Antes que nada una enorme disculpa; espero que hayan tenido una feliz navidad, fin e inicio de año y San Valentín.
Sé que no tengo perdón, pero les cuento: Amén de los compromisos familiares propios de las fechas pasadas, tuve una seria crisis existencial de fanfict. Si se preguntan por qué, les diré que por el descubrimiento de la publicación de Assatte Inuyasha. No sé si habrán oído hablar de eso, pero si no, les recomiendo que lo busquen en google o Youtube, son unas publicaciones de historias o capítulos posteriores a la serie de anime, que tratan sobre los personajes de Inuyasha, y que cuentan con la anuencia de Rumiko Takahashi; son discos de audio con las voces originales japonesas; y en ellas nuestro nunca bien ponderado y orgulloso Lord del Oeste, declara su amor a Rin; si, como lo leen, la duda se despeja el dúo Sesshomaru y Rin, es cannon. Y es él quien se declara y de hermosa forma, a su manera, pero muy hermosa.
Es por eso que no encontré sentido a mi historia que trata sobre la evolución en los sentimientos de estos personajes hasta llegar a amor, y lidiando con la difícil personalidad de mi hermoso demonio peliplateado, cuando en assatte, éste no tuvo reparoS en admitir sus sentimientos por Rin.
Pero bueno, finalmente, he decidido seguirla. Ahora, les aclaro que el capítulo que subo no es la continuación de la historia donde la deje; es un capitulo adelantado en desagravio por el tiempo que les he hecho esperar; es un capítulo que será un parte aguas en la historia, porque a partir de este todo empezará a ser diferente, e introduzco un personaje nuevo, de creación propia, que tendrá relevancia en la relación de nuestra pareja protagonista.
Luego de éste, a partir de la próxima semana, publicaré el que sigue al último publicado.
De verdad una disculpa, y sin más que decir:
A LEER.
Capítulo adelantado: DONCELLA CELESTIAL
-Endimion- Reconoció Sesshomaru alzando una ceja. ¿Has venido a buscarme? Dijo con reto en la voz, mientras posaba su mano en bakusaiga, en señal de advertencia.
-Sesshomaru. Exclamó el youkai con altivez, siguiendo cada uno de sus movimientos.
-¿Pero qué sucede contigo?, ¿Es que tu convivencia con los humanos ha disminuido tu increíble inteligencia? - preguntó con mofa, levantando una ceja.
–Porque de otra manera, -continuó- no me explico cómo puedes hacer esa pregunta tan estúpida; ¿acaso piensas que viajé desde tan lejos sólo para admirar el paisaje nocturno?
Y luego, con una mirada que vislumbró el profundo desprecio que sentía, y una sonrisa siniestra en los labios, concluyó:
-He venido por tu cabeza.- Al tiempo quesacaba su espada y se colocaba en posición de ataque.
-Como siempre. -contestó Sesshomaru, sin expresión alguna - hablas demasiado.
Y se lanzó al ataque con bakusaiga resplandeciente en su mano derecha. El Daiyoukai del Norte se abalanzó a su encuentro; estaban a punto de concretar el primer ataque cuando, de pronto, una fuerte sensación atravesó sus sentidos como si se tratara de una flecha, y los frenó de súbito; una extraña energía se hacía presente, llamando poderosamente la atención de los combatientes, especialmente la de Sesshomaru.
Se separaron inmediatamente colocando distancia entre ellos, quedando suspendidos en el aire, inmóviles, espada en mano; ambos aguzaron sus sentidos, tratando de localizar el lugar del que provenía esa esencia, y al mismo tiempo, dirigieron su mirada hacia el horizonte.
Sesshomaru no supo exactamente de qué se trataba pero había algo en esa energía que le resultaba vagamente..; no, mejor dicho, muy, muy conocido; con rapidez olfateo el ambiente, buscando alguna fragancia, algún indicio, lo que fuera, que despejara sus dudas, pero no lograba identificar qué era o de quien provenía; lo que más lo intrigaba, era que a medida que esa energía se hacía más fuerte, más atraído se sentía hacia ella, como si inconscientemente respondiera a un llamado que sus sensibles oídos no podían escuchar; curioso, elevó su youki tratando de ubicar el punto exacto de dónde emergía ese extraño poder.
El Daiyoukai retador observó a Sesshomaru con el rabillo del ojo; continuaba escuadriñando a lo lejos con su fría mirada; parecía totalmente concentrado en esa tarea, ajeno a todo lo demás. Le parecía exagerada su actitud; ciertamente esa energía era extraña y poderosa, pero..., ¿por qué se mostraba tan interesado en ella? Tenía cientos de años conociéndolo y nunca lo había visto tan distraído, menos durante la batalla; tenía la impresión de que podía atacarlo en cualquier momento y ni cuenta se daría; ¿qué demonios le pasaba?
