Estaba muy bien en sus fuertes brazos y aunque ella empezaba a ser algo más alto que él, se sentía amparada por su fuerza. No pasó mucho tiempo al abrazo que ella empezó a llorar desconsoladamente.
Vegeta le había ofrecido su hombro para llorar.
Capítulo 12: Postre
Se despertó con un gran dolor de cabeza y no recordaba cómo había llegado a su cama. Sólo recordaba el haberse quedado llorando sobre el hombro de Vegeta casi toda la noche y que éste había aguantado pacientemente. Quizás Vegeta no era tan cruel como aparentaba. La seria mirada que le dedicó la noche anterior no era de odio ni de desprecio, sino era una mirada penetrante que quería introducirse en ella, escudriñarla por todo su ser. Y lo que menos esperaba era ese abrazo que apartaba toda su soledad de encima y le permitía encontrar un momento de paz, un momento en el que pudo desahogarse. Lo estaba pasando muy mal, Yamcha no entendía que si quería seguir siendo su amiga, necesitaba un tiempo para reflexionar. No podía todo ocurrir de un día para otro, ni de una semana para otra, ni siquiera en un mes. No para ella.
No podía quitarse de su mente el abrazo. No podía, sencillamente. Le había sido tan agradable, que hasta se había levantado tranquila. Sin embargo le quedaba una duda todavía: ¿por qué lo hizo? Aunque la hubiera escuchado despotricar de la empresa competidora, aunque la hubiera escuchado decir que le habían herido el orgullo y aunque la hubiera visto sollozar, nunca hubiera pensdado que Vegeta sería capaz de consolarla de tal manera, con un simple acto, con un cálido abrazo que le ofrecía el hombro para llorar y soltar todo lo que llevaba reprimiendo durante mucho tiempo.
Vio que Vegeta no estaba en la cocina y se imaginó que estaría en la cámara de gravedad. Decidió que le daría una buena comida, de aquellas que hasta a un sayan le puede llenar el estómago.
Por otro lado, Vegeta estaba enfrascado en su entrenamiento, o mejor dicho, pensando en lo que había hecho la noche anterior. Estaba pensando en parar de dar patadas y sentarse a pensar, puesto que sus golpes estaban siendo inestables y para nada precisos. ¿Por qué había abrazado a aquella humana y dejado que llorara sobre su hombro? No lo entendía. Actuó sin pensar, al igual que cuando la cogió antes de que cayera enferma al suelo, al igual que cuando la recostó en la cama. Era su cuerpo el que se movía solo. Aquella noche había sentido la soledad de la mujer. Nunca pensó que una terrícola como ella pudiera sentirse sola, ella que tenía tantos amigos y parecía tener un carácter fuerte (y lo tenía). No pudo resistirse. Se sentía como ella y ambos necesitaban lo mismo: compañía. Pero estaba claro que nuestro príncipe no lo iba aceptar y, aunque lo sabía, se lo guardaba en una caja debajo del mar de su corazón.
Pensó otra vez en Bulma, y le dio rabia el pensarlo. Se transformó en super sayan. Increíble, cada vez le costaba menos. Pero le seguía preocupando que fuera pensando en ella. Luego cuando ya pensaba en derrotar a Kakarotto y al chico pelilila, entonces es cuando no se rendía y le aumentaban más la ganas de entrenar. Ya no había vuelta atrás. Ya tenía la resolución: aquella terrícola se había vuelto su mujer. Ya la había tomado varias veces, pero se había ido metiendo poco a poco en el juego del sentimentalismo en el que Kakarotto también jugaba. Tenía todas las de perder. Ahora ya no era lo mismo cuando la tomaba, ahora ya no hacía sexo y punto. Ahora lo hacía gozándolo a más no poder porque era ella. Y todo eso le costaba admitirlo, de hecho todavía no lo hacía del todo. Metió unas patadas con furia al aire. ¿Y ahora qué haría? Jamás se lo diría a esa mujer ruidosa, seguro que se burlaría de él o cualquier cosa similar. No. Además si ella no sentía lo mismo, no servía de nada. Y con esos pensamientos, aguantó más con el estado de super guerrero.
