Hola chicos, este capi es especial y por primera vez en esta historia les recomiendo una música especial para leerlo, porque fue esta y la escena en sí las que me inspiraron a la hora de escribirlo. Se trata de "Missing you" o "I miss you" de Beige, pertenece al OST de "Love in the moonlight" No se si vieron este k-drama, pero cuando vi la escena de la danza me dije, esto es lo que imaginé xD por eso se los recomiendo para la danza de Sakura. Como siempre, aclaro que los personajes de CCS no me pertenecen y esta pequeña historia surgió de mi imaginación y espero les guste y la disfruten tanto como yo he estado disfrutando al escribirla, bueno comencemos…
El príncipe de la máscara.
Capítulo 12
El cielo estaba completamente despejado, dejando que los cálidos y agradables rayos del sol llegaran hasta ella. Sakura había decidido tomar un pequeño descanso en uno de los columpios del jardín oeste, luego de finalizar su último ensayo. A esa hora de la tarde, nadie se paseaba por allí, por eso estaba aprovechando el silencio y la soledad que aquel sitio le brindaba.
Todo estaba listo para la noche. Habían preferido dejar el traje en la habitación de Tomoyo, evitando cualquier problema que se pudiera presentar, y ya Chiharu había hablado con el organizador de la fiesta, mostrándole una carta que su amiga, la bailarina, había escrito usando el sello de su compañía para notificar que solo realizarían la danza del cerezo en el viento por falta de bailarinas. Obviamente, el hombre estalló en furia, pero pudo coordinar bien los cambios de último momento.
En todo momento, Sakura trató de cumplir con sus obligaciones para no levantar sospechas, pero Shaoran no se la había dejado fácil. Solía aparecerse durante sus ensayos sin previo aviso y varias veces le había preguntado el motivo de sus prácticas.
—Es una sorpresa para mí hermano —le había dicho y, técnicamente, no le había mentido.
Soltó un largo suspiro. Sabía que Shaoran iba a regañarla cuando la reconociera, porque era más que obvio que identificaría su danza cuando el mismo la había ayudado a mejorar gracias a sus críticas. Por lo menos ya había ensayado algunas explicaciones…
Al levantar su mirada, vio a su hermano a lo lejos. Le había pedido el favor a Chiharu que le entregara una nota citándolo en ese lugar, aunque su amiga había estado completamente renuente a dejarla sola temiendo que el conde se aprovechara de la situación, pero Sakura tenía a necesidad imperante de ver a su hermano antes de la fiesta y no le importó tomar el riesgo.
Touya venía a paso apresurado y miraba a los alrededores, asegurándose que nadie lo estuviera siguiendo. Tenía casi dos semanas sin verlo, por eso no esperó a que él llegara hasta ella y se echó a correr en su dirección hasta lanzarse a sus brazos.
—Lo siento mucho, monstruo —dijo al recibirla.
—No tienes que disculparte, hermano. No ha sido tu culpa.
—Pero… mi madre… ella…
Al separarse de él, notaba la lucha interna en sus ojos oscuros. Entender que su madre era una mala persona y que le había hecho daño a una de las personas más importantes para él, debía ser horrible.
—Es tu madre, Touya. No puedes odiarla.
—Pero mira lo que te hizo, Sakura. Jamás creí que llegaría tan lejos.
—Olvidemos eso —dijo colocando sus manos en las mejillas de su hermano para levantar su mirada hacia ella—. ¡Feliz cumpleaños, hermano mayor!
—¿Dónde está mi obsequio? —preguntó con una sonrisa radiante.
Sakura sacó de sus ropas un papel perfectamente doblado y se lo extendió.
—Es el más largo hasta el momento.
Desde que Touya le había enseñado a leer y escribir, Sakura solía regalarle poemas en su cumpleaños. Algunos eran de agradecimiento, pero en general, solía usar palabras hermosas para mostrarle su afecto y admiración.
Touya desdobló el papel y leyó con emoción. Mientras sus ojos iban y venían a lo largo de la hoja, sonreía, y algunas veces hasta llegó a soltar una que otra risilla.
