Hi, Hi, ... *me llegan tomatasos podridos porque me esperaban meses atrás* ... les hice sufrir mucho jeje n_nU
Muy bien… Pues corran el capítulo!
…
Capítulo XII: Visitas.
Megpoid & Hatsune. Hanazono & Kasane. Amane & Sakine… ¿¡Namine & Kagamine!?
Hacía un día con un enorme y brillante sol en el cielo, el cual ocasionaba un sofocante calor de verano. En la casa Amane, Hikari no se encontraba ya que estaba en un viaje de trabajo por un par de días, mientras que Rin se estaba asando sentada en el piso de la sala de estar, ¿Por qué en el piso? Muy simple, el piso se encontraba frío, pero aún así ni siquiera eso podía tenerla a gusto, tampoco el hecho de que estuviera frente a un ventilador, en días así prefería salir a comer un helado con cualquiera de sus amigos bajo la sombra de un árbol, pero dudó que fuera bueno llamar a cualquiera, Miku es su amiga, pero de seguro la atiborraría de preguntas sobre la fiesta de anoche cuando ella y Len fueron a dejar a Rinto a su casa, puesto que nadie respondía al teléfono por lo que atinaron a creer que estaba vacía, cosa que comprobaron cuando llegaron ahí… Y por supuesto que la chica de cabellos turquesa querrá saber todo con lujo detalle, era parte de ella no quedarse atrás en lo que respecta a sus amigos y la chica no tenía ganas de responder nada… Por otro lado Gumi haría lo mismo que la Hatsune. ¿Kaito?... No, él debe estar ocupado, por algo pidió con anticipo (en la fiesta) que no lo molestaran este día. Rinto… No, se sentía tan confundida con él, cómo con Len, por lo que ninguno de ellos era una opción… ¿Lenka? Honestamente a ella le debía una disculpa, pensar semejante cosa sin pruebas… Menudas cosas en la que piensa, no obstante aunque la rubia sepa bien que debe hablar con ella, no tenía idea de cómo explicárselo… Suspiró con pesadez y se tiró hacia atrás quedando recostada en el piso por unos minutos.
Después se puso de pie y fue a coger las llaves y algo de dinero, estaba vestida con una blusa sin mangas y un short, por lo que estaba presentable, sólo se colocó sus zapatos en la entrada y salió con intenciones de hablar con la única persona "madura" que podría darle consejos ese día… Meiko.
- El día de ayer todos estaban tan raros, además me pregunto que le habrá sucedido a Rinto como para colapsar así – se dijo a sí misma mientras que ya se encontraba fuera de casa, el flequillo le comenzó a molestarle en la cara por el calor, así que comenzó a jugar con él soplándolo con fin de quitárselo de encima mientras que mantenía su mirada fija en el cielo de un color celeste que se propagaba por todo este, ni una pequeña nube asomándose, eso significaba un buen día. Aunque la noche anterior…
…
Rinto había dado unos pasos hacia el frente, lo que causó que Rin se aliviara un poco aunque aún así mantenía su vista sobre él un poco preocupada, lo cual aumentó cuando comenzó a chillar de dolor llevándose ambas manos a la cabeza. Caminó algo tímida hacía él colocándose frente suyo, pero este se desmayó sobre ella cuando apenas si había logrado colocar su mano sobre su hombro. Lo atajó con algo de dificultad por su peso y no se sentía muy inútil porque no sabía que hacer con él ahora.
- ¡Ayúdenme! – le avisó Rin al resto que miraban con unos ojos que expresaban que no entendían nada de la situación al igual que ella, pero fueron a ayudarla así tan rápido como ella lo pidió.
- ¿Cómo sucedió? – preguntó Gumi mientras intentaba ayudarla con el peso del chico.
- Sólo se desmayó hasta lo que yo sé… – dijo la chica nerviosa.
- ¿Dijo algo? – preguntó Miku mientras colocaba su mano sobre su frente algo sorprendida al ver que no estaba ardiendo cómo había estimado, sino todo lo contrario, su rostro se encontraba pálido y su temperatura era muy baja.
- ¿Qué sucede Miku? – le pregunta muy asustada Rin al ver su rostro de sorpresa.
- ¿Alguno de ustedes sabe si sufre alguna enfermedad Rinto? – preguntó la chica de cabellos celestes mientras que recibía sólo negaciones cómo respuesta – Lo mejor será llevarlo a casa – con tal de estar un poco más segura de cual podría ser lo que padecía el rubio tomó su pulso, este estaba inesperadamente rápido, la chica miró un poco triste y preocupada a la vez, pero por ahora no parecía ser nada serio, por lo que prefirió sólo callar – Quizás sólo sea cansancio. Rin pásame el teléfono celular de Rinto.
La rubia asintió con la cabeza mientras que comenzó a buscar en el bolsillo de la chaqueta del chico, encontrando satisfactoriamente lo que buscaba, se lo entregó a Miku sin mucha demora y esta lo cogió rápidamente. La chica de cabellos color aguamarina marcó rápidamente el número de la agenda del chico con nombre de su casa, pero en esta nadie contestó. Esta vez la chica se detuvo un poco a pensar y en eso recuerda que nunca había visto a los padres de Rinto ni mucho menos había ido a su casa, pero ahora en este momento aquella información se les hacía muy valiosa, por desgracia el número de sus padres no se encontraba en su agenda. La chica chasqueó la lengua, debía hacer algo…
- ¿Alguien conoce dónde queda su casa? Llame a ella pero nadie contesta – dice la chica, en eso a Gumi se le viene un rápido recuerdo a la mente.
- Yo fui un día para que él me ayudara con un examen, en realidad se lo había pedido a Len, pero él se negó… – dice levantando la mano para captar la atención, todos ellos se habían reunido en un círculo alrededor del chico (menos Len que estaba a una cierta distancia, no muy exagerada, si bien competía con él, tampoco le era suficiente para odiarlo en semejante grado. Aunque al oír el último comentario de la peliverde le dedicó una mirada un poco molesta), pero aún así se encontraban el resto de los invitados de la fiesta gritando y bailando ajenos a todo este asunto.
- Bien, ¿Puedes ir cómo guía? – preguntó Miku.
- Lo lamento, mi hermano me llamó hace unos 2 minutos diciendo que tuvo un problema y que debería volver rápido a casa… P-Pero no es muy difícil llegar – estimó la peliverde en espera de que alguien se ofreciera a hacer el trabajo de llevarlo.
- Yo debo irme también, mañana tengo muy asunto desde muy temprano de hecho dudo incluso que me deje libre algo del día… – comentó Kaito sintiéndose algo culpable, la mirada de Miku se quedó sobre Len, era el único chico que quedaba y necesariamente tenía que ser él quien lo cargara (ni ella ni Rin obviamente podrían llevarlo ni de broma). Aunque sabía que sería difícil convencer al rubio, ya que este no se llevaba bien con él y además que era él el encargado de la fiesta y no la podía dejar así como así.
- Len, te lo pido – dijo la chica de cabellos rubios, quién comprendía la situación de la misma manera que Miku.
- No puedo irme de aquí dejando a estas personas adentro – se escudó el chico, para su mala suerte, la chica de cabello largo color celestino ya tenía algo planeado.
- No te preocupes, yo me encargaré de ellos – dijo la chica muy decidida.
- Aún así necesito a alguien que sepa dónde queda…
- Gumi te puede dar instrucciones, ya lo dijo – le corrigió la chica, ya habían pocas posibilidades de que se negara.
Pero para que no hubiera ni una sola, la rubia remató proponiendo:
- Yo iré contigo, Gumi explícame cómo llegar mientras que tu comienza a subir a Rinto a tu espalda – le dijo la chica de orbes azulinos mientras que tomaba a la ojiverde por la muñeca y se la llevaba un poco más lejos para darles espacio – Cuento contigo – fue lo último que dijo, sin darse cuenta, ya había logrado que el rubio se resignara, después de todo a veces sólo una palabra suya bastaba para que este se atontara por completo.
- De acuerdo… Kaito ayúdame antes de irte – le pide el rubio y este le ayudó con gusto.
- Que extraño se siente que esta vez tú me arrastres Rin – comentó la peliverde cuando ya terminaron su corto trayecto.
- La verdad, sí – concordó la rubia, dio un pequeño suspiro y se concentró lo más que pudo – ¿Cuál es el lugar?
- Es muy simple, ¿Conoces el deshabitado y pequeño parque para niños que tiene los columpios y los subibajas en buen estado pero aún así es raro ver a alguien ahí, queda algo cerca de la escuela? – preguntó la chica con muchos detalles para que no se perdiera en otro lugar, a la rubia de repente le acudieron los recuerdos de no mucho atrás.
- ¿El que queda cerca del camino que debo tomar para volver de la escuela a mi casa? – preguntó Rin esperando no equivocarse.
- ¡Sí ese mismo! Tiene un gran árbol ¿No?
- Sí – respondió la chica recordando el lugar.
- Pues exactamente frente a él una casa no muy grande de color rojo opaco por fuera, si te equivocas… Sólo la llave que trae puesta puede funcionar en su casa así que deberás probar todas – dijo la peliverde sonriendo y colocando su mano en su hombro mientras que le mostraba su pulgar en alto… Lo que rápidamente hizo entender a la pobre… No bromeaba.
- N-No creo que sea el mejor método… Pero quizás funcione…
- ¿Quizás?, nada de quizás, funcionará y llevarás a Rinto a su casa junto con Len – dijo ahora más estricta mientras que le apuntaba con el dedo índice prácticamente a tan sólo unos pequeños centímetros de su nariz.
- Sí, Gumi… – respondió la rubia nerviosa mientras se relajaba un poco cuando esta bajó su mano de su rostro.
