En mi mente recreaba una y otra vez lo que habíamos hecho. La miraba con deseo y ella solo volteaba la cabeza para otro lado, me gustaba hacerla enojar pero ella me picaba las costillas y eso no me molestaba para nada. Llegamos al estacionamiento del estadio después de Charlie, ella se bajó y caminó hacia donde estaba su padre. Decidí seguirla y vi que su expresión se relajaba y sonreía como si estuviera muy enamorada de mi
-maldita mentirosa- pensé
Siempre debería de tener en mente que no podía quedarse conmigo. Yo era completamente malo, asesiné al indigente que me violó cuando la puta de mi madre me echó a la calle y envenené a mi tía Elizabeth hace dos años. Ella no era para una persona que toda su vida ha sido miserable.
Escuché que arrastraban unos pies y miré quien era
-deja de arrastrar los pies- murmuré
-los arrastro porque estoy molesta- gruñó entre dientes
Sonreí ante la idea de machacarla entre mis piernas
Se lo hice saber y se puso furiosa. Claro que siempre había quien estuviera dispuesta a hacerlo, porque a lo lejos miré a Renata y a una rubia escuálida que quería un buen sexo.
Isabella se fue y yo me quedé en donde estaba, Renata caminó hacia a mi contoneando las caderas en un ajustado vestido verde con negro.
-hola guapo- susurró
-hola hermosa-
-¿ella es la hija de Swan?- preguntó descansando sus manos en mi pecho
-si- dije abrazándola posesivamente
Algunos hombres la miraban y no los podía culpar, tenía unas curvas de infarto, grandes tetas, que por cierto miré sin ningún descaro y un gran culo. Abracé su pequeña cintura de avispa, y no pude compararla con Isabella que más bien ella parecía estar gorda. Dejando a un lado las diferencias físicas, besé posesivamente a Renata y caminamos juntos hacia la pista.
-no se parece a su padre- murmuró –y no me gusta su cabello anaranjado. ¿Sales con ella?- preguntó
-no- mentí –tu sabes que la única con la que salgo y tengo sexo…es contigo- murmuré en su oreja y le mordí su lóbulo.
Me senté cerca de Isabella sin motivo alguno, pero si no tenia sexo con ella, probablemente lo tendría con Renata.
-me gusta tu vestido- murmuré en su oído
-gracias. Pensé en ponérmelo hoy, imaginé que te vería y se me hizo realidad-
Miré sus piernas y escote.
-¿sabes que me provocas?- pregunte
-no- contestó imitando inocencia que no tenia
-me provoca levantarte el vestido y enterrarme en tus dos agujeros. Morderte hasta que sangres- tomé su cuello y lo apreté un poco –dime ¿eso quieres preciosa?- pregunté
Sabía que le gustaba que la tomara por la fuerza.
-sabes que me estas poniendo mojada…y no llevo nada de ropa interior- murmuró
Sus dedos acariciaron sutilmente mi verga experimentando una erección
Nos levantamos rápidamente y sentí una presencia familiar cuando caminábamos para llegar a la fuente de sodas, por el rabillo de mi ojo noté que era Isabella que fingía estar distraída.
-¿Por qué me sigues?- le pregunté volteándome
-por que voy a la fuente de sodas- dijo como si fuera lo más obvio
Sacudí mi cabeza negando su afirmación
-no te creo- bramé
El lugar estaba vacío y se me hizo muy extraño que ella estuviera aquí. Ella pensaba que estaba intentando ponerla celosa lo cual hizo que mi cólera saliera a la superficie…y de una vez…dejarla para siempre, aunque posiblemente me dolería más a mí que a ella
. Tenía que deshacerme de ella, lastimarla profundamente. Solo así podía mantenerla segura de mi mierda.
- no seas estúpida, como tú no tienes ningún interés en mi, de lo cual eso me alegro, porque, yo no tengo ningún interés en ti, ha sido un placer estar entre tus piernas- hablé burlonamente
Sus ojos reflejaron lo que finalmente quería.
Que se alejara de mí.