Ese poema era diferente a los demás, porque en él quería plasmar todos los sentimientos que tenía por su hermano y hacerle saber que, pasara lo que pasara, se mantendrían intactos. Nadie podría separarlos y mucho menos hacer que su cariño por él mermara, eso era lo que deseaba que su hermano comprendiera y por la mirada brillante que le estaba dando al terminar de leerlo, lo había logrado.
—No sabes… lo afortunado que soy al tener una hermana como tú.
—La afortunada soy yo. A pesar de que seas un gruñón.
Ambos soltaron una carcajada y luego, Touya la jaló para abrazarla con cariño, dejando un beso en su cabeza.
—Mi coronación se acerca, monstruo. Mi padre me ha dicho que será durante el festival de las flores… y con ella pienso darte tu lugar.
—¡No puedes! El reino podría…
—El consejo no podrá controlarme con eso, Sakura. No soy nuestro padre —dijo, soltando un suspiro—. No voy a permitir que te sigan denigrando cuando eres una princesa.
—Midori es la princesa.
—¡Tú también lo eres! Eres una Kinomoto, aunque no quieras aceptarlo.
Sakura sintió como si ya hubiera vivido eso con anterioridad y entonces, recordó a Shaoran. Él le había dicho las mismas palabras y no pudo evitar sonreír.
—Debes irte. Pronto comenzaran a buscarte, debes prepararte para la fiesta.
—Bien, pero no olvides lo que te he dicho, hermana. Serás la princesa que siempre debiste ser —dijo, caminando de espaldas, sin dejar de mirarla directo a los ojos—. Es una promesa que te hago.
—Disfrute de su fiesta, alteza —dijo despidiéndose con su mano.
Sakura se quedó mirando la espalda de su hermano. No deseaba que se metiera en problemas por esa promesa, por eso, aunque no se lo dijera, lo liberaba de ella. Que él tratara de darle su lugar como princesa podría desencadenar un sin número de conspiraciones en su contra y no deseaba que el reinado de su hermano comenzara así… ni mucho menos deseaba que pasara por situaciones parecidas a las de Shaoran por hacer lo correcto.
—Yo estoy bien así, alteza. No debe preocuparse por mí —susurró al viento.
En su campo de visión apareció Chiharu, haciéndole señas. Había llegado la hora de alistarse.
Juntas, se encaminaron hasta la habitación de Tomoyo donde la joven ya las esperaba. El hermoso traje descansaba extendido en la cama de su amiga y a un lado, estaba la preciosa máscara que cubriría su rostro. Era de color rosa con detalles dorados y una hermosa piedra brillaba en el centro, muy semejante a la de Shaoran. Flores blancas y rosadas estaban a los lados y de ellas caían hermosos listones y perlitas rosas que le daban un aire delicado.
—Realmente… me has dejado sin palabras, Tomoyo —dijo Sakura, tomando la máscara entre sus manos.
—Pude haber hecho más… pero el tiempo se me agotó.
—Estás loca, amiga. Esta máscara esta bellísima —dijo Chiharu.
—Tuve en quien inspirarme —dijo Tomoyo con una sonrisa.
Sakura sabía que estaba hablando de Shaoran, pues aquella máscara lucía como la contraparte femenina de la de él. A pesar de hacer todo eso por su padre y su hermano, no podía esperar a que Shaoran la viera con aquella ropa. Sabía que la reconocería al ver su danza, aunque llevara su rostro cubierto con aquella pieza tan bella.
—Vamos a dejarte hermosa, cariño. Midori se retorcerá de los celos.
No sabía de donde sus amigas habían conseguido aquel cofre de maquillaje, pero no importaba realmente. Tomoyo lo abrió y tomó uno de los pinceles para comenzar a maquillarla.
—Estuve practicando con mamá Hina —dijo—. No le expliqué para que deseaba aprender y ella tampoco preguntó… de verdad es una buena mujer.
—Debemos agasajarla con muchos abrazos y un pastel delicioso cuando esto termine —dijo Sakura con una sonrisa.
