12. El pedido de Emma Swan

Regina

Me he despertado hace unos minutos y me he sorprendido al ver que Emma no estaba a mi lado. Me he quedado un rato más en la cama repasando mentalmente los momentos que vivimos anoche.

Un ruido venido de fuera del cuarto llama mi atención e imagino que Emma debe estar en la cocina preparando nuestro desayuno, o por lo menos el mío.

Sonrío y cubro mi desnudez con una sábana. Rápidamente salgo del cuarto, siguiendo el sonido.

Cuando paso por la sala, me encuentro a Emma vestida con los pantalones que llevaba anoche y, aparentemente, buscando algo detrás del sofá.

Al verla así, pregunto

-¿Qué está haciendo, señorita Swan?- uso un tono de broma y me doy cuenta de que ella se asusta

-Estoy buscando mi blusa, que debe haberse caído por aquí anoche- la rubia responde seria y lacónica

-¿Acaso estabas pensando marcharte sin decirme nada?- pregunto, frunciendo el ceño, costándome creer que de verdad estaba intentando hacer eso

-No quiero interponerme en tus planes para el resto del día. Puedes estar esperando a alguien o puedes tener alguna cita marcada- Swan dice sin mirarme y la ironía en sus palabras me hiere profundamente

-Emma, ¿toda esta escenita es porque te encontraste a Daniel aquí? Él solo estaba…- intento explicar, pero soy interrumpida por ella

-No me debes explicaciones, Regina. A fin de cuentas, solo soy una de tus cobayas. O mejor, lo he sido, porque no me interesa participar en experimento alguno- replica, irritada

En ese instante, me doy cuenta de que ha encontrado la blusa y apresuradamente se la pone, mientras camina hacia la puerta, sin embargo, soy más rápida que ella y corro, colocándome entre ella y la salida

-¿Piensas que te voy a dejar salir así, sin darme mayores explicaciones? ¿Qué te imaginas que soy, Emma, una prostituta?- pregunto, furiosa- Es más, ¿debería volver al cuarto para ver si me has dejado dinero en la mesilla?- concluyo, irónica

-¡Regina, deja que me vaya!- pide, sin mirarme

-¡No!- respondo, incisiva –Solo hay tres maneras de que salgas de aquí: saltando por la ventana, arrancándome la llave de las manos con violencia o calmándote y conversando conmigo sobre toda esa historia de cobaya y experimento, porque no estoy entendiendo nada- digo, seria- Así que, ¿cuál eliges?

Me mira con rabia y se acerca aún más, intentando intimidarme con su altura, usando su cuerpo para acorralarme contra la puerta. Está tan cerca de mí que siento su respiración entrecortada contra la piel de mi rostro.

-¡Dame la llave!- dice, extendiendo la mano abierta y contrayendo la mandíbula, evidenciando su furia

-¡No creas que tu tamaño va a amedrentarme!- enfatizo, atrevida –Sé que no tienes valor para pegarme. Pero ya que tampoco eres capaz de escoger la opción correcta, lo haré por ti- digo, levantando la mano y acariciando su bello rostro.

Ella se estremece y cierra los ojos y, por un momento, parece olvidar la rabia, como si estuviera aprovechando el contacto de mis dedos en su piel. Sin embargo, al abrirlos de nuevo, da unos pasos hacia atrás, distanciándose de mí y, en silencio, se dirige al sofá. En ese instante, me parece una niña rebelde que ha sido castigada.

Me siento a su lado y me quedo mirándola, mientras sus ojos están fijos en el suelo.

-Regina…respóndeme francamente: ¿por qué decidiste comenzar algo conmigo?- murmura y observo que sus labios están temblando

Agarro su mentón y giro su cara hacia mí

-Porque te encontré una mujer interesante, inteligente, bonita, amable, delicada, cautivadora, atrayente…¡Podría estar un largo rato enumerando tus cualidades, Emma! Pero, lo más importante que hay que decir es que todas esas características que reúnes hicieron que me enamorase de ti- resalto, sin desviar mis ojos de los suyos.

