Buenas noches mi gente! Así es, para mí ya es de noche y me tengo que ir a dormir. Vengo para entregarles mi encargo, parecerá corto comparado con el tiempo que pasó desde el último, pero esque he estado ocupada con la escuela, actividades en la tarde, familia, vida social, en fin.
Aquí parecerá que no hay nada relevante pero eso depende de ustedes. Dejo a su criterio si éste capítulo tuvo algo de relevancia. Más abajo les contaré algo que planeo hacer y un par de propuestas que tengo para ustedes, el público en general.
Pero por ahora, ¡gocen de la lectura! n_n
Capitulo 12: ¿Las cosas pueden cambiar?
Rebecca
Cuando mi hermano está tan ocupado trabajando y me deja cuidando el fuerte, a veces no puedo evitar sentirme con ganas de amargarle la vida a alguien, ése es el único hábito que se me quedó de mi otra vida. Todavía recuerdo cuando molestaba a mis padres y a mis hermanas si no estaba haciendo nada en la casa, hoy es uno de esos días también para mí en mi eterna vida como hermana menor de Cupido; pero desde que Mim me pidió ayuda con el asunto de la Reina de Arendelle y Pitch, me he partido la cabeza pensando en qué puedo hacer para mejorar la situación. Nunca antes había visto a Pitch tan molesto, bueno, en realidad nunca lo había visto antes de su "Era Oscura", lo vine a conocer cuando Norte y el resto de los Guardianes lo hicieron caer pero solo lo vi una vez en persona luego de eso, vagando por una triste calle en mitad de la noche con cara de querer matar a alguien.
Mi sitio para pensar en qué diablos debo hacer para ayudar a Mim es la viga del techo de nuestro palacio, la viga que divide nuestro fuerte en dos y que me ha servido para llevar sangre a mi cerebro desde anoche. De un momento a otro escucho la puerta de mi lobby ser abierta, es cuando veo de cabeza a mi hermano como si estuviese colgando de la tierra como murciélago; de inmediato me reprocha con la mirada como si estuviese bromeando.
-Si sigues así te vas a hacer daño.-me dice cruzándose de brazos.
-Oh, por favor. Ya estoy muerta.-digo sarcástica, me siento de nuevo en la viga y bajo de ella agitando mis hermosas alas blancas como las nubes.-¿Qué más podría pasarme?-aterrizo y le imito cruzando mis brazos.
-¿Ya hiciste todo lo que tenías que hacer?-me interroga una vez más, hizo lo mismo anoche.
-Sí.-le respondo monótona imitando todo lo que hace, hasta como me mira.
-¿Hablaste con los botones de flecha?
-Si.
-¿Teñiste la madera de oro esta mañana?
-También.
-¿Moliste los granos del polvillo azul para las flechas?
-Sí.
-¿Revisaste si hubo cambio en los cristales de las personas?
-…-Ya decía yo que había olvidado algo importante.-…Depende, ¿los de ayer o de esta mañana?-pregunto algo avergonzada y haciendo una mueca.
-Los de esta mañana, por supuesto.-me dice claramente molesto conmigo, se me acerca hasta que nuestros rostros están a solo unos centímetros, ya empezó otra vez.-Si tú no cumples con tu parte del trabajo ¿cómo esperas que cumpla con el mío?
-Yo no sé, eres Cupido, todos creen que tú eres el único que se encarga de todo por aquí.-le digo pícaramente y con una seductora sonrisa.
-Desde que los botones se arman, hasta el proceso del polvillo azul de las flechas, y el teñido de la madera, es un proceso que requiere a más de uno para que el resultado sea perfecto.-me explica como si fuera una niña pequeña devolviendo el mismo tipo de sonrisa.-Muchos dirían que eres la lujuria y es cierto, pero también eres odio que complementa el amor. Sin ti es imposible que todo eso pueda servir de algo.
-Sirve porque lo hacemos juntos.-le digo en voz baja y tomando suavemente su túnica roja acercándome un poco más.-Pero lo cierto es que no importa si yo lo hago contigo…-encajo mis uñas cereza en sus hombros de forma abrupta.-¡Al final siempre eres el que recibe el crédito!
De un jalón hago que la tela le cubra la cabeza a la vez que se rasgue con mucha facilidad, sé bien que Lloyd está perplejo creyendo que estaba por lograrlo como muchas otras veces lo ha intentado.
-Oye, ¡¿a dónde vas?!
-¡Voy al salón de cristales y a encerrarme allí por tres largas horas!-aviso tan fuerte y claro como puedo sintiendo la rabia calentarse dentro mi estómago.-¡No vuelvas a decirme cómo hacer mi trabajo!-y así como así azoto las puertas del lobby.
Mi hermano siempre cree que debe decirme lo que tengo que hacer pero la cosa siempre es al revés, además de que sin MÍ parte del trabajo él no sería nada. NADA. He vivido los últimos siglos soportando esto y sigo preguntándome cómo es que aún no lo he empujado por el pozo sin fondo de nuestro jardín. Creo que sin ese cuarto de los cristales y del silencio y paz que hay, ya me habría deshecho de Lloyd hace siglos.
Mientras voy caminando por los pasillo labrados con oro y adornados con pinturas de la Antigua Grecia y estatuas algo descuidadas, veo al fondo las puertas de caoba que son mi salida para no cometer un homicidio en primer grado contra mi hermano. Al abrirlas hay una escalinata de caracol hecha de mármol pulido que conduce hacia abajo, el lugar es algo oscuro pero se ve una tenue luz aguamarina aún a este alto. El Cuarto de Cristales es uno de mis lugares favoritos del palacio, las paredes son roca sin labrar o tallar como si estuviese en una especie de cueva, tiene algunos témpanos de hielo arriba que siempre están en constante deshielo y a veces gotean, la humedad puedo olerse hasta el último rincón como si lluvia fresca acabase de caer; pero la mejor parte son los cristales que hay en la habitación.
