Hola, quiero comentar que los capítulos que siguen serán muy intensos y aunque los tengo medio escritos, falta todavía.
SI QUIEREN AGILIZAR LA CONTI SUGIERO REVIEWS, MUCHOS REVIEWS: D WIIIII
Capítulo 12: Las Confesiones de Sakura
-¡Ino! ¡Vuelve! – desgarradores gritos salían de su garganta con frenesí. Sus cuidadas uñas se clavaban en sus palmas de fiereza y sus ojos se anegaban en lágrimas.
Su estado emocional, había terminado su desequilibrio. Al sentir que no podía gritar más; y que un nudo se apoderaba del control de su garganta, optó levantarse por fin y relajarse, para ser capaz de ofrecer una disculpa sincera y considerar todas las opciones con objetividad. Volvió a la sala de doctorea, casi vacía y se encerró en el baño.
Tomó un par de pastillas (calmantes orales) con un vaso de agua y se recargó en los fríos azulejos de la pared.
Decidió salir al día siguiente, en busca de Ino para aclararle todo.
Así que cansada, se recostó en el pequeño sofá de la sala para descansar y reponer sus menguadas fuerzas.
Se sentía desgastada, como si hubiera corrido un maratón. Sentía que sus músculos se habían tensado y destensado muchas veces, pues los sentía frágiles y débiles. Abrió los ojos, aunque los párpados le pesaban profundamente.
Estaba en su habitación de nuevo y apenas había luz. La luminosidad no entraba por la ventana; si no que provenía de fuentes como la luz exterior y su lámpara, que descansaba en la mesita de noche estaba encendida, en baja luminosidad para no molestarle mucho.
No entendía nada, imágenes inconexas pasaron por su mente, pero no podía interpretarlas ahora. Se sentía exhausta.
Se incorporó a medias, pero el dolor punzante de su costado la gemir de dolor, pero a causa de los numerosos vendajes, no podía echarse para atrás.
Una sombra proveniente del rincón avanzó hacia ella y la recargó en sus almohadones.
-No lo hagas – le advirtió para que no se repitiera la audaz acción de Hinata.
Sasuke se sentó en la silla, junto a su cabecera. Hinata se sujetó el costado con fuerza, como si siguiera evitando la hemorragia que había tenido hace algunas horas.
La expresión de dolor no desapareció. Al parecer el efecto de la morfina o la anestesia había desaparecido y algunos puntos se habían abierto.
-¿Qué sucede, Hyuuga?
Trató de poner otra expresión en su lugar, pues no quería que la consideraran más débil. Sin poder evitarlo, al rendirse, una pequeña lágrima de frustración resbaló por el lado contrario a la cara expuesta a la vista de Sasuke.
-¿Estás llorando, Hinata? – preguntó él, ligeramente desconcertado.
Obviamente, lo había notado.
-Sasuke kun… es…- musitó entrecortadamente- ¿Todo esto es por mi culpa?
-Pero… ¿Qué estás diciendo, Hyuuga? – masculló recobrando el tono escéptico y llamándola de nuevo por su apellido.
-Yo…Naoko sama… ¿Crees que esté resentida por que hice algo malo?
Sasuke no lo podía creer. Hace unas horas una terrorista loca había estado a punto de asesinarla y se culpaba. Parecía que el dolor y toda la confusión habían sacado sus sentimientos a flor de piel. Hinata paró de llorar en cuento pudo, avergonzada de su propio espectáculo. Sasuke la miraba inquisitivamente, con una ceja arqueada. Ella apretó las manos, enroscadas en las sábanas.
-No lo está – dijo tranquilamente –Está muerta, ya no puede sentir nada.
Hinata sintió un nudo en la garganta, abrió muchos sus cristalizados ojos y terminó por colmar la escasa paciencia con la que Sasuke contaba en ese momento. Eso no la hizo sentir mejor, pues Sasuke era sincero de forma brutal.