-¿El hecho de ser transexual te motivó a acercarte a mí?- pregunta, en un susurro

-¡Claro que no, Emma! Acuérdate de que fuiste tú quien me abordó el día en que nos conocimos- respondo, calmadamente –En aquel momento, ya sabía que tú eras transexual, sin embargo no forcé la aproximación. Todo entre nosotras sucedió de una forma espontánea. Pero, ¿por qué me preguntas esto ahora?- cuestiono, curiosa

-¡Porque soy una persona extremadamente insegura y hace días que no paro de pensar en una conversación que tuve con David!- dice y se levanta, pasándose la mano por el pelo, despeinándolo –Mi hermano sugirió que tú sueles interesarte por personas que puedan servirte de experimento y por eso te acercaste a mí- explica y me quedó estupefacta ante la capacidad de manipulación de mi ex.

-¡Emma, nunca he escuchado algo tan ridículo! Me sorprende que te no hayas dado cuenta de que tu hermano quería vengarse y, al decirte todo eso, solo pretendía sembrar la discordia entre nosotras- digo, controlando la risa

-Pensé en eso, pero parecía tan sincero cuando habló conmigo que me quedé confusa- intenta justificarse –Y cuando me encontré a Daniel aquí, mi lado celoso me dominó y todo lo que David me dijo parecía tener sentido.

-Pero, ¿por qué el hecho de que Daniel estuviera aquí te ha puesto tan celosa?- pregunto y cuando ella me mira, su mirada refleja cierta angustia y presiento que me va a hacer una confesión muy seria

-David me dijo que tenías un ex novio problemático con quien nunca has dejado de verte. Entonces, yo…contraté a un detective privado para investigar hasta qué grado llegaba tu relación con él- explica, con voz titubeante, y me quedo pasmada con esa revelación –Regina, sé que me equivoqué al actuar así, pero yo…- hago un gesto pidiéndome que se calle y me levanto, colocando una distancia considerable entre nostras.

En ese momento, siento una mezcla de asco y rabia. Me revuelve el estomago saber que durante unos días un extraño ha estado siguiendo mis pasos, anotando detalles de mi rutina…Y todo eso a petición de Emma.

-¿Por qué en vez de tomar esa actitud no hablaste conmigo?- escupo, irritada

-¡Porque soy una idiota! Siempre me es más fácil creer que las personas me están engañando a causa de mi relaciones pasadas- dice en tono melancólico –Tienes que estar de acuerdo conmigo en que nos conocemos desde hace poco y aún no sabemos muchas cosas de la vida de la otra. Y para empeorar, también vivimos en ciudades diferentes y, en fin, sé que nada de esto justifica lo que he hecho…Pero, por un momento, realmente consideré la hipótesis de que me estuvieras usando-dice y percibo que sus ojos están llorosos.

Suspiro y no consigo evitar sentir empatía por Emma en ese momento. Es obvio que esa mujer con expresión abatida, frente a mí, ya ha pasado por muchas situaciones humillantes y decepcionantes en su vida y, probablemente, si yo estuviera en su lugar, también estaría más inclinada a desconfiar de las intenciones de la gente que se acercase a mí.

Dedico buena parte de mi tiempo a analizar las acciones y motivaciones de los individuos y esa actitud de Emma puede parecer absurda e imperdonable para la mayoría, sin embargo, entiendo que, en su caso, fue una medida desesperada de alguien que está cansada de ser herida. Sin embargo, decido dejar bien claro que no voy a permitir que vuelva a actuar así en el futuro.

-No voy a negar que me he enfadado mucho, pero entiendo tus motivos y no voy a tenértelo en cuenta…Pero, si vamos a continuar con esta relación, tienes que aprender a confiar más en mí. No tengo intención de herirte y mucho menos engañarte. Estoy realmente enamorada de ti, Emma, y espero que lo creas de aquí en adelante- enfatizo, acercándome a ella otra vez –Y ahora creo que mereces una explicación de lo que Daniel representa en mi vida- añado, cogiendo su mano y llevándola al sofá para tener una conversación franca sobre mi ex, pues no quiero que volvemos a pelearnos por su causa.

