Muchas muchísisisismas gracias a todos por sus reviews enserio, ¿porqué son tan kjasfhajsdha? Sin ustedes probablemente ya habría roto la computadora cuando tengo momentos de estrés.

Hitomi Hozuki, MaryWayland, Faby Herondale, Canderia, Raven Beth Herondale Salvatore, yocel, Clarii, I wanna dance, mariushaa, Saraaa.

¿Ya dije que las amo? Bueno, las amo, de verdad. Intenso. Abrazo cibernetico.
En serio, ustedes siempre me sacan una sonrisa y casi me hacen dar saltitos por todos lados. Prometo contestarles lo más pronto que puedo, porque ahora mismo yo sé que ustedes quieren leer el capítulo y yo, bueno, realmente muero de hambre y sueño. Digamos que no he tenido buenos días últimamente. *desaperece antes de desmayarse*


Once there was a time when we could learn
All the simple pleasantries a follower should yearn
Now all that I can do is watch them burn
And wish that I could save them all, or just one.

Justify, The Red Jumpsuit Apparatus.

Capítulo XI. Ciudad de Sombras.

Después de cenar Clary había insistido en tomar un baño —y definitivamente ya no quería simplemente lavarse el cuerpo como hacía en Ángel Negro— sino realmente tomar un baño, así que había terminado nadando por el mar en medio de la noche, con Jace como sonriente espectador, vigilándola desde la borda.

—Sería más interesante si te quitaras la ropa —opinó—. Es bastante aburrido tener que observarte mientras simplemente flotas en el agua farfullando cosas sin sentido.

Clary hizo un gesto de desdén con la mano. Se había quitado las botas y el pantalón, dejándose solo la blusa que le quedaba como un largo y grueso vestido negro.

—Nadie te dijo que tenías que venir. Puedes irte.

—¿Y dejarte aquí sola? —bufó Jace—. Posiblemente encontrarás diez mil formas diferentes de matarte antes de que yo llegue a las escaleras.

Clary gruñó, pero no contestó. Cerró los ojos y se concentró en las aguas suaves y frías que la envolvían. Por supuesto, no hubiera sido capaz de hacer eso sin que antes Will hubiera anclado el barco. De otra manera Clary habría quedado nadando en medio de la nada mientras Ángel Negro se alejaba alegremente, dejándola ahí.

Abrió los ojos de golpe, repentinamente temerosa, pero el barco seguía ahí. El mar a su alrededor era todo negrura, solamente iluminado por el débil círculo de luz que proyectaban las antorchas del barco, dónde Clary se encontraba, tratando de no salirse de él.

Jace le sonreía desde la borda. Su silueta a contraluz hacia verlo como una sombra, con el cabello rubio resplandeciendo como un halo dorado y la luz a sus espaldas como alas de un ángel… Clary casi se atragantó cuando él se quitó las botas, y luego se sacó la camisa por la cabeza antes de lanzarse elegantemente por la borda.

—¿Q-que haces? —tartamudeó Clary.

Jace soltó una risita y se zambulló. Clary volteó a todos lados, inquieta, pero no podía ver nada más las aguas negras bañadas en oro por la luz parpadeante de las antorchas.

Alguien tocó su hombro y ella gritó, a pesar de que ya sabía de quién se trataba incluso antes de girarse y encontrarse con dos grandes, luminosos y divertidos ojos dorados. Jace estaba riendo a carcajadas.

—Estás molesta.

Clary estaba tan furiosa que no pudo más que farfullar un montón de 'uf' y 'ag' y 'demonios'.

—Entiendo —Jace comenzó a nadar a su alrededor—. Verme sin camisa de nuevo te ha provocado un desajuste mental irreparable.

Clary le dio un puñetazo. O intentó hacerlo, porque Jace atrapó su puño en sus manos antes de que tocara siquiera un cabello. La miró con ojos suplicantes, con si fuera un enorme gatito, hermoso e inocente.

—Vamos, Clary ¿no podemos pasar un momento sin golpes ni insultos?

—¿Qué tal si también quitamos el sarcasmo?

—Imposible.

—Entonces ni hablar.

Intentó jalar su mano lejos de él, pero Jace la apretó con más fuerza, tomó su otra mano, y la jaló hacia él. Clary chocó contra él, y antes de que pudiera ser capaz de pronunciar un palabra, el soltó sus manos y en su lugar la rodeó por la cintura.

Alzó su rostro hacia él, aturdida.

—Si no quieres hablar —sus ojos se veían negros, apenas una línea dorada reluciendo como fuego—, podemos hacer cosas más interesantes.

Y él la besó, suave al principio, luego con más intensidad. Sus labios sabían a sal de mar y fuego.

Clary se encontró besándolo también, sus manos envolviéndose en su cabello de oro derretido. Sus bocas temblaban de frío, pero una sensación cálida recorría todo su interior. En medio la oscuridad de la noche y las aguas heladas, sólo Jace era calor y refugio. Las manos de él la tomaron por la cintura debajo del agua, atrayéndola hacia él, y ella se deshizo en sus brazos. Sus manos se deslizaron por su espalda, y Jace se estremeció. Su piel ardía contra la suya, enviándole espasmos por todo el cuerpo. Podía escuchar el corazón de Jace latiendo contra el suyo, fuerte e insistente. De pronto ya no había nada. Ya no había nadie más. Solo ellos dos. Solos y perdidos, dos náufragos en medio del mar.

No supo si paso un minuto o un siglo cuando Jace se alejó de ella, con los ojos oscuros y ansiosos.

—Hay algo que tengo que decirte…

—Vaya, vaya —dijo una voz molestamente conocida, haciéndolos separarse de golpe—. Este sería un muy, muy malo momento para hacerme notar ¿verdad?

—Sí, lo es, deberías largarte, de hecho —la voz de Jace era ronca, como un gruñido.

Will sonrió.

—Lo siento, tortolitos, pero la fiesta se acerca. Deberían ir a cambiarse… ¿no están desnudos, verdad? Porque eso sería horrible de ver —sus ojos se posaron en Clary—. O interesante.

Jace gruñó. Clary rodó los ojos.

—¿Sabes que sería interesante? —le espetó Jace—. Ver tu cabeza en una pica.

—Oh, que cruel —Will puso la mano sobre el corazón—. Creo que compondré una poesía sobre esto.

Clary alzó las manos.

—Me voy.


—¡Váyanse, yo lo distraeré! —la última palabra salió de los labios de Jordan como un rugido mientras todo su cuerpo se convulsionaba y se convertía en un inmenso lobo negro que se tensó y se lanzó contra Jonathan a una velocidad tremenda.

Los gritos de Isabelle sonaban lejanos en los oídos de Simon mientras veía como Jonathan alzaba su mano —casi con desgana— y mandaba lejos a Jordan de un manotazo que mandó al hombre lobo volando hasta la pared.

Maia trató de correr hacia él pero Isabelle la agarró por el brazo mientras sacaba su látigo y ponía a Max detrás de ella. Jonathan sonrió con malicia y comenzó a caminar hacia ella. Simon sintió como si tuviera hielo dentro él, haciéndolo incapaz de moverse. Entonces Jonathan se lanzó hacia Isabelle, con la misma velocidad aterradora de siempre, y Simon se interpuso en su camino sin pensarlo. Tal vez no era tan fuerte, ni tan grande, pero tenía el factor sorpresa. La fuerza del golpe los hizo caer a ambos al suelo; Jonathan soltó una maldición y trató de levantarse, pero Simon lo agarró de la camisa —sorprendiéndose a sí mismo por su fuerza— y lo arrojó hacia la pared. Jonathan chocó contra ella, sin aparente ningún daño, y casi se inmediato se lanzó sobre él, que aún estaba tirado en el suelo. Antes de que se diera cuenta Jonathan estaba sobre él y su puño se estrelló en su pecho, haciéndolo retorcerse sobre sí mismo de dolor.

—¡Salgan de aquí! —estaba gritando la voz ronca de Jordan desde algún lado—. ¡Váyanse, maldita sea! ¡Ya saben que hacer!