Cuando acabó el entrenamiento de la mañana, salió hacia la cocina. Allí se sorprendió porque vio la mesa más llena de lo normal y con lo que más le gustaba: la carne. Miró hacia dentro de la cocina y vio una feliz Bulma preparando algo más. Ella se percató y se giró.
- Buenas, Vegeta.
Bulma iba a preguntarle sobre el entrenamiento para ser amable, pero sabía que al guerrero quizás le incomodaba, puesto que no era muy sociable. No solían gustarle muchas preguntas. Así que menos le iba a preguntar por qué anoche la abrazó.
- En seguida está todo. Si quieres puedes empezar a comer. ¡Y de postre hay helado de chocolate!
Aunque Vegeta fuera muy serio, apartado y muy, muy, muy adulto, le perdía el chocolate. Era una de las cosas que más le gustaban del planeta Tierra. No le importaba cómo estuviera, mientras fuera chocolate, le gustaba y cuanto más negro, mejor.
Se dirigió a la mesa y empezó a engullir. Cuando llegó Bulma, él ya se había tragado un tercio de la comida. Ella sólo pudo que sonreír.
- Ah, Vegeta. - éste lo miró. - Gracias por lo de anoche. Me ayudó mucho. Y lo siento que tuvieras que cargar conmigo hasta el cuarto.
- Hmph.
Bulma ya se había acostumbrado a esa expresión. Era típica de él. No significaba ni un sí ni un no. En este caso se imaginó, o prefería imaginarse, que significaba un "no es nada" o un "no importa". Vegeta era así, no lo diría claramente, eso rebajaría su orgullo de príncipe el cual le reclamaba siempre ser el mejor y que le hicieran todo por él. Esa parte de él le gustaba, sí. Ahora claramente podía decir que le gustaba. Quizás era peligroso decir que se había enamorado del guerrero, pero podía afirmar que empezaba a gustarle, empezaba a querer tener más contacto con él. Ya sabía que no podía tratarlo como a Yamcha (aunque no quisiera pensar más en él). Vegeta era totalmente distinto, pero ella no sabía cómo la miraría el sayan si le proponía algo como una amistad o incluso una amistad con derecho a roce. Al fin y al cabo, ya se habían acostado varias veces para saciar su apetito. Quizás le contestaría que esos sentimentalismos nada más lo harían más débil o que nunca se podría juntar con una simple terrícola.
Con esos pensamientos Bulma no se dio cuenta que el sayan ya había terminado y la estaba mirando como la noche anterior, con esa mirada de querer ver através de ella. ¿Por qué la miraba así? Esa mirada hacía que se pusiera muy nerviosa y empezara a colorearse.
- ¡Uis, el postre! Ahora te lo traigo.
Fue a la cocina y sacó un plato de helado de chocolate decorado con trozos de chocolate blanco y negro. Notó cómo la mirada de Vegeta se abría un poco al verlo. Sabía que lo disfrutaría. Se lo dejó delante de él y notó como una especie de brillo alegre en su mirada. Ahora mismo parecía un niño más que ese apuesto y atractivo hombre que hacía un rato la miraba.
- Que lo disfrutes.
Bulma decidió dejarlo solo con su gozo. Así no tendría porqué reprimir la emoción que sentía. Se dirigió al laboratorio y allí fue recogiendo el estropicio que había organizado la noche anterior. Volvió a mirar los planos.
- Realmente estaba alterada. Esto tiene muchos fallos y es mejorable por aquí, aquí y aquí. Luego lo retocaré.
Al levantarse de coger las cosas del suelo, se percató que Vegeta estaba ahí de pie, apoyado en el marco, con los brazos cruzados. Ella se puso algo nerviosa. Él se fue acercando a ella hasta que estaban a escasos centímetros.
- ¿Te gustó el postre?
Pero Vegeta no respondió. Se acercó más y la cogió por la cintura, la sentó encima de la mesa y empezó a darle besos por detrás de la oreja, por el cuello y fue bajando cerca del pecho.
- ¡Ah, Vegeta, qué haces!
- Ahora viene el verdadero postre.
