Nota de autora: Holaa... Bueno, aparecí :S. Sorry por haber tardado tanto, realmente ya expliqué en mi otro fic que anduve con sequí mental, y bueno, el calor tampoco me ayuda mucho, como dijo mí mejor amiga "El calor me derrite las pocas neuronas que me quedan" y a mí me pasa igual xD.

Bueno, espero que les guste y me dejen su opinión. En fin, me voy, espero volver pronto. Hare lo posibleee :)

Ninguno de los personajes me pertenecé, solo la trama.


Capitulo 12

"Regalo, apelativos y charla de chicas"

"Es tan dificíl que me comprendas, soy una rara mezcla de estrellas.

Yo te prometo que ire a buscarte, cuando yo crezca no sera tarde"

Edward POV:

No voy a mentir, me molesto de sobremanera que mí hermana interrumpiera, si no fuera por ello, Bella probablemente me contaría lo que le había pasado. Aun así, estaba dispuesto a esperar el tiempo que fuera necesario para que ella confiara nuevamente en mí.

Isabella se paro de su cama y me miro

-¿Vamos?- preguntó. La mire nervioso y me acerque un poco.

-Espera... yo quiero darte algo...- Murmure, trabandome en el acto. Ella me miró atenta, con una mirada curiosa - Es... un regalo por tu, tu cumpleaños

-Creí que al menos vos había respetado el hecho de que no quería regalos- Me reprocho, cruzando los brazos sobre su pecho y mirándome con enojo, pero por arte de magia su enojo desapareció de sus ojos - Creí que como ni siquiera me habías saludado por mí cumpleaños no tendría que preocuparme por un posible regalo tuyo.

La mire contrariado y repase mí día en mí cabeza y quise golpear mí cabeza contra algún lado, me había tanto sumergido en mis pensamientos al enterarme, que había pasado por alto el hecho de saludarla. Acorte la poca distancia que nos separaba y la abrace fuerte contra mí pecho enterrando mí cara en su cuello y aspirando sin que se de cuenta su esencia.

-Lo siento, lo siento. Feliz cumpleaños, princesa - el apelativo cariñoso escapo de mis labios sin que yo pudiera controlarlo, quise que la tierra me tragase. Bella se separo un poco y me sonrió.

-Me gusta como sueña eso de tus labios, en tus labios suena a cariño- Me confesó. La mire sin comprender realmente a que se refería. No lo entendía. - El princesa, en tus labios suena con cariño. James aveces me decía así, pero siempre me sonó vació, sin nada. Claro, no me di cuenta de ello hasta mucho tiempo después cuando a jalones se me cayó la venda de los ojos.

Quise preguntar, pero me imagine que eso tenía que ver con lo que estuvo a punto de contarme y Alice interrumpió. Pero a pesar de ello, me alegre que le gustara que le hubiese dicho princesa y que no le molestara. A partir de ahora la llamaría a así y tal vez de otras formas. Total, hoy en día entre amigos era común usar apelativos cariñosos. Aunque estos escondieran mucho detrás por mí parte.

-Bueno, en fin... vamos- Dijo, comenzando a caminar hacía la puerta, la tome del brazo antes de que diera un paso más y ella se giró mirándome, negué con la cabeza.

- Aun no te doy mí regalo - Expliqué sonriendo. Ella me miró con fastidio.

-Tenía la vana esperanza de que lo hayas olvidado - Las resignación en su voz era palpable. yo sonreí aun más, sintiéndome triunfador.

-Nop. Nada se me olvida, Cielo.- presumí, metiendo una de mis manos en un bolsillo de mí pantalón y sacando una cajita alargada, rectangular de terciopelo, negra. Isabella miró la pequeña caja con desconfianza cuando se la tendí, pero finalmente alargo su mano y la tomo. Me miró unos segundos antes de dirigir su vista nuevamente a mí regaló y abrirla despacio. Sus ojos se abrieron de la sorpresa al igual que su boca, me acerqué a ella y tome de la caja la pequeñas pulsera plateada. Y sin que saliera del asombro se la coloqué con destreza en su muñeca izquierda.