- Eso espero Amane, suerte – le dijo antes de escabullirse por la multitud, de seguro debía irse en ese mismo momento.
- ¿Lista Rin? – preguntó Len quien ya llevaba a Rinto en su espalda, aún inconciente.
- Supongo, no tardamos Miku – le avisó a la ojiceleste recibiendo una afirmación de parte de ella.
- Tengan cuidado – dijo ella con un rostro digno.
- Prometemos regresar en una sola pieza – dijo Rin de la misma manera.
- Oigan… No vamos a la guerra… – comentó el rubio con una pequeña gotita en la sien.
- Aguafiestas – responden ambas con un puchero.
- Muy bien, vámonos Rin – dijo antes de llevarse a la rubia con él y salir de la casa.
Miku se quedó un poco pensativa, tenía un pequeño indicio de lo que posiblemente sufre el rubio y quería hablar de ello con él cuando se encontrara mejor.
- No te escaparás de esta Namine…
…
El camino fue silencioso tanto Rin como Len no se les ocurría nada para conversar y de alguna manera se volvía muy aburrido e incómodo para la rubia de moño, por lo que trató sacar cualquier tema a flote, pero lo que se le ocurrió no fue lo apropiado para esa ocasión.
- ¿S-Sabías que Rinto vive frente al parque en el que estuvimos antes? – preguntó nerviosa mientras jugaba con sus dedos y caminaba al lado de Len quién seguía cargando al otro rubio.
- Claro… - respondió distraído, Rin sintió eso y le miró, iba caminado junto a ella pero su vista era baja, miraba el suelo mientras que de seguro pensaba en otras cosas, de las cuales la chica quería saber.
- ¿Qué sucede?
- Nada… - respondió tajante.
- ¿Cómo que nada? Len siempre detesta los silencios incómodos, dime, ¿Eres Len, no? – pregunta la chica mientras que coloca una sonrisa burlesca.
- ¿Q-Que clase de pregunta es esa? ¡Claro que soy yo! – dice algo molesto y confundido a la vez.
- ¿Entonces por qué pareciera que has cambiado? – pregunta mientras que apura un poco el paso para quedar mucho más adelante que él de manera que pudiera darse el lujo de parar por un momento su recorrido – Colocaste muchas excusas para no ayudar a Rinto, el Len que conozco es amable con todos, siempre lo eres conmigo.
- Tsk – masculló el rubio mientras que pasaba por su lado – Cree lo que quie…
Pero el rubio se cortó cuando sintió los labios de la chica en su mejilla y al mismo tiempo sintió que su corazón subía por su garganta y su rostro tomaba un poco de color.
- ¿¡P-Porque fue eso ahora!? – preguntó con un tono alto por estar un poco molesto, pero a la vez eso sólo lo causaba el hecho de haberlo sorprendido.
- Un agradecimiento por lo de la fiesta, me divertí – dice la chica con una sutil risita mientras seguía caminando con Len, quien bajó la mirada de nuevo hasta que pudiera sentirse más relajado, luego de un rato vuelve a hablar.
- ¿Cuánto falta?
- Pues bien… Ahí está el parque – menciona la rubia de moño apuntando los juegos de niños – Entonces… ¡Esa debe ser su casa! – indica con su dedo índice una casa que encajaba con las descripciones de su amiga de pelo y ojos verdes – Permiso.
- ¿E-Eh? – balbucea el rubio cuando siente que se le acerca por la espalda, siente que sus mano están cerca de su espalda y le causa un pequeño escalofrío, pero cuando ve que lo que la ojiazul había hecho era sacar las llaves del bolsillo de Rinto se relaja.
- Listo, ahora vamos a probar…
…
- Y pensar que estuve 20 minutos probando la llave con las cerraduras… La casa de Rinto era grande… Pero ¿Que objetivo tendrá que lo sea si cuando está casi vacía como ayer la hace ver algo triste? Creo que con sus padres deberá ser mejor… – ahora que se le cruzaba por la mente de la chica, recordó el hecho de que nunca había visto a los padres de Rinto… Aunque quizás solo es casualidad.
Llegó a la tienda de Meiko y se dispuso a entrar rápidamente para evadir el sol que caía, se asomó un poco para ver si había alguien más, pero no había nadie más que Meiko con un periódico y una taza de té en sus labios.
- ¿Meiko? – llama su atención algo tímida, la castaña cuando le escuchó volteó a mirarla, dejó la taza de té sobre la mesita de recepción junto con el periódico y sonrió al ver a la rubia.
- Hola Rin, ¿Cómo te encuentras? ¿Necesitas algo? – pregunta con su sonrisa entusiasta de siempre.
- P-Pues… Me gustaría saber del disfraz que me pasaste…
La expresión de Meiko al escucharla se volvió nostálgica.
- Así que era eso, ven siéntate – le invita a tomar asiento a un lado suyo – Como dije anteriormente, aquel disfraz fue mío, ¿Recuerdas que te dije que te contaría la historia?
La rubia asintió, vio como Meiko le ofrecía un poco de té pero se negó, la verdad es que ella se estaba asando como si fuera la mismísima parrilla.
- Pues bien… Verás, todo esto pasó hace algunos años atrás cuando tenía tu misma edad…
…
- ¿Q-Que intentas hacer? – pregunta algo tímida la castaña mientras que se sujeta de su brazo más cercano a ella, abrazándolo para no separarse.
- Shh… – le indica que guarde silencio con el dedo índice en sus labios mientras que comienza a asomarse por el marco de la puerta, apenas lo suficiente para ver lo que hay del otro lado de la muralla en la que se estaban apoyando – Con que eso era… ¡Escóndete! – le ordena mientras que él mismo retrocede y se apega a la pared contigua a la que estaban anteriormente, mientras que toma a Meiko y le cubre la boca para que la chica no haga ningún sonido.
Ambos miraron como pasaban caminando los adultos sólo pudiendo lograr ver sus espaldas mientras que estos caminaban hablando muy entusiastas hasta irse lejos, el chico suspira y siente los golpes que le daba Meiko en el brazo para que le soltara, rápidamente le deja respirar mientras que escucha algo preocupado como tose repetidas veces.
- ¿Estás bien? – pregunta mientras que posa su mano en la espalda de la chica.
- ¿Cómo… Crees que estaría bien? Eres muy descuidado… Rook – pregunta mientras que sigue tosiendo.
- ¿No estás enferma? No te gusta llevar mucha ropa y estas como si fuera invierno, también toses demasiado…-.
- ¡Idiota, no te preocupes por mí ahora!… Ahora quien importa es… - dice mientras que ambos entran a la habitación que estaban vigilando anteriormente, rápidamente Meiko posa su vista sobre la persona que se encontraba en la camilla, no era nada más ni nasa menos que su propio hermano, quién miraba por la ventana, pero al notar la presencia de alguien más giró la cabeza encontrándose con su pequeña hermanita y un desconocido.
- ¿Cómo estás pequeña Meiko? Tiempo sin verte – dijo mientras que esbozaba una dulce sonrisa en sus labios, por otro lado su voz sonaba un poco débil – No me esperaba visitas, ¿Cómo…
Pero no le dejó terminar, Meiko le abrazó rápida pero suave y cariñosamente, el chico sorprendido le correspondió con algo de debilidad en sus brazos, su enfermedad, como temía Meiko, le tomaba gran parte de su vitalidad, siempre estaba por aquí y por allá junto con ella, pero ahora parecía una persona completamente diferente, Meiko sintió un poco de tristeza, la cual se expresaba muy bien en sus ojos pardos, aunque ella quisiera evitarlo, después de un minuto se separo de él y le miró a los ojos, seria y preocupada, cosa que no pasó desapercibida por ninguno de los dos chicos de ahí.
- Te extrañé Meito – dice mientras tiene los ojos un poco empañados - ¿Cómo te sientes? ¿Saldrás pronto?
- Bueno… - comenzó el castaño con una mirada triste que decidió bajar al piso – Eso aún no lo sé – respondió sinceramente con un pequeño deje de tristeza – Meiko, yo también te extrañé y estoy feliz de que estés aquí – dijo con una sonrisa dulce.
- Debo estarlo, después de todo fue mi culpa que enfermaras – dijo con un tono triste con un dolor terrible en su pecho por sentirse culpable por todo lo que pasaba el chico ahora.
- No es culpa tuya – dijo Rook mientras que posaba su mano sobre el hombro de la chica, ella le mira mientras que intenta esbozar una sonrisa, aunque esta fue pequeña, relajó al chico de peculiares ojos color carmesí.
- Él tiene razón… A todo esto, ¿Tú eres? – preguntó Meito un poco curioso.
- Lo lamento olvidé presentarme… – dijo con una sonrisa nerviosa – Soy Rook, Yokune Rook – respondió con una amable sonrisa.
- Rook es quien me ayudo a colarme en el hospital para verte – explicó Meiko – Es un amigo que hice en el colegio, es de nuestro mismo grado, sólo que distinta clase.
- Ya veo, con razón tenía la pequeña sensación de haberte visto antes – dijo Meito con un tono algo alegre como es de costumbre de él – Soy Meito, como debes saber soy el hermano mellizo mayor de Meiko – agregó.
- Si a tu hermana no se le escapa nada al habar de ti – dijo el chico de cabello negro con un peculiar mechón rojo haciendo sonrojar a la chica castaña.
- ¡Idiota, no digas eso! – dijo mientras que se lanzaba sobre él con intenciones de golpearlo en el pecho, pero este detuvo sus puños con una sola mano y después con la otra indicó con su dedo índice sobre su propia boca que guardara silencio.
