Ambos se durmieron abrazados con cariño, sin darse cuenta el ojiverde, la pelinegra se desvanecía en sus brazos como si nunca hubiera existido, al igual que la habitación en la que se encontraban, sus ojos comenzaron a abrirse con somnolencia, hacía mucho tiempo que no dormía así, sin embargo cuando sus sentidos se vieron al cien se dio cuenta de que ya no estaba en el mismo lugar y que se encontraba no con la ojiverde, sino con su madre, ya que sentía la caricia de su mano sobre su cabello, así como una suave tonada que solo ella sabía hacer.

― ¿Madre? ―se levantó lentamente, dándose cuenta de que estaba recargada en su regazo

―Qué bueno que despertaste, ¿Cómo amaneciste? ―preguntó con voz suave

―Muy bien, soñé…―hizo una mueca pensativo―bueno, no estoy seguro sí fue un sueño, pero en el estaba con Anna―

― ¿Enserio? ―ella sonrió ampliamente

―Sí… y me pidió que te agradeciera… Bueno yo también debo agradecerte por mi propia cuenta… en verdad, muchas gracias―devolvió la sonrisa

― ¿Por qué me agradeces? ―dijo intentando parecer que no sabía nada, sin conseguirlo

―Lo sabes muy bien―comentó con picardía

―No tienes por qué agradecerme―accedió finalmente acariciando la mejilla ajena

―Claro que sí, si no lo hubieses hecho aún seguiría hundido en mi soledad―dijo con gracia tomando la mano ajena con su mano, sonriendo

―Cariño―expresó en comprensión―como veía que ustedes no habían desarrollado ese vínculo del todo o mejor dicho, que no te habías dado cuenta de él… quise prestar mi ayuda, como también soy diosa del amor tengo que prestar mi título para hacer felices a mis hijos―

―Te amo, madre―pronunció con sinceridad

―Y yo a ti, hijo―quedaron en silencio por unos segundos

― ¡Es verdad! ―se levantó sorpresivamente extrañando a la reina

― ¿Qué pasa, hijo mío? ―

―Ella me dijo que tú y Odín… Tienen ese vínculo también―se sonrojó un poco

―Y es verdad, tu padre tuvo muchas aventuras… y muchos hijos en cada una de ellas…―se detuvo esperando que le reprochara por usar ese término pero al ver que eso no pasaría sonrió y prosiguió―con gigantes incluso pero eso no importa ahora… hasta que nos conocimos en una reunión del consejo, el viejo Bor aún vivía… él era tan sabio como lo es Odín, parte de sus conocimientos Allfather los heredó de él… el pareció ser el único en darse cuenta del lazo y nos hizo pasar más tiempo juntos… La primera vez en que nuestras miradas se cruzaron sentí algo único, especial… y lo digo por mí, ya sabes que ustedes los dioses son diferentes a nosotras…―

― ¡Frigga, sabes bien que sentí lo mismo! ―exclamó el viejo hombre con una sonrisa, recién llegando para encontrarse con su esposa e hijo

― ¡Por los dioses! ¿Acaso quieres matarme? ―contestó divertida haciendo una mueca de fingido susto, Loki los miró con una media sonrisa

―Para nada…―rió, sentándose al lado de su esposa―pero continua con ese hermoso recuerdo―

―Mejor hazlo tú, esposo mío… ―ella asintió sin borrar su sonrisa

―Muy bien… Verás hijo, en ese tiempo yo era un dios muy diferente a lo que soy ahora… Me parecía mucho a tu hermano, tonto e imprudente… pero cuando conocí a tu madre, todas las demás mujeres dejaron de importarme y me centré en ella, mis cortejos no parecían ser muy efectivos… Sabía cómo trataba a todas mis conquistas, tuve que pensar en algo más original y lo conseguí… pude unir mi vida con la de Frigga, Bor ayudó mucho en ello y siempre se lo agradeceré… tu madre me hizo poner los pies en la tierra, me hizo razonar… todo lo que soy ahora se lo debo a ella―ambos dioses se miraron con una sonrisa que el pelinegro conocía muy bien, una sonrisa que expresaba infinito amor

