Star Fox: The Anglar Wars

Por Fox McCloude.

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Misión 7: Titania – The Worm.

Sobre la órbita de Titania…

La flotilla corneriana al mando del General de Brigada Richardson aún mantenía el bloqueo alrededor de Titania, como medida preventiva para impedir que ninguna nave pudiera entrar o salir del planeta. De cualquier manera, las tropas Anglar que habían ocupado el planeta no parecían tener interés en salir, solamente les importaba cuidar lo que fuera que estuviera oculto en ese lugar. La fortificación Anglar estaba defendida por cañones pesados de protones, cuyos operadores tenían órdenes de disparar a cualquier cosa que se pusiera a su alcance. Con la esperanza de que aquello que estuvieran custodiando fuese el arma definitiva que pudiera terminar con los Anglars, y con la guerra, Richardson decidió poner en marcha un plan para colocar una base corneriana y posteriormente atacar la fortificación para descubrir y recuperar la supuesta arma.

La milicia intentaría hacer descender en el planeta unos veinte transportes ligeros, cada uno de los cuales llevaría a bordo varios tanques de asalto pesado, vehículos de reconocimiento de terreno, y estaciones de batalla móviles. Estas últimas estaban equipadas con misiles tierra-aire, y se ocuparían de cubrir a las unidades terrestres de posibles ataques aéreos. Richardson había destinado un transporte ligero especialmente para Fox McCloud, quien se ofreció a apoyar en la misión usando el tanque del equipo Star Fox, el Landmaster. Aparte, junto con los transportes descendería una corbeta-estación de comando ligera, que actuaría como base provisional para las tropas hasta que los transportes pesados hubieran descendido para establecer su propia fortificación.

- De acuerdo. Repasaremos una vez más el plan. – decía Richardson, hablando por un canal a toda la flota corneriana. – Los cruceros pesados iniciarán el bombardeo orbital exactamente a las 18:00 horas. Mantendremos la pantalla durante quince minutos, y en ese momento daremos la señal para que los transportes ligeros comiencen a orbitar el planeta y se dirijan al punto de reunión acordado. Tendrán dos horas para prepararse, luego atacarán a los cañones de protones, y se retirarán de inmediato para que las naves pesadas puedan descender. ¿Ha quedado todo claro? –

Todos respondieron afirmativamente. Los cruceros pesados estaban listos para comenzar el bombardeo, aún a riesgo de recibir graves daños de los cañones de protones. La milicia corneriana esperaba que canalizando toda la potencia a las pantallas deflectoras delanteras pudieran resistir el tiempo suficiente para que los transportes descendieran a salvo. Todos miraban constantemente sus relojes, en espera de que marcaran las 18:00 horas para comenzar a actuar. En el Great Fox, Falco y Howler no se mostraron del todo conformes con la decisión de Fox de irse sin ellos. Sin embargo, en las condiciones actuales, y tal como Fox lo había dicho, no podrían hacer mucho para contribuir en el asalto terrestre. Fox intentó hacerlos sentirse mejor asegurándoles que pronto les llegaría su parte en la misión. Con respecto a Wolf, el único interés en la supervivencia de Fox recaía en que él sería el que le pagaría por sus servicios… y en el hecho de que siempre le recordaba que no dejaría que nadie más tuviera el placer de terminar con sus días.

- ¿Seguro que estarás bien allá abajo sin nosotros, Fox? – hablaba Falco por el comunicador. Fox ya estaba a bordo del transporte junto con el Landmaster, esperando la señal de descenso.

- No es la primera vez que hago algo como esto. – respondió Fox. – Les prometo que destruiremos esos cañones de protones lo más rápido posible. –

- Eso espero. – dijo Falco. – No por nada, pero no me agrada la idea de quedarme aquí seguro y cómodo mientras tú estás allá abajo exponiendo tu pellejo. –

- Ya, no te quejes, Falco. – intervino Howler. – Hay mucho qué hacer aquí mientras esperamos a que destruyan los cañones. –

- ¿Cómo qué? – preguntó Falco.

- Como preparar nuestras naves. – dijo Howler. - ¿Recuerdas lo que dijo Richardson sobre las tormentas de arena allá abajo? Si es cierto, incluso después de descender en Titania será peligroso volar, y tenemos que estar listos. –

- Ya que también hay que reconocer el terreno, creo que investigaré un poco sobre eso. – dijo Fox. – Hasta entonces, deséenme suerte. –

- Por supuesto, ve con cuidado. – dijo Falco.

Fox cortó comunicaciones, mientras esperaba su señal. La flotilla ya estaba comenzando a posicionarse para iniciar el bombardeo orbital. Pasados los quince minutos indicados, los transportes comenzarían a descender hacia el planeta. La nave insignia de Richardson se ocuparía de coordinar el bombardeo y mantener la pantalla hasta que todos los transportes llegaran a salvo al punto de reunión.

- Estamos listos para iniciar, General. –

- Procedan. – dijo Richardson.

Tomando la iniciativa, las naves cornerianas decidieron atacar primero, y lanzaron hacia el planeta varias cápsulas con cargas explosivas de alto impacto. Con algo de suerte, al tiempo que servían para distraer, causarían algunos daños a las fortificaciones Anglar, lo que facilitaría posteriormente el asalto terrestre. Pasados unos minutos, los Anglars finalmente se decidieron a responder el fuego, y activaron los cañones de protones para atacar a los cruceros cornerianos.

- Comandante, las lecturas de energía indican que comenzaron a usar sus cañones de protones. – dijo la oficial de navegaciones junto a Richardson.

- Excelente, mordieron el anzuelo. – dijo Richardson. – Activen las pantallas deflectoras a toda potencia. –

Cesando por un momento el bombardeo, los cruceros cornerianos levantaron sus protecciones para protegerse de los rayos de protones. Se veían forzados a mantenerlos a máxima potencia todo el tiempo solo para evitar salir dañados, aunque eso no impedía que les dieran unos fuertes sacudones cada vez que los disparos chocaban contra los escudos. El consumo de energía iba a ser un factor en contra dado que concentrar tanto poder en la defensa les dejaría muy poco o nada para el ataque una vez que agotaran sus municiones. Esta sería una batalla de resistencia.

Después de diez minutos, los oficiales cornerianos lograron calcular los intervalos de recarga de los cañones de protones, aproximadamente tardaban unos 50 segundos en recargar energía entre disparo y disparo, y los utilizaban como aberturas para reanudar el bombardeo. Durante uno de esos intervalos de recarga, Richardson ordenó que salieran los cuatro primeros transportes a toda velocidad usando la ruta larga para evitar entrar en su arco de disparo. La maniobra funcionó, pues los Anglars estaban tan enfocados en los cruceros que los bombardeaban, que no se percataron de que los transportes habían cruzado el perímetro de defensa de Titania, y se dirigían hacia el punto de reunión.

La táctica funcionó la segunda vez, pero a la tercera, los Anglars habían dejado de disparar contra los cruceros temporalmente. Un disparo de protones estuvo a punto de alcanzar a dos de los transportes del tercer grupo, y fue entonces que se dieron cuenta: cambiaron el ángulo de disparo para cubrir más área en el extremo por el que estaban tomando la ruta hacia Titania. Quedaban dos grupos más de transportes que aún no habían descendido, entre los cuales estaba el de Fox, y la corbeta-estación de comando.

- ¿Qué hacemos, General? Ya no nos dejarán usar esa ruta. –

- Quizás podríamos usar otra, pero sería más larga. – dijo Richardson.