Eso ruborizó mucho a la chica y también la excitó. Le levantó la cara a Vegeta y lo miró a los ojos. Volvía a tener la mirada de antes y ahora tenían un toque seductor. Eso era irresistible para para ella. Vegeta era un hombre muy guapo. Le acarició la cara y luego sus manos fueron bajando por el su musculoso cuello, luego por sus anchos hombros y luego se arrastraron por el largo de sus fuertes brazos. Vegeta decidió entonces darle un suave beso, después fue bajando y, mientras le daba besos en el cuello, las manos subían y le acariciaba el pecho. Bulma estaba tanto sorprendida como excitada. Él le había dado un beso, eso para ella significaba mucho pero, ¿y para él? Quizás no era lo mismo. Igualmente estaba siendo tan delicado y tierno que no podía resistirse ni ser violenta, sino que quería seguir ese ritmo suave que por ahora el macho estaba poniendo.
Se volvieron a mirar y Vegeta le bajo la bata y le quitó el camisón, quedándose ella en ropa interior. Se sonrojó mucho e intentó taparse sin dar mucho resultado.
- No sé de qué te avergüenzas, no es la primera vez que te veo así. - le dijo con una voz un poco ronca.
No dejó que contestara. Se quitó los guantes que siempre llevaba y la acarició con sus manos por todo el cuerpo. Ella notó esa caricia. Sentía los dedos fuertes de aquel hombre y parecía como si la atrajera a él. Su manos se movieron solas y decidieron irle subiendo la camiseta hasta que ésta estuvo fuera. Entonces le empezó a acariciar las marcadas formas de sus abdominales son sus finos dedos, descubriendo cada músculo que tenía en el cuerpo.
Estuvieron prácticamente toda la tarde en el laboratorio juntos, disfrutando cada uno del cuerpo del otro, sudando, gimiendo y, según la versión de Vegeta, "haciendo un entrenamiento especial". Ambos acabaron cansados en el suelo del laboratorio de tal ritmo que habían llevado. No notaban ni el frío que les venía de abajo, más bien, les agradaba para así bajar un poco su temperatura corporal. Bulma volvió a mirar a Vegeta. No estaba serio del todo. Podía entrever un ápice de gusto, de paz. Él volteó la cabeza y la miró también. Vegeta empezó a adorar esos ojos azules, en ellos se podría perder durante horas. Eran realmente penetrantes. No se daba cuenta que Bulma pensaba lo mismo de los suyos, oscuros pero profundos.
No sabían que hacer después de tal "postre". Ambos se quedaron mirándose hasta que Vegeta se incorporó del suelo y se quedó pensativo sentado.
- ¿Cómo es posible que me haya dejado ir así? Creo que el hecho de convertirme en super guerrero me ha afectado, he tenido que pensar tantas veces con ella que al final... - la miró de reojo. - Pero hay que decir que es muy placentero juntarme con ella de esta manera.
Bulma se había dado cuenta que algo había cambiado en Vegeta, poco pero lo había hecho. Quizás si se lo decía se ofendería, así que mejor no diría tampoco nada. En ese momento se sentía plena y había gozado. Ahora le faltaba saber si él también lo había sentido como ella. Aparentemente, sí, pero, ¿sólo físicamente? Había sido diferente, muy diferente.
Esa noche Bulma debía ir a una reunión en una de las pequeñas empresas exportadoras de Capsule Corp.
Estaba en su cuarto arreglándose. A pesar que su cuerpo se movía solo, ya por costumbre, su mente no estaba pendiente de lo que se ponía o cómo se maquillaba; ella estaba pensando en Vegeta. No podía parar de darle vueltas. Quería proponerle que durmiera con ella, pero quizás eso era demasiado directo o la miraría de manera despectiva. Sabía que después de todo lo que había pasado en el laboratorio, tanto el consuelo que le dio aquella noche de desesperación como esa tarde de "postre", lo necesitaba a su lado. ¿Pero sería el adecuado Vegeta o él le diría que sería rebajarse mucho, que no se juntaba con humanos débiles? Demasiadas vueltas le daba.
Cuando acabó se miró al espejo, se hizo un guiño y se dijo a si misma:
- Ya se verá, todo llegará, seguro.
Bajó a la sala y, por un casual (¿seguro?), pasaba Vegeta con un refresco en la mano. Vegeta no era muy dado a algunos productos que los humanos comían, pero los refescros le sentaban bien después de un entrenamiento que sabía que reanudaría.
