Capitulo 12

Jim no había visto a John casi por dos semanas, únicamente por el CCTV, lo cual para él era prácticamente inaceptable. John había impuesto una separación entre ellos después de que se dejaron llevar un poco durante el sexo y algunos puntos de John se habían abierto. Ahora Jim estaba atado de manos y odiaba sentirse así.

Como mejor pudo, se puso a trabajar por dos semanas, a sabiendas que sería incapaz de tocar a John otra vez hasta que le quitaran los puntos. Fue como si estuviera castigado y eso puso de muy mal humor a Jim. John era quien lo tranquilizaba y sin embargo Jim no podía verlo. Hizo su trabajo a la perfección, planeando y ejecutando más crímenes en esas dos semanas que en todo el tiempo que había estado viéndose con John.

Pero no fue suficiente, al menos no para él, no lo llenaba. La única comunicación que había tenido con John fue a través de mensajes de texto y llamadas telefónicas. Nunca se había sentido tan a la deriva en toda su vida y esta separación forzada lo estaba volviendo loco.

Te extraño –M

Solo tres días mas y me quitaran los puntos.

Vamos a cenar –M

Si por un instante creyera que mantendrás tus manos quietas, quizás diría que sí.

Seré bueno. Solo necesito verte –M

No.

Solo la cena, lo prometo –M

No.

Cena y unas cuantas caricias –M

Jim, es en serio. No.

Cena y sexo oral de postre –M

Te estás dando cuenta que estas negociando en la dirección contraria ¿verdad?

¡Vamos! Por favor. No te das cuenta que estoy suplicando por esto. Por favor Johnny –M

Lo lamento, pero no.

Zorra. Eres tan divertido Johnny. –M

Jim, esto es lo mejor. Si yo voy ahora y algo les sucede a mis puntadas, podría resultar en más tiempo separados. Sería una gran escena.

¡Pero estoy caliente AHORITA! –M

Entonces tengamos sexo telefónico.

¿En serio? –M

Si. Hagámoslo.

¿Estás solo? –M

Si ¿Por qué?

Jim acabó de recibir el mensaje de texto de respuesta cuando ya estaba marcando el número de John. John respondió al tercer timbrazo. — ¿Jim?

—Necesito escucharte— dijo, mientras caminaba hacia su recamara. Subió a su cama y se recostó contra el respaldo, presionando el teléfono contra su oído.

—Bien, pero si me preguntas que estoy vistiendo, te cuelgo—. John lo amenazó, pero Jim podía casi jurar que estaba sonriendo.

—Un suéter con dos tonalidades de azul, jeans que están lo bastante estrechos para resaltar tu trasero y zapatos cafés.

—Te das cuenta que el espiarme es un poco escalofriante.

—Tomo lo que puedo tener Johnny—. Jim se encogió de hombros y se bajó la cremallera.

— ¿Entonces vamos a hacer esto por teléfono?— preguntó John escuchándose divertido por la idea.

—Sip.

John exhaló ruidosamente y Jim pudo escucharlo arrastrando sus pies.

—Quítate el suéter y la camisa— le pidió Jim mientras se quitaba los pantalones y la ropa interior, aventándolos por ahí. Había acabado antes que John.

—Ya me los quite. ¿Ahora qué?— preguntó John.

— ¿Estas duro?— preguntó Jim, mientras comenzaba a acariciarse su miembro semi erecto con su mano.

—No mucho.

—Entonces tenemos que arreglar eso ¿no crees?— Jim bajó el tono de su voz unas octavas hasta que fueran como un susurro como le gustaba a John. — ¿Por qué no me dices lo que harías si estuviera ahí?

—Si así lo deseas— dijo John intentando sonar indiferente.

—Bueno me gustaría iniciar quitándote el resto de tus ropas, tú sabes que adoro desnudarte—. Jim continuó masturbándose lánguidamente mientras hablaba. —Desnúdate para mi Johnny.

Escuchó a John moviéndose y el sonido inconfundible del zipper abriéndose. —Honestamente, esto no está provocando nada en mí.

