akira Toriyama.
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Espero que les guste
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El lado pobre de la ciudad seguía igual que la semana anterior: sucio, oscuro, y con el típico olor a podrido, ya sea de cuerpos de animales o cuerpos humanos. La policía trataba de estar alejados de ese lugar, puesto, que ya era irremediable. Por eso, los proveedores de drogas eran más libres; las prostitutas, conseguían clientes de altos rangos, debido a que políticos, gente adinerada venían a cumplir sus sucios deseos en aquel lugar.
Las pancartas neón de las residencias brillaban cada dos casas, y cada esquina, podía verse un indigente, que antes solía ser una persona común que se sumergió en las drogas.
En ese lugar no había reglas, y la persona que entraba ahí buscaba la forma de defenderse por sí misma, nunca verías a alguien defendiendo a otra persona.
Lapis aparcó en la esquina y salió del auto, éste no era para nada lujoso, así que nadie le ponía el ojo. Lo convirtió en cápsula y se dirigió al escondite de Carl.
—Oye, chaval —Lapis se detuvo cuando un hombre lo interceptó por delante—. Dame esa cápsula con el auto —Lapis enarcó una ceja y notó que el tipo tenía una pistola apuntándolo.
¿Era enserio? ¿Lo estaba atracando?
—¿Que pasa? ¿Te quieres morir? —Lapis soltó una risa que confundió al hombre. De forma rápida, sin que el tipo lo previera, Lapis le pateó en las costillas y le torció la mano hasta quitarle el arma, que no fue difícil. Apuntó al hombre y, sin dudar, apretó el gatillo. Un sonido sordo salió de la pistola, sin la bala, Lapis enarcó una ceja y la revisó notando que estaba descargada.
—No me juegues —Le dio una patada al hombre tirado y le tiró la pistola—. Vaya forma absurda de atracar —Solo le dijo eso y siguió caminando.
Llegó a la esquina de Carl, ésta fumaba un cigarrillo y lo miraba sorprendido.
—Tienes nervios de acero, chico —Lapis solamente se encogió de hombros— ¿No serás policía? —Los ojos verdes de Carl lo miraban con sospecha.
—Por favor, tengo 15 años —Carl se encogió de hombros—. Además, si fuese policía ya te hubiese agarrado —Carl soltó una risa notando la sinceridad en el rostro de Lapis.
—Si no tienes trabajo, podría hablar con mi jefe.
—Pensé que tu eras tu jefe —Carl frunció el ceño.
—No, lastimosamente no ¿Entonces? —Le entregó un sobre que Lapis abrió de rapidez. Miró las identificaciones, las leyó notando todo en orden; luego los registros y por último las licencias—. Paga —Lapis sacó de su bolsillo el dinero que faltaba, Carl los contó con rapidez— ¿Deseas comprar otra cosa? —Lapis arrugó la nariz ante la bolsita que Carl le ofrecía.
—No, gracias —No estaba para empezar aquella enfermiza adicción.
—Bien, Lapis —Carl le sonrió—. Si aun no consigues trabajo, yo te puedo ayudar con mi jefe. Te veo futuro en un negocio así, muchacho —Lapis asintió, sí, se veía como un criminal.
Al entrar al auto y conducir hasta la academia para buscar a su hermana, se dispuso a pensar: La verdad, no era mala idea, dinero fácil, y ni decir que fuese tan peligroso, pues, la policía no andaba mucho por ahí.
Frunció el ceño y tamborileó los dedos mientras esperaba que el semáforo se pusiese en verde. Suspiró, sí, podría trabajar ahí.
Aparcó frente a la academia y salió, se apoyó en la puerta mientras seguía tirando cabeza de qué hacer.
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Grenda nunca se imaginó lo talentosa que Lázuli era, se impresionó que aprendiera toda una rutina en solo una semana, cuando a las otras chicas les costó más.
En su academia, había por lo menos 30 chicas, desde los 7 hasta los 25 años. La presentación que tenían en tan sólo unos días era grande, y ya habían vendido todas las boletas.
