Capítulo 11
El invierno es muy crudo en la ciudad, pero apenas era octubre. Las hojas de los árboles caían sobre la acera, bañando el paisaje con sus tonos ocres. Lejos estaban aún la nieve y el hielo que cubriría la superficie de los lagos, donde la gente patinaría alegremente. El sol no se había asomado en toda la mañana y la brisa se sentía húmeda, incluso se percibía el olor a tierra mojada. Una blusa, dos suéteres anchos y un abrigo largo hasta las rodillas cubrían el cuerpo de Quinn, mientras caminaba por las calles de Odaiba. Estaba helada hasta los huesos.
Ya que su madre había tenido que salir de viaje ese fin de semana y Rachel se había ido a visitar a su abuela, la chica se dispuso a ir a casa de Sam, y es que, aquél rubio se había convertido en alguien demasiado importante; fuera o no su Romeo, ella disfrutaba mucho de su compañía, él sabía cómo hacerla reír. Estaba más que segura de que no podría verla de otra manera, no mientras siguiera pesando cuarenta y cinco kilos.
Al llegar a su destino pudo sentir su corazón cómo latía con fuerza, parecía que se le saldría del pecho.
- Estúpidas mariposas.- maldijo.- ¡Déjenme en paz! Es un chico y nada más...- suspiró. Se arregló un poco el cabello y tocó la puerta.
- ¡Quinn, hola!- saludó Emma. La rubia se rió al verla: llevaba el cabello en una red, con un gorro de chef. Un delantal en color mostaza, la cara algo manchada de harina y una pala cubierta de chocolate que se le escurría por una mano.- Pasa.
- Hola.- sonrió.- ¿Cómo estás?
- Bien. Estoy preparando galletas y pastel.- caminó hacia la cocina y Quinn la siguió.- Samuel se está terminando de bañar.- la chica suspiró al escuchar su nombre, cosa que no pasó desapercibida para la pelirroja. Se sentó en la barra, había harina, moldes, masa, leche, azúcar y un montón de ingredientes sobre ésta.
- Huele bien.- dijo, la cocina estaba impregnada de aroma a chocolate.
- ¿A ti cómo te ha ido?- preguntó mientras sacaba una charola con galletas ya listas y la ponía a un lado de la estufa para que se enfriaran.
- Súper.- dijo apáticamente. La pelirroja frunció el ceño.
- Bueno... la verdad no tan bien.
- ¿Y eso?
- Mi mamá se irá a vivir por seis meses a Estados Unidos. Al principio pensé que estaba bien, me encantó la idea. Pero ahora no sé, la voy a extrañar mucho.- la mayor sonrió.
- Cuando yo me vine a Ohio y tuve que despedirme de mis seres queridos, fue muy duro. Me acuerdo que duré deprimida más de un mes.
- ¿Y luego?- preguntó con interés.
- Ayúdame a preparar más galletas, sólo haz bolitas de masa y luego las aplastas con éste rodillo.- dijo.- Y pasas el molde por encima.- Quinn lo dudó por unos segundos, odiaba la comida y todo lo que se refería a ella, odiaba estar tan cerca de las galletas porque se le antojaban a montones, sabía que una sola la haría subir todos los kilos que con mucho esfuerzo bajó en esas semanas.
- Ok.- Emma se sentó frente a ella, haciendo lo mismo.
- Luego conocí a Kurt.- un brillo se marcó en sus ojos.- Él ha sido una bendición, me ayudó mucho en esos momentos difíciles.- Quinn se quedó pensativa.- Aunque será duro, porque efectivamente las niñas somos un lío sin nuestras mamis.- dijo riendo.- Sé que puedes aguantar, además son sólo seis meses.
- Pues sí.- sonrió.
- De todas formas, tienes a Sam a tu lado...- la rubia se puso como tomate, Emma soltó una carcajada al ver su expresión.- ¡Lo sabía!
- ¿Qué cosa?- preguntó entre risas.
- Sam te gusta, te gusta mucho, entre ustedes hay algo.
- ¡No!
- Ay Quinn.- se rió.- Yo ya pasé por eso, es obvio que el chico te tiene loca.
- No... no me tiene loca, tú estás loca.- dijo aventándole un poco de harina a la cara, a lo que ésta también hizo lo mismo.
- No te preocupes, tu secreto está a salvo conmigo.
- Es que no me gusta, Emma, no hay secreto que guardar.