—Ni siquiera lo estas intentando, además esto solo es el principio. Pon tus dedos en tu boca y chúpalos.

Con un leve resoplido de cansancio, John lo hizo. Jim escuchó como los labios de John envolvían sus dedos, su lengua lamiéndolos. Jim contuvo un gemido y se masturbó un poco más fuerte. —Ahora sácalos y frota con ellos en círculos en tu pezón, simula que es mi lengua.

John dejó escapar un ligero gemido, no era mucho, pero ya era algo. —Ahora jálalo, imagina que son mis dientes.

—Jim— gimió John.

— ¿Ya estas duro?

—Estoy comenzando.

—Bien. Pon el teléfono en el altavoz, vas a necesitar ambas manos para esto— Presionó el botón y Jim pudo escuchar el ruido del ambiente en la habitación. —Coge el lubricante que guardas en el buró.

— ¿Cómo?

—Por favor— Jim rodó sus ojos. —Solo hazlo.

—Alguien está muy mandón.

— ¿Qué puedo decir a mi favor Johnny? Cuando no tengo ninguna distracción, me pongo de muy mal humor— dijo Jim, poniendo su teléfono también en el altavoz, para que pudiera emular los mismos movimientos de John. Cogió lubricante y lo embarró en sus manos, frotándolas para calentar el gel que estaba frío

—No me extraña que estuvieras haciendo explotar edificios antes de que yo llegara— John se rió y Jim pudo escuchar el sonido típico de una botella abriéndose.

—Nah, eso solo es diversión. Ahora regresemos al negocio que nos interesa, por una de tus manos en tu pene y la otra bájala hasta que toques tu ano donde meterás y sacaras tus dedos— Jim lo estaba guiando, mientras se hacía lo mismo.

—Joder…— dijo John, casi en un lamento. Jim podía escuchar como los dedos se deslizaban fácilmente, una imagen de John autosatisfacciendose se recreó en su mente y prácticamente babeó de deseo.

—Descríbeme lo que estás haciendo— Jim pidió. —Descríbelo para mí.

La respiración de John se tornó más trabajosa. —Mi mano derecha esta acariciando la cabeza de mi pene. La otra estaba abajo de mí, haciendo que mi pulgar acaricie el perineo, ya metí dos dedos dentro de mí.

—Oh Dios John— gimió Jim, siguiendo el ejemplo de John, insertó dos dedos dentro de sí mismo.

—Dios, desearía poder besarte en este instante.

—Yo también— Jim se chupó sus labios, su boca de pronto estaba seca

—Hmmmmph.

— ¿Próstata?— Jim adivinó por el gemido estrangulado que John acababa de hacer.

—Si— dijo John casi sin aliento.

—Ok, ahora escúchame atentamente. Tu mano ciérrala formando un túnel y embiste dentro de esta. Haz de cuenta que te estás follando mi trasero, no a tu mano. ¿Lo estás haciendo?—

—Oh joder. Si— La voz de John se escuchó temblorosa y sofocada, además de que comenzó a escuchar el ruido del crujir de la cama.

—Johnny— Jim gimió, se estaba follando así mismo con sus propios dedos al mismo tiempo que se escuchaba crujido de la cama de John, deslizaba su cadera hacia abajo contra sus dedos.

—Mierda, Jim estoy tan cerca. ¡Oh Dios!, ¡oh Dios!

—Eso es John, follame. Follame tan fuerte como tú quieras.

—Jim.

—Córrete por mí.

— ¡Oh demonios!

—Ya casi estoy llegando— Jim se masturbaba fuertemente, mientras deslizaba otro dedo, rozando ese dulce punto dentro de sí, una y otra vez.

—Joder Jim, estoy llegando.

—Yo también. Solo déjate venir, yo también estoy a punto de hacerlo. Vente conmigo.

—Ungfh Jim— gritó John.

—¡Ooooh!— Jim gimió estranguladamente cuando se vino en su mano.