Jonathan, repentinamente alerta, volvió el rostro hacia Isabelle y Maia —¿dónde demonios estaba Max?—, que corrían hacia las escaleras. Simon intentó detenerlo, pero ni siquiera era capaz de ponerse de pie. Alargó su mano, pero Jonathan ya había desaparecido en un relámpago. Escuchó un golpe un sordo y un rugido de Jordan. Simon sabía que tenían que darle tiempo a Isabelle de que buscara a Alec y Magnus… ¿y después qué? Estaba seguro que el plan de Isabelle no contemplaba a Jonathan ni su milagrosa aparición. De igual manera, eso no importaba ahora, tenía que ayudar a Jordan. No tenía la ilusión de derrotar a Jonathan ni dejarlo fuera de combate, pero al menos podían retrasarlo. Se puso de pie con un jadeo y se giró. Jordan, que hace unos momentos debió estar bajo las fuertes manos de Jonathan, se escapó y lanzó un rugido mientras el cazador de sombras desaparecía y volvía a aparecer junto a la pared, tomando impulso y saltando; giró en el aire y pateó el pecho de Jordan tan fuerte que Simon creyó escuchar sus huesos quebrarse, todo en segundos. Probablemente él también tenía algunos huesos rotos. Aun así, se las arregló para lanzarse sobre Jonathan, que estaba detrás de él, sacando algo plateado de sus pantalones; una estaca de plata. Simon se lanzó sobre su cuello y lo mordió. Jonathan gritó, más de rabia que de dolor, y comenzó a sacudirse. La sangre ácida explotó en la boca de Simon, haciéndolo retirarse de inmediato entre arcadas. Jonathan lo tomó de la camisa entonces y de un salvaje movimiento lo azotó contra el suelo. La visión de Simon se oscureció, viendo impotente como Jonathan hundía el puñal de plata sobre Jordan.


La ventana empañada le devolvía el reflejo de una chica bajita y menuda, de brillantes ojos verdes rodeados de sombras y con el llameante cabello rojo goteando y pegado a su pálido rostro. Considerando que apenas había dormido, no se sorprendía de tener un aspecto horrible.

Si tan solo pudiera crear una runa para saber cómo estaban los chicos, si tan solo pudiera ayudarlos… Pero no podía. Así que tenía que concentrarse en sus propios problemas, que era ir hacia una ciudad de muertos vivientes a buscar al padre de Jace antes de que Valentine lo hiciera. Ah, pero claro, antes tenía que ir a la fantástica fiesta improvisada de Will.

Clary le dio la espalda a su deprimente imagen y observó compungida el bonito vestido azul que Jem le había dado para la 'fiesta'. Hacía mucho que no usaba un vestido, y no es que le agrada en absoluto usarlos, pero el hecho era que ese vestido era tan bonito que incluso ella se habría visto linda en él.

—Fue de una persona muy especial —le había dicho Jem con una expresión triste en el rostro.

Clary había tenido la prudencia de no hacer preguntas a pesar de la curiosidad casi la mataba por dentro. De todas formas, todo se le había olvidado al ver el vestido.

No es que ahora importe, pensó, resentida. Ese alguien debió haber sido una chica bastante alta y delgada. En cuanto Clary se lo había probado, se había dado cuenta de que le quedaba demasiado grande. De hecho, podrían caber dos Clarys ahí mismo.

Con un resoplido se lo quitó y lo arrojó a la cama llena de cojines de colores. Le habían dado el camarote principal, una lujosa y amplia habitación cuyas paredes estaban cubiertas de tapices violetas y dorados que contrastaban con el negro de las paredes. La cama estaba desecha —Clary supuso que William debió haberla dejado así— y había libros por todos lados; en las mesitas de noche, en el suelo, en el tocador de madera, incluso en las sillas. Un leve olor a cuero y metal flotaba en el aire. Había dos ventanas por las cuáles se alcanzaba a ver un pedazo de un cielo estrellado con alguna que otra nube pasajera. La única iluminación procedía de las velas cuya luz mortecina sumía al cuarto en una débil penumbra. A pesar de todo, Clary no podía dejar de sentir aquél extraño frío y soledad que reinaba en todo el barco, como si Ángel Negro supiera que el mundo de los vivos ya no era más su lugar.

Todo aquello había sido cortesía de Jem —claro, el amable y siempre tranquilo Jem— después de que Jace y Will se hubieran peleado por sus derechos de estar ahí y Jem hubiera declarado que no sería para ninguno de los dos. Clary se sintió momentáneamente divertida la recordar la cara de ambos Herondale, mirando estupefactos a Jem, como si fuera un padre regañando a dos chiquillos. Después habían aceptado a regañadientes y Jem los había mandado a vestirse para la fiesta mientras Will cantaba Viruela demoníaca y Jace lo miraba huraño, tal vez preguntándose interiormente si él podía llegar a ser tan molesto como su antepasado.

Clary suspiró y volvió a mirar el vestido, y luego a las ropas que traía puestas: de nuevo, ropas negras, aunque ahora eran de Will. Bueno, tampoco estaría mal ir vestida como un pirata ¿no? De todas formas, ¿quién quería llevar un molesto y pesado vestido? Incluso si ese vestido fuera hermoso, suave, y que Jace la vería con él…

Clary gimió interiormente. Bueno, siempre podía cortar el vestido, tal vez, con unos cuántos ajustes… Se levantó y sacó su cuchillo —Jace por fin había aceptado el hecho de que ella necesitaba estar armada, sobre todo si él no estaba cerca de ella— y justo había tomado el vestido en sus manos cuando la puerta se abrió de golpe y ella casi tropieza de la sorpresa.

—¡No puedo creer que no me hayas dicho antes, William! —dijo una hermosa chica de suaves rizos rubios y cálidos ojos castaños, aunque en ese momento no lucían tan cálidos.

—Oh, lo siento, mi corazón sangra —se burló el chico—. ¡Si no te dije es porque no te quería aquí precisamente!

—Tonterías —la chica se echó el cabello hacia atrás y entonces por primera vez pareció notar a Clary—. Ah, tú debes ser Clary ¿no? Jem me habló de ti.

—¿Jem sabía que estarías aquí? —dijo Will en tono indignado—. ¡Bastardo desleal!

La chica lo ignoró.

—¿Qué haces con ese cuchillo? —frunció el ceño—. ¿Y ese vestido? Por dios, ¿y qué haces vestida con esas horribles ropas?

—Yo… umm—Clary estaba demasiado ocupada observándola asombrada. Ella tenía un hermoso vestido de una rosa suave que resaltaba… bueno, resaltaba todo en ella. Habría sido la clase de chica perfecta que Clary le hubiera gustado dibujar.

—¿Tú o ella? —dijo Will lanzándole una mirada de desdén—. Supongo que es grosero que te diga que pareces un bombón gigante —añadió.

—Sí, lo es. Pero no es precisamente que tú sepas que significa la palabra educación.

—Un bombón gigante venenoso.

—William —casi gritó la chica—. ¡Vete de aquí! ¿Siempre tienes que ser tan molesto?

—Un bombón gigante venenoso, asqueroso y gruñón. Pobre del que te coma, le dará indigestión.

Clary los miró, comenzando a irritarse.

—¿Qué? —dijo la chica rubia, repentinamente molesta. Se miró a si misma—. ¿Por qué me vez así? ¿Me he estropeado el vestido? Pero hay que ver que este barco esta todo sucio y asqueroso, pero como dicen, todo se parece a su dueño…

Will lo miró con aire de superioridad.

—Ah, claro, eso explica por qué tu mascota era tan desagradable y horri…

—¿Qué hacen aquí? —soltó Clary.

Ambos chicos se giraron hacia ella. Will parecía oscuramente divertido mientras la chica rubia tenía las mejillas encendidas.

—Ah, la querida Jessamine ha decidido a visitarnos —dijo Will fingiendo emoción—. Al parecer, el rumor de mi pequeña fiesta se ha regado por todo la Ciudad de Sombras. Lo cual es totalmente inaudito considerando que la he planeado hace solo una hora.

—Bueno, fue tu culpa —dijo Jessamine alzando el mentón—. Todos se enteraron de que los músicos venían hacía acá, y bueno, allá es tan aburrido…

—Blablablá —Will rodó los ojos—. Tú solo viniste aquí para buscar un asqueroso prometido.

Las mejillas de Jessamine se tornaron de un salvaje escarlata.

—¡Por supuesto que no! —dijo, indignada—. Todo el mundo decía que traerías visitantes, y bueno, ¿quién se iba a perder de conocer a los hijos de Valentine? —le lanzó una mirada helada a Clary—. Aunque la verdad es que esto no es la gran cosa.

—Vaya —dijo Clary—. Muchas gracias, que amable de tu parte.

—Si estabas pensando liarte con el hijo de Valentine —dijo Will—. Siento mucho tener que decirte que en realidad él no está aquí.

—¿Liarme con…? ¡Pero que tonterías dices!