Había pensado en que Lázuli no debía bailar, pero la joven era demasiado talentosa como para no darle la oportunidad.
—Pensé en darte la oportunidad, lo has estado haciendo bien —Le dijo Grenda cuando la hubo llevado a un lado. A Lázuli le brillaron los ojos—. Bailarás este sábado, pero al fondo.
—Muchas gracias —Dijo la joven tomando la mano de la maestra y apretándola. Grenda sonrió ante el entusiasmo de la chica y le extendió un boleto.
—Toma, puedes llevar a un invitado. Ve a cambiarte —Lázuli tomó el boleto, le volvió a agradecer a su maestra y se dirigió al vestidor. Algunas otras bailarinas ya se habían cambiado, y otras, mantenían la vista fija en la ventana.
—Tiene un porte tan malo —Suspiró una.
Lázuli se quitó el Maillot y las mallas y enseguida se cambió con un jean y un jersey.
Mientras se ponía sus tenis, se preguntaba que llamaba tanto la atención de sus compañeras.
—Hey, Lázuli. Ven aquí y dime que no es lindo —Una muchacha de unos 18 años, de cabello castaño la llamaba. No había hecho muchos lazos con sus compañeras, solamente ellas conocían su nombre.
Lázuli se acercó a la ventana del segundo piso y miró a la calle, ahí abajo, estaba Lapis apoyado en la puerta del auto. Las chicas estaban suspirando por el idiota de su hermano.
—Ya me vinieron a buscar —Se alejó de la ventana y tomó su bolso ante la mirada sorprendida de sus compañeras. Mientras bajaba, las chicas volvían a mirar por la ventana.
Cuando Lázuli salió, Lapis puso las manos en alto.
—¡Gracias, Kami-sama! —Lázuli puso los ojos en blanco—. Te demoras una eternidad ahí.
—Tú eres el que quiere venir a buscarme, puedo caminar muy bien a casa, no está tan lejos.
—No te dejaría ir sola, podrían hacerte algo —Sabiendo que su hermano se burlaba, ella le lanzó una patada que le dio en las costillas. El chico se quejó y su hermana le sonrió burlonamente.
—Es triste que estés haciendo el ridículo frente a tus admiradoras —Lapis enarcó una ceja confundido. Lázuli le señaló la ventana y él levantó la vista: Tres bailarinas lo miraban—. Llevan mirándote desde que llegaste. Felicidades, adonis, te ganaste mujere años mayor que tú —Lapis le dio una sonrisa coqueta a las muchachas y les guiñó el ojo. Ellas le saludaron. Lázuli puso los ojos en blanco y jaló a su hermano de la camisa hacia el auto—. Vamos.
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Cuando vieron el auto partir, las chicas se separaron de la ventana.
—Esa muñequita tiene suerte —Dijo una de las bailarinas, la de cabello azul oscuro. Se encendió un cigarrillo al ver que solo quedaban ellas tres.
Las otras dos chicas, la castaña que había llamado a Lázuli, y una pelinegra decidieron comenzar a cambiarse.
—Escuché que van a dejarla bailar el sábado —Dijo la castaña. La de cabello azul exhaló humo y miró sorprendida a su compañera.
—¡Pero si lleva solo una semana!
—Va ser al fondo, además, Madame cree que es muy talentosa.
—Y vaya que lo es —Dijo la pelinegra—. Se aprendió toda la rutina en solo una semana, y dicen que es la primera vez entra a una academia.
—Belleza, talento, un sexy novio ¿Y vieron esa delicadeza con la que baila? ¡¿Qué más hace esa muñequita?! ¿Vuela? —Las otras dos chicas rieron.
—No te lo pierdas, también practicó artes marciales —Dijo la pelinegra.
—Somos tan mundanas en comparación con ella —dijo la castaña.
La que fumaba exhaló humo.
—Ni te lo imaginas.
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—¿Hablas enserio? —Preguntó Lapis mientras metía otro trozo de pizza a su boca. Lázuli asintió y comió de la suya, a pesar que debía mantener una dieta, se daba algunos gustos.