- No grites, recuerda que no podemos estar aquí, si nos atrapan estaremos en problemas – dijo el chico mientras soltaba a una Meiko sonrojada, al verla así Meito no pudo contener una pequeña risita.
- ¿Por qué mi hermanita está tan nerviosa?
- ¡Sí puedes abrir la boca para eso…! – el sonido que le indicaba que guardara silencio, que venía de parte de Rook la detuvo, colocó una mueca molesta mientras que hinchaba sus mejillas indignada – Mejor no me preocupo…
- Jeje, no te molestes hermanita, te agradezco que hayas venido a verme – dijo Meito con un una sonrisa.
- ¿Realmente te sientes bien? – preguntó la castaña recibiendo un asentimiento con la cabeza de parte de su hermano – Bueno, entonces te vendré a ver la próxima semana.
- ¿C-Cómo? – preguntó Meito un tartamudeando al no caber en sí mismo de la felicidad – ¿Cómo piensas hacer eso? – pregunto nuevamente ahora más específico.
- Como lo hice ahora, Rook me ayudó a ingresar y burlar la seguridad hackeando con su propia computadora, no hay problema, sólo no debe ser muy seguido – explicó Meiko mientras que el chico ojirojo a su lado asintió con la cabeza también.
- ¿Por eso lograron entrar?… Entonces, ¿Vendrán cada Viernes después de mis controles? – preguntó animado el chico.
- ¡Claro, no tengo pensado perderme la oportunidad de saludar a mi hermano por nada del mundo! – respondió Meiko con una sonrisa, mientras que todos se encontraban felices sonriendo al mismo tiempo en aquella habitación.
…
Rin no comprendía nada de lo que acababa de relatarle la castaña, era su pasado, eso lo tenía bien claro, pero al oír aquella historia tan inocente no pudo evitar pensar en mil y un preguntas con las que atacar a Meiko, pero la primera que le vino desde el comienzo del relato, era la que tenía más curiosidad y la número uno de su lista.
- ¿Tienes un hermano Meiko? – preguntó la chica con un poco de incredibilidad en su voz.
- Sí, Meito, Sakine Meito, mi hermano mayor, mellizo, y fallecido familiar – dijo con algo de tristeza en sus ojos lo último.
- L-Lo lamento – dijo Rin un poco nerviosa por hacerle recordar semejante cosa.
- No es nada, fue hace mucho tiempo, unos meses después de lo que acabo de relatarte – especificó la castaña mientras que terminaba la última gota que quedaba en su taza de té, no le gustaba desperdiciar nada si de comida se trataba – Hace unos meses atrás le habían detectado una Leucemia Linfática aguda, es bastante común en niños y ese tipo de cáncer también es común en los gemelos aunque fuéramos mellizos… Nos cuidaban muy bien a ambos hasta que un día en el que nuestros padres se separaron… Nosotros éramos capaces de elegir con quien vivir… Meito quería que no nos separáramos, pero yo preferí estar con mamá en lugar de quedarme con papá y él, ya que pensé que debía empezar a hacerme valer por mí misma y no depender de él, pero no me dí cuenta de que él también dependía de mi y eso fue el peor error que pude haber hecho, nunca debí alejarlo de mí y por eso no intente convencerlo de que se fuera conmigo y no se fuera a la casa de mi padre donde el ambiente estaba contaminado, eso fue lo último que gatilló la enfermedad para que se desarrollara tan rápida y letalmente, comencé a visitarlo con Rook semanalmente, sin falta. Pero aún así visitas no son la cura para enfermedades.
- Lo sé – respondió Rin también un poco triste – ¿Quién es Rook? – volvió a preguntar Rin ahora intentando evitar recuerdos de su propio pasado, intentando distraer su mente con intentar encontrar la conexión que sentía que tenía el apellido "Yokune" con algo de su vida, pero en ese momento de sofocante calor, provocaba un inmenso problema de pensamientos claros para la rubia, por lo que lo dejó para otra ocasión, sin poder dejar de pensar que había algo familiar en esa palabra.
Aquella pregunta tomó a Meiko por sorpresa, una leve sonrisa se formó en sus labios, pero eso no quitaba la tristeza que aún contenían sus ojos.
- Fue mi novio… Creo – respondió causando un gran desconcierto en Rin, quien con tal sorpresa no alcanzó a escuchar la última palabra.
- ¿¡Cómo!? ¿Tú ya tenías novio a mi edad? – preguntó la rubia avergonzándose por lo poco madura y desarrollaba que estaba en aquel tema.
- ¡Claro, mi rostro llamaba mucho la atención! – dijo la mujer con animo intentando olvidar la tristeza anterior.
- ¡Eres genial Meiko! – dijo la chica alabándola.
- La verdad no mucho, no me di cuenta de sus sentimientos, ni siquiera de los míos sino hasta mucho tiempo después – respondió la castaña con una sonrisa algo nerviosa – Y nuestra relación fue algo extraña, de hecho no se si llamarle noviazgo a algo tan corto.
- ¿Por qué no duraron mucho? ¿Te traicionó? – preguntó Rin tan interesada como si de una novela se tratara, sin poder ocultar su curiosidad de niña aunque ella realmente no aparentarlo para que Meiko no se sintiera mal, lamentablemente era imposible desaparecer el brillo de sus ojos, a Meiko se le caía una gotita de sudor.
- No, nada de eso, fue bastante fiel conmigo – respondió Meiko mientras no podía parar de sonreír – Yo fui quién cortó con él el mismo día en el que llevaba ese vestido que te entregué… Y verás porque no pudo seguir nuestra relación fue…
…
Ambos eran muy unidos desde que se conocieron, se veían constantemente durante los recesos y horas del almuerzo, llegaban juntos a la escuela y además siempre, todos los Viernes después de las clases partían ambos caminando hacia el hospital para ver a Meito como era santo de ese día de todas las semanas.
Un día de estos, Rook cayó enfermo en una gripe, el intentó hacer todo lo que pudo para asistir a la escuela como había prometido para ayudar a Meiko, pero su estado y su familia no se lo permitieron, obligándolo a dejarlo postrado en la cama por todo el día. Meiko por primer día en mucho tiempo se pasó la jornada concentrada en Rook en lugar de su hermano, sólo pensando en qué le pudo haber sucedido al chico como para faltar, entonces se dio cuenta de que él no tenía ninguna razón como para ayudarla en específico, prácticamente no recibía nada a cambio de arriesgar el quedar manchado de por vida como un delincuente o un potencial enemigo por poder burlar vigilancia, pero ¿Por qué la ayudas? Más simplemente no hallaba respuesta, sin importar cuantas veces se formulara la pregunta.
Al final de clases inesperadamente cayó una lluvia no muy fuerte pero duradera, Meiko estaba parada en la puerta de salida de la escuela, después de pasar prácticamente todo el día sola pensado sin decir ninguna palabra, se sentía realmente sola, se fijó en su casillero pero no tenía ningún paraguas guardado, fue a por el casillero de Meito, pero este tampoco tenía, más bien él siempre tenía dos, como conocía de sobra lo olvidadiza y descuidada que podía llegar a ser Meiko. Pero ahora su pedazo de lata estaba vacío, cerró la puerta del casillero con el nombre "Mikage Meito" con algo de tristeza impregnada en sus ojos, luego subió rápidamente su cabeza mientras que la idea que se le había cruzado por la mente le sacaba una sonrisa, pero esta fue rápidamente borrada cuando recordó que era inútil irse con Rook como ya se había acostumbrado a hacerlo, ya que había pasado por alto el hecho de que este no se encontraba con ella, volvió a bajar la mirada y se colocó en su posición inicial, al frente de la puerta de la escuela. Estaba a punto de cruzarla pero primero miró hacia el cielo, observando como caían una a una las gotas de agua, una alcanzó a arrancarse a su rostro, estrellándose sobre su suave mejilla, volvió a bajar la mirada mientras que salía del establecimiento, ahora sin importarle el agua.
Caminó por las calles y siguió así sin rumbo, cuando llegó a un lugar conocido como la casa de Rook, se puso debajo de un pequeño pedazo de techo con intenciones de sacar su teléfono, mandó un rápido mensaje y luego lo volvió a guardar para esperar frente a la puerta de entrada.
Mientras que Rook intentaba escuchar claramente si es que ya se habían ido sus padres, mas le costaba por el hecho de que se encontraban cayendo múltiples gotas sobre el vidrio de su ventana, llevaba un rato lloviendo, unas tres o cuatro horas para ser exactos. El chico de cabellos oscuros se había pasado todo el día penando en una persona; Meiko ¿Si se enfadaba con él? ¿Si se arriesgaba para entrar al hospital sin su ayuda? ¿Si la atrapaban y la encerraban? No, no soportaría tal culpa, pero sus padres se habían encargado muy bien de dejarlo postrado en su cama durante todo el día. Su hermana estaba en la casa de sus abuelos durante esa semana, Rook de negó a ir porque tenía "Asuntos importantes el Viernes" más aún así tuvo la mala suerte de que justo se enfermó en este día, lo cual no pudo pasar desapercibido por sus padres. Pero ahora que fueron a buscar a su hermana era el momento de actuar, calculó que demorarían unos 25 minutos como mínimo, 35 si es que platicaban un rato con los abuelos, por lo que cuando escuchar el silencio reinante con cuidado abandonó su habitación y descendió por las escaleras, al llegar a la estancia suspiró relajado, miró a su alrededor en busca de su teléfono, que por su mala suerte se le había olvidado ahí abajo en la mañana y sus padres le dijeron que no se lo entregarían hasta que se encontrase mejor, ya que la última vez que había sucedido lo mismo, el pelinegro llamó a un amigo suyo y con su ayuda escapó por la ventana, volviendo unas horas después con un serio problema de pulmonía.