—Bueno, no creo que hayas venido aquí por mi tripulación de piratas ¿no? Nunca nos visitas, querida Jessie, ¿a qué se debe entonces tu repentino cambio de opinión?

Jessamine se quitó un mechón de la frente. Clary se encontró recordando fugazmente a Isabelle.

—No tengo por qué darte explicaciones, ahora, si me permites, trataré de socializar con Clarissa, hace tanto tiempo que no hablo con una chica… —soltó un suspiro anhelante

Will, en cambio, no pareció convencido. Abrió la boca, a punto de contradecirla, pero Jessamine lo empujó y le cerró la puerta en las narices.

—Uf —dijo, molesta—. Que fastidioso es. No ha cambiado nada.

Se giró hacia Clary, ceñuda.

—¿Y bien? ¿Ahora me vas a decir porqué parece que estás a punto de atacar a un vestido?

Clary reprimió el impulso de esconder el cuchillo detrás de su espalda.

—No veo que te importe —espetó.

Jessamine rodó los ojos.

—Por favor ¿no estarás pensando en ponerte eso, verdad? —se acercó a grandes zancadas y le arrebató el vestido—. ¿Azul celeste? ¡Definitivamente no te queda a ti! ¿Y… por dios, esto es de Tessa? No, definitivamente, esto no encaja para nada para ti, dios, ninguna pelirroja en el mundo podría ponerse esto sin verse horrorosa, además de que, por supuesto, esto debe quedarte enorme. ¿Quién te ha dado esto?

—¿Quién es Tessa? —preguntó Clary a su vez—. Jem dijo…

—Ah, claro —Jessamine rodó los ojos—. Tenía que ser James, al menos el tonto de Will jamás habría pensado que…

—¿Quién es Tessa?

Jessamine soltó un sonido hastiado.

—Una chica que conocimos hace tiempo. Will y Jem estaban perdidamente y estúpidamente enamorados de ella.

—¿Y dónde está?

—¿Y cómo quieres que sepa? No me preguntes más, eso pasó hace mucho tiempo y no es una historia que me agrade recordar.

—¿Quién eres tú? —dijo Clary, arrugando la nariz—. ¿Y qué haces aquí?

—¡Dios! ¿Qué ya nadie aprecia una visita?

—Bueno, no te conozco.

Jessamine arrojó el vestido al suelo haciendo una mueca de asco.

—Soy Jessamine Lovelace. Y estoy aquí… para ayudarte a vestirte.

Clary alzó las cejas.

—¿En serio? —lo dudaba mucho.

—Si —dijo Jessamine con voz cortante—. Ahora quédate aquí mientras voy a buscar algún vestido adecuado para ti, estoy segura que deben haber quedado aquí algunos vestidos de…

El resto de sus palabras se perdió en un murmullo mientras Jessamine abría la puerta y salía por el pasillo sin dejar de hablar consigo misma. Cuando regresó, minutos después, traía un amplio vestido en sus manos y estaba refunfuñando sobre 'cofres llenos de polvo' y 'este William es un cerdo'.

—Creo que mejor iré así —comentó Clary mientras se miraba en el espejo. En realidad, no se veía tan mal. El negro de sus ropas resaltaba el rojo de su cabello y sus intensos ojos verdes. Aunque, claro, tampoco tenía muy buen aspecto considerando todo lo que había pasado los últimos días.

Jessamine la miró horrorizada.

—¿Así? ¿Vestida así? ¡De ninguna manera!

—Pero ¿Qué tiene de malo? —Clary se tumbó en la cama.

—Realmente admiro tu valentía de ponerse esos trapos horribles, y también de preguntas cosas estúpidas —Jessamine extendió el vestido sobre la cama, alisándolo con las manos y mirándolo con expresión soñadora, la misma que desapareció cuando miró a Clary—. Ahora quítate de una vez esas ropas de obrero pordiosero y ponte esto.

Su mirada dejaba claro que si no lo hacía recurriría a la violencia para hacerlo. Clary se rindió y comenzó a quitarse las 'ropas de obrero pordiosero'.


—¡Por aquí! —Isabelle cruzó a toda velocidad la segunda cubierta, inesperadamente desierta, y corrió hacia las escaleras que llevaban a la cubierta principal. Ambas chicas se detuvieron de golpe justo antes de llegar arriba cuando observaron a la multitud aglomerada allá afuera.

—Todos están de espaldas a nosotros —la voz de Maia temblaba—. No nos verán.

—Eso esperemos —siseó Isabelle y aferró con más fuerza su látigo.

Ambas caminaron, silenciosas, por detrás de los piratas que parecían estar mirando embelesados a Valentine —Isabelle podía distinguir su cabellera plateada más allá— mientras decía algo a gritos sobre 'viaje al más allá' y 'reclamar lo que me pertenece'.

—Está loco —dijo Maia, mortificada.

—Sí, pero ahora mismo nos conviene que siga diciendo estupideces —murmuró Isabelle. Le hizo señas para que se agacharan mientras pasaban al lado de varios barriles y cuerdas tiradas.

Casi soltaron un grito cuando tropezaron con Max, que estaba medio oculto tras un montón de cuerdas anudadas.

—¡Max! —susurró Isabelle, alterada—. ¡Por el ángel, te dije que me esperaras en las escaleras!

—Lo siento —farfulló Max—. Tuve una idea.

Maia alzó las cejas.

—¿Esconderte tras cuerdas?

—No —Max señaló el montón de cuerdas—. Debajo hay un bote. No muy grande, pero cabríamos todos… si solo pudiera soltarlo y arrojarlo al mar…

—Muy bien —asintió Isabelle—. Quédate aquí y trata de desatarlo mientras voy por Alec y Magnus. Si alguien viene, escóndete. ¿Me oíste?

—¿Y Simon y el chico lobo?

Maia se tensó. Isabelle frunció los labios.

—Están retrasando a Jonathan, pero estarán aquí pronto.

Tenía que confiar en Simon. Y en Jordan. Ella no quería dejarlos, pero sabía que no tenían otra opción. Ni siquiera todos ellos podían contra él, y tenían que sacar a Alec y Magnus de ahí antes de que Jonathan diera la alarma.

Max pareció alarmado, pero asintió.

—No tardaremos —Isabelle le sacudió el cabello y siguió avanzando a rastras con Maia tras de ella.


—Me veo bien —dijo Clary, sorprendida, mientras observaba su reflejo en el polvoriento espejo del tocador. El vestido era de un penetrante violeta oscuro con reflejos broncíneos que resaltaba el color de su cabello y hacia lucir su piel como si fuera de mármol. Las mangas abombadas —cubiertas de bordados de oro en forma de rosas— le dejaban al descubierto sus hombros y su cuello, llegando hasta sus delicadas muñecas. El corsé también tenía bordados de oro en su pecho en forma de V, y a pesar de que Clary se había quejado cuando Jessamine casi la había asfixiado al ponérselo, tenía que aceptar que acentuaba su cintura y la hacía ver aún más delgada. La falda era un remolino de colores, con pinzas a los costados donde la tela violeta oscuro se alzaba y dejaba ver un fondo dorado, el mismo color con el que estaban adornados todos los detalles de la falda en forma de rosas.

—¿Bien? —Resopló Jessamine—. ¡Te vez mucho más que bien!

—Si, bueno —Clary se giró hacia ella—. Gracias, Jessamine.

Jessamine medio sonrió.

—Bueno, no iba a dejar que parecieras una loca indigente ¿o sí?

—Las ropas de Will no son tan malas —protestó Clary—. Y son más cómodas que estos pesados vestidos. Si tuviera que luchar, probablemente me desmayaría por falta de oxígeno, y antes me tropezaría entre tanta tela, o caería rodando y no me podría levantar…

— Ya sabía yo que estar con Will te iba afectar —bufó Jessamine—. Además, las damas no debemos pelear.

Clary abrió mucho lo ojos.

—¿No eres una Cazadora de Sombras?

Jessamine torció su refinada nariz.

—Por desgracia. Ahora vamos, que se hace tarde y tú te marcharás a medianoche. Quiero divertirme con otra chica de mi edad.

Clary estrechó los ojos. Tenía la desagradable sensación de que Jessamine sabía más de lo que debía y qué además parecía estar siendo más amable de lo que normalmente parecía ser.

—¿Cómo…?

Jessamine rodó los ojos.

—Me lo dijo James —abrió la puerta y le hizo señas para que se apresurara—. ¡Vamos!