Admiré la pequeña pulsera colocada en su muñeca. Era una pulsera de plata amatistas de treinta y tres quilates, la pulsera era de tres hileras con incrustaciones de pequeñas piedras amatistas. Me había costado trecientos dolares y en cuanto la vi supe que era perfecta para ella.

-¿Te gusta?- Pregunte haciéndola despertar de su letargo. pestañeó varias veces y miró detenidamente la pulsera que yacía en su muñeca, la acaricio con delicadeza con su pulgar derecho y volvió su vista a mí.

-Es preciosa- Admitió finalmente- pero no puedo aceptarla, Edward.

-Isabella, no acepto devoluciones, además es solo plata, no es de oro y no me salió tan cara. Además aceptaste sin chistar todos los regalos de Alice- La regañe.

-No es cierto, si me queje, pero contra tu hermana no hay quien pueda- Bufo

-Pero cediste al fin, has lo que quieras, si me la devuelves la botare a la basura y sera dinero desperdiciado, tu elijes- Me miró con enojo y finalmente refunfuño unas cuantas veces hasta que tomó una decisión.

-¡Bien! ¡Tú ganas!-sonreí feliz y me acerque a ella para besar su mejilla, pero ella movió su cara y mis labios terminaron en la comisura de sus labios. Aun contra mí voluntad, me aleje. Ella como debí imaginar se sonrojo de un tierno rosa. Internamente mí sonrisa se amplió aun más, eso debía ser un buen indicio.

La estruendosa voz de Emmet nos saco de nuestro pequeño momento, por llamarlo de algún modo. con el grito de algo que sonó a "¡Juro que si no vienen me terminare todo el helado, eh!". Mí Bella rió musicalmente y me tendió la mano, la tomé y me guió hacía el comedor.

-¿Qué hacían que se tardaron tanto?- interrogó, Jasper. Mirando sospechosamente nuestras manos. Nos soltamos para sentarnos y nos encogimos de hombros.

-Le estaba dando mí regaló a Bells- conteste honestamente. Mí rubio amigo siguió mirando con sospecha, hasta que Bella levanto su brazo derecho enseñando su pulsera. Alice y Rose pegaron un gritito acercándose para verla mejor, creí que le arrancarían el brazo a Bella de la emoción.

-Oh, es maravillosa- susurró, Rosalie, tocando con delicadeza las piedritas.

-Simplemente hermosa- La secundó, Alice. Emmet miró a las chicas impaciente.

-¡Hola! ¡Quiero helado!- mientras se sentaban en sus respectivos lados escuche a Rosalie murmurar "Es un bruto, siempre arruinando momentos mágicos" evite reírme. Finalmente Alice trajo de la cocina tres potes de helado, los cuales los tres tenían los mismos gustos para evitar discusiones. Los repartió. Le dio uno a Emmet y Rosalie, otro a Bella y a mí y finalmente con el último pote se fue a sentar al lado de Jasper y se lo tendió sonriente.

El tiempo que nos llevo terminar el helado, cada par parecía absorto en su propia burbuja, Alice había terminado en el regazo de Jasper, supuestamente para poder acceder mejor al helado del pote. Rosalie reía mientras con una cuchara esparcía por la cara de Emmet la crema helada y este se dejaba mirándola con una boba sonrisa en el rostro.

Por otro lado, Bella había terminado pegada a mí costado, entrelazando nuestros brazos y con su cabeza apoyada en mí hombro, mientras hundía en el pote su cuchara. Me deleité viéndola como se la llevaba a la boca y la saboreaba y desee ser ese helado. Ella me miró y se estiró un poco hasta que sus labios tocaron mí mejilla. La mire confundido, por ese acto repentino. Ella me sonrió con simpleza.

