Queridísimos lectores, sé que echáis de menos la temática de la cárcel así que aquí os traigo un capítulo extra, que espero que os guste mucho.

Si no echáis de menos la temática cárcel no sé qué hacéis con vuestra vida, porque yo no vivo sin ella (?)


Midorima gruñó mientras empujaba con más fuerza sus caderas hacia delante, entrando de forma brusca en Takao, quién se agarraba a su espalda con ansia. Shintarõ clavó sus dedos en las caderas ajenas mientras volvía a embestirlo una y otra vez, repetidamente y encima de aquella gran mesa, por suerte lo suficientemente pesada como para no hacer que se desplazase.

Kazunari se dejaba hacer perdido en un mar de sensaciones y gemidos, temblando mientras el peliverde entraba y salía de forma fluida, chocando contra sus nalgas y haciendo rozar su miembro libre contra la camisa negra del uniforme. El propio uniforme de Takao se encontraba en el suelo, tirado de mala manera y cerca de los pies bien separados de Midorima, embutidos en sus zapatos negros.

Arañó con fuerza los hombros que estaba sujetando precariamente mientras elevaba ligeramente su cuerpo, llevando su espalda hacia delante y buscando mayor contacto.

–O–Oficial, ya…ya voy a…

Pero el reo no fue capaz de terminar la frase debido a la interrupción que ambos sufrieron en aquel momento. La puerta se abrió por completo y un sonriente Aomine trató de entrar por ella, con unos pequeños vasos en su mano izquierda.

–Shintarõ, ¿qué te parece si…? – En seguida, al darse cuenta de la situación –Midorima encorvado sobre el cuerpo de Takao, este obviamente desnudo de cintura para abajo y subido al escritorio, abrazando al propio oficial– su cara cambió radicalmente la sonrisa por una fina línea y unos ojos abiertos como si estuviese viendo la Muerte. Con paso decidido retrocedió y de nuevo cerró la puerta, a la par que decía:

–Veo que estás…algo ocupado en este momento…

–¡Daiki! – gritó Midorima, pero el mencionado ya había cerrado la puerta.

–Puedo volver…en otro momento y…. – habló desde el exterior.

Shintarõ, de color escarlata, volvió a girar su cabeza con el pelo totalmente revuelto hacia el preso que todavía estaba entre sus brazos, tratando de echarse hacia atrás para así salir de él. Kazunari no se lo permitió y se abrazó con mayor fuerza, acoplando sus piernas al agarre, cruzándolas por detrás de las caderas del más alto.

–¡Takao! – susurró el oficial al darse cuenta de que no podía salir.

–Oficial…no, no, no, no…por favor, por favor, por favor…déjame terminar…ya estaba…por favor, por favor, no puedes dejarme así… – Kazunari suplicó hablando rápido y con prisas, moviendo su cuerpo ligeramente instando a Midorima a continuar. Comenzó a introducir sus manos en el pelo verde y a mesarlo, revolviéndolo más, mientras repartía besos por toda su cara y mordisqueaba los labios ajenos, de nuevo suplicando. – Muévete…por favor, puedes castigarme luego, no, no, no puedes dejarme así….no ahora….

Midorima gruñó de nuevo ante la tensión de los brazos y piernas del pelinegro, que no le permitían salirse. Colocó sus manos en las caderas, justo donde las había puesto antes, ya con una marca rojiza en ellas, y volvió a moverse, más rápido y más fuerte. Se apartó lo suficiente hacia atrás como para volver a entrar de un golpe por completo, haciendo que Takao se estremeciese levemente y saltase, apretándolo todavía más. Kazunari volvía a besarle con ansias, más de las que Shintarõ empleaba al follárselo, realmente desesperado por alcanzar el orgasmo.