Cada cristal, ya sea grande o pequeño, tiene luz propia que refleja lo fuerte que es el sentimiento de amor de una persona, por lo que todo el lugar está iluminado del tal forma que pareces estar dentro de la mismísima Aurora Boreal. Al estar frente a pasillos de mis cristales colgando en sus respectivos lugares, inhalo profundamente sintiendo como mi enojo contra Lloyd va desapareciendo poco a poco.
-Sí, de aquí soy.-digo muy orgullosa de mi parte del trabajo.
Tendré varios a parte de los que dijo mi hermano pero nada se compara con esto. Algunos cristales parecen pedazos de vidrios rotos de una ventana cualquiera, otros son tan grandes como mi antebrazo y puntiagudos con volumen y casi sin transparencia, otros son más pequeños como los diamantes de los vestidos que usan reinas ambiciosas y extravagantes, pero mis favoritos son los que aparentan ser diamantes tan grandes como naranjas; esto es porque todos los cristales crecen con el paso de los años, cada uno tiene un color distinto, y un volumen de brillo diferente según sea la persona. Cuando uno es soltero y no te gusta nadie, el cristal aún no brilla, no muestra nada y por lo general es del tamaño de una ciruela si no es que más pequeño; pero cuando dos personas se enamoran de verdad, me corresponde unir sus cristales, ya que estos desarrollan una atracción magnética con su respectiva pareja. Si el amor de la pareja crece, entonces el cristal también, los más grandes son del tamaño de un espejo extravagante que solo los reyes pueden comprar, estos hacen bulto la mayoría de las veces así que los mudo a los extremos del complejo.
Los reviso uno por uno en los pasillos sintiendo como el tiempo se detiene mientras me pierdo en el brillo de mis creaciones, lo que me encanta también de ellos es que muestran a las parejas en sus momentos felices, y los que aun están solteros pero tienen a ese "alguien especial" muestran también momentos agradables que han compartido con esa persona. Tomo la pluma y el papel del recibidor y empiezo a anotar los nombres de los lugares de las personas que mi hermano tiene que flechar para ésta tarde, no vaya a ser que una potencial pareja se vaya a separar por uno de mis descuidos, me tomo al menos una hora y media para terminar. Me dirijo entonces una de las paredes de roca del cuarto, yo misma le agregué un ascensor de cuerdas para llevarle las listas a mi hermano sin tener que dejar este paraíso de luz y calma.
-Dije que me quedaría tres horas y eso es lo que voy a hacer.-digo le doy vuelta a la palanca que sube el compartimiento donde está lo que Lloyd necesita. Al terminar regreso a entretenerme con el hermoso lugar.
Mientras paseo me pongo a pensar en Mim, siempre he creído que se equivocó al elegirme como una igual de Lloyd, pero hasta ahora no se ha dignado a decirme por qué; los primeros doscientos años como hermana de Cupido le supliqué que al menos me dijera por qué yo, pero siempre hacia un voto de silencio. Sin querer llego al fondo central del cuarto, es la parte reservada de los seres mágicos…o sea nosotros…veré si Hada aún piensa en Conejo y después de me iré.
"Todos éramos alguien mucho antes de ser elegidos", es lo que Hada me dijo cuando la conocí y se hizo mi mejor amiga, y la única que reconoce que sin mí mi hermano estaría en la quiebra. Las puertas son de madera un poco oscura y el cuarto es mucho más pequeño que el resto del complejo detrás de mí. También los cristales son distintos y con formas únicas pero como si fueran mosaicos, no tiene mucho volumen a decir verdad.
El de Hada siempre ha sido el que más me gusta, más que el mío, es un rombo perfecto cuyo brillo cambia de colores pero permanece, cambian a cada segundo pareciendo una Aurora Boreal en pequeño, amarillo, purpura, verde, verde aguamarina, rosa, dorado, en fin, son colores de Hada. Y…Sep, está pensando en el Conejo de Pascua otra vez. Ella me dijo que se sentía atraída desde la derrota de Pitch pero también me explicó que solo era algo de momento que se le pasaría…¡Sí, claro!
El de Conejo también es llamativo, tiene la forma de un triángulo que brilla en verde pasto con leves brillos blancos, es casi como una esmeralda, y…Sep, también está pensando en Hada... deberían casarse o algo, el amor platónico a veces es tan frustrante, ahora entiendo a mi hermano. Conejo nunca me habló de Hada en forma especial ni nada por el estilo, pero en cada fiesta de navidad que Norte organiza en su taller lo he visto mirarla de reojo en varias ocasiones, ya sea que esté hablando con Norte, con mi hermano, o Katherine, o a veces hasta con Sandman, él siempre busca el ángulo perfecto para ver a mi amiga reír y hacer expresiones que siempre reflejan lo que siente en ese momento.
Los cristales de Meme y Norte no han brillado todavía, bueno, el de Norte brilló hace mucho tiempo cuando aún era Nicholas St. Norte, pero eso fue cuando aún era un aventurero que buscaba tesoros y gloriosas batallas. Desde entonces no he visto que su cuadrado rojo brille, ni siquiera yo recuerdo cómo era esa mujer, pero tenía un nombre hindú…creo.
-Oh, Jack. Deja de sufrir y continua con tu vida.-digo con hastío y bochorno al ver el cristal de Jack Frost.
Éste es un poco más grande que el de Hada y tiene la forma de un hexágono en vertical, así lo encontré y así lo colgué. Brilla una luz azul marina con destellos blancos, reflejando a nadie más que a la adorable princesa Rapunzel, siempre sonriendo con felicidad y vida como el sol mismo en primavera. Me siento mal por el hecho de que Jack aún no pueda olvidar a esa muchacha luego de años de ya no estar en "relación" con ella, sé que él dice que solo son amigos pero éste cristal es al prueba de que sigue enamorado de ella.