Tomoyo era delicada mientras esparcía los polvos con las brochas. Sakura le había dicho que no deseaba llevar demasiado maquillaje y por eso, solo se limitó a realzar la belleza natural de Sakura acentuando su mirada con sombras rosas y luego, pintó sus labios de color cereza.
—Hermosa.
—Es una lástima que no vayas a dejar ver tu rostro completo —dijo Chiharu.
—Ahora, el cabello.
Tomoyo deseaba que se lo dejara suelto, pero no les convenía dejar pistas de su verdadera apariencia, por eso, recogió el cabello de Sakura en una cola alta, dejando que algunos mechones salieran de ella en forma rebelde y entretejió su cabello con cintas moradas, rosas y azules.
Chiharu ayudó a Sakura a levantarse y comenzaron a vestirla. La suave tela la cubrió como si fuera una segunda piel y el traje resaltó las suaves y naturales curvas de su cuerpo.
Tomoyo colocó la máscara en el rostro de Sakura y el velo traslúcido color rosa en su cabello. Entonces, estuvo lista. Ambas se alejaron de ella y observaron su obra maestra finalizada con una sonrisa.
—Luces encantadora —dijo Chiharu.
—Ojalá hubiera una forma de retratar este momento —La mirada de Tomoyo estaba cristalizada.
Sakura caminó hasta el espejo de cuerpo completo que estaba en una esquina y el reflejo que le devolvió la dejó atónita.
—No… no parezco yo.
—Es la idea… pero sabemos que cierto príncipe te reconocerá de inmediato cuando te vea danzar —dijo Chiharu moviendo sus cejas.
Sakura sonrió. La reprimenda valdría la pena si podía sorprenderlo de buena manera.
—Espéranos aquí y no le abras a nadie. Vendremos por ti cuando sea el momento de la danza —dijo Tomoyo.
Sus amigas le dieron un abrazo, emocionadas, y salieron de la habitación, dejándola sola. En ese momento, fue cuando los nervios comenzaron a invadirla y a hacer estragos en su pobre estómago. Sakura camina de aquí para allá, tratando de calmarse, mientras se decía a si misma palabras de aliento para disminuir su ansiedad.
—No debes dejar que el miedo te domine, Sakura. Debes ser fuerte, te has preparado para esto, puedes hacerlo.
—La diosa Athor te ha bendecido con una belleza sin igual, mi pequeña niña —dijo una voz a su espalda.
Sakura se giró con rapidez y notó la presencia de una hermosa mujer que estaba sentada en el marco de la ventana. Era hermosa, la poca luz solar que entraba la hacía lucir casi celestial y su cabello rojo resplandecía como el mismísimo fuego.
—¿Quién es usted?
—Mi nombre carece de importancia, pero muy en el fondo sabes quién soy.
Tenía razón, Sakura sabía muy bien quien era aquella hermosa mujer, lo que no entendía era qué hacía allí y con ella.
—¿Me dirá cómo romper la máscara?
—¿Por qué deseas romperla?
—Porque debido a esa máscara las personas no han podido ver a Shaoran como realmente es.
La mujer se adentró en la habitación y se sentó en la cama de Tomoyo con movimientos elegantes y delicados. Se notaba que estaba disfrutando de la situación.
—Respuesta equivocada. La verdadera máscara, Sakura, es esta —dijo señalándole su rostro hermoso—. Algunas personas han dejado de apreciar la verdadera belleza humana y solo les interesa ver la belleza de su máscara. A veces un exterior hermoso no concuerda con la naturaleza del alma y un claro ejemplo es tu madrastra.
—¿Cómo… como usted lo sabe?
—Tampoco es de importancia… y mi tiempo se está agotando —dijo mirando hacia afuera de la ventana—. Te daré una nueva oportunidad. Revélame tu verdad y dime ¿Por qué deseas ver el rostro del príncipe?
Su verdad. Ni ella misma sabía porque deseaba con tanto fervor ver el rostro de Shaoran. Colocó sus manos en su pecho y al pensar en él, en su sonrisa y sus lindos ojos brillantes, sintió su corazón acelerarse. Fue entonces que las palabras brotaron solas de su boca.