Mostraron dolor e ira y me sentí la persona más mierda del mundo por haber causado eso, pero no me dejó alternativa, rápidamente me dio una bofetada que mi cabeza quedó ladeada. Mi mirada se tornó roja completamente. Lista para asesinar sin piedad, Renata llegó rápidamente para ver cómo estaba y la tranquilicé.
Ambos nos fuimos a la parte trasera del lugar, a un lugar completamente oscuro. Renata seria mi saco de boxeo. A ella no le importaba que me desahogara con ella, al contrario, parecía que le gustaba que fuera violento y brutal. Pero otra pregunta surgió ¿Por qué las mujeres querían que me quedara a su lado, que me hacia tan especial?
Renata me empujó bruscamente contra la pared cuando llegamos, mi cabeza golpeó los ladrillos y solo hizo que me enojara más de lo que ya estaba, se acercó a mi besándome con rudeza y mordió fuertemente mi labio inferior hasta sangrarlo. Después de besarnos, le di una bofetada que su labio superior se rompió
-sabes que te gusta que te trate como a una puta- susurré –mas tarde. Te haré esperar perra- susurré
Apreté su cuello hasta que gimió y comencé a besarla.
Su mirada era de anhelo y deseo, haciendo que sus orbes verdes brillaran como los de una gata.
Entramos al complejo y presenté formalmente a Renata. Mi padre ya la conocía pero los Swan no.
-hija, ¿no vas a saludar?- recriminó su padre y la miré fijamente
-lo siento estaba viendo el Ferrari que me voy a comprar, ¿decías algo?- habló como si estuviera distraída. Pero yo sabía en el fondo que era una mentira
-es Renata Carlessi, compañera de Edward, se puede decir que los dos son iguales- dijo mi padre muy orgulloso
-¿es en serio?, supongo que se refiere a que los dos deben de ser, exactamente psicópatas, en tiempos de Hitler, los psicópatas se iban a los hornos, ahora se les permite estar con su especie y procrear mas psicópatas- estúpida
¿Cómo se atrevía a hablar de Renata y de mí de esa manera?
-qué manera de romper el hielo- dijo su padre ruborizándose
-si- hablé secamente
Se sentó como si nada hubiera pasado. Renata me miró y le sonreí para que se calmara. Jamás creí que ella fuera así. Pero no me quedó otra que aceptar que finalmente había logrado que se alejara de mi, tal y como yo lo quería
-¿en serio te compraras un Ferrari?- le pregunté susurrándole al oído
-no puedo creer que seas así, insultando a todo mundo, solo por lo que es- murmuré
No hubo ninguna respuesta de ella.
-¿me estas escuchando?- pregunté enojado-¿me estas ignorando?-
-ni creas que la bofetada se quedara así y menos que me estas ignorando- siseé a punto de tomar su cara y zarandearla porque me mirara.
"pero era lo que tú querías ¿no es así? Que ella se alejara de ti, pues bien, muchas felicidades idiota, acabas de hacer tu cometido. Debería de ser feliz, alejando tu única luz".
Renata se despidió de mi no sin antes susurrarme que me esperaba en su casa. Asentí y ella se alejó
"¿crees que es lógico acercarte mas a la oscuridad?"
Terminó el partido cuando me di cuenta. Sus padres ya se habían subido a sus autos y ella tenía que subirse a mi auto.
Mientras ella caminaba, no pude notar como alejaba su cabello tan rizado que podría pasar horas viéndolo y jamás aburrirme. El brillo de sus ojos, el brillo de su cabello, su aroma, la suavidad de su piel y su pasión. Y él sonrojo inocente de su cara que le confería un aire infantil e inocente.
Ella logró traspasar todas la barreras que había puesto para proteger lo quedaba de mi corazón.
La amaba. Como jamás volveré a amar a otra persona en el mundo.
La deseaba. Era mi aire.
Llegué hasta mi auto y vi que ella estaba exaltada.
