Los personajes pertenecen a Suzanne Collins, la Historia es 100% original; cualquier parecido con alguna otra es mera coincidencia.
Capítulo 12
Aterrizamos en la ciudad de Miami en pasadas las siete de la tarde, en la conexión de Atlanta – Miami tuvimos un retraso de más de dos horas. Mi ansiedad jamás desapareció. Peeta me ofreció de comer, pero mi estómago no soportaba nada de comida. Ahora esperando nuestro equipaje estoy más nerviosa que antes, Prim debe de estar desesperada por verme al igual que yo.
— Prometo no volver a hacerte pasar semejante desesperación. — Peeta interrumpe mis pensamientos y volteo a verlo.
— ¿Por qué lo dices?
— Quise darte una sorpresa al trasladar a tu hermana primero, pero de saber que estarías en ese estado, hubiera preferido rentar un avión solo para nosotros. — Sonrió comprensiva y abrazo a mi novio.
— No importa, es solo que hace poco más de siete años que no veo a Prim. Cuando me fui era una niña menuda de doce años.
— ¿Tanto tiempo? — Asiento y Peeta me regala un casto beso. — ¿Por qué nunca te acercaste a ella?
— Por miedo a Snow.
— ¿Sigues teniendo miedo a él?
— No tanto como el que le tenía hace algunos meses. Antes de conocerte me sentía insegura, ahora ya no. Sé que te tengo a ti. — Me abraza más contra él y me besa la frente.
— Si, me tienes a mí.
— Señor Mellark. — Haymitch aparece al lado de nosotros con nuestras maletas. — La camioneta espera por ustedes.
— Gracias Haymitch. — Al llagar junto a nosotros Haymitch me saluda con un asentimiento de cabeza, le devuelvo el saludo y mi ceño se frunce. — Vamos Katniss, ya podrás ver a tu hermana.
En mi rostro aparece una sonrisa y tomo emocionada la mano de Peeta. A nuestro lado aparece Cinna y traslada más maletas junto a él. Ambos nos guían a Peeta y a mí a la salida del aeropuerto. Justo al salir nos espera una camioneta BMW último modelo.
Cinna y Haymitch nos abren la puerta trasera y nos incitan a Peeta y a mí a subir. En cuento me acomodo en los asientos de piel siento que voy a explotar de ansiedad, mis piernas tiemblan y mis manos no están quietas. Ni siquiera el sofocante calor de Miami me detiene de mi objetivo. Peeta se acomoda en su lugar y me coloca el cinturón de seguridad, le agradezco y toma mi mano. Me sonríe cálidamente mientras traza círculos en mi muñeca.
— Tranquila. Si nos va bien con el tráfico veras a Prim en media hora aproximadamente.
Suspiro. Cinna y Haymitch toman sus respectivos asientos de piloto y copiloto, encienden la camioneta y se incorporan al tráfico del aeropuerto. Las ventanas tintadas impiden que aprecie Miami en todo su esplendor, atravesamos la ciudad calle tras calle, yo no pongo atención a lo que me rodea, solo siento una caricia en la espalda por parte de Peeta cuando veo que ejerzo toda mi fuerza en apretar la mano que tengo entre las mías.
Nos adentramos a la zona hotelera, pero mi ceño se frunce cuando la camioneta toma la lateral que lleva a Alton Rd. frente a mí aprecio casas tras casas, entramos a una zona residencial, pero en mi mente me he confundido, pensé que iríamos a un hotel. Peeta nota mi confusión y me aclara.
— Prim se encuentra en mi casa.
— ¿Tienes una casa aquí?
— Sí, tengo una casa frente a la Bahía de Biscayne.
— Pensé que íbamos a un hotel
— ¡Woah!
Peeta me sonríe y me tranquiliza. Justo cuando piensa que en cualquier momento voy a saltar de la camioneta, esta da una vuelta en una calle que parece estar hecha solo de arbustos enormes. Avanzamos hasta que nos disminuimos la velocidad y un portón blanco abre sus puertas.
— Bienvenida.
Peeta me sonríe con todos sus dientes. El camino a la casa se me hace eterno, ni siquiera las palmeras a lo largo del camino puedo admirar a mi libre antojo. La camioneta se detiene y frente a mí esta una enorme casa en color blanco con enormes cristales.
Puedo percibir la elegancia de la que es dueño Peeta Mellark, la casa es tranquila y serena, es como estar en el paraíso, solo que este tiene una bahía en frente y palmeras por doquier.
Cinna abre mi puerta y salto de la camioneta, espero a que Peeta se reúna conmigo y toma mi mano, abre una puerta de cristal y entramos en una enorme estancia con muebles color azul cielo y blanco. Todo el primer piso es de cristales, asi que puedo ver la piscina, y a lo lejos la bahía.
— Bienvenidos señor Mellark.
La voz de una señora me hace despertar de mi ensoñación.
— Hola, Rebeca. — Peeta nos posiciona frente a una mujer de cabello castaño y piel bronceada, y la saluda con un abrazo. — Quiero presentarle a la señorita Katniss Everdeen.