—No deseo saber si su rostro es hermoso… pues me basta con saber que su alma lo es —dijo sonriendo al recordar los ojos resplandecientes de Shaoran—. Solo quiero… me encantaría ver sus expresiones en todo su esplendor. Apreciar sus sonrisas brillantes, sus ojos curiosos… su ceño fruncido cuando esté molesto… —soltó una leve risa y miró a la mujer—. Deseo ver su rostro porque forma parte de él… incluida su cicatriz y esa máscara no me deja hacerlo. Por eso… he llegado a odiarla algunas veces.
—Una respuesta más acertada, pero necesitas pulirla un poco más —dijo riendo—. No debes odiar a la máscara porque es ella quien te ha permitido ver todas esas cosas en él.
La mujer se levantó y fue hasta la ventana nuevamente.
—Pero… ¿Qué debo hacer para romperla?
—La respuesta está aquí —dijo señalando el pecho de Sakura—. No desesperes y disfruta de lo que la máscara te permite ver. Deja que las cosas sigan su curso.
Pasó sus piernas por la ventana y comenzó a caminar, alejándose de ella.
—¿Cómo hará para salir del palacio?
—Tengo mis trucos —dijo guiñándole un ojo—. Espero que tu danza salga bien… Estoy segura que nos volveremos a ver pronto.
Sakura tenía muchas más preguntas para ella, pero en ese instante, el ruido de la puerta abriéndose la distrajo, era Tomoyo quien venía entrando. Cuando volvió a mirar hacia afuera, Kaho había desaparecido.
—Estamos listos.
Sakura cerró sus ojos y respiró profundo, ya no había marcha atrás. Se giró hacia Tomoyo y sonrió, ese día Sakura encarnaría un papel diferente al que había desempeñado toda su vida. No sería la hija bastarda del rey, ella encarnaría una hermosa bailarina, justo como lo había sido su madre en vida.
Tomoyo le colocó una capa con capucha que la cubría completa, así no llamaría tanto la atención y podrían pasar desapercibidas hasta llegar al jardín central donde se estaba llevando a cabo la celebración.
A mitad de camino, se encontraron con Chiharu y el capitán Yamasaki que también llevaba una capa que cubría su rostro. Se había enterado del plan por mera casualidad, aun así, no evitó ofrecer su ayuda, diciendo que estaba dispuesto a todo para defender el honor de su rey.
—Le dará más realismo que alguien escolté a la señorita —dijo cuándo le ofreció su brazo.
Sakura sonrió debajo de su capa y tomó el brazo que el amable joven le ofrecía, mientras Chiharu y Tomoyo fingían ser sus guías por el palacio. En ningún momento levantó su mirada por temor a que alguna persona pudiera reconocerla, pero al salir de la estructura principal del palacio para adentrarse en el jardín central, la curiosidad le ganó la jugada, quedando maravillada por la vista.
Los caminos de grava que llevaban al centro del jardín estaban completamente iluminados por velas y los árboles floridos parecían brillar por las linternas de colores. Listones azules iban y venían de un árbol al otro y lo más impresionante, era la edificación que habían armado en el centro del jardín, donde podía ver de lejos a la familia real disfrutando del banquete de celebración, junto a sus invitados que estaban sentados en mesas distribuidas alrededor.
En el medio había un espacio libre, donde habían colocado un piso de madera octagonal con pilares en cada una de las esquinas, decorados con flores y listones, ese iba a ser su escenario.
—Se han lucido con la decoración —dijo Tomoyo y Sakura estuvo de acuerdo con ella.
—Iré a avisarle al organizador que la bailarina ha llegado —dijo Chiharu, perdiéndose entre las personas que allí estaban.
—Lo había olvidado. Aquí están los pétalos que me pediste —dijo Tomoyo, extendiéndole un pequeño saco color rosa que ocultó entre su falda—. Espero sean suficientes.