Hay otros cristales aquí pero la mayoría no brillan ni muestran nada. Está el mío, el de mi hermano, el de la Marmota, el de Katherine, el de Madre Naturaleza.
-Sí, todos están aquí y ninguno ha cambiado en…-al voltear a mi izquierda veo algo peculiar.
Es en la esquina alejada del cuarto y parece estar brillando con fuerza, me impactó en el segundo que veo de qué cristal se trata. Es uno abandonado y que parece un pedazo de vidrio alargado, de color gris brillante, quebrado y con algunas grietas en los bordes, nunca antes, ni siquiera antes de que yo empezara a vivir aquí, ese cristal había brillado. JAMÁS.
Elsa
A veces me molesta que el castillo tenga tantas escaleras, justo ahora que necesito hablar con mi hermana antes de que se vayan quisiera solo deslizarme por el barandal como ella lo hace…solo que no puedo.
-Anna…-llamé a mi hermanita bajando de las escaleras, merece saberlo antes de irse.
-Buenos días, Elsa.-me dice al segundo de verme para después abrazarme, le correspondo solo para ver lo feliz que está.-Ya casi estamos listos, Kristoff bajaré en un minuto.
Ya me es común verla contenta, pero no la había visto así de enérgica desde hace ya un par de meses antes de la boda.
-¿Ya comiste? ¿Dormiste bien?-pregunté solo en caso de que algo le faltara a mi premiada hermana.
-Sí, todo en orden. Aunque no siento ningún cambio todavía como dijo Olaf.-respondió llevándose la mano a su barbilla pensando.
Olaf dijo que los cambios de comportamiento y/o humor eran por el embarazo, eso explica muchas cosas ahora que recuerdo.
-Que bueno que te sientes bien, Anna.-digo con una sonrisa algo forzada.-La verdad…¿podría comentarte algo, hermana…en privado?-digo señalando con la vista a los criados que están trayendo y llevando valijas del castillo a los carruajes.
-Seguro.-contesta algo desubicada pero igual de optimista. Las dos nos alejamos un poco de la gente hasta quedar junto a una ventana que da a las puertas del castillo, ya casi llega el final del mes y con ello el otoño.-¿De qué querías hablar?
Inhalé profundo pensando mis palabras, sintiendo la pesadez en mi estómago junto con los nervios y el sentimiento de estar firmando el acta de defunción de Hans. Anna se verá muy alegre hoy, sus rosadas mejillas, sus pecas en la nariz, sus ojos aguamarina mirando expectantes, siento que esto no va a durar mucho.
-Ok…ohm…¿Recuerdas que ayer me viste bailando con Hans y luego salí para hablar con él?-siento que estoy haciendo un feedback.
-Sí, y sigo esperando una explicación ¿tienes algo que decir en tu defensa?-pregunta casi sonando acusatoria, pero sé bien que luego de la noticia de anoche todo se le olvidó.
-Lo cierto es que…-si le digo puede que intente un homicidio, si lo golpeó antes ¿quién me asegura que no lo matará ahora? O pero ¿quién me asegura que no se molestará conmigo por igual.- Hans…bueno…él…-No quiero que Anna me odie, lo último que quiero es que nos separemos de nuevo, y más aún por una tontería como ésta.-…él puede ver también a Jack.
…¿Es en serio, Elsa? Soy yo la que debería estar molesta.
-¡¿En serio?!-pregunta impresionada abriendo todavía mas sus ojos.
-Sí…-no es mentira pero tampoco es lo que quería decirte.-Por eso salí a hablar con él, le prometí que los presentaría. Debiste verlo, parecía un niño pequeño haciéndome preguntas sobre Jack.-le digo viéndola dar de saltitos por la emoción.
-¡Genial! Podrás presentarlos antes de que Hans regrese a su reino en un par de días, así al menos no se aburrirá.
-¿Qué? un momento ¿cuándo dices que se va?-le pregunto algo calmada mostrando una sonrisa, para no sonar sospechosa.
-Dijo que prometía no volver a menos que fuera necesario, que luego de que yo me fuera solo esperaría otra embarcación de su padre para regresar a casa.-me explico, pero con cada palabra me quedaba perpleja, apenas y parpadeaba.-Le dije que no había ningún problema, al fin y al cabo Kristoff y yo nos iremos, y tú tienes mucho trabajo que hacer todavía.
Cuando Anna terminó de hablar, Kristoff bajaba de las escaleras tan apresurado como yo lo había hecho. Miro a los alrededores mientras mi hermanita fue hacia él para que la cargara mientras reía encantada. Le dio un beso y los dos se abrazaron un rato. Esto me da tanta ternura.
-¿Ya dejaste al príncipe tranquilo con tus encargos?-le preguntó mi cuñado a mi hermana. Me les acerqué un poco para estar al tanto y preguntar otras cosas.
-Amanecí de buen humor, pero le pedí que fuera por un par de cosas antes de irnos.
-Anna…
-¿Qué? no es nada, solo un par de presentes para la princesa Rapunzel y su esposo. Ya saben, como agradecimiento por dejarnos ir a su reino a pasar la luna de miel.-dijo contenta defendiendo su posición.
La verdad, no me parece tan mala idea un par de presentes como agradecimiento, también tengo que darle las gracias a la pareja por esto, sé lo mucho que Anna quería ir a las montañas porque planeó ese viaje por semanas, pero con la espera de un bebé eso será imposible, será bueno que se diviertan en el reino.
-Anna, a todo esto ¿dónde está Jack?-preguntó para saber si ya se fue si aún puedo hacerle un favor a Hans antes de que se vaya.
-Está afuera esperando a que todos estén listos para despedirse de nosotros.
-Si quieres voy por él, necesito decirle algo de todas formas.-sugiero con rapidez pero sin sonar tan ansiosa. Anna asiente y me encamino al jardín más cercano para buscar a mi amigo.