Lo miró indignado; lo ignoraba como si se tratara de un insecto insignificante al que podía eliminar con un solo golpe, ¿acaso pensaba que podía ignorarlo de esa manera y no morir en el proceso? Terriblemente molesto, levantó su espada dispuesto a acabar con su vida de un solo tajo; pero justo en ese momento, Sesshomaru enfundó a bakusaiga, y se dirigió hacia el oeste a toda velocidad: había localizado el punto exacto donde se originaba esa poderosa esencia; estaba situada a poca distancia del lugar en que se encontraban sus acompañantes; no parecía maligna, pero la idea de que se hallara tan cerca de Rin, no le gustaba nada; lo mejor sería investigar.
-No escaparás de mi, Sesshomaru.- Gritó Endimion siguiéndolo a toda velocidad a pocos metros de distancia.
–No molestes, después lidiaré contigo- contestó el aludido, con fastidio en la voz; y acto seguido, aprovechando la velocidad de su contrincante, se detuvo, y en un rapidísimo movimiento que tomó por sorpresa al daiyoukai del norte, con precisión milimétrica, asestó un fuerte y certero golpe con su látigo venenoso; un golpe que casi atravesó la mano con que empuñaba su espada, lo que provocó que involuntariamente la soltara y cayera hacia el suelo.
-Maldito seas,… te mataré-, exclamó el youkai con profundo desprecio, mientras observaba su mano humeante del veneno recibido; su mejor arma, la emblemática espada llama del norte, orgullo de su reino, herencia de su extinto padre, perderse en la oscuridad de la noche, y a Sesshomaru alejarse con rapidez.
El lord del oeste sonreía para sus adentros, sabía que Endimion no dejaría de lado esa espada ni siquiera por seguirlo, aunque también era consciente de que no ganaría mucho tiempo, ese youkai no tardaría en encontrarla y alcanzarlo.
Endimion agudizó su vista buscando en las penumbras la espada que consideraba su más valioso tesoro; la encontró totalmente enterrada en el suelo, río abajo, no muy lejos del lugar de su encuentro con Sesshomaru; inmediatamente la desenterró y escuadriñó el cielo nocturno en busca de su rival, pero no pudo vislumbrarlo, el muy maldito se había alejado bastante; elevó su youki tratando de encontrar el del peliplateado, y en segundos supo hacia dónde dirigirse; pensó en seguirlo por tierra, para tomarlo por sorpresa, así que echó a correr a toda velocidad.
El Lord del Norte, era un youkai muy poderoso; joven y fuerte, con múltiples habilidades y ningún temor por sus enemigos; sin embargo, respetaba y reconocía el poder de Sesshomaru; muy en su interior, admiraba su poderío y su innegable capacidad para ocultar sus emociones más allá de lo posible incluso para un demonio; realmente, le parecía emocionante la idea de enfrentarse a él con todo su poder, porque pensaba que era el único enemigo merecedor de tal privilegio.
Apresuró el paso deseoso de concretar ese encuentro, y a lo lejos vislumbró el haz de luz que surcaba el cielo nocturno a gran velocidad; era él. Sonrió; sabía que jamás lo iba a alcanzar volando, porque Sesshomaru era definitivamente más veloz; pero en tierra, bueno, su naturaleza felina contaba otra historia.
A medida que avanzaba podía sentir, además, esa energía tan especial; si, era poco común, jamás en sus casi mil años de vida, había sentido tan extraño poder, parecía ser, a falta de otra definición, demasiado puro y… ¿atrayente?, se cuestionó; bien, aunque no fuera su principal objetivo, se sabía a pocos momentos de conocer esa particular fuente de energía; aumentó su velocidad; ocultó por completo su youki (habilidad que muy pocos demonios poseían), y se colocó justo debajo de su objetivo; pronto llegaría el momento de atacar.
Si bien podía ocultar su esencia demoniaca, no podía hacer lo mismo con su olor, y el viento del oeste no estaba a su favor; Sesshomaru sabía que lo seguía pocos metros atrás, y que esperaba el momento oportuno para atacar, y estaba alerta; no obstante, contra toda lógica, se sentía más invadido por el inexplicable e irrefrenable deseo de alcanzar esa energía que parecía poseerlo, que por la excitación que normalmente le precedía a la batalla; era increíble, aún para sí mismo.
Aumentó su velocidad hasta que pudo distinguir, todavía a buena distancia, una especie de resplandor de un color muy particular que iluminaba con sutileza un claro del bosque, cerca del ojo de aguas termales; extrañado, redujo su velocidad, descendió hasta la altura de las copas de los árboles, y ocultó completamente su youki; quería acercarse lo suficiente como para que su aguda visión le permitiera observar al misterioso ser dueño de esa escencia.
Estaba cerca de lograr su objetivo cuando, de pronto, sus fosas nasales se vieron invadidas por el desagradable olor de su enemigo; dio vuelta con increíble rapidez desenfundando a bakusaiga, Endimion lo había alcanzado y se encontraba a su espalda, varios metros arriba, empuñando su espada.
