12. Besuqueándose
Baz estaba locamente enamorado de cada uno de los lunares de Simon, casi tanto como Simon estaba loco por cada uno de los cabellos de Baz. Así que Simon podía permitir que Baz besara cada uno de sus lunares con calma, siempre y cuando él pudiera pasar sus dedos entre su cabello mientras tanto.
Y es que cuando los labios de uno hacían contacto con la piel del otro, no es que hubiera fuegos artificiales, es que ellos eran fuego puro. Pero ahora en lugar de quemarse, ambos se alimentaban del otro.
Cuando los labios de Baz regresaron a la boca de Simon, este se preguntó si así se sentía tomar agua después de haber pasado una eternidad en el desierto. O si esa era la forma en la que Dios le gritaba que era real. Porque recordaba haber amado cada beso que había compartido con Agatha, pero no recordaba que ninguno de estos besos lo hubiera hecho sentir nunca así.
Nunca habían hecho mucho más que eso, intercambiar saliva en un rítmico y continuo suspirar. Y eso para Baz estaba bien. Aún le costaba trabajo concebir que eso fuera real. Había veces que todavía pensaba que en cualquier momento se despertaría para descubrir que todo había sido un sueño y Simon seguía siendo nada más que su increíblemente molesto y sexi compañero de habitación que tarde o temprano terminaría por matarlo.
Y si seguía besándolo de esa forma, quizás si lo mataría después de todo.
Baz estaba en una lucha constante entre querer más y estar aterrado por la posibilidad de que eso pasara. Simon era demasiado bueno para ser real. Y todo, sobre todo las cosas que hacen que uno se sienta de esa forma, en exceso es malo.
El mundo daba un millón de vueltas cuando estaban juntos. Incluso había ocasiones en las que Simon podía llegar a olvidar que ya no había magia en su interior, ya que recordaba la ocasión en la que se habían transportado al espacio exterior desde su cama en Watford, y la situación no era muy distinta.
Baz no entendía como Wellbelove había sido capaz de dejar ir a Simon, o como es que Bunce no se había terminado por enamorar de él. Todo el maldito mundo debería amar a Simon, porque sin magia o sin ella él siempre sería el elegido.
—Creo que te amo— murmuró Baz en ese momento.
Simon pareció no escucharlo mientras lo besaba una, dos, tres veces más. El vampiro sintió como un nudo se iba apretando en su estómago.
—Bueno…— murmuró Simon mientras enredaba un mechón de cabello de su novio alrededor de su dedo— Sí, probablemente yo también te amo a ti.
—Eres un idiota— murmuro Baz entre beso y beso, y su amado se rio sin apenas despegarse de su boca.