En líneas generales le cuento que Daniel es una persona muy querida, con quien estuve saliendo tres años, le explico que él padece de diversas fobias y que hasta a mí me costaba convivir con ellas. Y por eso, y porque ya no lo amaba, nuestra relación terminó, aunque una amistad nació tras nuestra ruptura.

Le explico que lo veo con frecuencia, porque como amiga, intento ayudarle a convivir mejor con sus fobias y su TOC, sobre todo ahora que Daniel está interesado en una nueva profesora de la universidad y se muestra temeroso en abordarla, porque tiene miedo de que ella no quiera relacionarse con él por su enfermedad.

-Así que, Emma, si hay alguna cobaya en esta historia soy yo. Pues, lo que tu detective registró, lo que tú misma viste anoche, fueron encuentros y cenas donde él entrena lo que hará cuando invite a salir a la chica que le gusta. Puede parecer extraño, pero para una persona con los problemas de Daniel, ganar confianza es un proceso muy difícil y él es tan inseguro como tú. Como ya me conoce, está a gusto conmigo, pero tiene miedo de exponer ante otras personas sus fobias. Desde que terminamos, Daniel nunca ha vuelto a relacionarse con nadie, precisamente porque tiene miedo a ser rechazado. Entonces, decidí ayudarlo, pues me entristece mucho verlo tan solo-concluyo mi relato y ella parece haberse emocionado.

-¡Vaya…parece que estás describiéndome a mí!- comenta, con voz tomada

-Solo que en el caso de él hay un agravante: Daniel tiene una enfermedad aún poco comprendida por la mayoría de la gente. Es una enfermedad tan seria que limita mucho la vida del individuo, dificultando su socialización y convivencia con otras personas-prosigo, acariciando su mano –Él, por lo menos, aún sale de casa, trabaja, pero ya he tratado a pacientes que tenían miedo de salir a la calle, pues creían que alguna cosa terrible les pasaría-concluyo y percibo por su semblante que está bastante avergonzada.

-Regina, estoy tan avergonzada por la manera en cómo he actuado y te trate ayer…- ella confirma mis sospechas –Creo que merezco el premio de idiota del año por haber dado crédito a las palabras de mi hermano

-¡Estoy de acuerdo contigo!- digo, seria y ella clava su mirada triste en nuestros dedos entrelazados –Pero te perdono porque eres la idiota más adorable del mundo- levanta la cabeza y me dedica una larga sonrisa al escuchar mi última comentario.

Después de unos instantes, mirándome en silencio, vuelve a hablar

-Mi comportamiento de anoche, cuando te agarré…sobre la mesa- dice, vacilante –fue digno de una salvaje. Podría haberte hecho daño- completa y veo que su sonrojo se esparce por su rostro.

Sonrío y coloco unos mechones de su cabello tras la oreja

-En cuanto a eso, no te preocupes…Adoré ver el lado más agresivo y celoso de Emma Swan- la provoco y sello nuestros labios con un beso caliente, deseando que ella me muestre ese lado más veces.

Subo en su regazo y continúo besándola. Aunque sé que no llevo nada bajo la sábana, la suelto revelando mi desnudez y me estremezco al sentir sus manos deslizándose por mi espalda desnuda, mientras continúo probando su sabor.

-Regina…creo que te debo un pedido de disculpas- susurra, agarrando mis manos y huyendo del contacto de nuestros labios

-¡Tienes que mejorar tu tempo!- resalto, frustrada –Creo que el hecho de que esté desnuda encima de ti ahora, ya indica que te estaba perdonando- añado, intentando sonar divertida

Ella me mira con aquel rostro de perrito abandonado

-Discúlpame, pero quería pedirte perdón por haber actuado como una idiota y una loca celosa de una manera más romántica- explica de manera dulce

-Emma Swan…¿qué voy a hacer contigo, eh?- digo y suelto una de mis manos de su agarre, dejándola resbalar "sin querer" hacia dentro de sus pantalones.

Cuando encuentro el "objeto" de mi deseo, comienzo a acariciarlo y murmuro en su oído

-Más tarde puedes sorprenderme pidiéndome disculpas de manera más romántica, pero eso no te impide hacerme ahora el amor de una forma más salvaje.