Por un momento no se escuchó nada más que el sonido de John jadeando. A continuación, un poco de movimiento por lo que Jim supuso que John había alcanzado algo para limpiarse. Jim le tomó un momento más antes de que sacara sus dedos dentro de sí mismo con suavidad, luego puso sus manos sobre su pecho, sintiendo como la corazón latía desbocado.

—Me siento tan sucio— John rompió el silencio, con voz cansada.

—Siii, porque lo eres— Jim respondió pagado de sí mismo.

—Oh cállate.

—Ven aquí y hazme callar— Jim lo desafió.

—O, podría hacer eso con tan solo colgar el teléfono— John retrucó.

—Apresúrate y mejórate. Esto palidece tanto en comparación a la realidad.

—En el momento que me quiten los puntos, iré corriendo— prometió John.

—Hm, quizás debería planear nuestro encuentro en una playa, donde corriéramos uno hacia el otro en cámara lenta— Jim bromeó, tomando el teléfono y quitando el altavoz y llevando hasta su oído para dejarlo ahí. Esto le hacía sentir que John estaba más cerca de lo que en realidad estaba.

— ¿Has tenido relaciones sexuales en una playa?

—No.

—No te lo recomiendo. La arena se mete en todas partes y quiero decir cualquier parte.

—Por qué Doctor Watson, el yo nunca. Tengo sexo en lugares públicos. ¿Qué clase de depravado pervertido es usted?— Jim preguntó fingiendo estar horrorizado, mientras intentaba sofocar su risa.

—Si nosotros dejamos de follar en público, ahí se iría la mitad de nuestra vida sexual.

—Cierto, cierto.

—De acuerdo, bueno de verdad necesito tomar una ducha.

—Bien, si sientes que debes hacerlo— Jim suspiró.

—Debo hacerlo—. Confirmó John. —Recuerda, tres días y entonces iré.

—Te estaré esperando con los brazos abiertos un pene muy erecto.

John resopló divertido y Jim no pudo evitar sonreír. —Hasta entonces.

—Hasta entonces.

XXXX

John llegó a su casa después de que por fin le quitaran los puntos, subió inmediatamente a cambiarse. Se puso los pantalones que Jim decía que le hacían resaltar su trasero y una camiseta ceñida. Ni siquiera se molestó en agarrar algo para llevarse, sabiendo de antemano que Jim tenía un cepillo de dientes y una máquina de afeitar en su baño que estaban destinados al uso exclusivo de John. Tampoco tenía sentido llevar una pijama, ya que sabía de que en el caso que se diera el necesitarla, lo cual era muy dudoso, Jim prefería que John se pusiera su ropa.

Se dirigió a la planta baja para encontrar a Sherlock intentando conectar algo a la televisión. Le llevó unos instantes a John percatarse de que Sherlock estaba conectando un DVD. Cuando se giró para ver a John, su rostro se tornó sombrío. — ¿Vas a salir?

—Ese era el plan, sip, ¿Por qué?

—Por nada— Sherlock gruñó, abandonó sus intentos de conectar el reproductor de DVD y se dejó caer en sofá. —No es importante.

—No, ¿Qué es?

—Solo olvídalo— Sherlock espetó y giró su rostro para ocultarlo. —Que tengas un buen rato.

—Sherlock, ¿Que estás haciendo?— John cuestionó y fue hacia la televisión para agarrar la caja de DVD que Sherlock había dejado sobre este. Sus ojos se ampliaron cuando leyó el titulo. — ¿Doctor Who? Pero si tú nunca miras Doctor Who. Siempre dices que es algo estúpido e improbable.

—Lo es.

—Es ciencia ficción Sherlock, se supone que sea improbable— John argumentó de nuevo. —Pero, ¿Por qué esta aquí?

—Solo pensé, debí haber sabido que tenías otros planes, fue una tontería— Sherlock hizo un ademan para quitar importancia a esto, para luego agarrar su violín.

—Sherlock— dijo John, mirando a su compañero de piso con sorpresa. Sherlock estaba tocando fuertemente para ahogar la palabrería de John, por lo cual tuvo que levantar la voz. —Sherlock, ¿íbamos a celebrar que me quitaron los puntos o algo parecido?

