Capítulo 12 Tarzán pecosa... y celosa.

El cuarto día de viaje seguía transcurriendo en el Mauretania, ya casi estaban a mitad del camino para llegar a Londres. Lo que no sabían algunos pasajeros es que, si en un viaje normal ya solo faltarían 7 días, ahora serian diez días para llegar. Esto porque el capitán Niven ordenó bajar la velocidad a 21 nudos, haciendo creer a quienes se dieron cuenta de la baja en la velocidad que se debía a una amenaza de bancos de iceberg y dado que era muy reciente el hundimiento del Titanic, ningún pasajero puso objeción.

Candy y Annie estaban en el lobby del restaurant ya era mediodía, ambas lucían un hermoso vestido de satín con listón en la cintura. El de Candy era blanco con cintillo rojo mientras que el de Annie blanco con cintillo azul. Ambas se decidieron por usar botas blancas y peinarse con una coleta alta.

-Ahora me doy cuenta que fue buena idea comprarme en Nueva York dos vestidos del mismo modelo, pero en diferente color de cintillo. Parecemos gemelas – dijo Annie sonriendo.

-Si tú lo dices Annie – opinó Candy riendo.

-¡Pero que hermosa sorpresa Candy!– exclamo el primer Oficial al ver a Candy en el lobby del restaurant.

-¡Hola Brian, que gusto verte también!. Mira ella es mi amiga Annie -dijo Candy con su habitual sonrisa angelical.

-Srita. Annie yo soy Brian Richardson primer oficial del Mauretania un gusto – se presentó Brian besando la mano de Annie.

-Mucho gusto Sr. Richardson, yo soy Annie Britter– saludaba Annie.

-Puedo saber ¿Qué hacen este par de hermosas señoritas?

-Gracias Brian. Vamos a desayunar tuvimos un contratiempo por lo que apenas tomaremos nuestros alimentos de la mañana -contestó Candy

-Pues permítanme decirles que estoy de suerte entonces. Porque yo tampoco he desayunado así que si me lo permiten me encantaría invitarlas a desayunar conmigo. ¿Qué les parece?

Las dos chicas se miraron una a la otra y después de un breve instante contestaron sonrientes -¡Aceptamos!

-En ese caso si me lo permiten – Brian le ofreció un brazo a cada una y orgulloso como pavo real se dirigió con ambas chicas al recibidor. Aunque era un hecho que a él solo le interesaba la rubia y en el desayuno aprovecharía para saber todo sobre ella y por supuesto quien era el famoso Terry.

-No tiene anillo de compromiso así que es un hecho que no está comprometida. Eso es buena señal – pensó el pelirrojo esbozando una sonrisa. -Díganme ¿ donde les gustaría desayunar en la terraza o la planta alta?

-Yo quiero la planta alta me da miedo estar tan cerca del mar – dijo Annie.

-Estoy de acuerdo en lo que ella quiera- apoyó Candy.

-En ese caso por favor una mesa para 3 en la parte alta- pidió Brian al hostess del restaurante

Eran un lujoso restaurant de dos plantas y una terraza en el primer piso. Los muebles con el entonces exquisito estilo Eduardiano de principios de siglo. Las paredes con finos acabados de renacimiento francés. La vajilla de porcelana fina y cubiertos de plata. El piso alfombrado y el techo con candiles colgantes de cristal. La vestimenta de los pasajeros que acudían a dicho restaurant terminaba por hacer ver la lujosidad que sobresalía. Caballeros con trajes desde estilo francés, hasta lujosos trajes de corte italiano y por supuesto no podía faltar el traje inglés. Las damas de igual manera con vestidos a la última moda utilizando telas como la seda, el satín y el encaje francés. Y qué decir de la joyería, perlas, diamantes, rubí, collares de oro y demás perlas preciosas. Era fácil distinguir por la vestimenta quienes pertenecían a la aristocracia y quienes a las familias más ricas de América y Europa.

-Gracias Brian – agradeció Candy al marinero por ayudarlas con su silla- Dime porque desayunas tan tarde ¿tenías mucho trabajo?

-A decir verdad estoy haciendo un trabajo extra que me solicito el capitán Niven y eso me llevo tiempo, pero lo agradezco así podre almorzar contigo y conocerte mas – mencionaba sonriente. A Annie le llamo la atención el ultimo comentario del marinero a diferencia de la pecosa que ni se inmuto – Y si no es indiscreción ¿viajan juntas o aquí se conocieron?

-Crecimos juntas en el Hogar de Pony, pero ahora yo viajo con mi madre – contesto muy segura Annie, ya no le avergonzaba sus orígenes.

-Si somos amigas desde la infancia, pero nos adoptaron por separado y hoy nos volvimos a encontrar después de mucho tiempo- explicaba sonriente la rubia.