Al llegar lo veo recostado en uno de los árboles con su cayado pegado a su pecho, sé bien que Jack no puede hacer nada sin esa vara de madera retorcida. No parece estar despierto pero tampoco se ve dormido cuando pongo pie sobre el césped. Me acerco sigilosamente con el propósito de quitarle ese cayado y reírme un rato, al estar lo suficientemente cerca me quito un guante y respiro hondo en silencio para arruinar nada. Lanzo un rayo de hielo y mando a volar la vara al otro lado, haciendo a Jack despertar y casi hacerlo caer.
-¡Elsa!-me reclama mientras que yo solo río y ubico el objeto de madera. Al hacerlo él me mira y luego su preciada fuente de poder, al voltearnos a ver los dos iniciamos una carrera por tener el cayado.
Me coloco el guante con rapidez mientras corro, Jack se descolgó del árbol cuando me vio avanzar así que se soltó y cayó para levantarse e intentar llegar antes que yo. Pero antes de que pudiera hacer algo le quité su preciado objeto mientras me reía de pura diversión. Con una mano sujeto el cayado de madera y con la otra mi estómago mientras me río.
-Eso no fue justo, no se vale usar poderes.-dijo queriendo reírse a unos pasos de mí.
-No sabía que existían reglas. ¿tienes donde están escritas?-le pregunto algo burlona.
-Sí, están junto a las que dicen que puedes dejarnos colgados a mí y tu hermana como anoche.-dice para fastidiar, como Anna dijo casi indignada pero él lo hizo con más intención de burlarse.
-No sé quién se queja más como una nena, tú o mi hermana.-le digo devolviéndole el cayado haciendo burla de mi formalidad al hablar. Él lo toma y lo acomoda para recargarse en él.-Pero ya en serio, Anna dice que entres para despedirte.-le digo aún sonriendo pero ya más seria.
-¿Ya se van? Creí que aún faltaba que ese príncipe llegara para traerle sus cosas a Anna.-dice algo disgustado al mencionar a Hans.
-Solo falta eso…por cierto…-ay no, ya me puse nerviosa, siento el nudo en mi estómago y mi garganta.-Hay algo que quiero decirte.-empiezo al momento que nos movemos para ir a donde mi hermana y Kristoff.
-¿Qué cosa? ¿Sucedió algo?-pregunta preocupado.
-¿Por qué piensas que algo malo pasó? Siempre que me toca decirte algo preguntas lo mismo.-le digo sin intención de reprocharlo, pero es que es cierto. Siempre que llego algo nerviosa para decirle algo, pregunta casi preocupado, como esperase a que le dijera algo malo de antemano.
-Disculpa…-dice bajando un poco la mirada. Me gustaría saber qué es lo que piensa que es tan malo cuando se trata de mí o de Anna.-¿de qué querías hablar?
-Tiene que ver con …Hans…-antes de terminar llegamos de regreso con Anna, es cuando Rapunzel y Eugene también están con ellos, nos ubican y nos saludan, mi hermana ya está ansiosa de irse, pero falta que les traigan sus regalos.
-Buenos días, Reina Elsa.-dice el príncipe Eugene bajando su cabeza.
-Muy buenos días, ¿todo en orden?-pregunto a la pareja, a lo cual los dos asienten.
-Sí, todo está perfecto.-responde la princesa sonriendo con ternura.
-¿Ya todos están listos? El barco zarpará pronto.-comenta mi cuñado.
-Nosotros ya estamos listos, solo esperamos a que nos digan que ya es hora.-dice el príncipe.
-En realidad, todavía falta algo.-comenta Anna algo apenada.
Antes de que el lugar se llenara del silencio incómodo de esperar algo, las puertas se abrieron dando paso al Príncipe de las Islas del Sur, quien traía una caja de tamaño considerable en cada mano, cuando entró, mi hermana fue con él y tomó las cajas adornadas y una se la dio a su esposo.
-Gracias, Hans.-dijo Anna contenta, es raro verla no maltratándolo pero creo que es saludable…para él y para todos.-Esto es para ustedes.-dice ofreciéndoles a los amigos de nuestros padres las cajas con listones junto con Kristoff. Ambos sonriendo mientras que la pareja se ve curiosa.
-¿Para nosotros?-pregunta el príncipe Eugene.
-Sí, es lo menos que les podemos ofrecer por dejarnos ir a su reino con tan poca anticipación.-responde Kristoff.
-Y sabemos que les molesta pero-
-No, para nada. No es ninguna molestia.-responde la princesa cortando a mi hermana antes de terminar.-Es un placer que nos acompañen, pero no debieron hacer esto.
-Lo hicimos porque queríamos.-les dice Anna sonriendo mientras Kristoff se me acerca discretamente.
-Ella quería, yo no dije nada para no hacerla enojar.-me dice en el oído para que nadie más lo escuche, en especial mi cambiante hermanita, río por lo bajo cubriendo mi boca con los dedos.
-El barco zapará en breve, lo mejor será que se apresuren.-comento para que nadie pierda el barco.
Todos nos apresuramos y nos dirigimos a los carruajes para ir al puerto, Jack se va volando diciéndome que nos espera allá. Fui la primera en subirme a la carroza mientras veía por la ventana el puente y el pueblo, fijándome en las hojas cafés y verde apagado de los árboles, ya casi se termina el otoño y sigue el invierno, pero para eso aún falta. Siento como la carroza se mueve haciéndome voltear y ver quien está compartiendo transporte conmigo, nadie menos que nuestro invitado y semi esclavo de mi hermana.
-Buen día, majestad.
-Buenos días.