Ella me mira y noto, con placer no oculto, que su respiración está irregular y sus pupilas se dilatan, mientras continúo masajeando su miembro que empieza a reaccionar a mis caricias.

-¿Lo quieres hacer aquí?- pregunta, con voz ronca, señalando el sofá

-¡Quiero donde tú quieras!- susurro, humedeciendo mis labios con la punta de la lengua, loca de deseo.

Ella se levanta rápidamente y me aferro a su cintura con las piernas mientras soy conducida una vez más a mi cuarto. Sin embargo, cuando entramos en el dormitorio, Emma sigue andando y enseguida me veo dentro del baño, bajo la ducha, pegada al mármol frío de la pared.

En medio de besos y caricias, nos libramos de la ropa y nos amamos de forma intensa sintiendo el agua bañando nuestras pieles. En el intervalo de pocas horas, fui de Emma Swan y ella fue mía algunas veces. Lo que comenzó en la sala del apartamento continuó dentro del baño y terminó sobre las sábanas suaves de mi cama, que quedó mojada a causa del agua y del sudor que resbalaba de nuestros cuerpos.

En aquel mismo día, al final de la tarde, Emma me invitó a un paseo. No sé lo que estaba tramando, pero lo sospecho por la ropa que llevábamos.

Cuando llegamos al Rockefeller Center, no contengo mi alegría, mientras me arrastra hacia la pista de patinaje y alquilamos los patines.

-Solo espero que, después, no me acuses de que mi pedido de disculpas fue algo frío- dice, bromista, ayudándome a colocarme los patines.

-Humm…Miren quién está toda graciosa- rebato, en el mismo tono –No te preocupes, la primera parte del pedido ya fue lo suficientemente caliente- añado, robándole un beso y entrando en la pista, siendo seguida por ella.

Estaba tan exultante que perdí la noción del tiempo que pasábamos allí, dando vueltas y bromeando en el hielo, pareciendo dos niñas de diez años. Nuestras risas y los besos que, de vez en cuando, nos dábamos, llamaban la atención de algunas personas, sin embargo, estábamos tan entretenidas divirtiéndonos, que no les dimos mucha importancia a esas miradas curiosas.

Cuando Emma me dice que tenía otra sorpresa esperándome en lo alto del Rockefeller, siento tanta curiosidad que comienzo a sentir una comezón por todo el cuerpo. Subimos hasta la septuagésima planta del edificio, desde donde se puede apreciar la ciudad de Nueva York en un ángulo de 360 grados.

Nos quedamos, por algunos instantes, extasiadas, admirando los últimos rayos de sol reflejándose en las ventanas de los rascacielos que rodean el imponente edificio.

-Me ha encantado la sorpresa…Nunca me canso de contemplar esta vista, al final, estoy enamorada de Nueva York- digo, dejando claro el amor que siento por la ciudad donde nací.

-La vista es realmente linda, pero solo es el escenario, no es la sorpresa- dice, con su ya famoso tono enigmático mientras la miro confusa

Se acerca más a mí y me coge la mano. Cuando su mirada apasionada se encuentra con la mía, dice en tono serio

-Regina Mills, sé que ya nos hemos dicho todo lo que teníamos que decirnos y ya estamos seguras de nuestros sentimientos…Pero lo único que aún no tenemos es un día preciso para que yo pueda mandarte flores en el futuro o llevarte a cenar…Así que, sugiero que el día de hoy, 20 de diciembre, sea nuestra fecha. ¿Quieres ser mi novia?- pregunta, por fin, y suelto una exclamación de sorpresa, recordando que hasta ahora no éramos oficialmente novias.

Emocionada, respondo la primera imbecilidad que se me ocurre

-¡Sí! Pero ya te digo que quiero un regalo de aniversario y otro de Navidad. No voy a admitir que te aproveches de la cercanía de las fechas para darme solo uno.

Ella abre una hermosa sonrisa y comenta, en tono guasón

-¡Qué novia más materialista y poco romántica me he ido a buscar!

-Ya que parece que te has conformado con la idea, debo decir que voy amar ser la nueva novia de Emma Swan- afirmo y la besó con deseo, pensando que, a partir de ese momento, el 20 de diciembre acaba de ganar un significado especial en mi vida.