—Si tú así lo quieres creer— Sherlock encogió sus hombros indiferente y volvió a tocar algunas notas al azar en su violín. —Ordené comida a tu restaurant favorito Tailandés. Lo pondré en el refrigerador para cuando regreses a casa.

John observó un momento a Sherlock, luego su vista bajó hasta el DVD en su mano y de nuevo la regresó hacia su compañero de piso. —De verdad te esforzaste mucho en esto.

—No es la gran cosa. Disfruta tu noche— Sherlock replicó fríamente.

—Sherlock, me quedaré. Está bien, me quedaré.

—No me hagas favores.

—No, quiero quedarme. Ya que te tomaste tantas molestias.

—No John de verdad.

—De verdad. Quiero quedarme. Esto es realmente… algo muy amable de tu parte— dijo John más por la sorpresa de ese gesto que por sí mismo. —Solo déjame cancelar mis otros planes.

—No tienes que hacerlo.

—Solo dame un momento— John sacó su teléfono móvil y le mandó un mensaje a Jim. Sabía que Jim había estado esperando para que se volvieran a ver otra vez, pero un día más no podía hacerle daño. Además no podía dejar a Sherlock que se había tomada todas esas molestias. Sherlock había sido tan amable durante esas dos semanas, haciéndole el té a John y realizando las compras. No podía abandonarlo sin más.

Algo ocurrió, no puedo ir esta noche. Lo lamento. Te recompensaré, todo lo que quieras mañana, te lo prometo.

Cuando lo terminó de enviar, regresó y puso uno de los DVDs. El timbre de la puerta se escuchó y Sherlock dejó su violín para ir a abrir, tomando su cartera del bolsillo de su abrigo. John se acomodó en el sillón con el control remoto en su mano. Sherlock volvió con dos bolsas de comida tailandesa y se sentó junto a John. Sacó el contenido de las bolsas encima de la mesita de la sala y puso todo frente de John. John agarró cualquier recipiente al azar y empezó a comer directamente en este. No tenía sentido ensuciar platos que finalmente terminaría lavando el mismo.

Escogió el episodio de la esposa del Doctor y ambos se acomodaron en completo silencio mientras comían. Sherlock había ordenado demasiada comida y pronto John tuvo que soltar su caja antes de que su estomago explotara. Se recostó en el sofá y pasó al siguiente episodio. Sherlock dejó su caja también y se acomodó completamente en el sillón con su espalda apoyada en el reposabrazos.

Sherlock estuvo relativamente tranquilo durante todo el episodio cuando el regularmente tenía la tendencia de gritarle a la televisión cuando no estaba de acuerdo con algo. John lo miró por unos instantes, preguntándose por qué no se estaba comportando de manera rara. Sherlock siguió con la mirada fija en el televisor y pronto John se dio por vencido, para volver a centrarse en la serie.

Lo primero que sintió fue un pinchazo de frío bajo su muslo. Sherlock había colocado casualmente sus pies bajo la pierna de John en busca de algo cálido. Le llevó un gran esfuerzo no gritar por lo frío de los pies de Sherlock. —Sabes que podrías evitar esto, si te pusieras calcetines.

—Pero entonces tendría que levantarme a buscarlos— dijo Sherlock, en las esquinas de su boca se dibujaba ligeramente una sonrisa.

John suspiró y no dijo nada más. Para el tercer episodio Sherlock ya tenía su teléfono en su mano y estaba enviando mensajes de texto. John intentó no enojarse por esto, pero si le molestó un poco, especialmente cuando John había cancelado sus planes para quedarse con él. Pero entonces se dio cuenta que solo a una persona Sherlock le respondería los mensajes.

—Ve, adelante— dijo John, levantándose del sofá.

— ¿Disculpa?—. El entrecejo de Sherlock se frunció por la confusión.

—Lestrade tiene un caso. Así que ve. Te libero de tus deberes como compañero de piso y del festejo con comida y televisión.