— Es un placer. — Abrazo yo también a la señora y me toma de las manos. — ¿Everdeen?
— Sí.
— ¿Es usted algo de la señorita rubia y ojos azules? — Al escuchar la descripción de Prim me emociono y sonrió con todos mis dientes.
— Es mi hermana. — Le contesto.
— ¿Dónde está?
— Hace solo un momento salió con rumbo a los camastros - columpios junto a la piscina.
Al escuchar el lugar donde esta Prim corro, no sé exactamente dónde está, pero me guio con la piscina.
Al llegar afuera un fuerte viento de calor me golpea en el rostro.
— ¡Prim! — Grito.
— ¡Katniss!
La voz de mi hermana es lo único que escucho, la busco y coloco las manos sobre mis ojos, la piscina es enorme, pero justo en la punta opuesta a la que me encuentro, diviso una especie de cabaña, tiene postes de madera y telas blancas y celestes a los lados, en unas especies de camas se encuentra de rodillas Prim. Sonrió y corro a su encuentro.
Prim se pone de pie y espera a que llegue. En cuento lo hago extiendo mis brazos y las lágrimas empiezan a correr por mis mejillas.
— Prim… — Sollozo.
Mi hermanita me acerca a mí y nos fundimos en un abrazo. La estrecho entre mis brazos y no hago más que acariciar su cabello rubio.
— Katniss, no sabes cuánto me alegra abrazarte.
Mi cuerpo no soporta mi peso y me siento caer de rodillas, pero unos fuertes brazos me detienen justo antes de que toque el suelo. Peeta está detrás de mí sosteniéndome mientras estrecho a Prim entre mis brazos.
— Katniss no llores, me haces sentir mal. — Me alejo de Prim y tomo su rostro entre mis manos. La contemplo y no puedo evitar que más lágrimas salgan de mis ojos.
— Nunca digas eso Prim.
— Lo siento.
— No lo hagas. — Sonríe y se fija en el hombre que tengo detrás. — Supongo que todo te lo debemos a ti.
Los ojos azules de mi hermana contemplan a Peeta, en su mirada veo agradecimiento.
— Prim. — Mi hermana desvía su mirada hacia mí y me sonríe. — Quiero presentarte a Peeta Mellark. Peeta ella es Primrose Everdeen.
— Es un placer Prim. — Peeta hace uso de su encanto y le sonríe a mi hermana mientras le extiende una mano.
— Lo mismo digo Peeta, creo que solo me resta agradecerte. — Prim estrecha la mano de Peeta y en su rostro se dibuja una sonrisa.
— No tienes porque. Tu hermana quería verte y aquí estas.
— Si quería hacerlo. — Prim me abraza de nuevo y yo hago lo mismo.
— Bueno, supongo que tienen mucho de que platicar. Las dejo. — Peeta se acerca a mí y me da un beso en los labios. No es profundo, pero si lo bastante largo como para que Prim desvié la mirada hacia la bahía. — Un placer Prim.
Prim le sonríe de vuelta y Peeta se aleja rumbo a la casa.
— Es un buen hombre. — Dice de repente Prim. Volteo a verla de forma interrogante. — Es la verdad, no cualquiera manda a su escolta a recogerte a tu casa y decirte que vas a volar a Miami en avión privado.
Le sonrió de manera cariñosa a Prim y me siento en uno de los camastros – columpios y mi hermana se sienta a mi lado.
— Sí, creo que tienes razón. — Me coloco de frente a Prim. — ¿Cómo está?
Mi hermana sabe perfectamente a lo que me refiero.
— Esta bien. Sigue decepcionada por lo que hiciste.
— Lo entiendo.
— Katniss, a veces la veo tan triste que me dan ganas de contarle toda la verdad.
— No lo hagas, es la mejor manera de protegerla. — Me hundo en mi asiento mientras Prim me abraza.
Ahora que la veo de nuevo, noto que está más alta, su cuerpo ha cambiado, es igual de delgado y casi no tiene desarrollado el cuerpo de mujer, los pantaloncillos cortos y la blusa blanca pegada al cuerpo casi le dan aspecto de niña, al final de cuentas solo tiene 19 años y está vestida de acuerdo a su edad.
— Prim, ¿Qué le dijiste a nuestra madre?, ¿Dónde piensa que estas?
— Piensa que me fui de viaje con Rue a Nueva York.
— Y le aseguraste a Rue que no dijera nada. — Prim sonríe con todos sus dientes.
— ¿Ya te dije que Peeta te ama?
— No me lo has dicho, pero si lo sé.
— Pues ahora puedes estar más segura que nunca, porque Peeta también trajo a Rue a Miami.
— ¿Qué? — Me levanto de la impresión, ¿está hablando en serio?
— Sí, Cinna me pregunto la mentira que le había ducho a nuestra madre, y le dije lo que te acabo de decir. Entonces el hablo con Peeta y le dijo mis "planes", después Cinna me dijo que fuera a buscar a Rue, porque ella venia conmigo a Miami.
— No lo puedo creer. — Me siento de nuevo y contemplo con asombro a mi hermana.