-Vaya que bien. Ahora entiendo porque no la llevaste a la cabina de mando. Si yo fuera tú, hubiera llevado a TODOS mis amigos a conocerla, no cualquiera tiene ese privilegio - dijo Brian recalcando TODOS

-Lo mismo creo, pero apenas nos encontramos hoy… pero ahora que lo dices ¿crees que pueda llevar a Annie? - pregunto entusiasmada Candy mientras que Annie también emocionada intervino.

-¡Sí, yo quisiera conocerla por favor!

-Por supuesto que sí, sería un honor su visita. Solo traten que sea por la tarde que es cuando estoy de tiempo completo y las puedo atender.

-¡Gracias Brian!– exclamaron al unísono las chicas.

-Para mí es un placer conceder tus deseos Candy -profesó el marinero sonriendo y mirando fijamente a la pecosa.

Annie abrió los ojos sorprendida por semejantes palabras del marinero "Así o más directo" pensó, pero Candy con lo despistada que era seguía sin captar las intenciones de Brian.

-Insisto Candy si tienes MAS amigos no dudes en llevarlos ¿O solo Annie es tu amiga en este barco?

-Oh no, tengo más amigas y amigos que he conocido aquí, pero Annie es como mi hermana.

-Ya veo … pero insisto si tienes MAS amigas o AMIGOS, que signifiquen mucho para ti o les tengas CARIÑO llévalos.

-¿Yo puedo llevar a mi madre? sería muy especial para mí.

-Claro que sí Annie. ¿Y tú Candy no tienes a alguien que sea ESPECIAL para ti? – insistía el pelirrojo realmente quería saber quién diablos era Terry.

-Mmm podría ser, pero no estoy segura que quiera ir … - murmuraba pensativa Candy, Brian atento a la respuesta de la pecosa no dejaba de mirarla. Mientras la pecosa se preguntaba a si misma – No lo sé … mejor le preguntaré si quiere ir… además está enfermo, aunque si él no quiere le podría decir a Albert. – ¡Si le diré a Albert que vaya con nosotras! – termino por decir la pecas.

-¿Albert? ¿Quién diablos es Albert? ¿Acaso tiene más pretendientes?, bueno es linda… demasiado linda para no enamorarse de ella. – se dijo a sí mismo el marinero para después preguntar en voz alta- ¿Albert es tu padre adoptivo?

-Oh no es muy joven para eso podría ser mi hermano mayor, él es un buen amigo, justo en la madrugada me reencontré con él cuando iba a la enfermería hacia mucho que no nos veíamos

-¿Enfermería? ¿te sentías mal Candy? -pregunto Annie preocupada.

-Este... si ¿podemos comer y cambiar de tema?

-Si claro. – contesto desilusionado Brian, saber que significaba para la pecosa el famoso Terry llevaría tiempo.

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Mientras tanto en el camarote de Albert, Terry leía Los Miserables de Victor Hugo, sentado en la sala de estar. Mientras que Puppet y Clin jugaban por todo el camarote correteándose uno al otro. En un par de ocasiones hicieron que Terry los tuviera que esquivar para evitar que le cayeran encima. Por otro lado, Albert estaba en el estudio absorto en sus reportes. Era el 5to que analizaba y el resultado era el mismo: otro desfalco.

-¿Albert?…

-Si – contestaba seco el rubio al castaño.

-Por lo visto tu no comes, ya es la 1 ¿no tienes hambre? -preguntaba Terry mientras se acercaba al estudio.

-No, ya estoy bebiendo café gracias-contestaba Albert sin voltear a mirar a Terry estaba realmente absorto en su análisis.

-mmm deberías tomar té es mejor.

-Sí, pero soy americano, prefiero el café.

-Ya veo, pues si no te importa iré al restaurante a pedir que nos traigan algo. ¿te parece?

-Está bien cierra al salir por favor.

-Bien vuelvo enseguida. – Terry ya estaba en la puerta cuando Albert le gritó.

-¡Terry, a mi tráeme algo sin carne! ¡Amo a los animales así que no acostumbro comerlos!

-Ok Albert… ¿Qué? ¿a ustedes que les hace pensar que los llevaré? – decía Terry a Puppet y Clin que ya estaban en la puerta moviendo sus colas esperando que este abriera – Ni lo sueñen ya bastante tuve con tener que esquivarlos toda la mañana – el par de animalitos lo miraban con ojos tristes y ladeando la cabeza – Vaya ¿por qué no pueden ser como mi yegua Teodora? No se queja cuando se queda descansando en las caballerizas…. – los animalitos ahora hacían un pequeño gemido de tristeza - Esta bien pero pobre de ustedes si arman un lio en el restaurant o yo mismo los hago bufanda. Vamos.

Terry se dirigió al restaurant junto a Clin y Puppet. La hermosa mofeta iba en el hombro de Terry mientras que Clin caminaba a su lado.

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En la terraza del salón de caballeros George y el Sr. Legan tenían una acalorada discusión sentados en una de las mesas del rincón.

