- Defteros...¿has visto mi camisa blanca?
Aspros lo pregunta irrumpiendo sin aviso en la habitación de Defteros, robándole la atención que tiene dedicada a un plano bidimensional de líneas de colores que le ofrece la pantalla de su ordenador.
- No sé...Aspros...
Defteros le miente fingiendo desinterés, y Aspros se adentra aun más, hasta alcanzar el armario y abrirlo de par en par, mientras se planta frente a él, con los brazos apoyados en su cadera y la mirada achicada de atención frente al desordenado contenido que éste le ofrece.
- ¿Qué haces?
El menor lo pregunta haciendo rodar su silla de escritorio al mismo tiempo que un lápiz es mordido a consciencia por uno de sus colmillos.
- Puede que esté aquí...- contesta Aspros, permitiéndose acercarse al armario y revolver el montón de camisetas y sudaderas guardadas sin orden.- El lunes tengo la presentación de una página web frente a más candidatos para conseguir hacernos con el diseño de la página de un hotel de lujo, y quiero usar esa camisa...
- Aspros...¿ya estás pensando en el lunes? Desconecta un poco, que no te vendrá mal...
Defteros tiene razón...en parte. Porqué la otra parte, la que urde mentiras cómplices, le ha enfriado la frente de sudor y está trabajando a mil por hora para seguir cosiendo las costuras del encubrimiento del crimen doméstico que Aspros ignora. Pero es sábado por la tarde, y es cuando Aspros se dedica a planchar todas sus camisas, dejándolas listas para la semana a estrenar. Y si se ha empecinado con la camisa blanca, Defteros teme que no cese en su empeño hasta dar con ella.
- Mierda...aquí tampoco está...¿dónde narices la debo haber metido? - Aspros lo piensa rascándose la cabeza mientras Defteros decide pasar de él y volverse a fijar en la ejecución de un plano que se le resiste un poco.- ¿Se habrá extraviado con el traslado? - los ojos de Aspros buscan a Defteros, que apenas le responde encogiéndose de hombros, y sobretodo sin mirarle, cosa que propícia que el mayor siga con unas conjeturas e hipótesis que parecen no tener fin.- No...no puede ser...recuerdo haberla usado después de regresar aquí...- Aspros sigue pensando, con la mirada sobre la espalda de Defteros y más allá...algo más allá: hasta las habitaciones de sus hermanos menores. - Lo único que se me ocurre es ir a ver a los armarios de Saga y Kanon. Es a los últimos lugares que me falta mirar. Como son tan desordenados seguro que ha ido a parar allí...
Aspros no añade nada más. Sólo se dispone a salir e ir en la búsqueda de su obsesión de la tarde unos metros más allá. El frío sudor que ha asaltado la frente de Defteros se condensa y resbala por una de sus sienes en el mismo instante que Aspros sale de su habitación, y definitivamente no puede más. El secreto que tan celosamente está guardando a sus hermanos menores, y sobretodo a Kanon, peligra en ser descubierto, y en serlo de la peor forma posible. Si no hace nada al respecto, Aspros lo descubrirá por sí mismo, y hasta él le teme cuando algo sobresale de sus expectativas de improviso. No le queda otra opción que traicionar la confianza que los menores depositaron en él y decide arriesgarse, preparándose para asumir las consecuencias y aplacarlas en la medida de lo posible él solo.
- Aspros...- Ya está...ya le ha detenido, y ahora Aspros se encuentra plantado en el umbral, en silencio y con una expresión en su mirada que requiere respuesta ante dicha interrupción.- Yo sé dónde está tu camisa...
- ¡¿Y no me lo dices hasta ahora?!
- Bueno...es que...- Defteros duda, e inconscientemente hace rodar el asiento que le sostiene mientras baja la mirada y busca sobre las baldosas del suelo las palabras adecuadas.
- ¿Es que qué? ¿Dónde está? - La indecisión de Defteros en sus palabras y gestos está consiguiendo alarmar a Aspros, que ya empieza a oler que algo no marcha del todo bien.- Def...¿dónde está?
Defteros le mira con sus cejas unidas en un rictus de preocupación y sin decir nada se levanta de la silla y pasa al lado de Aspros, camino de la habitación de Kanon, ahora huérfana de su dueño. Aspros se queda congelado en la puerta del cuarto de Defteros, cruzándose de brazos en su intrigante espera de supuestas sencillas respuestas.