Hace unos minutos, Sakura se había revolcado en el suelo, sin parar de llorar y ahora Hinata, eso era demasiado llanto para Sasuke aún si hubiera sucedido todo en el lapso de una semana, pero a diferencia de la doctora, no tenía idea de por qué lloraba ella. Incluso eran diferentes en la forma de expresar sus sentimientos. Sakura, ruidosa y expresiva, había lanzado golpes, insultos y otros complementos como cualquier actriz de telenovela.
Hinata, lloraba discretamente, en silencio y tratando de recuperar el juicio con rapidez.
No guardaban ningún parecido, al menos en ese aspecto.
-L- lo siento – se disculpó secándose decididamente las lágrimas con el dorso de la mano – No debió presenciar esto. Le ofrezco disculpas.
Definitivamente, Sasuke no entendía nada.
-¿Por qué estabas llorando, Hyuuga?
Ella lo miró con gravedad.
-No creo que le guste oírlo, Sasuke kun.
-Acabo de pedirte que me lo digas – remarcó con la voz la palabra "pedir", pues tratándose de otra persona y en otra ocasión, le hubiera exigido una respuesta sin tanta delicadeza. Pero ella estaba delicada y era sensible. A gritos o exigencias no lograría saber nada de lo que deseaba.
-Sasuke kun – dijo ella con una compostura recuperada de forma asombrosamente rápida –Usted sabe que nosotros, los Hyuuga, no debemos expresarnos así nunca; y bajo ninguna circunstancia, delante de una persona…mucho menos si…es ajena a la situación.
Sasuke dio una seca cabezada y se acomodó en la silla antes de inclinarse hacia ella levemente y decir:
-¿Acaso tu padre no te permite expresarte?
Ella asintió, mirando los desordenados cabellos del hombre. Se había resistido a mirarlo a los ojos, pues sabía que Sasuke era un hombre de pocas palabras y ella temía hablar mucho soltando las palabras de golpe, en desorden y sin ningún significado, dándole una respuesta vacía e irracional.
Reparó en que le había dispuesto toda la responsabilidad a su padre con una cabezada, así que se apresuró a añadir:
-Mi padre piensa que es mejor mantener sellados los sentimientos para poder pensar con objetividad, y yo… -se cortó inconscientemente, sus manos temblaron, enroscándose en las suaves sábanas – Y yo estoy de acuerdo con él.
Sasuke bufó suavemente. Los mechones delanteros de su cabello se agitaron levemente, Hinata observó maravillada la naturalidad con la que actuaba.
-Mientes – buscó mirar directamente a sus ojos por primera vez, pero no los encontraba, cambiaban de observar cualquier otra cosa que no fuera él –Hyuuga – la llamó, cansado de su evasión.
Finalmente, sus ojos descansaron en los fríos de él y se quedó tan quieta como una presa o una fina muñeca de porcelana. No podría moverse, aunque lo deseara.
-Si no estás de acuerdo con tu padre – sonrió ligeramente, ella no lo notó, pues se congeló viendo sus ojos – No lo obedezcas.
Esas palabras retumbaron en la mente de ella.
¿Podría seguir ese camino?
Sasuke bajó los ojos, recordando a Hiashi Hyuuga. Le había parecido un sujeto muy dominante, agresivo arrogante y totalmente cruel. ¿Cómo podía su hija ser tan diferente, si en los negocios se conseguía el renombre al ser igual a los parientes exitosos? Bueno, ella era otra historia. Ella era…débil, inocente, simplemente diferente, lo contrario a su padre. Lo contrario a su odiosa hermana menor. Contraria a su calculador primo.
No encajaba con nadie en su familia. Como él.
Pero él tenía a su madre. Ella lo apoyaba, intercedía ante los demás y le concedía protección.
Hinata no tenía madre, se sabía desde hace tiempo. Había muerto joven, al parecer suicidándose poco después del nacimiento de Hanabi Hyuuga.