-Sr. Leagan ya se lo he comentado varias veces, el Sr. William no viaja en este barco el viene en el Lusitania, yo me adelante para dejar a la señorita Candy en su nuevo colegio.

-Por Dios George, … -murmuraba el sr. Leagan dando bocanadas a su puro ligeramente nervioso – esa mocosa ¿señorita?, seguro sedujo a sus primos para que la ayudaran a que el abuelo la adoptara.

-Sr. Leagan honestamente llevo media hora aquí con usted por algo que se suponía era urgente. Si va a insultar a la SEÑORITA Candy me retiro tengo cosas que hacer. Le guste o no es la hija del patriarca de su familia. Así que por lo mismo y por el cariño que le he tomado le ordenó que la respeté. – dijo George indignado poniéndose de pie para marcharse.

-Usted no ira a ningún lado Sr. Villers- amenazo el Sr. Leagan tomándolo del brazo.

-Pero ¿qué dice?

-¿Cuál es tu precio George?

-No entiendo de que me habla- contestó serio George.

-¡George Villers déjate de actuaciones! Se perfectamente que esa junta es para desprestigiarme.

-Bien Sr. Leagan quiere que hablemos claro. ¡Perfecto! Se de sus desfalcos, sé que termino con toda la fortuna de la Tía Elroy y está por terminar con la suya y todo por esos estúpidos negocios que a escondidas hizo para levantar sus hoteles en Florida con la ayuda de personas de dudosa moral. Así que no intente negarlo – dijo desafiante George.

-Entonces lo admites. Quieres meterme a la cárcel.

-No se equivoque Sr. Leagan. Yo no lo meteré a la cárcel ni el Tío Abuelo. En todo caso le pediremos devuelva cada centavo que tomó. Si no lo hace a quien deberá rendir cuentas es al clan escoces y por supuesto a la tía Elroy.

-¡Maldita sea George dime tu precio o pagarás! ….

-¿Me está amenazando Sr Leagan? Sepa que pierde su tiempo le debo mucho a la familia Andley así que mi lealtad esta con ellos. Pero que sabe usted de lealtad. ¡Suelteme! – exclamó el Sr Villers mirando despectivamente a su interlocutor y soltándose furioso del agarre del Sr. Leagan.

-Mide tus palabras George. Soy más que tú -murmuraba con rabia el hombre.

-Me retiro Sr. Legan no veo sentido a esta discusión. Ah y por cierto, no intente escapar llegando a Londres. En el puerto de Southampton lo estarán esperando para ir directo a Escocia. Con permiso. – George se dio la media vuelta y salió.

Por su parte el Sr. Leagan estaba temblando de coraje, su plan de comprar a George para que eliminara toda evidencia en su contra no sirvió, definitivamente George era leal. Y fumando desesperado su puro le entregó un mensaje al mesero con una buena propina – Encárgate de entregar este mensaje de inmediato a esta persona de la 3ra clase. Y sin fallas.

El mensaje decía brevemente "No aceptó, nos vemos en el lugar acordado"

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Terry estaba por llegar al restaurant junto con sus dos peculiares acompañantes de cuatro patitas, cuando de pronto se cruzó con una bella pelirroja de ojos azules como el cielo y sonrisa encantadora. En más de una ocasión Terry le confesó a dicha pelirroja que solo le faltaban las pecas para ser perfecta.

-¿Pero a quien tenemos aquí?, ¡A mi aristócrata favorito y mas guapo de todo Inglaterra! -exclamó sonriente Gabrielle Montecarlo.

-¡Gabrielle! – gritó Terry con un sonrisa de oreja a oreja.

-¡La misma, ven déjame abrazarte! -La mujer sin esperar se lanzó a los brazos del buen mozo caballero inglés. Abrazo que el castaño correspondió sin titubear para después darse un beso en la mejilla

-Eres un malo mira que ya llevamos 4 días en altamar y no te has dignado en invitarme a comer -dijo la mujer sin soltarse del abrazo de Terry.

-No sabía que estabas en este barco, de saberlo ya te hubiera llevado a cenar o mejor aún …a jugar en el casino de mi amigo Charlie -contestó Terry con un guiño.

-Ya lo creo, pero como has estado muy entretenido con una rubia muy linda, ni cuenta te diste que viajo contigo.

-Vaya que no pierdes detalle sobre mí.

-Jamás sabes que te adoro – la mujer le dio otro tierno beso en la mejilla y suspirando continuó - …. Odio a tu padre mira que hacerme tu madrina de bautizo, ahora, aunque me divorciara no podría casarme contigo. ¡Sería como casarme con mi hijo adoptivo!

Terry soltó a reír por la ocurrencia de su madrina y siguiéndole el juego continuo - ¿qué diría mi padrino Lord Hamilton y futuro Márquez de Nottingham si te escuchara? Aunque si hubieras tenido pecas hubiera hecho a un lado las buenas costumbres y me escapaba contigo a Escocia.