Cuando la carroza se empieza a mover caemos en silencio sepulcral, solo atino a devolver mi vista a la ventana, él hace igual pero yo intento ubicar a Jack y ver si ya está en el puerto como dijo. A esta hora no hay mucha actividad en el pueblo, solo un par de establecimientos con las puertas abiertas y con sus dueños abasteciéndolos y depositando sus productos en sus estantes; tampoco hay niños a esta hora por ser temprano, el puerto es el único lugar que se ve en movimiento desde tan temprano debido a la llegada de mercancía y viajeros que regresan a su hogar o vienen de visita. En menos de lo que se sintió, llegamos al puerto, y al bajarnos vimos el movimiento de varias personas aún con tan poca luz de traían y llevaban la mercancía para llevarla al pueblo. No bajamos y es cuando veo a Anna emocionada pero a la vez nerviosa, está junto con Kristoff y Jack, quien muy discretamente está tomando del brazo a mi hermana.
-Bueno…ya es la hora.-me dice conteniendo la emoción y las lágrimas, ¿por qué está llorando?
-Se supone que debes estar feliz, sonríe.-le digo tomando sus mejillas y tirando de sus mejillas suavemente para que se ría, haciéndola balbucear cosas incoherentes mientras me río un poco de ella. Luego de un rato la suelto y se talla para quitarse la incomodidad.
-Te veo en dos semanas.-me dice abrazándome y apretándome lo suficiente, yo hago lo mismo hasta que viene Kristoff.
-Hasta luego, Elsa.-me dice dándome un abrazo también mientras Anna se despide de Jack. Me le acerco a mi cuñado y le susurro al oído, asegurándome de que nadie me oiga.
-Cuídala, recuerda que puedo congelarte si quiero.-le digo un tanto seria, quiero mucho a Kristoff pero también amo a mi hermana. Al separarme de él se impresiona sin mostrar mucha expresión, yo solo le sonreí y atiné a reírme gozando de su reacción.
-Hasta pronto su alteza.-me dice la princesa de cabellos cortos, haciendo una reverencia y sonriéndome como tantas otras veces, me pregunto por qué antes nuestra madre nunca nos dijo de ella si es una persona tan amable y cariñosa.
-Que tengan un buen viaje de regreso.-les digo haciendo lo mismo mientras Hans se acerca a mi hermana y a Kristoff.
-Espero que les vaya en el viaje.-dice, Anna sonrió y por primera vez no le puso mala cara, se nota que la noticia de su bebé la ha tenido de un humor muy extraño, pero no es como si nos desagradara, al contrario, hace que todo entre ella y Hans vaya como la seda.
-Muchas gracias, a ti también te deseamos un buen viaje.-dice Kristoff abrazando a mi hermana por la espalda.
-Su majestad, ya estamos listos para zarpar.-dice el capitán de la nave desde el timón.
-Gracias capitán. En un momento ya…-pero antes de que terminara, mi hermana y su esposo, junto con la princesa y el príncipe se apresuraron a subir al barco.
En solo un segundo ya estaban en la proa diciendo adiós con solo un ademán mientras las sogas del barco eran soltadas y la tabla era subida a la nave. Los despedí riendo por lo que acababa de pasar.
-¡Hasta luego, Elsa!-grita mi hermana tomando la mano de Kristoff.
-¡Cuídate, Anna!
-¡Que el viento les favorezca!-grita Hans junto a mí.
Y así de simple el barco se va alejando del puerto mientras sigo sacudiendo mi mano, hasta que ya no logro ver a mi hermanita en la distancia. Luego de que Jack se despidió su fue de regreso al castillo, diciendo que me tenía una sorpresa. Hans y yo regresamos en silencio al castillo, ambos viendo por la ventana, no sé si es porque los dos estábamos incómodos o porque no teníamos nada de que hablar luego de anoche. Ya en el castillo me retiré excusándome para hacer mis deberes reales (aburridos pero al fin reales), él dijo que estaría en la biblioteca en caso de que se me ofreciera algo.
Será raro estar tres semanas sin mi hermana y el resto de la banda en el castillo, no han pasado ni cinco minutos y ya lo siento silencioso. Fui a mi oficina y empecé a leer la montaña de papeles, lo raro es que esta vez no hay tantos como otros días, lo prefiero así porque de ese modo cenaré temprano y me iré a dormir. Van a mudar las cosas de Anna y Kristoff a una habitación más grande en los próximos días, por lo que esa habitación en la que dormiré quedará algo vacía para entonces. Tendré más espacio pero también sobrara, yo soy mucho de acumular cosas en mi cuarto como Anna.
Si el lugar ya se veía solitario estando o no el Rey de las Pesadillas, esta vez el lugar se veía prácticamente muerto. No se oía nada en el "piso principal" los puentes y escalones se veían tan abandonados que cualquiera estaría con el estómago pesado y molestando, con el presentimiento de que, a pesar de estar solo y silencioso, alguien estaba allí. En el globo terráqueo no había nadie, en las escaleras no se veía nada más que las sombras inmóviles, y los pasillos eran tan oscuros como la noche muerta. La única habitación con una presencia era la de la puerta de metal corroído por el óxido, esa con el objeto cubierto por una manta y de pie contra la pared. El Rey no estaba ausente, pero daba vueltas en la habitación controlando su impaciencia y ansias, practicando su autocontrol al estar a merced de las voces que susurraban en su cabeza, y siendo fortalecidas por ese objeto que le dio tantos problemas en el año mil seiscientos sesenta seis.
El solo recuerdo de la llegada de ese año lo hacía pensar en los pros y contras de cómo actuó la humanidad en ese año. No sabía si reírse por el recuerdo de lo mucho que lo gozó, o molestarse por su falta de control y cordura. Ahora estaba practicando nuevamente, si esa cosa iba a compartir morada con él y también su cabeza, debía encontrar el modo de acostumbrarse a eso sin perder el juicio como la última vez, pues creía que habrían peores consecuencias esta vez. Onyx por supuesto estaba con él, pendiente de que no cayera a merced de los susurros melodiosos y persistentes; si algo llegaba a pasar entonces haría lo que su amo le había dicho de antemano.