— ¿Estás seguro?— preguntó Sherlock, levantándose inmediatamente del sofá y agarrando su abrigo.

—Si. Ve y se un genio—. John señaló con su cabeza la puerta.

—Podrías…— Sherlock se calló por un momento mordiéndose el labio inferior. —Podrías venir conmigo si quisieras.

—No gracias, me quedo aquí.

—De acuerdo—. Sherlock asintió y colocó su bufanda alrededor de su cuello. —De todas formas no suena muy interesante.

—Claro que sí lo es—. John cruzó sus brazos y se apoyó en el dintel de la puerta de la cocina. —No irías si no fuera un caso interesante. Está bien. Iré para el siguiente.

—Bueno. Te veo más tarde.

—Adiós—. John dio un leve asentimiento de cabeza en respuesta cuando Sherlock salió prácticamente corriendo por la puerta. John fue a la cocina y se hizo una taza de té, antes de subir a su cuarto. Pensó en llamar a Jim, para ver si aun podrían reunirse, pero sintió que sería un poco injusto. John no había estado jugando limpiamente, no realmente. Pero estaba intentando hacer las paces con Sherlock y sentía que con esto había comenzado a andar en la dirección correcta.

Así que en lugar de llamar a Jim, se fué a su habitación para tomarse su té y quizás leer un libro antes de dormirse temprano. Esos planes se desvanecieron cuando cierto Consultor Criminal estaba sobre su cama, sentado en la cabecera con un traje impecable.

—Ustedes dos se veían tan adorables— dijo Jim amargamente mientras veía sus uñas como algo muy interesante. —Fue realmente conmovedor ver como ambos han resuelto sus diferencias y son capaces ya de acurrucarse en el sofá.

—No estábamos acurrucados y de todas formas ¿Qué estás haciendo aquí?

—Oh solo pasaba por aquí—. Moriarty se encogió de hombros, descruzó sus piernas y se levantó de la cama. —Me estaba preguntando si no escucharía gemidos y jadeos, como cuando estás follando con alguien, proviniendo del piso de abajo.

— ¿Estabas pensando que Sherlock y yo estaríamos teniendo relaciones sexuales?— John alzó una ceja, la sola idea de que eso ocurriera, le sonaba ridículo.

—Ese pensamiento cruzó por mi mente.

— ¿Estas celoso?— John preguntó a la vez que sujetó las solapas del saco de Jim y lo empujó contra la pared.

—Quizás.

—¿Creíste que Sherlock y yo estábamos superados por la lujuria debido a que nos hartamos de comida Tailandesa y de ver Doctor Who que no podríamos mantener alejadas nuestras manos uno del otro?— cuestionó John, intentando no reírse.

—Se que sientes por él— Jim dijo en voz baja.

—Hm, si— dijo John, mientras sus labios casi tocaban el cuello de Jim. —Y también sabes lo que él siente por mí.

—Así es.

—Y— John lo interrumpió, metiendo sus piernas entre los muslos de Jim, presionando la ingle de Jim. —Tú también sabes lo que siento por ti.

Jim cerró sus ojos y suspiró profundamente. —Dilo. Por favor.

John finalizó de cerrar el espacio que había entre ellos para capturar los labios de Jim en un beso apasionado. —Te amo— dijo John después de uno o dos segundos de estarse besando ardientemente. —Sabes que lo hago—. Recorrió sus dedos a través del cabello de Jim, con su pulgar acariciaba sus lóbulos.

—Se suponía que vendrías corriendo—. Le recordó Jim, mientras sus dedos jugaban con el resorte del suéter de John.

—Lo sé, lo lamento. Pero te tienes que ir.

— ¿Qué?— cuestionó Jim, alejándose. — ¿Por qué?

—Porque Sherlock podría regresar en cualquier minuto y porque te dije que te vería mañana.

—Ya pasan de la media noche, así que técnicamente es mañana— Jim razonó, señalando el reloj que estaba en el buró junto a la cama de John.