-Sesshomaru… ¿a dónde ibas con tanta prisa?, ¿acaso tratas de escapar de mi? Cuestionó con una sonrisa llena de burla. -Ya te lo dije, he venido por tu cabeza, y no me iré sin ella- Dijo al tiempo que levantaba su espada y se lanzaba al ataque.
Sesshomarulevantó su espada para ir a su encuentro cuando, inexplicablemente, pudo observar como Endimión detuvo repentinamente su ataque y se quedó suspendido en el aire sin razón aparente, y como el verde aguamarina de cada uno de sus ojos se convertía en dos puntos de lava ardiente; si, ese maldito demonio tenía la habilidad de ver en la oscuridad, y se encontraba observando hacia un punto en particular, situado a sus espaldas; molesto, pudo ver con extrema claridad como su semblante se relajaba, para manifestar una clara muestra de complacencia, de casi.. embeleso.
Pese a su imperturbable faz, estaba sorprendido, no se explicaba el porqué del repentino cambio de su oponente; por toda respuesta, y más para sí mismo que para su rival, Endimión comentó:
-Vaya.., conociéndote, debí imaginar que no podía tratarse de una mujer ordinaria; aún así, no puedo imaginar los planes que tendrás para ella, o de qué forma podrás utilizarla.
Sesshomaru lo miró sin comprender ¿De qué demonios estaba hablando?, o mejor dicho ¿de quién?; justo en ese instante, sintió como la poderosa energía que antes lo había atraído, aumentó su fuerza, llamándolo irremediablemente una vez más; desconcertado, volteó lentamente hacia atrás, dispuesto a localizar aquello que le llamaba tanto la atención… no solo a él; y al hacerlo, su aguda visión y la luz de la luna llena que adornaba el firmamento, le permitió ser testigo de la escena más inverosímil que hubiera podido imaginar; aquella que lo cambiaría todo… para todos; aquella que llevaría impresa, grabada en su memoria, por el resto de su larga existencia.
Ahí estaba, era ella…, era Rin. Se encontraba a orillas del remanso de aguas termales, sentada en flor de loto; tenía los ojos totalmente cerrados; las palmas de las manos unidas, y los dedos entrelazados, justo a la altura de su pecho, como sumida en una profunda meditación; y una extraña y sutil energía de color rosa y dorado, se desprendía de su cuerpo rodeándola por completo…, como protegiéndola.
Abrió más sus ambarinos ojos ante la sorpresa y luego reparó en algunos otros detalles: Ella se encontraba casi desnuda, ataviada solo con unas extrañas y pequeñísimas prendas de color blanco que cubrían sus senos y la parte baja de sus caderas, dejando todo lo demás al descubierto; bajo la breve cintura y reposando en sus caderas estaba el cinturón de cuentas color dorado que antes le había observado y que pensó utilizaba como parte del extraño vestuario regalo de la mujer del inútil de Inuyasha, y que ahora brillaba en forma intensa y pulsante.
Su larguísimo cabello, totalmente mojado, caía en cascada en todo su grácil cuerpo, adhiriéndose a su espalda, torso, senos y caderas, emulando pequeños brazos acariciantes de color ébano, que contrastaban maravillosamente con su nívea piel que, bañada por los pálidos rayos lunares, lucía perlada, adiamantada.
El paisaje circundante; la luz de la luna llena, el vapor que emanaba del agua caliente que matizaba la extraña luz que de ella surgía; la posición en que se encontraba y su innegable belleza; todo, cada elemento, conjugó en armonía tal que ofreció a los expectantes ojos demoniacos una imagen tan increíble que parecía irreal, que se antojaba casi… divina, pero no por eso menos sensual.
El corazón del Lord del Norte latió con fuerza, y pensó que esa frágil humana era el ser más bello, el más exquisito que había visto jamás; y entonces la quiso, la deseó para él.
El Lord del Oeste, muy dentro de sí mismo, creyó estar viviendo en carne propia un pasaje que evocaba antiguas leyendas de eróticas diosas, dueñas de hechizos de luna; Rin parecía una hermosa, una perfecta… doncella celestial; un inusitado calor recorrió todo su cuerpo, y entonces, los sempiternos icebergs dorados de sus ojos se derritieron hasta formar topacio líquido, hirviente, y por primera vez, fue consciente de estarla mirando como nunca antes la había visto: como a una mujer; en su mente quedaron atrás los recuerdos de su pequeña Rin; ella, ya no era más una niña, se había convertido en una hermosa, en una bellísima y, al parecer, poderosa mujer; una oleada de orgullo se instaló en su pecho; su bestia interior, por tanto tiempo dormida, despertó para rugir con fuerza, deseando… reclamándola, y una pequeña sonrisa, jugó en sus labios.