Calculando por el ángulo de los disparos, Richardson determinó que orbitando el planeta en la dirección opuesta, los transportes estarían a salvo de los cañones de protones, pero tardarían más en llegar al punto de reunión. Aunque tuvieran el tiempo en contra, en estas condiciones era importante asegurarse de llegar al objetivo, y lo más sensato sería tomar el camino más seguro. Sí, sería lo más sensato, pero no lo más práctico. Richardson sopesó sus opciones, y ordenó que los cruceros se acercaran más al planeta y presionaran más con el bombardeo, esperando que eso sirviera para distraer su atención de los transportes. Aún con el factor de riesgo encima, ordenó que todos los transportes restantes y la corbeta descendieran a máxima velocidad en cuanto les dieran la señal y no se detuvieran pasara lo que pasara.

- Tenemos que resistir, solo un poco más… –

Al acercarse más se exponían a recibir más daños de los cañones de protones, puesto que la potencia de estos era inversamente proporcional a la distancia, a menor distancia, mayor fuerza. Dos de los cruceros pesados se vieron forzados a retroceder prematuramente a causa de los daños recibidos, y la nave de Richardson apenas lograba resistir los impactos. No obstante, estaban logrando su objetivo, y dos minutos más tarde la corbeta y los transportes lograron atravesar completamente intactos la línea de fuego.

- General Richardson, ya atravesamos la línea. Puede relajarse ahora. – habló Fox por el canal de comunicaciones

- Envíen una transmisión una vez que estén en el punto de reunión. – dijo Richardson. – ¡Todas las naves, retrocedan ahora! –

Ninguno de los cruceros que participó en el bombardeo salió intacto en lo absoluto, pero afortunadamente no había bajas qué lamentar, y habían logrado su objetivo. Los transportes iban con toda seguridad en camino hacia el punto de reunión, y pronto iniciarían el asalto terrestre para destruir los cañones de protones.

- Eso es todo. Ahora depende de ustedes. Buena suerte. – dijo Richardson finalmente.


Horas después, en Titania…

La travesía hacia el punto de reunión no fue un viaje de placer. A cada segundo, los cornerianos temían ser descubiertos y atacados por los Anglars antes de poder aterrizar. E incluso después de haber llegado a su destino se mostraban intranquilos. Para el éxito de su ataque confiaban casi al 100% en el factor sorpresa, si lo perdían, serían historia.

La corbeta-estación de comando inmediatamente envió el mensaje a Richardson una vez que logró aterrizar en el punto de reunión. A pesar de que según el horario de Corneria City ya era turno nocturno, la zona donde se encontraban en Titania aún era de día. Richardson les indicó que tomaran un descanso y prepararan los tanques para el asalto, mientras tanto, los vehículos de reconocimiento patrullarían el terreno en caso de que sus enemigos decidieran atacarlos. Cuando el comandante de asalto a cargo de las tropas avisó que había llegado la hora, Fox terminó de hacer los ajustes finales a su vehículo y fue a formarse para escuchar las instrucciones finales.

- En total, el enemigo posee ocho cañones pesados de protones. Mientras haya al menos uno activo, los transportes pesados no podrán descender. Estas son las locaciones. – El mapa holográfico resaltó con puntos rojos los lugares donde estaban los cañones de protones. – Atacar estos cinco será relativamente sencillo. Con una estrategia de flanqueo podemos atraer la atención del enemigo en esta dirección, mientras el resto de las tropas se encarga de derribarlos por los flancos. Ahora, estos tres serán un poco más complicados. De un lado están rodeados por el cañón rocoso, y del otro hay una barranca demasiado profunda para atravesarla. La única vía de acceso es por este camino, pero si intentamos ir con un ataque frontal, terminará por hacerse un cuello de botella. Lo mejor que podemos hacer, es tratar de obligarlos a salir, y enfrentarlos en campo abierto. –

Mientras observaba el terreno, Fox intentaba fraguarse su propio plan de ataque. Obligar al enemigo a salir parecía ser la estrategia más sensata para minimizar las bajas, pero tardaría demasiado tiempo, y tenían que asegurar el planeta lo más pronto posible para que el resto de la flota pudiera aterrizar. Estimando el ancho de la barranca que había del lado oeste de la meseta donde estaban los cañones, pensó que tal vez podría utilizar los propulsores del Landmaster para intentar atravesarla. No sabía si los oficiales cornerianos aprobarían una maniobra así de temeraria, pero dado que él solo los estaba "asistiendo" en este combate, técnicamente no estaba bajo su jurisdicción. Nadie podía decirle nada por actuar por su cuenta, excepto tal vez su propio equipo.

Completadas las preparaciones, las tropas se prepararon para el asalto. Los vehículos de reconocimiento de terreno regresaron con reportes de tormentas de arena periódicas alrededor de toda la zona, de manera que cabía la posibilidad de que su visibilidad en batalla se viera afectada. A raíz de esto, los tanques que participarían en el ataque fueron equipados con visores térmicos para contrarrestarlo. Fox tenía también uno en el Landmaster por si acaso, y ya estaba listo para comenzar. Abordó su vehículo y esperó la señal de partida para comenzar el asalto.

- Es hora. – dijo, sujetando firmemente las palancas de control.

Los tanques y las estaciones de batalla móviles se dispersaron avanzando en grupos de unas quince o veinte unidades cada uno. El Landmaster de Fox, sin embargo, se alejó del grupo principal para ir en solitario. Mientras el resto se dirigían hacia los cañones de protones que estaban fuera de la meseta, Fox puso marcha para rodear la barranca y atravesarla flotando con el Landmaster, para destruir él mismo los cañones de protones que estaban dentro de ese perímetro. Cuando el comandante de asalto le preguntó qué estaba haciendo, Fox le dijo que tenía todo bajo control y que confiara en él, y que se ocupara mientras tanto de los demás cañones de protones. El comandante quiso protestar, pero Fox le recordó que técnicamente no estaba autorizado a darle órdenes a él, así que tuvo que dejarlo en paz.

Tal como lo esperaban, la flota corneriana encontró muy poca resistencia al momento de atacar los cañones de protones. La mayor parte de las fuerzas Anglar se estaban concentrando dentro de su fortificación principal, así que habían dejado relativamente pocas unidades para proteger a los cañones (en apariencia, cometieron el error de pensar que nada podría descender en el planeta). En menos de dos horas, ya habían hecho caer tres de ellos, y mientras tanto, Fox avanzaba tan rápido como le permitían los motores de su Landmaster. La flota Anglar salió a enfrentarse con las tropas cornerianas solo después que llegaron hasta el cuarto cañón, y ya para entonces eso era un avance enorme.

- Aquí voy. – dijo Fox, activando los propulsores elevadores del Landmaster.

Gracias a las modificaciones hechas por Slippy, el Landmaster ahora podía elevarse mucho más alto y permanecer más tiempo en el aire, de modo que Fox pudo cruzar la barranca sin peligro alguno. Lo que quedaba ahora era destruir los tres cañones de protones que estaban ahí, bien podía fácilmente dejarles a las tropas cornerianas el resto. Activó su radar para verificar cuantos enemigos había en la zona. Había relativamente pocos, pero no podía confiarse, hasta uno solo de ellos podía ser una amenaza si no tenía cuidado. Los cañones de protones estaban rodeados por una alta barricada, pero que no era muy gruesa en realidad. Intentar entrar por arriba sería el camino más rápido, aunque también prácticamente una invitación suicida. De nuevo, había otras alternativas.

- Bien, si no hay una entrada… tendré que hacer una. –

Fox quitó el seguro de una palanca etiquetada como "control de ariete". Después de accionarla, la parte trasera de los motores del Landmaster se abrió dejando ver varios propulsores auxiliares. Al mismo tiempo en el frente, el cañón se retrajo y adelante aparecieron unas enormes puntas acorazadas, que de inmediato comenzaron a brillar cargadas de energía. Los propulsores rugieron y el Landmaster cargó con fuerza contra la barricada, haciendo una enorme hendidura en ella.

- ¡Otra vez! – gritó Fox.