Sabía casi todos los detalles, su madre, Mikoto Uchiha había sido una gran amiga de la madre de Hinata. Pero por curioso que parezca, nunca supo cómo se había llamado la esposa de Hiashi Hyuuga.
Al levantar la vista, se dio cuenta de que Hinata había estado pensando mucho también, pero sabía que los pensamientos de ella habían flotado en un rumbo diferente, alentado por sus palabras.
Se removía, un poco inquieta, pero ignorando el dolor que cada movimiento le proporcionaba. Él, en cambio, podía ver las muecas ligeras y discretamente disimuladas en su pálido rostro. Se mordía los labios con impaciencia.
Con un movimiento rápido, le sujetó la muñeca.
-Cálmate – le ordenó.
Ella lo obedeció instantáneamente, tal vez temiendo ser muy obvia por su debilidad.
Las manos de Hinata temblaban. Sasuke lo sentía. Soltó la intravenosa con cuidado, sin mover más el pequeño conducto que la proveía de suero. Y regresó la mano a sus rodillas.
-Lo siento, Sasuke san…pero no puedo aceptar su sugerencia.
-Lo sabía – dijo jugando con el hilo suelto de la sábana de bordes de seda. Es más, había estado seguro que no iba a hacerlo desde que lo dijo.
-Yo…sentía que no podía evitar llorar… una mujer murió por mi culpa…-hizo una ligera y disimulada mueca, la herida le dolía - Y…por que yo… no puedo ser lo suficientemente buena para…- se cortó de improviso, cerró los ojos con fuerza, pero ninguna lágrima salió de ellos.
-No son excusas para hacerlo – aprovechó la auto-interrupción de Hinata para contradecirla –Partiendo desde el punto de que tienes prohibido hacerlo.
Claro que eran buenos motivos, y Sasuke lo sabía. Al menos para una persona como ella. Pero sospechaba que en un afán de defender sus sentimientos, ella le revelaría el otro tanto de la carga de las emociones que la desbordaban. Psicología inversa, que era comúnmente usada en niños incontrolables y adultos ingenuos.
-Lo siento – se disculpó – No debería decirle nada, a usted no le gusta escuchar los problemas ajenos.
"Mmm" pensó Sasuke "No es tan fácil…no es una persona temperamental"
-Es cierto – admitió a regañadientes. Estaba un poco desconcertado, pues casi no la había tratado, apenas se habían hablado y ella ya conocía una parte de él.
-Cada quien es responsable de sus problemas y de la forma en la que los lleva a la resolución – dijo Hinata con una leve sonrisa. –Pero muchas personas se sienten mejor al contarlos, se sienten escuchados…se sientes importantes…
La última reflexión la dijo en voz tan baja que Sasuke apenas la oyó.
-No es tu caso – dijo él gravemente –Tú no puedes permitirte eso.
Ella asintió con brevemente, con los pensamientos perdidos en otra parte y seguramente, en otro tiempo.
-Cuando un problema llega a surgir – dijo Sasuke en otro tono de voz – La persona que lo sufre cuenta con lo necesario para resolverlo.
-…O de lo contrario – dijo Hinata con el fin de completar la frase – No hubiera tenido ese problema…
Sasuke y ella callaron.
Ambos disfrutaban del silencio. Ninguno tenía problema para romperlo, crearlo o conservarlo. Se sincronizaban con la calma. Se sentían bien…
Sasuke se recargó en su silla hasta estirarse.
-Fuiste una tonta – le dijo repentinamente. Hinata, que estaba sumida en su silenciosa paz, se desconcentró rápida y profundamente. Le causó un ligero sobresalto y abruptamente, su respiración se suspendió por unos segundos.