En esos momentos, no le importaba si eran o no sufrientes los pétalos que su amiga le había conseguido. Los nervios la estaban abordando nuevamente y su cuerpo comenzó a tiritar, ganándose una mirada curiosa del joven que la escoltaba.
—Usted sabe que mi afición es entretener a las personas con mis historias —dijo, apretando la mano que tenía alrededor de su brazo—. Pero, tomándola en serio esta vez, le diré algo que suele calmarme cuando estoy por entrar en una batalla.
—Son dos cosas diferentes —murmuró Sakura, pero el capitán movió su cabeza en negativa y se agachó un poco para verla con más claridad.
—Usted está por enfrentarse sola a todas esas personas, es una batalla —dijo sonriendo—. Solo dígase a sí misma "Esto es algo que solo yo puedo hacer" Nadie más que usted puede pararse allí y danzar de forma maravillosa. Ni yo, ni la princesa, ni el mismo rey. Solo usted. Por eso debe tener más confianza en sí misma.
Respiró profundo un par de veces y se dijo a sí misma las palabras que tan amablemente le había enseñado el capitán Yamasaki y luego… añadió las palabras que solía decir su madre. Eso le dio la confianza necesaria.
—Pase lo que pase, todo estará bien.
—Gracias a los Dioses ha llegado —dijo un hombre que venía con
Chiharu—. Estábamos nerviosos porque no habíamos recibido noticias suyas. Venga conmigo, por favor. Ya va a ser su turno de salir y debe prepararse.
El capitán Yamasaki la escoltó junto al hombre que debía ser el organizador del evento, dejando atrás a Chiharu y Tomoyo que la verían danzar de lejos, pues no tenían permitido el acceso a partir de allí.
La llevaron hasta unos hermosos biombos que habían sido dispuestos para que los bailarines y músicos se refrescaran, lejos de las miradas de los nobles que estaban disfrutando de la celebración.
—Cuando la música se detenga, haremos la presentación y usted debe caminar hacia el escenario para posicionarse en el centro. Esperará a que los músicos empiecen a interpretar su música y… bueno, ese será el momento de hacer su magia.
Sakura hizo una reverencia ante el hombre y asintió, dándole a entender que había comprendido sus instrucciones. Yamasaki la ayudó a quitarse la capa con cuidado, dejando a la vista el hermoso traje.
Los sirvientes y músicos que estaban por allí dejaron de moverse para poder apreciarla, haciéndola sentir pequeña y cohibida.
—Recuerde… "Esto es algo que solo yo puedo hacer"
Sakura respiró profundo y asintió, mirando al frente con valentía. Se recordó que en ese momento no era la hija bastarda del rey, sino una hermosa bailarina cuyo objetivo era hacer felices a sus espectadores. Les dio una sonrisa a todos y saludo con entusiasmo, como si esa no fuera su primera vez. Eso sirvió para que los presentes salieran de su estupor.
—Bien hecho.
Sakura le sonrió al amable capitán y aprovechó el momento para curiosear un poco. Todos los nobles de Lyriamir estaban presentes. El conde Sawada estaba sentado en la mesa donde estaban los miembros del consejo, junto al anciano Matsumoto, haciendo obvia y descarada la protección que el mayor le estaba suministrando.
Sondeó las mesas, una por una, tratando de ubicar a Shaoran, pero no fue hasta que dirigió su mirada hacía la mesa real cuando lo vio. Estaba sentado en una esquina al lado de Midori, quien no paraba de hablar y reír, tratando de llamar su atención. Como siempre, su figura no podía pasar desapercibida por su máscara y llevaba puesta ropas igual de elegantes a las que había usado el primer día que lo vio, solo que estas eran celestes con detalles plateados. Inmediatamente, sus mejillas se tiñeron de rojo y los latidos de su corazón se aceleraron.
«Tranquila, tienes el rostro cubierto. Nadie sabrá que eres tú» se dijo a sí misma, aunque ella muy bien sabía que esa reacción no tenía nada que ver con los nervios de antes, sino más bien con el joven que acababa de ver.