Cuando encontró su objetivo observó la luz tintineante de la tapa indicando de que un mensaje había llegado, en su rostro su expresión se extrañó un poco, pero realmente no tenía idea de cómo reaccionar, de inmediato pensó en la posibilidad de que podría ser de la castaña, la cual comprobó cuando abrió la tapa de este y leyó el emisor, sintió que se le revolvió el estómago por un momento y sus ojos reflejaron sorpresa al leer el corto mensaje; "Estoy en la puerta de tu casa". Miró por la ventana rápidamente aunque estaba seguro de que aún seguía lloviendo, seguido se fijó en la hora de este y se preocupó más… Había llegado hace ya unas 3 horas atrás, suspiró, aquello significaba que debía ya de haberse ido a casa por la lluvia, no podía estarle esperando todo ese tiempo, sólo alguien loco lo haría con semejante lluvia, se sentó en el sillón, ya después se disculparía con ella y le explicaría la razón por la que no pudo ir ni a clases y salir a verla al siguiente día… Pero… ¿Por qué tenía un mal presentimiento?… Era imposible, imposible que siga afuera, imposible ¿No?
Pero cada vez que surgían esos "imposibles" se le hacía más fácil creer en esa posibilidad, se puso de pie rápidamente y se detuvo al tocar la perilla de la puerta, ¿Imposible había creído que era? Pues realmente estaba equivocado, ya que ahora no le sorprendió para nada cuando se encontró a la castaña toda empapada aún con el uniforme escolar y con la mirada baja, la cual subió segundos después de que se asomó por su casa, mientras que el chico tenía una expresión ilegible en su rostro, la castaña sonrió.
- Que bueno que estés bien – dice Meiko con una voz algo apagada – Me extrañó que no respondieras a mis llamadas y también el hecho de que no saliste de inmediato con lo del mensaje, estaba preocupada, pero ahora estoy feliz de que estés bien.
El rostro de Rook estaba en completa estupefacción, la chica le había estado llamando y esperó debajo de la lluvia por él… De seguro ya ha de haber recogido un resfriado, pero… ¿Por qué?…
Rook abrazó fuertemente a la chica sin querer soltarla, ya que por alguna razón creyó… Que hallaría la respuesta de su "¿Por qué?" en aquella demuestra de afecto, mas no recibió nada más que unos brazos empapados por la lluvia, rodeándolo como si intentaran calmar su ansiedad de acabar con la duda y la respuesta a otra pregunta que ya había asaltado anteriormente a su mente…
Porque es importante para mí…
¿Por qué la ayudas?
Porque le quiero…
¿Por qué la ayudas?
- Porque me gustas… – murmuró en un susurro casi inaudible que fácilmente se mezclaba con las gotas de lluvia, sus labios ya lo habían pronunciado, su corazón ya lo había descubierto y su mente ya lo había aceptado.
La castaña, quien había escondido la cabeza en el pecho del chico, levantó la vista, y se separó un poco de él encontrándose con su mirada algo dolida, nunca sabría de que la razón de ello es que se sentía culpable de su estado.
- ¿Qué dijiste? – preguntó curiosa.
- Secreto…
- ¿Secreto?
- Te lo diré cuando dejes de ser tan torpe y descuidada.
- Imposible – mencionó la castaña con una sonrisa pequeña, la cual se borró antes de que se echara a llorar sin razón aparente – T-Tenía tanto miedo… – expresa mientras que se esconde nuevamente en el chico – M-Mucho miedo… Por favor, no me dejes sola… Odio la soledad.
El chico se quedó estupefacto nuevamente con eso, la abrazó fuertemente de nuevo.
- Siempre vas a contar conmigo Meiko… Siempre.
El silencio se apoderó de aquella escena, con alguien dolido, alguien asustado, mientras que algo lejos, pero no en otra cuidad, se encontraba alguien preocupado…
El sol no lo había visto en todo el día, mas aún así miraba por la ventana en busca de algún rayo de esperanza, aun sin importarle cuantas gotas de lluvia ya había visto. Soledad, había tenido que soportarla por mucho tiempo, aunque últimamente no tenía razón para quejarse mas aún así el tiempo de compañía que disfrutaba semanalmente se le hacía muy diminuto comparado con la eternidad que sentía cada minuto sentado en aquella camilla, con sólo el sonido de pasos lejanos que provenían del pasillo a través de la puerta que deseaba cruzar, los constantes pitidos de la máquina que se encontraba conectado a él, los cuales representaban los propios latidos de su corazón y las gotas de lluvia que golpeaban la ventana como un llamado a la triste realidad que viven las personas que se encuentran ajenos al encierro de su habitación… Soledad, era la palabra que lo atormentaba aquel día en el que su hermana se había quedado ausente. Más aún así, miraba constantemente la ventana, aunque imaginaba que no lograría ver nada más que aquellas lágrimas del cielo.
- Te esperaré el próximo viernes, Meiko…
…
Pero fue una pena que lamentablemente ocurrió el hecho de que al siguiente Viernes Meiko enfermó de fiebre por no haberse cuidado como debía en más de una ocasión (contando lo de la semana pasada), mala alimentación y esfuerzo extremo. Rook ya se había percatado de que la castaña era bastante fuerte y no le agradaba preocupar a los demás por cosas innecesarias, (lo cual le gustaba de ella) pero cuando aquello pasó a mayores no podía fingir no darse cuenta, por lo que cuando la chica de ojos pardos tuvo una severa fiebre no le importó lo que ella pensara, tenía que hacer que volviera a la realidad, ya que aquel "Si mi hermano está bien mi mundo también" que siempre le respondía estaba acabando con ella, comía cuando su hermano le pedía que lo hiciera, se preocupaba de sus ropas cuando él también se lo decía, aquello comenzó a causar ciertos celos en el chico y una gran impotencia ya que él, quien estaba el mayor tiempo posible con ella, no podía defenderla y cuidarla, por lo que cando esta calló en su enfermedad, su culpa y sus inmensas ganas de tratar de protegerla se apoderaron de él como nunca…
- Come – más bien le ordena mientras que le extiende la mitad de su hamburguesa que había comprado en la tienda de la escuela, la chica que estaba con la vista perdida de da una pequeña y forzosa sonrisa. Se encontraban en horario de almuerzo, ambos se sentaron en el patio de la escuela en medio del pasto, ambos con la espalda apoyada en el tronco de un inmenso árbol, el más grande de ahí, el cielo estaba con un sol sofocante, por lo que ellos gozaban de la sombra de este.
- No, gracias, no tengo apetito – respondió la chica como lo hacía de costumbre y comenzaba a ver de nuevo al frente, pero más que nada aparentemente a la nada misma.
- Nada de eso, come o sino sólo enfermarás – le dijo el chico ahora con una voz más determinada aún – No me digas que quieres que Meito se preocupe – mencionó el chico de ojos carmesí, odiaba, pero realmente odiaba mencionar a su hermano como una excusa o chantaje, pero era lo único que le hacía razonar en momentos como ese, más aún así sus celos por ser el más importante en la vida de la castaña no desaparecían por nada.
- El no se enterará si tu no le dices, además, realmente me encuentro bien – respondió con voz baja y tranquila, lo que le reaseguraba al chico de que aquello era falso, siempre era activa y alegre, el hecho de que se encontraba así sólo le causaba más dolor.
- ¿Y qué sucede si le digo? – preguntó como si fuese un tema aleatorio por que le saltó la curiosidad, pero realmente, estaba volviendo intentar atraparla, la chica levantó la cabeza rápidamente para verlo si era una broma, pero su rostro era demasiado serio, por lo que resopló un poco molesta.
- Si es así dejaré de ser tu amiga – dijo la chica con tono amenazante mientras que acerca un poco más su rostro por lo molesta que estaba, algo así si como con eso intentara intimidarlo, pero claro, como no sabía de los sentimientos del chico, no sabía que a este sólo se le aceleró un poco el corazón mientras sentía un gran impulso de tenerla más cerca, pero aquello no era para este momento, por lo que ocupó todo su autocontrol para ello.
- Entonces no te ayudaré a entrar en el hospital – le devolvió la amenaza este mientras que también acercaba su rostro para ver si la chica retrocedía, después de todo sólo quedaban unos centímetros de distancia entre ellos, pero aún así se sorprendió un poco cuando la chica decidió acercarse un poco más a él con intensiones de rebatirle, en ese momento se le ocurrió la perfecta idea para que dejara de guardarse lo del verdadero estado de salud en el que se encontraba.
- Ya no necesito tu ayuda, puedo entrar yo sola – contradijo la chica mientras que Rook se sintió un poco herido por eso de "Ya no necesito tu ayuda…" pero decidió aún así llevó acabo su idea, esbozó una sonrisa de lado mientras que rodeó a Meiko del cuello con un brazo atrayéndola a ella – ¿¡Qué estás…!?
- ¿Así? ¿Ya no me necesitas? – preguntó con un tono indescriptible para la castaña, sus rostros estaban tan cerca que Rook podía sentir la respiración un poco agitada de su amiga, mientras que ella sentía la suave respiración del chico sobre ella.
- N-No… Yo… – apenas logró soltar por los nervios que le invadieron, y para evitar que se demostraran apretó sus puños, acción que ya reconocía el chico, por lo que ahora sonrió más ampliamente antes de juntar su frente con la de la chica de ojos chocolate.
Meiko cerró los ojos fuertemente cuando sintió que el chico la atraía a él eliminando el espacio entre ellos, pero los volvió a abrir sorprendida cuando sintió que sólo había unido sus frentes, un color carmesí salió de sus pómulos, denotando lo cuanto le incomodaba ello.