¿Habría escuchado bien? Lo miró con curiosidad, deseando saber por qué le había dicho eso. Aunque estaba acostumbrada a ese tipo de insultos (y otros peores) no podía creérselo. Si bien Sasuke y su familia eran sus rivales en la empresa, no era algo que le gritaría; aunque estuviera muy enojada. Lo observó intentando saber por qué le dijo eso. No tenía sentido
Sasuke, abrió un ojo y la observó. Por supuesto; se había percatado de la reacción de la mujer. No la entendía. Se incorporó bruscamente hacia adelante, tanto, que Hinata se echó para atrás con rapidez como acto reflejo. Ella se arrepintió, esbozando una nueva y muy disimulada mueca de dolor. Sasuke sabía que é tenía el control de la situación en sus manos. Pero sus emociones, las que le habían provocado con esa plática, se negaban a ser las habituales.
-¿Q-qué? –articuló despacio.
-Acabas de oírlo – dijo cínicamente el Uchiha.
-N-no entiendo a qué se refiere – aclaró ella con voz temblorosa.
-Es muy sencillo – dijo esta vez con arrogancia –No tenías que interponerte ante ese disparo.
Hinata sonrió levemente.
-Lo siento…pero usted iba a resultar lastimado.
-¿Por qué lo hiciste? ¿Acaso quieres morir?
-¡No! – dijo asustada –Pero ya se lo había dicho…no soportaría vivir a costa suya.
-¿Y quién dijo que yo iba a morir por ti?
-No quise que lo pensara así – se disculpó en voz baja –Lo siento, quise decir que si usted resultaba lastimado después…no…no podría perdonármelo.
-Eso no iba a ocurrir.
-Pero usted estaba ahí – y después ella dijo muy, muy levemente – Conmigo.
Ambos quedaron callados después de que ella terminó de hablar. Sasuke escuchó claramente la última palabra, aunque ella lo último que quería eran más represalias.
-¿Por qué dices eso? – dijo él.
-Por que así fue…- calló de repente, tal vez Sasuke no quería que lo relacionaran.
-Gracias – dijo ella de repente –Por todo lo que hizo por mí.
-Eso no viene al caso – dijo con su voz grave, Hinata agachó la cabeza -¿Tanto miedo le tienes a la muerte?
Hinata no levantó la cabeza, tampoco habló, por que sentía un nudo en la garganta. Así que asintió suavemente. Sus manos temblaron un momento y luego se detuvieron.
Sus labios rojos por la hinchazón de habérselos mordido, también temblaron un momento, como los soberbios pétalos de una magnífica rosa roja se detuvieron cuando ella se los mordió otra vez, decididamente. Nadie lo sabía.
Varias veces había estado a punto de morir y el pavor que había tenido era incomparable a cualquier otro.
Sasuke se levantó y caminó a la puerta, abriéndola de un silencioso tirón.
-Sasuke- dijo ella con atrevimiento –Sasuke kun – se corrigió -¿Podría…podría usted guardar ese secreto?
Sasuke la miró inquisitivamente antes de responder.
-¿Temerle a la muerte? –Bufó sarcásticamente –No es ningún secreto, todos lo hacen.
-Usted no – observó ella, aún decaída.
Sasuke balanceó la puerta con sus dedos mientras decidía.
-De acuerdo.
Hinata levantó la vista, pero su voz grave no estaba en el aire y él tampoco.
…Estaba sola…
…de nuevo con la oscuridad y sus temores…
Respiró profundamente antes de volver a intentar conciliar el sueño. Las alas del sopor la rodearon y la invitaron al sueño, como si se tratara de una bendición. Ella tendió sus brazos a Morfeo y respirando con tranquilidad, se entregó al descanso.
Ahora, la luminosidad entraba a raudales por muchas fuentes, intentando colarse por debajo de sus párpados con insistencia. Llevó el dorso de sus manos hasta el puente de su nariz para opacar ligeramente la luz, pues le lastimaba.
No podía seguir durmiendo, así que abrió los ojos despacio y con sorpresa, se dio cuenta de que ya no estaba sola en su habitación.
