Capítulo 12: Carta de sinceridad
Jiren y Kara estaban de pie junto al río. Parecían serios.
Jiren sostenía una roca pequeña en su mano y miraba con determinación al otro lado del cauce.
-Lo harás bien.- le alentó Kara.
Jiren se relajó; bajó los hombros e inhaló profundamente. Mientras levantaba ligeramente su mano para lanzar la roca, esta comenzó a brillar suavemente de un tono rojizo.
La lanzó con la mayor delicadeza que había logrado aprender de Kara. Cruzó rápidamente el río y se fue a estrellar con la arena de la otra orilla.
Ambos se miraron con entusiasmo.
-¡Sí! – celebraba Kara, tomando de las manos a su novio y saltando de la alegría.
Jiren reía de su logro y por ver el entusiasmo de Kara.
-¡Lo lograste! Muy bien. – felicitó la chica, lanzándose a los brazos del hombre.
Comenzaron a mirarse directamente a los ojos. La emoción y entusiasmo se habían apagado. Sus miradas parecían decir muchas cosas pero sobre todo "te amo".
Un beso finalizó la conversación de miradas mudas.
Cuando el beso finalizó, ambos siguieron mirándose con una ligera sonrisa en sus rostros.
-Ven con migo.- dijo Jiren, llevándola entre sus brazos aún.
-¿A dónde vamos?- preguntó Kara graciosamente.
-¿Recuerdas que sé volar?-
-Sí.- respondió curiosamente.
-Te enseñaré a volar.- respondió con una sonrisa.
-¿Cómo sabes que no sé volar?-
-Lo noté desde hace mucho tiempo.- se burló el hombre.
-Eso no es gracioso.- comenzó a reír la chica. –Nadie me ha enseñado ¿Cómo se supone que aprenda entonces?-
Jiren se rio y luego, sin previo aviso, despegó con rapidez, sosteniendo a su novia entre sus brazos.
Kara no esperaba salir volando tan de repente. Su reacción fue aferrarse al pecho del hombre. Cuando asimiló lo que estaba ocurriendo, abrió los ojos y comenzó a contemplar como el paisaje se alejaba.
-¡Estamos volando! ¡Jiren, volamos! – exclamó alegremente. –Es hermoso.- susurró.
Jiren sonrió pasivamente.
Kara comenzó a relajarse y disfrutar el vuelo. Tanto que soltó el pecho de su amado y extendió los brazos al aire. Tal cual pájaro entre las corrientes de viento.
Ahora Jiren solo sostenía a Kara de la cintura, mientras ella extendía sus brazos ante la inmensa selva. Sin decir nada, le tomó su mano izquierda y la soltó de su cadera, dejándola extenderse hacia su derecha.
Kara se asustó al sentir que la soltó de la cintura. Y trató de agarrarse con ambas manos de la mano de Jiren.
-Tranquila. Confía en mí.- respondió el hombre.
Kara lo miró a los ojos aún asustada. Y luego de ver la seguridad que reflejaba Jiren, sonrió tiernamente y se comenzó a relajar.
Ambos volaban ahora; tomados de las manos. Era muy satisfactorio sentir el viento colarse entre los mechones de pelo.
Llegaron a un lugar hermoso casi a las orillas de la selva. Grandes puños de tierra con vegetación encima, flotaban dispersos en el aire. Grandes cascadas de agua se desbordaban de las enormes islas y desaparecían en una ligera llovizna en el aire.
Ambos se dirigieron justo donde una de esas cascadas se transformaban en el triste aliento de una nube. Se podía sentir la gran humedad helada en el ambiente lleno de neblina transparente.
Luego subieron un poco más hasta lograr aterrizar sobre la isla.
Ambos reían como la vez que corrieron entre las ramas de los árboles.
-Eso fue asombroso.- dijo Kara, dejándose caer suavemente de rodillas sobre el césped.
Jiren repitió la acción de la chica.
-¿Estás bien? ¿Tienes mucho frio?- preguntó Kara.
-Estoy bien.- respondió aun sonriendo.
Kara se tranquilizó después de su respuesta. Se dejó caer de espalda sobre el césped.
-Nunca había podido llegar hasta aquí. Es genial.- dijo alegremente.
Jiren también se dejó caer al césped. Estaba muy tranquilo. Cerró los ojos e incluso se podía ver una ligera sonrisa en sus labios.
De repente, sintió un enorme ki que se acercaba rápidamente. Un ki muy poderoso y familiar. Se levantó con una mirada muy seria, mirando al cielo.
-¿Tú también estas sintiendo ese ki?- preguntó Kara, sentada junto a él.
Jiren no respondió. Se puso de pie aun analizando la procedencia de dicho ki.
-¿Jiren?- preguntó nerviosamente.