Pitch siguió caminando con ojos cerrados y en círculos, asimilando lo que le decían las voces de su cabeza, tenía las manos hacia atrás como siempre pero sostenía una cadenita en ellas esta vez, la presionaba contra sus dedos de vez en vez con cada nueva voz que se fortalecía; su semblante permanecía rígido, a veces parecía que le dolía la cabeza porque se masajeaba las cienes por largos ratos. Aunque nunca lo admitiría, pensaba en Emily cuando las voces la mencionaban, pero siempre hablaban de ella de la vez que le dio la espalda y lo rechazó como padre, y sin embargo, intentaba borrar ese día, queriendo recordar cuando las cosas eran distintas y él no era el monstruo que es ahora.
Hubo un momento en que apretó la cadena con fuerza y se detuvo, escuchando solo susurros revueltos, como siseos que no daban a entender nada realmente. Hasta que uno le recalcó un momento del pasado, tan amargo y tan vívido que le pareció irreal. Eran gritos agonizantes de una mujer, su voz le era familiar y sabía perfectamente bien quien era, apretó sus ojos aún cerrados junto con sus dientes que figuraban verdaderos colmillos. Los gritos se hicieron más fuertes por largo rato, después cayeron en silencio y desaparecieron, junto la memoria de la mujer que gritaba por auxilio.
-¡YA BASTA!-protestó el Rey dominado por la culpa y la ira, abriendo sus ojos y dándose vuelta para ver el objeto con la manta encima.
Miro en su dirección odio, rabia, ira e impotencia, con ganas de destruirlo y de querer librarse de las voces. Él y Onyx salieron de ahí como si sus vidas dependieran de ello. Cerró con llave y la guardó en su túnica negra, aún mostraba sus dientes y miraba el vacío con impotencia, pero su odio ya había disminuido lo suficiente.
-¿Se encuentra bien?-le preguntó su capitán.-Si quiere le traigo la Belladona para calmarse.
-No, no más Belladona, ni ahora ni nunca.-ordenó furioso caminando a las escaleras, Onyx lo siguió.-Envía un grupo al Polo Norte para que roben más Bea y Gryan.-ordenó retomando su postura erguida.
-Entendido, ¿hay algo más?-le preguntó el corcel para verificar.
-Quiero que vayas a la madriguera y te robes con discreción un huevo de pascua.-pidió frugalmente mirando hacia el frente.
-Seguro, ¿pero para qué?-preguntó curiosa la pesadilla.
-Solo una precaución en caso de que la Reina acepte mi propuesta.-explicó.-Necesito saber que tanto poder tiene esa niña en sus manos, y en caso de que algo salga mal, lo usaré para salvarle el pellejo.-explicó imaginándose una calamidad para Elsa mientras jugueteaba con la cadenita en su mano.
-De acuerdo.-respondió Onyx antes de salir volando a buscar una escolta para hacer el trabajo y hacer el suyo.
Pitch buscó una esquina en su guarida y formó una silla sólida y firme para sentarse, se cubrió los ojos con una mano y sujetando la cadenita con la otra, suspiró aliviado pero insatisfecho por lo que hizo con esa cosa de nuevo. No creía posible estar conviviendo con esa cosa por años y aún ser incapaz de soportar lo que le decían, los sonidos, los gritos, la descripción de lo que vivió, de los lugares, de lo que sintió, de lo que otros sintieron. Era ilógico que un objeto que no se tenía permitido ver, lo derrotara tan fácil con solo darle más volumen a las voces que acunaba su mente. Él sabía como hacerlas más débiles, pensando en las dos personas que le importaron antes de ser Pitch Black, quería hacerlo por su cuenta pero era difícil imaginar a Emily Jane sin su expresión de infinito desprecio; pero lo que le era más difícil recordar, era la mirada de la mujer que compartió su vida con él antes de las pesadillas y la soledad. Podría verlas de nuevo, esa cadenita con el camafeo de oro tenían la imagen de ellas dos, pero creía que le dolería verlas si lo abría; por eso prefería intentarlo solo y aferrándose físicamente a la cadenita de oro.
Subió el camafeo y lo miro, tocando los contornos con sus pulgares como si el objeto estuviese por romperse, pero con tal cuidado que era obvio le era preciado. Lo sujetó del seguro para abrirlo, pero entonces se detuvo en seco, sintiendo la opresión en su pecho de lo que ocurrió la última vez que lo vio. El recuerdo se fue a como vino, pero el dolor permaneció, apretó el camafeo con una mano y después lo arrojó lejos dando un grito de ira que dejó salir.
-¡Yo no necesito esto!-gritó con todas sus fuerzas, más para sí mismo que para las voces en su cabeza, las cuales ya estaban más tranquilas.
La cadenita salió volando y cayó de nuevo a los profundidades y las sombras, hizo un suave tintineó al tocar el suelo en algún lugar de la planta baja de la guarida, de nuevo.
Rebecca
Ni siquiera antes de que empezara a desarrollar mi labor aquí, ese cristal había brillado, doy pasos lentos y titubeante al acercarme y ver lo que proyectan las luces del cristal.
A ella ya la había visto, su piel es blanca y perfecta, su cabello es rubio platinado y sus ojos son de un azul como ningún otro, parecidos a los de su padre, con pestañas largas y negras; su nariz en chata y respingada, con un rubor natural que comparte con sus mejillas, y una sonrisa tan dulce y cariñosa que parece de un ángel con los labios pintados de un cereza oscuro, casi fucsia*.
-Me niego a creer esto.-digo bajo sintiendo cómo me tiemblan las rodillas.
El cristal de Pitch Black, Rey de las Pesadillas y de la Oscuridad muestra a la Reina Elsa de Arendelle, y no solo eso, los muestra a ellos dos…¿bailando? …No sabía que Pitch supiera bailar, menos que le haya enseñado a la Reina, ella está en una pijama de color azul suave, con el cabello suelto y despeinado, sonriendo y hablando con él. Los dos parecen estar pasándola bien, ella incluso se ríe y él…¿qué?