Sakura se hallaba de pie en el centro de su habitación, en una actitud meditativa.
Al verla despertar, recuperó instantáneamente la fachada de heroína, pues no deseaba mostrarse vulnerable.
-Buenos días – dijo la convaleciente en un afán de entablar conversación.
-Hinata – dijo de improviso Sakura, sin prestarle atención al saludo de la menor -¿Podrías aclararme algunas dudas?
-C-claro – respondió Hinata, sorprendida.
-¿Ayer te hablaron sobre Sasuke?
Hinata dudó por un momento, intentando recordar exactamente lo que le habían contado. Sakura lo tomó a mal, porque se acercó a ella con una extraña expresión.
-Me dijeron…que pasaba con frecuencia…y que…hubo más involucrados.
-¿Sólo eso? – preguntó ansiosamente la pelirosa.
-Sí – le respondió totalmente convencida –Sólo eso.
-Hinata, sé que no debería comportarme así, pero como te dijeron, estas cosas pasan con frecuencia y no creo ser capaz de soportarlas mucho tiempo.
-¿A qué te refieres, Sakura chan?
-No quiero entregarte la responsabilidad absoluta, pero…
Hinata esperó, sin saber qué inesperados rumbos tomaría la conversación.
-Estos…-pareció meditar en busca de la palabra apropiada –Estos encuentros, comenzaron a volverse frecuentes con tu llegada.
-¿Con… mi llegada?- Hinata traspasó sus límites habituales de la sorpresa. No podía creerse todo eso de improviso, pues ella no se consideraba responsable al no provocar ninguna clase de situación y menos de ese tipo.
-Así es – dijo con la mirada perdida en otra parte y en otro tiempo totalmente distintos al de ese momento.
-Siento haber provocado algún tipo de inconveniente, yo…
Sakura la interrumpió gestualmente, levantando la mano para acallarla.
-No es necesario que digas nada – le dijo con fingida calma, pero Hinata no se dio cuenta de ese detalle –En cambio, permite que te cuente la historia.
Hinata calló, por supuesto, repentinamente amedrentada por que de repente, el silencio había dejado de ser el reinante en esa habitación y vibró un pasado profundo, ahondado de recuerdos. La atmósfera se cubrió con el suave y ligeramente, ronco sonido de la voz de Sakura. En un principio, Hinata no entendía lo que estaba escuchando.
-Hace algún tiempo – comenzó Sakura, con ojos soñadores – Yo estudiaba medicina y era una joven promesa para el instituto.
Hizo una pausa, como para llenarse de la sensación de plenitud e invencibilidad de aquel tiempo. Sus manos descansaron tranquilas sobre las sábanas de Hinata.
- No tenía muy claro el rumbo de mi carrera. Quería ser neuróloga, en un principio y contaba con todo lo necesario, pero mis decisiones cambiaban constantemente, así que decidí consultar al orientador para tener en claro mis metas.
El instituto en el que estaba, era caro y prestigioso, así que contaba con una beca completa. Ahí solían estudiar los típicos hijos de empresarios y celebridades destacadas, de los que la escuela estaba totalmente llena, y fueron precisamente, personas en las que nunca me interesé. Nunca les presté una gota de atención. Yo era feliz con lo que tenía.
Después de clases, me dirigí al departamento del instructor con muchas ganas de estar por fin en el camino correcto.
Hinata la miraba, como en una especie de trance. Nunca se habría imaginado que personas como Sakura contarían con la indecisión de la que ella misma sufría tanto.
Se enfocó en seguir prestándole toda su atención a Sakura.
-Cuando llegué; tuve que esperar un tiempo por que el orientador estaba ocupado con otro de los alumnos. Al sentarme en la sala de espera, me encontré con que la puerta estaba entreabierta. Me levanté para cerrarla, pero me arrepentí al último momento. Unos retadores ojos negros me fulminaron desde el asiento que ocupaban los alumnos. Quedé fascinada al instante.