Touya estaba sentado justo al lado de su padre, hablando animadamente con él y de vez en cuando se giraba para hablar con Shaoran, interrumpiendo el monologo de Midori que estaba en medio de ellos. Esas eran las únicas ocasiones en las que veía a Shaoran mover sus labios y reír.
A su espalda, Yue y Eriol estaban vigilantes de cualquier hecho que pudiera atentar en contra de su señor e internamente rezó para que eso no ocurriera.
De repente la música se detuvo y vio al organizador pararse en el medio del escenario. Era hora.
—Suerte.
—No la necesito, recuerde que solo yo puedo hacer esto —le respondió Sakura con una sonrisa. Se quitó las zapatillas para dárselas y comenzó a caminar hacia el escenario.
—Esperamos que esté disfrutando amenamente de su cumpleaños número veinticuatro, alteza. Todos rezamos para que su vida sea larga, pues será usted quien continúe los pasos de su padre para llevarnos a un futuro próspero —dijo el hombre—. Hoy, quiero deleitarlos con una historia, pero no es una cualquiera, pues será narrada con una exquisita danza. Delicada, frágil y bella… la flor del cerezo cae del árbol a la tierra, hipnotizándonos con su hermosa danza al compás de una música que no podemos ver, ni oír, pero que de igual forma nos encanta y nos fascina… Es el cerezo en el viento.
El hombre bajó del escenario y Sakura, con pasos suaves y gráciles, subió a él y se posicionó en el centro, bajo la mirada atónita y furiosa de su madrastra. Tomó su posición inicial, haciendo una reverencia delante de su padre y Touya y espero a que la música iniciara.
Los músicos comenzaron a tocar la dulce melodía y a su compás, Sakura se enderezó y comenzó a moverse. Extendió sus brazos hacia arriba para dar el primer giro a la derecha y bajar sus brazos hacia la izquierda. Luego, volvió a elevarlos para dar otro giro hacia la izquierda y bajar sus brazos hacia la derecha.
—El pie izquierdo hacía arriba, mi cerezo. Dos giros a la derecha y da tu primer salto —Podía escuchar las suaves instrucciones de su madre en su cabeza y con alegría, las ejecutaba.
Extendió sus brazos a los lados y jugó con sus hombros, extendiendo su cuerpo hacia atrás. Luego, dio otro giro hacia la izquierda con su pierna alzada, haciendo que su falda ondeara de forma maravillosa, hasta posicionarse en frente de su hermano y su padre, dando, nuevamente, otra reverencia ante ellos. Su hermano estaba disfrutando de su danza, pero la mirada que encendió su corazón de ternura fue la de su padre. Era como si supiera que era ella quien estaba danzando… no, él realmente lo sabía, sus ojos orgullosos y cristalinos se lo decían.
Se levantó de nuevo y comenzó a caminar con suavidad a lo largo del escenario y, por primera vez, su mirada cayó en Shaoran. Pensaba que lo vería con la boca abierta o con sus ojos llenos de sorpresa, pero en vez de eso, el joven tenía su cabeza apoyada en sus manos entrecruzadas y la observaba con fijeza y una sonrisa ladeada adornaba sus labios.
Otro giro a la derecha y entonces, vino el segundo salto. No pudo evitar dirigir su mirada hacía Shaoran mientras sus piernas estaban extendidas en aquel vuelo. Su mirada estaba llena de picardía y orgullo, pues él la había ayudado a pulir ese salto en particular. Al caer sobre sus puntas, se mantuvo en esa posición por tres segundos y luego curvó su cuerpo hacia la derecha para hacer ondear sus mangas y falda al hacer otro giro. De un momento a otro, había dejado de danzar para su hermano y su padre, y ahora danzaba únicamente para Shaoran. Sus ojos verdes, ocultos detrás de aquella máscara, no se despegaban del príncipe que la tenía hechizada en cuerpo y alma.