Retrocedió un poco para tomar impulso de nuevo, y volvió a lanzarse contra la barricada. La hendidura se hizo más profunda. Dos golpes más, y la pared comenzaba a ceder. Al quinto golpe fue que los Anglars se dieron cuenta de lo que pasaba y salieron a ver quién era el que los estaba atacando, pero ya para entonces Fox había hecho una hendidura más que considerable en la barricada, y con un golpe más logró entrar. Varios soldados Anglar a pie trataron de detenerlo con sus armas inútilmente, ya que sin perder tiempo Fox jaló la palanca del acelerador y el tanque se disparó en línea recta a toda velocidad, arrollando a todos los enemigos que se le atravesaban, imparable. Fox desactivó el control de ariete, retornando el tanque a su modo normal, y de inmediato apuntó la torreta a la base del cañón.

- ¡Fuego! –

¡BLAST! ¡BROOOM! Un certero disparo cargado al máximo fue suficiente, y el cañón de protones se desplomó como un árbol al ser cortado. Uno fuera; quedaban dos. Los Anglars comenzaron en ese momento a ir en busca de sus propios vehículos y armas para intentar hacerle frente al Landmaster. Pero Fox, centrado en el objetivo, decidió simplemente ignorarlos y enfocar sus esfuerzos en derribar los otros dos cañones de protones. El Landmaster era un vehículo de asalto pesado, de modo que no era particularmente efectivo en combate estando rodeado por oponentes múltiples. Lo mejor que podía hacer era eliminar a los que se le cruzaran y luego correr.

Ante la notable amenaza que representaba el Landmaster, varios soldados Anglar que aún seguían a pie fueron a buscar armas de artillería pesada, más específicamente bazookas anti-tanques. No queriendo tentar a su suerte al confiar en que la armadura del tanque fuera suficiente para protegerlo, Fox comenzó a abrir fuego en su contra para deshacerse de los que pudiera antes que le lanzaran los proyectiles. Si bien pudo cargarse a unos cuantos antes que pudieran disparar, el arco limitado de disparo del Landmaster les permitió a los soldados restantes flanquearlo y comenzar a lanzarle los proyectiles desde los lados. Fox no tuvo más remedio que jalar la palanca de retroceso antes que le cayera encima la lluvia de proyectiles, salvándose por los pelos y teniendo apenas unos cuantos segundos para respirar mientras los Anglars recargaban sus armas. Al verse forzado a permanecer en movimiento para evitar los ataques, Fox no encontraba manera de enfocar a los cañones de protones.

- Con estos idiotas aquí no podré terminar la tarea. – se dijo. – De acuerdo, es mejor deshacerse de la basura primero. –

Como no podía dispararles a todos, la forma más efectiva de eliminarlos sería arrollarlos. Volvió a activar el control de ariete y se lanzó contra ellos a toda velocidad. Los desprevenidos soldados, perplejos ante la repentina maniobra de Fox, no tuvieron suficiente tiempo de reaccionar y varios de ellos o salieron volando por los aires por la embestida del ariete, o quedaron aplastados bajo las orugas del Landmaster. El único inconveniente era que al lanzarse en línea recta a máxima velocidad el tanque no podía girar de inmediato, lo que lo hacía un blanco fácil a los ataques por la retaguardia durante unos pocos segundos, aunque al rodarse de medio lado les dificultaba la tarea. Después de muchas vueltas y disparos, finalmente encontró una abertura para atacar el segundo cañón de protones, al cual le disparó sin piedad hasta hacerlo caer.

Ante esto, los soldados que habían sobrevivido empezaron a abordar sus propios tanques, una vez que se habían repuesto del shock inicial por el ataque repentino. Pero la ventaja numérica no les sirvió de mucho, pues el Landmaster los superaba por mucho en armamento y blindaje. Siempre con el objetivo en la mira, Fox de nuevo se limitó a eliminar solo a los que se le cruzaran por el frente y avanzar tan rápido como pudiera hacia el último cañón, sin prestarle atención a los que le disparaban por atrás. Un pequeño grupo de ellos intentó formar una barricada frente a ellos, dispuestos a pelear hasta las últimas consecuencias con tal de proteger los cañones. Pero su esfuerzo sería inútil, pues a Fox solo le bastó usar de nuevo el control de ariete para atravesar la línea, y al no querer perder el tiempo cargando sus propios disparos, simplemente continuó hacia el último cañón de protones y se puso a golpear la base con el ariete hasta que lo hizo derrumbarse. El cañón cayó con un batacazo al suelo, y con ello, la parte en la misión de Fox estaba completada.

- Ese fue el último. Es hora de salir de aquí. –

Con la última amenaza para los cruceros fuera de circulación, Fox emprendió la retirada, sin detenerse por los tanques enemigos que aún lo perseguían. De inmediato abrió un canal de comunicaciones con el comandante de asalto.

- Comandante, ya destruí el último cañón en la meseta. – habló.

- Enterado. Nosotros ya terminamos aquí también. Nos reuniremos de vuelta en la base. Buen trabajo, McCloud. –

El Landmaster prosiguió su huida. Fox utilizó los propulsores para elevarse sobre el cañón y escapar de sus enemigos, quienes se vieron forzados a detenerse e ir por el camino largo, pero para cuando lo rodearan, ya sería demasiado tarde, estaría bien fuera de su alcance. Entretanto, con los cañones de protones fuera de línea, los cruceros y los transportes pesados de la milicia corneriana ya podían descender sobre el planeta con toda seguridad. Pronto estarían listos para iniciar el verdadero ataque a la fortificación Anglar. O eso era lo que pensaban. Aún después de haber destruido los cañones de protones, la milicia corneriana no tenía ni idea de que los Anglars estaban tomando ventaja de muchas más cosas, y estaban mejor preparados de lo que creían para un asalto.


En otra parte…

Dentro de la fortificación Anglar, un escuadrón que sobrevivió al enfrentamiento con la milicia regresaba para reportar lo sucedido. Sobra decir que no estaban muy contentos con el hecho de que hubieran quitado de en medio su principal defensa para prevenir una invasión, ahora la flota que estaba en el espacio podría aterrizar con seguridad y si solicitaban refuerzos se las verían negras.

- ¿Cuántos de ellos hay? –

- No muchos en realidad, comandante. Solo tenían una pequeña fuerza de asalto que usaron para destruir los cañones de protones. Pero si ya les avisaron a sus compañeros, no tardaran en descender en el planeta, y si lo hacen tendremos problemas. –

- Bueno, podemos encargarnos de esa fuerza de asalto antes que pidan refuerzos. – dijo el comandante. – ¿En dónde se encuentran? –

- Más allá de las dunas, están en una zona plana, lejos de aquí. –

- Excelente. Vamos a presentarles a nuestras "mascotas". –

- Sí señor. –

Tras cortar comunicaciones, el comandante se sentó en su silla, listo para observar lo que prometía ser una buena "cacería"


Mientras tanto…

Las tropas cornerianas habían regresado a la planicie luego de tener éxito en su misión. Con los cañones de protones eliminados, los refuerzos pronto podrían descender, así que la hora de asaltar la fortificación Anglar estaba muy cerca. Por el momento, se estaban ocupando de hacer mantenimiento a sus vehículos, mientras esperaban a que llegaran las demás tropas. En todo el perímetro se respiraba un ambiente de tranquilidad… tranquilidad que estaba a punto de romperse. Por supuesto, ellos no tenían ni idea. Mientras los soldados cornerianos esperaban pacientemente a que llegara el resto de la flotilla, no tenían forma de saber que un enemigo invisible estaba a punto de aparecer.

- Oye, ¿qué es eso? – preguntó un soldado a su compañero en el puesto de vigía, mirando por sus binoculares.

- ¿Qué es qué? – dijo el otro, mirando también, y viendo que en la distancia se podía ver una corriente de arena levantándose, evidentemente causada por algo que se estaba moviendo bajo la tierra y se iba acercando. – Algo se acerca. –

Al mirar alrededor, se percataron de que no era la única, varias corrientes de arena se podían ver en todo el perímetro. Como los radares no servían bajo la tierra, no tenían forma de saber qué eran, pero se mantuvieron en alerta. Finalmente, pasados unos minutos, sucedió.