-No es cierto.-digo incrédula al ver a Pitch sonreír, no burlón pero admirando la risa de la reina, la que usa cuando cubre sus labios con sus dedos y cierra los ojos.
Esto es tan extraño…esto lo cambia todo. Si este cristal brilla mostrando a Elsa, es porque Pitch ya cayó redondito por ella. No voy a deshacer esto, y le diré a Lloyd que tampoco lo deshaga. Esto podría arreglarlo todo.
-Un momento aún falta confirma algo.
Salgo del cuarto y buscó entre las hileras de cristales el de la Reina, los tomo uno por uno revisando lo que muestran y teniendo en mi mente el cristal de Elsa para poder ubicarlo. Finalmente llego a un costado y voy revisando uno por uno…hasta que por fin doy el que es. Es una flor geométrica de seis picos de color azul suave y de brillo azul cielo con unos toques de fucsia en los bordes.
-Oh, no…esto sí que no me la creo.-digo casi riendo al ver algo que me parece tan bizarro como increíble, increíble en el sentido de que me es difícil creer lo que mis ojos están viendo; está justo frente a mí y sin embargo no termino de digerirlo.
El cristal de la Reina Elsa de Arendelle está mostrando a Pitch, a Pitch Black Rey de las Pesadillas y Sombra de la noche. Con esto ya no queda duda y tampoco mal entendidos…¡pero sigo sin digerirlo! No es que me desagrade, sinceramente lo creo algo muy bueno, pero lo veo tan extraño…desigual.
-Esta podría ser la solución a nuestros problemas.-digo con emoción.-¡Mim tiene que saberlo! Podría cambiar las cosas para bien con Pitch por primera vez.
Salgó corriendo sintiendo como por primera vez me molestan los tacones de mis zapatillas. Voy por la escalinata de caracol recordando los brillos de esos dos cristales, creyendo que todo cambiará tanto para la Reina como para el Rey.
Elsa terminaba con su trabajo, el último papel que firmó lo colocó en la pila mediana y llamó a Ejnar para que se los llevara. Bajó al comedor para cenar encontrándose con Hans, quien estaba por hacer lo mismo. Los dos se detuvieron un momento y tomaron sus lugares, la rubia platino a la cabeza del comedor y Hans a su izquierda. Ambos esperaron en silencio hasta que las criadas pusieran los cubiertos, platos y vasos en la mesa, ellos seguían silencio mirando los alrededores buscando con qué distraer su atención, el príncipe mostró su incomodidad en la presencia de la reina que se puso a mirar el candelabro en el techo intentando ignorarla. La Reina se entretenía acomodando los cubiertos y poniendo su vaso de cabeza y al reverso, no decidiendo cómo dejarlo mientras esperaba la comida.
Pasaron diez minutos hasta que la comida llegó, y en ese tiempo ninguno habló, fingieron ignorarse a la vez que sus presencias les incomodaban sin razón aparente. La cena sirvió de distracción para ambos, Elsa fijaba su ojos en la sopa mientras que Hans la miraba de reojo buscando en su mente con qué sacarle conversación, el silencio ya lo estaba matando por dentro.
"Vamos, háblale. Está allí junto a ti, no hay nadie más con quien puedas charlar. ¡Solo mírala de frente y cortéjala!" Se dijo el príncipe pelirrojo internamente, dándose de zapase mentales mientras que Elsa empezaba a comer ligeramente más aprisa. Hans abrió la boca volteando un poco hacia ella, pero terminaba por cerrarla y mirar su plato de sopa humear y emanando un delicioso aroma. Luego recordó la última conversación que tuvieron, recordó que Elsa aún le debía un favor y que se iría dentro de un par de días, tenía que aprovecharlo mientras pudiera.
-Entonces...-empezó él demasiado nervioso como para continuar, Elsa lo volteó a ver por educación.-...Jack Frost...¿él se va a quedar?-preguntó pensando si la muchacha lo había entendido.
-Ahm...no lo sé, él dijo que estaría aquí en el castillo pero no lo veo desde que Anna y Kristoff se fueron.-respondió.-Un momento, ¿por qué no le hablaste si viste que él estaba ahí?-preguntó ella empezando a relajarse por el tema en cuestión, al igual que su acompañante.
-Es que no quería armar una escena o importunarlo. Solo eso.-ahora ambos ya estaban relajados.
-Ayer te dije que te lo presentaría, pero como no lo he visto no lo he hecho.-comentó Elsa probando su sopa antes de continuar.-¿Que te parece si te lo presento mañana por la mañana? Él siempre está aquí a esa ó para darle ánimos al pelirrojo.
-Me parece bien, mi barco llega en tres días así que su pongo que puede darme tiempo si no está aquí mañana.-dijo con confianza, pero queriendo ver al muchacho antes de tener que irse y saber si todo esa historia era verdad.
Elsa rió bajito sabiendo que Hans ya se estaba haciendo las ilusiones al querer interrogar al muchacho, luego de ver como la atacó con cuanta pregunta se le ocurría, no esperaba que Jack tuviera menos que eso. Pero pensó que igual le haría bien a Hans antes de irse y Jack antes de quedarse. Se dio una idea para continuar con la conversación y evitar otro incómodo y largo silencio.
-Una pregunta.-empezó, él la volteó a mirar para escucharla, perdiéndose en esos ojos azules.-¿cuando fue la primera vez que fuiste al Reino Crown?-antes de que Hans respondiera se limpió con la servilleta.
-Según yo, fui cuando tenía diez años; pero mi padre siempre me dijo que fui en una ocasión cuando tenía seis.-respondió sin despegar su vista de ella.-No me acuerdo muy bien, la verdad.
-Es cierto que tu familia solía hacer todos sus negocios de manera directa y que tu padre se encargaba de ir a los puertos personalmente, creo que incluso recuerdo cuando uno de los barcos llegó aquí.-comentó Elsa intentando recordar esa ocasión.
-¿En serio? ¿Qué edad tenías?