-Olvide agradecerte por la pulsera- Explicó, asentí y recoste mí cabeza en la suya disfrutando de su cercanía y del helado también.

Unos veinte minutos después Alice se paro de un salto y danzo hasta el centro del living.

-Bien, es hora de la noche de chica o charla mejor dicho, dado que no creo que podamos estar mucho alejadas de ellos- Dijo sin nada de vergüenza y lo digo por que en cierta forma admitía que no podía estar lejos de Jasper por mucho - Mientras tanto ustedes pueden ser caballeros y juntar el desorden que hicimos aquí y si quieren pueden luego tener una charla de chicos, nosotras los autorizamos- Terminó con "amabilidad" Jasper rió encantado y yo lo mire como si se tratase de un extraterrestre. Encima de que lo mandaban ¡Él se reía!. Bella se acercó a mí oído, posando sus labios allí, reprimí un escalofrío.

-No te preocupes, Eddie. no tienes que limpiar nada. Lo haré yo luego- susurró con sinceridad y cariño. La mire y negué automaticamente con la cabeza.

-De ninguna manera, nosotros limpiaremos, Princesa- La contradije. "Que rápido cambias de opinión" Me dije a mí mismo. Ella bufo en desacuerdo pero finalmente me dirigió una mirada de resignación.

-Bien, solo evita que Emmet rompa algo- Me recomendó antes de pararse e ir tras las chicas que habían tomado sus mochilas e ido a cambiarse por un pijama al cuarto de Bella. La vi alejarse y sentí a Emmet gemir desconforme.

-Son un par de pollerudos, unas simples palabritas y se ofrecen a un poco más limpiar todo el apartamento- Reprochó, mirándonos con resentimiento.

-Pues no vi que te negaras mucho cuando Rosalie te lo pidió con voz melosa a centímetros de tus labios- Contraatacó, Jasper rodando los ojos. Luego de Eso Emmet cerró la boca y se levanto dedicándose a comenzar a juntar los distintos envaces de frituras y demás cosas que había esparcidas por aquí y por allá. Continuamos por largo rato limpiando y haciendo pequeñas bromas entre nosotros, principalmente a Emmet cada que no sabía como limpiar algo o como barrer. Cuando finalmente terminamos Jasper y Emmet se dejaron caer pesadamente en el sillón soltando un suspiro de alivio. Yo reí fuertemente y tomando mí mochila me dirigí al baño a ponerme mí pijama.

-¡No hagas nada indebido allí dentro, Edward!- Gritó por supuesto Emmet y Jasper soltó una sonora carcajada.

-¡Pudrete, Emmet!- Simplemente eso salió de mis labios. Me cambie y guardando mí ropa en mí mochila salí del baño. Camine por el pasillo y al pasar por la puerta del cuarto de Bella y al estar esta entreabierta, no pude evitar escuchar lo que preguntaban.

-¡Bien, es tu turno, Bells!- Soltó entusiasta la voz cantarina de Alice - ¿Eres virgen?- frené en seco y casi me atragantó con mí propia saliva ante la pregunta. Sé que debí seguir mí camino y no escuchar conversaciones ajenas, pero involuntaríamente mí parte curiosa se clavo a un costado de la puerta, procurando que no me vieran y esperando su respuesta. La cual tardo unos cuantos segundos en llegar.

-No, no soy virgen- Aceptó, lanzando un suspiro pesado.

-Cuentanos, como fue tu primera vez- pidió, esta vez Rosalie. entusiasta.

-No soy virgen, pero no niego que me gustaría seguir siendolo, para mí, mí primera vez no fue muy lindo. Fue en cierto modo por un par de cosas, la primera y última vez que estuve con alguien.

-Pero, ¿Por qué no fue lindo?- Interrogó, Rose nuevamente. Sentí a Bella tomar aire.