—Jim, esa no es razón, no lo vamos a hacer aquí. Por qué no vamos a tu casa, conseguiremos un taxi en estos instantes.

—Nop, demasiado tiempo, no puedo esperar— dijo Jim atacando el cuello de John de manera tenaz.

—Jim— dijo John agarrando el cabello de Jim y jalándolo hacía atrás. — ¿Crees que no sé lo que estás intentando hacer? Todos estos pequeños trucos que has estado haciendo.

—De verdad no se de lo que me estás hablando.

—Quieres que Sherlock nos encuentre. Quieres que el sepa lo que hay entre nosotros y por lo tanto ver como todo lo que me rodea se viene abajo, destruir mi mundo. Pero supongo que es lo mejor que haces ¿Cierto Jim? Únicamente sabes de destrucción.

—Bueno, tu nunca le vas a decir ¿o sí?— Jim espetó furiosamente. —Quizás, pero estoy comenzando a enfermarme de ser tu sucio y vergonzoso pequeño secreto.

—! Jim, todo tu mundo es un gran secreto, es lo que tú haces!— respondió John.

—Y ¿Qué crees que haría Sherlock si supiera la verdad?, patearía tu trasero, echándote de aquí, y me dejaría a mi recoger los pedazos que queden de ti como lo hice antes. Soy todo lo que tienes, ¿Acaso no lo entiendes? Deja de actuar como si él te follara, porque ambos sabemos que si él supiera todas esas pequeñas cosas desagradables que has estado haciendo, nunca volvería a hablarte otra vez.

—Cállate, Jim—

—Siempre te enojas cuando sabes que tengo razón. Tarde o temprano la verdad se sabrá y yo seré lo único que te quede. ¿Por qué no solo se lo dices y acabas de una vez con esto. El se irá, pero yo no lo hare. Nunca te dejaré.

—Jim, te lo estoy advirtiendo, si tan solo le dices una palabra de esto a Sherlock.

— ¿Por qué no solo aceptas, Johnny? ¿No estás cansado de que todo el tiempo estemos escondiéndonos? ¿De estar siempre ocultándonos de todos? Solo termina con todo esto, así podremos estar de verdad juntos.

— ¿Y eso te gustaría, verdad Jim? Tenerme completamente, decirme a quien debo ver y así alejar a todas las personas de mi vida. Entonces me tendrías completamente y me guardarías como un puto trofeo. Bueno, no, joder. Eso no pasará.

—Por supuesto que te quiero. Te quiero para mí mismo. Y. No. Me. Importa.

—No te lo estoy pidiendo. Sherlock es mi amigo y nunca será algo más que eso. Pero tú, tu eres el único con el que estoy follando, ¿De acuerdo? Pero no voy a escoger entre mi amistad con Sherlock y lo que mierda sea que haya entre nosotros. Deja de intentar obligarme.

—¿Por qué? ¿Porque lo escogerías?— Jim gruñó.

—No lo sé. Pero esto es lo que yo quiero, eres tu el que me está dando esto—. John empujó sus caderas contra las de Jim, para que pudiera sentir su erección a través de sus pantalones. —Por lo tanto no me hagas escoger, porque no tengo una respuesta. Pero sé lo que quiero justo ahora y eso eres tú.

Jim unió sus bocas rudamente y John gimió por la fuerza de esto. Jim los alejó de la pared y ambos fueron a dar contra la estantería, algunos libros cayeron alrededor de ellos. John lo empujó de nuevo y cayeron en su cama. Sus manos estaban desesperadas, ya que estaban arrancandose la ropa uno al otro, intentando quitárselas lo más pronto posible. John sujetó la camisa de Jim y la rasgó en un intento por abrirla, los botones saltaron por todas partes. Hizo un camino de mordidas a través del pecho de Jim hasta su estomago, mientras sus dedos abrían sus pantalones.

Cuando Jim estuvo desnudo de la cintura para abajo, John comenzó a quitarse los suyos, empujándolos hasta quitarlos completamente. Se los quitó y tomó lubricante, embarrando sus dedos rápidamente. No importaba que tan veloz iba, aun así no era lo suficientemente rápido. Tomó la erección de Jim en su boca y la chupó mientras sus dedos dilataban su entrada.