—Deben creer que eres mi novio ¿Es que acaso no notan que nos parecemos?
—Además ¿Que chico podría soportarte? —Lázuli miró a su hermano con la ceja enarcada—: Eres molesta, vanidosa, grosera ¡Auch! —Lázuli había golpeado a su hermano por debajo de la mesa con su pie, Lapis le devolvió el golpe.
—¡Auch! —Ambos se acariciaron el lugar herido— ¿Y que me dices de ti? —Contraatacó la rubia—. Eres sanguinario, un idiota, un grosero.
—¿Sabía que a las chicas le gustan los chicos malos?
—¡Ja! Claro.
—Ya recuerdo, a ti te gustan los héroes, como el enano ese —Lázuli se sonrojó y comió de su pizza. Lapis enarcó una ceja mirándola—. ¿Qué pasa? —La rubia tomó su bolso y sacó el boleto de él.
—Me dejaron bailar este sábado.
—¿Y eso no debería alegrarte? —Lázuli bajó la mirada.
—Pues sí… Pero… No puedo hacerlo.
—¿No puedes bailar? —Lázuli negó con la cabeza.
—No puedo alegrarme.
—¿Por mamá? —Lázuli suspiró.
—Sí, es que solo ha pasado tan poco y…
—¿Que hemos hablado de esto, Laz? Tenemos que superarlo, no podemos estar de luto para siempre. No podemos enfrascarnos en el pasado, ella no lo hacía —Lázuli odiaba eso, odiaba que Lapis se comportara de aquella forma. Como si fuese más maduro que ella, como si nada hubiese pasado, como si su vida no se hubiese ido a la reverenda mierda. Apretó los dientes.
—¡Deja de hablarme así! —Exclamó golpeando la mesa, los otros clientes se los quedaron mirando, así que ella simplemente se sonrojó y se acarició las palmas de la mano.
—Lázuli.
—Olvidalo ¿Fuiste a buscar eso? —Lapis suspiró y asintió. De su mochila sacó la identificación y la licencia de su hermana. Lázuli miró la identificación, en verdad no era su mejor ángulo. Sorprendiendo a su hermano la olió.
—¿Hueles eso, Lapis? —El chico enarcó una ceja—. Drogas, negocio sucio, mercado negro y… —volvió a oler—, algo de labial de prostitutas —Lapis puso los ojos en blanco.
—¿Quieres vivir en esta ciudad indocumentada? ¿Que nos termine agarrando la policía y terminar en un orfanato? La capital del Oeste es muy diferente a la del Este, muy diferente a los otros lugares en los que hemos estado —Lázuli tamborileó los dedos y miró hacia otro lado. Suspiró y miró a su hermano.
—Debo comenzar a buscar trabajo, así podré pagarme la academia yo misma y, aportar para la comida y el departamento —Lapis se encogió de hombros.
—¿Ya tienes algo pensado? —Lázuli negó con la cabeza, buscaría en cielo y tierra algún trabajo decente.
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Fue a la noche siguiente, hizo la misma rutina de las dos veces anteriores. Carl estaba en su esquina, su territorio. Mientras caminaba hacia el hombre, sintió que le palmeaban el trasero, sobresaltado, dispuesto a golpear a quien hubiese cometido tal atrevimiento, se dio la vuelta. Se encontró cara a cara con la prostituta que le había dicho el lugar de Carl, sus ojos estaban rojos y estaba despeinada, sus labios carmín formaron una sonrisa.
—¿Esta vez si vienes por más, niño? —Ignorandola, se volvió a dar la vuelta y caminó hasta Carl. El hombre reía y Lapis comenzaba a sospechar que él observaba cada movimiento que hacía desde que aparcaba.
—Imán de chicas ¿Eh? Todo un conquistador —Lapis puso los ojos en blanco, Carl le ofreció un cigarrillo—. ¿Fumas?
—No, gracias.