- ¡RAAAAAAAAWR! –

Al acercarse lo suficiente, un enorme gusano emergió de bajo la tierra. Seguido de otro, y otro más. Los enormes anélidos inmediatamente comenzaron a agitarse violentamente, y los sorprendidos soldados cornerianos apenas atinaron a sonar las alarmas para avisar a las tropas del ataque inminente. Varias naves que estaban en el exterior del perímetro fueron gravemente dañadas por la carga inicial de los gusanos, y sus ocupantes no tuvieron más remedio que abordar sus vehículos y escapar.

- ¡Alerta roja! ¡Estamos siendo atacados por gusanos de arena gigantes! ¡Todas las tropas a sus vehículos y prepárense para el combate! –

Los gusanos emergían uno tras otro de bajo la tierra, causando estragos entre las naves, y las tropas cornerianas, tomadas por sorpresa, no tuvieron tiempo para preparar una defensa. Podrían haber hecho algo de haber contado con sus cazas para atacarlos desde el aire, pero dado que la casi totalidad del armamento y vehículos de los que disponían de momento eran terrestres, estaban en una seria desventaja. Sin más opciones, Fox volvió a abordar su Landmaster para contraatacar y tratar de matar a todos los que pudiera antes que causaran daños más serios. Que error habían cometido al haberse relajado de esa manera luego de destruir los cañones de protones. Más todavía cuando se percataron de que los gusanos no estaban atacando como bestias furiosas, sino que sus movimientos se notaban coordinados. Pero eso no podía ser, la inteligencia de esos gusanos de arena no llegaba ni a una décima parte de su tamaño y fuerza.

- ¿Qué rayos pasa? Se están moviendo demasiado bien. – dijo Fox, notando que los gusanos se las arreglaban para bloquear o esquivar sus disparos. Al cabo de unos minutos, recibió una transmisión de parte de la corbeta-estación de comando, que intentaba ofrecer apoyo abriendo fuego contra los gusanos para forzarlos a retroceder.

- ¡Atención todas las tropas! ¡Acabamos de escanear a los gusanos, y tienen chips de control implantados en sus cerebros! –

- ¿Cómo dice? – Fox no podía creer lo que escuchó. Si tenían chips de control, significaba que alguien los estaba manejando como sus marionetas, y no era difícil imaginar de quién se trataba. – Malditos Anglars, tenían esto bajo la manga por si acaso. Bueno, no hay más opción. Hay que eliminar a estos parásitos. –

A falta de una mejor estrategia, Fox decidió utilizar los propulsores del Landmaster para elevarse lo más que pudiera e intentar atacar desde arriba. Pero los gusanos tenían una piel extremadamente resistente, e incluso cargando el cañón al máximo sus disparos no hacían más que dejar una que otra mancha al impactar. Las fuerzas cornerianas no tenían mejor éxito, y para rematar, los gusanos de vez en cuando se lanzaban literalmente a engullir a las unidades que lograran alcanzar. El único punto en apariencia vulnerable era su enorme boca. Tal vez lanzar un proyectil de alto impacto serviría para matarlos desde adentro. Los misiles del Landmaster podrían hacer el trabajo, pero el problema era que solo tenía seis, y calculando a su alrededor tenía que haber no menos de unos veinte o treinta gusanos. Decidió hacer la prueba para ver si funcionaba. Se elevó de nuevo, y fijando la mira en el gusano más cercano, esperó a que este abriera la boca y se lanzara contra él.

- ¡Espero que te guste este bocadillo! – gritó mientras pulsaba el botón del lanzamisiles, disparando el proyectil directo hacia la garganta del gusano.

¡BOOOOM! ¡SPLAAAAT! El ataque fue fortuito, un segundo después, el gusano explotó, salpicando carne y sangre por doquier. Satisfecho del resultado, Fox de inmediato retransmitió la información al resto de las tropas cornerianas. Ese misil bastó para acabar con uno de los gusanos, pero aún había muchos más de ellos. Al Landmaster solamente le quedaban cinco misiles, así que tenía que asegurarse de matar a uno de ellos con cada uno, cada baja que lograra anotarse representaría un aumento a sus posibilidades de victoria.


Momentos después, en el espacio…

Mientras las tropas abajo en Titania eran víctimas del ataque de los gusanos, Richardson esperaba que le dieran el informe para que comenzaran a descender en el planeta. Según el tiempo estimado, para este momento ya las tropas deberían haberles enviado la señal. Sin embargo, se estaban retrasando un poco, mientras esperaban a que llegaran tropas de refuerzo, y a que terminaran las reparaciones de las naves que habían salido dañadas durante el bombardeo. En el puente del Great Fox, Falco y Howler estaban comenzando a impacientarse y a preocuparse. En su experiencia, no recibir noticias eran malas noticias.

- Ya se está tardando demasiado. – dijo Falco.

- Relájate, Falco. Seguro que está bien, después de todo, es Fox. – dijo Howler. Aunque por dentro, él también estaba preocupado. Mientras que Wolf no se inmutaba en lo absoluto, los otros dos pilotos aguardaban con impaciencia que les llegara el aviso para comenzar a descender. Y cuando por fin sonó la señal de comunicaciones, sintieron un gran alivio, alivio que apenas les duró un segundo cuando se dieron cuenta que la transmisión venía por el canal de emergencia. Sin perder tiempo la pasaron a la pantalla.

- ¿Fox? –

- Hey, chicos. – respondió Fox entre estática.

- ¿Qué sucede, Fox? ¿Problemas durante el asalto? – preguntó Falco.

- No, qué va, el asalto fue un éxito. – dijo Fox. – Pero resulta que esos malditos Anglars tenían bajo su control todo un ejército de gusanos de arena gigantes, y nos los echaron encima.

- ¿Qué dijiste? – Falco y Howler se sobresaltaron.

- Hasta ahora nos hemos defendido, pero si siguen llegando no podremos resistir mucho más. Para empeorar las cosas, uno de ellos destruyó la antena de comunicaciones, así que tuve que utilizar el canal de emergencia para poder avisarles. Necesitamos ayuda. –

- La tienes, vamos para allá de inmediato. – dijo Howler. – ROB, abre un canal de comunicaciones con el General Richardson. No podemos esperar, tenemos que empezar el descenso ahora mismo. –

- Enterado. – dijo el robot.

La idea original de Richardson era hacer que todas las naves descendieran de inmediato una vez que se repusieran las que salieron dañadas durante el bombardeo. Sin embargo, cuando les avisaron que las tropas enviadas al asalto terrestre estaban siendo atacadas, entendió que no podían esperar más, y autorizó el descenso de las naves que ya estaban a plena condición para combatir, en tanto que las que aún no podían hacerlo se les encargó la tarea de solicitar refuerzos si los hubiera disponibles en las cercanías. El Great Fox fue la primera nave en descender a toda velocidad hacia el planeta, pero incluso antes de entrar a la atmósfera, Falco y Howler decidieron que no podían esperar más, y se dirigieron a la bahía de lanzamiento para tomar sus cazas. Wolf los siguió a regañadientes, aunque manteniendo presente el hecho de que, al menos por ahora, le convenía la supervivencia de Fox.

- Ajustando salida de propulsores. – dijo Howler. – Preparados para entrar a la atmósfera. –

- Fox, por favor resiste ahí, vamos en camino. – dijo Falco.

Los tres cazas descendieron en la atmósfera de Titania, y sin perder tiempo salieron a toda propulsión hacia el lugar de la batalla. El tiempo apremiaba, tenían que llegar lo más pronto posible. Pero claro, como nunca faltaba una interferencia cuando estaban más apurados, de la tierra emergieron una serie de mantarrayas gigantes, preparadas para interponerse en su camino.