-¿hay algún problema- grité preocupado y corrí hacia donde estaban
-a bella no le gusta tu aroma a sándalo- explicó mi padre
-¿POR QUE ME MENOSPRECIAS?- grité al borde de la desesperación
"recuerda lo que le dijiste". Maldita voz de la conciencia
Siguió diciendo mas ofensas hasta que tuve suficiente de eso. Le ordené que se metiera al auto y se negó. Hasta que me dijo que tampoco creí que ella podría llegar a decirme.
-ya sé porque tu madre no quiere verte ni estar contigo, porque eres despreciable- exclamó
La miré con los ojos llorosos. Yo la amaba, y ella me creía que era un ser despreciable…esas mismas malditas palabras me decía mi madre una y otra vez cuando lloraba, cada que ella me golpeaba.
-¿Por qué lo dices?- preguntó mi padre con una calma mortal
-por que su hijo me acaba de decir que solamente me uso sexualmente- habló con voz lastimera
-eres una infantil estúpida. ¿Cómo se atrevió a decir eso?, se supone que era una maldita adulta y no una niñita violada.
-Edward, ¿eso es cierto?- preguntó mi padre con evidente humor en su voz
-si, por que no te quiero en mi puta vida, y si no te quieres ir en mi auto, entonces lárgate en un puto taxi-hablé lo más duro posible
Si quería hacer un punto, pues ya lo tenía. Pero por más que la amara, ella no me cambiaria nunca.
Me metí a mi auto y lo manejé.
-¿en serio la usaste como condón?- preguntó
-si- dije secamente. Mi corazón dolió por esa respuesta.
-hijo. ¿A qué se debe tu cambio de actitud?- preguntó
-a que la amo, papá. Jamás quise admitirlo- confesé
-la amas y jamás se lo has dicho. Sabes que no estará segura cerca de ti si quieres ser un asesino-
-lo sé papá solo que…-
Un fulgor rojizo atrajo mi atención de uno de los carros cuando nos detuvimos en un alto, miré para ver que era. Isabella en otro auto, con otro hombre. Nos miramos directamente y perdió el color de su rostro rápidamente.
Seguí manejando hasta llegar a su casa y su padre preguntó por ella
-vi a su hija con otro hombre. No se quiso ir en mi auto, quien sabe porque-
-mira Edward. Ella ya es mayor para hacer lo que quiera, no te preocupes-
-nosotros nos quedaremos hasta que llegué- murmuró mi padre
En ese momento comenzó a sonar mi teléfono. Salí para contestarle a Renata
-hola guapo. ¿a qué hora llegas?- preguntó seductoramente
-en una media hora más- murmuré
-bien…te espero. Tengo puesta lencería negra de seda- ronroneó
Se cortó la llamada y estuvimos esperando una hora hasta que ella finalmente apareció
-buenas noches- mi voz salió seca
Me crucé de brazos y ella caminó rápidamente a la sala.
-¿Qué pasó?- preguntó alarmada
¿Qué era lo que pasaba? Ella se fue con un desconocido y se miraba muy feliz, justo como yo quería que se viera a mi lado.
Una parte de mi la quería a mi lado por el resto de mi vida. Dejar todo y empezar una vida nueva, acercarme a la luz que ella irradia. Deseaba que ella estuviera a mi lado, que riera junto a mí, que me abrazara, saborear sus besos, tener hijos con ella y que jamás me dejara. Isabella era mi dulce redención… y yo la quería, quería redimirme de todos mis actos. Merecía ser feliz en esta mierda de vida que me tocó vivir.
"¿no te parece que estas confundido y actúas como un tonto? Solo la alejas de ti, porque no sabes qué hacer con tus sentimientos"
Maldije la voz de mi conciencia.
-que nos tuviste en una preocupación, Edward te vio en el carro de un desconocido y apenas llegas como si nada hubiera pasado- escuché la voz de Charlie
-se llama Mike newton y es de Swat-
¿Salió con un imbécil de swat?
-como sea, se supone que tenias que regresar con ellos, no sola- Sue regañó a Isabella como si fuera su verdadera madre. ¿En dónde estaba su madre?
-eso lo sé pero, Edward y yo tuvimos una discusión y no quiero tener ningún contacto con el- gritó señalándome
¿Así con que yo era el causante de su bipolaridad?