— Pues créelo. — Prim me sonríe pícaramente y se lleva una mano a su mejilla. — Peeta es tu novio, ¿cierto?
Me sonrojo, no puedo creer que esté hablando con mi hermana pequeña de esto.
— Sí.
— Se ve lo enamorado que esta de ti.
— ¿Cómo puedes saberlo?, ¿acaso alguna vez te has enamorado?
— No exactamente, pero Peeta te mira de una forma que hace pensar a cualquiera que los conozca que está dispuesto a recibir una bala por ti.
— Literalmente está dispuesto a hacerlo.
— ¿Sabe lo de Snow? — Suspiro, hace mucho que no hablaba con mi hermana con tanta libertad.
— Tuve que decírselo.
— ¿Porque?
— Aunque no lo creas, Peeta y yo nos distanciamos hace poco, los motivos fueron que yo no era totalmente sincera con él.
— ¿Qué le ocultabas?
— Lo de Snow. No sé cómo demonios lo averiguo, pero lo hizo. Cuando me lo pregunto Salí huyendo.
— ¿Y cómo lo tomo?
— Cuando supo quién era Snow en mi vida, se enfureció, pero después hizo reforzar mí seguridad, al grado de que no puedo salir a ningún lado sola.
— Sorprendente. ¿Tienes pesadillas aun?
Mis pesadillas solo las sabia Prim en un principio, cuando me fui de casa Gale fue el siguiente. Ahora que vivo con Peeta tuve que decirle acerca de que se trataban.
— Aunque no lo creas, casi han desaparecido.
— ¿En serio? — Prim se sorprende y abre los ojos como platos, ella sabía cómo me ponía después de tener una pesadilla. — ¿Cuándo dejaron de hacerlo?
— Cuando me fui a vivir con Peeta.
— Entonces Peeta te hace sentir protegida.
— Sí. — Sonrió ante el recuerdo de Peeta. — Cuando él me abraza, siento como si pudiera luchar contra el mundo entero. Él es como mi fuerza, me da seguridad y me siento querida a su lado.
— Yo más bien pienso que eres muy querida por él, basta ver cómo te sostuvo cuando estabas a punto de caerte. ¿Lo amas?
— Sí, es lo mejor que me ha pasado.
— ¿Y supongo que él te ayudo a no tener más pesadillas con ese amor?
— Supones bien. — Sonrió, pero tanto hablar de Peeta me hacen desear que este conmigo ahora mismo y quiero saber algo sobre Prim, así que cambio de tema. — ¿Ya estas lista para la universidad Patito?
Ríe ente mi apodo, pero no me prohíbe que lo use.
— Nadie me dice así, solo tú.
— No lo hagas, cada vez que veo un patito bebe en algún parque o zoológico, me acuerdo de ti.
— Que curiosa comparación. — Ambas reímos hasta que el estómago empieza a dolerme. . — Hablando en serio, ¿estas lista?
— Si, solo estoy esperando que lleguen mis exámenes finales. Y con tu ayuda sería cuestión de tiempo para que reciba la aprobación de mi solicitud, con mis calificaciones no creo que me rechacen.
— Yo también no creo que te rechacen. Pase lo que pase tú vas a estudiar Prim.
— Katniss… — Por la cara que puso Prim y la mirada baja se a dónde quiere llegar. — En serio no quiero que te preocupes, si no puedes pagarme la universidad puedo trabajar…
— De ninguna manera Prim. Quiero que te concentres en tus estudios, yo será la que me encargue de preocuparse.
— Eres muy terca.
— Si lo soy, ahora ven quiero abrasarte.
Prim me sonríe y yo le devuelvo la sonrisa, se acerca a mí y se acomoda junto a mí, quedando su espalda contra mi pecho. La abrazo y acaricio su rubia y larga cabellera, nos acostamos en el camastro y observamos las estrellas, la melodía que suena a lo lejos son las tranquilas aguas de la bahía.
Todo es paz a mi alrededor, la ansiedad que tenía hace unos momentos ha desaparecido en cuento estreche a Prim entre mis brazos. Toda esta tranquilidad me recuerda a los momentos felices que tuve cuando era niña, cuando abrazaba a Prim para que durmiera mientras mi padre me abrazaba y me protegía de los miedos que me asechaban. Ahora tengo a mi lado a Prim, pero mi padre ya no está; en su lugar tengo a un rubio de ojos azules, celoso, salvaje, romántico, posesivo y creador de momentos felices a mi lado.
Peeta ha logrado que me sienta segura de nuevo, con él me siento protegida, amada y deseada al mismo tiempo. Son casi los mismos sentimientos que me hacía sentir mi papá, quitando obviamente lo deseada; solo deseo que Peeta se quede conmigo para siempre y que él nunca se aleje de mi lado y me deje sola.
Con mis sentimientos resguardados en mi mente, cierro los ojos mientras acaricio el cabello de mi hermana, el cansancio y el estrés cobran la factura a mi cuerpo, haciéndole pagar toda la frustración del día. Poco a poco mi respiración se vuelve lenta y caigo en un profundo sueño del que no quisiera despertar.
Saludos. Espero sus reviews y recomienden la historia!