- Jeje – escuchó al chico mientras que después sintió cómo sus labios subieron hasta el lugar donde se encontraba antes su frente, dejándole un dulce beso antes de separarse, la chica no podía disminuir el rojo de su rostro, si bien era su color favorito, no le gustaba en sus mejillas, Rook le miró con una mirada un poco preocupada, pero triunfadora – Como pensé… Tienes fiebre.
- ¿Q-Qué? – preguntó nerviosa Meiko mientras que intentaba ocultarlo desviando la mirada – N-No sé de que me hablas, yo me siento bien – dijo la chica, comenzó a jugar con sus dedos en espera de que el chico lo olvidara, por su desgracia no sucedió.
- No finjas, si estás así no te llevaré con Meito – amenazó nuevamente.
- Ya dije que no lo necesito – respondió ella mientras se volteaba a la dirección contraria de Rook y cruzaba sus brazos.
- No tienes que hacerte la fuerte – susurró en su oído, de manera de que la castaña se exaltó, se cubrió este con ambas manos y volteó molesta para encararlo, aunque con aquellas mejillas sonrojadas, Rook sólo esbozó una sonrisa de triunfo.
- ¡S-Sabes que no me gusta que hagas eso! – exclama la chica molesta, la verdad es que por una razón desconocida para ella, Rook estaba actuando muy extraño desde que ella vez en la que fue a visitarlo a casa cuando se encontraba enfermo, se acercaba lo más que podía y también se ponía a juguetear con ella, aún sabiendo de que aquello le molestaba un poco, a él le parecía algo entretenido
La castaña recibió sólo una risa divertida como respuesta a su queja, lo cual causó que inflara las mejillas indignada nuevamente, pero poco le duró ya que por un momento sintió como aquella risa le provocaba también algo de felicidad a ella, miró a Rook a la cara por unos segundos, nunca había logrado mirarlo tan detalladamente, su cabello, siempre algo alborotado, lo hacía lucir como un chico energético y travieso, a la vez que sus ojos color carmesí, con un brillo similar al de dos rubíes reflejaban una gran tranquilidad y seguridad, y por último su sonrisa, la cual podía hacerle sentir mejor, no importa lo tanto le duela la herida, ni tampoco lo grande de la cicatriz, con sólo la pequeña curva de sus labios podía alegrarle el día…
- ¿Q-Qué me miras tanto? – preguntó Rook un poco incómodo, después de que acabara de burlarse de la castaña, pudo darse cuenta de que esta le miraba fijamente examinándolo por completo, lo cual causó un pequeño rubor en él, pero por su suerte era casi imperceptible.
- ¿Eh? – reaccionó la castaña después de salir del trance en el que estaba gracias a la voz del chico, el color rojo se esparció por todo su rostro nuevamente – Y-Yo no estaba haciendo n-nada…
- ¿En serio? – pregunta mientras que se acerca más a la chica con una mirada ansiosa, mirándola a los ojos para descubrir si esta mentía.
- B-Bueno… – pero por suerte de Meiko, la campana que indicaba que debían volver a clases había interrumpido, se puso de pie rápidamente – ¡Nos vemos al término de clases! – dijo antes de salir corriendo como alma que lleva el diablo, Rook suspiró y se fue por su lado hacia su propia sala de clases.
Meiko no paraba de jugar la pluma que traía entre sus dedos, la verdad es que su mirada estaba en el techo, pero aún así su mente sólo tenía una cosa que le molestaba una y otra vez… Rook, sus dulces gestos, su amabilidad, su alegría… La castaña se revolvió un poco su corta melena, estaba realmente confusa, casa vez que le recordaba, sentía que todo se le revolvía en su estómago, su corazón se aclaraba y su mente quedaba en blanco…
"No… ¡Imposible, no puedo!... ¿¡Estoy enamorada de él!?"
- ¡Imposible! – gritó la castaña sin pensarlo, al mismo tiempo en el que todos en la clase se voltearon a verle, se sintió a morir cuando la misma profesora volteo, pero luego miró a la pizarra y se fijó en algo que le hizo volver a donde la castaña y caminar hasta donde ella.
- Tienes razón Meiko, es matemáticamente imposible la fórmula que estaba ocupando para despejar la distancia, ¡Qué bueno que estudies más Física! – dijo lo último algo feliz mientras volvía a la pizarra, la castaña suspiró aliviada, realmente eso fue suerte – Pero… – al oír la voz de la profesora de nuevo se puso rígida – No lo grites, ¿Si? – asintió con la cabeza varias veces, y cuando la educadora volvió al pizarrón, se desparramó sobre el pupitre, dándose en la frente con la mesa, pero poco el importó.
- Demonios…
- Mei-chan siempre hace buen humor, jeje – se ríe una chica al lado de Meiko, tiene cabellos blancos tomados en una coleta baja y unos alargados ojos rojos.
- No es como para reírse Haku…
~ Al término de clases ~
- Nee… Rook – le llama Meiko mientras que van caminando por la salida de la escuela, la castaña se había ido por el camino de la derecha, el cual llevaba al hospital, pero se había extrañado cuando Rook tomó el camino de la izquierda, como si fuera otro día normal de la semana – El hospital queda por aquí.
- Lo sé, pero no creo que Meito te quiera ver así… – respondió el chico de espaldas, pero volteó para agregar – Incluso a mi me duele verte así.
El corazón de la chica se aceleró, una brisa que provenía desde Rook hacia ella despejó su rostro de cualquier mechón rebelde, mientras que al chico le alborotó el cabello más de lo que lo tenía normalmente, la castaña volvió a perderse en sus ojos por unos segundos, hasta que comenzó a toser bastante, cerró los ojos por el dolor de su garganta y gracias a ello no logró ver en que momento el chico había caminado hasta su lado y la había protegido del viento, la calidez de cómo la rodeaba y acunaba era tan reconfortante que se pudo haber quedado dormida.
- Vamos – susurró en su oído, pero en aquel momento Meiko no se incomodó, sino que le gustó aquella cercanía junto con su dulce voz.
La castaña se separó de él y asintió con la cabeza, el chico le extendió la mano gentilmente con una sonrisa, a lo que la chica de ojos chocolate aceptó gustosa, pero un poco tímida, sintiendo una inexplicable excitación para ella, que nunca antes había tenido.
El camino se hacía largo y silencioso, la vista de Meiko se encontraba perdida en el suelo sobre el que caminaba, mientras que Rook se encontraba sumergido en una gran felicidad por haber logrado ayudar a la castaña a volver a la realidad. La miró por un momento, notando que se encontraba algo extraña.
- ¿Qué tienes en la mente? – Le pregunta sin imaginarse la respuesta.
La castaña se sorprendió un poco, pero bajó aún más la mirada ocultando sus ojos con su flequillo.
- Tú… – responde a secas, aquello hizo parar al chico de inmediato, algo estupefacto por lo que había escuchado, más aun así estaba seguro de lo que había oído.
- ¿C-Cómo?
- Estoy diciendo… de que me gustas Rook – explicó la castaña levantando la mirada, mirándole con a los ojos con las mejillas sonrojadas, al ver que Rook no respondía nada, intentó soltar su mano, pero el chico no se lo permitió, la atrajo a él tirándola del brazo y luego besó su frente nuevamente, dejando a la castaña más confundida que con gas de la risa.
- Por ahora, tendrás que esperar – le susurra uniendo sus frentes, su movimiento había sido impulsivo, pero aún así al parecer, no hubo ningún problema.
Aunque…
- ¿¡Qué sucede con el paciente!? – pregunta alterada la enfermera.
- ¡No lo sé, ha perdido calor corporal y su pulso es irregular! – explica otra que se encontraba de turno vigilando al chico de la camilla y era la misma persona que había pedido ayuda – ¡Llama al doctor!
- Tranquilo Meito, vas a mejorar… – intenta calmarlo mientras le acaricia la frente corriendo su flequillo de esta, pero el problema que tenía ahora, no era algo que un doctor arregle…
- M-Mei… ko… – murmuró Meito apenas con el poco de fuerzas que tenía, pero sus esfuerzos de llamar a su hermana se perdían en la mascarilla de oxígeno que llevaba – Te espe… raré por… siem… pre -.
…
- ¿¡Meito ha empeorado!? – preguntó horrorizada una señora de cabello un tanto largo pero no demasiado, poseía un color castaño y unos ojos verdes, lo cuales se empañaron al seguir escuchando la notificación de una enfermera a través del teléfono.
- ¿Qué sucede? – preguntó Meiko, quien había bajado la escaleras de su casa rápidamente tras oír el grito de su madre.
- Espera… Sí – continuó hablando la señora por el teléfono – De acuerdo, gracias por llamar – colgó el teléfono, se apoyó en la pared por unos segundos y se volvió a enderezas después con un suspiro.
- ¿Mamá?
- Tranquila Meiko, es sobre Meito, ha decaído un poco, pero no es nada que no puedan manejar, voy a ir al hospital para darle ánimos, ¿Vale? – dice la mujer mientras que tomaba a Meiko por los hombros, su hija se encontraba con un vestido peculiar era algo elegante y lo llevaba puesto ya que tenía planeado ir a la fiesta de cumpleaños de Rook, para la cual necesitaría llevar ropas similares todos los invitados.
Meiko se entristeció, pero no podía faltar a la fiesta de Rook, ya más tarde irían a verle… Asintió a lo que le había dicho su madre, ella se despidió y subió por las escaleras tras su bolso para salir lo más rápido que podía. Dejando a Meiko en casa.
- Será mejor que también me vaya… – pensó la castaña, fue detrás de su celular, verificó que no hubiera nada nuevo, pero por su desgracia… – Demonios, la batería está casi muerta… Y ya no me queda mucho tiempo… Tendré que salir así nada más.