-Eres más ocurrente que yo – exclamo riendo la mujer - Bueno ya no más juegos. Mejor dime donde queda ese casino, he oído hablar de él, es más llévame con tu amigo Charlie y en el camino me platicas que has hecho.

-A decir verdad bella dama, me dirigía al restaurant para pedir que llevaran algo de comida al camarote de un amigo ahí comeré.

-¿Y por qué no comes en el restaurant yo te acompaño? Podemos pedir que le lleven su comida a tu amigo a su camarote.

-¿Y qué hago con este par? – contestó Terry señalando a sus dos acompañantes de 4 patitas.

-Ah ya veo …. ¿Quiénes son tus amiguitos? -preguntaba la pelirroja agachándose para ver detenidamente al par de animalitos.

-La mofeta es Puppet y el coati es Clin.

-Bueno, no creo que haya problema la Marquesa de Bouvier siempre carga a su gran danés. Podemos comer en la terraza. Mira yo cargo a Puppet y tu entras con tu hijo Clin. Lo bueno de ser aristócratas es que a diferencia de los ricos que pagan por un buen lugar a nosotros nos ruegan por estar en el, porque les damos más status, así que estoy segura permitirán a este par de aristócratas entrar con sus adorables mascotas.

-Estas loca Gabrielle – dijo riendo Terry.

-Respeta a tu madrina, vamos Puppet Montecarlo y tú también Clin Grandchester – dijo Gabrielle abrazando a Puppet.

Terry soltó a carcajadas mientras se encaminaron al restaurant - Mi abuelo se volvería a morir si escuchara que su honorable apellido ahora lo lleva un coati.

-Va tu abuelo sí que hizo cosas que realmente mancharon el honorable apellido de los Grandchester. Pero el poder le ayudo a que nunca se supieran y solo fueran rumores. De hecho, tu abuelo tuvo el descaro de proponerme matrimonio aun estando casado… pero se obsesionó con otra linda mujer y dejo su obsesión por mí. Nunca supe quién era esa chica solo que al igual que yo apenas tenía 16 años.

-No sabía ... ¿qué más sabes de mi abuelo y mi padre?

-Se muchas cosas, pero si tu padre no te las ha contado es por algo.

-Bienvenidos caballero, mi lady – saludaba el hostess del restaurant.

-Mesa para … 4 en la terraza por favor – contestaba Terry.

El hostess los escolto a su mesa, estaba ubicada en la terraza del primer piso del restaurant con la vista hacia el océano que después de la lluvia lucia encantador. En la mesa para cuatro Terry se sentó dando la vista al mar y Gabrielle se sentó a la derecha de su ahijado. Mientras que a Puppet y Clin los sentaron en las otras dos sillas sobrantes, el mesero les llevó un par de cojines para que alcanzaran la mesa. Sin duda Gabrielle tenía razón ser mascotas de ese par de aristócratas les daba muchos privilegios.

-Aquí tienen la carta. Les puedo hacer una recomendación – mencionaba el mesero.

-Antes podría llevarle este platillo a este camarote y déjele este recado -pidió Terry entregándole una nota al mesero.

-Claro que sí, voy a solicitarlo al chef y enseguida vuelvo por su orden. Con permiso -dijo el mesero retirándose.

-Gabrielle, ya que hablamos de rumores ¿conoces a Eleonor Baker?

-Claro que sí, justo fui a verla hace unos días estuvo fenomenal, que actuación, que porte su mirada es única, que encanto de actriz definitivamente sacaste sus oj… -Gabrielle de inmediato cerro la boca por lo que estuvo a punto de decir

-Gabrielle… ¿Qué ibas a decir? – preguntó intrigado Terry.

-Mesero ya tengo mi orden – decía Gabrielle tratando de esquivar la pregunta.

-¡No! quédese allá hasta que yo le diga. – intervino Terry gritándole al mesero – MADRINA te hice una pregunta – preguntaba amenazante el castaño.

-Solo me dices madrina cuando estas molesto conmigo…Terry quieres que tu Padre me mate ¿verdad? - dijo asustada la mujer.

- ¿Madrina? -Terry miraba fijamente a su madrina y al ver lo asustada que estaba bajo la guardia y tomándola de la mano continuó con un tono menos agresivo - Lo sé todo Gabrielle, sé quién es ella.

La mujer se sorprendió por las palabras de Terry acto seguido bajo la cabeza apenada y continuó diciendo – Perdóname Terry debes entender que si nunca te lo dije fue …

-Por el Duque – termino diciendo Terry a lo que Gabrielle solo asintió - Gabrielle si dices que soy tu adorado Terry deberías demostrármelo diciéndome toda la verdad, estoy cansado de que entérame por otros de mis orígenes. -continuo molesto el castaño.

-Supongo que ya no eres un niño. Pero debes entender que hay verdades que te lastimaran ¿seguro que quieres saberlas? – decía Gabrielle mientras acomodaba un mechón de Terry detrás de su oreja.

-Por supuesto -contestó aun molesto el joven.