Isabelle abrió la puerta lentamente, con Maia vigilando detrás de ella que nadie las mirara mientras se colaban de un tirón al camarote de Valentine. El lugar era todo blanco, extremadamente blanco… y frío. Había una gran mesa en el centro, con mapas desplegados sobre ellas y varios artefactos que Isabelle no reconocía —en cuanto a cosas de barcos se tratara, Alec y Jace sabían lo suficiente—, a excepción de una brújula negra que apuntaba hacia las dos ventanas cubiertas de cortinas de terciopelo rojo. Pero aparte de eso, y de unos cuantos estantes cubiertos de libros polvorientos, allí no había nada…

—Isabelle —Maia aferró su brazo. Isabelle observó su rostro ceniciento y siguió su mirada. Entonces lo miró: un pálido cuerpo al otro lado de la mesa. Corrió hacia allí, sus botas repiqueteando en la madera, y se arrodilló junto a Alec… o lo que parecía el fantasma de Alec. Su cara estaba sudorosa y cenicienta, sus labios vacíos de color. Isabelle tocó su pecho, casi soltando un jadeo de alivio cuando sintió su corazón latir lenta y rítmicamente.

Isabelle no perdió tiempo en tonterías y se apresuró a sacar su estela. La apoyó contra el brazo de su hermano pero la mano le temblaba tanto que tuvo que respirar hondo hasta que se tranquilizó. Comenzó a dibujar la iratze y el débil resplandor de la runa le hizo sentirse más aliviada.

Aun así, Alec no reaccionó.

Maldita sea, no tenemos tiempo.

Isabelle, impaciente, pasó un brazo por su cuello y Maia, silenciosa, hizo lo mismo. Las dos chicas levantaron al chico con grandes esfuerzos.

—¿Y ahora qué? —jadeó Maia.

—Vamos a dejar a Alec escondido —propuso Isabelle, pensando a toda velocidad. Entonces recordó algo—. No, de hecho, tengo una mejor idea.


Jessamine se mantuvo todo el camino hacia la cubierta —que era donde se llevaría a cabo 'la fiesta'— hablando sin parar. Ella parecía realmente estar disfrutando mientras le contaba todos los rumores que corrían en el inframundo.

—Entonces dices que dibujas ¿eh? Eso es interesante. Como sea, hay una persona que me gustaría que… —se detuvo cuando llegaron a las escaleras—. ¿Es ése tu hermano?

Clary respingó. Jace estaba en el último escalón, ceñudo, y entonces la miró y pareció ligeramente aturdido. Él no parecía haberse arreglado demasiado —y eso hizo sentir incómoda a Clary—: llevaba los mismos pantalones y botas negras, lo único diferente siendo su camisa color bronce que hacía ver sus ojos más dorados.

Bueno, él era Jace. Él podría bien en cualquier cosa. Sus miradas se encontraron y por un momento Clary dejó de respirar.

—Tiene sus ojos.

Clary se obligó a arrancar los ojos de Jace y miró a Jessamine.

—¿Qué?

—¿Es tu hermano sí o no?

—¿Mi herma…? ¡No!

Los ojos de Jessamine destellaron.

—¿Tu prometido?

—¿¡Qué?!

—Tardaste demasiado —intervino Jace, ligeramente molesto—. Iba a buscarte. Pensé que te había pasado algo.

—Ah, hola, mucho gusto —lo saludó Jessamine, ofendida—. ¿Quién se supone que es usted?

Jace la miró con desinterés.

—Jace Herondale.

Jessamine alzó una ceja.

—Vaya, que seco. ¿Podría ser usted ser más cortés y decirle a su prometida lo bien que se esta noche?

—¡No es mi prometido! —soltó Clary con las mejillas ardiendo.

Jace permaneció tan inexpresivo como siempre.

—Clary se ve hermosa, como siempre. Ella ya lo sabe.

Clary sintió que el aliento se le salía de golpe. Miró a Jace, sorprendida, pero él seguía mirando a Jessamine como si le hubiera dicho algo realmente estúpido.

Sus ojos volvieron a ella y su expresión se suavizó.

—Bueno, dejen de mirarse así —Jessamine jaló a Clary a través de las escaleras, esquivando a Jace—. Que me siento excluida.

Clary rió.

—¿De qué hablas?

La música llegó hasta ellos mientras subían, una dulce y alegre melodía que le resultaba a Clary lejanamente conocida.

—¿Esos músicos…?

Jace rió por detrás de ella y su aliento irregular rozó la nuca de Clary haciéndola estremecer.

—Adivina quiénes son.

Clary sonrió.

—¿A los que Magnus invocó y tú les arrojaste una silla?

Jace rió más fuerte.

—No han dejado de mirarme como si planearan mi asesinato.


Cuando Isabelle y Maia llegaron casi arrastrando a Alec —el chico era demasiado alto, por lo que sus pies arrastraban en el suelo sin que pudieran impedirlo— Max ya había volcado el bote y lo había sujetado a unas cuerdas, que a su vez estaban sujetadas en un polea, y estaba izando el barco hacia el mar.

Isabelle y Maia depositaron a Alec dentro, junto con varias bolsas de comida y agua que habían tomado del camarote de Valentine.

—Ve con él —ordenó Isabelle a su hermano pequeño—. Aléjate, pero no tanto. Espéranos durante media hora.

Max tragó.

—¿Y si pasa ese tiempo que hago?

—Te vas —dijo Isabelle con voz firme.

—¿Qué? —Max parecía seriamente consternado.

—Tienes comida suficiente para aguantar durante varios días. Y Alec no tardará en recuperarse, te ayudará y juntos podrán escapar y regresar por nosotros después. Busquen ayuda.

Cualquier cosa era mejor que tener en aquel lugar a Alec y Max, donde esperaban a usarlos y matarlos en cualquier momento. Incluso el hecho de que los mandara a naufragar en medio del mar. Además, Isabelle volvería. Lo haría. No tenía que preocuparse por eso.

Max parecía confundido.

—Pero…

—Treinta minutos —siseó Isabelle—. Si no, te vas.


Max observó hacia abajo. El bote ya estaba sobre el agua, bamboleándose de un lado a otro con el pálido rostro de Alec asomando tras un remolino de mantas. Estaba midiendo las posibilidades de saltar sin caer encima de su hermano cuando alguien lo jaló de la camisa y lo azotó contra el suelo. La vista se le volvió borrosa y pudo sentir algo cálido resbalando por su mejilla.

—¿Creíste que podías escapar tan fácilmente de mí, niño estúpido? —susurró alguien en su oído, seguido de una sonrisa amarga.

Max quiso gritar cuando comenzaron a arrastrarlo por la cubierta, pero el mundo daba vueltas a su alrededor. Al menos se alegraba de que no descubrieran a Alec. Aun así, no pudo evitar pensar que si ese alguien era quién creía que era —y no quería creerlo— eso significa que Jordan y Simon no estaban bien.

Nadie ni nada estaba bien.


La música resonaba en los oídos de Clary tan fuerte como los latidos de su corazón. Sentía que quemaba ahí donde las manos de Jace tocaban su cintura. Los dos bailaban, o al menos se balanceaban de un lado a otro. Jace era un excelente bailarín, por supuesto, pero ella tenía que cuidarse de no pisarlo cada dos pasos.

Eso sin contar que tenía otras preocupaciones. No le agradaba la idea de estar bailando mientras sus amigos podían estar en problemas, pero ¿Qué otra opción tenía? Tenía que concentrarse y prepararse para hacer lo que tenían que hacer. Aun así…

Clary miró a Jace. Él estaba mirando al vacío, con el ceño fruncido y los labios apretados. Parecía preocupado, y ella supo que él tampoco estaba alegre de estar ahí, por muy bueno que fuera que estuvieran juntos.

—¿Estás bien?

Su vista se enfocó de nuevo y la miró.

—Si, eso solo… —Clary se sorprendió al observarlo vacilar—. Es Alec, noto algo extraño en él…. —¿algo malo en él? Si él no estaba bien, significaba que los demás tampoco lo estaban. Simon… Jace debió haber su cara, porque meneó la cabeza—. Él está bien, Clary, solo siento algo extraño, como si estuviera ausente… ahora, hay algo que quería decirte desde hace tiempo.

Clary recordó como había estado a punto de decirle algo después de que se besaran. Se sonrojó sin poder impedirlo.

—¿Qué cosa?

Jace suspiró.

—Tú viviste con nosotros.

Clary parpadeó.

—¿Qué? ¿Qué quieres decir?

—Tú viviste conmigo —él mantenía los ojos fijos en ella—. Conmigo y Jonathan. Y Valentine.

Clary se detuvo.