- Vaya, solo esto nos faltaba. – gruñó Howler.

- Hazme espacio, yo me encargo. – dijo Falco.

El Sky Claw voló hacia la mantarraya más cercana, esquivando las bolas de energía que disparaba por la punta de la cola hacia ellos. Maniobrando entre el fuego cruzado, Falco colocó al Sky Claw en posición vertical y se preparó para hacer el ataque de ala cortante.

- ¡Síganme, compañeros! –

- ¡No me llames compañero! – espetó Wolf.

¡SLASH! De un solo tajo cortó en dos a la mantarraya, cuyas dos mitades cayeron hacia la arena y explotaron poco después. Dos más intentaron interponerse en el camino de Falco, pero sufrieron el mismo destino. Seguido por Howler y Wolf, Falco se abrió paso cortando a cuanta mantarraya se le acercara. No podían dejar que los retrasaran, Fox y las tropas de asalto terrestre necesitaban su ayuda.

No lejos de ahí, la batalla (o más bien, carnicería) que se había desatado entre los gusanos de arena y las tropas cornerianas continuaba, y las cosas no pintaban bien para la milicia. Al no contar con armamento aéreo, el acto de intentar disparar los proyectiles de alto impacto hacia la boca de los gusanos rayaba casi en imposible, pues atacando en tierra estaban en una notoria desventaja, y estos gusanos por lo general solo abrían la boca cuando iban a atacar, y después de eso solo tenían uno o dos segundos para disparar. Aunque habían logrado matar a unos cuantos, la cantidad restante era más que suficiente para causar estragos. Para salvar sus vidas muchos de los soldados se habían visto forzados a abandonar sus vehículos y replegarse de vuelta en la seguridad de sus naves. Fox había logrado cargarse a otros dos gusanos, pero el Landmaster solo tenía tres misiles más y una vez que se le agotaran estaría en serios apuros. Lo más que podía hacer era intentar resistir hasta que llegaran los refuerzos. Las tropas cornerianas se estaban apoyando en las estaciones de batalla móviles, ya que estas contaban con misiles tierra-aire para intentar exterminar a los gusanos, aunque esta táctica tuvo el alto costo de varios tanques en las líneas frontales que intentaban mantenerlos a raya formando una barricada, una barricada que pronto sucumbiría ante los masivos anélidos.

- Vamos, chicos, dense prisa. No puedo hacer esto solo. – masculló entre dientes.

Los minutos se hacían cada vez más y más largos, hasta que en la pantalla del radar de Fox aparecieron las señales de Howler, Falco y Wolf, sintiendo un gran alivio temporal. Aunque le dijeron que el resto de la flotilla tardaría un poco más en llegar, el saber que ahora contaba con sus amigos (y rival) para cubrirlo desde el aire era alentador. Al menos ya no estaba solo.

- Que asco me dan gusanos de arena. – dijo Falco.

- Intenta no pensar en ello, Falco. – dijo Howler. – Solo acabemos con ellos. –

Los tres cazas comenzaron a volar sobre los gusanos de arena buscando una abertura para atacar. Sus disparos rebotaban sobre la piel del gusano sin hacer mella. Por fortuna para ellos, Fox ya sabía cómo derrotarlos. Tenía que pasarle esa información a Howler y los otros en el acto, de modo que abrió un canal de comunicaciones.

- Escucha, Howler, la única forma de matar a esos gusanos es desde adentro. – dijo Fox. – Vuela sobre ellos, y cuando abran la boca, arrójales una Bomba Nova y has que se las traguen. –

- Entiendo, gracias, Fox. – respondió Howler, dándole un pulgar arriba en señal de agradecimiento.

Las unidades terrestres tenían rodeados a los gusanos de arena, intentando hacerles algún daño, sin mucho éxito. Howler les indicó que se dispersaran y se quedaran fuera de su radio de ataque, mientras esperaba a que el más cercano de ellos abriera la boca tal como le dijo Fox. Apenas lo hizo apuntó la mira, y lanzó una de sus dos bombas Nova. Falco y Wolf hicieron lo propio, logrando acabar con dos gusanos más, pero aún quedaban muchos de ellos a su alrededor. Fox retornó a la refriega al poco tiempo, guardando cada uno de los misiles que les quedaban solo hasta que se le presentase una buena oportunidad.

La batalla continuó, y al cabo de unos minutos los misiles del Landmaster se habían agotado luego de matar a su sexto gusano, y sin duda eso era lo mejor que tenían para acabar con ellos. Si quería ir por más, tendría que replegarse temporalmente e ir al Great Fox para cargarlos. Pero, ¿cuánto más tardaría en llegar? ¿Podrían resistir hasta entonces? Los misiles tierra-aire de las estaciones de batalla móviles apenas habían logrado contenerlos, pero aún no habían eliminado suficientes para decir que la amenaza estaba controlada.

Por fortuna para ellos, varios cazas de la milicia hicieron su aparición en ese preciso instante, junto con algunas corbetas de asalto ligero. Seguramente Richardson había dado órdenes de desplegarlos para enviar apoyo inmediato dado que las naves pesadas tardarían más en descender al planeta y llegar hasta el sitio de la batalla. Los pilotos cornerianos comenzaron de inmediato a acribillar a los gusanos para distraer su atención, dando tiempo a sus compañeros en las unidades terrestres para ponerse a salvo. Ahora al atacarlos desde el aire tenían la ventaja ya que podían bombardearlos al tiempo que se mantenían fuera de su alcance. Lento pero seguro, los cazas lograron ir reduciendo a los gusanos de arena uno a uno, logrando proteger de más daños a las unidades terrestres. Falco, Howler y Wolf también hicieron su parte ayudando a distraerlos mientras los cazas cornerianos hacían su trabajo arrojándoles bombas de alto impacto para destruirlos de una vez por todas. La clave estaba en obligarlos a abrir sus bocas antes de lanzarles las bombas.

- ¿Cuánto más falta para que llegue el resto de las tropas? – preguntó Fox.

- A este ritmo creo que los transportes pesados tardarán poco menos de una hora. – respondió Howler.

- Ja, tiempo más que suficiente para que nos hagamos cargo de estos parásitos. – dijo Falco.

Pasaban los minutos, y la batalla contra los gusanos de arena parecía decantarse a favor de las tropas cornerianas. Más aún cuando llegaron unos cuantos transportes medianos, entre los que se encontraba el Great Fox. Sumándose a la refriega, las naves comenzaron a abrir fuego contra los gusanos, logrando anotarse unas cuantas bajas y ayudando aún más a reducir los números. El propio ROB desde el Great Fox disparó unos cuantos misiles de hielo que inmovilizaron a un pequeño grupo de los anélidos, permitiéndoles a los cazas bombardearlos y terminar de matarlos de una vez. Con cada gusano que caía los cornerianos se sentían más triunfantes, al parecer pronto el peligro estaría controlado. Y así fue, habían acabado con todos ellos. O eso parecía, hasta que…

- Alerta, detectando señal masiva aproximándose. – avisó ROB desde el Great Fox.

- ¿Qué dijiste, saco de tuercas? – preguntó Wolf. – ¿Aún hay más? –

- Ay, no. – dijo Fox al darse cuenta.

Y segundos más tarde, finalmente se reveló. Este era muy diferente a los gusanos de arena a los que habían derrotado. Era enorme, al menos tres veces más grande que los que acababan de vencer, y su cuerpo era más oscuro que el de sus congéneres. Además, en su enorme boca eran visibles al menos tres hileras de largos y afilados dientes.

- ¡Es uno grande! – gritó Falco.

- ¡El papá de todos los gusanos! – agregó Howler.

- ¿Qué más da? ¡Solo acabemos con él ahora! – dijo Wolf, lanzándose imprudentemente.