–Ah, ah…Shin…ya…por favor…sólo…sólo un poco más… – el oficial no dijo nada, siguió moviéndose con fiereza y succionando en el cuello del preso, envolviéndolo con sus brazos de la misma manera que él lo hacía, mientras Kazunari continuaba perdido en su mar de sensaciones.

El cuerpo de Takao se tensó por entero, ejerciendo más fuerza en sus músculos y se corrió, justo entre él y el oficial. Jadeaba y continuaba sin separarse.

–Takao, acabas de mancharme la… – Midorima trató de apartarlo un poco, ya que parecía una lapa contra su cuerpo, pero lo único que hizo fue conseguir que el agarre aumentase en tenacidad, tanto en sus brazos, como piernas e interior. Takao le sujetaba y le besaba con lengua, haciendo que la saliva se escurriese por una de sus comisuras – Kazunari…

El cuerpo del oficial tembló y terminó por venirse dentro del condón, suspirando después, con la cara roja ante el esfuerzo físico realizado. Takao le dio un corto beso en los labios mientras trataba de recuperarse, ambos jadeaban ligeramente.

–Gracias, oficial. – con una sonrisa y un beso en la nariz, lo dejó ir.

–Oye, Shintarõ…si estás muy ocupado o vas a tardar mucho…yo…yo…

–Joder, Daiki, espera, salgo ahora. – Midorima terminó de abrocharse el cinturón y se quitó la camisa negra, que contaba con un rastro blanco en la zona del vientre, dejándola en la silla.

Kazunari también se había puesto su uniforme de vuelta y observaba al oficial en camiseta de tiras, casi idéntica a la suya pero en negro – ¿acaso no vestía nada más que el negro?

Midorima chasqueó la le lengua y con la voz firme dijo "pasa" de modo el que el otro oficial volvió a entrar, esta vez sin encontrarse con alguna escena desagradable a la vista. Takao mantuvo su cabeza baja en señal de respeto –y algo de vergüenza– y musitó una despedida, antes de encaminarse hacia la puerta. Aomine observaba a Midorima, teniendo que elevar ligeramente la vista para verle directamente hacia los ojos, justo a punto de acribillarle con preguntas acerca de lo que estaba ocurriendo, pero en lugar de eso susurró:

–¿La gorra?

Midorima no reaccionó al principio, pues su cabeza no estaba pensando precisamente en eso, pero en seguida se dio cuenta de ello. En dos zancadas ya estaba en la puerta y alargó su brazo para, por muy poco, alcanzar su gorra de uniforme de la cabeza de Takao. Este se sonrojó al darse cuenta y tragó la saliva acumulada en su boca, para después sonreírle.

–Vete a las duchas, acaba de empezar el horario y es mi turno, así que no tendrás problema. Voy enseguida. – serio, como siempre estaba –excepto por los momentos que compartían en aquella mesa– cerró la puerta y no le permitió tiempo para despedirse.

Shintarõ se giró y volvió a su escritorio, sentándose en su sitio detrás de este. Aomine había colocado los vasitos a un lado de la superficie, evitando de forma intencionada el sitio dónde había estado sentado el preso.

–Había pensado que podíamos tomarnos apenas unos chupitos antes de tu turno, pero no pensé que fueras a estar…acompañado. – dejó caer como quien no quiere la cosa, sentándose en la silla enfrente al más alto, mientras este servía el alcohol de una botella que siempre había en su cajón.

–No es lo que crees, Daiki. – sentenció y acercó el pequeño vaso al otro oficial.

–Exactamente – corrigió mientras se rascaba la nuca y tomaba el vaso – no hay mucho que creer. Quiero decir, eso fue totalmente gráfico. Pensándolo seriamente jamás lo hubiese esperado de ti.

–Él comenzó. – se defendió Midorima, aunque nada convincente a ojos de Aomine. Ambos bebieron el contenido de los vasos de una vez.

–Sabes los problemas que te acarreará esto. No es por meterme ni nada, se supone que sabes que lo que haces, para algo eres tan oficial como yo. Pero no voy a decir que lo apruebe ni nada por el estilo.