- Claro, y yo soy la reina Isabel. No le diré a Sam que te gusta, aunque creo que es algo que él ya supone bien.- más color rojo vino a la cara de la pequeña.
- ¿Co... cómo que... lo supone bien?
- Relájate.- la miró por unos momentos pensando en si decirle o no.- ¡Ay Fabray!- exclamó con un suspiro, luego se echó a reír.
- ¡Ya Emma! No te rías de mí, ¿dime qué pasa?
- ¿Es que no te das cuenta? Tú le gustas mucho a Sam.
- ¿Qué? ¡Estás loca! Es obvio que él sólo siente pena por mí, nadie se le acercaría a una gorda como yo, sólo está siendo amable...
- Hola Quinn.- saludó Sam, entrando a la cocina. Vestía un pantalón de mezclilla, un súeter color verde, llevaba sus pantuflas puestas y el cabello mojado. Su piel se veía más blanca de lo habitual y sus ojos más grandes.
- Hola.- sonrió. Agachó la cabeza para evitar que viera sus mejillas sonrojadas.
- Veo que Emma ya te puso a trabajar. ¿Cómo van las galletas? Huele delicioso.
- Esas ya están listas.- la pelirroja apuntó a las que estaban a un lado de la estufa, él se acercó y agarró una saboréandola.
- Están buenas, muy buenas.
- No hables con la boca llena.- dijo Emma, Sam le enseñó la lengua.
- Bien Quinn, ¿qué te trae a mi casa en un sábado tan frío como éste?- se sentó junto a su cuñada.
- Le estaba contando a Emma que... me encuentro algo triste, quería salir de mi casa.
- ¿Y eso por qué?- le dio una galleta que no quiso despreciar, no ese día.
- Mi mamá se va de viaje, por seis meses. La verdad...- sacudió la cabeza como queriendo sacarse una idea.- No quiero pensar en eso, he venido para que me distraigas.- él y Emma la miraron sorprendidos.- Hoy se me antoja hacer cosas locas, muy locas.- sonrió. Se desprendió de su abrigo y uno de los suéteres. El volumen del cuerpo disminuyó considerablemente, pero no era algo que ella notara con frecuencia.
- Entonces sé exactamente qué hacer.- dijo Emma.- Ponte tu abrigo de vuelta, vamos a salir.
- ¿A dónde vamos?- preguntó Quinn, ella iba sentada en el asiento de copiloto y Emma conduciendo. Sam las seguía en su carro por petición de la pelirroja.
- Ya lo verás.
Condujo a velocidad normal, no quiso decir ni una palabra de qué tenía en mente desde que salieron. Unos veinte minutos más tarde llegaron a una colonia que se veía muy poco poblada. Se estacionó frente a una bodega, el rubio aparcó su coche atrás del de ella. El lugar no parecía muy divertido.
- Síganme.- dijo, activó la alarma de su carro y entró a la bodega, Quinn y Sam quedaron boquiabiertos al ver de qué se trataba: Era un estudio de modelaje, o eso parecía, había reflectores, cámaras, modelos, montones de ropa y unos cuantos escenarios improvisados.
- ¿Qué...?- la pelirroja sonrió al ver la cara de los dos.
- Dijiste que querías divertirte. Aquí estamos.
- ¿Pero...?- preguntó Quinn sonriendo.
- Por hoy serás mi modelo. Bueno, técnicamente los dos serán mis modelos.
- ¿Yo? No, yo no...
- Sí, vamos, va a ser muy divertido.- dijo Emma, tomándolos a los dos de la mano y jalándolos hacia delante.- Brittany, ¿ya escogieron el tema de bodas?- le preguntó a una chica bajita de cabello rubio.
- Mmm no que yo sepa, tú habías dicho que lo querías.- miró a los jóvenes al lado de su amiga.
- Perfecto.- sonrió.- Entonces iré por la ropa.- siguió jalando a Sam y Quinn hasta un cuartito que tenía pegado su nombre en una hoja de papel frente a la puerta.
- ¿Qué es esto?- preguntó Quinn.
- Esto, pequeña amiga, es mi lugar de trabajo.
- ¿Y qué vamos a hacer?- preguntó Sam.- Emma sonrió, abrió la puerta de un pequeño armario y sacó dos bolsas negras, en las que se notaba que contenían ropa.
- Ustedes se van a poner eso. ¿Se acuerdan de las fotos que les tomé hace varias semanas?- ambos asintieron.- Bueno, gracias a ellas, como supuse, quedé exenta en clase de fotografía. Pero ahora mi ambición es más grande.- Quinn se rió.