—Si planeas tener la edad que pusieron en esa identificación, deberías dejarte de niñadas —Insistió con el cigarrillo. Lapis frunció el ceño y lo tomó. Un cigarro no haría la diferencia ¿Verdad?
Lo puso entre sus labios y Carl le dio fuego, Lapis le dio una calada y se ahogó con el humo.
—Despacio, niño —Dijo el hombre al verlo toser—. Tómatelo con calma —Le palmeó la espalda—. Ahora sí, Lapis ¿Para que me buscas?
—¿Aun está abierta la propuesta?
—¿La de trabajar con nosotros? —Lapis asintió, Carl enarcó una ceja—. ¿Y a qué viene ese repentino cambio de idea?
—Nunca te dije que no —Contestó Lapis, y le dio una calada al cigarrillo, volvió a toser un poco, debía admitirlo, esta cosa no era tan mala.
—Pero lo pensaste rápido, normalmente la gente se toma tiempo pensando, no es fácil andar en este negocio.
—¿No es fácil? ¿Pero aun así se lo ofrecen a cualquiera?
—Nosotros sabemos escoger, chico. Y tú tienes potencial, el jefe vio potencial con sólo mirar tu imagen —Lapis enarcó la ceja. Sentía que había algo más oculto, pero no sabía qué.
No le dio importancia.
—¿Que debo hacer?
—El sábado en la tarde nos reuniremos, llega a mi oficina y ahí te digo —Lapis asintió—. No te diré más nada —Dando aquella conversación por terminada, Lapis se alejó.
De camino al departamento, pensó que la cosa había sido fácil para un negocio tan sucio.
Él no sabía que las consecuencias se verían en el futuro, no solo marcadas en él, sino también en los que amaba.
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La mujer de cabello gris se bajó los lentes y la miró.
—No pareces de 17, querida —Lázuli le sonrió, tratando de no sentirse nerviosa. La anciana la volvió a mirar, y miró la identificación—. ¿Quieres tomar el puesto de mesera?
—Sí, señora.
—No estoy pagando un dineral, cariño. Este es un simple negocio familiar, sólo que mi esposo y yo ya estamos muy viejos —Lázuli miró el lugar: una linda cafetería, cuya iluminación, cuando era de día, se filtraba por los grandes ventanales; había unas diez mesas con manteles de color pastel, y sillas rústicas; había varias parejas tomando un café nocturno, comiendo postres, o comiendo algún helado, todas hablando entre ellos; paredes marrones claras, pisos blancos, el lugar era verdaderamente encantador.
—Me gustaría trabajar aquí —La anciana le sonrió a Lázuli, había estado admirando el cómo la muchacha miraba el lugar.
—¿Me dijiste que bailabas? —Lázuli asintió— ¿A que hora?
—De 2 a 6, de lunes a viernes.
—Bien, entonces harás esto: Vienes temprano, a las 9 abrimos, te vas a la 1 a tu ensayo y vuelves a las 7, y hasta las 11 que cierras ¿Te parece bien? Los fines de semana puedes trabajar de 12 a 8.
—¿Todos los días?
—Tienes un día libre a la semana ¿Te gustaría empezar mañana mismo?
—¿Mañana? —Era sábado ¡No, tenía que bailar!— ¿Sería mucha molestia pedirle que mañana entre más temprano? Tengo que bailar en la noche.
—¡No te preocupes, mi esposo y yo apreciamos tanto el arte! Entonces entras a las 9 y te vas a las 6 —Lázuli asintió—. Espera aquí, creo que mi hija era de tu talla —Y se levantó, Lázuli suspiró, la verdad, esto le estaba dando miedo. Les estaba yendo muy bien, demasiado a decir verdad y cuando eso pasaba, era porque algo malo iba a pasar.
Lázuli miró a todos lados, tratando de hallar algo fuera de lo normal en aquel lugar, pero no había nada, el lugar estaba impecable, quieto. Afuera, la ciudad estaba siendo transitada, y eso era todo. Todo se sentía tan natural, el bullicio normal de una ciudad.