Aunque su cara pareció no cambiar según Bulma, a él no se le pasó por alto lo guapa que iba y lo atractiva que se veía con el conjunto que llevaba.
Vestía un precioso vestido azul cielo y negro algo ajustado. Era de tirantes pero sus hombros se tapaban por una pequeña chaqueta nada más de media manga también negra. Sus labios estaban pintados de un rojo carmín resaltándolos. La sombra de ojos era también negra, pero de una manera muy sutil, lo justo para que resaltaran sus grandes ojos. Estaba bellísima.
- Em... Vegeta, me voy a una reunión, quizás llego algo tarde. - dijo por decir. Al guerrero a no le interesaban estos temas. - Pero supongo que estaré para la cena. - creyó que eso sí que era un dato importante.
- Hmph. - Simplemente.
La reunión había empezado siendo realmente aburrida. Aunque Bulma era una de las personas más importantes y principales en la reunión, a penas estaba prestando atención. Los primeros discursos políticos que hacían los que habían organizado la reunión nunca le interesaban. Siempre era lo mismo, e incluso se hacían publicidad. Siempre eran buenos. A ella le gustaba más activarse cuando se hablaba de tecnología y dinero, de proyectos interesantes para el futuro, materiales que necesitaría, etc, ése era su punto fuerte y es donde demostraba que era mejor que nadie.
Pasó una hora y el pesado gordinflón que presidía la mesa todavía estaba dando la lata que si la empresa tal, que si la empresa cual.
Vegeta seguía su entrenamiento. Aunque había mejorado mucho, se sentía débil, orgullosamente hablando. Por su cabeza rondaba sin parar los últimos meses en Capsule Corp, lo que había hecho con Bulma, la manera en cómo la había deseado físicamente como... ¿como qué? Todavía no sabía cómo llamar a "eso" que estaba surgiendo de él. No podía seguir así, debía despojarse de todo ese sentimentalismo penoso que le estaban provocando los malditos terrestres. Pero no podía. Se sentía tan vencido ante la idea. Lo único que lo reconfortaba era saber que transformarse en Super Guerrero ya no lo cansaba tanto y podía manternerlo casi tanto tiempo como quisiera, que seguía teniendo odio a Kakarotto y que llegaría el día en que lo vencería.
Su golpes eran fugaces ante la última idea.
Después de tres horas largas y pesadas de charla, Bulma salió del edificio donde se había dado la reunión. Sentía el culo dormido de haber estado sentada prácticamente las tres horas. Únicamente se había levantado en el descanso de 15 minutos que daban para ir al aseo, a tomar un rápido café o fumarse un cigarro y después cuando tuvo que exponer/vender uno de los productos que la empresa quería exportar.
- ¿Dónde narices está mi cápsula del coche?
Estaba tan concentrada rebuscando en su bolso, que no se dio cuenta que alguien la observaba desde la parte oscura de la acera...
- Tengo un mal presentimiento. - pensó Vegeta descansando un poco.
Miró hacia el reloj.
- Tengo hambre.
Bulma seguía rebuscando en su bolso. Aunque era un bolso pequeño, cuando quería encontrar algo, no salía.
- Vaya, vaya... ¿qué tenemos aquí? - una voz masculina dijo a su lado izquierdo.
- Es una preciosa mujer. - dijo otra voz al lado derecho.
Bulma estaba asustada. Dos hombres la tenían rodeada.
- Yo... yo... si quieréis el dinero, os lo doy en seguida, de hecho, os... os podéis llevar el bolso entero. - tartamudeó una temblorosa Bulma.
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Comentario de la autora:
Según FanFiction, éste capítulo es el que más palabras tiene. Os ha gustado?
Bueno, últimamente he parado un poco la producción de fics por falta de tiempo, los estudios me reclaman más que otra cosa y creo que eso es más importante.
De esta historia tengo un capítulo más hecho que subiré la semana que viene si puedo, pero perdonadme que en Semana Santa no suba nada.
Itzel: sí, ya va siendo hora y no falta mucho, tranqui ;) Piensa que esta historia ocurre en unos 3 años :P
Magaly Cherry: Gracias por seguirme y por dejarme comentarios, te lo agradezco mucho!
Hasta el siguiente capítulo!