-Digamos que James, mí novio en ese instante. Bueno él no fue muy delicado que digamos más bien fue bastante brusco, tomando muy poco cuidado al saber que era virgen y cuando tuvo que ser delicado y paciente. Fue salvaje, sin ningún cuidado.- Escuche las exclamaciones de mis hermanas y yo sentí como mis manos se cerraban en puño. Cada ves odiaba más a ese tal James. No entendía como alguien podía hacerle tanto daño a alguien como Bella.

Me aleje de ahí antes de que alguna se diera cuenta de que había estado escuchando su conversación, fui hasta la sala y me deje caer en un sillón individual. Jasper y emmet ni notaron mí presencia ya que estaban muy entretenidos jugando al Xbox 360. No pude evitar recordar mí primera vez.

Había sido con Tanya y tampoco había sido una muy agradable, yo quería que las cosas fueran calmadas, pero ella quería todo lo contrario y hasta había sido un poco sádica, pegandome en las mejillas y demás partes, yo quería por lo menos hacer que se sintiera respetada, no querida porque no la quería, pero ella tomo el control de las cosas y se hicieron como ella quiso, así fue las demás veces que estuve con ella, las cuales no fueron muchas ya que yo no quería.

Me prometí a mí mismo, que si alguna vez llegaba a estar con Bella y llegábamos hasta el punto de tener relaciones, la trataría como se merecía ser tratada, con dulzura, amor y pasión. Claro, sacando el hecho de que veía un poco lejano el poder estar con ella, pero quien sabe, tal vez dentro de cincuenta años ella se fijara en mí.

Reí internamente por la idiotez que había pensado y me relaje en el sillón, cerrando los ojos y viendo como en mí mente se remolineaban distintas notas. Nota mental "Cuando vuelva a casa plasmarlas en una partitura".

No sé cuanto tiempo pase en estado de inconsciencia, sin dormir, solo desconectado del mundo, pero solo volví a la realidad cuando sentí un ligero peso en mí regazo y su esencia golpeo mis fosas nasales. Abrí mis ojos despacio, con miedo de que solo fuera mi imaginación jugandome una mala pasada, pero al abrir los ojos casi sonreí al verla mirándome fijamente con una mirada inocente. Pase mis manos por su cintura y deje que se acomodara mejor en mí regazó.

- ¿A qué se debe el que me abordaras de esta forma?- Murmure, bromeando.

-Quería preguntarte algo- Aclaró, escondiendo su cabeza en mí cuello.

-Pregunta pues.

-Bueno, resulta que Alice secuestro a Jasper en su habitación diciendo que tenían que tener una larga charla- Sonreí al saber que estaba alargando la cosa para retrasar la pregunta- Y Rosalie decidió dormir con Emmet para molestarlo con coqueteos sin llegar a nada y...

-¿Sí?- La alenté al ver que se quedaba callada

-Y bueno, no quiero dormir sola, me preguntaba... si... si... mm

-Querías preguntarme si me molestaría dormir contigo ¿cierto?- Termine al ver que se trababa. Y rogando por no haber errado en lo que quería pedirme. Bella asintió, aun con su cabeza escondida en mí cuello, reí suavemente y bese su cabello.

-Claro que no, princesa. No me molestaria dormir contigo para hacerte compañía- El aire se atoro en mis pulmones al sentir sus suaves labios presionando delicadamente contra la piel sensitiva de mí cuello.

-Gracias, Eddie

Solo asentí con la cabeza, ya que no me salía la voz. Bella definitivamente era mí pase asegurado a la locura. No paso mucho antes de sentir la respiración acompasada de Bella que me indico que estaba profundamente dormida. Con cuidado me levante con ella en brazos y me dirigí a su habitación, la deposite con delicadeza en su cama y luego de acomodarla, me recoste a su lado, abrazándola por la cintura, ella se volvió hacía mí, enredando su brazo en mí torso, soltando un pequeño suspiro.

-Te quiero, Edward- susurró, aun dormida y por segunda vez en el día el aire se atoro en mis pulmones. Aunque un calido sentimiento se extendió por mí pecho haciendo que la estrechara más contra mí