–No esperaba tu "aprobación ni nada por el estilo". –imitó la voz del otro y rellenó los vasos – Más bien deberías estar echándome la bronca por acostarme con un preso, cosa que va totalmente en contra de la ley.

–No sé cuanto va exactamente contra la ley, porque no me pareció que estuvieses forzando al preso, aunque claro, éticamente…. – Aomine recogió su vaso y bebió de nuevo. Poco después Midorima asintió sin pronunciarse y bebió también. – Termínalo pronto.

–Es…es complicado. Él es diferente. – Midorima bajó la vista hasta sus manos, con los dedos entrelazos.

– Pero sabes que no es buena idea. – Aomine hizo un gesto comprensivo con sus cejas, arrugándolas un poco – Deberíamos volver a nuestros turnos, todavía te quedan cinco minutos de duchas y no has ido allí ni una sola vez por lo que puedo deducir.

Ambos se levantaron, Aomine recogiendo los pequeños vasos y Midorima colocándose la gorra. Justo antes de que el más alto abriese la puerta para que los dos saliesen, Aomine preguntó, ya que la curiosidad lo estaba matando.

–¿Lo de la gorra…? – no continuó la frase, dejó la incógnita en el aire.

–…parece ser que a él le gusta. – Midorima, sonrojado y un poco tenso, salió delante del otro oficial y se dirigió a las duchas a cubrir su turno.

Al llegar se detuvo y observó su reloj, técnicamente el sitio debería estar vacío y los presos deberían haberse dirigido al comedor para el desayuno. Entró a los vestuarios y comprobó que, de hecho, estaban vacíos, tanto un ala como la otra. Después entró en las duchas, una sala completamente vacía y un sonido de una ducha de la otra. Rodó los ojos y entró, con cuidado de no resbalarse.

–¿Queda alguien ahí? – gritó, pero nadie respondió. Resopló y caminó hacia el sonido, probablemente alguna ducha estaría estropeada o cualquier otra cosa, por lo que no se apagaba sola, como las demás.

Concentrado en no resbalar ni mojar demasiado sus lustrosos zapatos, no se percató de un cuerpo en el suelo, apoyado contra la pared de baldosas blancas, justo debajo de la ducha que todavía permanecía echando agua. Tan concentrado estaba que no se había percatado que aquel cuerpo era de un color moreno particular, que sus dedos conocían muy bien, con unas marcas en su cuello que su boca conocía todavía mejor.

–¡Takao! – exclamó, corriendo ya sin importarle el resbalarse –cosa que casi hizo que se cayese– y tirándose de rodillas al lado del preso.

Apartó el pelo mojado con una mano y con la otra sujetó el mentón de Kazunari, alzándolo. Takao se dejó hacer, aturdido, con los ojos llorosos y una ceja sangrante.

–Takao, dime qué ha pasado. Ahora. – Midorima estaba enfadado, enfadado de lo que le habían hecho al preso y enfadado de que hubiese ocurrido en su turno, en el momento que él se lo estaba saltando. Bajó su vista hacia abajo, Takao estaba mojado y algo magullado, pero no había más sangre. Se fijó en los restos de color blanquecino sobre su piel. – Takao. Respóndeme.

–Yo…yo…él…ellos… – Takao negó con la cabeza, llorando – Acababa de llegar y…Hanamiya…no le vi, los demás ya no estaban…pero salió de algún sitio. Me obligó…él…yo estaba llorando pero no paraba, casi no podía respirar y tenía arcadas…pero si le rozaba con los dientes me pegaba…me gritaba que se la siguiese chupando…

Midorima observó a Takao preocupado, fijándose que en su cara también había gotas espesas cercanas a la boca y los pómulos. Las limpió enseguida con sus propias manos, para después atraer al preso hacia sí. Abrazó su cuerpo desnudo y acarició su cabeza con ternura, mientras él seguía explicando amedrentado y tiritando levemente.

