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11
—A final de cuentas, creo que sí me levantaste por una buena razón —dijo el rubio, posicionándose a un lado de su amigo—. Pensé que odiabas el olor a tabaco.
—Lo odio, Chris. Lo odio —respondió el ruso, dando una nueva calada a su cigarro—. Pero a veces tienes que sucumbir a lo que odias, y yo necesitaba relajarme.
Cuando hubo expulsado el humo, Viktor jugó con el pequeño cilindro que estaba entre sus dedos; dejándose tranquilizar por el efecto de la nicotina en su organismo, siendo también la calma de la madrugada, un importante factor.
Cuando el desahogo de Yuuri terminó, el ruso se encargó de abrazarlo el tiempo necesario hasta que fuera el nipón quién deseara separarse. La ausencia de palabras reinó entre ambos mientras los pulgares del mayor viajaban a los ojos castaños, arrastrando con sus yemas los vestigios de las lágrimas que había derramado, para después acunar el rostro contrario y llevar los labios a su frente, depositando un suave beso en ella, tan solo para terminar envolviéndolo en sus brazos un momento más.
Al principio, el mayor pensó en acompañarlo hasta su hogar, pero esa idea fue desechada casi inmediatamente, creyendo que, probablemente, el japonés necesitaría estar solo esa noche. La despedida fue silenciosa; susurrando el de hebras plateadas un simple "cuídate", recibió como respuesta un leve asentimiento. Yuuri no pudo mirarlo a los ojos en ningún momento.
Miró el reloj de pared antes de irse a dormir, eran las diez de la noche cuando su cuerpo ingresó entre las sábanas; cerró los ojos para intentar conciliar el sueño, pero sólo consiguió girar sobre todo el colchón, abrir los ojos, cambiar de posición, su cabeza no cooperaba al estar aglomerada de pensamientos e inquietudes que se habían originado esa misma tarde. Finalmente, se cansó de tratar de dormir cuando el reloj marcó las tres de la mañana, decidiendo tomar el teléfono para llamar a su mejor amigo y que arribara a su departamento. Le tomó media hora contarle lo sucedido, ahora ambos estaban sobre el balcón de su hogar, Chris le miraba en silencio, detallando las figuras que formaba el humo cuando salía de su boca, pensando qué decir; era raro que Viktor fumara, pero ahora se veía necesitado del efecto relajante que tenía la nicotina, al menos, para revivir las palabras que el nipón le había dicho horas atrás.
Chris exhaló, recargando su antebrazo del balcón para posicionarse de lado y mirar al ruso.
—Entonces, Yuuri está aferrado a una imagen —habló el rubio, atrayendo la atención de los ojos azules—. Leer aquellas dedicatorias todos los días sólo le sirve para posar la imagen de aquel recuerdo en su cabeza, y, por lo que me dices, sí él se rindió ante las posibilidades de que algún día alguien lo quiera. Revisarlas solo agrava la idea en su cabeza: "esto es todo lo que alguien te querrá alguna vez, nadie podrá amarte".
—Pero...él nunca demostró eso, en estos meses, sus reacciones, él...
—Lo entiendo —interrumpió el suizo—. Todos, tarde o temprano, tenemos un suceso que nos marca, por más insignificante que sea a los ojos de los demás, para nosotros puede ser la línea de un antes y un después. Y la forma de encararlo, también es diferente en cada uno de nosotros, enfrentarlo, olvidar, resignarse... Yuuri eligió lo último. No tiene limitantes para seguir con su vida, y al parecer, así lo hizo, pero lo hace mirando desde el pasado. Está atascado, nunca afrontó el fantasma y el fantasma no lo dejó ir; vuelve cuando menos lo esperas, en el momento equivocado, y te recuerda la desdicha que por breves lapsos olvidas tener.
Viktor dio una nueva calada a su cigarro.
—Saber que decir ante tantas situaciones... a veces me pregunto cómo lo haces —mencionó, el rubio rió, recargándose del balcón.
—Existen otras maneras de sentir dolor aparte de enamorarte, Viktor. —le dijo—. Depende de ti tomar esas experiencias y volverlas algo bueno o algo malo. Por mi parte...siempre opto por aprender la lección por más dura que sea. Sin embargo... no todos somos tan fuertes.
El ruso asintió, desviando su mirada al frente.
Era injusto. Es lo que Viktor pensaba, era injusto que Yuuri pensara que no era suficiente para nadie, simplemente porque así le hicieron sentir. Sabía, desde la primera vez que lo vio, que existía algo escondido dentro suyo, pero lo que menos esperaba era encontrar tanta inseguridad dentro de él; en aquel hombre que le había hecho sonrojar, poner la guardia baja, que se había reído de él...le contestaba tan seguro que nunca creyó verlo tan débil, y eso le llenaba de dolor e impotencia.
Creía que, hasta ahora, con sus caricias y sus palabras, había logrado transmitirle un ápice de todo lo que le hacía sentir; pero, si había cerrado sus puertas, ¿eso quería decir que sus sentimientos no habían logrado llegar a él? ¿Algún día lo harían? ¿Todo lo que hace sería en vano? Acaso... ¿hay sentido en seguir intentándolo?
Pero no... no se rendiría, no cuando estaba completamente seguro de que era él, Yuuri era su persona correcta, tan sólo necesitaba seguir con lo que había pensado días atrás, quererlo poco a poco, paso a paso, sin dudar de sus acciones y objetivos, sin arrepentirse de nada.
Y si daba la casualidad de que Yuuri fuera su persona correcta, pero Viktor no la de él, entonces, si su corazón se rompía... estaba bien; si era Yuuri estaba bien.
El de ojos azules exhaló humo de nuevo, haciendo que su amigo rompiera el silencio.
—Entonces, ¿qué vas a hacer, Viktor? —preguntó el suizo, enfocando sus ojos verdes en los azules.
La mirada del mayor se enfocó en el brillo distante de las estrellas, como si aquellos astros lejanos pudieran darle una respuesta, aunque, siendo sinceros, sólo había una rondando su mente. Antes de responder a su amigo, el ruso dejó salir un gran suspiro de sus labios, para después dar una última calada al cigarro y apagarlo en un cenicero de cristal.