-De acuerdo, pero solo te contaré las que yo vi con mis propios ojos, el resto debes hablarlo con tus padres. Pero más tarde, pidamos de comer y quita esa cara que de malas no te contaré nada.

Gabrielle realmente adoraba a Terry y aunque no perdía oportunidad de decir al mundo entero lo buen mozo que era y que siempre seria su adorado Terry, lo quería como a su hijo después de todo era su ahijado.

La pelirroja y su ahijado consentido junto con sus 2 peculiares acompañantes Clin y Puppet comenzaron a tomar sus alimentos. Desde que Terry fue internado en el colegio y con los viajes que hacia su madrina ya casi no se frecuentaban así que aprovecharon para contarse todo lo que habían hecho desde la última vez que se vieron. Después de todo Gabrielle y su nana Isabel fueron como una madre para él, ya que la Duquesa era una bruja con él, siempre que el Duque se ausentaba la cara de cerdo no perdía oportunidad para tratarlo con desprecio y hacerle ver que haría lo que fuera para que él jamás heredara el Ducado de los Grandchester.

La plática entre madrina y ahijado después se centró en Terry y su ultimo año en el colegio, desde como ganó el torneo de equitación en el San Pablo, sus excelentes notas pese a no ir casi nunca a clases y como conoció a un Inventor que le hacia sus trabajos de Física a cambio de que él le hiciera las de literatura. Y por supuesto como una pecosa le robo el corazón.

La guapa pelirroja se sentía orgullosa por lo que no dejaba de darle mimos a su querido Terry, lo cual no paso por alto una rubia pecosa de ojos color verde esmeralda que desde hace rato no les quitaba la vista. Los veía desde el segundo piso de restaurant. Sin decir nada y para evitar una escena como la de anoche decidió desquitarse con su comida.

Cortando por milésima vez su filete que de tantos cortes ya parecía tiras de espagueti, arrancando con el tenedor su pobre lechuga, masticando cruelmente sus verduras y asesinando con la mirada a la pobre de Gabrielle.

-Candy te sientes bien nos ha dicho nada desde hace un rato- preguntaba Annie asustada por la inusual actitud de su amiga.

Y es que desde que Candy vio como Terry tomo de las manos a la pelirroja su cabecita comenzó a maquilar como desaparecer a un mocoso engreído y una pelirroja sin dejar rastro. La respiración de la pecosa era como la de una pantera enjaulada esperando salir para atacar.

-Estoy bien Annie – contestaba entre dientes Candy mientras asesinaba la papa horneada de su platillo ensartándole el tenedor con tal fuerza que, si su plato no fuera porcelana, seguro hubiera traspasado hasta la mesa.

-En ese caso ¿si estás de acuerdo que vayamos más tarde a la cabina de mando? quiero conocerla -mencionaba Annie tratando de ver hacia donde dirigía Candy su mirada fulminante mientras ahora degollaba las zanahorias.

-Bueno Candy si gustas voy a pedir el vino- intervino Brian a lo que Candy solo contesto "adelante" y daba una mordida a su pobre pan como león a su presa.

La pobre comida de Candy estaba sufriendo los celos de la pecosa que estaba furiosa por ver como su adorado Terry era mimado por una pelirroja que era bastante guapa y muy elegante. Pero "la mecha para que ardiera Troya" fue cuando de pronto vio como Gabrielle comenzó a abrazar y darle mimos a su querido Clin.

-¡Suficiente! – gritó Candy poniéndose de pie y aventando los cubierto justo cuando el mesero servía el vino a Brian haciendo que se derramara en el pantalón del marinero. Algo que a Candy no le importo pues se dirigía hecha una furia a la mesa de Terry y esa pelirroja mimadora.

-¡¿Candy a dónde vas? espera ¿qué tienes por qué te pones así?! – preguntaba Annie asustada tratando de seguirla.

-A saludar a un AMIGO y recuperar a MI mascota- contestó furiosa la pecosa.

Clin vio a lo lejos que se acercaba Candy junto con Annie y sin dudarlo corrió a saludar a su querida ojiazul pues hacia mucho que no la veía.

-Clin estas también aquí, - el pequeño coati alegre se retorcía en los brazos de la pelinegra. – Hay que alcanzar a Candy o va a matar a alguien ven vamos.

Candy llego a la mesa de Terry y su acompañante. Y con sonrisa angelical pero con la voz molesta saludó -Buenas tardes espero no interrumpirlos.

-Candy que bueno que estés aquí – dijo sonriente Terry levantándose para saludar a su pecosa.

-¿Te parece? aunque te veo muy bien acompañado.

-Candy… ¿y ese tono? – preguntó extrañado Terry – Mira déjame presentarte ella es …

-No me importa quién es solo venia por Clin … -decía la pecosa que después sorprendida vio a la mofeta del Albert comiendo felizmente su ensalada - ¿Puppet tú también?... Es el colmo, ¡vámonos! - Candy tomo a la mofeta. Y al estirarse para alcanzarla sin querer (o tal vez si fue a propósito) tumbo la copa de vino haciendo que casi se derramara sobre el vestido de Gabrielle.