-eso lo sé y Edward pidió disculpas, pero te hubieras comunicado- acusó su padre
-¿así que el carnicero pide disculpas?- se mofó
Ella me odia
-no empieces- destilé advertencia en mi voz
Vi en sus ojos el miedo. Ella me temía y sonreí por eso.
-no me importa cuántas idioteces dijiste, pero no tenias ningún derecho a seguirme, ¿Quién te crees que eres? ¿Mi esposo o novio?- gritó
Mi furia se elevó a veinte grados. No era mi novia, solo éramos amantes pero me preocupaba por ella.
-ninguno de los dos, pero era mi responsabilidad que llegaras a tu casa- aclaré
-pues eso se te olvidó- bufó
Parecía una linda gatita queriendo transformarse en un tigre. Me ponía duro que fuera así. Si yo veía eso de ella, eso significaba que los demás hombres también lo veían.
Ella es mía y siempre lo será.
-tú no te quisiste subir conmigo y preferiste caminar y subirte a un carro de otro, en vez del mío- dije en tono posesivo
Me di cuenta, de que me estaba poniendo celoso. Isabella se dio la media vuelta, sus cabellos en forma de tirabuzones resplandecían de vida.
Yo era oscuro, frio y letal…como la muerte. Adoraba asesinar y eso no lo cambiaría por nada.
Yo era la muerte.
-lo importante es que ya llegue, y ahora me iré a dormir- habló y así finalizó nuestra pelea.
-Nosotros ya nos vamos, lo importante es que Isabella ya está aquí- habló mi padre
Estaba resoplando de furia. Actuaba como una estúpida. Yo actuaba como si ella me importara…
Me enamoré de ella por completo, traspasó todas las barreras que había puesto en mi corazón.
Caminé hacia su recamara silenciosamente y abrí la puerta. Se dio la vuelta indignada
-quiero ponerme mi pijama, hablamos mañana- habló secamente
Mi corazón se encogió de dolor. Era el momento propicio para alejarla de mí.
No soy bueno.
No quiero la redención por qué no la necesito. Antes pensaba en redimirme, pero ahora está muy claro de que no quiero la redención.
Isabella no era como yo. Renata era maldad, al igual que yo.
-tú no puedes ser para mí- fue lo primero que dije
- a que te refieres- preguntó
-a que eres como un ángel, y no quiero que te embarres de mi mierda, no te conté toda la verdad, las cosas que he hecho para sobrevivir, y tú eres tan pura- me acerqué a ella
Percibí su sutil aroma a fresas. Quería recordar su aroma para siempre.
-seré un asesino a sangre fría. No puedes compartir tu vida conmigo. Siempre estarás en peligro- pensé en decirle. No lo hice
-entonces estas tratando de decirme que prefieres dejarme ir- murmuró
-sí, no te merezco, y prefiero que estés en otro lugar que conmigo- musité
-¿por eso estabas con la tipa de ojos verdes?- increpó molesta
-ella es como yo, y prefiero estar con alguien que sea como yo, adiós mi hermosa niña-
Me acerqué a ella para besarla en la frente. Una lágrima traicionera escapó y no tuve fuerzas para secarla. La besé tiernamente, quería probar por última vez sus tiernos y cálidos labios. Mi vida será muy diferente y no hay espacio para ella.
-¿Por qué lloras?- me preguntó
-por qué no te quiero perder, quiero que te quedes conmigo, pero no puedo, no soy para ti- le dije
Me salí de su habitación. Necesitaba a una mujer que obedeciera mis órdenes sin cuestionar. Isabella no era así, era una cobarde, pensaba mucho las cosas antes de hacerlas.
Renata era la mujer que había buscado. Saltaría si se lo ordenaba y lo haría con los ojos vendados. Si le ordenaba que corriera lo haría.
Isabella no era la mujer que buscaba. Pero se ganó mi corazón que estaba muerto. Y sería la única alma que alguna vez dejé entrar en mi vida por completo.