…
- ¡Hey, por fin llegaste! – sale a abrirle la puerta un chico de la misma clase que Rook, que poseía cabello verde y ojos como esmeraldas… Gumo era su nombre si mal no recordaba.
- S-Sí… Lamento la tardanza…
- ¡No importa, es una fiesta! ¡Vamos, entra, que no está nada mal! – dijo el chico muy animoso, casi pareciera de que se había tomado un litro de café él sólo.
- De acuerdo… – vaciló un poco Meiko mirando hacia dentro de la casa, debía aceptar de que la música estaba muy fuerte para su gusto, pero aún así se podía oír como los demás se divertían dentro. Gumo la miró algo intrigado, luego sólo suspiró y la tomó de la muñeca rápidamente.
- ¡Vamos que aquí no cabe la timidez! – la arrastra hacia adentro y prácticamente la dejó servida en una bandeja de plata para Rook, ya que antes de desaparecer le empujó frente a él.
- R-Rook… – tartamudeó la castaña para después voltear furiosa en búsqueda del peliverde de Gumo, el cual ya había escapado, por lo que le maldijo en la mente.
- ¿Qué sucede Meiko? – pregunta Rook acercándose un poco curioso.
- N-Nada…
- Ya veo, entonces vamos a… – se volteó indicando a la castaña el camino, pero no pudo terminar porque la chica le detuvo.
- E-Espera… – le toma de la manga de su ropa cabizbaja, reteniendo su paso y causando una mirada curiosa a la vez.
- ¿Qué pasa?, realmente debes decirme la verdad – le dice un poco preocupado, lo cual incrementó cuando la castaña levantó la vista con unos ojos dolidos.
- Es Meito…
…
- ¿Dónde está Meiko? – pregunta con una voz algo alterada un hombre de cabellos negros y unos ojos color chocolate mientras se reunía con la persona a la que interrogaba - ¿No la has llamado?
- S-Sí lo he hecho pero no atiende la llamada, esto no es bueno, debe saber que Meito ha empeorado más que antes – responde la madre de la susodicha que intentaban contactar, ambos sujetos se encontraban en el hospital en el cual era atendido Meito, el hombre se sintió horrible, se dejó caer en la silla prácticamente desarmándose por completo.
- He sido horrible… Pensé que podía criar a mi hijo sólo, que no requería ayuda… ¡Pero, después de todo soy el padre más mediocre de todos! – comenzó a culparse por lo sucedido mientras que se cubría el rostro ambas manos, la tristeza, frustración y culpabilidad se desbordaba en sus palabras – Yo sólo debí de haberlos dejado en tus manos a ambos…
- No puedes cargar con toda la culpa – intenta tranquilizarle la mujer – No creo que lo último que quiere ver Meito sea a su padre llorando por él, de seguro espera que continúes tan fuerte como siempre.
- No soy fuerte, menos si estoy sólo, te necesito, siempre te he necesitado, pero aquella cólera pudo conmigo. Soy de lo peor, no creo que Meito merezca mi presencia.
La mujer apretó los labios y con el rostro un poco dolido le dio una bofetada sin pensarlo dos veces – ¿Realmente piensas así? Pues no me importa, si no puedes hacer nada sólo entonces no voy a estar contigo de nuevo para que comiences a ocupar el cerebro de nuevo.
- Pero… – fue lo único que pudo articular antes de que la mujer de ojos verdes le gritara.
- ¡Si realmente crees que no mereces estar en la presencia de tu propio hijo!, ¿¡Entonces qué demonios se supone que haces aquí!? ¡VETE! ¡Vete del hospital y vuelve cuando creas que hayas hecho algo de lo que puedas ser o suficientemente digno para estar con él! ¿¡Acaso ya no eres el hombre que quería seguir un sueño y me abandonó por él!? ¡Si es que no te resultaron las cosas como querías pues entonces intenta remediarlo en lugar de ponerte a lloriquear frente a mí diciendo que me necesitas!
- Yui…
- ¿Ustedes son los padres del chico? – pregunta una enfermera que recién había llegado después de escuchar un poco los gritos, al recibir una afirmación de su parte les hizo una seña de que se acercaran – Por favor vengan conmigo…
…
- Vamos, sólo un poco más -.
- Estoy en eso – dice en un susurro Meiko mientras que intenta esconderse bien detrás del muro, era extraño, pero al parecer los médicos no se encontraban agitados como hace unos segundos, Meiko sintió una gran punzada en su pecho sin explicación, su respiración se cortó y sintió como una débil voz le llamaba.
- ¡Meiko! – le llama el chico pelinegro después de que esta salió corriendo sin ningún cuidado a través de los pasillos, los médicos y enfermeras se detuvieron al verla correr cerca de ellos, mas no hicieron nada para detenerla, sólo se limitaron a observarla con tristeza en sus ojos. El chico rápidamente le siguió.
Meiko llegó agitada a la puerta, al tocar la perilla de esta sintió un hormigueo de arriba hacia abajo, más aún así tragó saliva y sin contar su dolor, debía entrar, debía verlo, aún si no pudo antes…
…
Lo que presenció… Era algo cruel, incluso hasta el mismo día que vivía actualmente seguía preguntándose cada mañana…
"¿Qué habría sucedido si no hubiera abierto la puerta?"
…
Después del sonido de la rechinante puerta, presenció la horrorosa imagen. Su madre lloraba de rodillas mientras que tomaba la mano de Meito entre las suyas, su rostro se veía demacrado y pobre, su reluciente y fresco aspecto parecía ser ahora un recuerdo olvidado en comparación con su lamentable estado actual. Su padre tenía el dolor sembrado en su cuerpo y los pétalos de los florecidos botones eran sus temblantes manos, que no dejaban su mente aislarse en el pensamiento de la posibilidad de una mala pesadilla pasajera, las lágrimas de ambos caían al piso, y en ese momento… Cuando fue capaz de ver como Meito al verla sonreía tierna y débilmente al mismo tiempo en que sus párpados cayeron, notó como el pitido de la molestosa máquina sentenció el fin de todo, el fin y comienzo de una eternidad hasta que le pudiera volver a ver los sus ojos abiertos mirándola con su dulzura y comprensión. Después de eso sintió cómo Rook le tomaba por los hombros y le abrazaba intentando consolarla, mas sus palabras no llegaban, sólo resonaba como eco infinito el sonido de aquella máquina que tantas veces había llegado a escuchar su sonido en sus pesadillas. Sus piernas comenzaron a temblar y no podían sostenerla más, de sus ojos, una sola lágrima fue capaz de descender por su mejilla, mientras que sentía vacío el cuerpo, sólo un pensamiento llegó a su mente…
"Perdón…"
Corrió, corrió escapando de los brazos de Rook, que en ese momento simplemente no podía permitirse acurrucarse en ellos, sus lágrimas eran rápidamente detenidas de sus ojos llorosos, secándolas antes de que pudieran siquiera ser pequeñas esferitas cristalinas y lograran escapar. Su mente sólo repetía la misma palabra "Perdón".
…
- Meiko – le llamó Meito una vez que Rook ya había salido de su sala y le esperaba afuera.
- ¿Sí? – respondió ella dándole la espalda mientras que seguía caminando hacia la salida.
- Nunca llores por mí – dijo firmemente, Meiko se exaltó por dentro, apretó fuertemente los puños y no volteó para responderle.
- ¿Eres tonto? Nunca lloraría por ti – respondió con una amarga risa, mientras que salía de la habitación sin verle aun mientras apretaba los labios fuertemente.
…
Seguía corriendo sin parar, hasta que un nuevo sonido le llamó la atención. Pero este causó que palideciera en un segundo, la luz le alumbró directamente en el rostro, un camión en marcha estaba frente a ella, solamente pudo sentir un empujón del costado derecho, no había reaccionado hasta que sintió un gritó de una persona cualquiera que se hallaba de paso, intentó ponerse de pie, pero le dolió el tobillo izquierdo, más aún así, cuando entró en si notó el lugar, cerca de un parque, en la carretera en la acera se encontraba ella, sus pantys se encontraban rotas en las rodillas, mientras que su pie no reaccionaba mucho, aun así al ver que el que se encontraba en la carretera, en el lugar que se suponía suyo, era nada más ni nada menos que Rook, comenzó a desplazarse como pudo hacia él. Mientras que negaba una y otra vez con la cabeza y con pequeños murmullos, los cuales incrementaban al tiempo en que se acercaba a él.
- No… No, no… - era lo único que decía cuando llegó hasta él.
- Mei…ko… - logró llamarle. La gente les rodeó con rostros horrorizados, el chico se encontraba cubierto de sangre y aún así sonreía al estar cerca de la castaña, ella lo tomó entre sus brazos y lo colocó en su regazo, le corrió unos mechones de cabello de sus ojos, mientras que lloraba sobre él, dejando ahora que sus lágrimas cayeran sobre su rostro.
- ¿Por qué? – preguntó la chica, mientras que seguía llorando, ignorando toda la gente reunida alrededor, ya habían llamado a una ambulancia y le daban ánimos, mas ella sólo le seguía preguntando – ¿Por qué?, ¿Por qué?... ¿¡Por qué!? – gritó con todas sus fuerzas, juntó su frente a la suya cerrando fuertemente los ojos, sintiendo apenas su débil respiración, hasta que a sus oídos llegó la respuesta menos esperada…
- Porque… Eres tú… Te amo…
- Eh… – se separó un poco de él para poder verle, pero por su desgracia, él ya había cerrado los ojos…
…
- Después de eso llegó la ambulancia, quedó en coma impredecible, dijeron que podría despertar en 2 semanas como en 5 años… No podía seguir mi vida como la de antes, pedí que me trasladaran de escuela y después de eso hice mi vida sin volver a mirar atrás… Meito, el no querría que pasara llorando por él y estoy segura que Rook tampoco…
- Meiko… – fue lo único que dijo Rin con el rostro entristecido y ojos empañados.