-Era apenas una adolescente, creo que tenía unos trece o catorce años. Yo seguía en mi habitación y raras veces salía para desayunar con mis padres.-dijo inclinando un poco su cabeza al decir lo último.-La mayor parte del tiempo miraba por la ventana de mi cuarto me fijaba en cada detalle del pueblo desde que amanecía hasta que anochecía.-terminó alzando su cabeza para hacer contacto visual con él de nuevo.
Pero Hans no dejó de mirarla aún cuando inclinó su cabeza, le estaba prestando tanta atención a ella, a su voz, y al modo en que jugueteaba con sus manos enguantadas. Elsa se le quedó mirando a sus profundos ojos verdes, casi perdiéndose en ellos pero no por completo. Volvió a bajar su vista hacia sus manos y volvió a su cena.
-La primera vez que visité Arendelle tenía catorce años de edad.-dijo él mientras Elsa seguía comiendo, luego vio que su plato estaba vacío.-En Las Islas del Sur se rumoreaba que la princesa heredera al trono era una chica muy extraña, antisocial, que prefería confinarse en su habitación todo el día rechazando a su familia y todo el que se acercase a ella.-la Reina no quería voltear, se limitó a tallar sus manos asimilando los rumores de los que ella también estaba al tanto, y con lo que ocurrió en su coronación hasta decían que su cama estaba hecha de hielo.-Fui con mi padre porque quería saber si los rumores eran ciertos, si se veía tan extraña como decían...pero cuando llegué...no vi lo otros pensaban de ella.
La muchacha hizo un esfuerzo sobrehumano cuando alzó la mirada, solo para encontrarse con el príncipe observándola directamente, clavando sus verdosos ojos en los azulados de la Reina, Elsa sintió una pesadez en su pecho y Hans sintió ansias al ver sus labios levemente abiertos.
-Cuando estuvimos cerca del castillo, vi las puertas cerradas, pero en la ventana del medio logré ver a alguien...era una chica más o menos de mi edad que miraba con anhelo todo lo que el ventanal proyectaba.-Hans acercó su mano al rostro del Elsa, marcando con su pulgar el borde de su ojo, ella sentía como se le paraba la respiración y sus manos temblaban.-Elsa, cuando te vi no pensé ni por un segundo lo que otros decían de ti.-susurró a unos centímetros de su rostro, casi podía contar las pecas pálidas de su nariz.-Solo logré ver a una hermosa chica cuyos ojos se maravillaban con lo que veían, y cuya solitaria vida deseaba conocer lo que el exterior tenía para ofrecerle.
La rubia platino estaba muda, aún si hubiera querido decir algo no habría podido, Hans ya estaba acortando su distancia de ella, y la habría anulado de no ser por la llegada de una de las criadas del castillo. Elsa se separó de inmediato y se puso de pie antes de que entrara.
-Disculpe la molestia, su majestad. Pero ya es casi la hora de apagar las luces.-informó al mujer mayor con una bandeja para recoger los platos.
-Muchas gracias, Gerda.-respondió nerviosa la Reina, casi dando de carcajadas debido a lo que estuvo a punto de pasar.-Bueno, que pasen todos buenas noches.-finalizó caminando lejos del comedor, una vez fuera de vista corrió hasta las escaleras.
Hans por su parte se sintió frustrado, tenía tan cerca a Elsa y se fue así sin más, a veces pensaba que alguien allá arriba no lo quería. Dio las buenas noches y se retiró a su habitación, subiendo las escaleras y pasando por la alcoba real de la Reina, se detuvo por un segundo frente a esta pensando en lo cerca que estuvo tocar sus labios, de lo cerca que logró sentir su respiración. Luego borró eso de su mente y siguió su camino.
En lo profundo de la tierra donde el sol no consigue llegar, Onyx pensaba en inmortalizar la expresión que tenía su amo frente al oráculo mientras éste daba vueltas y brillaba mostrando lo que estaba haciendo la rubia platinada en su habitación. Ella estaba contra la puerta, sentada y con la cabeza hundida mientras sus brazos sujetaban sus rodillas, respiraba agitadamente por la carrera de las escaleras y por lo que su criada evitó sin darse cuenta. Pitch por su parte, estaba que ardía de pura rabia, sus manos empuñadas con tanta fuerza que no le molestaba que sus uñas lo lastimaban, mostraba sus dientes apretando su mandíbula a la vez que su pecho subía y bajaba rápidamente. Tenía ganas de asesinar a alguien a la voz de ya.
-¡Onyx!-llamó a su capitán, éste rezongó en respuesta.-Tráeme la reserva de emergencia de Hilix y la Belladona.-ordenó con enfado.
-¿Señor?
-No pienso quedarme aquí y ver como mi oportunidad de reinar el mundo otra vez desaparece por la culpa de un príncipe bastardo ¡y una niña inexperta!
Entonces...¿fue importante o no fue importante este corto capítulo? Para mí fue corto pero espero que les haya gustado.
Ok, éstas son mis propuestas:
1.-¿Quieren que escriba un lemon de Kristoff y Anna?
2.-He pensado que en unos tres o cuatro capítulos más(dependiendo de lo largos que sean) el título del fic ya no combinará con el resto de la historia. Así que lo continuaré con otro título.
3.-Para los que les guste el Pesla (Pitch x Elsa) ¿les interesaría que incluya un capítulo lemon entre ellos?
4.-¿Quieren que escriba cómo fue que Pitch terminó siendo el Boogeyman?
Un par de anuncios:
1.-Ya tengo Deviantart, es el mismo usuario que uso aquí en fanfiction, lo mismo con mi Tumblr ( solo que aquí no lleva el 15) xD
2.-Estoy pensando en hacer otro fic Pelsa, los detalles de éste están mi biografía, por si lo quieren checar, envíen un review aquí a ver qué les parece.
Eso es todo por el momento. ¡Hasta la próxima entrega!