—¿Qué? Sabes, si hubiera vivido con un padre psicópata, un hermano loco y…

Jace alzó las cejas.

—¿Un rubio muy atractivo capaz de dejarte sin aliento?

—…tú, creo que lo recordaría.

—Bueno, ése es el problema. —los ojos de Jace brillaron—. Que no lo haces, porque alguien te quitó esos recuerdos.

Clary sacudió la cabeza. Los rizos cayeron en su frente.

—No, estás equivocado…

Jace se tensó.

—¿Crees que estoy inventándolo? ¿O bromeando? Eras una niña, pero yo te recuerdo bastante bien de ti. Pelirroja, bajita, gruñona.

—No… —Clary estaba confundida. Realmente confundida—. No entiendo.

Jace la tomó por los hombros. Ella desvió la mirada, pero él inclinó su rostro hacia ella.

—Cuando Valentine provocó el Levantamiento, esa noche, tu madre escapó de él, tú eras una bebé…

—No, no —Clary meneó la cabeza con fuerza—. Mi madre dijo… ella dijo que yo aún no había nacido. Que ella estaba embarazada y Luke la llevó a casa de sus padres.

Las manos de Jace la apretaron con más fuerza. Sus labios eran una fina línea.

—Ella te mintió. Tú ya habías nacido y ella trató de escapar contigo, pero Valentine llegó a ti primero y te llevó con él.

Clary retrocedió, soltándose de su agarre. Casi tropezaba con otro fantasma que bailaba solo y le lanzó una mirada fulminante. Ella lo ignoró.

—Basta. No quiero oír más.

—Clary ¿por qué crees que Magnus vivía con ustedes? —la voz de Jace era impaciente y desesperada—. ¿Por qué crees que él estaba ahí? ¿Lo sabías?

—Por qué él prestaba servicios a mi familia —balbució Clary—. Él… nos curaba.

Los ojos de Jace eran sombríos.

—O para borrarte la memoria.

Clary sintió las lágrimas escociéndole en los ojos. ¿Podría haber su madre hecho algo así? Pero no tenía sentido. Nada tenía sentido. De repente se sintió tan furiosa que quería patear a Jace y salir corriendo, pero lo más probable era que terminara llorando como loca.

—¿Clary? —la voz de Jace era suave. Extendió su brazo, como si intentara tocarla, pero pareció pensarlo mejor y lo bajó—. Pensé que habrías querido saberlo.

Oh, ella quería. Pero dolía. La verdad siempre dolía. Respiró profundo.

—Dime más. Quiero saberlo.

Jace dudó.

—¿Estás segura?

—Sí.

Jace se quedó en silencio, contemplándola. Clary observó como Will robaba el escenario y comenzaba a cantar Viruela Demoníaca a todo pulmón mientras a su alrededor todos gruñían y quejaban.

—¡Viruela demoníaca, oh viruela demoníaca!

—Creo que mejor nos vamos a un lugar tranquilo —murmuró Jace y la tomó de brazo.

Clary estuvo de acuerdo. Dejó que la llevara a través de la multitud y la música, casi flotando en medio de sus pensamientos. ¿Y si…?

¿Preocupada por tus amiguitos, niña?

Clary respingó, pero no vio a nadie. Jace caminaba a su lado, en silencio, pero no había nadie cerca de ella.

—¡VIRUELA DEMONÍACA, OH VIRUELAAA! —Will se seguía cantando. Lamentablemente.

Espera a ver lo que viene para ti. Desearás estar con tus amigos.

Clary se giró. Delante de ella había un pirata viejo, de ojos sádicos y venenosos, con una sonrisa amarga en el rostro. No lo conocía, estaba segura que era la primera vez que lo veía. Aun así, sintió un escalofrío.

—¿Qué quieres decir?

Espera a ver lo que viene para ti…

—¿Clary? —Jace, por delante de ella, la miraba ceñudo—. ¿Con quién estás hablando?

—Con nadie.

Clary corrió hacia él.


—El día del Levantamiento, Valentine te llevó con él y también me llevó a mí —continuó Jace con voz neutra. Había una leve, muy leve muy nota de amargura en ella, como si recordara lo que Magnus le había dicho: que a él lo habían llevado más como un rehén que otra cosa. Pero ella sabía que Valentine si debió haber tenido especial interés en Jace, después de todo, era uno de sus experimentos…. Espera. ¿Cómo sabía ella eso?—. Nosotros crecimos juntos. Tú, yo, Jonathan. En el barco de Valentine. Él quería educarnos juntos, para que aprendiéramos a usar los poderes que teníamos, tres súper guerreros que él usaría a su favor después.

Estaban en el camarote principal. Clary sentada en la cama con Jace recostado a su lado, evitando mirarla.

—Supongo —siguió él—, que también Valentine pensó que tener a otros niños con Jonathan lo haría dejar de ser tan agresivo con otras personas. Él tenía, ya sabes, problemas con la socialización y sus ataques de furia. Solía matar a las niñeras. —Jace pareció inesperadamente divertido.

—No lo recuerdo —murmuró Clary. Pero entonces recordó aquélla extraña sensación que había sentido cuando había visto por primera vez a Jace y Jonathan. Como si ella los hubiera visto antes…—Continúa.

Jace suspiró.

—Valentine nos entrenó a mí y a Jonathan para la lucha. El barco de Valentine es muy grande, lo has visto, así que nosotros no te veíamos mucho. Tú recibías clases aparte, con una mujer… una bruja, no recuerdo su nombre. Ella te enseñaba sobre las runas y su poder. Así que nosotros solo te veíamos en las comidas. Claro que, en realidad, teníamos poco interés en ti. Eras una niña. Nosotros niños. Estábamos más ocupados tratando de complacer a nuestro padre. Tampoco veía a Jonathan mucho. Creo que él trató de matarme varias veces. —la voz de Jace se volvió repentinamente hosca—. Él era más grande —se encogió de hombros—, así que Valentine trataba de mantenerme cerca de él, aunque eso solo hacía enojar más a Jonathan. Estaba celoso. A mí no me importaba, incluso me producía diversión. Cuando crecí esas cosas cambiaron; ahora nosotros dos tratábamos de matarnos mutuamente. Pero tú…. ¿sabes? Aún recuerdo la primera vez que te conocí. Bueno, nos conocimos de bebés, pero recuerdo la primera vez que nos hablamos, o al menos es el recuerdo más viejo que tengo. Tú siempre habías provocado una extraña curiosidad en mí. Siempre tan solitaria, metida en tus dibujos, sin necesitar nada más, tan pequeñita y frágil como una muñeca, y aun así mirándonos a mí y a Jonathan como si fuéramos idiotas. Supongo que cada vez que nos veías siempre estábamos peleando, así que tenías razón. Y no era el único que te veía como embobado, Jonathan también lo hacía. De todas formas, Valentine siempre trataba de mantenerte alejado de nosotros, y como te dije, nosotros hacíamos todo por complacerlo, y estábamos siempre ocupados luchando, leyendo libros, matando demonios….