-Pecosa, ¿por qué hiciste eso? – dijo Terry que seguía extrañado por la actitud de su pecosa.

-No fue a propósito además no le paso nada. Con permiso- se despidió Candy mal humorada y caminando de prisa mientras abrazaba a la pobre de Puppet que sentía asfixiarse por el agarre de la pecosa celosa. Annie la siguió, aunque seguía sin entender que le pasaba a su amiga.

-¡Y ahora que mosca le pico! – gritó Terry alzando las manos.

-Creo que esta celosa – dijo Gabrielle con cierta risa burlona.

-Ay no …otra vez no – decía Terry pasándose las manos por sus cabellos, acto seguido salió de prisa para alcanzar a su pecosa. No sin antes toparse con Brian que lo miro con ojos fulminantes algo que Terry contestó con la misma mirada. Si las miradas mataran…

-Esto lo deben saber Martha y Madeleine -Gabrielle exclamó entusiasmada - Mesero cárguelo a mi cuenta – y de prisa se levantó para salir directo a buscar a sus amigas.

Candy no dejaba de caminar a toda prisa, paso por el gran salón, subió por las escaleras, llego al salón de lectura hasta llegar a la segunda chimenea del barco es decir la Colina Marítima de Pony.

-Candy espera ¿me puedes decir que te pasa? Ya me cansé de seguirte – exclamaba molesta Annie que estaba agotada por seguirle el paso a la rubia celosa con pecas.

-Lo siento Annie, pero necesitaba salir de ahí o hubiera lanzado al mar a ese mocoso engreído – contestó Candy que poco a poco su enojo se convertía en desilusión.

-¿Entonces ese chico era Terry? ahora entiendo te dio celos por verlo con otra.

-No solo verlo con otra Annie… no paraba de hacerle cariños …. ¡hasta Clin se dejó mimar! – el pobre coati agachaba su cabeza y corrió a esconderse detrás de las piernas de Annie.

-Pecosa por fin te encuentro. – dijo Terry que llegaba corriendo y agitado - ¡¿Se puede saber ahora que hice para que salieras corriendo y fueras tan grosera con Gabrielle?!

-¿Gabrielle?, hasta la tuteas… pues lindo nombre. – Candy le dio la espalda estaba tan enojada que si el corazón colgante de rubí no fuera legitimo ya tendría varios rallones.

-Candy basta no me lo hagas otra vez y me tengas como idiota. Así que dime ¿qué te pasa? – pregunto molesto.

-¿Que me pasa? ¿Quieres saber que me pasa? -reto Candy con ojos llorosos.

-¡Si me hace favor la princesa pecas!

Annie, Puppet y Clin decidieron tomar asiento y presenciar la discusión entre los dos rebeldes del Mauretania. A la izquierda Candy y a la derecha Terry. Cada vez subían más el tono de su voz y por lo visto ninguno cedía. Parecía que competían por ver quién podía hablar más fuerte. Los ojos del trio de espectadores iban izquierda, derecha, izquierda, derecha, arriba, abajo, de un rincón a otro. No decían palabra estaban atentos pues temían que en cualquier momento el pobre de Terry sufriera una bofetada o peor aún, una muerte cruel y dolorosa.

-Ayer te creí, pero ahora vi con mis propios ojos como esa mujer te abrazaba, te tomaba la mano, y hasta te daba de comer. Niégamelo. – dijo Candy ya con voz molesta creía tanto en su caballero, pero como negar lo que vio.

Terry se sentía de cierta manera alagado de que su pecosa estuviera celosa y decidió desquitarse por hacerlo correr como idiota por todo el barco para alcanzarla. – Pues ahora que lo dices no es la primera vez que ella lo hace, a decir verdad… me gusta que lo haga – dijo orgulloso.

-¡Ahora aparte de engreído hasta cínico eres! – dijo la pecosa que comenzaba a sentir como le hervía la sangre por la desfachatez de su caballero.

-¿Qué tiene de malo? desde que la conozco lo hace. Y no me molesta que lo haga – continuaba Terry con tono arrogante.

-Mira tú, … Terry retráctate… no lo digas solo para hacerme enojar.

-Es la verdad… he de confesarte que muchas veces también dormí en sus brazos.

-"Lo va a Matar " -pensó Annie abrazando a Puppet y Clin quienes taparon sus ojitos con sus dos patitas delanteras. Pronto habría un pasajero menos en el Muretania.

-¡¿Qué?! ¡y osas decírmelo! -Candy alzo la mano para darle una bofetada, pero Terry alcanzó a tomarle la mano, después la atrajo hacia el abrazándola fuertemente y acercándose a su rostro. Le dio el Décimo Beso. Era un apasionado, posesivo y arrebatador beso. Terry estaba dispuesto a hacerle entender a su rubia celosa con pecas que su corazón solo era para ella y si tenía que hacerla entender a punta de besos, gustoso lo haría.