Sakura suspiró observando el techo, dedicándole una inexpresiva mirada a Hinata, como si buscara sondarla. Continuó sin saber si estaba dando demasiados detalles personales.
-No me quedó otro remedio que sentarme nuevamente a esperar. Por más que traté de no escuchar nada, no podía evitarlo…así que me rendí y escuché bastante, sin embargo. El estudiante retaba al orientador, tratando de confundirlo, realmente, me sorprendían mucho las respuestas que otorgaba con tanta inteligencia el estudiante. Nunca había escuchado a nadie que manejara de esa forma las palabras.
No me di cuenta del tiempo que llevaban discutiendo, hasta que observé nuevamente el reloj que colgaba de la pared. Era bonito, un reloj redondo, suspendido como un espejo entre las manos de un delicado ángel de porcelana. No me percaté del insistente tic- tac, pues estaba demasiado absorta en la conversación.
Hinata intentó imaginarse toda esa escena.
-Cuando llegó el primer silencio que escuché, el joven sentado tenía en un pequeño aprieto al profesor, y comprendí que no podía elegir una carrera para recomendarle. El joven, estaba esperando paciente su respuesta. Al final, el orientador; le recomendó con mucha pena, que se dedicara a los negocios corporativos como su padre.
Entonces, no hubo nada más que decir para el joven. Parecía un poco afligido y deduje que no le agradaba esa carrera. Salió silenciosamente de la estancia, después de oír las disculpas del profesor.
Entonces, me levanté y caminando hacia la puerta; lo observé por un breve momento. Era en verdad apuesto, nunca había visto un atractivo así en ningún hombre. Supe que no le agradaba que lo vieran así, pues me sostuvo la puerta para que pasara. En ese momento, lo interpreté como un "Vete ya, deja de mirarme" pero después descubrí que en verdad fue un gesto amable.
Fue nuestro primer encuentro.
Mi consulta fue más breve, a pesar de que traté muchos temas con el consejero, acordamos volver a hablar un par de semanas después con una nueva lista de opciones. El profesor se marchó por la parte trasera, a su despacho privado y después, se fue a casa. Cuando abrí la puerta para salir por la parte delantera, me encontré con que el estudiante no se había marchado, si no que estaba sentado ahí, como esperándome.
Aunque deseaba hablar con él, no me pude mover y no supe qué decir, pues me había sorprendido mucho. Él se incorporó y me dijo que habían cerrado la puerta delantera, que necesitaba irse en ese momento.
Le aclaré que la puerta trasera, por ser exclusiva, tenía llave y no podíamos contar con esa salida. También yo necesitaba salir, me presentaría a una prueba en este hospital.
Hinata y ella quedaron en silencio unos segundos.
-Sasuke y yo pudimos irnos, saltando por una ventana lateral, y aunque me ayudó a hacerlo, ambos llegamos tarde a nuestras respectivas reuniones, consiguiendo faltas graves, en mi caso, y en el de él, la empresa de su padre lo calificó como impuntual en un trato. Después me enteré que Fugaku Uchiha, hizo pagar a Sasuke de una manera poco paternal.
Volvimos a encontrarnos, y poco después, comenzamos a salir, ya que teníamos un amigo en común: Naruto.
Hinata se agitó levemente, pero la doctora no pareció notarlo.
-Sasuke fue muy importante para mí. Arregló mi falta y me disculpó públicamente, consiguiéndome este trabajo. Aunque su familia nunca me aceptó por completo, él nunca trató de ocultar nuestra relación y fue siempre fiel. Nunca hubiera encontrado alguien mejor que él…
Sakura finalizó, con la voz ronca y un par de lágrimas resbalando por su rostro.
-Hinata- dijo suavemente – No puedo decirte en esta ocasión lo que nos hizo terminar de una forma como esta…pero te vas a enterar, sin duda.