Wolf comenzó a disparar, obviamente sin mayor éxito que contra los gusanos pequeños. Más todavía porque la piel de este grandote era mucho más resistente y los lásers no dejaban más que pequeñas manchas casi imperceptibles. Las estaciones de batalla intentaron disparar los misiles, pero el efecto fue el mismo, nada, a excepción de que con cada proyectil, el gusano parecía enfurecerse más. De pronto, sin avisar, se irguió cuan largo era, y empezó a girar, levantando a su alrededor un remolino de arena que pronto se convirtió literalmente en un tornado. Wolf y todas las naves y estaciones de batalla que estaban cerca salieron dando vueltas. Los cazas apenas lograron recobrar el control, pero las estaciones de batalla no tuvieron tanta suerte, y varias de ellas fueron a caer entre sus compañeros, causando más daños de los que ya de por sí había.

- ¡Aléjense! – gritó Fox, apenas a tiempo para que los demás se apartaran del radio de acción del tornado.

La tormenta de arena creada por el gusano impidió que nadie lograra acercársele. Obviamente a este no lo podrían matar como a los pequeños. Incluso cuando las naves pesadas trataron de acercarse, la tormenta, aunque no los mandó a dar vueltas, les quitó la visibilidad. De paso, cuando al fin cesó, el gusano había desaparecido. No se necesitaba ser un genio para saber a dónde se había ido: estaba bajo tierra. Y al cabo de unos segundos, volvió a emerger ferozmente en medio de las naves de la milicia, sembrando el caos y la destrucción en las filas. El gusano destruyó dos de los transportes y causó graves daños en otros cinco. Las naves pesadas no podían dispararle por miedo a dañar a sus aliados, solo los cazas pequeños podían intentar distraer su atención para alejarlo de ahí.

- ¿No tiene esta cosa un punto débil? – gritó Falco, golpeando el tablero de controles.

- Tiene que tenerlo. – dijo Fox. – ROB, escanea al gusano y envíanos la data. Tenemos que ver si hay algo que podamos hacer para derrotarlo. –

- Entendido. –

En cuanto el gusano se quedó quieto por un momento, ROB aprovechó de escanearlo. Luego de enviar la data, mientras este continuaba arrasando con todo a su paso, Fox y compañía se dedicaron a analizarla. Y no tardaron mucho en encontrar algo bastante interesante. Resultó ser que el aparato que controlaba al gusano era visible externamente, a diferencia de los pequeños, que estaban por dentro. Al parecer para este en particular necesitaban uno más grande y no pudieron insertarlo por completo en su cerebro.

- ROB, ¿qué pasaría si le disparamos al aparato de control? – preguntó Fox.

- El aparato está conectado directamente al cerebro del gusano. – dijo ROB. – Un disparo en él provocaría una reacción en cadena que le causaría una muerte cerebral. –

- ¿Muerte cerebral? – repitió Falco. – ¿Es decir que podemos matarlo de un tiro si le damos ahí? –

- Haberlo dicho antes. Yo me encargo. – dijo Wolf, tronándose los nudillos.

- ¡Wolf, espera! – gritó Fox.

Pero no le hizo caso. Wolf de inmediato se lanzó a tratar de dispararle al aparato de control, pero el gusano, pese a su enorme tamaño, no dejaba de moverse, esto con el evidente propósito de no dejar expuesto su punto débil. Por si fuera poco, cada vez que intentaba dispararle y fallaba, el gusano se enfurecía más. Finalmente, empezó a girar de nuevo y creó otra tormenta de arena. A Wolf no le quedó otra alternativa que alejarse de ahí en reversa para evitar que lo sacaran dando vueltas. El aparato era un blanco demasiado pequeño, y los golpes errados no hacían más que enfurecerlo. Necesitaban un tiro certero. Si creaba otro tornado de arena, no tendrían salvación.

- Eso no servirá. – dijo Howler. – ROB si tienes alguna sugerencia, es un buen momento para oírla. –

- Un proyectil teledirigido de alto impacto nos brinda la mayor posibilidad de éxito. – replicó el robot.

- ¿Teledirigido de alto impacto? ¿Tal vez un misil del Landmaster sería suficiente? – sugirió Howler. – Fox, ¿no podrías usar uno de ellos? –

- Ya los agoté, mientras peleaba con los gusanos pequeños. – dijo Fox.

- En ese caso, apresúrate y ve por más. – dijo Falco. – Es nuestra última posibilidad. –

- ¿Estás seguro? – preguntó Fox.

- Nos las podemos arreglar, y necesitaremos todo el poder de fuego que podamos conseguir. – dijo Howler. – Date prisa y carga esos misiles. –

- De acuerdo. –

Cubierto por sus compañeros y rival, Fox se retiró hacia el Great Fox, mientras estos intentaban mantener al gusano lejos de las tropas cornerianas que aún quedaban. Esto resultó relativamente sencillo, pues aunque no tenían prácticamente ningún armamento lo bastante poderoso para causarle un daño significativo, su instinto de irse contra el primero que le disparara resultaba ventajoso para nuestros héroes, ya que al rondarlo por varios ángulos y dispararle constantemente lograban hacer que se fuera de aquí para allá, distrayendo su atención del Landmaster. Entretanto, ROB se apresuró a acercarse con el Great Fox para recoger al tanque, y las tropas cornerianas aprovechaban ese respiro que les daba el equipo Star Fox para reponerse aunque fuera un poco de los daños que habían recibido. El gusano se ponía cada vez más furioso, y en un par de ocasiones estuvo a punto de tragarse a Howler debido a que se le acercaba demasiado, teniendo que ser salvado por Falco.

- Estos parásitos en verdad son muy tercos. – decía Falco.

- Hay que hacer un esfuerzo, compañero, Fox necesita más tiempo, y se lo tenemos que conseguir. – dijo Howler.

Mientras tanto, el Landmaster iba en el elevador subiendo hacia la bahía de carga. A Fox se le hacía demasiado lento, y no dejaba de mover el pie impaciente mientras se colocaba en posición. El Landmaster avanzó ligeramente disponiéndose a recibir la munición, y a Fox ese momento se le hacía eterno, pues sabía que tenía que regresar. Una vez que el Landmaster recibió el último misil, Fox presionó el acelerador y volvió a salir al campo de batalla. Solo tenía seis, y seguro que necesitaría cada uno de ellos para derrotar al gusano de una vez por todas.

- ¡Aquí voy! – exclamó.

Fox avanzó por la arena sin perder tiempo, viendo como el gusano aún trataba de atacar a los tres pequeños cazas que lo rondaban como moscas, sin éxito, afortunadamente. Manteniendo su distancia, intentó enfocar el aparato de control. Pero el gusano no dejaba de sacudirse, y eso sumado a que el aparato era un blanco demasiado pequeño le complicaba las cosas aún más. Cuando entró a rango, esperó unos segundos, el dedo en el gatillo le temblaba, y en cuanto lo vio con claridad, disparó.

¡BLAST! ¡BROOOM!

- ¡RAAAAAAAAWRRR! – El gusano rugió con furia cuando el proyectil lo impactó, lamentablemente no dio en el blanco. Se dio la vuelta y vio al pequeño tanque que le había disparado, y se habría lanzado contra él si no fuese porque Howler, Falco y Wolf volvieron a atacarlo de nuevo para que se enfocara en ellos.

- Tendré que acercarme más. – dijo Fox.

Rodeando al gusano para tener un mejor ángulo de disparo, Fox preparó el segundo proyectil. Pero igual que con el primero, en el último segundo hizo un movimiento brusco que le hizo fallar por muy poco. Howler y los otros tuvieron que lanzarse de nuevo a la carga antes que el gusano centrara su atención en Fox. El zorro no pudo hacer otra cosa que intentar acercarse un poco más sin exponerse demasiado, pero su tercer intento también fue fallido.

- ¡Maldición, si solo se quedara quieto por dos segundos! – dijo Fox golpeando su panel de control de la rabia.