Annie estaba sorprendida "Wow eso es un beso" pensó. Era mucho mas de lo que imaginaba y si así besaba Archie definitivamente le agradaba la idea.

Candy se separó bruscamente intentaba alejarse de Terry pero este no dejaba de mirarla sujetándola fuertemente de sus pequeñas manos. Y es que la pecosa estaba dispuesta a abofetearlo en cuanto la soltara.

-Basta Terry no me agrada lo que dijiste. Déjame ir.

-No te enojes pecosa tú tienes la culpa por no escucharme. Dime ¿Qué tiene de malo que te diga que mi madrina me besa, me abraza y me da de comer desde que era un bebé?

-¿Tu madrina? -preguntó sorprendida la pecosa, sus ojos y la de sus tres espectadores se abrieron de par en par por semejante confesión. Ahora la rubia debía una disculpa.

-Sí, mi Madrina de bautizo para ser exactos, te lo hubiera dicho antes, de no ser porque fuiste muy grosera pecosa.

-Yo… no sabía... lo siento. – dijo ahora apenada la rubia.

-¿Esos modales te enseñaron en el Hogar de Pony?

-¡OYE! -gritaron al unísono Annie y Candy.

Terry se sorprendió de escuchar una segunda voz, por llegar de prisa no se había dado cuenta de sus 3 espectadores. Entre ellos la tímida Annie.

-¿Y tú quién eres? -preguntó Terry con el ceño fruncido a la pelinegra.

-Yo me llamo Annie Britter, también crecí en el Hogar de Pony. Y nos educaron MUY BIEN para que lo sepas – contestó tímidamente Annie tratando de sonar retadora.

Terry soltó a Candy para acercarse a Annie, y tomando la barbilla de su espectadora comenzó a inspeccionar su lindo rostro como si fuera un objeto de estudio científico.

-Del Hogar de Pony eh, pero… ¿por qué no tienes pecas?

-¿Eh?…

-Si Tímida, ¿por qué no tienes pecas?

-A decir verdad… en el Hogar de Pony Candy era la única niña con pecas - contesto tímidamente la Tímida.

-¿En serio?, tengo suerte entonces. -Terry por fin soltó a la pobre Annie que ya temblaba de miedo, Terry sí que tenía una personalidad intimidante. Después no pudo evitar mirar los vestidos de ambas y extrañado preguntó - ¿Y por qué están vestidas igual? ¿Acaso van a un desfile?

-¡No vestimos igual!, Candy lleva cintillo rojo y yo azul son diferentes. Podríamos hacer varias combinaciones con nuestros vestidos para que jamás se vean igual.

Terry alzo las cejas y resopló – Vaya, si qué harías buena pareja con el Elegante... Como sea, Pecosa me debes una disculpa por mal pensada.

-Lo siento mi cabecita se dejó llevar, debes entender que es reciente lo de la bailarina pulpo. Pero mi corazón siempre confió en ti – dijo con puchero Candy y acto seguido abrazo a Terry.

Terry por su parte acepto el abrazo y sin decir nada le dio un tierno beso en su cabecita rubia. Escena que hizo suspirar a los tres espectadores.

-Clin y Puppet creo que será mejor irnos para no hacer mal quíntuple. – dijo Annie sonriente.

Los tres espectadores se retiraron felices de ver a la pareja especial del Mauretania reconciliarse. Pero un cuarto espectador que los miraba a escondidas no se puso nada feliz al contrario se puso furioso pues ahora ya sabía quién era el famoso Terry y lo que significaba para Candy.

-Candy creí que el impulsivo era yo pero …

-Lo siento creo que con tantos besos me pegaste algo de tu genio – dijo Candy agachando su cabeza y jugando con sus dedos.

Terry rió por el comentario y continúo diciendo mientras abrazándola la sentaba en el barandal del barco quedando frente a ella – En ese caso tendré más cuidado y tratare de pasarte solo lo bueno de mí. ¿Puedo darte el Onceavo Beso? -pregunto tomándola de la barbilla.

-Supongo que te lo mereces por mi rabieta… -contestó Candy mordiéndose tímidamente el labio inferior.

Terry no espero más y le dio el Onceavo Beso a su pecosa. Mientras la mantenía abrazada y los dos rebeldes sentían el aire de la tarde. Terry saboreaba lentamente los labios de su amada, para después jugar con su lengua que cada vez le gustaba más. Era tanto el éxtasis que sentía cuando la besaba, que solo pensaba en abrazarla con tal fuerza que pareciera que eran uno solo. Pero recordó que estaban a plena luz del día y un lugar que podría ser visto desde lejos y como caballero no dejaría que la reputación de su pecosa estuviera en entre dicho. Así que con todo el dolor de su corazón y sus deseos se alejó de ella suspirando.

-Si besará cada peca que tienes imagino que llegaríamos a Londres antes de que termine.