El menor aparece de nuevo, con una mano escondida en su espalda y con la decisión de internarse otra vez en su habitación, empujando a Aspros dentro de ella, cerrando la puerta a modo de protección una vez él también entra.
- Prométeme que no te vas a enfadar...
- ¿Por qué me tendría que enfadar, Defteros? - la voz de Aspros pretende sonar calmada, pero el arqueo de una de sus cejas alertan de todo lo contrario.
- Tú prométemelo, Aspros...
El mayor suspira con nerviosismo ante tanto misterio, desliza su mirada hacia el techo y se cruza de brazos antes de regresar su vista hacia Defteros.- Está bien...te lo prometo. ¿Pero qué narices escondes en tu espalda?
Aspros se está alterando. Así lo indica el cada vez más creciente ritmo de golpeteos de sus dedos sobre el brazo que los mantiene amarrados y Defteros no añade nada más. Únicamente descubre su mano oculta y le ofrece un amasijo de tela arrugada y de extraño color gris.
- Aquí está...
Defteros lo dice sintiendo como su corazón late tan deprisa que cree que se escucha más que su voz, y los ojos de Aspros se abren hasta parecer enormes para seguidamente achicarse y afilarse bajo la inmediata frunción de sus cejas. Sus manos toman la prenda, y Defteros retira la suya como si la tela que sostenía hasta el momento quemara.
Aspros despliega el amasijo y alza la tela, descubriendo bajo ese desastroso y desigual color gris los restos que quedan del regalo de su madre. Sus cejas se contraen aún más, y su mirada se torna acuosa, ofreciendo la duda a Defteros en si es así por rabia o por tristeza...o por ambas al mismo tiempo.
- ¿Qué narices es...ésto? - La furia ya se percibe en la mirada que busca a Defteros, y con rapidez la mente de Aspros saca las conclusiones acertadas.- La madre que lo_
- Se equivocó, Aspros. No te enfades con él...
Aspros vuelve a mirar la camisa, del derecho y del revés, todo bajo la congelada figura de Defteros frente a él, dispuesto a recibir su rabia si así puede proteger a Kanon de su error. Aspros sigue inspeccionando la prenda, con la mirada cada vez más acuosa, hasta que sus manos vuelven a estrujarla y la lanza con rabia sobre la cama de su hermano.
- ¡Más claras no pude poner las instrucciones, joder! ¡Las escribí para tontos!
- Ya lo sé...y él lo siente...
- ¡No le defiendas! - le espeta Aspros, acercándose a él con la mirada enrojecida de rabia y dolor - ¡Joder, Def! ¡Era el último regalo que me hizo mamá!
- Es sólo una camisa, Aspros...
- ¡Que me regaló mamá!
Defteros se esfuerza en mantener la calma, pero el dolor de Aspros le llega, y lo comprende. Pero también comprende el pesar de Kanon y le hieren las consecuencias que el menor sufre a causa de su propio dolor.
- ¡Ya lo sé! ¡Pero es sólo una jodida camisa, Aspros!
Aspros se ha enfadado, pero Defteros también sabe hacerlo, y cuando alza la voz su hermano mayor extrañamente calla y se sienta en la cama, con la cabeza gacha y la mirada posada de nuevo sobre el desastre.
- Ya sé que sólo es una camisa...pero...es lo último que tengo que me regaló mamá...
Aspros se hunde en uno de sus silencios, y Defteros se lo respeta durante unos necesarios segundos en los cuales también observa la prenda y luego de nuevo a su hermano.
- Kanon lo siente de verdad...y no lo está pasando bien...- Defteros se acerca a Aspros y se sienta a su lado sobre la cama, apartando la camisa un poco, pero aún así dejando que su trasero caiga sobre la mitad de ella. - ¿De verdad creíste el otro día que algo le había sentado mal? Comimos todos lo mismo, Aspros...fueron los nervios y el miedo a tu reacción lo que le hizo sentirse mal...Teme tus enfados...
- Joder...¡no me digas ésto! - Aspros alza la mirada y busca la de su gemelo, hallándola igual de acuosa que la suya.- Yo no quiero que me tengan miedo...
- Lo sé...pero quizás les impones demasiado respeto...¡si incluso me han pedido prestado dinero para comprarte una de igual y ocultar así su error!