—John, rápido— dijo Jim, sintiendo la misma urgencia que John sentía. —Oh Dios, John.

John metió el tercer dedo y Jim rebotó en la cama, mientras la boca de John seguía chupándosela vigorosamente. —John por favor. Follame. Follame AHORA— Jim suplicó y sus manos fueron hasta la cabeza de John para agarrarse de su cabello. John se alejó de la erección y sacó los dedos de la entrada de Jim. Agarró las piernas de Jim y se las puso alrededor de su cintura, mientras entraba de una sola embestida fuerte, enterrándose hasta la base.

—Oh Dios— Jim echo su cabeza hacia atrás y apretó con la cintura de John con sus piernas.

—Jim— gimió John y comenzó a moverse, tomándolo duro y rápido, cada embestida era más desesperada que la otra.

John aun tenía puesto su suéter sobre él y aun así se frotó en la zona abierta de la camisa de Jim. John jamás había sentido esta necesidad antes, de tener que estar lo más cerca posible y más profundamente de alguien. Los sonidos que estaba haciendo eran completamente viscerales y ni siquiera reconocía los que salían de su propia boca.

—Si Johnny si— Jim gimió cuando John lo clavaba contra el colchón. Jim deslizó una de sus manos entre ellos y comenzó a masturbarse, mientras su otra mano, seguía sujetando el cabello de John con fuerza. —Follame. Si.

Ambos estaban tan cerca del clímax, cuando la puerta del exterior se abrió. John se congeló, inseguro de que hacer.

—Si te detienes, te mataré— Jim amenazó en un siseo.

John tapó la boca de Jim con su mano pero comenzó a moverse otra vez, esta ocasión más despacio. Jim gruñó de frustración pero el sonido quedó amortiguado contra la mano de John. Jim se vino primero mientras se masturbaba hasta que terminó. Con unas pocas embestidas más, John lo siguió mientras mordía la clavícula de Jim para ahogar cualquier sonido que pudiera haber hecho.

John lo empujó y se inclinó al suelo para agarrar los pantalones de Jim. Se los aventó al Consultor Criminal. —La ventana— dijo, señalando con la cabeza. —Hay una escalera de incendios.

— ¿En serio?— espetó Jim como si salir por la escalera de incendios fuera degradante.

—Jim, por favor— suplicó John mientras se ponía sus pantalones y se subía la cremallera.

Jim rodó los ojos y se puso sus propios pantalones. —Todo lo que sea por ti Johnny.

—Te amo— susurró John antes de darle a Jim un beso rápido de despida.

—Eres el mejor— dijo Jim abotonándose el resto de la camisa, dejando suelto solo el botón superior. Lanzó un beso a John, antes de desaparecer por la ventana.

Continuará…

Disculpas ante todo, pero creo que están confabulando contra mí, jejejejejeje primero se me estaba haciendo difícil traducir las tres primeras páginas, creo que las reescribí como diez veces, luego se me ocurrió meterle la mano a mi lap y algo habré hecho que desconfiguré un par de teclas con que sacas rápidamente las mayúsculas y obviamente los signos que están en los números, por ende cuestiones como signos de interrogación, exclamación y comillas pues no salen. Intenté que la arreglaran pero me dijeron que necesitaba comprar un nuevo teclado, la verdad no quiero invertir en mi pobre maquina que ya ha dado lo mejor de sí, por lo tanto me tardó más tiempo escribiendo de lo que debería además de que no tengo dinero para hacer esto. Pero bueno, cualquier cosilla rara, como falta de signos pues ya saben la razón.

Intentaré la próxima semana actualizar, más que nada por la velocidad de escritura que llevo con esta dificultad técnica.

P.d. como me moría de risa en la escena final, con un Jim huyendo al estilo amantes a punto de ser descubiertos por el marido…

Saludos

ITSASO ADHARA