- Si yo no lloro, tu tampoco, ¿Sí? – dijo mientras que esbozaba una sonrisa un poco forzada – Cierto, puede de que parezca una persona sin corazón por no derramar lágrimas…
- ¡Eso no es cierto! – le cortó Rin – ¡Qué no derrames lágrimas no significa falta de corazón, sino que tienes la suficiente fuerza y el suficiente cariño hacia ambos como para seguir con sus deseos hasta ahora! – exclamó Rin sacándole una sonrisa conmovida a la castaña.
- Bueno, creo que ambas hemos obtenido algo de esto, ¿No? – preguntó la mujer mientras que miraba a la niña – Me gustaría que también me prometieras no llorar, ¿Sí?
- Por supuesto – respondió esta mientras que se secaba las posibles lágrimas.
- Supongo… Que no venías solamente para escuchar una historia, ¿No? ¿Qué sucede?
- Verás…
…
- ¡Vuelve después de hacer algo productivo! – gritó una voz masculina encolerizada de rabia, su rostro estaba de color rojo por toda la ira, después de abrir la puerta de la casa, refunfuñó y empujó a la chica fuera de ella – ¡Al menos haz algo por los demás! – dijo finalmente antes de cerrar de un portazo la vivienda.
- ¡Hmp! – volteó indignada la chica de cabello verde mientras que se colocaba de pie nuevamente y se limpiaba cualquier rastro de polvo de su piso, de inmediato cuando volvió a abrir los ojos le molestó el gran sol que caía, recordó que llevaba un gorro, por lo que se detuvo a buscarlo en el piso, cuando lo encontró y lo levantó se llevó un gran susto al ver que había una gran cucaracha en este, lo lanzó lejos y aguardó a que se saliera de este para después recogerlo y salir corriendo como toda una cobarde, al cabo de correr fuera de la manzana se detuvo.
Revisó su gorro por si acaso, pero no había nada más raro en él, lo sacudió al igual que su ropa antes y se lo colocó, suspiró y se apoyó en una muralla de la calle, ¿Ahora qué? Se preguntó, su hermano estaba molesto por el hecho de que no salía para nada más que la escuela y las fiestas, su habitación era un completo desastre, ya que sólo se la pasaba un gran tiempo durmiendo o en su computador. Ahora le había pedido de que hiciera las compras pero esta se rehusó, causando que la última gota del vaso se derramara, hace dos semanas que sus padres habían ido de viaje y faltaban otras dos más para que volvieran, pero el pobre de Gumo, no podía con toda la casa razón por la que le mando ahora a hacer "algo productivo".
- ¿Ahora qué? – se preguntó en voz alta mientras que sacaba la lista de víveres que le había pedido, con sólo leer el cuarto en la lista se molestó – Dios… Es demasiado… Mejor iré donde Miku para pedirle ayuda con esto…
…
El timbre de la casa resonaba, mas ella no tenía ninguna intención de abrir la puerta, pero por cosa de que el sonido era insistente tuvo que darse la tarea de salir de su habitación, después de todo no había nadie más en casa y la cosa parecía como si el botón de la puerta no se fuera a detener hasta que se moviera, al levantarse se colocó algo un poco más decente en lugar de su pijama y fue a abrir la puerta, sintiendo una gran sorpresa al girar la perilla y ver detrás del pedazo de madera. ¿De TODAS las chicas del mundo debía ser justo la que menos deseaba ver la que se encontraba frente a ella?
- Buenas tardes – saludó Lenka con una sonrisa, dejando a Teto congelada.
…
Gumi llegó a la residencia Hatsune, no estaba muy segura de cómo reaccionaría Miku por el pedirle ayuda, de hecho había considerado la opción de ir donde Rin, pero ella era bastante mala en cosas como esa y la probabilidad de que se mueva en un día con un calor semejante era la mínima, suspiró, no le quedaba de otra, estaba por tocar la puerta, pero apenas levantó el brazo esta se abrió causándole un infarto.
- Hola, chica lechuga – le saludó Mikuo con una sonrisa burlona – Oh, qué extraño… ¿Intentas esconder tu horrible cabello? – preguntó fingiendo sorpresa, refiriéndose al gorro que llevaba encima.
- ¡No es eso! – gritó la chica molesta un poco ruborizada – Mi cabello no tiene nada de malo para tu información.
- Si eso crees entonces tu cabeza también está mal – le envió de vuelva el chico mientras que apuntaba a su frente.
- ¡Eres insufrible! – le espeta dándole un manotazo para quitar su mano de su vista – Dios, no sé como puedes ser pariente de Miku, por cierto, vine por ella, ¿Dónde está?
- Salió hace unos momentos, no llevó su teléfono y no mencionó donde iba, tampoco se cuanto tardará – respondió acomodándose en el marco de la puerta mientras se cruzaba de brazos.
- Me lo imaginé.
- ¿Entonces realmente viniste por mí? – preguntó causando un rubor pequeño en la peliverde.
- ¡Qué va! – respondió ocultándose un poco en el sombrero – Me refería a que nunca abres la puerta, eres todo un holgazán – respondió la chica con molestia.
- Y es todo un orgullo – confirmó el chico – Bueno, si vienes por ella, ya te lo dije, no se cuando va a volver…
- No me importa, la esperaré – respondió con determinación la chica causando un poco de sorpresa en el chico de cabellos verde agua.
- Bueno… Supongo que eso es todo – dijo antes de cerrarle la puerta en la cara, pero la chica colocó su pie para evitarlo – ¿Qué sucede?
- ¿No me dejarás pasar por lo menos? – preguntó molesta con una venita hinchada por la cólera que le causaba el Hatsune.
- ¿Por qué debería? – preguntó altanero como siempre – Mejor ve a tu casa.
- N-No creo que sea bueno, además tengo que ver a Miku lo más rápido posible.
- Yo le dejaré el recado que te llame o te vaya a buscar, tú sólo vete a casa – dijo intentando volver a cerrar la puerta, pero Gumi puso resistencia de nuevo.
- Quiero verla lo más rápido posible y no me iré hasta que lo haga, puedo esperar dentro o fuera, pero sabes como reaccionará alguien cuando me vea afuera y le cuente de que su hermano no me dejó entrar…
- Pasa – accedió molesto el chico abriendo la puerta de inmediato.
- Jeje – se rió triunfadora.
- ¿Por qué Miku no puede tener amigas normales? No, deben ser las locas cabeza de lechuga que amenazan – se dijo a sí mismo.
- Pues fue por ti que conocí a Miku, ¿No? – preguntó la chica mientras que colocaba sus brazos detrás de su cabeza y se dirigía caminando a un sofá – En aquel entonces eras tan lindo diciendo… "¿Podrías pasarme la pelota, por favor?" y "¿Podemos jugar jun…?"
El chico le detuvo tapándole la boca desde atrás con una mano y abrazándola con la otra, la chica llegó a saltar del susto y tenía una gran desventaja por tener los brazos arriba y de no ser lo suficientemente fuerte de soltarse del agarre..
- No lo vuelvas a mencionar o sino no te gustará para nada lo que te haré…
- Mmm... – fue lo único que pudo pronunciar con su mano es su boca, pero le mordió la mano en lugar de responder.
- ¿¡Pero qué…!? –.
- Se me defender sola, gracias pero nunca me rebajaría a eso – dijo mientras que le sacaba la lengua cual niña de 5 años.
- Bueno…
- Quiero un refresco… – soltó la peliverde en esperanza de que el chico reaccionara, pero este le hizo caso omiso y se sentó en un lado del sofá.
La peliverde se acercó a él sentándose en el otro lado del mueble, le miró molesta por si acaso este reaccionaba pero fue inútil.
- Tengo sed, hace mucho calor – volvió a expresarse la chica más Mikuo no reaccionó.
- … -
- Bueno, iré yo misma por algo… -
- No toques la soda de limón – le advirtió el chico.
- ¿Tienes soda de limón? ¡Qué bien! – exclamó feliz la chica mientras que comenzaba a husmear en el refrigerador.
- Te dije que no la tomaras – le recordó el chico mientras que se ponía de pie rápidamente e iba a sacar la soda del refrigerador, Gumi no alcanzó a reaccionar a tiempo para quitársela.
- ¡No seas tacaño! – le gritó mientras se abalanzaba sobre él para quitársela, mas sus planes salieron mal y resbalo cayendo al piso de espaldas.
Gumi había cerrado los ojos fuertemente y luego los abrió lentamente logrando divisar unos ojos turquesa causándole un gran susto, Mikuo se encontraba sobre ella apoyándose en sus brazos para no dejar el peso de su cuerpo en ella, mientras que Gumi comenzaba sentirse incómoda por su mirada y la cercanía de sus rostros, su mirada se había vuelto muy tímida, lo cual causó que la mirada de Mikuo cambiara a una indescifrable, no podía adivinar que era lo que se encontraba tras ese rostro inexpresivo y mirada fija, por lo que para poder evadirla miró hacia un lado.
- Mi-Mikuo… – le llamó para que se quitara o por lo menos dijera algo, pero el no respondió, de hecho le pareció que se encontraba más cerca, aunque sólo fuera un centímetro, lo estaba, no quería volver a voltear a enfrentarle, porque sabía perfectamente que no podría con esa mirada. Entonces notó que la soda había caído a un lado de ella, intentó tomarla, pero Mikuo le detuvo colocando su mano sobre la de ella, presionándola contra en suelo.