- No creo que quiera hacerlo. – comentó Falco. – A no ser que… -

- ¿Tienes algo en mente, Falco? – preguntó Howler.

- Tal vez… si utilizas el Boost-Fire para encerrarlo, Fox tenga suficiente tiempo para acercarse y lanzar el disparo. – dijo Falco.

- ¿Encerrarlo? ¿Cómo? –

- Vuela a su alrededor, creando un ciclón con la energía del Boost-Fire. Tal vez eso lo mantenga quieto. – explicó Falco. Luego de pensarlo, Howler se dio cuenta de que podía resultar, pero había un problema.

- Con la energía que me queda no podré mantenerlo más de 10 segundos. – puntualizó.

- Eso será suficiente tiempo. – dijo Fox. – Howler, ¿puedes hacerlo? Si lo inmovilizas ese tiempo, podré acercarme lo suficiente para un tiro certero. –

- Está bien. Pero ni sueñes con fallar. Falco, Wolf, aléjense. – dijo Howler.

- Dije que no quería que me dieran órdenes. – repitió Wolf, pero aun así se apartó para dejarle el camino libre a Howler. Falco hizo lo mismo.

Con el área despejada, Howler tomó algo de impulso, y activó sus escudos para iniciar el Boost Fire. Comenzó a volar alrededor del gusano describiendo círculos a máxima velocidad, y tal como Falco lo había dicho, la energía creó un ciclón que inmovilizó al gusano. Duró poco, pero esos segundos sí le permitieron a Fox acercarse sin peligro, y enfocar el aparato de control.

- ¡FUEGO! – gritó pulsando el gatillo. Howler supo que esa era la señal para apartarse.

¡BLAST! ¡BROOOM! Esta vez, a esa distancia el misil impactó directo en el aparato de control. La reacción fue inmediata: al destruir el aparato el gusano sufrió daño cerebral masivo producto del corto-circuito. Apenas rugió un par de veces y se agitó, y después de unos cinco segundos se desplomó pesadamente, levantando una enorme cantidad de arena. Al fin, estaba muerto.

- Uff… eso estuvo muy difícil. – dijo Fox, desplomándose sobre el asiento, aliviado.

- Demasiado terco para morir, hay que concederle eso. – agregó Falco con sorna.

- Al menos ya se acabó. – dijo Howler. – No quiero ver otro de ellos en mi vida. –

- No canten victoria todavía. – dijo Wolf. – Me parece que esto aún no termina. –

- ¿Qué quieres decir? – preguntó Howler.

- Solo echa un vistazo al radar. – replicó Wolf.

Y en efecto, el radar mostraba decenas de señales múltiples de naves Anglar aproximándose hacia ellos. Habían acabado con los gusanos, pero a costa de recibir muchísimos daños, de modo que en sus condiciones actuales no estarían para soportar otro ataque. De seguro ese era su plan, usar a los gusanos para atacarlos por sorpresa, y en el dado caso que pudieran derrotarlos, estarían muy debilitados una vez que hubieran terminado con ellos. Así tendrían el camino libre para ir ellos mismos y rematarlos.

- ROB, por favor dime que el resto de las tropas ya están por llegar. – dijo Fox.

- Tiempo estimado de llegada de la flota corneriana, 47 minutos. – replicó el robot.

- Genial. Solo tenemos que aguantar hasta entonces. – dijo Falco sarcásticamente.

Sin perder tiempo, enviaron el aviso a las tropas supervivientes para que levantaran las defensas. Y menos mal que lo hicieron, ya que en cuestión de minutos las naves Anglar se lanzaron a atacarlos como un enjambre de abejas asesinas, pero se las arreglaron para resistir el embate inicial, lo cual fue sorprendente considerando las bajas que habían sufrido al combatir a los gusanos de arena. Las unidades aéreas se dispersaron intentando contener el avance de las naves Anglar.

- ¡Ataquen! ¡No tomen prisioneros, que no quede ni uno solo de ellos en pie! – gritó el comandante en el puente de la nave principal.

Mientras los cazas combatían dispersos por toda la zona, las corbetas cornerianas se trabaron en combate casi a quemarropa contra los cruceros Anglar. Por un momento lograron mantenerse, hasta que estos comenzaron a abrir fuego con misiles especiales, capaces de penetrar los escudos que desviaban los rayos. Las estaciones de batalla móviles intentaron contraatacar usando sus propios misiles, pero las corazas de las naves Anglar eran mucho más resistentes, y en su intento por buscar algún punto débil para atacar solo les daban más tiempo para continuar causando daños. Entretanto, los cazas Anglar intentaban agobiar a los cornerianos con su superioridad numérica, más que evidente tras las bajas que sufrieron con los gusanos de arena.

En cierto momento, Howler notó que uno de los cruceros Anglar había vuelto a desplegar sus lanzamisiles. Avisándole a Falco y Wolf, les dijo que lo siguieran para inutilizarlo antes que los lanzara. Tuvieron éxito solo en parte, ya que antes que pudieran detenerlo alcanzó a lanzar algunos proyectiles, pero afortunadamente lograron evitar la peor parte. Mientras tanto, Fox intentaba apoyar desde tierra, aunque en realidad no podía hacer mucho, ya que el Landmaster casi no tenía armamento antiaéreo, pero lograba ayudar actuando como señuelo para atraer algunas unidades y hacerles aberturas a sus compañeros para atacar.

En vista de que los cruceros Anglar y sus misiles eran su mayor azote, Fox sugirió concentrar el fuego en ellos. Esto resultó más difícil de lo esperado ya que estaban escudados en caso de que se les ocurriera, como ya habían hecho en el pasado, atacar al puente para hacerlos perder el control, de modo que no los podían inutilizar tan fácilmente. No obstante, cuando iban a atacar tenían que bajar los escudos momentáneamente para poder desplegar sus lanzamisiles, y en ese intervalo, aunque pequeño, estaban vulnerables. Howler, Falco y Wolf se aprovecharon de eso, y volaron hacia uno de ellos para hacer detonar los misiles con sus propios disparos antes que los lanzaran, de ese modo no solo salvaban a los suyos, sino que además evitaban futuros ataques. Entretanto, Fox se fue debajo de otro de los cruceros, intentando encontrar algún punto vulnerable, y a los pocos minutos vio una abertura en la parte inferior. Escaneando con la mira de largo alcance, se dio cuenta que era un puerto de ventilación que iba hacia la sala de máquinas, que estaba llena de tanques de gas, combustible y otras cosas inflamables. Aunque el cañón del Landmaster no podía apuntar a esa altura, los misiles podrían hacer el trabajo, y con eso quitarles otro azote de encima.

- A ver qué les parece esto. ¡Ahí van! – gritó Fox, pulsando los gatillos y disparando los dos misiles que le quedaban. La reacción no se hizo esperar y en cuestión de segundos el crucero estalló en llamas producto de los impactos en la sala de máquinas, que causaron que el fuego se propagara alarmantemente hacia otras secciones, antes que estos supieran qué sucedió.

En su intento por oponer la mayor resistencia posible hasta que llegara la caballería, siguiendo el ejemplo de Fox y compañía, las fuerzas cornerianas comenzaron a centrar sus esfuerzos en atacar a los cruceros, ignorando a los cazas. El Great Fox disparó los cañones frontales en contra de los misiles enemigos intentando cubrir a las unidades aliadas, de modo que pudieran acercarse lo suficiente para causar un daño significativo en los cruceros Anglar. La táctica funcionó, ya que les permitió eliminar al poder de fuego principal de las fuerzas Anglar, pero la resistencia no les iba a durar para siempre, pues sus oponentes los superaban en número de tres a uno. Solo la habilidad de los pilotos cornerianos y un poco de suerte mantenía la balanza del combate más o menos equilibrada, pero por momentos se inclinaba más del lado de los Anglars. Un grupo de estos comenzó a atacar al Great Fox, aunque los escudos de este lograron resistir por un tiempo, comenzaron a lanzar proyectiles que penetraban en el fuselaje y causaban corto en varias de las secciones.