Dio cuatro pasos rápidos hacia atrás para luego levantarse sobre su pierna derecha, extendiendo sus brazos hacia los lados y luego, tomando los pétalos que llevaba en el saquito que tenía escondido dentro de su falda, se encaminó hacia la mesa real. Comenzó a girar, dejando que los pétalos salieran de su mano, formando un remolino rosado a su alrededor. La idea inicial era detenerse justo en frente de Touya y dejar caer los pétalos sobre su cabeza, pues él era el festejado, pero el cuerpo de Sakura no se detuvo allí. Siguió girando y girando hasta detenerse justo en frente de Shaoran con su mano en alto.
Se acercó con lentitud y entonces, bajo su intensa mirada ambarina, dejó caer los pétalos de cerezo que le quedaban en la mano sobre su cabeza, rompiendo así el protocolo de la danza. Sin despegar su mirada de él, comenzó a retroceder para dar los pasos y giros finales, terminando justo en el medio del escenario. Se deslizó al piso haciendo una hermosa reverencia ante el rey y extendió su falda a lo largo y ancho, pues el cerezo por fin había llegado a su destino.
El lugar quedó sumergido en un completo silencio, hasta que su padre, emocionado, se levantó y comenzó aplaudir con esmero. A él, se le unieron Touya y Shaoran y luego, todos los presentes en general.
—¡Ha sido una danza maravillosa! —exclamó el rey, lleno de orgullo.
—Es cierto, majestad ¡Una danza única en su estilo! —dijo el anciano Matsumoto—. Aunque nos gustaría saber la identidad de tan talentosa bailarina.
Sakura, aun en reverencia, se tensó al escucharlo. Eso no estaba en sus planes y debía buscar la manera de huir de ese lugar antes de ser descubierta.
—El misticismo es parte de esta danza, señor mío —dijo el rey—. No hay nada más seductor que el misterio mismo.
Sakura soltó el aire que había retenido cuando los nobles rieron en conjunto. Se levantó y, manteniendo su cabeza agachada, comenzó a retroceder poco a poco.
—Aun así, deberíamos saber quién es la joven para darle una recompensa adecuada por tan maravillosa interpretación —esa había sido la voz de la reina.
«Estoy perdida» pensó con miedo y su cuerpo comenzó a temblar.
Varios objetos cayeron al piso de repente, asustando a los presentes, ella incluida. Levantó su mirada un poco y se dio cuenta que el responsable había sido Shaoran, quien se veía fatigado y se estaba sosteniendo la cabeza como si le doliera demasiado. El corazón de Sakura comenzó a bombear y sus pies estaban desesperados por ir a él.
Vio a Midori preocupada a su lado y sintió celos, debía admitirlo. Quería ser ella quien estuviera allí, ayudándolo y prestándole apoyo, pero era algo imposible cuando ella era una simple sirvienta. Jamás estaría sentada a su lado en una celebración como esa… nunca.
Estaba por bajar su mirada dolida cuando detalló que Shaoran estaba haciendo una pequeña seña con su mano derecha… como si estuviera diciendo "Vete".
«¡Esta fingiendo!»
Su padre también se acercó para apoyarlo y cuando lo vio alejarse junto a Eriol y Yue, no perdió más tiempo. Retrocedió con cuidado, aprovechando que todas las miradas estaban sobre la figura de Shaoran, y cuando bajó del escenario octagonal, se alejó corriendo, tratando de no llamar la atención. No se detuvo a buscar al capitán Yamasaki que tenía sus zapatillas, ni a sus amigas, lo importante era salir de allí.
Tomó uno de los caminos laterales que estaban poco iluminados y que llevaban hacia el ala sur del palacio, aprovechando las sombras para mantenerse oculta, tal cual lo había planeado con sus amigas en caso de emergencia. Se detuvo solo un instante para recuperar un poco el aliento, pero cuando miró sobre su hombro, notó que las mujeres del sequito de la reina la venían persiguiendo.
«¡Maldición!»
Echó a correr nuevamente, a pesar de que las pequeñas piedras del camino de grava le lastimaban los pies. Dio un par de vueltas, tratando de despistarlas, pero el problema era su vestuario que era perfectamente visible para cualquiera, por eso no la perdían de vista.