Llegué a casa de Renata y si. Ella me esperaba en lencería negra (sostén y tanga de gasa transparente) podía ver sus pezones ya erectos.
Entramos a su habitación y comencé a besarla desesperadamente, mordí sus labios hasta hacerlos sangrar y saboreé su sangre. La aventé bruscamente a la cama y ella ya tenía una enorme sonrisa de oreja a oreja.
Me quité el cinturón y comencé a abofetear su trasero al menos veinte veces. Ella sabía que siempre serian veinte.
El sonido del cuero golpeando la piel surcó el aire y Renata gritó. Pero ella no se movió. Dos veces. Cuatro veces. Seis veces. Diez veces, el cinturón golpeo su carne, dejando ronchas por todo su trasero. Sin embargo, ella nunca se movió; solo sus dedos aferraban la cama, arrancando la sabana del colchón y apretándola entre sus manos.
Once. Doce trece.
No muestro compasión. Nunca podría dejarle ver debilidad en mí o la perdería. Nalguear a Renata suavemente, compadeciéndose de ella, solo le mataría el deseo. Era algo bueno porque nunca porque nunca he tenido piedad de ella. Me gustaba infligir dolor tanto como a ella le gustaba recibirlo.
-¿no puedes bajar el numero?- se quejó con ojos llorosos
-sabes que no- murmuré quitándome la ropa y dejando nada mas mi bóxer.
Puse a un lado el cinturón en la cama y me agaché entre sus piernas. Su cuerpo tembló bajo mis manos cuidadosas, oponiéndose durante solo unos segundos bajo mis labios cálidos. Besé cada centímetro de su dolor, cada roncha, cada minúsculo corte donde la piel se había roto. Y luego separé suavemente sus labios con mis dedos y arrastré la punta de mi lengua caliente entre ellos. Lentamente. Atentamente Renata gimió, lloriqueó y hundió sus dedos en el colchón.
Ya no sentía dolor
Todo lo que conocía era el placer
La follé con fuerza, de la única manera en que alguno de nosotros lo quería siempre: duro y violento. Y después de correrme, me acosté en su espalda, todavía enterrado dentro de ella.
Besé su espalda, su columna vertebral, sus hombros y cuello. La hojilla de afeitar me hacía señas en la mesita de noche, pero esperé. Solo un poco más
-no hay nadie más en el mundo como nosotros, , mi diablo, mi príncipe oscuro- dijo en voz baja, mirando a la nada con la mejilla apretada contra el colchón- moriría sin ti-
Distraídamente, continúe empujándome profundamente en su interior lentamente
-nunca estarás sin mi- dije, y besé la parte posterior de su cuello –y como dijiste antes, moriremos juntos
-¿lo prometes, Edward? ¿Vendrás conmigo si muero antes que tú?-
Besé un lado de su boca, presionando mis caderas contra ella, soltó un jadeo.
-cuando mueras, yo muero también- le susurré al oído –eres como yo. Llena de oscuridad y letalidad, envuelta en un precioso paquete-
-nadie te puede amar como yo te amo-dijo ella- ninguna mujer en este mundo te conoce como yo te conozco, entiende tus necesidades, tu dolor, tu pasado. Ninguna mujer te puede dar lo que yo te doy. Ni siquiera esa pelirroja-
Y tenía razón
Empujé más duro, más profundo y repentinamente la hojilla de afeitar estaba metida entre las puntas de mis dedos.
Levanté mi pecho de su espalda, lo suficiente para que pudiera verla.
Renata gimoteó y se agarró la cama cuando hice el primer corte vertical por la espalda de unos cinco centímetros. Pronto sanaría y se volvería como las otras cicatrices que yo había dejado allí. Entonces me incliné y lamí su sangre brotando de la herida con la lengua. Renata levantó su trasero contra mí, obligándome a ir más profundo. Mis dedos se enrollaron apretadamente en su cabello.
Me incliné más hacia delante, buscando su boca con la mía, y la besé larga, dura y sangrientamente.
-nadie, Edward- susurró y lamió mi lengua –nunca nadie te amará como yo-