"Esa noche que te vi, tú viniste a verme después de que te enterarás de que Valentine había matado mi halcón. Yo había estado loco con él. Tratando desesperadamente de domarlo. Jonathan lo hizo tal y como Padre quería. Yo no; yo había hecho que el halcón me quisiera, y por eso Valentine lo mató. Jonathan se rió de mí a carcajadas y Valentine lo golpeó y lo mandó a su cuarto. Yo estaba llorando cuando tú llegaste y me preguntaste si estaba bien. Recuerdo haberte dicho que te fueras, pero no lo hiciste, te quedaste en la puerta, dubitativa y al final habías entado y me habías dado una hoja. Luego te fuiste corriendo. Era un dibujo mío, y con mi halcón. Creo que ahí empecé a quererte de verdad. Después de eso intenté llegar a tu cuarto y Jonathan me encontró. Discutimos y al final nos dimos cuenta que ambos estábamos ahí por la misma razón: queríamos verte. Abrimos tu puerta, era de noche, y estabas dormida, con un montón de lápices de colores a tu alrededor. No sé cuánto tiempo estuvimos mirándote como estúpidos. Jonathan quería despertarte; yo no. Al final Valentine nos encontró y nos castigó. Aun así, yo había visto la mirada de Jonathan, como si no le importara que le pegara: él lo seguiría haciéndolo. Ya sabes, cuando él quería algo, lo tenía, no importaba qué. Él era frío y cruel, pero siempre que estaba contigo todo eso parecía desaparecer. Después me enteré de que tú habías sido la única que lograba controlarlo cuando tenía sus ataques de furia. Él solo te escuchaba a ti. No tardé en ir por el mismo camino. Valentine no tardó en darse cuenta que tu ejercías un poder sobre nosotros. Creo que eso le molestó. Y nosotros empezamos a temer por ti. Él nunca te había golpeado como a nosotros, pero eso no significaba que no podría hacerlo después. Tú, además, te habías vuelto rebelde. Comenzabas a entender cosas y no te agradaba cuando uno de nosotros no iba a comer porque estaba demasiado golpeado para hacerlo. Llegaste a plantarle cara a Valentine, algo que ninguno de nosotros había hecho realmente. Él estaba furioso. Jonathan decía que si Padre te hacía algo él iba a matarlo. Yo me preguntaba si podría hacerlo, pero si te hacían algo, sabía que iba a estar muy, muy enojado. Entonces esa noche Valentine fue por ti. Jonathan y yo nos encontramos en el pasillo: habíamos escuchado los pasos y los susurros furiosos. Entonces fuimos a tu camarote y no encontramos a nadie. Comenzamos a correr. Jonathan era más rápido y abrió la puerta del camarote de Valentine justo cuando él estaba a punto de golpearte. Tú estabas pálida, pero furiosa. Jonathan golpeó a nuestro padre. Yo te llevé lejos a ti. Creo que incluso pensamos en escapar esa noche. Y Jonathan, con once años entonces, hubiera matado a nuestro padre de no ser porque nos atacaron entonces. Cuando nos dimos cuenta de que Lucian nos había alcanzado era demasiado tarde. Supongo que nadie te dijo que esa fue la razón principal por la cual Lucian trató de encontrar a Valentine tan desesperadamente. Era por ti. Ellos nos atacaron y huyeron contigo. Jonathan trató de defenderte, pero yo le dije que eso era lo mejor, que ellos te llevarían a un lugar a salvo. Los dos estábamos enloquecidos y furiosos, pero te dejamos ir, te entregamos a Lucian. Nos decíamos que eso era lo correcto. Y ellos te borraron la memoria, pero entonces nosotros no lo sabíamos. No te vi hasta un año después, cuando Valentine me llevó lejos a mí también, cuando me entregó a los Lightwood. Ese día te vi, pero tú no parecías reconocerme. Me volví a decir a mí mismo que eso estaba bien, que era lo que yo quería, que estuvieras a salvo. Me mantuve alejado de ti todo ese tiempo. Como te imaginarás, Valentine estaba bastante cabreado después de que te llevaran lejos, y también lo estuvo cuándo estuvo a punto de capturar a mi verdadero padre y Lucian lo detuvo. Fue en esa batalla cuando lo mordió uno de los lobos de Valentine. Cuando Stephen y Lucian lograron escapar, mi padre estaba los bastante irritado para decidir atacar Port Idris. Si ellos no entendían de la buena manera, lo harían por la mala. Si él no tenía los mapas, entonces haría aquello a su manera. Al menos, eso supongo. Cuando llegó el día del ataque, yo no sabía nada. Corrí por las calles, tratando de ir a buscarte, pero no estabas por ningún lado. Vi a Jonathan escalando las torres demonio y fue hacia él, buscando explicaciones, pero sólo peleamos y me gritó que fuera al barco que Valentine, que él me estaba buscando. Luego dijo que iría por ti y desapareció. Yo fui tras él. Ninguno te encontró. Entonces el barco de Valentine explotó y Jonathan desapareció. Yo sabía que él estaba vivo. Lucian me encontró y me dijo que me fuera, que ellos me matarían y también a Alec e Isabelle, que tú estabas bien. Yo fui por ellos y huí. Sabía que Jonathan iba a querer terminar el trabajo de Valentine, suponiendo que él realmente estuviera muerto, y también sabía que iba a intentar tener mi ayuda. Tal vez lo hubiera hecho, si no fuera porque sabía lo que realmente pretendía Valentine. Y yo lo odiaba. Además, tenía una nueva vida junto a Alec e Isabelle. Aun así… cuando Jonathan dijo que Magnus estaba en tu casa, creo que más que por él, fui por ti, Clary. Y Jonathan también sabía que estabas ahí. Y él sabía que ambos estábamos una excusa para ir por ti. Y lo hicimos. Teníamos muchas razones, pero siempre fue por ti. Por ti.

Silencio.


Isabelle y Maia escalaron por el mástil, ocultas de los piratas por la oscuridad de la noche y las velas que no dejaban de agitarse con el viento cada más fuerte y frío. El helado filo del cuchillo serafín sabía a metal en los labios de Isabelle. Por debajo de ellos los piratas se arremolinaban alrededor de Valentine y Magnus —que había comenzado a realizar un extraño ritual que consistía en arrojarles un polvo amarillo en la cara a todos.

—¡SÁLVALOS, SATÁN, DE PODER DE LAS SOMBRAS Y EL MAS ALLÁ!

Isabelle tenía la ligera sospecha de que él solo estaba ganando tiempo.

—¿Y cuál es el plan? —gruñó Maia por debajo de ella.

Isabelle frunció el ceño. Bueno, en realidad, no tenían ninguno. Simplemente se había centrado en llegar a un lugar dónde podría atacar a Valentine sin que ninguno de sus piratas la notara antes.

—¿Isabelle?

—Estoy pensando —murmuró Izzy, molesta—. Podrías ayudar, claro.

—Creo que Magnus está tratando de decirnos que él nos dará una señal.

—¿Qué? —Isabelle miró a Magnus, que seguía arrojando aquélla extraña cosa amarilla contra los piratas, que no dejaban de toser. Él le dirigió un vistazo rápido, le hizo un guiño, y luego le echó polvo a Valentine.

Bien, eso lo había entendido: deja a éste fuera de combate.

Luego volvió a arrojarles cosas a los piratas.

Yo me encargo de los demás.

Isabelle asintió muy lentamente. Luego giró la cabeza hacia las escaleras. ¿Dónde estaban Simon y Jordan? Ya deberían estar de vuelta. Intentó ver hacia donde estaba Max, pero las cajas y los barriles de madera le impedían la vista.

—Isabelle, muévete —la urgió Maia. Pasó un momento, Isabelle siguió sin responder—. Oye ¿estás bien?

Isabelle apretó los dientes. Sin querer, se había quedado congelada.

—Estoy bien.

Y siguió subiendo.


—¿Clary? —dijo Jace, mirándola ansioso.

Ella tenía lágrimas en los ojos y luchaba por detenerlas. Si hablaba, probablemente terminara soltando todas las lágrimas que había retenido aquéllos últimos días. Lágrimas por su madre, por lo que le había hecho, por Lucian, por Jace, por Simon…

Jace pareció ver todo aquello eso en su rostro porque se enderezó y la atrajo hacia a él. Ella hundió el rostro en su pecho, respirando con fuerza, y se rompió por un momento.

—¿Sabes? —comentó Jace—. Realmente espero que esto te haga sentir bien. Ya sabes, un abrazo mío suele ser descrito por los demás como un soplo de aire en el desierto.

—Cállate —sollozó Clary.

—Un brillante, cálido, hermoso soplo de viento cargado de vida y…

Clary intentó golpearlo, pero se le escapó la risa. Se alejó un poco y lo observó. Él la miraba, sonriente y brillante.

—¿Vez? Ahora te sientes maravillosamente bien.

Ella estaba a punto de protestar cuando él la besó. Fue un beso tranquilo al principio, un beso de consuelo que decía 'estoy aquí', 'todo estará bien.' Él enredó la mano en su cabello atrayéndola aún más cerca de él. Sus besos se hicieron más profundos, más intensos, el fuego encendiéndose en ellos, envolviéndolos y devorándolos.

Él la tomo con suavidad y la recostó en la cama, suavemente, deslizando su cuerpo sobre el de ella. Sus manos se deslizaron sobre él, sus hombros, los músculos de sus brazos, su espalda. Bebió y respiró a Jace como no lo había hecho a nadie en toda su vida. Él se pasó la camisa por la cabeza, y en cuanto lo hizo Clary volvió a atraerlo hacia ella, besándolo ahora con más rapidez, con más fiereza. Podía sentir su piel ardiendo en sus manos, estremeciéndose con cada toque, con cada caricia, con cada beso hambriento. Jace comenzó a desabrochar las cuerdas de su corsé y Clary lo ayudó. ¿Cuándo pararían? ¿Debían parar? Clary no podía. Se enredaron entre besos y jadeos, los labios de Jace deslizándose por su cuello, sus brazos, su cara… Enredó los tobillos en la parte baja de su espalda, y él gruñó contra su boca, un suave y bajo sonido desesperado.