- Te dije que no la tomaras – repitió sus anteriores palabras, Gumi quedó un poco confundida, pero no se dispuso a mirarle hasta el momento en el que sintió como se quitada en encima de ella.
- ¿Eh? – preguntó mirando hacia él, observando que ahora estaba bebiendo su refresco, Gumi se dio por vencida y se de vuelta a la sala, pero ahora se sentó en un sillón personal.
- ¿No querías? – le preguntó mostrándole la lata, la chica le miró un poco insegura mientras que la tomaba entre sus manos, pero después bebió un poco sin problemas, ya que ella nunca había sido escrupulosa en ese tema, hasta que…
- Eso es un beso indirecto – le dice Mikuo con una sonrisa burlona, la chica dejó de beber de inmediato e hizo un esfuerzo en no derramar lo que quedaba en su boca, se la entregó de vuelta y fue al baño, volviendo rápidamente después.
- ¿Qué no vas a beber? – le pregunta viendo como Mikuo había dejado la soda en la mesita de centro de la habitación sin beber ni un poco.
- No, la verdad no me agrada la idea de beber del mismo vaso de una lechuga.
- ¡Eres insoportable!
…
- ¿Qué haces aquí traidora? – dijo sin ocultar su descontento la chica pelirroja, mientras se ocultaba un poco detrás de la puerta y mantenía esta cerca del marco para cerrarle en el mismo momento en que sus oídos escucharan algo que realmente no deseaba oír. Lenka simplemente estaba con una sonrisa leve mientras que de apoco se acercaba.
- Vamos, Teto, déjame explicarte, en verdad no soy ninguna traidora, porque no solo me dejas entrar y decirte con mis palabras la verdad, ¿Te parece? – le miró con esa dulce mirada que solo sus orbes podían realizar. Teto permaneció desconfiada por un largo rato, esperando descubrir algún signo de trampa en aquella proposición… Pero no halló nada, por lo que simplemente se hizo a un lazo y le dejo pasar, no con el mejor humor del mundo, pero Lenka se sentía realmente feliz de poder razonar con su amiga.
- Muy bien… ahora, dime, ¿Porque crees que soy una traidora? – preguntó mientras tomaba asiento en el sofá de la casa, Teto hizo lo mismo pero en el extremo contrario de la rubia, como si representara algo tóxico o dañino para ella. La pelirroja vaciló un poco, pero después decidió también dejar las cosas en claro.
- Porque eres novia del chico que me gusta…
El silencio después de eso fue abrumador por unos segundos… Hasta que la rubia comenzó a reír levemente mientras se cubría la boca con su mano, Teto se sonrojó al máximo de la vergüenza y volteó a verle molesta.
- ¿¡De qué te ríes!?
- Perdón, perdón… - se detiene y da un leve suspiro – la verdad es que nunca creí que alguien creyera que era la novia de mi propio primo – sonríe levemente esperando la reacción de la pelirroja… La cual nunca llegó ya que esta se había quedado completamente petrificada al oír esto. La rubia volvió a reír un poco y decidió continuar – Verás… Len Kagamine y yo, somos primos de nuestras madres, por eso no compartimos el mismo apellido, lo considero como un hermano, a veces menor y en otras ocasiones mayor que yo, normalmente no nos veíamos mucho, después de todo me había ido a Inglaterra, pero ahora solemos vernos más seguido y divertirnos… Guardamos ese leve parentesco de nuestras madres, y normalmente nos peleamos por el batido de plátano y leche… - sonríe ampliamente y le mira a los ojos - ¿Ya me crees?
- … - la pelirroja no dijo nada, pero asintió levemente con la cabeza mientras que bajaba la mirada, ahora se sentía avergonzada, ¿Cómo pudo haber dudado tanto de su amiga? … Ya no importaba, porque de un segundo a otro sintió que Lenka la rodeaba con sus brazos maternalmente, como si de alguna manera le dijera "todo está perdonado…"
- Tranquila, no necesitas disculparte… A ti, te gusta Len, ¿Verdad? – sólo sintió como movía afirmativamente la cabeza en su pecho – Pues bien, el amor hace pensar, decir o hasta hacer estupideces, no te culpo de nada Teto…
- Nee… E-Entonces, ¿Te puedo pedir un favor? – se separa del abrazo con unos leves lagrimeos, que se resistía a soltar, la rubia le sonrió y asintió con la cabeza, la pelirroja se sintió feliz al instante, sonrió feliz y se secó las lágrimas que aún no salían para seguir…
- ¡Ayúdame a conquistar a Len para que sea mi novio! –
Lenka se sintió desfallecer…
…
- Así que un triángulo amoroso… - dijo la castaña con una sonrisa pícara mientras miraba a una Rin sonrojada, más que por el calor, por su comentario.
- ¡N-No lo digas así! – contesta la chica nerviosa. La castaña sólo rió levemente ante la reacción.
- Pero… esto puede ser algo grande, ambos parecen buenos chicos, dime, ¿Que piensas hacer? – la rubia le miró apenada, con unos ojos que reflejaban la frase "Si supiera, no te estaría preguntando". La castaña volvió a reír – Bueno, bueno, entonces cambiemos de pregunta, ¿Esos dos se llevan tan mal? – Rin le miró extrañada por la pregunta.
- Pues… Más o menos… Digamos que no se como sería si estuvieran juntos… - recuerda muchas de las ocasiones en las que estuvieron juntos o intercambiaron palabras y suspiró – No definitivamente son como el agua y el aceite, nunca estarían juntos por mucho tiempo y menos a voluntad, nada del mundo los juntaría… - Meiko le miró astutamente, sus labios se curvearon en una sonrisa indescriptible, pero reflejaba su seguridad al tener manejo del tema y su completa convicción de estar en lo correcto, Rin le miró atenta esperando sus próximas palabras.
- ¿Estás completamente segura de ello?
…
Un día normal para los Kagamine en su casa, Len llegó de su turno de trabajo y se encontró con que en la casa estaban sus tíos, pero no Lenka, se quedó satisfecho al oír de sus progenitores que había ido con una amiga. El cansado rubio se mantuvo alejado de su cocina, lugar que parecía una reunión de los más divertida para los adultos de la casa, así que optó por sentarse en el sillón de la sala de estar, se acomodó con un poco de batido de banana y leche que tanto le encantaba, y se dispuso a ver televisión, pero en ese mismo momento sonó el timbre de su casa, al creer que era Lenka, se levantó divertido al pensar que tendría a alguien por fin para entretenerse, se dirigió a la puerta para abrirla, cerró los ojos y esbozó una sonrisa divertido mientra lo hacía.
- No creas que te daré de lo ultimo de mi batido – dijo con tono burlesco, pero sus pensamientos entraron en total confusión al recibir una respuesta no esperada y de una voz muy distinta…
- ¿Disculpa? – preguntó Rinto alzando una ceja, Len abrió los ojos sorprendido… y a la vez intentó ocultar su vergüenza por su comentario con desconfianza.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó sin rodeos mirando a Rinto fijamente, como si quisiera ver a través de él, ya que se veía normal… No tenía algo para molestarlo ni nada, era como si hubiera venido como un buen amigo de la casa. Rinto puso los ojos en blanco un poco molesto.
- Tranquilo, no vine por tu batido ni por ti, sólo quiero averiguar algo, sobre una chica de tu fiesta… - respondió bastante serio al final, el rubio quedó algo fuera de tema con ese comentario ¿Qué quiere saber?
- Dilo rápido Romeo… – respondió este mientras que se apoyaba en el marco de la puerta y se cruzaba de brazos. Rinto vaciló un poco, pero la verdad es que era la única forma de que lograra averiguar más… averiguar más sobre su pasado… Aunque dudaba mucho de que lo que se le había informado era cierto, necesitaba intentarlo.
- ¿Quién es Nanase? ... La busco a ella, una chica que estuvo con un disfraz de fantasma…
Len quedó confundido.
…
Continuará…
Bien, bien, ¿Actualizando después de tanto? Pues lo siento, me he vuelto bastante perezosa… Pero la culpa es mía, evadía mis problemas, deberes y cosas con las que me había comprometido como esta historia por problemas emocionales, siendo que siempre he intentado que mis personajes, además de entretenerlos con una historia para que disfruten, que también fueran capaces de enseñarles a seguir y a ser fuerte frente a distintas dificultades y he estado ignorando ese principio. Antes estaba atenta respecto al tema de mis fics, pero después, al darme cuenta de que ninguna de las cosas que escribía tendría más transcendencia, deje de prestarle importancia, perdí el link de mi propia cuenta al igual que la clave, pero… Hace poco vi que aún así habían llegado más reviews de ustedes, animándome para continuar, pidiéndome que acabara con mi propia creación. Y me di cuenta de que no podría seguir ocultándome y fingir que desaparecí de la Tierra, eso sería algo infantil e inmaduro y en el momento en el que empecé esta historia, fue con el motivo de entretenerme yo misma creando cosas con mis fantasías e imaginación, y entretenerlos a ustedes, nada más, no busque nada más que eso. Me sentí terriblemente mal por haberle dado la espalda tanto tiempo y creo que pueda volver a ocurrir, pero aún así, mantendré mi promesa en pie:
¡TERMINARÉ ESTE FANFIC!
Algún día, pero lo haré xD
Bueno, después de esto, quisiera agradecerles a todos por sus comentarios, yo vuelvo gracias a ellos y al numerito que me dice cuantas veces ha sido leída mi historia. MUCHAS GRACIAS A TODAS LAS PERSONAS QUE ME SIGUEN
Eduardo – Raquel – Karlita123 – Rin Jazmines – Grace-loka
Se despide especialmente de ustedes con mucho cariño~
Alice.
Sayonara~