―Me alegra saber que su amor es así…―aseguró observándolos con afecto

―Nuestro amor es verdadero… Como el tuyo con Anna… Debo admitir que por un momento creí que sería Sigyn la elegida, por lo dicho por las Nornas pero… ustedes dos lograron cambiar eso… después de todo… el destino no está escrito―

―Nosotros lo forjamos día con día―aseguró ladeando la cabeza

―Me equivoqué aquella vez, hijo…―hubo un corto silencio―Tu serías un gran rey…―se levantó mirándolo con una sonrisa

―Odín…―murmuró sin saber que más decir, nunca creyó escucharlo decir eso

―Debo volver… solo venía a saber cómo estaban mi esposa e hijo, sin olvidarme de Anna―

―Ella me dijo que hoy estaría mejor… dormí con ella en mi sueño, pero se sentía muy diferente, distante… fría―enumeró recordando con cierta tristeza

―Ya veo…―se levantó por igual la reina―preguntaré a Eir sobre esto, estoy segura que ella y las otras sanadoras ya han logrado regular su temperatura, y preguntaré también si cabe la posibilidad de que podamos entrar a verla―

―Ve esposa mía... Pero si ella lo dijo, estoy seguro que así será―animó dándole una palmada a Loki en su hombro

―Nos veremos después―dijo la rubia, acercándose para depositar un beso en su mejilla, después el hombre mayor se retiró

―Esperaré aquí madre―aseguró mientras ella entraba a la sala

Pasó un rato en el que su madre no salía de la habitación, se preocupó en demasía al no recibir algún llamado por parte de su progenitora, pero trató de ser lo más paciente posible, conociéndola seguramente se había quedado a platicar con Eir, eran muy amigas desde que ambas eran jóvenes, ella poseía una cabellera castaña con motes blanquecinos, siempre con un largo vestido miel como el color de sus ojos, tenía aproximadamente la misma edad que su madre, ella también era una de sus asistentas.

Justo antes de perder el juicio por toda la tardanza que tuvo que esperar, su madre salió sonriendo enormemente junto a Eir, ambas al verlo solo pudieron reír cálidamente, él les miró sin entender mucho, realmente no lograba comprender a las mujeres, y a ese par mucho menos.

―Buenos días príncipe Loki― hizo una reverencia

―Buenos días Eir―imitó su acción, pero de forma más simple

―Me alegro de que tu situación esté mucho mejor, tu madre vino a mi anteriormente en cada uno de sus colapsos, extrañaba mucho tu presencia―confesó con voz cálida

―Eso jamás me lo dijiste―sintió una punzada de culpabilidad al escucharle

―No quería preocuparte…―comentó sonriendo de medio lado

―Frigga me ha dicho que deseas ver a tu amada…―comentó para tratar de amenizar la conversación

―Así es, ¿ya está mejor? ¿Puedo entrar a verla? ―preguntó ansioso

―Ya puedes entrar, sigue durmiendo y tardará un tiempo en despertar, necesita recuperarse tanto física como emocionalmente―contestó con voz calma mirando de reojo a la reina quien asintió

― ¿Por qué? ―cuestionó preocupado

―No lo sé―ella negó con la cabeza

―Bien…―dio un suspiro―gracias por todo Eir…―la vio asentir y sin más entró a la habitación

Cuando entró el día anterior era todo más sombrío, con un ambiente tenso pero ahora ya no más, se sentía más cálido, se sentía tranquilo, relajado, se acercó con lentitud a la cama donde estaba postrada, admirando desde la puerta y durante todo el trayecto a su único amor, su piel se veía con más color que la vez anterior, no pudo evitar sonreír, al estar frente a ella tomó su mano que estaba fuera de la manta apreciando que no solo el color había cambiado, sabía que ella jamás le mentiría, se sentó en la orilla de la cama sin soltar su mano y comenzó a platicar con ella de cosas sin sentido, solo no quería estar en silencio en esa habitación porque le traía recuerdos desagradables.