–Después vinieron los demás, ellos…ellos…me sujetaron contra la pared, cada uno agarrándome un brazo…y…él…él comenzó a follarme, yo seguía llorando pero sabía que no iba a parar, me estaba insultando mientras me lo hacía con mucha fuerza…dolía mucho oficial, muchísimo…

–Takao, no hace falta que sigas. Ya está, no es necesario que pienses en ello. – Ya estoy aquí.

Midorima sujetó el cuerpo entre sus brazos con fuerza y bajó su mano izquierda por la línea central de la espalda. Suspiró y se tensó, recorriendo su columna hasta sus nalgas, separándolas con cuidado y tanteando el terreno. Takao se estremeció, temblando con violencia y llorando de nuevo.

–Tranquilo, no voy a hacerte nada, tranquilo, iremos a la enfermería, pero primero...primero… – el oficial hurgó en el interior de Kazunari con sus dedos, separando la entrada y permitiendo que el semen saliese del interior, mientras el preso le abrazaba con fuerza, mojándole la camiseta y la espalda por completo.

Continuó moviendo sus dedos, obligando al cuerpo de Takao a expulsar todo chorreando, siendo consciente de lo dilatado que estaba. Kazunari no se quejaba, mantenía la boca cerrada llorando en silencio. Midorima retiró su mano y se levantó, elevando a Takao con cuidado.

–Tranquilo, ya está. No te ha hecho nada, no te hizo heridas. – probablemente Takao ya estuviese preparado gracias a la sesión de sexo que habían tenido antes en su oficina, de otro forma casi seguro que Hanamiya le hubiese hecho algún tipo de fisura interior. Su sangre ardía solo con pensar en el nombre del agresor, enervándose hasta más allá de su límite.

–O–Oficial, lo…lo siento… – pronunció entre murmullos el pelinegro – Sólo le traigo problemas…además se ha empapado…

–¿Qué? – exclamó confuso el más alto, mirándole a la cara. Le acercó un poco a la ducha que no se había detenido en ningún momento y comprobó que el agua tenía una temperatura estable, tirando a fría – No digas nada, quieto y métete ahí.

Takao obedeció y se dejó guiar hasta el chorro de agua. Midorima usó sus grandes manos para recorrer su cuerpo de arriba abajo con benevolencia y eliminar todo rastro del otro preso, de forma concienzuda. Después se irguió y con mucho cuidado limpió la sangre de su ceja rota, Hanamiya después de acabar la faena le había empujado con violencia contra la pared de las duchas, haciendo que su ceja se partiese contra estas y cayese al suelo, con la visión confusa y el dolor atacándole.

Sujetó a Kazunari por los brazos y lo sacó de allí, envolviéndolo en su toalla. Debatiéndose internamente entre si debía preguntarle si podía caminar o recogerlo directamente en brazos, se percató de como le agarraba para no caerse, ya que se estaba tambaleando. Resuelto, se agachó y lo cogió entre sus brazos, saliendo de allí y llevándolo a la enfermería con mucho cuidado. Jamás se perdonaría que aquello hubiese ocurrido.


Sé que parece corto, pero en realidad son más de 2,200 palabras.

Espero que os gustase, lamento mucho si habéis sufrido tanto como yo con Takao pero lo habéis disfrutado con mi Midorima atento y preocupado. Snif, juro que no es mi intención hacer las cosas tan dolorosas y eróticas al mismo tiempo.

Debido a mi falta de ideas con la temática prisión voy a dar el fic por finalizado, de nuevo agradeciendo a todas esas personas que lo han seguido y comentado.

Si algún día me vuelve la inspiración, escribiré el spin-off, en cuyo caso sería un fic aparte.

Preguntas, ruegos, dudas, gritos, ya sabéis.

Muchísimass gracias por llegar hasta aquí :D