- ¿Cuál es?
- Están haciendo un concurso para la revista Vanidades, que se publica en la universidad. Nos dieron varios temas a elegir para fotografiar sobre esto. Yo escogí el matrimonio.- Sam y Quinn intercambiaron miradas. Emma les entregó las bolsas, al abrirlas, en una había un precioso vestido de novia, era strapless, ceñido hasta la cintura con flores bordadas, la falda estaba esponjada, era divino. En la otra había un esmoquin en color negro.
- ¿Quieres que nosotros... seamos tus modelos de esto?- preguntó Sam.
- Así es. Pensaba decírselos hasta el martes. Ahora, Quinn tú vienes conmigo.- la jaló del brazo.- Tú ponte eso.- le ordenó al rubio; luego se acercó y le susurró al oído: Y cuando termines quiero que vayas al parque hundido en el que sueles practicar básquetbol y me esperes ahí- el chico asintió.
Cruzó casi toda la bodega junto con Quinn y llegó a un cuarto que decía: Peinado y maquillaje, abrió la puerta. Adentro había tres muchachas, dos de ellas estaban ocupadas peinando a lo que serían dos modelos.
- Hola Emma.- la saludaron.
- Hola chicas.- sonrió.- ¿Nana, estás desocupada? Como podrás ver, ya tengo mi modelo.- dijo, haciendo lucir a Quinn, quien se sonrojó ante la mirada de las cinco.
- Claro, ven acá.- acomodó la silla frente a un peinador que tenía.- ¿Cuál es tu nombre?
- Quinn.- se aclaró la garganta.- Quinn Fabray.
- Mucho gusto, Quinn. Me llamo Nana.- se saludaron de mano.- ¿De qué hará tu modelo?
- De novia.- dijo Emma, quien tomó asiento en una silla frente a ellas.
- Perfecto. Siéntate aquí.- le indicó a la rubia, quien antes se quitó el abrigo y un suéter dándoselos a la pelirroja.- Tienes muy bonito cabello.- dijo al comenzar a cepillarlo.
- Gracias.
- ¿Qué podré hacerte?- se preguntó a si misma.
- Hazle la media cola de caballo que va atada por dos trenzas y riza su cabello.- dijo Emma, mientras hojeaba una revista.
- ¡Ah si! Bien Quinn, tú no te preocupes, que de aquí saldrás como una verdadera novia.
Y así pasó casi una hora. El peinado que le hicieron consistía de la mitad de su cabello recogida en dos trenzas y atada por un broche de mariposa plateado. Y el cabello que quedó suelto lo rizó todo. También acomodó su flequillo por un lado. Para el maquillaje, optó por dejarla al natural, aplicando sólo base del mismo tono de su piel. Le puso rubor en color rosa, resaltó sus ojos con delineador negro y enchinó sus pestañas. Por último aplicó un poco de labial en color durazno y gloss sobre éste.
- Lista.- dijo, Quinn quedó maravillada.
- Te ves preciosa.- dijo Emma.
- Gracias, muchas gracias.
- De nada. Ahora ve por tu vestido y a conquistar a tu galán.- las tres se rieron. Emma y Quinn regresaron al cuarto.
- Espérate.- dijo la pelirroja antes de entrar.- Tengo que ver si Sam ya se fue.
- ¿Qué?- entró al cuarto y en menos de medio minuto abrió la puerta.
- Sí, ya se fue.- Quinn entró.
Emma le ayudó a ponerselo, la menor no tenía idea de que un vestido así fuera tan pesado. Abrochó el cierre por la parte de atrás, le acomodó la falda, el velo. Se jactó por el buen ojo que tenía, de los cuatro vestidos que había, escogió ese le quedó a la perfección. Ni muy ajustado ni muy flojo.
Quinn se miró en un espejo que había allí, lucía preciosa. El vestido era justo como el que se había imaginado para su boda, el peinado, maquillaje. Se miró y por primera vez en mucho tiempo y le gustó la imagen, le gustó lo que vio, por primera vez no se enfocó en la barriga, los muslos, brazos y grasa de su cuello.
- Es hora de que Sam te vea.
- ¿En dónde nos tomarás las fotos?- la pelirroja sonrió.- Es una sorpresa.
Espero que les guste! :D
Gosh! D: igual estoy al pendiente de todos sus reviews! :D quiero llegar a los 100... creen que se pueda? :p jajaja hope so... :D
Feliz mitad de semana, cuídense y diviertanse al máximo! :D