—Aquí está —La anciana le sonrió al dejarle, en una bolsa, un uniforme de color beige.
—Muchas gracias por esto —Le sonrió, se levantó y, volviendo a sonreír, salió del lugar. Caminó hacía el pequeño edificio en donde se situaba el departamento de ellos. No estaba tan lejos, a tan solo unas cuantas cuadras.
Cuando llegó, se encontró con que Lapis ya había llegado. Su hermano estaba en la pequeña cocina y ella sonrió burlonamente cuando lo vio cocinar. Él no era un experto, pero al menos hacía su intento.
—¿Podrías dejar de estar burlándote y venir a ayudarme? —Lázuli soltó una risita y dejó su bolso y la bolsa con su uniforme en el pequeño sofá. Se dirigió a la cocina y tomó unas verduras para empezar a picarlas
—Ya conseguí trabajo, es una pequeña cafetería que queda a unas cuadras de aquí. No me pagaran un dineral, pero al menos nos podremos mantener.
—Yo tengo una reunión mañana en la tarde, para ver si me dan un trabajo —Lázuli dejó el cuchillo en el mesón y miró a su hermano con el ceño fruncido.
—Yo mañana bailo —Lapis se sonrojó ¡No recordaba! ¡Que imbecil era!
—¿A qué hora bailarás mañana?
—A las 8 —La rubia se puso una mano en la cintura y siguió con su ceño fruncido.
—Cálmate, Laz. Sí alcanzo, no creo que la reunión se extienda —Meneó la sopa y Lázuli siguió picando los vegetales.
—¿Y a dónde vas a trabajar? —Lapis no supo qué responder, obviamente jamás le diría a Lázuli de esto, no iba a meterla en estos asuntos.
No, Lázuli no debía saber nada de esto.
—Emm… En una construcción —Fue lo primero que vino a su mente, Lázuli enarcó una ceja.
—¿Construcción? —Él asintió de inmediato, evitó la mirada de su hermana, pues ésta, sabía cuando mentía. Lázuli lo leía con claridad— ¿De qué? —Lapis miró por la ventana, estaban en un quinto piso, y a veces, podía ver algunas naves sobrevolando su ventana. Apenas pasó una, recordó algo.
—Es una nueva sucursal de venta de autos de la Corporación Cápsula —Volvió a menear la sopa, no dejó de hacerlo hasta que Lázuli dejó de mirarlo y echó las verduras y vegetales picados en la sopa. No conversaron mucho después de eso, siempre habían mantenido un silencio grato en su vida, desde que eran niños.
Ahora estaban obligados a madurar rápido, a crecer, a trabajar, para al menos, ser algo en el futuro.
Las dudas acarrearon a Lapis ¿Por qué él siempre buscaba el lado fácil de la situación? ¿Por qué siempre, en su interior, deseaba juntarse con chicos malos? ¿Por qué siempre anhelaba la oscuridad? ¿Por qué nunca la luz?
De las cosas que él más temía era arrastrar a su hermana hacia aquella oscuridad que era inevitable en él. La oscuridad ya habitaba en él, se dio cuenta cuando esa misma tarde no había dudado en disparar a su atracador. No, ahora que lo pensaba él no hubiese sido capaz de hacer eso antes, tal vez golpearlo, tal vez darle una lección, pero nunca disparar su arma a una persona.
¿La muerte de su madre lo había cambiado tanto?
Sí, le había demostrado lo podrido que estaba el mundo, y que ellos solamente eran unas piezas de éste.
Nota: Sin duda, aunque no lo crean, las cosas se pondrán un tanto oscuras... Vemos a los gemelos sobrevivir en estagran ciudad, por lo cual, debido a su encanto nato, le salen las cosas facilmente. ¿No se han dado cuenta que cuando algunas cosas salen bien, es porque algo malo va a pasar? Pues en este fic serán así... Sí, les estoy dando el spoiler.
¿Recuerdan el giro de los giros? Serán en el proximo capítulo 3:)
Espero que les haya gustado este capítulo ¡Besos a todos!