- Parece que ROB tiene problemas por allá. – dijo Falco. – Más vale ir a echarle una mano. –

- Te sigo. – dijo Howler. - ¿Fox? –

- Lo dejo en sus manos. Veré que puedo hacer por aquí mientras tanto. – dijo Fox.

- Bien. Wolf, no te importa cuidarle las espaldas a Fox un momento, ¿verdad? – preguntó Howler.

- Haré lo que pueda. – respondió Wolf sin ganas.

Falco y Howler volaron en dirección al Great Fox para auxiliar a ROB. Entretanto, Fox usaba los propulsores del Landmaster para elevarse lo más que podía para tener un ángulo mejor de disparo y derribar a todos los enemigos posibles. Wolf se ocupaba de cubrirlo con sus propios disparos, mostrando de nuevo que en las raras ocasiones que se ponían de acuerdo y dejaban de lado sus diferencias eran un equipo formidable.

La resistencia de los cornerianos se mantuvo cerca de media hora más, pero pasado ese tiempo prácticamente los habían reducido a un círculo cerrado alrededor de la estación de comando, que si aún no había caído era porque había activado sus escudos para protegerse a sí misma y a las unidades cercanas. El resto de las tropas que aún seguían en línea habían quedado demasiado dispersas en la escaramuza como para intentar ayudar a protegerlos, entre ellas también el Great Fox. Pero la flota de cruceros Anglar ya tenía cercada a la fuerza principal, y estaban a punto de lanzar un ataque masivo desde todas las direcciones, y una vez que lo hicieran, no tendrían salvación.

- Han luchado con valor, pero hasta aquí llegaron. – dijo el comandante Anglar con toda satisfacción en su voz. – Carguen los cañones al máximo. Vamos a hacerlos polvo a todos y cada uno de ellos. –

Las tropas cornerianas alrededor de la estación de comando no podían hacer otra cosa que mirar como los cruceros Anglar se preparaban para disparar. Los escudos eran su última defensa, una vez que se vinieran abajo no tendrían nada que los protegiera. En cuanto Fox y compañía vieron lo que estaba sucediendo, se dirigieron a toda prisa hacia allá, aun cuando sabían que de todas maneras no había forma de que pudieran hacer algo para detenerlos a todos a la vez. Era solo cuestión de segundos…

¡BROOOOM! ¡BLAST! ¡BOOOOOOOOOOOOMM! Justo antes de que las naves Anglar lanzaran su ataque recibieron varios rayos de cañones pesados por la retaguardia. Estaban tan concentrados en lo que tenían enfrente que no vigilaron sus espaldas. Justo cuando estaban a punto de obtener la victoria, se les escapaba entre los dedos.

- ¡Qué rayos! ¡Quién disparó eso! – gritó el comandante Anglar, una vez que se repuso de la conmoción inicial.

- ¡Comandante, están llegando más tropas cornerianas! –

- ¡¿QUÉ? –

Y así era. La flotilla de Richardson ya había descendido al planeta, acompañada de los refuerzos disponibles que habían recibido su señal de auxilio, que resultaron ser más de los esperados, pues habían sido enviados desde Solar y Katina por órdenes del General Peppy en persona con varias horas de anticipación. Ahora se estaban aproximando hacia la línea de fuego cruzado, encabezadas por la nave insignia de Richardson, que avanzó indetenible hacia el crucero Anglar principal, decidido a derribarlo como fuera. Desde el flanco que estaba no pudo evadir ni contraatacar cuando Richardson abrió fuego con los cañones frontales, causando que la nave enemiga se incendiara en varias secciones a causa de los daños.

- ¡Atención, tropas! ¡Lancen fuego de advertencia hacia las filas enemigas! ¡Que las unidades terrestres se replieguen ahora! – ordenó Richardson desde el puente de mando.

- ¡Llegaron los refuerzos! ¡Estamos salvados! – gritó Howler.

Se armó un enorme caos en medio de las tropas Anglar. La llegada de los refuerzos cornerianos los tomó totalmente por sorpresa. Simplemente no era posible que hubieran podido llegar tantos tan rápido. Las naves recién llegadas sin perder tiempo formaron un perímetro alrededor de las unidades sobrevivientes a la escaramuza con los gusanos de arena y las tropas Anglar para protegerlas. Richardson, quien obviamente había decidido no quedarse en la retaguardia, de inmediato abrió fuego para dispersar a las naves enemigas. Varias quedaron gravemente dañadas por el ataque inicial ya que no tuvieron tiempo de levantar sus defensas en medio de la conmoción, y los cruceros de asalto ya los tenían rodeados. Después de un relativamente corto período de fuego cruzado, los Anglars cayeron en cuenta de que si se les enfrentaban en esas condiciones con toda certeza perderían.

- ¡Malditos cornerianos, pagarán por esto! ¡Retirada, todas las unidades regresen a la base! –

Las naves Anglar se fueron a toda máquina, aunque algunas que se quedaron rezagadas durante el escape todavía recibieron unos cuantos impactos antes de poder huir de ahí. Richardson dio orden de que varias de las naves pesadas se posicionaran alrededor del perímetro como medida preventiva en caso de que les diera por volver a atacarlos por sorpresa.

- El enemigo ya está fuera de nuestro perímetro, General. –

- Que los cruceros mantengan posiciones. – dijo Richardson. – Repórtenme si deciden regresar. Contabilicen los daños y las bajas. McCloud, ¿está todo en orden con ustedes?

- Sin problemas, General. – dijo Fox.

- Buen trabajo. – dijo Richardson. – Logramos nuestro objetivo… pero a qué precio. –

- No es momento de lamentarse, General. – dijo Fox. – Hay que continuar, por nuestros compañeros caídos. Tenemos que conseguir esa arma. –

La llegada a tiempo de Richardson forzó a los Anglars a replegarse de vuelta a la base enemiga. Ahora que el resto de los transportes pesados había descendido, con ello podrían establecer su propio campamento de asalto. Pese a las bajas sufridas por el ataque inicial, ahora las fuerzas estaban equilibradas, y solo restaría atacar la fortificación Anglar, el lugar donde se encontraba la supuesta arma. Aunque aún no estaban seguros de qué iban a encontrar, de algo tenían la certeza, no podían permitir que siguiera en manos de sus enemigos.

Esta historia continuará…


Notas del Autor:

Uff, vaya. Y ahí se me fue otro largo período. El pasado fue uno de los peores semestres que haya tenido, se los digo de verdad, con tantas presiones encima no me sentía con ganas de seguir escribiendo, de modo que esta y mis otras historias ya estaban en peligro de quedarse en el cajón. Pero bueno, empieza uno nuevo, y con nuevas esperanzas, y creo que mi inspiración también ha regresado. Espero que no se me vaya tan pronto.

Ya aquí me estoy alejando mucho más del juego, con eso de haber puesto el Landmaster en acción. Y después de esta batalla, creo que el Great Fox tendrá que pasar un largo período de reparaciones, porque las batallas que se aproximan van a estar mucho peores. De hecho, y es todo lo que les voy a adelantar, pronto los miembros del escuadrón tendrán que tomar caminos separados temporalmente, pues cada uno tendrá que atender algo en particular por su cuenta. Eso no será en el próximo, sin embargo, ya llegará a su debido momento.

Gracias a Dreadmon, Albian, alejandra, dragon titanico, Anhell y Ray Wolf, por los reviews, y por la paciencia. La carrera universitaria cada vez me agobia más, y el tiempo y la inspiración para seguir escribiendo son cada vez más difíciles de conseguir. De hecho, me pregunto si habrá quien me siga leyendo luego de tanta ausencia. Bueno, hasta el próximo.