—Clary, yo no sé…

Clary se apartó de golpe cuando escuchó los golpes en la puerta. Jace parecía aturdido, con los ojos oscuros y desenfocados.

—¿Clary? —dijo una voz suave—. Soy Jem. Será mejor que salgas, ya es hora.


—¿QUÉ? —la voz retumbó en los oídos de Isabelle, haciendo que se detuviera. Miró hacia abajo dónde Valentine parecía apunto de estrangular a Magnus—. ¿Qué estás diciendo?

Magnus sonrió.

—Que necesitamos a alguien que vea fantasmas.

—¡Tú no dijiste eso!

—Sí, lo hice.

—No lo hiciste —los dientes de Valentine rechinaban, casi parecía escupir cada palabra—. Tú, estúpido e idiota brujito…

—No pensabas eso la otra noche.

Varias risas. Todos se callaron cuando Valentine sacó su espada y apunto directo a la garganta de Magnus.

—Eres un brujo —ladró—. Y vas a llevarme a la Ciudad de Sombras ahora. ¿Me has escuchado? Tú —señaló con la espada a un asustado pirata—, ve por el chico.

El pirata asintió y salió corriendo. Maia estrujó el pie de Isabelle.

—¡Ya lo sé! —murmuró ella en voz baja y furiosa—. ¡Sigue subiendo!

Las dos siguieron trepando. Debían tener unos minutos antes de que el hombre regresara y le dijera a Valentine que Alec no estaba. Isabelle escaló un poco más y luego se paró sobre el soporte de las velas. Había hecho eso un montón de veces antes, durante sus entrenamientos. Pero Maia no parecía muy convencida.

—Quédate ahí —sugirió Isabelle—. Salta cuando yo lo haga.

Ella no pareció muy contenta por recibir órdenes, pero asintió de mala gana. Fue entonces cuando el hombre regreso, agitado y sudoroso.

—¡No está! ¡El chico no está!

—¿Cómo que no está? —dijo Valentine con voz gélida.

—P-pues no está, mi señor —balbució el pirata, encogiéndose ante su helada furia—. É-el s-s-s-se fue. D-e-e-sapareció.

Los ojos negros de Valentine eran dos peligrosas rendijas negras.

—¿Se fue?

—Esfumar —ofreció Magnus—. Huir. Desvanecer. Irse para siempre.

Valentine lo golpeó con el pomo de su espada, haciéndolo callar. Cuando Magnus lo volvió a mirar, sus ojos parecían soltar chispas verdes.

—Aunque no se hubiera ido, no hubiera podido hacer nada sin una persona que pueda ver fantasmas.

—Qué suerte que yo aparezca para salvar el día —dijo una voz por detrás de los piratas.

Todos se giraron. Jonathan caminaba a través de ellos, arrastrando a Max por detrás de él. El niño parecía noqueado y tenía un feo golpe en la cabeza.

Isabelle sintió como el corazón se le hundía en el pecho. Oh, por dios.

Eso no podía estar pasando.

¿Y Alec? ¿Dónde estaba Alec?

Magnus vio a Max, sorprendido y molesto.

—Bien hecho, Jonathan —sonrió Valentine. Fue una sonrisa horrible—. Me alegra que no lo hayas matado. Ahora, querido Magnus, será mejor que te apresures.

Isabelle se quedó tiesa. ¿Debería saltar ahora o esperar a que Magnus…? No, no podía dejar que pasara más tiempo.

—No —Maia sacudió su cabeza—. No tenemos ninguna posibi….

—Padre —dijo Jonathan con una mueca—. Éste —apuntó al adormilado Max— ayudó a los prisioneros a escapar.

Valentine le dio una mirada helada.

—Y supongo que pusiste todo bajo control ¿no?

Jonathan se encogió de hombros.

—Dejé al hombre lobo y al vampiro fuera.

¿Fuera? ¿Qué quería decir con qué los había dejado fuera? Isabelle sintió su corazón restallar en sus oídos

—¿Y las chicas?

La sonrisa de Jonathan destelló como rayo. Miró hacia arriba… y miró a Isabelle y Maia, clavando sus tormentosos ojos negros en ellas.

—Aquí mismo. Vamos, chicas, bajen de ahí y hágannos compañía.


—¿Nada de rituales? ¿Ni magia? ¿Ni raros pentagramas? Aburrido.

Will miró a Jace. Sus ojos de hielo azul perforando el fuego de los de Jace.

—Eso no es necesario —se apresuró a decir Jem—. Somos un barco fantasma…

—¿En serio? —dijo Jace, sarcástico—. ¡Estupendo!

—… así que simplemente retornaremos de vuelta a nuestro mundo.

Hubo un estruendo. Todos estaban de pie en la cubierta y Clary casi cayó de no ser porque Jace la tomó por el brazo. Él parecía preocupado. Clary sabía que había estado hablando con Jem sobre los peligros que podían enfrentar, pero Jem no veía ninguno. Solo irían, buscarían al padre de Jace y los mapas, y volverían al mundo de los vivos. Sonaba tan fácil.

Esperaba a ver lo que viene para ti.

Otro estruendo. A su alrededor todo pareció volverse más oscuro. Volutas de humo de negro se alzaban del mar y bajaban del cielo, envolviéndolos en una jaula de oscuridad. Clary sintió una sensación de ahogo. El viento sopló, frío y cortante, apagando todas las antorchas de golpe. Will comenzó a cantar viruela demoníaca. Otra sacudida. El humo los rodeaba, todo parecía ser humo a su alrededor, las velas ondeaban como si fueran pedazos de nubes negras, la madera se descoloraba y flotaba a su alrededor. Oscuro y más oscuro, hasta que la negrura los devoró.


Simon abrió los ojos lentamente, luchando contra la niebla a través de sus ojos. Lo primero que notó fue que estaba bocabajo sobre un piso duro, de madera podrida que apestaba a tierra, humedad y… sangre. Los sentidos de Simon se despertaron del todo e intentó levantarse, pero al instante se derrumbó de nuevo con un quejido.

Le dolía horrible el pecho, pero era un dolor sordo, así que eso significaba que sus probablemente huesos ya estaban repuestos ¿no? Eso esperaba.

Simon se enderezó lentamente y echó un vistazo alrededor. Se congeló. Jordan estaba recargado contra la pared del calabozo, medio tirado en el suelo, jadeando y cubierto de sudor, su mano aferrando una herida sangrante en su pierna.

Simon sabía que debería acercarse a él para ayudarlo, pero lo que hizo en cambio fue retroceder rápidamente, alejándose todo lo que pudo de él. El olor de la sangre nublaba sus sentidos y sus colmillos brotaron de pronto, rasgándole su labio inferior.

"Contrólate" se gritó a sí mismo.

Contó hasta diez. Hubiera respirado profundamente si no fuera porque en realidad no le ayudaba en nada. Cuando se acercó hasta Jordan se dio cuenta de que él estaba semiinconsciente. Su rostro estaba blanco como la cal y no dejaba de murmurar una palabra.

Simon lo entendió de inmediato: Maia.

Una profunda inquietud lo llenó de pronto. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que se habían quedado desmayados? ¿Y por qué Jonathan no los había matado? O él estaba más preocupado por atrapar a las chicas y Max —y debía tener un muy buen motivo— o simplemente había estado de buen humor, lo que Simon dudaba seriamente.

Jonathan parecía haber disfrutado golpearlos hasta dejarlos inconscientes y si los había dejado ahí era porque tenía motivos y porque sabía que, de todas formas, no podían ir a ningún otro lado. Él solo los dejó para jugar con ellos después.

Simon se sintió más frío de pronto. Se apresuró a rasgar un pedazo de su camiseta y lo usó para detener el flujo de sangre en la pierna de Jordan. Lo amarró con fuerza, lo suficiente para Jordan gruñera en sueños, pero siguió sin despertar.

Simon sabía que las heridas con objetos de plata enfermaban a los hombres lobos, y se lamentaba mucho tener que despertarlo, pero no es que tuviera muchas opciones. Si lo dejaba ahí, probablemente no pudieran volver por él después.

—Jordan —comenzó a sacudirlo—. Eh, despierta.

Jordan solo siguió refunfuñando.

—¡Jordan!

Nada.

Simon suspiró.

—Bueno, lo siento, supongo que después me perdonarás.