Cuando Jiren se percató de quién se trataba, su mirada cambió totalmente. Volteó a mirar a Kara, que ahora estaba de pie.
-¿Qué sucede?- susurró la chica aún más nerviosa.
Jiren tenía una cara de miedo. La misma expresión que ella podía ver cuando él tenía pesadillas.
-Baja tu ki.- dijo Jiren seriamente, empujando a Kara hacía los matorrales.
-¿Qué? ¿Quién es? ¿Por qué tienes tanto miedo?- interrogaba la chica con nerviosismo.
-Solo baja tu ki.- respondió, mientras guiaba a Kara a esconderse entre la maleza.
Ambos mantenían el ki lo más bajo posible. Kara podía sentir los latidos fuertes y acelerados del corazón de Jiren. Parecía muy, muy asustado. Sabía que eso lo estaba traicionando para mantener el ki bajo; Estaba muy nervioso.
Jiren no perdía la vista del cielo. Y cada vez se le dificultaba más mantener su ki bajo.
La reacción del hombre estaba comenzado a asustar a Kara. ¿Por qué estaba tan asustado?
Una pequeña nave comenzó a hacerse visible en el cielo. Lo que aclaró todas las dudas de la chica. Era la misma nave que dejó a Jiren en Pandora.
-Hay no.- susurró Kara. -¿Es ella? ¿La demonio?- preguntó Kara.
-Sí…- respondió el hombre con la voz casi quebrada.
La nave fue acercándose hasta que aterrizó en un terreno amplio debajo de las grandes islas.
Ambos guerreros podían ver todo desde el sitio en que se encontraban.
La sayajin más vieja salió de su nave tratando de rastrear el ki de Jiren.
Cuando Kara vio a la mujer, se formó un fuerte nudo en su estómago; sentía que iba a desmayar de la fuerte impresión de ver quién era la enemiga mortal de su novio.
-¡Mamá!- exclamó Kara.
De repente, la mujer volteó a mirar justo hacia donde ellos estaban. Sonriendo maliciosamente.
-Mierda…- dijo Kara al ver la acción de la sayajin más vieja. Había descuidado su ki al enterarse de quien se trataba.
De repente, Jiren calló defensivamente delante de Kara. Ahora su ki se había aumentado mucho más de lo habitual.
-Ahí estas.- dijo la sayajin vieja con una sonrisa torcida.
-Ni se te ocurra tocarla.- respondió Jiren, con un tono amenazante.
-¿Crees que sería capaz de lastimar a mi propia hija?- se burlaba.
Jiren apretó los puños con fuerza.
-Sabes que no me importa ella.- respondió la mujer con desprecio. –Por mí, que se pudra.- se burló enfermizamente.
-Mamá…- susurró Kara con una enorme tristeza al oír sus palabras.
-¡Aaaaaaaaaaaaa!- gritó furiosamente el hombre mientras extendía su aura roja a su rededor. Luego se dejó llevar volando en dirección del demonio.
La sayajin más vieja sonrió y comenzó a rodearse de un aura púrpura oscuro. Y despegó para atacar a Jiren.
Jiren lanzó un gran golpe hacia ella, pero lo detuvo con facilidad.
-¡Maldita!- gritó con furia mientras sus ojos brillaron. Con su mirada lanzó cientos de golpes invisibles hacia ella. Pero seguía sin hacerle ningún daño.
-Ingenuo.- dijo la sayajin más vieja lanzando uno solo de sus gopes.
Lanzó a Jiren al pie de otra isla como si fuera un muñeco.
-Pensé que por fin lograría convertirte en la máquina de matar en la que yo me he convertido ¡En un demonio!- decía la figura purpura de ojos rojos mientras se acercaba al hombre malherido entre las rocas. –Él te necesita al igual que a mí; a ambos. Pero te necesita con el mismo poder que yo.- luego miró a Kara, que observaba todo con pánico desde el mismo lugar en el que había quedado.
Canción: carta de sinceridad – Porta
¿A ti de pequeño no te dijeron que creyeras?
¿Qué de mayor podías ser quien tú quisieras?
Estás ahí quién seas, pues dime algo
Dime si la vida es una prueba y si no me salgo
Deshice el avión de papel y escribí
Cada detalle que quiero cambiar por mí
Porque ya está bien de confesar y mentir
Porque ya está bien de suicidarme en cada canción por ti
No soy tan valiente como oyes en canciones
Estoy asustado tacho mis oraciones
Tengo miedo sin seguridad
He sido el tonto de la clase al que todos trataban mal
¿Qué miras? ¿Qué quieres?
La vida me ha enseñado a ser así, pero no pregunta si así lo prefieres
Cuarta copa, he notado que cuando uno crece ve más cosas
Pero también se ciega más de otras
En vez de vivir lo llamaría morir
Poco a poco con el tiempo, ¿no es así?