Intentaba zigzaguear entre los árboles o esconderse detrás de los arbustos, pero las mujeres eran demasiado rápidas y la veían antes de poder esconderse bien.
Atravesó un pequeño puente que pasaba por encima del gran estanque que rodeaba el jardín y, al cruzar por uno de los árboles, unos brazos la jalaron hacia un arbusto, aprisionándola contra un cuerpo. Sakura cerró sus ojos por inercia y cuando estaba por gritar, escuchó el suave tintineo de una campanilla.
—Ni se te ocurra gritar —susurró en su oído, haciéndola temblar.
Iba a contestarle, pero los pasos de las mujeres ya estaban cerca. Shaoran la pegó aún más a él y esperaron. Las voces agitadas de las mujeres se hicieron más audibles y pronto las tuvieron en frente.
—¿A dónde fue?
—¡Encuéntrenla! La reina desea saber quién es esa mujer que se ha atrevido a desafiarla —dijo el único hombre que las acompañaba. Era el mismo que la había azotado aquella vez.
Las mujeres asintieron y se dispersaron por el lugar.
—Maldita mocosa, ya verás cuando te encuentre y sepa quién eres.
Sakura se permitió respirar tranquila cuando el hombre se alejó de ellos a paso apresurado.
—Debemos salir de aquí. —Apenas en ese momento fue que notó la presencia de Yue a su lado.
—Aún no… alguien más quedó hechizado por la danza de tan hermosa bailarina —dijo, haciéndola sonrojar.
Shaoran volvió a apretarla contra sí cuando los pasos se hicieron más audibles. Sakura se embriagó al sentir el aroma masculino filtrarse por su nariz, y si no estuviera tan asustada, posiblemente hubiera suspirado.
Los pasos pertenecían al conde Sawada que pasó justo al frente de ellos sin descubrirlos y continuó su carrera, mirando hacia los alrededores.
—Hay demasiadas personas buscándola. No sé si nuestro plan funcione.
—Funcionará —dijo Shaoran, quitándose su capa para cubrirla por completo a ella—. Lo siento.
—¿Por qué se disculpa, alteza?
—Por esto.
Shaoran aprovechó su confusión para tomarla en brazos, haciéndola soltar un pequeño gritito por el susto.
—¡Bájeme, alteza!
—Sus pies están lastimados y necesitamos correr muy rápido cuando Eriol nos haga la señal, por eso le recomiendo sostenerse bien —le dijo con una sonrisa ladeada que la hizo sonrojar aún más.
Sakura estaba temblado en sus brazos. Estaba completamente abrumada por todas las sensaciones que él le provocaba.
—¿Confías en mí?
La respuesta era obvia, confiaba en él completamente y valiéndose de la calidez que se extendió en su pecho y de las ganas que tenía por aumentar el contacto entre ellos, pasó los brazos alrededor de su cuello.
—Siempre, alteza.
—Esto es demasiada miel… hasta para mí —dijo Yue, negando con su cabeza—. Allí está Eriol. Andando.
En vez de sonrojarse, Sakura sonrió. Un momento como ese difícilmente volvería a repetirse, por eso, prefería aprovecharlo al máximo memorizando su aroma masculino, la sensación de su piel contra la de ella, el suave aliento mentolado que salía de su boca… y el perfil de su rostro cubierto por aquella máscara tan hermosa y misteriosa.
Bien, capítulo doce listo :D Se que les parecerá corto, pero tiene su razón de ser hehe les prometo que el próximo capi valdrá la pena la espera :)
¿Les gustó la danza? Traté de narrarlo de la mejor forma posible :) para que sintieran como si realmente la estuvieran viendo y espero hayan usado la música que les recomendé u otra que pudiera inspirarlos a crear la escena :)
El capítulo que viene es especial para mí y espero que lo sea para ustedes también xD Estén atentos porque estoy considerando adelantarlo porque es la continuación de este… todo dependerá del ritmo al cual estoy escribiendo. Sin más que decir, espero que hayan disfrutado el capítulo y espero leer sus comentarios.
Un besote para todos.