Simon lo golpeó. Jordan abrió los ojos de golpe. Por su cara, pareció que estaba a punto de convertirse en lobo y lanzarse contra él, pero entonces hizo una mueca de dolor y casi se desmayó de nuevo.

—Maia —se apresuró a decir Simon—. Maia está en peligro.

Jordan volvió a abrir los ojos de golpe. Parecía aturdido.

—¿Qué? ¿Maia? ¿Dónde?

Un grito. Simon miro hacia arriba, desesperado. Otro más.

—¿Simon? ¿Dónde está Maia?

Arriba. Gritando, probablemente. Junto a Isabelle.

Simon sintió una sensación de vacío en la boca.

—Vamos, tenemos que salir de aquí.


Clary abrió los ojos. No recordaba haberlos cerrados. Por un momento de pánico, todo lo que pudo pensar era que no sentía la mano de Jace sobre su brazo. Entonces se giró y lo vio ahí… borroso y extraño, pero estaba ahí. Sus ojos ondulaban con fuego ardiendo, mirando algo más allá. Clary siguió su mirada. Se le escapó el aliento. Seguían navegando por un mar de aguas azules, muy azules, y más allá, a través del bosque y las montañas, se alcanzaban a ver varias torres de cristal resplandecían con la luz del sol naciente. Clary parpadeó.

—Port Idris.

—Para un Cazador de Sombras —murmuró Will—. Idris siempre será su hogar.

Clary lo miró.

—¿Estás sugiriendo que un montón de fantasmas viven en una ciudad llena de cazadores de sombras y nadie lo ha notado?

Jem fue el que contestó.

—Esto no es Port Idris. No la Ciudad real, por así decirlo.

—Es su sombra malvada —bufó Jace.

Jem se encogió de hombros.

—Se podría decir.

Will se giró hacia los piratas.

—Muy bien, bola de idiotas, prepárense para anclar. —sonrió—. Volvemos a casa.


Isabelle cayó de rodillas y maldijo, su voz amortiguada por la cuerda que le habían puesto en la boca. Maia estaba a su lado, tratando de soltarse inútilmente. Por lo visto, su genial plan de lanzarse contra Jonathan y Valentine no había funcionado. Ellos las superaban en muchos sentidos, todo lo que ellas habían tenido era el factor sorpresa y lo habían perdido. Así que todo se habían limitado a unos cuantos gritos y jaloneos y de repente ya las tenían atadas de pies y manos en el suelo.

Isabelle quería gritar de frustración pero sabía que eso tampoco ayudaría nada. Tenía que evaluar la situación, tenía que buscar una forma de salir de ésa.

No le parecía que hubiera muchas. A menos que Simon y Jordan aparecieran milagrosamente y lograran hacer algo. Captó entonces la mirada furiosa de Magnus. Isabelle sostuvo su mirada, recriminándole con los ojos por no haberlas ayudado.

—Muy bien —dijo Valentine—. No quiero perder más tiempo. Así que muévete brujo, y haz lo que tengas que hacer.

Magnus lo hizo. Isabelle observó consternada y molesta como él comenzaba a dibujar un pentagrama en el suelo. Mientras lo hacía, las líneas comenzaron a brillar y resplandecer. Max estaba en el centro de él.

Isabelle sentía bilis en la garganta. ¿Qué se supone que harían? Max no estaba en peligro ¿verdad? Magnus no lo pondría en peligro realmente. ¿O no tenía opción?

Varios piratas habían comenzado a buscar a Alec por todo el barco, y si Max no había soltado la cuerda que ataba el bote al barco, no tardarían en encontrarlo a él también.

Isabelle cerró los ojos y trató de concentrarse. Algo brilló a través de sus ojos y supo que era demasiado tarde cuando el pentagrama comenzó a brillar y deformarse, su luz apenas dejando ver la silueta de Max, mientras se formaban miles de formas y colores a su alrededor. Según había dicho Magnus, eso era alguna clase portal que transportaría al barco y todos sus tripulantes hacia la Ciudad de Sombras.

Hacia el padre de Jace. Y probablemente hacia el propio Jace y Clary.

Isabelle se revolvió, tratando de soltarse, aunque sabía que ya era tarde. Hubo un estruendo y ella cayó.

Todo se volvió blanco a su alrededor.


Clary casi tropezó cuando bajó del barco y se encontró a Jessamine, sonriente, con una sombrilla sobre su cabeza y una gran sonrisa en su rostro.

—¡Al fin han llegado! —la tomó del brazo. El puerto estaba comenzando a llenarse con la salida del sol. Adultos y niños correteaban de un lado a otro, lanzándoles miradas curiosas al barco. Era igual como Clary lo recordaba, igual a su hogar, pero esos rostros… —¡Vamos!

—¿Qué haces aquí? No te vi en el barco después de…

Jessamine rodó los ojos.

—Tengo mis métodos para llegar aquí. Ahora, ¿de verdad quieres saber por qué fui a ese asqueroso lugar?

Jace aterrizó a su lado.

—¿Qué quieres con eso?

—Que vengan conmigo. Hay alguien que los quiere ver.

Jace saltó.

—¿Mi pa…?

—Solo apresúrense —los apremió Jessamine, subiéndose a un carruaje negro que estaba junto frente a ellos.

—No me gusta —murmuró Jace—. No me gusta nada.

Él había hablado con Will y Jace antes de bajar. Ellos no sabían nada de Stephen, nada además de que Will le había prestado su barco y aún no se lo había devuelto. Aun así habían corrido rumores de un hombre mortal andando por ahí, pero ellos no lo habían visto. Así que no tenían mucho lugar dónde ir, o por dónde empezar a buscar.

Clary jaló a Jace.

—Vamos, no perdemos nada.

Jace no pareció convencido, pero al final se encogió de hombros y los dos subieron al carruaje.


El carruaje dio una sacudida y Clary abrió los ojos de golpe. Se había quedado medio dormida sobre algo cálido y cómodo. Alzó la vista y se encontró con la sonrisa torcida de Jace.

—Bastante cómoda, ya veo.

Jessamine, enfrente de ellos, soltó una risita. Clary gruñó y se recargó en la ventana. Al otro lado solo podía ver el bosque, oscuro y denso. Clary se estremeció. Hacía frío. Era como si su cuerpo tratara de decirle que ella no debería estar ahí.

Cuando por fin se detuvieron, ya era mediodía y el sol brillaba con fuerza sobre sus cabezas. Un tipo serio les abrió la puerta y ellos bajaron. Se encontraban en medio de una carretera de grava, con el bosque a sus espaldas y una extensión de pasto verde por enfrente de ellos, elevándose hasta topar con una enorme casa que parecía un castillo pequeño, todo de piedra oscura y teja. El aire olía a lluvia y tierra mojada. Olores normales. No de un lugar muerto y oscuro.

Jace observaba todo con los ojos estrechados, vigilando, una mano cerca de su cuchillo serafín.

—Vamos —Jessamine encabezó la marcha.

Estaban a mitad de camino hacia la casa cuando la puerta se abrió de golpe. Clary saltó y se detuvo. Jace sacó su cuchillo.

Pero no había ninguna amenaza frente a ellos. Clary parpadeó.

Parada en la puerta había una mujer. Una mujer muy hermosa y joven, no debía de ser más que unos años mayor para Clary. Llevaba puesto un elaborado y amplio vestido azul oscuro que resaltaba la palidez de su piel. Tenía un rostro en forma de corazón, un rostro que se veía dulce y frágil, el rostro de alguien que sonreía con frecuencia y siempre tenía algo lindo que decir, alguien que siempre bajaba el rostro ruborizado y asentía, haciendo lo que le decían que hiciera. Pero entonces Clary vio sus ojos; brillantes y cristalinos ojos de un azul marchito, cubiertos de lágrimas. Algo en esos ojos molestó a Clary. Algo en su forma, como si ya los hubiera visto antes…

Se giró hacia Jace de golpe. Él no la miraba, pero ella lo supo en cuanto vio sus ojos. No era esa expresión de dureza y vulnerabilidad, sino algo en…

—Jace —Jessamine lo fulminó con la mirada—. Guarda ese cuchillo, ¿o acaso pretendes acuchillar a tu madre?

Jace soltó el cuchillo de golpe y éste repiqueteó en el suelo con un sonido metálico. Su rostro se mantenía inexpresivo, sus ojos fijos en Céline Herondale.


Tengo examenes semestrales la próxima semana pero haré todo lo posible por subir el fin de semanas. Ave atque vale!

(PD: Realmente me estaba muriendo porque entraran los Herondale en acción. Yep, Stephen se acerca también.)