-No te burles.

-Me encantan tus pecas, ¿ya te lo había dicho? - mencionaba Terry ayudándola a bajar del barandal sin dejar de abrazarla.

-No, solo dices que te gustan las pecas.

-Bien, pues ahora te confieso que me encantan tus pecas -Candy ahora no se puso roja como tomate ni se le derritió el corazón, mejor aún, aprovecho la cercanía con su caballero inglés para darle un beso.

-¡Hey pecosa! me robaste un beso, -dijo sorprendido Terry, pero feliz por el atrevimiento.

-¡Ese fue el Doceavo Beso!, yo también puedo sumar a la cuenta – decia Candy con una enorme sonrisa.

-Los que quieras, pero no recuerdo que el Duque te diera autorización para cortejarme.

-¡Pues no necesito la autorización del Duque! … ay ahora ya me oigo como tú – dijo Candy y después se aferró al abrazo de Terry. Cada vez más se daba cuenta que no había mejor lugar para ella que estar en sus brazos. El castaño no pudo evitar volver a sentir miedo, cada vez le costaba más soltar a su pecosa, sentía que si lo hacia la perdería para siempre.

-¿Te sientes mal Terry? - preguntaba Candy al ver a su poeta perdido en sus ideas - No debemos estar aquí el aire está más frio. Vamos por tu medicina.

-Candy ¿alguna vez has tenido sueños extraños que parecen casi reales?

-Pues no, pero últimamente he tenido un sueño muy recurrente donde Stear y Archie lloran por mí. ¿por qué lo preguntas? ¿tú también?

-Desde que salimos de Nueva York, sueño que el Duque está llorando por mi junto a esa mujer en la iglesia del Real Colegio San Pablo.

-Terry, supongo que por el Duque te refieres a tu padre ¿verdad? ¿Por qué no le llamas padre? ¿no te llevas bien con él? ¿y esa mujer es tu madre?

-Haces demasiadas preguntas - dijo Terry soltándose del abrazo de Candy - Ya vámonos Candy no me siento bien.

-Terry…

-¿Vas o te quedas? – dijo malhumorado Terry dándole la espalda a Candy y dirigiéndose al elevador. El recordar la relación con sus padres lo ponía de mal humor.

Candy desconcertada por el drástico cambio de humor siguió a Terry que iba enojado, pero con una mirada triste. Y comenzó a preguntarse a sí misma - ¿Por qué Terry se enojó de pronto cuando pregunte por sus padres? ¿Qué es eso que hace que Terry se ponga así al hablar de ellos? Ahora que lo pienso nunca ha mencionado a su madre, los pocos comentarios que hace sobre su niñez siempre son acompañado de su padre, su abuela e incluso su nana Isabel, pero jamás menciona la palabra madre. Además la otra noche estaba llorando. ¿Cuál es el secreto de Terry?

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Cookie entraba de prisa a la cabina de mando para hablar con el Capitán Niven.

-¡Capitán acabo de descubrir algo importante!

-¿Te refieres a..?

-Sí Capitán, lo encontré está en la bodega.

-¡Excelente Cookie! Bien no perdamos el tiempo y vamos de prisa.

Cookie y el Capitán Niven se dirigían presurosos a la bodega cuando en el camino se encontraron a un furioso primer oficial.

-¿Y a ti que te paso? ¿te peleaste con la botella de vino? – pregunto riéndose Cookie al ver el desalineado y manchado uniforme de Brian

-No te burles Cookie- contestó furioso el pelirrojo.

-Brian ve de inmediato a cambiarte no puedes portar el uniforme de esa forma, en cuanto termines te veo en la bodega con tus muchachos de prisa – ordenó el Capitán

-Si capitán lo que ordene.

-Vamos Cookie no hay tiempo que perder.

El capitán iba extasiado no podía creer lo que Cookie había encontrado, el material con que querían hundir el barco, pronto seria incautado ahora solo faltaba una cosa: encontrar al culpable.

Continuará.

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Hice a Albert vegetariano. Siempre me pareció extraño que siendo un defensor de los animales aceptara una cacería de zorros para la presentación de Candy. Pero bueno Mizuki y sus cosas raras.

Sabía que el personaje de Annie causaría molestia, pero … les puedo adelantar que tal vez la amaran al final de esta historia. Ya vienen las peleas Brian vs Terry y Sarah vs Madeleine. Lamento no darles más pistas del rufián, pero sería como contarles el final.

Y como siempre lo digo, gracias por tomarse el tiempo para hacerme saber sus deseos y sus hermosos y motivantes comentarios. Lucero Santoskoy, skarllet northman, Angye, dianley, Gaby, Eli, Blanca G, Miriam7, Aurora, Clover, Annie Cano, Phambe y todos los Guest.

A quienes me acaban de agregar a sus favs y follows muchas gracias Mary Andrew, dulcealice, xiory, .7792

Les mando un abrazo y buenas vibras