- ¿Que han hecho qué? ¿Saga también?
- La idea de comprarte otra fue de Saga...hace lo que puede para ayudar a Kanon...
El secreto que confeccionaron los menores ha sido completamente desmantelado y Aspros siente como la odiosa opresión que tanto lucha para evadir regresa a tomar su pecho. La mirada es desviada hacia el suelo, y su cuerpo se rinde, se deja abatir por el pesar y los brazos caen sobre su regazo sin ánimos de quererse enfadar.
- ¿De verdad crees que me tienen miedo...?
La voz de Aspros pierde toda autoridad y ahora sólo busca apoyo en las palabras y gestos que le pueda ofrecer su otra mitad.
- Creo que deberías olvidarte del rol que tú solo te has impuesto de vez en cuando...y también creo que hacer tonterías con ellos te vendría bien. Necesitas intentar reírte, Aspros...
Defteros pronuncia estas palabras con un dolor sincero, sin ánimos de mostrarse fuerte. Él no se considera fuerte, y a Aspros su propia fortaleza le está alejando demasiado de lo que realmente esconde de coraza para adentro.
- No puedo, Def...no puedo reírme como hacíamos antes. Y no comprendo como tú sí que puedes...
Aspros alza la mirada, encontrándose con un compungido Defteros que se encoge de hombros al tiempo que moldea una triste sonrisa que no difumina las silenciosas lágrimas que amenazan sus mejillas.- Yo tampoco puedo, Aspros...pero me fuerzo a hacerlo...no por mí, sino por ellos...
Ambos callan. Se sumergen en un cómplice silencio que les acompaña con el perenne aroma a nostalgia que desprende esa casa, y es la mano de Defteros la que cobra voluntad propia y se desliza por el muslo de Aspros repetidas veces, hasta que se decide a detenerse cerca de su rodilla y ejerce reconfortante fuerza. Sus miradas se cruzan y se sostienen. Y ambos así se comprenden.
Fuera en el jardín, Saga sigue practicando los tiros de penalti.
Abajo, Kanon está sumergido en la violencia de un videojuego que le tiene preso desde el día del desastre.
Y hoy es sábado. Se acerca la hora de cenar, y desde antes de la muerte de sus padres no han podido compartir juntos ningún momento familiar de verdad.
Aspros sigue perdido en la mirada de Defteros, y no reprime el impulso de besarle los labios. No con furia ni pasión. Sólo con inmenso amor. Sintiéndose sorprendentemente correspondido. Y se alza. Lo hace bajo la atónita mirada de su gemelo, y ahí mismo se despoja de la camisa que le viste y se hace con la nueva adquisición de la temporada, obligando a Defteros a que alce un poco su trasero para liberarla de su aprisionamiento.
Defteros le observa con tremenda sorpresa, pasándose de manera incosciente la lengua por sus labios antes de intentar desentrallar lo que oculta la reacción de Aspros.
- ¿Qué haces?
Aspros se acaba de abotonar su nueva camisa y secándose la debilidad que emerge de su mirada se fuerza a sonreír mientras decide otra vez por los cuatro.- Avisa a Saga que entre y dile que se duche...y arréglate tú también, que vas hecho un desastre.
- ¿Por qué?
- Hoy comeremos fuera. Tengo que estrenar la nueva camisa que me ha conseguido Kanon...
Defteros sonríe, y lo hace complacido al tiempo que se alza y se abraza a su gemelo.- Me parece perfecto.
Aspros no necesita más para recuperar las fuerzas que a veces le flaquean, y cortando un abrazo que alarga lo que puede se arma de valor y se dispone a bajar al piso inferior.
- Mientras os esperamos me uniré a Kanon en su videojuego...alguien le tiene que enseñar cómo se vencen esos bichos.
Defteros no retiene una pícara risilla mientras busca un par de toallas que le seguirán a la ducha.- Cuídate que no te enseñe él a ti, hermanito...
Aspros le observa unos instantes más y baja. Y Defteros no se quiere perder la reacción de Kanon al verle.
Su rostro palidece y sus ojos se fijan en la camisa, sembrados de terror. Pero el gesto de Aspros revolviendo sus cabellos antes de pedirle añadir un mando más al juego le devuelven el color a sus mejillas.
Hoy es sábado...
Hoy intentarán reír.
Los cuatro.