-Sakura chan– dijo enternecida la Hyuuga –Lo siento mucho…
Sakura sacó un pañuelo desechable y se limpió las lágrimas, se sonó y respiró antes de caminar hasta la puerta.
-Sakura chan – repitió Hinata en un volumen más alto - ¿Acaso no tenía algunas preguntas?
-¿Las tienes tú? – preguntó la doctora, parándose de improviso.
Hinata asintió.
-¿Y bien? – Sakura esperó.
-Si no es indiscreto… ¿Usted volverá a tratarme?
-Todavía no renuncio – dijo Sakura, muy seria. –Pero Sai me sustituirá si así sucede.
-¿Por qué… estas situaciones son mi culpa?
-Mi querida Hinata – dijo imitando levemente a un candidato –Nunca he dicho que sea tu culpa y no debería creerlo. Pero… tengo una teoría al respecto.
Hinata esperó, aún dudosa.
-Creo que tú le recuerdas a Sasuke su anterior condición.
Hinata lo pensó unos instantes, pero decidió considerarlo después, quería contestar a las preguntas de Sakura.
-¿Terminaste?- preguntó la doctora, Hinata asintió. -¿Es verdad que Naoko intentó asesinarte y Sasuke lo impidió?
Hinata asintió, por segunda vez.
-Bien – dijo ella, repentinamente seria – Quiero preguntarte algo, tal vez sea demasiado tonto, resentido o indiscreto. Se le cortó la voz antes de terminar bien la oración, así que Hinata tuvo que deducirlo.
-Está bien, Sakura chan – dijo Hinata, instándola a continuar.
-¿Sientes algo especial por Sasuke?
Hinata lo pensó con cuidado, evitando mirar los ojos de Sakura, pues si lo hacía, le respondería instantáneamente que no, presionada por la mirada de rayos X con la que era observada. Ella le respondería con sinceridad.
-¿Hinata? – el tono de voz de Sakura se había hecho suplicante.
-No, Sakura chan– respondió Hinata –No considero a Sasuke más que un compañero – y mientras respondía, iba elevando sus inmaculados ojos aperlados, dirigiéndolos a los apagados e insistentes ojos de Sakura. Había una sinceridad absoluta en su tímida voz y sus ojos.
Sakura respiró profundamente.
-Lo siento. – Murmuró al marcharse.
Hinata la observó con pena, mientras se acomodaba en la cama para dormir un par de horas más, el solo hecho de imaginarse estar en la situación de su doctora, la hacía conmoverse profundamente. Sabía que no podía caminar en ese momento, sedada como estaba y sin sus cinco sentidos a plenitud.
Pero los ojos negros, que se habían enterado de todo, sabían que Hinata nunca cometería el mismo error de Sakura. Y Sakura lo sabía.
Sasuke, sabía lo delgadas que eran las paredes del hospital (cosa que nadie más notaba) y contaba también, con unos envidiables oídos, delicados y extremadamente, inevitable en su facultad de usarlos.
Aunque Sakura sabía que Hinata era totalmente sincera con ella, creía que se estaba mintiendo a ella misma diciendo tal cosa.
Aunque Sasuke ya no sentía absolutamente nada por Sakura, los recuerdos lo invadieron de forma horrorosa y aborrecible, recordándole mejores tiempos.
Aunque Hinata estaba segura de haber dicho la verdad, sentía algo dentro de ella que le decía que realmente no había estado prestando atención a sus sentimientos.
Y aunque Naruto estaba completamente ajeno a este asunto, presentía algo malo y se encaminaba al hospital, con una rosa en la mano, para tratar de arreglar las cosas.
Bien, no pueden quejarse, excepto de mí.. La mitad del capi es SasuHina y la otra mitad, aunque larga y probablemente aburrida, conviene tenerla en cuenta. (O no entenderás nada de lo que sigue)