Protesto señoría, tengo pruebas
Y es que hace tiempo que no tropiezo con piedras nuevas
Ya no soy el de antes, ni tampoco el que quiero ser
Viviendo al margen de soñar con un tal vez
Y vuelvo a escribirte para meterte bulla
Porque estoy cansado de mandarte cartas y no recibir la tuya
De pequeño me dijiste que creyera
De mayor que cerrara los ojos y me fuera
¿Estás ahí quien quiera que seas? Pues dime algo
Dime si la vida es una prueba y si no me salgo. ¡Vamos!
Dímelo, te escucharé, admitiré que tengo medio pie dentro de tu puerta
Y te suplicaré que la dejes abierta
Y en el fondo nadie me conoce y tú tampoco lo haces Me hiciste duro y tan frágil como un diamante
He tenido malos roses, por eso yo uso disfraces
De qué coño te quejas si tú me hiciste así
Y me paraste cuando intente alejarme de ti
Me enseñaste a desconfiar, a ser valiente
Así que me pare a pensar un día y decidí hacerte frente
Cuenta cuantas veces me has dejado vació y ausente
Un chico frío al que le cuesta bastante abrirse a la gente
No demuestras sentimientos aunque se muera de ganas
Y si fuera por él muchos días ni saldría de la cama
Vente que te lo diré a la cara
Que tienes contra mí, yo era feliz antes de que te lo llevaras
Y ahora me levanto aparentándolo, ocultando el dolor
Intentando encontrar algo que perdí en mi interior
Y creo que me lleno de cosas solo para ser bulto
Vivo en una cueva oculto vida, claro que te culpo
Aunque yo tampoco tengo las manos limpias del todo
Ya que tropecé y las apoye de una vez sobre el lodo
Es una carga llevar esta apodo
Yo solo quiero que todo vuelva a ser como antes
¿Y ahora me vas a pedir que cambie? ¿Tú cambiaras algo?
Dime si eres una prueba y yo decidiré si salgo
Si sigo, permitiendo que me uses como embargo
Tú no eres nadie para decirme lo poco que valgo
Dímelo, te escuchare, admitiré, que tengo medio pie dentro de tu puerta
Y que suplicare que la dejes abierta
–Fue ella ¿Verdad?- comenzó reírse retorcidamente. –Ella fue quien intervino en tu transformación.- cambió de dirección hacia ella. Preparaba un ataque directo hacia Kara.
Kara reaccionó poniéndose de pie pero al recordar que era su madre, se petrificó.
-¡Kara!- gritó Jiren tremendamente asustado.
La demonio se distrajo lo suficiente como para no ver que Jiren se acercó rápidamente.
-¡Aaaaaaaaaaaaaa!-
La embistió con furia, haciéndola chocar contra otra de las islas y deteniendo el ataque hacia Kara. Se dirigió inmediatamente hacia ella para no dejarla contra atacar. Preparó otro enorme golpe pero justo cuando lo iba a descargar contra el cuerpo de la demonio, sintió un fuerte dolor en su costado derecho. Miró hacía abajo para encontrarse con una enorme daga clavada cerca de su pecho.
Su aura roja se desvaneció y comenzó a toser sangre.
-Eres un inútil.- habló la mujer, despectivamente. Sacó la navaja del cuerpo de Jiren, haciéndolo toser sangre otra vez.
El hombre comenzó a caer desde la enorme altura en la que estaba. Sentía que se ahogaba en su propia sangre.
-¡Jiren!- Gritó Kara. Sin pensarlo, se dejó caer al vacío aun sin saber si realmente podía volar o no. Lo detendría antes de que se estrellara contra el suelo. Logró alcanzarlo y sujetarlo de los hombros. Ahora lo que tenía que hacer era volar y aterrizar suavemente.
Mientras hacia el intento de jalarlo hacia arriba para no estrellarse contra el suelo, su cabello se tornó rubio y aún más largo de lo usual, reventando su coleta. Expulsando un aura blanca, logró frenar en el aire. Una vez hecho, comenzó a descender lentamente.
Puso a Jiren en el suelo cuidadosamente. La sangre emanaba colosalmente desde la herida y los hilos de sangre se lucían descendiendo desde su boca.
-Jiren, tranquilo. Aquí estoy.- le susurraba la chica mientras él hacía intentos vanos de levantarse. –Ahora yo seré quien se enfrente a esa demonio.- dijo, levantándose para continuar con la pelea.
Continuará…
DBS no me pertenece, es de toey y de Akira Toriyama.
Espero les haya gustado este capítulo. Si tienen dudas pueden consultarlas en los reviews y yo trataré de responderlas en el siguiente capítulo. Nos leemos el próximo domingo.
